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729 • Jesús sale a nuestro encuentro • El Heraldo del 2 de febrero del 2020 • Volumen XV • número 729

Jesús sale a nuestro encuentro

Reflexión por el Pastor/Rector: Mizraim Esquilín-García, PhD.

8 Y ellas, alejándose a toda prisa del sepulcro con temor y gran gozo, corrieron a dar las noticias a los discípulos. 9 De repente Jesús les salió al encuentro, diciendo: «¡Saludos!». Y ellas, acercándose, abrazaron Sus pies y lo adoraron.” (Mat. 28:8-9, Nueva Biblia de Las Américas)

El Evangelio de Mateo nos regala en sus narrativas algunas oportunidades para analizar las reacciones y el comportamiento de aquellos que enfrentaron terremotos en el tiempo del ministerio de Jesús. Estos pasajes también nos permiten analizar los resultados que se consiguieron alcanzar con estos movimientos telúricos. Por ejemplo, el capítulo 27 de ese Evangelio nos permite estudiar estas reacciones de cara al terremoto ocurrido cuando Jesús murió en la Cruz del Calvario.

50 Más Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. 51 Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; 52 y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; 53 y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. 54 El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.”   (Mat. 27:50-54)

La historia de la sismología en el Medio Oriente revela algunos eventos sísmicos importantes para el año 33 de la Era Cristiana [1], así como para el año 31. Flavio Josefo informó acerca de ese movimiento (año 31DC) señalando que este había producido miles de fatalidades. Mateo dice en ese Evangelio que la declaración del centurión y de los “otros que estaban con él guardando a Jesús” fue en parte motivada por el terremoto que se describe allí. La expresión del centurión y de sus compañeros es una de las expresiones más importantes de todo el Nuevo Testamento: “Verdaderamente éste era Hijo de Dios.

Otro pasaje que nos provee este Evangelio es el que encontramos en su capítulo 28. La experiencia que narra ese capítulo fue el objeto de nuestra reflexión anterior. Sin embargo, hay algo más que reacciones y comportamientos para estudiar detrás de estas narrativas. La que encontramos en el capítulo 28 no regala un encuentro (“apēntesen”, G528) [2] con Jesucristo.

La Biblia utiliza este concepto en siete (7) ocasiones en el Nuevo Testamento. El análisis de algunas de ellas nos permitirá comprender un principio fundamental del uso de este concepto. Este concepto es utilizado en el Evangelio de Marcos para describir cómo es que Jesús choca con el endemoniado de Gadara:

2 Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, 3 que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas. 4 Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, más las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar. 5 Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras.”  (Mcs. 5:2-5, RV 1960)

En Marcos 14 se utiliza para describir cómo era que los discípulos de Jesús serían capaces de identificar en dónde había que celebrar la última Pascua del ministerio de Jesús.

12 El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando sacrificaban el cordero de la pascua, sus discípulos le dijeron: ¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la pascua? 13 Y envió dos de sus discípulos, y les dijo: Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle, 14 y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? 15 Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad para nosotros allí.” (Mcs 14:12-15)

En el Evangelio de Lucas es utilizado para identificar cómo es que Jesús choca con los 10 Leprosos que querían ser sanados.

11 Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. 12 Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos 13 y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! 14 Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.” (Lcs 17:11-14)

El Evangelio de Juan lo utiliza para describir cómo es que el oficial del rey recibe la noticia de su hijo quedó sano a la misma hora que el Señor dijo la palabra de sanidad.

49 El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera. 50 Jesús le dijo: Vé, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue. 51 Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. 52 Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre. 53 El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa.”  (Jn 4:49-53)

En el libro de los Hechos es utilizado para describir cómo es que Pablo y Silas se encuentran con la muchacha que tenía espíritu de adivinación en la ciudad de Filipos.

16 Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. 17 Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. 18 Y esto lo hacía por muchos días; más desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora.”  (Hch 16:16-18)

Los lectores se habrán percatado de que se trata de encuentros inesperados y que alteraron significativamente el ambiente y el escenario de sus interlocutores. Otro dato importante es que en casi todos los casos citados son los necesitados de intervención los que irrumpen en las escenas. La única excepción aquí es el instante en el que los siervos del oficial del rey salen a informarle acerca del estado de la salud del hijo enfermo: el necesitado. Es como si el mismo necesitado hubiera salido al encuentro de su padre.

Sin embargo, la narrativa de Mateo 28:9 es la única ocasión en la que los necesitados son interrumpidos por el proveedor del milagro. Es la única ocasión en la que encontraremos el uso de este concepto para describir a Jesús irrumpiendo en el escenario de personas necesitadas. Sabemos que hay otras ocasiones en las que Jesús salió al encuentro de la gente necesitada, pero sólo aquí se utiliza el concepto “apēntesen”, (G528).

Jesucristo le salió al encuentro a la mujer samaritana. El relato que nos regala el capítulo cuatro (4) del Evangelio de Juan describe hasta la necesidad de Jesús de llegar al pozo de Jacob: “Y le era necesario pasar por Samaria” (Jn 4:4). La Biblia nos enseña que Jesucristo le salió al encuentro al paralítico del estanque de Betesda. El pasaje del capítulo cinco (5) del Evangelio de Juan describe que Jesús fue informado acerca de los 38 años que este hombre llevaba esperando por su milagro (Jn 5:5-6). La Biblia también enseña que Jesucristo le salió al encuentro a aquellos que llamó a ser sus discípulos (Mat. 4:18-19; 9:9); los llamó mientras trabajaban es sus ocupaciones seculares.

Así mismo podemos mencionar que Jesucristo le salió al encuentro al hombre que tenía la mano seca (Mcs 3:1-5) y que salió al encuentro de la Viuda de Naín (Lcs 7:11-16). Sabemos que los lectores pueden insertar docenas de otras experiencias similares a las antes mencionadas.

¿Por qué es que el Evangelio reserva el uso del concepto “apēntesen” para este encuentro de Jesucristo con aquellas que salían a dar las buenas nuevas de Su resurrección? Existe un abanico de posibilidades que pueden ser considerados para contestar esta pregunta. En todos los casos anteriores, los encuentros provocados por Jesús trataban con situaciones individuales y personales, situaciones que amenazaban personas o familias específicas. Sin embargo, en el caso de la narrativa del capítulo 28 de Mateo, la situación descrita afectaba a toda una nación (el terremoto) y la historia de la humanidad (el mensaje de la resurrección).

El concepto “apēntesen” es un concepto compuesto, configurado por la partícula griega “apo” (G575) que significa “fuera”, que denota separación y/o la cesación de algo. La otra palabra es un derivado del concepto “anti” (G473) que muy bien puede ser usado aquí como contraste, sustitución, o correspondencia. Este concepto es entonces un concepto de confrontación y en cierta medida hasta beligerante. El Señor de la resurrección tenía que irrumpir en esta historia para afirmar el sentido de la misión de estas mujeres, para afianzar el curso de la historia y para validar el mensaje que ellas iban a comunicar. El Señor Jesús tenía que confrontar la realidad de ellas.

La tierra estaba temblando y ellas necesitaban algo más que las instrucciones de un ángel para comunicarle las buenas nuevas a los discípulos. Ellas necesitaban algo más que una tumba vacía. Ellas necesitaban que Jesús irrumpiera en el camino de regreso a la ciudad. La tierra estaba temblando y ellas necesitaban algo más poderoso que un terremoto con sus muchas réplicas.

Decir que Jesús les salió al encuentro es similar a decir que Jesús irrumpió en la historia de ellas y en la historia de la humanidad ¡Jesús les salió al encuentro! Esta visitación, esta irrupción, es entonces una visitación de la gracia celestial. La misericordia del Señor triunfando sobre el juicio. Se trata de la bondad del Señor que es la Fuente de Paz insertándose en esa historia. Puerto Rico está viviendo una situación similar desde que este año comenzó. Los movimientos telúricos constantes tienen a muchos preocupados y ansiosos. Es natural que esto ocurra. Sin embargo, cuando repasamos los informes que describen y analizan los terremotos anteriores más cercanos que hemos sufrido (11 de octubre de 1918 y 18 de noviembre de 1867) descubrimos que las frecuencias y las intensidades de los movimientos que experimentamos hoy está por debajo de lo que experimentaron las generaciones anteriores a las nuestras. El del 11 de octubre de 1918 tuvo réplicas de muchas clases hasta el 25 de febrero de 1919 (4 meses y 14 días). El terremoto del 18 de noviembre 1867 fue seguido de réplicas y de eventos muy significativos hasta el 17 de marzo de 1868 (casi 4 meses).

Las siguientes copias de documentos oficiales de la época corroboran la aseveración anterior. Los lectores pueden acceder el documento completo en la dirección electrónica que hemos colocado en las referencias al pie de estas páginas.

Sobre el terremoto del 11 de octubre de 1918

Documento:

“Los terremotos de Puerto Rico de 1918: con descripción de terremotos anteriores: Informe de la Comisión Encargada de la Investigación sobre terremotos.”[3]

Página 42

“El terremoto de octubre 11 fué seguido de muchas sacudidas posteriores, siendo algunas de intensidad bastante alta. A continuación aparece una lista de estas sacudidas ocurridas hasta febrero 25, la más completa que hemos podido formar, pero muchos temblores habrán escapado a la observación, y otros han ocurrido más tarde. 

La más fuerte de las sacudidas posteriores ocurrió la noche de octubre 24, a las 11:43 con una intensidad máxima en la paste oeste de Puerto Rico, de cerca de VII R-F. Esta sacudida ocurrió cuando casi todo el mundo estaba dormido, por tanto, dificúltase la obtención de cálculos exactos de intensidad relativa en distintos puntos. Además, los efectos de la perturbación en los edificios y construcciones similares fueron grandemente encubiertos por los mayores efectos del terremoto de octubre 11. La intensidad fué mayor en la costa oeste de Puerto Rico, decreciendo según se distanciaba de esa región. En Aguadilla, Córsica, Rincón, Añasco, Cabo Rojo y otros pueblos en la parte occidental de la isla, cayeron botellas. lámparas, y otros objetos sueltos. El temblor se sintió en todo Puerto Rico y aun tan lejos como San Tomas, donde muchas personas fueron despertadas de su sueño.

Sobre el terremoto del 18 de noviembre de 1867 [4]

Página 61

” Sacudidas posteriores. – Como ya se ha dicho, por algún tiempo inmediatamente después del terremoto principal la tierra parecía estar en movimiento continuo, pero los temblores pronto se hicieron sentir separada y distintamente. Muchos fueron ligeros, pero hubo algunos bastante y fuertes, y otros fueron clasificados como “violentos”. Mr. Raupach contó 89 sacudidas en San Tomas en doce horas, empezando a las 2:45 p.m. el día 18 de octubre, y 238 en las siguientes 21 1/4 horas, que terminaron a las 12 de la noche del día 19. Después de esta hora notó la de cada temblor, y los ruidos sordos hasta el día 11 de diciembre. Es innecesario publicar de nuevo la lista, pero el número de sacudidas contacto cada día (de media a media noche), puede darse:”

Página 64

“Comparación de los terremotos de 1867-8 con los de 1918. – Estos dos períodos de gran actividad sísmica tienen muchas características comunes a ambos. En ambos la sacudida más fuerte ocurrió al principio y fué seguida de numerosas sacudidas posteriores que continuaron durante un período de varios meses. Las sacudidas posteriores fueron de variadas intensidades, habiendo sido algunas pocas bastante fuertes, pero por lo general, decrecieron gradualmente tanto en intensidad como en frecuencia. El terremoto inicial de cada período aparentemente se debió a un desplazamiento vertical en alguna falla antigua, y estaba caracterizada por vibraciones verticales de la tierra, seguido inmediatamente por una gran ola marítima que anduvo mucho desde el origen, especialmente por la parte donde el agua era más profunda. Ambas perturbaciones fueron submarinas y originadas en el borde de una profunda artesa. Los dos temblores principales tuvieron más o menos la misma intensidad y se sintieron a igual distancias, o sea, 500 ó 600 kilómetros. La parte oriental de Puerto Rico sufrió más en los primeros terremotos gastándose la intensidad hacia occidente. En los últimos temblores sufrió más la parte occidental, decreciendo la intensidad hacia oriente. Los dos terremotos fueron de igual intensidad, más o menos, en una región un poco hacia el oeste del centro de la isla.”

La buena noticia es que la Biblia nos enseña que a Jesucristo nuestro Señor le gusta irrumpir en esto escenarios. Jesucristo, el Señor de la vida, ama irrumpir en la historia de los pueblos en situaciones como estas. ¡Jesucristo va a salir al encuentro de Puerto Rico! ¡El Señor de la resurrección, el vencedor de la muerte y de la tumba va a salir a nuestro encuentro!

Algo más poderoso que los temblores de tierra va a ocurrir en Puerto Rico. La manifestación de la misericordia de Dios triunfando sobre los temores de ancianos y de los niños. La bondad del Señor de la vida triunfando sobre las ansiedades de los padres y de sus hijos.

Esa visitación de la gracia y de la misericordia de Dios se hace inminente y necesaria porque es la estabilidad y la vida de un país la que está en juego aquí. El Señor de la vida lo hizo una vez y lo volverá a hacer.

Jesucristo irrumpió en nuestra historia luego del huracán San Ciriaco el 8 de agosto de 1899. Los informes oficiales señalan que ese huracán le costó la vida a 3,433 personas.[5] El Todopoderoso convirtió esa tragedia en una plataforma para nuestra bendición como país. Ese huracán provocó que la madre de Juan L. Lugo se relocalizara en Hawaii. Juan L. Lugo conoció al Señor allí y la historia de nuestro pueblo cambió. El avivamiento de 1916 tuvo su génesis en esta tragedia.

Jesucristo irrumpió en nuestra historia luego del huracán San Felipe (13 de septiembre de 1928), del huracán San Ciprián (26 de septiembre de 1932) y de la Gran Depresión provocada por la caída estrepitosa de los mercados mundiales en octubre de 1929. San Felipe causo 312 muertes a su paso por la isla y devastó la economía. Casi ningún edificio quedó en pie y los daños en la industria azucarera (y en toda la agricultura) fueron cuantiosos. El total de los daños fueron estimados en 1928 en 85 millones de dólares, cantidad equivalente a varios miles de millones de dólares en términos de la economía actual. San Ciprián produjo 257 fatalidades y 4,280 personas heridas en un pueblo que pasaba hambre debido a la Gran Depresión. El avivamiento de 1933, las campañas del Hermano Francisco Olazabal, son sin duda algunas evidencias tangibles de que Jesucristo salió a nuestro encuentro.

Las oraciones de todos aquellos que conocemos a Jesucristo como Señor y Salvador tienen que ir en esta dirección: “Ven Señor Jesús, irrumpe en nuestra historia, hazlo una vez más: sal al encuentro de nuestro País.”

¡Jesucristo, sal al encuentro de Puerto Rico, de todo el Caribe y del resto del Mundo!

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Referencias:

[1] https://earthquake-report.com/2014/05/03/important-historic-earthquakes-in-israel/, https://staff.polito.it/alberto.carpinteri/related%20piezonuclear%20papers/ambraseys_mod.pdf

[2]https://www.blueletterbible.org/lang/lexicon/inflections.cfm?strongs=G528&t=KJV&ot=TR&word=%E1%BC%80%CF%80%E1%BD%B5%CE%BD%CF%84%CE%B7%CF%83%CE%B5%CE%BD

[3]Informe escrito por Harry Fielding y Stephen Taber. San Juan, PR, Negociado de materiales, Imprenta y Transporte, 1919 (p.42). https://www.proyecto1867.com/uploads/8/6/3/9/86396506/reid_and_taber__1919a_.pdf

[4] Ibid. p 61-64.

[5] http://hurricanescience.net/history/storms/pre1900s/1899/

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Colaboradores:

Reflexión: Rev.  Mizraim Esquilín-García, PhD.  /  Pastor de Comunicaciones: Mizraim Esquilín-Carrero, Jr. / Webmaster: Hno. Abner García    /  Social-Media: Hna. Frances González   / Reflexión-web/curadora El Heraldo Digital: Hna. Eunice Esquilín  /  Diseñadora El Heraldo Edición Impresa: Hna. Eunice Esquilín  /   Fotografías gratuitas: Recuperadas de Unsplash: Photo by Jerry Wang on Unsplash / Photo by Raychan on Unsplash / Imagen editada: Hna. Eunice Esquilín-febrero 1- 2020.

729 • Jesús sale a nuestro encuentro • El Heraldo del 2 de febrero del 2020 • Volumen XV • número 729
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