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719 Restauración de la Adoración Parte XI – El Heraldo Digital del 24 de Noviembre de 2019 • 719 • Vol XIV.

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Restauración de la adoración (Pt XI)

Los principios y las demandas del Reino de Dios.

Pastor rector: Mizraim Esquilín-García

La reflexión anterior nos permitió revisar las bases que establecen que el mensaje del Reino de Dios es el mensaje del Evangelio. Es muy cierto que esta expresión no aparece en el Antiguo Testamento. Sin embargo, no es menos cierto que el concepto de Dios como rey estaba bien asentado en la mentalidad hebrea.  De hecho, la Biblia dice que Gedeón rechazó ser señor del pueblo de Israel porque “Jehová señoreará sobre vosotros” (Jue. 8:23). Al mismo tiempo, encontramos que aun cuando se había establecido la monarquía, había reyes como David que llamaban a Dios “Rey mío y Dios mío” (Sal 5:2).

Cuando el pueblo de Dios fue llevado cautivo, su esperanza se centraba en la restauración del reino, pero al mismo tiempo en el establecimiento de un Reino Mesiánico y uno escatológico: una época en la que el Señor sería el Rey en medio de Israel (Sof. 3:15). La esperanza de este pueblo entonces incluía el reinado de Dios (Zac. 14:9).

Es por esto que los mensajes de Juan el Bautista y luego el de Jesús no parecían extraños al pueblo que les escuchaba. Este era el mensaje de Juan el Bautista:

1 En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, 2 y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. 3 Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas. diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mt. 3:1-3),

La Biblia dice que el mensaje de Juan el Bautista poseía unos reclamos de justicia social, pero su énfasis más intenso era el carácter salvífico y escatológico de ese reino.

Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. 17 Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará. 18 Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba las buenas nuevas al pueblo.”  (Lcs. 3:16b-18).

La Biblia también dice que el mensaje del Señor Jesús era el mensaje del reino de Dios:

Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios.” (Mcs. 1:14)

El análisis bíblico nos lleva a la conclusión de que el Reino del que Jesús predicó posee unas características, unos principios y unas demandas. Estas características, los principios y sus demandas  están diseminadas por todo el Nuevo Testamento.

A continuación un resumen de las características del Reino de Dios:

– El Señor posee el poder de las 3 ramas de gobierno (Isa 33:22)

– No es de este mundo: es sobrenatural  (Jn 18:36; 1 Tes 4:16-17; Apoc 1:7)

– Es de poder (Mat 4:23; 1 Cor 4:20; 1 Tes 1:5)

– Es inmutable o inconmovible (Mat 7:24-25; Heb 12:28)

– Se experimenta aquí y ahora (“ya, pero todavía no”) (Mat 4:17;12:28)

– Es un reino de justicia, paz y gozo (Rom 14:17; Isa 9:6-7; 32:17; 57:19-21; Hab 2:13-14)

– Es un reino de perdón (Mt 6.12; 18.21–35; Lc 17.3–4)

¿Cuáles son las características que poseen los miembros del Reino de Dios? Nos parece que el Sermón del Monte resume estas características con una precisión extraordinaria.[1] El capítulo cinco (5) del Evangelio de Mateo nos deja saber en sus primeros versos cómo debe verse a sí misma la persona que anhela formar parte de ese reino:[2]

Mat 5:3: actitud hacia uno mismo

Mat 5:4-6: actitud hacia nuestra realidad espiritual

Mat 5:7-9: actitud hacia el Señor

Mat 5:10-16: actitud hacia el mundo que nos rodea.

El remanente de ese capítulo cinco (5) va a explicar cómo conseguir que esto se desarrolle en nosotros. Luego de esto, el capítulo seis (6) de Mateo nos va a reglar lo que muchos exégetas han clasificado como los principios del Reino de Dios.

Este Sermón predicado por Jesús establece que su definición de justicia tiene que ser aplicada y practicada en todas las áreas de nuestra vida diaria.

Es muy interesante que los primeros acercamientos de Jesús a estos escenarios giran alrededor de lo que sucede en los lugares de reunión para adorar, para orar y ayunar (Mat 6:1-18). O sea, que podemos concluir que Jesús está describiendo principios para nuestras relaciones con los procesos ligados a la adoración. Luego de esto, Jesús decide enseñar principios acerca de nuestras relaciones con las posesiones  materiales (Mat 6:19-34 y luego, principios acerca de nuestras relaciones con los demás (Mat 7:1-20).

El propósito de estos principios, dice el Profesor Wiersbe, es el de probarnos, retarnos a nosotros mismos para encontrar si somos sinceros y honestos en/con nuestro compromiso Cristiano.

 

Principios del Reino para la adoración verdadera:

1. Lo que ofrendamos y cómo lo hacemos (Mat 6:1-4)

 Es muy interesante que Jesús le de tanta importancia a la ayuda a los pobres, a la oración y al

ayuno. La razón por la que esto es así no es muy complicada. Cuando estudiamos la historia de los Fariseos nos percatamos de que éstas eran disciplinas que ellos practicaban. Jesús decide enfatizar que ninguna de estas prácticas puede ser recibida en los cielos si no se desarrollan con el corazón correcto.

De hecho, todos los creyentes en Cristo sabemos que ninguna de estas cosas nos hacen ganar la salvación, porque la salvación es un regalo hace con vista ofrecen salvación (Efe 2:8-9). Al mismo tiempo, como apunta el profesor Wiersbe, realizar todas estas cosas para ganar la gloria de los hombres es en sí una necedad (1 Ped 1:24).

Hay datos históricos que necesita ser conocidos para poder desarrollar una mejor interpretación de este sermón. Por ejemplo, una tradición histórica de los judíos identifica las trompetas del templo como unas cajas de madera en la que se depositaban las ofrendas. Esta tradición coloca a los Fariseos cambiando sus ofrendas en muchas monedas de menor cuantía para que estas hicieran mucho ruido cuando las echaban en esas cajas. Esto, dice esta tradición, era hacer sonar las trompetas. Jesús critica esto.

El Sermón del Monte enseña entre otras cosas que lo que transforma todas nuestras acciones en adoración es cuando decidimos hacer todo lo que hacemos para glorificar al Señor. Es en ese instante que este principio se convierte en un principio de adoración verdadera al Señor. Tal y como dice el Apóstol Pablo:

 

23 Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres;

24 sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.”  (Col 3:23-24)

 

2.Nuestras oraciones (Mat 6: 5– 15)

Se desprende de la faz de la lectura del Sermón del Monte la importancia que posee la oración en el Reino de Dios. Wiersbe destaca muy bien aquí que existen cuatro (4) instrucciones que Jesús ofrece en esta área de ese sermón. Estas son las siguientes:

a. Debemos orar en lo secreto antes de orar en público (v.6)

No se trata de que esté mal orar en público. Hay muchos pasajes bíblicos que nos invitan a hacer esto (Jn 6:11; 1 Tim 2:1). El énfasis que hace Jesús es que es incorrecto orar en público si no se han hecho las asignaciones privadas. Orar en público sin tener una vida de oración privada es considerado por Jesús como un acto de hipocresía.

b. Tenemos que orar con sinceridad (vv.7-8)

Esta es la explicación de la frase que condena las vanas repeticiones. No se trata de que no se puedan repetir las oraciones. Jesucristo oró repetidas veces por lo mismo (Mat 26:36-46). El Apóstol Pablo también repetía sus oraciones (2 Cor. 12: 7– 8). Se trata de que nuestras oraciones salgan de corazones sinceros.

c.Tenemos que pedir de acuerdo a la voluntad de Dios (vv.9– 13).

Esta es la oración del Discípulo. Esta oración que no fue ofrecida para ser memorizada ni repetida. Wiersbe subraya que Jesús no dijo que repitiéramos esa oración. Sus instrucciones fueron “Vosotros, pues, oraréis así.” Esto es, usen esta oración como un modelo, un patrón y  no como un sustituto.

 

Es obvio que Jesucristo destaca que el propósito de la oración es glorificar a Dios. Dios conoce todo lo que le vamos a decir en nuestras oraciones. Él nos escucha con paciencia porque sabe que este proceso nos conviene más a nosotros que a Él. Sus silencios sirven para formarnos y las temporadas de oración para aprender a escuchar su voz. Además, la oración nos prepara para poder hacer buen uso de las respuestas que recibiremos del cielo.

No es por menos que el vidente de la Isla de Patmos recibió de Dios que la oración sube como incienso, como adoración y ofrenda, ante la Presencia del Todopoderoso (Apoc 5:8).

La oración como adoración comienza con la pertenencia a Dios como Padre y a la comunidad de creyentes como familia: “Padre nuestro.” Es Su nombre, es Su reino y es Su voluntad lo que está en el centro de la oración. La oración del Reino de Dios es una herramienta poderosa para colocarnos en el centro de la voluntad del Todopoderoso.

Wiersbe apunta, citando a Robert Law,  que nadie tiene el derecho de usar la oración para cosas que deshonren el Nombre que es sobre todo nombre, retrasen Su reino o disturben Su voluntad en la tierra.

Que nadie pierda de vista esto. Es correcto y adecuado pedir por las necesidades físicas de cada día, por el perdón, por dirección y para la protección de todas las asechanzas del maligno. Es también correcto que luego de decirle a Dios todo lo que anhelamos compartir con Él, nos detengamos, haciendo un alto en silencio para escuchar lo que Él nos tiene que decir.

d.Tenemos que orar con un espíritu perdonador para los demás (vv.14-15)

Esta expresión acerca de la necesidad de perdonar como hemos sido perdonados es extrapolada por Jesús un poco más adelante en su ministerio. El Evangelio de Marcos lo recoge así en Mcs 11:19-26:

 

19 Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad. 20 Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. 21 Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado. 22 Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. 23 Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. 24 Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. 25 Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. 26 Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.”

 

No se trata de que esa acción de perdonar a los demás nos puede agenciar el perdón. Se trata de

que la acción de perdonar con un corazón perdonador revela cuánto nos ha transformado el perdón que hemos recibido de Dios (Efe 4:32; Col 3:13).

Es importante subrayar que este pasaje destaca que la oración que Jesucristo espera glorifica a Dios como Padre, anhela la venida del Reino de Dios, nos coloca en común acuerdo con la voluntad del Padre y nos invita a hacer todo esto sabiendo que no queda en nosotros pecado alguno que no hayamos confesado.

En otras palabras, la oración que adora a Dios no está centrada ni enfocada en las respuestas que queremos recibir. Esa oración está enfocada en lograr ser transformados en esa clase persona a la que Dios puede confiarle Su respuesta.

 3. Nuestros ayunos (6: 16– 18)

No son muchos los Cristianos que saben que al pueblo de Israel solo se le pedía 1 día de ayuno nacional en el año; el famoso Yom kippur. Ese es el día de la expiación que se celebra a los 10 días del séptimo mes, el mes de Tishrei (Lev 16:29-31; 23:27-32; Nm 29:7-8). Los Judíos llaman ese día el “Sabbath de los Sabbaths.”

Este no era el caso de los Fariseos. La Biblia dice que ellos ayunaban dos (2) veces a la semana (Lcs 18:11-12). La tradición histórica dice que lo hacían los lunes y los jueves. Ellos se encargaban de que todo el mundo se enterara de que ellos estaban ayunando. Es obvio que el propósito era ganarse los aplausos y el respeto de sus coterráneos.

Los Cristianos hemos sido llamados a ayunar, no solamente de alimentos sino de todo aquello que pueda haberse convertido en un obstáculo para que le dediquemos al Señor la atención que Él se merece. Jesucristo ayunaba (Lcs 4:1-13). La Iglesia del primer siglo ayunaba (Hch 13:1-4).

A continuación algunas citas acerca del ayuno:

Matthew Henry

Fasting and prayer are proper means for the bringing down of Satan’s power against us, and the fetching in of divine power to our assistance.

  • Fasting is of use to put an edge upon prayer; it is an evidence and instance of humiliation which is necessary in prayer, and is a means of mortifying some corrupt habits, and of disposing the body to serve the soul in prayer.

 

Andrew Murray (1828 – 1917)

Prayer is the reaching out after God and the unseen; fasting, the letting go of all that is of the seen and temporal …

  • fasting helps to express, to deepen, and to confirm the resolution that we are ready to sacrifice anything, to sacrifice ourselves, to attain what we seek for the kingdom of God.             [Andrew Murray, With Christ in the School of Prayer, Lesson 13].

 

John Wesley (1703 – 1791)

A fifth and more weighty reason for fasting is that it is a help to prayer…

I desired as many as could to join together in fasting and prayer, that God would restore the spirit of love and of a sound mind to the poor deluded rebels in America. Is not the neglect of this plain duty (I mean, fasting) ranked by our Lord with almsgiving and prayer, one general occasion of deadness among Christians? Can any one willingly neglect it, and be guiltless? [Journal of John Wesley].

 

Saint Peter Chrysologus (c. 380 – c. 450)

Prayer, mercy and fasting: These three are one, and they give life to each other. Fasting is the soul of prayer; mercy is the lifeblood of fasting. Let no one try to separate them; they cannot be separated. If you have only one of them or not all together, you have nothing.

 

Saint Basil the Great, (330–379)

Do you think that I am resting the origin of fasting on the Law? Why, fasting is even older than the Law. If you wait a little, you will discover the truth of what I have said. Do not suppose that fasting originated with the Day of Atonement, appointed for Israel on the tenth day of the seventh month. No, go back through history and inquire into the ancient origins of fasting. It is not a recent invention; it is an heirloom handed down by our fathers. Everything distinguished by antiquity is venerable. Have respect for the antiquity of fasting. It is as old as humanity itself; it was prescribed in Paradise. [St. Basil, Homily on Fasting, 4].

Fasting gives birth to prophets and strengthens the powerful; fasting makes lawgivers wise. Fasting is a good safeguard for the soul, a steadfast companion for the body, a weapon for the valiant, and a gymnasium for athletes. Fasting repels temptations, anoints unto piety; it is the comrade of watchfulness and the artificer of chastity. In war it fights bravely, in peace it teaches stillness. It sanctifies the Nazirite and perfects the Priest. For it is not possible to dare to perform sacred actions without fasting, not only in the mystical and true worship of the present era, but also in the symbolic worship offered according to the Law. [St. Basil, Homily on Fasting, 6].

 

El problema no es el ayuno, sino los motivos por los que ayunamos y el corazón con el que lo hacemos. El ayuno que reclama el Reino de Dios no se utiliza para conseguir respuestas para nuestras necesidades más apremiantes. Ese ayuno que requiere Dios, el ayuno que adora al Señor, procura el control de nuestros apetitos del cuerpo y del alma y el anhelo de ser transformados “de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Cor 3:18b).

El ayuno del Reino posee los mismos requisitos de intimidad y “secretividad” que le han sido impuestos a la ofrenda y a la oración. Debe ser visto como una herramienta que se usa para adorar a Dios, para buscar Su rostro, y encontrar dirección del Señor.

Siguen vigentes las preguntas que Dios le hizo a Israel a través del profeta Zacarías:

4 Vino, pues, a mí palabra de Jehová de los ejércitos, diciendo: 5 Habla a todo el pueblo del país, y a los sacerdotes, diciendo: Cuando ayunasteis y llorasteis en el quinto y en el séptimo mes estos setenta años, ¿habéis ayunado para mí? 6 Y cuando coméis y bebéis, ¿no coméis y bebéis para vosotros mismos? 7 No son estas las palabras que proclamó Jehová por medio de los profetas primeros, cuando Jerusalén estaba habitada y tranquila, y sus ciudades en sus alrededores y el Neguev y la Sefela estaban también habitados? 8 Y vino palabra de Jehová a Zacarías, diciendo: 9 Así habló Jehová de los ejércitos, diciendo: Juzgad conforme a la verdad, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano; 10 no oprimáis a la viuda, al huérfano, al extranjero ni al pobre; ni ninguno piense mal en su corazón contra su hermano.” (Zac 7:4-10)

Wiersbe añade a todo esto que si necesitamos que la gente nos vea con rostros miserables para que podamos ser considerados creyentes espirituales, entonces hay algo malo en nosotros. Una de las tesis centrales de Jesucristo en todas estas aseveraciones es que la hipocresía nos roba la realidad de la vida Cristiana, nos roba el carácter, nos despoja de las recompensas espirituales, y nos roba la capacidad de ser creyentes con influencia espiritual en el mundo que nos rodea.

Wiersbe dice que podemos ofrendar, orar y ayunar así, pero nuestras oraciones no encontrarán respuestas, nuestro ser interior no se desarrollará y nuestra vida espiritual terminará hueca y vacía.

 

The first step toward overcoming hypocrisy is to be honest with God in our secret life. We must never pray anything that we do not mean from the heart; otherwise, our prayers are simply empty words. Our motive must be to please God alone, no matter what men may say or do. We must cultivate the heart in the secret place. It has well been said, “The most important part of a Christian’s life is the part that only God sees.” When reputation becomes more important than character, we have become hypocrites.”[1]

4. El uso de nuestras riquezas (Mat 6: 19– 34)

La mayoría de los creyentes posmodernos están acostumbrados a dividir sus vidas entre lo espiritual y lo material. Wiersbe apunta aquí que no vemos que Jesucristo haga esa separación en el Sermón del Monte.

Sabemos que los Fariseos eran avaros (Lcs 16:14) y utilizaban la religión para hacer dinero y enriquecerse. Pero Jesucristo no se limita a criticar la avaricia de estos. El mensaje del Reino predica que la evidencia más relevante de una espiritualidad correcta es la actitud que desarrollamos hacia las riquezas.

No queremos que los lectores lleguen a la conclusión de que Jesucristo estaba magnificando la pobreza o criticando la legitimación de las riquezas. No se trata de lo que uno posee los bienes o si los bienes poseen a uno. La Primera carta del Apóstol Pablo a Timoteo describe todo esto con precisión en el capítulo seis (6):

 

6 Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; 7 porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. 8 Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. 9 Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; 10 porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. 11 Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. 12 Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos…..17 A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. 18 Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; 19 atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna.” (1 Tim 6:6-12, 17-19)

Aún no hemos analizado las demandas del Reino. Esta será la tarea de las próximas reflexiones. Le sugerimos a los lectores que lean estas reflexiones en más de una ocasión y que lo hagan en oración. Sabemos que el Señor nos está hablando a través del análisis de Su Santa Palabra y no queremos que se pierda una sola gota de Sus bendiciones.

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Referencias:

[1] No pretendemos presentar un análisis completo acerca del Sermón del Monte en esta reflexión. Un análisis responsable del mismo requeriría muchos meses de publicaciones. Para esta reflexión estaremos utilizando algunos de los bosquejos publicados por Warren W. Wiersbe en su libro Be Loyal (Matthew): Following the King of Kings (The BE Series Commentary) (pp 55-64). David C Cook. Kindle Edition.

[2] Wiersbe, Warren W.. Be Loyal (Matthew): Following the King of Kings (The BE Series Commentary) (p. 46). David C Cook. Kindle Edition.

[3] Wiersbe, Warren W. Be Loyal (Matthew): Following the King of Kings (The BE Series Commentary) (pp. 55-64). David C Cook. Kindle Edition.

APA 6ta ed:

Esquilín-García, M. (2019). Reflexión 719: Restauración de la adoración parte XI. El Heraldo Digital del 24 de Noviembre de 2019 • 719 • Vol XIV. Recuperado de https://iglesiaamec.org

 

Colaboradores:

Reflexión: Rev. Mizraim Esquilín García, PhD.

Webmaster: Hno. Abner García

Curadora-editora web: Hna. Frances González

Dropbox & upload reflexión web El Heraldo Digital: Hna. Eunice Esquilín

Diseñadora de Publicación Digital El Heraldo en PDF-Dropbox: Hna. Eunice Esquilín

Fotografía gratuita: Recuperado de Unsplash: Photo por Ben White on Unsplash

Foto editada: Hna. Eunice Esquilín

 

Iglesia Amec Casa de Alabanza • Canóvanas Puerto Rico • 2019

 

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