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726 • Tiembla Puerto Rico: aprendizaje en las escuelas que provoca un sismo • El Heraldo del 12 de enero de 2020 • 726 • Volumen XV

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Tiembla Puerto Rico: aprendizaje en las escuelas que provoca un sismo

Reflexión por el pastor/rector: Mizraim Esquilín-García

“1Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. 2Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. 3Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. 4Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. 5Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. 6No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.” / (Mt 28:1-6)

El 7 de enero del 2020 pasará a la historia como el día en que Puerto Rico fue introducido a una nueva realidad; a una nueva normalidad. Ya no se trata de racionalizar el conocimiento teórico de que las islas de Puerto Rico pueden temblar. Todos los que vivimos en esta bendita tierra ahora poseemos conocimiento empírico de esta realidad. ¡Puerto Rico tiembla!

Aquellos que visitamos con alguna frecuencia lugares en el planeta que se encuentran en áreas de alta actividad sísmica, nos sorprendemos al ver la naturalidad con la que nuestros hermanos en esas zonas del mundo manejan estas cosas. Para nosotros los Boricuas esto es un nuevo estilo de vida que posee sus propios “libros” y que exige cambios en conductas que aún no somos capaces de procesar. Es como si nos obligaran a aprender a desarrollar la vida después de un huracán, pero con el huracán encima.

En todo esto hemos visto la gracia y la bondad del Señor. Tal y como lo habíamos adelantado por los pasados años, la multiplicidad de actividades sísmicas (casi 4,000 temblores desde Septiembre 23 de 2019 a la fecha en la que se escribe esta reflexión) provocó que disminuyera en gran manera la intensidad del terremoto que sufrimos el día 7 de enero. La energía acumulada en las placas que rodean el sur de nuestra Isla fue disminuida como se disminuye el vapor en una olla de presión: de las que se usan para cocinar. De hecho, tanto el Geological Survey de los Estados Unidos [1], como los expertos locales han indicado que la probabilidad de tener un evento mayor al que ya sufrimos es de 2%. O sea, que hay un 98% de probabilidad de que no tengamos un evento mayor. El 84% de la probabilidad es que todo lo que estamos experimentando son y serán tan solo réplicas del evento mayor que ya experimentamos.

De hecho, la Dra. Christa G. Von Hillebrandt-Andrade, una de las expertas de mayor reconocimiento en este tema en todo este hemisferio, reaccionaba recientemente en una de las estaciones de radio locales diciendo que las réplicas son un buen indicio. Las réplicas indican que las fallas en esas placas siguen liberando energía. Ella acotó que le habría preocupado mucho la ausencia de esas réplicas.

Reiteramos, la misericordia del Señor nos ha venido a visitar en todo esto. Otro sería nuestro caso si este evento hubiese ocurrido en plena mañana y en época escolar. Tan solo imagine una actividad como esta en el centro oriental de Puerto Rico a las 10:30 AM en medio de un día en el que las escuelas estuvieran abiertas. ¿Se puede imaginar a Puerto Rico sin las grúas que mueven los vagones de carga que traen nuestros alimentos?

Hay varias preguntas que debemos formularnos de cara a todo esto ¿Qué debemos aprender de este evento? En primer lugar, que no hemos obligado a las administraciones gubernamentales a hacer lo que tenían que haber hecho. No existe un plan coordinado de trabajo efectivo a largo plazo para manejar una situación como esta. Estas réplicas van a durar varios meses y las necesidades van a ir incrementando.

En segundo lugar, que tenemos que exigir la regionalización de los servicios en situaciones como estas para que sean los alcaldes y administradores regionales los que se encarguen de manejar esos planes de acción. En tercer lugar, que necesitamos un esfuerzo concertado de las Universidades Privadas y la Universidad de Puerto Rico para diseñar los códigos, los modelos de evaluación, los programas de servicio para áreas de construcción, salud pública, infraestructura, utilidades etc.  Así también para fiscalizar lo que se está realizando.

Sin embargo, no hemos formulado aún las preguntas más importantes. Estas son:

• ¿Qué nos dice la Biblia acerca de esto que hemos sufrido?

• ¿Qué quiere el Señor que aprendamos de esta experiencia, como individuos, como familias y como pueblo?

Hay que subrayar que la Biblia está llena de experiencias acerca de los terremotos. Los conceptos bíblicos en hebreo y en griego que están relacionados a estos movimientos (terremoto, temblor, estremecimiento, sacudida, etc.) se utilizan más de 230 veces en toda la Biblia. De hecho, hay una figura retórica llamada “hysteresis[2] que se define como la narración subsecuente a eventos previos. Esto es, que se usa un evento como punto de referencia o azimut para comenzar la narración de lo que se quiere decir desde éste. En la Biblia hay cantidad de ejemplos de esta figura retórica relacionada a movimientos telúricos. A continuación algunos ejemplos de esto:

1Las palabras de Amós, que fue uno de los pastores de Tecoa, que profetizó acerca de Israel en días de Uzías rey de Judá y en días de Jeroboam hijo de Joás, rey de Israel, dos años antes del terremoto.2Dijo: Jehová rugirá desde Sion, y dará su voz desde Jerusalén, y los campos de los pastores se enlutarán, y se secará la cumbre del Carmelo.”  (Amós 1:1)

3Después saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla.

4Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur. 5Y huiréis al valle de los montes, porque el valle de los montes llegará hasta Azal; huiréis de la manera que huisteis por causa del terremoto en los días de Uzías rey de Judá; y vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos.”  (Zac 14:3-5)

La población del Medio Oriente, particularmente la de Israel, está localizada en medio de 3 áreas tectónicas activas: la de la alta Galilea, la de Samaria cerca de Siquem y la de ls franja de los montes occidentales de Judea, cerca de Lydda. Lo que esto significa es que Israel se ha tenido que acostumbrar a los temblores de tierra a través de su historia. Es más, el pueblo de Dios ha tenido que aprender a interpretar sus vivencias y su relación con Dios a la luz de estas sacudidas. Hay documentos históricos de eventos catastróficos en esa región en los últimos 3,000 años. De hecho, los pasajes que citamos de los libros de Amós y de Zacarías describen un gran terremoto que sucedió en el siglo octavo antes de Cristo.

Esta es la realidad geográfica, cultural y antropológica del pueblo del Señor. Esta verdad se ve plasmada en la forma y la manera que la Biblia se acerca a este tema. En muchas ocasiones vemos su uso desde la perspectiva de la disciplina que impone Dios a Su pueblo. En otras ocasiones, desde la perspectiva de cómo Dios utiliza estos eventos para producir victorias para este. Sin embargo, nada supera su uso en el trato de la revelación de la gloria de Dios, de la comunicación del mensaje central de su gracia, de su poder y de su capacidad para traer liberación a los suyos. La Biblia coloca al pueblo de Israel viendo al Señor en medio de los terremotos. Basta leer acerca de la revelación de Dios a Su pueblo en el Monte Sinaí para entender esto. /  (Ex 19:17-19).

Antes de continuar con este análisis, tenemos que declarar que sabemos que la inmensa mayoría de la población que vive en Puerto Rico no se ha podido recuperar de los efectos causados por el huracán María. Los efectos emocionales que ese fenómeno produjo en nuestra población todavía están en carne viva. A esto hay que añadir los efectos económicos, los familiares, los profesionales y/o vocacionales y de otro tipo que María nos dejó como un legado. Y no solo esto, los eventos ocurridos en el verano del año que acaba de concluir son igualmente “drenantes.”

Esta aseveración sirve como base para enfatizar que el puertorriqueño está drenado, agotado y cansado. La admisión de estas realidades nos permite entender los niveles de “shock”, de perplejidad y de aturdimiento que podemos experimentar ante lo sucedido. Al mismo tiempo, esto puede explicar la dificultad que puede tener la mayoría de nuestro pueblo para ver al Señor en lo que acaba de suceder.

Uno de los pasajes bíblicos más exquisitos para trabajar con esto último lo encontramos en el capítulo 19 de 1 Reyes: la historia del profeta Elías huyendo de una mujer llamada Jezabel. Ese pasaje dice lo siguiente:

8 Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. 9 Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? 10 El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. 11 Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. 12 Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. 13 Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?”   (1 Rey 19:8-13)

Es interesante conocer que Elías es considerado como el profeta más importante del Antiguo Testamento. Se trata de su capacidad para cerrar el cielo y volverlo a abrir, su capacidad para correr más rápidos que los carros tirados por caballos y para pedir fuego del cielo. Esto es superado por su capacidad y su arrojo para hacerle frente a Acab, el rey más perverso del Antiguo Testamento.

Elías aparece en el pasaje citado gastado, drenado, cansado y deprimido al punto de desear morirse (1 Rey 19:4). Elías es una metáfora que describe a muchos de los hermanos puertorriqueños y de otras naciones que viven entre nosotros. No debe ser una sorpresa que este hombre no pueda ver a Dios en el viento, en el terremoto y/o en el fuego. Sobran las evidencias bíblicas de que Dios se puede revelar en medio de todas estas cosas. Así mismo nos puede suceder a nosotros.

Sabemos que en este pasaje aparece una frase que parece decir categóricamente que Dios nos estaba en estos. Debemos tener cuidado con esa conclusión. Veamos que el mero hecho de que el pasaje diga que Jehová estaba allí y que el poderoso viento rompía los montes y que quebraba las peñas ante Él, es evidencia fidedigna de que Dios estaba en ese asunto. Es más, es un hecho que Elías conoce que Dios se manifiesta en el fuego (1 Rey 18:1-40).

Dios sabe que Elías no está emocionalmente capacitado para entender esto. Es por eso que decide enviarle un silbo apacible y delicado. A continuación la explicación que ofrezco en el libro “El Despertar de la Adoración”:

La Biblia señala que se desatan cuatro manifestaciones en las que Dios ha podido estar. Dios ha podido estar en el viento, como estuvo en la experiencia del salmista (Salmo 18:12-14) o la del profeta Nahum  (Nahum 1:3b), ha podido estar en el terremoto (Salmo 68:8; Isaías 6:4; Nahum 1:5), ha podido estar en el fuego (Isaías 30:27; Ezequiel 10:6-7). Pero Dios escoge estar en el silbo apacible y delicado. ¿Por qué? La respuesta la encontramos en el análisis del original hebreo. La Biblia hebrea señala que lo que Elías oyó fue el sonido de un murmullo suave; un murmullo melódico. Es como si Dios se le hubiese antojado cantarle una canción de arrullo al profeta. Dios que conoce la situación anímica de su siervo, hace válidas las palabras del Salmo 32:7 y ha rodeado al profeta con melodías de liberación. Son sin dudas estas palabras las que hace suyas Martín Lutero cuando se atreve a declarar que la música del Señor hace huir al diablo.

En el comentario que escriben los rabinos Reuven Hochberg y A.J. Rosenberg, se destaca el hecho de que el Rashi [3] interpreta que lo que Elías ha escuchado ha sido el eco del cántico de los ángeles; el servicio de adoración angelical que ocurre donde quiera que Dios está. Es como si Dios hubiera decidido llevar el servicio de adoración al lugar donde se encontraba el profeta. Mejor aún, el profeta ha decidido ir al lugar donde está Dios; allí, sin duda alguna, habrá adoración.

 Debemos hacer un paréntesis para enfatizar que la experiencia de Elías no cancela la manifestación de Dios en el fuego, en la tormenta o en el terremoto. Dicho de una manera pastoral, Dios puede manifestarse de muchas maneras distintas. Decimos esto porque entendemos que muchos adoradores entienden que Dios solo está en el silbo apacible y delicado. Al usar esta expresión, lo hacen para subrayar que Dios no puede ser adorado de forma emocional. Lo que ignoran aquellos que esgrimen esta postura, es el hecho de que los seres humanos somos emocionales y llevaremos nuestras emociones a dónde quiera que vayamos. De hecho, hay emoción en el silbo apacible y delicado. Me parece correcto decir que la manifestación de Dios dependerá del estado anímico que pueda ver en nosotros el Espíritu de Dios; a base de esto, Él presupuestará para nosotros la experiencia justa que necesitamos. En el caso de Elías, hacía falta una canción celestial.[4]

Dios conoce el nivel de agotamiento que tenemos. No es pecado admitir que estemos cansados y fatigados. Esas es una de las grandes mentiras propagadas por la súper fe. De hecho, la Biblia privilegia a aquellos que están cansados cuando dice lo siguiente:

29 El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. 30 Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; 31 pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.”  (Isa 40:29-31)

En su soberanía Dios ha determinado que es correcto que cansados, fatigados o no, nosotros tenemos que enfrentar este cataclismo.

¿Para qué? ¿Por qué? Tratar de encontrar respuestas absolutas a estas dos (2) preguntas sería similar a querer jugar a ser Dios. Sin embargo, podemos acercarnos a varios pasajes bíblicos que manejan este tema y que nos pueden orientar más allá de los que creemos.

El primero de ellos es el del epígrafe de esta reflexión; lo encontramos en el Evangelio de Mateo. Veamos:

1 Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. 2 Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. 4 Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. 5 Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. 6 No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. 7 E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho. 8 Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, 9 he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. 10 Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.”   (Mat 28:1-10)

Este pasaje nos presenta a algunas de las mujeres que acostumbraban a seguir y apoyar al Señor en su ministerio. Los quehaceres del momento estaban supeditados a terminar de preparar el cuerpo de un cadáver. Las esperanzas de estas mujeres habían sido puestas en la vida y en el ministerio de Jesús. La muerte de éste había cancelado esas esperanzas. El dolor de la separación, el aparente fracaso de sus llamados eran la orden del día.

Es aquí que comienza este pasaje; con la óptica que produce el dolor y la desesperanza. ¿Se parece esto a algún ambiente que conocemos en Puerto Rico? El pasaje indica que el primer día de la semana, la madrugada de un nuevo día, es sorprendida por un terremoto. ¿Se parece esto a la madrugada del día después del Día de los Reyes Magos?

La Biblia dice que este terremoto fue provocado por la llegada de un ángel. Este ángel no descendió para resucitar a Jesús: Jesucristo no necesitaba de esa ayuda. Ese ángel tampoco descendió para que Jesús pudiera salir de la tumba. La Biblia dice que El Resucitado podía atravesar las paredes (Jn 20:26-28). El pasaje bíblico de Mateo nos enseña que el ángel provocó un terremoto al descender para que los presentes, todos nosotros, pudiéramos entrar a ver que la tumba estaba vacía. Esto es: poder ver las EVIDENCIAS DE LA RESURRECCION DE NUESTRO SEÑOR. Ese ángel provoca un terremoto y se sienta sobre la piedra para que el mundo pudiera comenzar a caminar sobre los efectos de la vida que regala el Señor de la Resurrección y de la Vida.

Esa manifestación transformó a mujeres desoladas y desalentadas en bujías, en dínamos encendedores de esperanza y de confianza. Un terremoto fue capaz de correr el velo de sus corazones para que ellas se pudieran convertir en Evangelistas del mensaje de la resurrección y de la esperanza.

¡Puerto Rico necesita esa experiencia! Tenemos que aceptar que no hicimos buen uso de la oportunidad celestial que nos proveyó el Huracán María. A pocos meses de ese evento ya habíamos regresado, como Lot, a Sodoma (Gn 13:10-13; 14:8-12; 19:1-3). Las razones por las que el pueblo decidió hacer esto quizás pueden ser encontradas en el vacío de liderato que experimentamos.

La reflexión de El Heraldo del 11 de marzo de 2018 fue dedicada al análisis de Salmo 90. Es allí que realizamos las siguientes declaraciones acerca de ese vacío:

12 Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría.

Hay que reconocer que esta escuela no es instantánea. Esta escuela es una combinación de procesos pedagógicos y terapéuticos que se extiende a través de toda la vida. Esto es así porque debido a las complejidades del alma con las que Dios tiene que lidiar. Un buen ejemplo de esto lo tenemos en la narrativa del becerro de oro (Éxo 32:1-35). Ya hemos discutido en otras reflexiones por qué es que el pueblo de Israel decide hacer ese becerro. La ausencia del líder que les decía hasta qué cosas tenían que comer les provoca regresar a mirar a Egipto, particularmente a uno de sus dioses (“apis”).  No se envía a hacer un dios así a menos que uno ya lo haya conocido. Ahora bien, ¿se ha preguntado usted alguna vez porqué la fiesta que se hace alrededor de ese dios ha sido tan criticada. En primer lugar, porque era idolátrica. En segundo lugar, porque ellos se propusieron que fuera una fiesta dual, para Jehová y para el becerro (Éxo 32:5) El versículo seis (6) de Éxodo 32 dice lo siguiente acerca de lo que los Israelitas hicieron allí:

6 Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se  sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse.

El concepto que se traduce como “regocijarse” es la expresión hebrea “litzachek”, expresión que el Rashi (comentario hebreo de la edad media) define como adoración y celebración con orgías.

Desde el punto de vista conductual, la celebración delante de ese becerro de oro revela que la ausencia de Moisés (su líder), no solo hizo que el pueblo de Israel mirara a Egipto. Esa ausencia desató en ese pueblo unos niveles de ansiedad que los condujo a buscar placeres sensuales y sexuales, como una medicina, como un placebo para de manejar sus miedos y confusiones. Esa ansiedad les llevó a convencerse de que podían hacerlo sin que esto insultara o fuera una ofensa al Dios que los había sacado de Egipto.

 Uno de los aspectos más terribles de esta narrativa es reconocer que Aarón conocía a “apis”. Esto entonces revela que la idea de Dios que habían desarrollado era la de un dios adicional, como los muchos dioses que había en Egipto. Esta es la idea de un dios que podía ser adorado al mismo tiempo en el que se adoraba a otros dioses. Es curioso que el tiempo en el que estuvieron en Egipto ellos no clamaban a “apis” para ser liberados. Ellos clamaban al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (Exo 2:23).

 Estos argumentos revelan que los milagros que habían disfrutado no habían servido como herramienta para conocer a Dios. Ese pueblo necesitó de una pedagogía del desierto para poder hacerlo. Estas aseveraciones nos dejan saber que Israel seguía siendo un pueblo esclavo; no era aún un pueblo libre.

 ¿Cree usted que nosotros somos diferentes o distintos al pueblo de Israel? En muchas ocasiones salimos de los yugos que nos han esclavizado mediante operaciones e intervenciones milagrosas de Dios. ¿Significa esto que esa liberación ya nos haya convertido en personas que conocemos a Dios? Basta que nos coloquen en medio de la pedagogía del desierto para poder saberlo. Es allí que podemos comprobar si seguimos inclinados a ese Egipto del que salimos. Es allí que podemos saber si la ansiedad provoca que seamos presa fácil de los placeres sensuales y sexuales. Es allí que podemos identificar cuáles son los otros dioses que controlan nuestra vida. Es allí que podemos reconocer cuál es la idea de Dios que hemos desarrollado.

 La pedagogía del desierto se encargó de transformar a ese pueblo. El escritor del Salmo 90 lo sabía muy bien. El Dios del ese Salmo es eterno, único, santo y benevolente. El desierto se encargó de que el pueblo descubriera y se convenciera de esto. ¿Habrá algún becerro de oro en nuestro corazón? Dios usará la pedagogía del desierto para que seamos capaces de descubrirlo.

Es muy probable que Dios haya decidido que es correcto exponernos a un fenómeno como este, de modo que decidamos volver nuestros rostros a Él. Puerto Rico le pertenece a Dios y en Su misericordia Dios no dejará de insistir en cumplir Su propósito en nosotros como pueblo suyo.

Otro pasaje fundamental en esta discusión es el Hechos 16:22-30: Pablo y Silas en la ciudad de Filipos. Estos hombres habían decidido obedecer al Señor y no ir a predicar a Asia. Estos hombres habían decidido obedecer a Dios y no ir a predicar a Bitinia (Hch 16:1-7). Estos hombres habían decidido obedecer a Dios yendo a Macedonia y predicando allí el Evangelio. Estos hombres provocaron que Lidia, la vendedora de púrpura se convirtiera y que la joven endemoniada fuera liberada de su opresión. ¿Cuál fue el “premio” que recibieron por haber hecho bien todas estas cosas? La Biblia dice allí que el premio fue una golpiza, ropas rasgadas, muchos azotes y la cárcel.

¿Se parece esto a lo que pueden estar experimentando cientos de compañeros fieles que se han gastado obedeciendo a Dios en esta Isla luego del embate del huracán María? Se trata de aquellos que no han podido completar las reparaciones de sus templos y que han perdido docenas de líderes fuertes que se han re localizado fuera del País. Se trata de aquellos que han visto las finanzas de sus iglesias diezmarse y aun así, siguen hacia adelante sacrificando cosas insospechadas. Nada de esto les ha hecho claudicar. Sin embargo, ahora llega un terremoto. ¿Será que Dios se ha olvidado de ellos? ¿Será acaso que Dios se ha olvidado de nosotros?

Un dato importantísimo es que Dios no se limitó a esto que acabamos de describir en el análisis bíblico. La Biblia continúa el relato del capítulo 16 del Libro de Los Hechos diciendo que Pablo y Silas decidieron comenzar allí a orar y a cantar justo cuando comenzaba un nuevo día: a la media noche. Es entonces que la Biblia añade lo siguiente:

26 Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.”  / (Hch 16:26)

¡Impresionante e impactante!: ¡un gran terremoto! (seismós egeneto megas)

A la cárcel, a los golpes, al maltrato, al aparente abandono hay que añadirle un gran terremoto.

¿Para qué?  El terremoto es el instrumento que Dios usó para romper las cadenas que restringían a sus siervos. El terremoto es el instrumento que Dios usó para romper las paredes que los apresaban. El terremoto es el instrumento que Dios usó para que los presos se convirtieran. El terremoto es el instrumento que Dios usó para que el carcelero no se suicidara y se convirtiera. El terremoto es el instrumento que Dios usó para que la familia del carcelero se salvara. El terremoto es el instrumento que Dios usó para regalarnos una historia bíblica que está vestida de eternidad, de gracia y de gloria, que nunca pierde su vigencia y que ha estimulado a millones de creyentes a través de 2 milenios.

¡Dios va a usar el terremoto del 7 de enero para todo esto y mucho más!

Una pregunta queda en el tintero ¿Y qué hacemos con el desaliento y el desánimo en lo que se cumplen esas promesas? Quizás necesitamos emular a Isaías del capítulo 6 de su libro y no limitarnos a la revelación que Dios nos ha dado. ¡Sí!: Isaías necesitó un terremoto (Isa 6:4) luego de la revelación de la gloria del Señor, para poder pasar de ser un simple contemplador de la gloria y la santidad del Eterno, a ser un participante activo en la misión que nos ha encomendado nuestro Señor. Quizás es que solo así podremos ser capaces de encarnar el mensaje que Puerto Rico necesita escuchar hoy:

15 Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. 16 He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros. 17 Tus edificadores vendrán aprisa; tus destruidores y tus asoladores saldrán de ti. 18 Alza tus ojos alrededor, y mira: todos éstos se han reunido, han venido a ti. Vivo yo, dice Jehová, que de todos, como de vestidura de honra, serás vestida; y de ellos serás ceñida como novia. 19 Porque tu tierra devastada, arruinada y desierta, ahora será estrecha por la multitud de los moradores, y tus destruidores serán apartados lejos.

20 Aun los hijos de tu orfandad dirán a tus oídos: Estrecho es para mí este lugar; apártate, para que yo more. 21 Y dirás en tu corazón: ¿Quién me engendró éstos? Porque yo había sido privada de hijos y estaba sola, peregrina y desterrada; ¿quién, pues, crió éstos? He aquí yo había sido dejada sola; ¿dónde estaban éstos? 22 Así dijo Jehová el Señor: He aquí, yo tenderé mi mano a las naciones, y a los pueblos levantaré mi bandera; y traerán en brazos a tus hijos, y tus hijas serán traídas en hombros.”  / (Isa 49:15-22)

¡Nosotros nos vamos a levantar! Al hacerlo exhibiremos las transformaciones que el Señor va a operar en nosotros. Después de todo, como dicen en el pueblo de Sabana Grande, con Cristo a nuestro lado “somos más grandes que el temblor de tierra.”

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Referencias:

[1] https://www.usgs.gov/news/magnitude-64-earthquake-puerto-rico

[2] https://www.studylight.org/lexicons/bullinger/hysteresis-or-subsequent-narration.html. Este concepto también es utilizado para describir la dependencia del estado de un sistema en la historia (química, física, económica, de ingeniería, etc.) http://www.lassp.cornell.edu/sethna/hysteresis/WhatIsHysteresis.html.

[3] https://www.myjewishlearning.com/article/who-was-rashi/

[4] Mizraim Esquilín. 1995. El Despertar de la Adoración. Miami: Editorial Caribe (pp. 243-244).

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Colaboradores:

Reflexión: Rev.  Mizraim Esquilín García, PhD.  /  Pastor de Comunicaciones: Mizraim Esquilín-Carrero, Jr. / Webmaster: Hno. Abner García    /  Curadora-editora web: Hna. Frances González  Dropbox-upload reflexión web El Heraldo Digital: Hna. Eunice Esquilín  /    Diseñadora de Publicación Digital El Heraldo en PDF-Dropbox: Hna. Eunice Esquilín  /   Fotografías gratuitas: Recuperadas de Unsplash: Photo by Daniel Reyes  / Photo by Wei Zeng / Photo by jonathan buttle-smith / Imagen editada: Hna. Eunice Esquilín-enero 2020.   Iglesia AMEC Casa de Alabanza, Canóvanas Puerto Rico • Enero de 2020 • Somos una Iglesia de Presencia Internacional

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