Una Travesía con Inclemencias del Tiempo

“Debido a las inclemencias del tiempo su vuelo será retrasado”. Este anuncio es parte de los eventos que uno puede encontrarse cuando está de viaje. Cabe señalar que este evento ocurre más a menudo de lo que uno quisiera. La agenda de lo que comúnmente llamamos como “la madre naturaleza” no necesariamente está alineada a los itinerarios de vuelo. Cuando esto sucede hay que esperar con paciencia y dar gracias a Dios por sus cuidados. Después de todo, lo más importante es llegar sanos y salvos. Pero; ¿qué sucede cuando las inclemencias del tiempo llegan en medio de un vuelo? La realidad es que no hay muchas opciones, tan solo confiar y esperar a que pase la tempestad. Muy cusioso que en esos instantes todo el mundo recurre a la oración y al clamor; aún hasta los incrédulos más acérrimos. En los momentos en los cuales las amenazas rodean a uno es prácticamente un instinto natural recurrir a aquel que tiene la autoridad máxima para regir nuestros destinos.

Hay una historia Bíblica que relata una experiencia en la cual hubo una travesía con inclemencias del tiempo. Los hombres que estaban a bordo de aquella embarcación eran experimentados marinos. Pero ante la amenaza de una tormenta que tenía altas probabilidades de ser una experiencia fatal, estos hombres recurrieron a aquel que tenía la autoridad máxima para regir sus destinos.

“Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo:!!Señor, sálvanos, que perecemos!”
(Mateo 8:25 )

Hay inclemencias del tiempo que no son externas y que no tienen que ver con las condiciones atmosféricas. Son condiciones del alma y del corazón que parecen detener el tiempo y que de igual forma pueden representar una amenaza para nuestro destino. Cuando duele el corazón o cuando perdemos el control de los eventos de vida, pueden faltar las esperanzas. Lo único que podemos hacer es recurrir a aquel que tiene la autoridad máxima para regir nuestros destinos. Su nombre es Jesús. Afortunadamente para los discípulos El andaba en el barco junto a ellos. Te pregunto; ¿Se encuentra Jesús en tu barca?

Si los tiempos difíciles han llegado con previo aviso o si han llegado de forma inesperada en medio de tu travesía, la alternativa para ti es la misma: Acude a Cristo. El es la autoridad máxima para regir tu destino y el único que garantiza que te llevará a puerto seguro.

“Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.”
(Mateo 8:26)

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