Today: Dec 9, 2019
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715 Restauración de la Adoración (Pt VII)

Restauración de la Adoración (Pt VII)

Pastor Mizraim Esquilín-García

Salmo 80, RV 1960

 

1 Oh Pastor de Israel, escucha; Tú que pastoreas como a ovejas a José, Que estás entre querubines, resplandece. 2 Despierta tu poder delante de Efraín, de Benjamín y de Manasés, Y ven a salvarnos. 3 Oh Dios, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. 4 Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Hasta cuándo mostrarás tu indignación contra la oración de tu pueblo? 5 Les diste a comer pan de lágrimas, Y a beber lágrimas en gran abundancia. 6 Nos pusiste por escarnio a nuestros vecinos, Y nuestros enemigos se burlan entre sí. 7 Oh Dios de los ejércitos, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos

 ADORACIÓN: Acto mediante el cual se expresa reverencia, respeto, honor, amor y obediencia  a Dios. En el AT se utiliza la palabra shachah para indicar esa actitud, con la connotación de “postrarse”, “arrodillarse”, “inclinarse”. En el NT el término es proskusneo, que es reverenciar a una persona. Usualmente el adorante baja “la cabeza hacia el suelo” (Éx. 34:8) o se postra en tierra (Job 1:20; Sal. 95:6), por lo cual muchas veces se usa la palabra “inclinarse” como equivalente a a. (Éx. 20:5; 2 R. 5:18). Pero el acto físico de inclinar el cuerpo puede tener otro sentido, como súplica a una persona (Gn. 23:7–12), o simple reverencia ante un rey (1 S. 24:8–9). Para que exista a. es imprescindible una actitud del corazón que reconoce en el objeto de la a. el carácter de soberano señor y dueño, como en el Sal. 99, donde se comienza reconociendo la grandeza de Dios: “Jehová reina.… Él está sentado sobre los querubines.… Jehová en Sion es grande y exaltado sobre todos los pueblos”, etcétera. Y luego se reclama la a.: “Exaltad a Jehová nuestro Dios, y postraos ante su santo monte”. [1]

WORSHIP: ‘Worship’ (Old English ‘weorthscipe’=‘worth-ship’) originally referred to the action of human beings in expressing homage to God because he is worthy of it. It covers such activities as adoration, thanksgiving, prayers of all kinds, the offering of sacrifice and the making of vows. Nowadays, however, ‘worship’ is used for any kind of interaction between God and his people, expressed in (but not confined to) cultic or formal activity by a religious group or individuals. It therefore includes not only the human approach to God but also the communications of God with his people, and the whole communal activity that takes place when the people gather together religiously. Such activity is the formal expression of spiritual attitudes which should characterize God’s people at all times (Rom. 12:1). Insofar as serving other people is a divine command, the fulfillment of it is a part of worship. The term ‘worship’ is misunderstood if it gives the impression that the major element is what human beings do or offer to God. Biblical religion is primarily concerned with what God does for his people (Mk. 10:45). This is particularly evident in the NT, where words expressing the human activity of worshipping God are surprisingly rare in descriptions of church meetings (Heb. 13:15f.; 1 Pet. 2:5). Worship is human response to a gracious God, and it needs to be placed in this context if it is to be properly understood.[2]

El tema de la restauración de la Iglesia nos ha sobrecogido en las reflexiones de los pasados dos (2) meses. La formulación y el establecimiento de la necesidad de que la Iglesia posmoderna necesita ser restaurada en muchas áreas nos ha llevado a considerar una agenda para la restauración de la Iglesia del Señor.

Esta agenda para la restauración de la Iglesia posee 12 puntos, a saber:

  1. Restauración de la unción
  2. Restauración de nuestra fidelidad
  3. Restauración de nuestra fe
  4. Restauración de la adoración
  5. Restauración de la compasión
  6. Restauración del hambre y la sed por la presencia de Dios
  7. Restauración de la gloria de Dios en la Iglesia
  8. Restauración del primer amor
  9. Restauración del gozo
  10. Restauración de la calidad de vida (testimonio)
  11. Restauración de la pasión por alcanzar a los perdidos
  12. Restauración de talentos, dones y ministerios

 

Compartimos en la primera reflexión sobre este tema que la agenda para la restauración de la Iglesia necesita incluir estas 12 áreas. Dios quiere restaurar su Iglesia para que ella pueda convertirse en reparadora de portillos y restauradora de calzadas (Isa 58:12). Una Iglesia restaurada garantiza una transición honrosa de sus ministerios (de generación en generación) y un avivamiento continuo (“en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan.” Isa 58:11b).

En reflexiones anteriores nos hemos adentrado a analizar las primeras tres de ellas y comenzamos  el análisis de la cuarta; la restauración de la adoración.

El análisis de ésta área de restauración ha sido desarrollado siguiendo el bosquejo que nos regala el Salmo 96. Como hemos visto en las reflexiones pasadas, este salmo posee cuatro (4) secciones: una invitación a adorar en tres (3) partes, las razones para aceptar esa invitación, las siete (7) enseñanzas que hay que comunicar a través de la adoración y las ocho (8) promesas que recibimos aquellos que adoramos a nuestro Dios.

El análisis del Salmo 96 nos ha permitido revisar las primeras cinco (5) de siete (7) aseveraciones que este salmo identifica como parte de esa demanda. En esta reflexión nos proponemos culminar el análisis de una de las dos (2) enseñanzas restantes que aparecen en el salmo antes mencionado: el llamado a temer al Señor en toda la tierra.

A continuación el Salmo 96 en la versión Reina Valera de 1960. A renglón seguido, la sexta enseñanza que aparece en la segunda parte del verso nueve (9) del mismo salmo.

1 Cantad a Jehová cántico nuevo; Cantad a Jehová, toda la tierra. 2 Cantad a Jehová, bendecid su nombre; Anunciad de día en día su salvación. 3 Proclamad entre las naciones su gloria, En todos los pueblos sus maravillas. 4 Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; Temible sobre todos los dioses. 5 Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos; Pero Jehová hizo los cielos. 6 Alabanza y magnificencia delante de él; Poder y gloria en su santuario. 7 Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos, Dad a Jehová la gloria y el poder. 8 Dad a Jehová la honra debida a su nombre; Traed ofrendas, y venid a sus atrios. 9 Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad; Temed delante de él, toda la tierra. 10 Decid entre las naciones: Jehová reina. También afirmó el mundo, no será conmovido; Juzgará a los pueblos en justicia. 11 Alégrense los cielos, y gócese la tierra; Brame el mar y su plenitud. 12 Regocíjese el campo, y todo lo que en él está; Entonces todos los árboles del bosque rebosarán de contento, 13 Delante de Jehová que vino; Porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, Y a los pueblos con su verdad.”

A continuación algunas versiones bíblicas que nos pueden arrojar luz acerca del mensaje –enseñanza que publica la segunda parte del verso nueve (9) de este salmo:

Alaben al SEÑOR en su hermoso templo; que toda la tierra tiemble delante de él.” PDT

Adoren al Señor en todo su santo esplendor; que toda la tierra tiemble delante de él.” NTV

“Adoren al Señor en su hermoso santuario. ¡Que todo el mundo tiemble delante de él!” DHH

¡Inclínense ante él en su santuario majestuoso!¡Que toda la tierra le rinda homenaje!” TLA

Póstrense ante el Señor en la majestad de su santuario; ¡tiemble delante de él toda la tierra!” NVI

El llamado que se extiende aquí a todos los que adoramos al Señor es que podamos invitar a todo el mundo a temer al Señor. Este llamado es uno muy interesante por las variantes que este concepto nos impone.

De entrada, hay que internalizar que en la Biblia hebrea se utilizan varios conceptos que son traducidos al español como “temor”.” A continuación algunos de ellos para que los lectores puedan ir estableciendo las diferencias entre estos:

  • môrâʼ, (H4172) Se utiliza en 12 ocasiones en el AT: Gn 9:2; Dt 4:34; 11:25; 26:8; 34:12; Sal 9:20.   Se utiliza para describir el terror y el miedo.
  • yârêʼ” (H3372) Se utiliza en 365 ocasiones en el AT: Gn 15:2; 22:12; 42:35; Job 37:22 (terrible); Sal 23:4; 27:1, 3; 91:5. Se utiliza entre otras cosas para describir el temor reverente y el temor que podemos experimentar normalmente.
  • “yirʼâh” (H3374) Se utiliza en 43 ocasiones en el AT: Gn 20:11; Ex 20:20; Sal 5:7; 19:11; 34:11; 90:11; Pro 1:7, 29; 2:5; 9:10. Se utiliza para describir la reverencia a Dios.

 

Sabemos que hay otros conceptos que podemos analizar como parte de esta reflexión. Nos hemos limitado a presentar estos tres (3) solo como ejemplos de las complicaciones y los retos que ofrece este versículo bíblico.

El concepto que se utiliza en el Sal 96:9 b es uno distinto a los que hemos descrito en los párrafos anteriores. El concepto utilizado aquí es “chûl” (H2342). Este concepto se utiliza en 59 ocasiones en el Antiguo Testamento y dentro de sus otras traducciones encontramos las siguientes expresiones:

  • Dar vueltas de forma circular, danzar.
  • Retorcerse de dolor, especialmente durante un parto.
  • Temer, esperar, llevar sobre los hombros, demorarse.
  • Caerse, tener esperanza, sufrir algún dolor, esperar con paciencia.
  • Descansar, tomar forma, estar triste, temblar, confiar.
  • Ser herido, sufrirá alguna gravedad, ser sacudido.

Debemos aclarar que estas no son todas las posibles traducciones de este concepto. Sabiendo esto, ¿en qué consiste la enseñanza que debemos transmitir en nuestra adoración? ¿Qué encierra esa expresión? ¿Qué alcance posee la invitación a enseñar que toda la Tierra tema delante del Señor?

Es obvio que el llamado es a permitir que la presencia de Dios llene toda la tierra. Lo sabemos porque la Biblia enseña que la presencia del Todopoderoso hace temblar la tierra.

32 Él mira a la tierra, y ella tiembla; Toca los montes, y humean. 33 A Jehová cantaré en mi vida; A mi Dios cantaré salmos mientras viva.”  (Sal 104:32-33, RV 1960)

5 ¿Qué tuviste, oh mar, que huiste? ¿Y tú, oh Jordán, que te volviste atrás? 6 Oh montes, ¿por qué saltasteis como carneros, Y vosotros, collados, como corderitos? 7 A la presencia de Jehová tiembla la tierra, A la presencia del Dios de Jacob, 8 El cual cambió la peña en estanque de aguas, Y en fuente de aguas la roca.”  (Sal 114:5-8, RV 1960)

De hecho, la Biblia dice que Dios mira para bendecir a aquellos que son pobres y humildes de espíritu, y que tiemblan a Su palabra (Isa 66:2).

Estas declaraciones bíblicas nos deben llevar a concluir que uno de los llamados de Dios en el Salmo 96 es a que los adoradores provoquemos que la presencia de Dios llene la tierra, haga temblar a toda la creación. Esto provocará que aquellos que nos ven adorando quieran rendirse ante el Señor.

Sin embargo, hay otro punto de vista que necesita ser analizado. El concepto “temed” que hemos estado analizando define y promueve unas acciones y/o unas condiciones. Nadie en su juicio cabal puede ver como una posibilidad hermenéutica (de interpretación) que nos estén llamando a provocar que la tierra de vueltas de forma circular, dance, se retuerza de dolor, se caiga, etc. Nosotros no poseemos esas capacidades.

¿En qué consiste entonces la enseñanza que debemos transmitir en nuestra adoración? Un llamado más lógico es a publicar que la presencia de Dios puede ser experimentada y disfrutada en todos y cada uno de los escenarios que se desprenden del concepto “chûl” (H2342). Esto es, invitar a toda la tierra a experimentar la presencia de Dios cuando uno se retuerce de dolor, cuando estamos de parto, cuando nos toca esperar o cuando llevamos cargas pesadas sobre los hombros. Se trata de invitar a toda la tierra a experimentar la presencia del Dios de Israel cuando nos caemos, cuando lo único que nos queda es la esperanza, cuando sufrimos algún dolor inesperado o inenarrable. Se trata de invitar a toda la tierra a experimentar la presencia del Todopoderoso y adorarle cuando solo podemos descansar en Sus promesas, cuando experimentamos temor o cuando estamos tristes, temblando ante un futuro incierto. Se trata de invitar a todos aquellos que nos rodean a aprender a buscar y adorar a Dios cuando estamos heridos, sufriendo de los efectos de algo grave, merecido o inmerecido y hasta cuando hemos sido sacudidos por lo inesperado.

¿Qué encierra esa expresión? Se trata de enseñar que se puede experimentar la presencia de Dios

en todos y cada uno de esos momentos y que estos pueden ser reinterpretados como escenarios que invitan a adorar a Dios. Esta es sin duda una de las tareas más nobles e intensas de cualquier hombre o mujer que adora a Dios. Se trata de provocar a otros a ver a Dios y decidir adorarle en el día del conflicto (Sal 20:1-2).

Ahora bien, ¿qué tal si aquellos que somos llamados a publicar estas invitaciones somos llamados a hacerlas experimentando noticias similares? Este es sin duda alguna un nivel más alto para la adoración.

¿Qué alcance posee la invitación a enseñar que toda la Tierra tema delante del Señor? ¿Por qué se traduce esto como temer? Un dato que nos confronta y que no podemos dejar sin analizar es que el principio de la sabiduría en el temor reverente al Señor (Pro 1:7; 9:10). Aquellos que amamos ese principio bíblico sabemos que una de las bendiciones más extraordinarias de poder acercarse a la presencia de Dios es que esto nos permite expandir la sabiduría y alcanzar más conocimiento acerca de quién es el Señor y de los propósitos que Él tiene con nosotros.

Conociendo esta variante temática, tenemos que concluir que el llamado que se nos invita a hacer a través de la adoración va mucho más allá de invitar a la tierra a que experimente la presencia de Dios y que le responda (adore) en Cristo Jesús Señor nuestro. Este llamado es a anunciar que estos encuentros, sin importar el escenario que los esté provocando, nos llevarán a conocer más de Dios, a desarrollar inteligencia espiritual y a disfrutar de un proceso de crecimiento en Él.

¿Es esto lo que estamos anunciando al mundo con nuestra adoración? ¿Es esto lo que ven, escuchan y concluyen aquellos que nos ven adorando? ¿Es este el mensaje que estamos diciéndole al mundo?

El  mensaje del Evangelio nos conmina a que anunciemos una historia al mundo. Se trata de la historia de la redención. Nuestra adoración tiene que transmitir ese mensaje. Ese es el mensaje que consigue que el ser humano reconozca su pobreza de espíritu y la necesidad de acercarse al Señor con humildad del corazón. La Biblia dice que son estos los que heredan el Reino de los cielos (Mt 5:3) y los que reciben gracia del Señor (1 Ped 5:5). Estas convicciones comienzan cuando temblamos ante la palabra del Señor (Isa 66:2)

Los himnólogos de las generaciones anteriores a la nuestra no escatimaron esfuerzos para transmitir esta enseñanza:

“Una Historia diremos al mundo”

Una historia diremos al mundo, que convertirá el corazón,                                                                        Historia de paz y ternura, historia de redención, Historia de redención.

A la noche la aurora sigue, a la aurora el pleno sol,                                                                                              Y el reino de nuestro Dios vendrá, el reino de luz y amor.

 Nuevo canto traemos al mundo, que proclama la lealtad;                                                                    Transforma la espada en arado, inspira fraternidad, Inspira fraternidad.

 Un mensaje daremos al mundo, que rescata de todo error;                                                                                Es Cristo, el ejemplo viviente, el único Salvador, El único Salvador.

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“Grato es decir la Historia”

 

Grato es decir la historia, del celestial favor,

De Cristo y de su gloria, de Cristo y de su amor;

Me agrada referirla, pues sé que es la verdad;

Y nada satisface cual ella, mi ansiedad.

 

¡Cuán bella es esa historia! Mi tema allá en la gloria,

Será la antigua historia, de Cristo y de su amor.

 

Grato es decir la historia, que brilla cual fanal,

Y en glorias y portentos, no reconoce igual;

Me agrada referirla, pues me hace mucho bien.

Por eso a ti deseo, decírtela también.

 

Grato es decir la historia, que antigua, sin vejez,

Parece al repetirla más dulce cada vez;

Me agrada referirla, pues hay quien nunca oyó

Que para hacerle salvo, el buen Jesús murió.

 

¡Regresemos a contarle la historia del amor de Dios al mundo entero!

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Referencias:

[1] Lockward, A. (1999). Nuevo Diccionario de la Biblia (pp. 23–25). Miami: Editorial Unilit.

[2] Marshall, I. H. (1996). Worship. In D. R. W. Wood, A. R. Millard, J. I. Packer, & D. J. Wiseman (Eds.), New Bible dictionary (3rd ed., p. 1250). Leicester, England; Downers Grove, IL: InterVarsity Press.

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