704: Dios Restaura los Vallados

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Por: Lic. Samuel Esquilín Carrero / Pastor de Diáconos AMEC

Photo by Dmitry Bayer on Unsplash

12 ¿Por qué aportillaste sus vallados, Y la vendimian todos los que pasan por el camino? 13 La destroza el puerco montés, Y la bestia del campo la devora. 14 Oh Dios de los ejércitos, vuelve ahora; Mira desde el cielo, y considera, y visita esta viña,

Para ilustrar el doloroso estado de un pueblo en crisis, el Salmo 80 acuña la imagen de una viña sin protección, destrozada por bestias y puercos, quemadas por el fuego y cuyos frutos fueron tomados indebidamente (Sal 80:12-16).

Cuan triste es sentirse así como pueblo, como iglesia, como familia, y como individuos. Cuan penoso es ver líderes caer, ideales esfumarse, esfuerzos perderse, sueños troncharse, ministerios diluirse, familias afectarse y corazones herirse. El verano de 2019 de Puerto Rico será recordado en la historia como el momento en que públicamente se exhibió ante el mundo la decepcionante cosecha de una Isla sin vallados. Los muros que Dios edificó alrededor de Puerto Rico fueron removidos, exhibiéndose nuestra falta de control respecto a lo que expresamos; la falta de carácter en nuestras acciones; la falta de paciencia al momento de afrontar procesos; la falta honradez a la hora de respetar la ley; la falta de temor a los mandamientos de Dios. El auto control, el carácter, la paciencia, la honradez y el temor a Dios, son virtudes que se esperan de un líder y de todos nosotros como individuos. La falta de estas virtudes, del fruto del Espíritu, y de la presencia de Dios en nosotros como puertorriqueños, causó de la remoción de los vallados en la Isla.

Lo sorprendente es que el salmista claramente establece que la protección no desapareció sin causa. El Señor aportilló el vallado. ¿Por qué esto ocurrió? La contestación la reveló Dios al profeta Isaías.

3 Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña. 4 ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres? 5 Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada. 6 Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella. 7 Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor (Is. 5:3-7).

¿Por qué cesó la protección de Dios sobre Su pueblo? ¿Por qué haysuras en la cerca? La respuesta es clara: uvas silvestres. La parte que se bene ciaba del servicio de protección incumplió con su obligación de mantener y cultivar apropiadamente la nca otorgada por el Dador de toda dadiva divina. El resultado de esta omisión y acto inapropiado en el mantenimiento de la viña, fue la vendimia de un fruto distinto al propuesto por el Dueño de la nca. La viña produjo un fruto malo, maloliente, sin valor (beushiym – H891), indigno ante los ojos de un Dueño que esperaba un fruto de honra y gloria. Como consecuencia ocurrió una rescisión automática del pacto de protección entre Dios y nosotros. Ello así, toda vez que, en Su Santidad, el Señor propiamente rehúsa involucrarse en la protección de un fruto que no está en acorde con Su Santo estándar. Dios no va defender nuestro pecado. Ninguna compañía pone su sello en un producto malo y de ciente, sino que exige calidad de excelencia. De igual forma el Santo exige calidad Santa. Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santo seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios (Lev. 19:2).

Através del profeta Isaías, el Santo de Israel avisa que el pecado de desechar Su palabra y con ar en la violencia y en la iniquidad es como una grieta que amenaza ruina, extendiéndose en una pared elevada, cuya caída viene súbita y repentinamente (Isa. 30:12-13). Más aún, a través del profeta Jeremías, el Señor declaró a Su Pueblo: Oye Tierra: he aquí yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon mis palabras y aborrecieron mi ley (Jer. 6:19). ¿Has considerado alguna vez cuales han sido los resultados de tus pensamientos cuando los mismos no honraron a Dios? Bien lo muestra el antiguo proverbio: Quien siembra un pensamiento cosecha una emoción. Quien siembra una emoción cosecha una acción. Quien siembra una acción cosecha un hábito. Quien siembra un hábito cosecha un carácter. Quien siembra un carácter cosecha un destino.”

¿Has pensado en cómo tus pensamientos y acciones han abonado a la crisis que vivimos como país? Piensa en los múltiples efectos que produce en el corazón del boricua la semilla silvestre del egoísmo: El egoísmo ha engendrado en algunos vagancia, y la vagancia ha engendrado a su vez falta de búsqueda de información, y la falta de información ha llevado a ceder a presiones de grupo, y la presión de grupo ha desembocado en escoger líderes inapropiados.

El egoísmo ha engendrado en otros envidia, y la envidia ha engendrado codicia, y la codicia ha engendrado lujurias, endeudamientos, trampas, o hurtos, los cuales a su vez destruyen el carácter. El egoísmo ha

engendrado en otros coraje, y el coraje a su vez ha engendrado violencia, y la violencia, verbal física o psicológica, ha engendrado marcas que han separado cónyuges, padres, hijos, a hasta a individuos se hijos de sus padres, y a individuos de Dios. Hay uvas silvestres en el corazón de los puertorriqueños, en sus familias, en sus iglesias y en sus ministerios. Y mientras ese fruto continúe alojado en nuestra alma, la protección de Dios permanecerá retirada, atrayendo sobre la Isla los rateros, las bestias del campo y el fuego. ¿Qué hacemos entonces? Agraciadamente, a pesar de que el servicio de protección de la nca cesó, el Dueño de la Finca no se ha retirado. Antes bien, Él continúa dispuesto a restaurar nuestra alma, el alma de Puerto Rico, para arrancar las uvas silvestres, y reedi car los vallados en nuestra vida y en nuestra Isla. Reconociendo esta gloriosa realidad, el salmista clama a Dios en más de una ocasión: “Restáuranos, haz resplandecer tu rostro y seremos salvos.” (Sal.80:3,7,14,19). Para ello, primeramente, hay que reconocer que tenemos frutos deshonrosos y pedir así al Santo Dios que haga resplandecer Su rostro sobre nosotros, que revele con Su luz todo lo silvestre que ha nacido en nuestros corazones, y que saque de raíz hasta el último fruto indigno (Sal. 139:24).

En segundo lugar, hay que pedirle propiamente al Gran Contratista que restaure nuestros vallados. En el versículo 14 del Salmo 80, el salmista claramente pide al Padre que inicie un proceso de reconstrucción: Oh Dios de los ejércitos, vuelve ahora; Mira (nabat -H5027) desde el cielo, y considera (ra’ah -H7200), y visita (paquad -H6485) esta viña, En primer lugar, el salmista pide a Dios que mire, llevando a cabo un nabat. Nabat, en hebreo representa el acto más básico de poner la mirada sobre algo, en este caso, sobre la viña desprotegida. Es decirle a Dios que preste atención al estado de situación del alma. No es un reclamo a un desconocedor de la crisis. Es un reconocimiento que desmonta al hombre de su orgullo y auto su ciencia, para admitir que necesita un remedio Santo, y por tal razón se somete a la Jurisdicción Divina que restaura. ¿Cuándo fue la última vez que le dijiste al Señor que hiciera un nabat sobre la crisis en tu vida, en tu familia, en tu trabajo, en tu ministerio o en tu futuro?

En segundo lugar, el salmista admite que una mirada general sobre su crisis no es su ciente, razón por la cual pide a Dios que considere la viña mediante un ra’ha. Este segundo paso de restauración es una entrega al estudio cualitativo que solo Dios puede realizar sobre el alma (Y vio [ra’ah] Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. [Gen. 6:12]). Es permitir que el Señor lleve a cabo un examen exhaustivo del corazón. Primero se atendió el expediente, pero ahora el Examinador tiene que ver al paciente, interrogarlo y realizarle estudios. Este paso no necesariamente es uno agradable. El Contratista tiene que confrontarnos con nuestros malos pensamientos, acciones, negligencias, y desempeños. ¿Pero cómo aprendemos de los errores si no somos confrontados con los mismos?

Por último, el salmista pide a Dios que visite la viña mediante un paquad. Primero el Contratista atiende el reclamo de restauración del vallado, luego examina las de ciencias en el vallado, y ahora se presenta el Gran Restaurador a reparar personalmente lo averiado, y a salvar lo perdido (Lc. 19:10). Dios está dispuesto a visitar tu corazón, con Su brigada de reconstrucción; Su Poder (2 Cor. 9:8), Su Corrección (Pro. 16:6), Su Gracia (2 Cor. 12:9), Su Misericordia (Mar. 1:41), para directamente reestablecer el vallado, restaurar la viña y devolverte la honrosa oportunidad de cultivar frutos dignos del Señor de la Viña.

Debemos tener en cuenta que los procesos de restauración toman tiempo, días, meses y a veces, años. Enorme sabiduría exhibió recientemente el Honorable Rafael L. Martínez Torres, Juez Asociado del Tribunal Supremo de Puerto Rico, cuando acentuó que no se puede “cambiar las reglas para favorecer a alguien o para dar por concluido un proceso porque un sector esté cansado de la discusión”, Senado de Puerto Rico v. Gobierno de Puerto Rico, Opinión del 7 de agosto de 2019. Los procesos de restauración cansan, pero el cansancio no es justi cación para atrechar los mismos. Puerto Rico tiene que entregarse a la restauración hasta que Dios culmine. Esto empieza contigo. Entrega tu corazón al Señor que limpia viñas y restaura vallados, y permanece rme en Su Proceso Santo de restauración, hasta que Él termine contigo (Jn. 15:4). Te aseguro que el producto nal será una vida cuyo fruto brindará Gloria al Dueño de la viña, quien busca que llevemos fruto y que el fruto permanezca (Jn 15:8).

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