Today: Dec 9, 2019
Today: Dec 9, 2019

716 Restauración de la Adoración Parte VIII – El Heraldo Digital del 3 de Noviembre de 2019 • 716 • Vol XIV.

Descarga la versión Institucional de El Heraldo

¿Nace de ti un gran deseo de profundizar en la palabra de Dios y conocer más de lo que cada uno de estos estudios pueden ofrecerte?. Descarga la version institucional de El Heraldo y llevas tus notas para referencias de estudio y demás

DESCARGAR

Restauración de la adoración (Pt VIII)

Reflexión pastoral por: Rev. Mizraim Esquilín-García

 

Salmo 80, RV 1960

1 Oh Pastor de Israel, escucha; Tú que pastoreas como a ovejas a José, Que estás entre querubines, resplandece. 2 Despierta tu poder delante de Efraín, de Benjamín y de Manasés, Y ven a salvarnos. 3 Oh Dios, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. 4 Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Hasta cuándo mostrarás tu indignación contra la oración de tu pueblo? 5 Les diste a comer pan de lágrimas, Y a beber lágrimas en gran abundancia. 6 Nos pusiste por escarnio a nuestros vecinos, Y nuestros enemigos se burlan entre sí. 7 Oh Dios de los ejércitos, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos

Las reflexiones más recientes han sido dedicadas al análisis de una agenda para la restauración de la adoración en la Iglesia de la posmodernidad. Este análisis lo hemos desarrollado siguiendo el bosquejo que nos ofrece el Salmo 96.

La reflexión anterior nos permitió comenzar a analizar la segunda parte del verso 9 de ese salmo. Este verso forma parte de las siete (7) enseñanzas que ese salmo indica que deben ser presentadas por todos aquellos que adoramos al Señor:

9 Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad; Temed delante de él, toda la tierra. RV 1960

Decíamos en esa reflexión que el llamado que se extiende en ese verso a todos los que adoramos al Señor puede ser interpretado como un llamado a invitar a todo el mundo a temer al Señor. Aclaramos allí que esa aseveración necesitaba ser confrontada con el análisis de los conceptos que utiliza el salmista. Vimos en esa reflexión que el salmista no utiliza en ese verso ninguno de los conceptos típicos que se usan en la Biblia para hablar acerca del temor (“môrâʼ, (H4172), “yârêʼ” (H3372), “yârêʼ” (H3373),  “yirʼâh” (H3374), “megûrâh,” (H4035), entre otros). El salmista utiliza el concepto hebreo “chûl” (H2342).

A continuación un repaso de las posibles traducciones de ese concepto:

  • Dar vueltas de forma circular, danzar.
  • Retorcerse de dolor, especialmente durante un parto.
  • Temer, esperar, llevar sobre los hombros, demorarse.
  • Caerse, tener esperanza, sufrir algún dolor, esperar con paciencia.
  • Descansar, tomar forma, estar triste, temblar, confiar.
  • Ser herido, sufrirá alguna gravedad, ser sacudido.

Reiteramos que estas no son todas las posibles traducciones de este concepto. Estas traducciones nos colocaron ante la necesidad de formular algunas preguntas: ¿en qué consiste la enseñanza que debemos transmitir en nuestra adoración a partir de ese verso? ¿Qué encierra esa expresión? ¿Qué alcance posee la invitación a enseñar que toda la Tierra tema delante del Señor?

Ya sabemos que es obvio que nos invitan a enseñar hay que permitir que la presencia de Dios llene toda la tierra. Esa presencia hace temblar todas las estructuras humanas (Sal 104:32-33; Sal 114:5-8).

Tres (3) vertientes interpretativas se desprendieron del análisis que realizamos en esa reflexión. La primera, que los adoradores provoquemos que la presencia de Dios llene la tierra y haga temblar a toda la creación. La segunda, invitar a toda la tierra a experimentar la presencia de Dios aun cuando uno se retuerce de dolor, cuando estamos de parto, cuando nos toca esperar o cuando llevamos cargas pesadas sobre los hombros, etc. Se trata de enseñar que se puede experimentar la presencia de Dios en todos y cada uno de esos momentos y que estos pueden ser reinterpretados como escenarios que invitan a adorar a Dios. La tercera, es a anunciar que estos encuentros, sin importar el escenario en el que nos encontremos como creyentes que adoramos a Dios.

Ahora bien, hay una cuarta vertiente hermenéutica que nos hemos explorado aun. ¿Qué tal si la enseñanza que este verso nos conmina a anunciar con nuestra adoración está ligada a los beneficios que se obtienen cuando tememos al Señor? Examinemos algunos pasajes bíblicos que nos permitirán ampliar el espectro de posibilidades para responder a esta pregunta.

El primer pasaje que queremos analizar es una porción del Salmo 34:

4 Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores (megûrâh,H4035). 5 Los que miraron a él fueron alumbrados, Y sus rostros no fueron avergonzados. 6 Este pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus angustias. 7 El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, (“yârêʼ” (H3373) Y los defiende.  8 Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él. 9 Temed (“yârêʼ” (H3372) a Jehová, vosotros sus santos, Pues nada falta a los que le temen (“yârêʼ” (H3373). 10 Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; Pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien. 11 Venid, hijos, oídme; El temor (yirʼâh” (H3374) de Jehová os enseñaré. 12 ¿Quién es el hombre que desea vida, Que desea muchos días para ver el bien? 13 Guarda tu lengua del mal, Y tus labios de hablar engaño. 14 Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela.” (Sal 34:4-14, RV 1960)

Las conclusiones son obvias. El primer temor que se describe aquí es el terror que se puede apoderar del pensamiento de cualquier ser humano (“megûrâh,”H4035). Ese miedo se puede convertir en una residencia (“mâgûr”, H4033), en una habitación o un estilo de peregrinación para aquellos que son atrapados por ese terror. Este es una clase de temor que aprisiona, que se puede convertir en un estilo de vida, en una habitación de la que creemos que no podemos salir. Este es una clase de temor que camina con nosotros, que paraliza y que se convierte en conductor de nuestras vidas. Casi siempre está acompañado de angustias (Sal 34:6). El salmista testifica en este Salmo que Dios lo libró de ese estilo de vida. El Señor es la fuente para la liberación de esas habitaciones y de esas prisiones.

Al mismo tiempo, el salmista nos dice aquí que aprender a temer al Señor garantiza el establecimiento de un campamento de ángeles alrededor de aquellos que siguen al Señor. Además, que aquellos que temen al Señor poseen la garantía de que no tendrán falta de ningún bien. Si esto fuera poco, el salmista dice que aquellos que aprenden a temer al Señor experimentan transformaciones en las formas en que han aprendido a ver la vida y a responder ante los retos que ella nos trae.

El lector se habrá percatado que el concepto que se utiliza en el Salmo 96 (“chûl”, H2342) no es utilizado en este Salmo. Sin embargo, los resultados de las enseñanzas del Salmo 34 fácilmente pueden provocar a cualquier persona que ama al Señor a adorarle cuando lo único que posee es descansar en las promesas de Dios, cuando experimenta temor o cuando está triste y/o temblando ante un futuro incierto. Las noticias acerca de los beneficios que se obtienen al temer al Señor como lo explica el Salmo 34 convencen al adorante a buscar y adorar a Dios cuando está herido, cuando está sufriendo de los efectos de algo grave, merecido o inmerecido y hasta cuando ha sido sacudido por lo inesperado.

El segundo pasaje que queremos analizar se encuentra en el capítulo 12 del Primer Libro de Samuel. Veamos:

24 Solamente temed (yârêʼH3372) a Jehová y servidle de verdad con todo vuestro corazón, pues considerad cuán grandes cosas ha hecho por vosotros. 25 Mas si perseverareis en hacer mal, vosotros y vuestro rey pereceréis.” (1 Sam 12:24-25, RV 1960)

La invitación que Samuel le hace al pueblo de Israel es temer y servir al Señor con integridad porque el Señor nos ha regalado una historia llena de maravillas y prodigios. Esta invitación se realiza luego de una peregrinación del pueblo de Israel a Gilgal (1 Sam 11:14-15).

14 Mas Samuel dijo al pueblo: Venid, vamos a Gilgal para que renovemos allí el reino. 15 Y fue todo el pueblo a Gilgal, e invistieron allí a Saúl por rey delante de Jehová en Gilgal. Y sacrificaron allí ofrendas de paz delante de Jehová, y se alegraron mucho allí Saúl y todos los de Israel.”                        (1 Sam 11:14-15).

Samuel decidió invitar al pueblo a peregrinar hasta allí luego de haber investido a Saúl[1] como el primer rey de Israel (1 Sam 10:23-25) y de que se desatara un conflicto contra los amonitas (1 Sam 11:8-12).

Hay varios lugares que poseen el nombre de Gilgal en la tierra prometida. Uno de ellos es el primer lugar que el pueblo de Israel acampa en esa tierra luego de haber cruzado el Jordán (Josué 4:1-8, 11-19). Es en ese lugar que Josué levanta el primer altar de 12 piedras en la tierra prometida (v. 20). O sea, que Gilgal simboliza el primer pacto que Israel hace con el Señor al entrar a la Tierra que fluye leche y miel (Ex 3:8; Jos 5:6). Este Gilgal se convierte en la base para las operaciones militares de Israel (Jos 9:6; 10:6; 14:6). De hecho, la Biblia dice que David pasó por allí huyendo de Absalón (2 Sam 19:15,40).

Algunos especialistas opinan que había otro Gilgal en el “khirbet en Nitleh”, a 1 milla al este de Jericó. Al mismo tiempo, la Biblia dice que Samuel tenía un lugar llamado Gilgal como parte de su circuito judicial (1 Sam 7:16).

Creemos que Samuel llevó a Israel al lugar en donde este pueblo realizó su primer compromiso con el Señor después de haber cruzado el Jordán. Leamos las palabras que Josué habló a Israel luego de este evento tan glorioso para poder entender esta conclusión:

19 Y el pueblo subió del Jordán el día diez del mes primero, y acamparon en Gilgal, al lado oriental de Jericó. 20 Y Josué erigió en Gilgal las doce piedras que habían traído del Jordán. 21 Y habló a los hijos de Israel, diciendo: Cuando mañana preguntaren vuestros hijos a sus padres, y dijeren: ¿Qué significan estas piedras? 22 declararéis a vuestros hijos, diciendo: Israel pasó en seco por este Jordán. 23 Porque Jehová vuestro Dios secó las aguas del Jordán delante de vosotros, hasta que habíais pasado, a la manera que Jehová vuestro Dios lo había hecho en el Mar Rojo, el cual secó delante de nosotros hasta que pasamos; 24 para que todos los pueblos de la tierra conozcan que la mano de Jehová es poderosa; para que temáis a Jehová vuestro Dios todos los días.”             (Josué 4:19-24, RV 1960)

Este memorial fue entonces levantado para que la posteridad del pueblo de Israel pudiera tener un lugar que les invitara a recordar de dónde habían venido y cómo habían llegado a ser pueblo. Esto es lo que significa Gilgal. El capítulo cinco (5) del libro de Josué nos permite una visión más amplia del significado de este lugar:

6 Porque los hijos de Israel anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que todos los hombres de guerra que habían salido de Egipto fueron consumidos, por cuanto no obedecieron a la voz de Jehová; por lo cual Jehová les juró que no les dejaría ver la tierra de la cual Jehová había jurado a sus padres que nos la daría, tierra que fluye leche y miel. 7 A los hijos de ellos, que él había hecho suceder en su lugar, Josué los circuncidó; pues eran incircuncisos, porque no habían sido circuncidados por el camino.

8 Y cuando acabaron de circuncidar a toda la gente, se quedaron en el mismo lugar en el campamento, hasta que sanaron. 9 Y Jehová dijo a Josué: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto; por lo cual el nombre de aquel lugar fue llamado Gilgal, hasta hoy. 10 Y los hijos de Israel acamparon en Gilgal, y celebraron la pascua a los catorce días del mes, por la tarde, en los llanos de Jericó. 11 Al otro día de la pascua comieron del fruto de la tierra, los panes sin levadura, y en el mismo día espigas nuevas tostadas.

12 Y el maná cesó el día siguiente, desde que comenzaron a comer del fruto de la tierra; y los hijos de Israel nunca más tuvieron maná, sino que comieron de los frutos de la tierra de Canaán aquel año.”                          (Josué 5:6-12, RV 1960)

Ese pasaje dice que es el Señor el que quita el oprobio de los pueblos. Sin embargo, este mismo pasaje añade lo que le sucede al pueblo cuando decide ser desobediente. Es en Gilgal que se come la Pascua y en donde cesa el maná. Esto es, se unen al pacto (circuncisión) a aquellos que no se habían unido antes, se realiza el memorial que celebra la liberación de Egipto y se comienzan a recibir nuevas responsabilidades para la vida: hay que trabajar para poder comer.

Israel había decidido desobedecer al Señor, rechazando la teocracia (gobierno directo de Dios) para abrazar la monarquía. Moisés les había advertido acerca de esto (Dt 17:14-20; 28:15-36). Todo esto está sintetizado en el memorial levantado en Gilgal. Es por eso que estamos convencidos de que ese fue el lugar al que Samuel llevó a Saúl y a todo el pueblo de Israel.

Leamos las palabras que Samuel le dice al pueblo de Dios en ese lugar:

1 Dijo Samuel a todo Israel: He aquí, yo he oído vuestra voz en todo cuanto me habéis dicho, y os he puesto rey. 2 Ahora, pues, he aquí vuestro rey va delante de vosotros. Yo soy ya viejo y lleno de canas; pero mis hijos están con vosotros, y yo he andado delante de vosotros desde mi juventud hasta este día.

3 Aquí estoy; atestiguad contra mí delante de Jehová y delante de su ungido, si he tomado el buey de alguno, si he tomado el asno de alguno, si he calumniado a alguien, si he agraviado a alguno, o si de alguien he tomado cohecho para cegar mis ojos con él; y os lo restituiré. 4 Entonces dijeron: Nunca nos has calumniado ni agraviado, ni has tomado algo de mano de ningún hombre. 5 Y él les dijo: Jehová es testigo contra vosotros, y su ungido también es testigo en este día, que no habéis hallado cosa alguna en mi mano. Y ellos respondieron: Así es. 6 Entonces Samuel dijo al pueblo: Jehová que designó a Moisés y a Aarón, y sacó a vuestros padres de la tierra de Egipto, es testigo. 7 Ahora, pues, aguardad, y

contenderé con vosotros delante de Jehová acerca de todos los hechos de salvación que Jehová ha hecho con vosotros y con vuestros padres. 8 Cuando Jacob hubo entrado en Egipto, y vuestros padres clamaron a Jehová, Jehová envió a Moisés y a Aarón, los cuales sacaron a vuestros padres de Egipto, y los hicieron habitar en este lugar. 9 Y olvidaron a Jehová su Dios, y él los vendió en mano de Sísara jefe del ejército de Hazor, y en mano de los filisteos, y en mano del rey de Moab, los cuales les hicieron guerra.

10 Y ellos clamaron a Jehová, y dijeron: Hemos pecado, porque hemos dejado a Jehová y hemos servido a los baales y a Astarot; líbranos, pues, ahora de mano de nuestros enemigos, y te serviremos.

11 Entonces Jehová envió a Jerobaal, a Barac, a Jefté y a Samuel, y os libró de mano de vuestros enemigos en derredor, y habitasteis seguros. 12 Y habiendo visto que Nahas rey de los hijos de Amón venía contra vosotros, me dijisteis: No, sino que ha de reinar sobre nosotros un rey; siendo así que Jehová vuestro Dios era vuestro rey. 13 Ahora, pues, he aquí el rey que habéis elegido, el cual pedisteis; ya veis que Jehová ha puesto rey sobre vosotros. 14 Si temiereis a Jehová y le sirviereis, y oyereis su voz, y no fuereis rebeldes a la palabra de Jehová, y si tanto vosotros como el rey que reina sobre vosotros servís a Jehová vuestro Dios, haréis bien. 15 Mas si no oyereis la voz de Jehová, y si fuereis rebeldes a las palabras de Jehová, la mano de Jehová estará contra vosotros como estuvo contra vuestros padres.

16 Esperad aún ahora, y mirad esta gran cosa que Jehová hará delante de vuestros ojos. 17 No es ahora la siega del trigo? Yo clamaré a Jehová, y él dará truenos y lluvias, para que conozcáis y veáis que es grande vuestra maldad que habéis hecho ante los ojos de Jehová, pidiendo para vosotros rey. 18 Y Samuel clamó a Jehová, y Jehová dio truenos y lluvias en aquel día; y todo el pueblo tuvo gran temor de Jehová y de Samuel. 19 Entonces dijo todo el pueblo a Samuel: Ruega por tus siervos a Jehová tu Dios, para que no muramos; porque a todos nuestros pecados hemos añadido este mal de pedir rey para nosotros. 20 Y Samuel respondió al pueblo: No temáis; vosotros habéis hecho todo este mal; pero con todo eso no os apartéis de en pos de Jehová, sino servidle con todo vuestro corazón. 21 No os apartéis en pos de vanidades que no aprovechan ni libran, porque son vanidades. 22 Pues Jehová no desamparará a su pueblo, por su grande nombre; porque Jehová ha querido haceros pueblo suyo. 23 Así que, lejos sea de mí que peque yo contra Jehová cesando de rogar por vosotros; antes os instruiré en el camino bueno y recto. 24 Solamente temed a Jehová y servidle de verdad con todo vuestro corazón, pues considerad cuán grandes cosas ha hecho por vosotros. 25 Mas si perseverareis en hacer mal, vosotros y vuestro rey pereceréis.”                                                             (1 Sam 12:1-25, RV 1960)

El contexto histórico que explicamos en los párrafos anteriores provoca que el mensaje de Samuel adquiera otra dimensión. Samuel decidió allí, en Gilgal, confrontar al pueblo con su historia: una historia de proezas realizadas por la diestra de Dios. Una historia de maravillas y prodigios, de revelaciones de la gloria y la misericordia del Eterno. Una historia repleta de las manifestaciones de la majestad terrible que posee Dios (Job 37:22) y del cuidado de Aquél que es magnífico en santidad, terrible en maravillosas hazañas y hacedor de prodigios (Éxo 15:11).

Es en este contexto que Samuel le repasa esa historia al pueblo de Israel y les dice que deben mantenerse temiendo a Dios, porque ellos poseen una historia repleta de experiencias que los conmina a hacerlo.

Nuestra historia como creyentes en Cristo Jesús como Señor y Salvador nuestro también está llena de historias en las que hemos contemplado la gloria del Señor. La invitación que realiza Samuel es también válida para nosotros. Tenemos que escoger temer al Señor en cualquier situación o escenario que se nos presente en la vida sabiendo que Aquél que lo hizo una vez lo volverá a hacer por su gracia y por su misericordia.

El tercer pasaje que queremos visitar acerca de las razones para temer al Señor lo encontramos en el capítulo 24 del libro de Josué. Veamos:

14 Ahora, pues, temed (“yârêʼ”, H3373) a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. 15 Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová. 16 Entonces el pueblo respondió y dijo: Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses; 17 porque Jehová nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre; el que ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado por todo el camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos por entre los cuales pasamos.”                                      (Jos 24:14-17, RV 1960)

¡El mensaje es claro! Hay exégetas que se detienen en  la conclusión de que hay que temer al Señor porque Él hace milagros y maravillas. Esto es muy cierto y este pasaje lo explica así con precisión. Sin embargo, hay un llamado central en este pasaje que no se puede soslayar. Temer al Señor se trata de una decisión. Hemos sido llamados a decidir servir al Señor y no se puede hacer esto último si no estamos dispuestos a temer al Todopoderoso.

¿Es esto lo que estamos anunciando al mundo con nuestra adoración? ¿Es esto lo que ven, escuchan y concluyen aquellos que nos ven adorando? ¿Es este el mensaje que estamos diciéndole al mundo?

El mensaje del Salmo 96:9b es que le comuniquemos al mundo entero que hay que temer al Señor por los beneficios que Él nos concede, por los actos portentosos que desata su diestra, por los milagros con los que Él nos bendice. Sin embargo, el mensaje central es que le enseñemos al mundo que hay que decidir servir al Señor y que nadie puede decidir servir al Eterno si no está dispuesto a temer al Rey de reyes y Señor de señores.

_________________________________________

Referencia

[1] Saúl comenzó a reinar inmediatamente (1 Sam 13:1-2), pero su unción como rey estaba programada para más adelante (1 Sam 15:1-3). Esta unción se tronchó debido a la desobediencia de Saúl.

Créditos:

Webmaster Hno. Abner

Curadora-editora web: Hna. Francis González

Diseñadora Gráfica: Hna. Eunice Esquilín del Heraldo Digital PDF

Fotografía Gratuita: Recuperado de Rachel Pfuetzner en Unsplash

Leave a Reply