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732 • Tiempo de reconstruir: reflexiones acerca de lo que nos demanda la historia (II) • El Heraldo Digital del 23 de febrero del 2020 • Volumen XV • 732

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Tiempo de reconstruir: reflexiones acerca de lo que nos demanda la historia (II)

 In the book of Nehemiah, we discover how to defeat the enemies that attack us from without—and from within. Nehemiah shows us how to build strong walls of moral and spiritual protection around our lives. He shows us how to take the rubble-strewn ruins of our lives and rebuild them into a beautiful, functioning temple of worship to God. No matter what your circumstances, no matter how far you may have drifted from God in the past, no matter how you may have been attacked and buffeted by people and circumstances, the book of Nehemiah will give you a plan for rebuilding the walls of your life—a plan for success in every aspect of your life.[1]

 

¡Ha llegado el tiempo de reconstruir a Puerto Rico!

Con esa frase concluimos la reflexión anterior. Esta reflexión sentó las bases sobre lo que debe ser nuestra mesa de trabajo para los próximos meses. Esta mesa de trabajo usa como base el libro de Nehemías, la última composición histórica del canon del Antiguo Testamento.

Tal y como vimos en la reflexión anterior, este libro comienza con la descripción de la ciudad de Jerusalén que Nehemías recibe de su hermano Hacalías cerca del año 446 AC, el año número 20 del reinado de Artajerjes Longimanus, rey del imperio Medo-Persa. La descripción de esa ciudad que nos regalan los primeros versos del capítulo 1 de ese libro da inicio al trabajo de este hombre llamado Nehemías (Neh 1:1-4). Esto es así porque Nehemías reconoció la necesidad que tenía de frente a sí. Los muros y las puertas de esa ciudad, elementos esenciales para la seguridad y el bienestar de la ciudad y de sus habitantes, estaban en el suelo o quemadas por el fuego.

Reconocer la necesidad que está frente a uno es una de las experiencias más intensas y dolorosas que puede experimentar cualquier ser humano. Esta experiencia cobra más intensidad cuando se trata de los creyentes en Cristo. El Espíritu Santo es especialista en confrontarnos con estas necesidades, particularmente cuando no estamos conscientes de ellas y/o cuando estas no forman parte de nuestra cosmovisión.

Eran muchos los muros que estaban destruidos y muchas las puertas que han sido devoradas por el fuego. Cuando Alan Redpath analizó este tema[2] nos hizo saber esos muros pueden ser los símbolos de la salvación, pueden ser los símbolos de nuestra adoración, los muros que nos deben separar de la vida mundanal y alejada de Dios. El Pastor Redpath, quien entre otras muchas cosas fue Pastor de Moody Memorial Church en Chicago (1953-1962) se preguntaba acerca de los muros de nuestra vida de oración y de nuestro estudio de la Santa Palabra. Redpath se preguntaba qué acerca de los muros de nuestro caminar con el Señor y de nuestra vida devocional personal con el Eterno.

El Pastor Redpath, quien también pastoreó la Iglesia Bautista de la calle Duke en Richmond, Surrey, en las afueras de Londres durante la Segunda Guerra Mundial, también se preguntaba acerca de los muros de lo que ha debido ser nuestro testimonio consistente ante los demás. ¿Qué acerca de los muros que protegen la vida en la que procuramos parecernos a Cristo? ¿Qué de los muros del testimonio de la Iglesia en la comunidad? Decía este Pastor que enviamos misioneros a los lugares más distantes del planeta, lugares en los que no nos pueden ver, pero no somos capaces de mantener testimonios sólidos como Iglesia de Cristo en las comunidades en las que vivimos.

Son innegables las realidades de las tragedias y las necesidades que sufren las comunidades en las que servimos y vivimos. Sin embargo, es también innegable que muchas de estas se resisten a escucharnos debido al pobre testimonio institucional que tienen muchas de nuestras congregaciones.

Otros son los muros que hay que reconstruir en nuestros países. En el caso de Puerto Rico, es muy cierto que se necesita poner en marcha la reconstrucción de la parte física, de sus estructuras, de sus utilidades y de sus servicios. Pero no es menos cierto que hay que reconstruir los muros que protegen la salud mental, la salud emocional y la salud espiritual de nuestra gente. Hay que reconstruir los muros de respeto a los ancianos y los muros de los valores familiares que se han perdido. Hay que reconstruir los muros de una educación pública de altura y centrada en los valores ancestrales y bíblicos que forjaron nuestra cultura como pueblo.

Luego de identificar las necesidades más apremiantes de la ciudad de Jerusalén, Nehemías dio inicio a sus labores orando, rogando, ayunando y llorando delante del Señor. Hay que entender que hay que buscar el rostro del Señor, que hay que humillarse, hay que ayunar, que hay que traer ante el Señor el dolor experimentado ante las noticias recibidas. Esto hay que hacerlo antes de decidir cuál será la respuesta, cuál será el plan de acción que pondremos en práctica para reconstruir aquellas cosas que están en el suelo o quemadas por el fuego del abandono, del odio y de la violencia.

Dios está reclamando una nueva generación de líderes que sea capaz de decirle al Señor que está dispuesta a trabajar con la reconstrucción de los muros antes identificados y de los muros de nuestro País. Estos líderes necesitan entender el valor y el lugar que posee la oración, el llanto, la humillación, el ayuno y el ruego delante del Señor. Aquellos que anhelan testimonios poderosos y constantes, que anhelan bendiciones frecuentes, tienen que permitir que el Señor les abra los ojos del entendimiento para aprender a ver las necesidades como oportunidades de gracia para la manifestación del poder de Dios.

Esta fue la primera fase de la preparación de Nehemías para la reconstrucción de la ciudad de Jerusalén. Repasemos la oración que Nehemías hizo cuando decidió humillarse delante del Señor:

5 Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; 6 esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. 7 En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo. 8 Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; 9 pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre. 10 Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa. 11 Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey.” (Nehemías 1:5-11)

Son muchos los exégetas que han vistos esta oración sirve como una máquina de rayos X para identificar y diagnosticar el corazón y la personalidad de Nehemías como siervo del Señor. No cabe duda de que Nehemías era un hombre que le gustaba orar. Prueba de esto son las veces que lo encontramos orando en el libro que lleva su nombre (Ej Neh 2:4; 4:4, 9; 5:19; 6:9, 14; 9:5ff; 13:14, 22, 29, 31). Sin embargo, esta oración, la del capítulo 1, nos permite ver el corazón de este líder.

En primer lugar, este hombre nos permite saber a través de su oración que él conoce al Dios Todopoderoso que se revela en la historia y que lo hace siendo fiel a su pacto y a su misericordia (Neh 1:5).

En segundo lugar, esta oración revela que Nehemías conoce que hay condiciones para recibir y para apropiarse de esa revelación; hay que mar al Señor y hay que serle fiel. Todo esto está en el verso cinco (5) del capítulo 1 de este libro.

En tercer lugar, este hombre revela en esta oración que él conoce su historia y conoce el bagaje histórico de las oraciones de su pueblo: “esté atento tu oído y abierto …”(vs 6).

36 Si pecaren contra ti (pues no hay hombre que no peque), y te enojares contra ellos, y los entregares delante de sus enemigos, para que los que los tomaren los lleven cautivos a tierra de enemigos, lejos o cerca, 37 y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren llevados cautivos; si se convirtieren, y oraren a ti en la tierra de su cautividad, y dijeren: Pecamos, hemos hecho inicuamente, impíamente hemos hecho; 38 si se convirtieren a ti de todo su corazón y de toda su alma en la tierra de su cautividad, donde los hubieren llevado cautivos, y oraren hacia la tierra que tú diste a sus padres, hacia la ciudad que tú elegiste, y hacia la casa que he edificado a tu nombre; 39 tú oirás desde los cielos, desde el lugar de tu morada, su oración y su ruego, y ampararás su causa, y perdonarás a tu pueblo que pecó contra ti.”  (2 Cró 6:36-39, oración de Salomón cerca de 500 años antes de Nehemías)

Nehemías sabe que esto fue lo que hizo Moisés delante del Señor cuando el pueblo hizo el becerro de fundición  y se rebeló contra el Señor (Dt 9:16-19).

En cuarto lugar, este hombre sabe que el oído del Señor está atento a los humildes (Sal 10:17), a los que se humillan (Sal 55:2) y a las causas justas (Sal 17:1).

En quinto lugar, Nehemías reconoce el valor que posee la confesión de pecados (Neh 1:6b-7). El testimonio y la oración de David estaban presentes en su memoria al momento de orar.

En sexto lugar, este hombre revela en esta oración que él conoce la Palabra de Dios y que no tiene reserva alguna de que ésta sirva como guía a sus diálogos con el Señor. Nehemías cita Lev 26:33 cuando dice “si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos;” y cita Dt 30:2-4 cuando dice “aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre.

En séptimo lugar, Nehemías nos deja saber en esa oración que él sabe que lo que su nación está sufriendo es el cumplimiento de la palabra profética que Dios le dio a Jeremías (Jer 29: 10). Pero él también sabe que esa palabra profética concluía con una palabra de esperanza:

10 Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar. 11 Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. 12 Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré;  13 y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. 14 Y seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice llevar.”  (Jer 29:11-14)

En octavo lugar, Nehemías reconoce que esa nación es el pueblo de Dios (Neh 1:10).

En noveno lugar, este hombre pide la intervención de Dios en la tarea que va a desarrollar y que Dios le da “éxito” (“tsâlach”, H6743). Este concepto hebreo puede ser traducido como empujar hacia adelante, liberación de impedimentos, rompimientos de ataduras o de obstáculos, efectividad, y/o hacer prosperar. Nehemías pide que esta intervención sea con “gracia” (“racham”, H7356). Este concepto es una extensión de las entrañas maternas. O sea, que Nehemías le pidió a Dios que hiciera que se le estremecieran las entrañas al rey Artajerjes cuando escuchara su petición.

Estos nueve puntos no agotan el análisis de esta oración, pero al menos nos conceden una estructura, un bosquejo inicial de la idea de la oración que Nehemías poseía y de lo que había en su corazón como líder.

Aquellos que Dios está convocando a la tarea de reconstruir nuestro país tienen que entender que es esto lo que busca el Señor en aquellos a quienes Él va a bendecir con el privilegio de formar parte de un proyecto realmente exitoso. Es imprescindible que estos hombres y estas mujeres conozcan la Palabra de Dios y que conozcan sus promesas. Son estas promesas y la fe en ellas las que van a mantener de pie los corazones de estos hombres y de estas mujeres cuando lleguen los tiempos difíciles y las oposiciones que siempre se encuentran en estas tareas. No olvidemos que cada vez que decidimos levantarnos para edificar el enemigo decide levantarse para entorpecer.

Estos hombres y estas mujeres necesitan ser personas orientadas a la acción. Es muy cierto que el desarrollo de proyectos innovadores, de agendas para la transformación de la mentalidad de un pueblo y para la aceptación de cambios, requiere iniciativa, planes, metas, objetivos, visión, misión, etc. Sin embargo, no podemos obviar que el recurso más importante es la oración. Nehemías poseía el corazón correcto para la tarea y poseía el impulso y el arrojo natural necesario para poner en acción los planes desarrollados. También poseía el corazón para acercarse a Dios en oración desde estos nueve escenarios que hemos visto hasta aquí.

Estos hombres y estas mujeres no pueden pertenecer al bando de los “terroristas espirituales” que pretenden esperar a que todo el pueblo se haya reconciliado con el Señor antes de actuar. Son esos “terroristas espirituales” los que aprovechan cualquier oportunidad para anunciar juicios sin misericordia.  (Stg 2:13b). Nehemías nos enseña que él no podía esperar hasta que esto ocurriera. Su confesión de pecados le llevaría a la planificación, a la acción, a la supervisión y entonces, desde allí, a la agenda para la transformación del pueblo. Esto requiere arrojo y un corazón dispuesto a la obediencia incuestionable a Dios y la autoridad bajo la que uno ha sido llamado a trabajar.

Recordemos que la reparación del muro duró 52 días (Neh 6:15), pero las labores para la transformación y la consagración del pueblo se extendieron por cerca de 20 años.

Dios está reclamando a los Nehemías y a las Nehemías de este tiempo. Dios está reclamando hombres y mujeres que posean un corazón que ame a este país. Dios está buscando hombres y mujeres que sean capaces de llorar, ayunar, postrarse delante del Señor confesando los pecados de este pueblo. Se trata de hombres y de mujeres que conocen al país y que conocen su historia. Se trata de hombres y de mujeres que conocen al Dios de la historia. Se trata de hombres y de mujeres que conocen la Palabra del Dios que controla la historia.

Se trata de hombres y de mujeres que saben que es cierto que lo que estamos viviendo es el cumplimiento de la palabra profética: nos lo hemos ganado. Pero se trata de hombres y de mujeres que también saben que esa palabra profética concluye con una palabra de esperanza:

Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.” (Jer 29:11)

Se trata de hombres y de mujeres que se atrevan a pedir que el “éxito” (“tsâlach”, H6743) y la “gracia” (“racham”, H7356) de Dios vaya delante de ellos. Se trata de hombres y de mujeres que crean que el Señor va delante de ellos empujando hacia adelante cada uno de los proyectos iniciados, liberando al país y los proyectos de reconstrucción de impedimentos, rompiendo ataduras, quitando obstáculos, haciendo efectiva y eficiente cada tarea; haciéndonos  prosperar como país. Se trata de hombres y de mujeres que crean sin duda alguna que el Señor va a hacer que se le estremezcan las entrañas a las autoridades pertinentes, los Artajerjes de este tiempo, cuando escuchen sus peticiones.

¡Ha llegado el tiempo de reconstruir a Puerto Rico!

__________

Referencias:

[1] Stedman, Ray C.. God’s Blueprint for Success: Wisdom from the Book of Nehemiah . Discovery House. Kindle  Edition.

[2] Redpath, Alan. Victorious Christian Service : Studies in the book of Nehemiah (pp. 21-23). Kindle Edition.

Colaboradores Voluntarios:

Colaboradores:

Reflexión: Rev.  Mizraim Esquilín-García, PhD.  /  Pastor de Comunicaciones: Mizraim Esquilín-Carrero, Jr. / Webmaster: Hno. Abner García    /  Social-Media : Hna. Frances González   / Montaje reflexión-web/curadora Heraldo Digital: Hna. Eunice Esquilín  /  Diseñadora El Heraldo Edición Impresa: Hna. Eunice Esquilín  /   Fotografías gratuitas: Recuperadas de Unsplash: Photo by Aaron Burden on Unsplash / Photo by Aaron Burden on Unsplash /  Photo by Aaron Burden on Unsplash .Imagen editada: Hna. Eunice Esquilín-23 de febrero del 2020.

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