703: Una Agenda de la Restauración para la Iglesía

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Por: Dr. Mizraim Esquilín Garcia / Pastor Rector AMEC

Photo by Quino Al on Unsplash

Salmo 80, RV 1960

1 Oh Pastor de Israel, escucha; Tú que pastoreas como a ovejas a José, Que estás entre querubines, resplandece. 2 Despierta tu poder delante de Efraín, de Benjamín y de Manasés, Y ven a salvarnos. 3 Oh Dios, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. 4 Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Hasta cuándo mostrarás tu indignación contra la oración de tu pueblo? 5 Les diste a comer pan de lágrimas, Y a beber lágrimas en gran abundancia. 6 Nos pusiste por escarnio a nuestros vecinos, Y nuestros enemigos se burlan entre sí. 7 Oh Dios de los ejércitos, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.8 Hiciste venir una vid de Egipto; Echaste las naciones, y la plantaste. 9 Limpiaste sitio delante de ella, E hiciste arraigar sus raíces, y llenó la tierra. 10 Los montes fueron cubiertos de su sombra, Y con sus sarmientos los cedros de Dios. 11 Extendió sus vástagos hasta el mar, Y hasta el río sus renuevos. 12 ¿Por qué aportillaste sus vallados, Y la vendimian todos los que pasan por el camino? 13 La destroza el puerco montés, Y la bestia del campo la devora.14 Oh Dios de los ejércitos, vuelve ahora; Mira desde el cielo, y considera, y visita esta viña, 15 La planta queplantó tu diestra, Y el renuevo que para ti a rmaste. 16Quemada a fuego está, asolada; Perezcan por la reprensión de tu rostro. 17 Sea tu mano sobre el varón de tu diestra,Sobre el hijo de hombre que para ti a rmaste. 18 Así nonos apartaremos de ti; Vida nos darás, e invocaremos tu nombre. 19 ¡Oh Jehová, Dios de los ejércitos, restáuranos! Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.

La reflexión anterior nos permitió presentar algunas notas exegéticas e históricas acerca de esta composición que encontramos en el libro de los Salmos. Ya sabemos que este pasaje bíblico posee como uno de sus centros de pivote el tema de la restauración. El escritor de este salmo utiliza este concepto en varias ocasiones. El concepto hebreo que él utiliza es traducido en tres (3) ocasiones como “restáuranos” y en una ocasión como “vuelve.”

“3 Oh Dios, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.” “7 Oh Dios de los ejércitos, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.”
“14 Oh Dios de los ejércitos, 
vuelve ahora; Mira desde el cielo, y considera, y visita esta viña,”

“19 ¡Oh Jehová, Dios de los ejércitos, restáuranos! Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos

Este concepto puede ser descrito como el proceso que se utiliza para devolver algo a su condición anterior u original. El problema es que el concepto hebreo que se utiliza aquí, “shûb” (H7725), no solo incluye lo antes dicho, sino que explica las formas y maneras en las que este proceso puede ser puesto en acción. El concepto “shûb” puede ser traducido como restaurar, regresar al punto del que partimos, ofrecer respuestas, convertirnos, ser liberados, ser traídos de vuelta al lugar de origen, ser halados hacia éste, ser rescatados, hacernos dar reversa, entre muchas otras traducciones.

El lector debe conocer que este es un concepto que se usa con mucha frecuencia en el Antiguo Testamento (950 veces). Además, este concepto posee una carga teológica muy intensa. Por ejemplo, es obvio que el concepto no presenta ni ofrece un milagro creativo instantáneo. El concepto “shûb” predica un proceso. En los casos de arrepentimiento y transformación individual o colectiva, es Dios es el único que lo hace posible. Uno se salva inmediatamente, pero la inmensa mayoría de las restauraciones que Dios desarrolla son progresivas. Al mismo tiempo, este concepto predica que Dios puede desarrollar el proceso de restauración directamente, sin intermediarios, o puede utilizar seres humanos, condiciones, lugares, etc. para conseguirlo. Un buen ejemplo de esto último son algunos pasajes bíblicos que encontramos en el libro de Isaías. Veamos un par de ellos:

“5 Ahora pues, dice Jehová, el que me formó desde el vientre para ser su siervo, para hacer volver a él a Jacob y para congregarle a Israel (porque estimado seré en los ojos de Jehová, y el Dios mío será mi fuerza); 6 dice: Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra. 7 Asíha dicho Jehová, Redentor de Israel, el Santo suyo, al menospreciado de alma, al abominado de las naciones, al siervo de los tiranos: Verán reyes, yse levantarán príncipes, y adorarán por Jehová; porque el es el Santo de Israel, el cual te escogió. 8 Así dijo Jehová: En tiempo aceptable te oí, y enel día de salvación te ayudé; y te guardaré, y te daré por pacto al pueblo, para que restaures la tierra, para que heredes asoladas heredades; 9 para que digas a los presos: Salid; y a los que están en tinieblas: Mostraos. En los caminos serán apacentados, y en todas las alturas tendrán sus pastos.10 No tendrán hambre ni sed, ni el calor ni el sol los a igirá; porque elque tiene de ellos misericordia los guiará, y los conducirá a manantiales de aguas. 11 Y convertiré en camino todos mis montes, y mis calzadas serán levantadas. 12 He aquí éstos vendrán de lejos; y he aquí éstos del norte y del occidente, y éstos de la tierra de Sinim.” (Isa 49:6-11)

“11 Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantialde aguas, cuyas aguas nunca faltan. 12 Y los tuyos edi carán las ruinasantiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar.” (Isa 58:11-12)

El primer pasaje bíblico que hemos citado (Isa 49:6-11) describe un proceso, unos requisitos, que permiten que aquellos que reciben el cumplimiento de esa profecía puedan ser capaces de convertirse en agentes de cambio y transformación en las manos de Dios. Todo esto con el propósito de conseguir que la tierra (el país) sea restaurada. Es cierto que este pasaje bíblico comienza señalando que Dios no se limitará a seleccionar un “Siervo” que restaure el país (vs 6-7). Ese pasaje dice que Dios también va a exhibir al “Siervo del Señor” en toda la tierra.

Ahora bien, los versos 8 y siguiente describen un proceso que permite que ese escogido pueda ser agente para la transformación de esa tierra. Este proceso incluye que Dios establezca que es el tiempo aceptable, tiempo preciso en el que el Señor decide mostrar su bondad y responder a las oraciones. Este proceso incluye la ayuda del día de salvación, la protección divina y la designación de un mediador para dar a conocer el pacto que Dios quiere hacer con la humanidad.

Osea, que hay un tiempo aceptable en el programa de Dios. Este tiempo, el mismo que Isaías grita que hay que aprovechar para buscar al Señor (“Buscad a Jehová mientras pueda ser hallado…”, Isa 55:6). Este tiempo está atado a la disposición del corazón de aquellos que le buscan: “13 y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. 14 Y seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice llevar.” (Jer 29:13-14)

Además, que es el plan salví co de Dios lo que le mueve a escucharlas oraciones, a ayudarnos, a protegernos y a designar intercesores que puedan anunciar el pacto de Dios con los hombres. Es aquí que ese “Siervo del Señor” recibe la orden de restaurar la tierra. La versión bíblica “Palabra de Dios para Todos (PDT)” lo dice con mucha claridad:

“El SEÑOR dice esto: «En el momento que yo te mostré mi bondad, respondí a tus oraciones. El día de salvación, te ayudé. Te protegí y te designé como mediador de un pacto con la humanidad, para reconstruir el país y devolver las tierras arrasadas.” (Isa 49:8)

Es obvio que este pasaje bíblico describe al Mesías; a Jesucristo en su misión como Salvador del mundo. El segundo pasaje bíblico que hemos citado (Isa 58:11-12) describe que esta tarea Dios la pone en las manos deun pueblo que se arrepiente y decide regresar a los brazos del Señor. Es a estos a quienes el Todopoderoso les hace la promesa de que los convertirá en agentes de cambios, en hombres y mujeres, en un pueblo que será llamado “reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar.”

Es también obvio que es Dios el que posibilita la tarea a través de hombres y mujeres que Él decide utilizar. Hay que subrayar que estos pasajes explican que nadie puede pretender convertirse en agente de cambio en las manos de Dios para lograr esto, sin antes haber experimentado la restauración que produce Dios. Esto es, los restauradores tienen que haber sido restaurados. Sabemos que solo hay una fuente a la que podemos acudir para se restaure nuestra relación con Dios. Esta fuente se llama Jesucristo; solo Él puede hacerlo. Jesucristo murió por nosotros en la Cruz del Calvario para restaurar nuestra comunión con el Padre Celestial.

Sin embargo, hay un reclamo divino en estos pasajes bíblicos, así como en muchos otros. Este reclamo describe la necesidad de restauración que podemos tener aquellos que conocemos al Señor. Estos pasajes bíblicos son dirigidos a un pueblo que conocía quién es Dios. Esos pasajes bíblicos describen que ese pueblo le pertenecía a Dios y que sus conductas y comportamientos le habían llevado a perder las condiciones sociales y espirituales que les distinguían como pueblo de Dios. El pueblo de Dios necesitaba restauración.

Me parece que este es el mismo reclamo que Dios nos hace en este tiempo. Ciertamente, nuestro país necesita ser restaurado por Dios. Es también muy cierto que Dios quiere usar a su pueblo para restaurar el país. Pero no es menos cierto que el pueblo de Dios, la Iglesia del Señor, necesita restauración del cielo para poder ser capaz de desarrollar las tareas que nos exige este tiempo histórico. Ravi Zacharias tronaba contra la Iglesia occidental en días recientes en una conferencia titulada “Where do our values come from?”1. En la sección de preguntas y respuestas que siguió a su disertación, se le pidió que enumerara aquellas cosas que le habían causado dolor y frustración en su ministerio. La Iglesia Occidental estaba dentro de las tres (3) cosas que él identincó en su respuesta. Ravi señaló allí que la Iglesia del siglo 21 había decidido sacri car verdades absolutas en su afán de querer ser relevante en un mundo posmoderno. Esto, decía él, le había causado mucho dolor.

Es un secreto a voces que la Iglesia en Puerto Rico y en América Latina necesita ser restaurada. Los afanes de este tiempo, las muchas contrataciones e interpretaciones de aquello que debemos ser como Pueblo de Dios, el culto a la personalidad, la necesidad de ser relevantes conforme a las especi caciones que ha establecido el secularismo posmoderno, y otros males similares, nos han convertido en un pueblo fragmentado. No solo estamos fragmentados, sino que en muchas ocasiones no hemos sido capaces de articular estrategias adecuadas, ni reaccionar a tiempo para ayudar a nuestro país a enfrentar sus crisis. La Iglesia de mi país necesita ser restaurada.

Hace muchos años, un Pastor llamado James Lowe (King’s Corner Assembly of God, en Sarepta, Louisiana), le decía a su Iglesia que había una necesidad urgente de ser sometidos como pueblo de Dios a la agenda de restauración del cielo. Lowe insistía en que la Iglesia se había apartado de muchos principios básicos. Decía él, que en los esfuerzos por crecer económicamente y en cantidad de miembros, habíamos abandonado muchas verdades básicas de la fe. No nos malentiendan los lectores; la Iglesia sigue siendo buena, sigue siendo la familia de Dios (Efe 2:19), continua siendo familia de la fe (Gal 6:10) y sigue siendo el cuerpo de Cristo (Col 1:18). Pero no es menos cierto que la Iglesia ha demostrado incapacidad para discernir, identi car y realizar con especi cidad muchas de las tareas que Dios nos ha asignado para este tiempo.

Lowe identificó en sus re exiones pastorales muchas áreas que necesitan ser restauradas en la Iglesia y en los eles que formamos parte de ella. Una revisión somera de sus planteamientos nos ha llevado a realizar nuestro propio inventario de áreas en las que estamos convencidos de que la Iglesia necesita restauración. Por razones de espacio, hemos seleccionado aquellas que creemos son las más relevantes. Con temor y temblor las presentamos como una agenda para la restauración de la Iglesia.

1. Restauración de la unción

La Iglesia posmoderna necesita la restauración de su unción. No se puede pretender manejar los problemas que enfrentamos hoy con la unción de ayer. Hace falta una unción fresca, que sature la Iglesia con la sabiduría celestial, la inteligencia espiritual y la autoridad necesaria para este tiempo. Las complejidades de los problemas de este tiempo no pueden ser manejados sin esa unción. Esa gracia del Espíritu no puede ser dramatizada ni imitada. Hemos comprobado que las agendas para la manipulación de algunos de los sectores que componen la Iglesia no sustituyen la autoridad que da el Señor. Es más, hunden la Iglesia bajo un manto de descon anza.

Aclaramos, no se trata aquí de unción para hablar en lenguas o pronunciar palabras proféticas. Se trata de la autoridad que hace que los yugos se pudran, que revienten (Isa 10:27). La Iglesia necesita la restauración de la unción.

2. Restauración de la pasión por alcanzar a los perdidos

La Iglesia que posee esta pasión no espera a que lleguen aquellos que no conocen al Señor: ella sale a buscarlos. No han pasado de moda las exigencias que encontramos en la parábola del Buen Pastor que deja las 99 ovejas para buscar aquella que está perdida (Mt 18:12-13; Lcs 15:4-7). Necesitamos que Dios restaure nuestra pasión por alcanzar a los perdidos. Nuestra agenda como Iglesia está de nida en la Palabra: “19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado;” (Mt 28:19) Hay que pedirle al Señor que restaure esa pasión en nosotros como Iglesia.

3. Restauración de la compasión

El profeta Isaías dijo en su profecía que el verdadero ayuno que Dios espera de su pueblo tiene que estar atado a esta área de la vida de la Iglesia. Las promesas de esa profecía están atadas a la capacidad y el compromiso que tengamos de encarnar esas exigencias: ser compasivos.

“6 ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? 7 No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? 8 Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia. 9 Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad; 10 y si dieres tu pan al hambriento,y saciares al alma a igida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad serácomo el mediodía.” (Isa 58:6-10)

La Iglesia necesita la restauración de su compasión y su compromiso con los más necesitados. No se puede circunscribir esta tarea a un comité o un ministerio de la Iglesia. La Biblia dice que todos seremos evaluados al llegar al cielo sobre esta exigencia bíblica (Mat 25:31-46).

4. Restauración de nuestra delidad

La Iglesia necesita que se restaure su delidad a Dios y a Su Santa Palabra. El Apóstol Pablo le dijo a la Iglesia de Corinto que él temía que así como la serpiente había engañado con astucia a Eva, así mismo los sentidos (la mente) de esa Iglesia pudiera estar corrompida hasta extraviarse de lasincera delidad (pureza y devoción) a Cristo (2 Cor 11:3).

Al mismo tiempo tenemos al profeta Ezequiel, que es famoso por sus las revelaciones y las descripciones que describe tocante a la restauración del pueblo, tocando este tema. Un dato muy interesante en todo esto es que Dios le lleva a destacar en sus revelaciones que hay una característica distintiva para los sacerdotes que habrían de ministrar en el nuevo orden de Dios. La Biblia dice allí que aquellos que guardaronsu delidad a Dios serían los que tendrían porciones reservadas para sualimentación (Eze 48:11).

La Iglesia no puede olvidar que Aquél que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable, es Fiel y Verdadero (Apoc 19:11) y es el testigo el y verdadero (Apoc 3:14). Aquél que nos llamó nos ha pedido que seamos fieles hasta la muerte (Apoc 2:10). Nuestra delidad a Dios no puedeentonces estar sujeta a nuestras ambiciones políticas, económicas etc.Nuestra a delidad a Dios no puede ser controlada por ninguna agendasecular, posmoderna y/o extra bíblica. La Iglesia necesita la restauraciónde su delidad a Dios y a Sus propósitos.

Hay un renglón que la Biblia destaca cuando extiende sus llamadosa la delidad; el área de la administración de lo que Dios nos dacomo individuos y como Iglesia:

“2 Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno seahallado el.” (1 Cor 4:2)

5. Restauración del hambre y la sed por la presencia de Dios

La Iglesia necesita recuperar su hambre y su sed por la Presencia de Dios. Las actividades para entretener y darle terapia a la Iglesia jamás podrán producir en el corazón del creyente lo que produce el hambre y la sed de Dios. Necesitamos que Dios restaure en nosotros como Iglesia la disciplina para buscar el rostro del Señor.

No podemos intentar tapar el cielo con las manos. Los estudios recientes conducidos por Instituciones académicas así como las de investigación privada (tales como Barna Group)con rman que las devociones personales de los creyentes y de los líderes de las Iglesias escasean cada vez más. No existe manera alguna en que la Iglesia y sus miembros puedan caminar en la agenda de Dios sin mantener una vida comprometida con las disciplinas espirituales.

El poder de la oración no ha cambiado ni ha mutado. La Biblia continua diciendo “clama a mí y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.” (Jer 33:3). Nuestra primera opción no puede ser la demostración del poder político o el poder de masas que poseemos. La primera opción siempre tiene que ser ir de rodillas. Necesitamos que Dios restaure nuestra hambre y nuestra sed por Su presencia.

La buena noticia es que Dios le dijo a Zacarías que Él derramaría ese espíritu sobre nosotros: “10 Y derramaré sobre la casa de David, ysobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración;” (Zac 12:10).

6. Restauración de la gloria de Dios en la Iglesia

Una de las de niciones de la Iglesia que encontramos en el Nuevo Testamento la ofrece el Apóstol Pablo en su carta a la Iglesia de Efeso:

“25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26 para santi carla, habiéndola puri cado en el lavamiento del agua por la palabra, 27 a n de presentársela a símismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.” (Efe 5:25-27)

Una Iglesia es gloriosa (espléndida, noble, honorable) porque vive en la gloriosa libertad que Dios tiene para sus hijos (Rom 8:21). Esa Iglesia es también gloriosa porque ella re eja la gloria del Señor en la que ella es transformada constantemente:

RV1960

“18 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria engloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”(2 Cor3:18, RV1960)

PDT

“18 Con la cara descubierta, todos nos quedamos mirando jamente la gloria del Señor, y así somos transformados en suimagen cada vez con más gloria. Este cambio viene del Señor, es decir, del Espíritu.”(PDT)

NTV

“18 Así que, todos nosotros, a quienes nos ha sido quitado el velo, podemos ver y re ejar la gloria del Señor. El Señor, quienes el Espíritu, nos hace más y más parecidos a él a medida que somos transformados a su gloriosa imagen.”(NTV)

7. Restauración del primer amor

Juan, el vidente de la Isla de Patmos, chocó con esta verdad garrafal cuando el Señor le instruyó a escribirle a la Efeso. Esta Iglesia era muy reconocida en los cielos por sus capacidades para aumentar constantemente sus niveles de trabajo y su e ciencia, y para mantener a raya a los pseudo ministros y a los malos. Esta Iglesia se había separado del mal y de los malos, de la falsa doctrina y de las obras falsas. Sin embargo, el Señor le dijo a Juan que esa Iglesia había perdido el primer amor. Wiersbe dice que esta expresión revela que esta congregación tenía un problema con su corazón como Iglesia: “suffered from “heart trouble”(una cardiopatía espiritual). Esto puede parecer a algunos que es un reclamo romántico o minúsculo. Juan escuchó (y escribió) que esta condición era más que su ciente para que el Señor de niera esto como una caída y que le advirtiera a esa Iglesia que le quitaría el candelero de su lugar sino se arrepentía (Apoc 2:1-7). Veamos como lo dice una de las versiones bíblicas:

“4 Pero tengo esto en tu contra: has dejado a un lado el amor que teníasal comienzo. 5 Así que recuerda dónde estabas antes de caer.” (Apoc2:4-5, PDT)

Repasemos esto: perder el primer amor es visto en los cielos como haber caído de la gracia: requiere arrepentimiento: requiere restauración. Esto es así porque la obra de nuestra fe no puede andar separada del trabajo de nuestro amor ni de la constancia en la esperanza en nuestro Señor (1 Tes 1:3). El día en que decidimos separar estas cosas nuestro trabajo se torna hueco y sin valor a los ojos del Eterno.

El primer amor es la devoción que poseemos cuando estamos recién convertidos: somos fervorosos, desinhibidos, personales, demostrando abiertamente nuestro amor por el Señor. Como dice Wiersbe, es el amor de la luna de miel del creyente con el Señor tal y como lo describe Jer 2:2-3:

“2 Anda y clama a los oídos de Jerusalén, diciendo: Así dice Jehová: Me he acordado de ti, de la delidad de tu juventud, del amor de tudesposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada. 3 Santo era Israel a Jehová, primicias de sus nuevos frutos. Todos los que le devoraban eran culpables; mal venía sobre ellos, dice Jehová.” (Jer 2:2-3, RV 1960)

La Iglesia necesita la restauración del primer amor. Sin esa restauración somos vistos en el cielo como una Iglesia que ha caído.

8. Restauración del gozo

La Iglesia del siglo 21 está llena de muchos creyentes que carecen de gozo. Por ende, carecen de fuerzas para enfrentar los problemas y las pruebas que trae la vida (Neh 8:10b). La Iglesia necesita la restauración del gozo. Ese gozo tiene que ser cumplido (1 Jn 1:4), porque es inefable y glorioso (1 Ped 1:8). O sea, que una Iglesia sin gozo es una iglesia que no está contemplando lo inefable (aquello que no se puede explicar con palabras) ni la gloria de Dios. La Iglesia se goza no porque no tiene problemas y mucho menos porque está enajenada de la realidad que vive. Todo lo contrario: esa Iglesia sabe gozarse cuando atraviesa por diversas pruebas (Stgo 1:2). Esa Iglesia saber sufrir con gozo (Heb 10:34). Esa Iglesia recibe la Palabra con gozo en el Espíritu Santo en medio de las tribulaciones (1 Tes 1:6). Sin duda alguna, este es un indicador muy poderoso de nuestra relación con Dios. Necesitamos la restauración del gozo.

9. Restauración de nuestra fe

La Iglesia necesita la restauración de su fe. Esto es, de su capacidad para creer que Dios es, que es galardonador de los que le buscan (Heb 11:6) y que hace milagros y prodigios. Hay creyentes que han pasado demasiado tiempo relatando los testimonios de otros. Es más, hay creyentes e Iglesias ensamblando historias para contarlas como testimonios milagrosos: tratando de ayudar a Dios. La Iglesia necesita la restauración de esa fe que le permitirá ir de gloria en gloria, de potencia en potencia, viendo milagros reales y fehacientes a diario y viendo al in erno estremecerse ante las huestes de la fe que van enarbolando la bandera del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

10. Restauración de la calidad de vida (testimonio)

La Iglesia necesita la restauración de la calidad de la vida de sus miembros y de ella misma como institución. Es un secreto a voces que la gente que no conoce al Señor señala que la Iglesia del siglo 21 sufre de los mismos males, los mismos errores, y las mismas atrocidades que experimentan aquellos que no profesan nuestra fe. Nuestra calidad de vida como creyentes en Cristo y nuestra calidad de vida como Cuerpo de Cristo tienen que ser restauradas. Solo Dios puede conseguir que disminuyan en la Iglesia el porciento de divorcios, la violencia doméstica (o de género), los abortos, los negocios fraudulentos, etc. Necesitamos esa restauración.

11. Restauración de talentos, dones y ministerios

La Iglesia necesita la restauración de los dones del Espíritu que le han sido conferidos por la Tercera persona de la Trinidad. Una Iglesia fuerte en el discernimiento no puede ser engañada. Una Iglesia fuerte en la

visión, no puede perecer. Una Iglesia con una palabra profética a nada y atemperada por el Señor para los tiempos en los que ella vive, camina con seguridad y se ríe del porvenir.

La Iglesia necesita la restauración de sus talentos y de sus ministerios. Una Iglesia que posee ministerios poderosos en Dios, ungidos por el Señor y respaldados por el Todopoderoso, no necesita depender de “paracaidistas” ministeriales. En muchas ocasiones estos están más interesados en las ofrendas, los bene cios materiales que van a recibir, y/o los aplausos, que en ser instrumentos en las manos del Señor para la correcta edi cación de la Iglesia del Señor. La Iglesia necesita que el Señor despierte a muchos buenos creyentes que están sentados en nuestras congregaciones durmiendo el “sueño de los justos.”

12. Restauración de la adoración

La Iglesia necesita la restauración de su adoración. Esta aseveración no necesita de muchas explicaciones. Erwin Lutzer decía que si la adoración no nos transforma es porque no estamos adorando. La Iglesia de mi país canta como los ángeles. La Iglesia de mi país celebra como ninguna. La Iglesia de mi país presenta los mejores escenarios y las mejores exhibiciones de arte y talento en sus reuniones para adorar. Unas preguntas nos permitirán evaluar la e ciencia y la relevancia de todo esto:

-¿qué niveles de transformación hemos experimentado haciendo todo esto?
-¿cuáles son los niveles de retención que tenemos, particularmente entre los jóvenes universitarios y adultos?

-¿cuánto han disminuido los índices de divorcio, de depresión, de ataques de ansiedad, etc., en nuestras Iglesias a causa de esto? -¿qué transformaciones permanentes hemos experimentado en la conducta, el vocabulario y la vida en general de aquellos que adoran con nosotros?

-¿qué transformaciones hemos experimentado en las comunidades aledañas a nuestros templos y lugares de adoración?
-¿qué transformaciones signi cativas hemos experimentado en unpaís en el que hay miles de iglesias adorando todas las semanas?

La agenda para la restauración de la Iglesia necesita incluir estas 12 áreas. Dios quiere restaurar su Iglesia para que ella pueda convertirse en reparadora de portillos y restauradora de calzadas (Isa 58:12). Una

Iglesia restaurada garantiza una transición honrosa de sus ministerios (de generación en generación) y un avivamiento continuo (“en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan.”) Isa 58:11b. Volvamos al Señor y roguemos que Él restaure Su Iglesia.

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