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739 • El mensaje de la resurrección: el Amado sale a nuestro encuentro • El Heraldo Digital del 12 de Abril del 2020 • 739 • Vol. XIV.

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El mensaje de la resurrección: el Amado sale a nuestro encuentro

Reflexión por el Pastor/Rector: Mizraim Esquilín-García

La resurrección de Jesús nos confronta con varios mensajes de victoria y de transformación. Se trata de mensajes que abonan los corazones de los creyentes con esperanza  y con paz. En esta reflexión pretendemos enumerar algunos de estos mensajes, procurando que alguno de ellos pueda convertirse en principio rector para la vida de todos aquellos que amamos al Señor.

El primer mensaje de la resurrección de nuestro Salvador no admite discusión alguna: la resurrección de Jesucristo es la demostración insustituible de que Cristo es el Vencedor de la muerte y de la tumba. En Abril de 2017 abundamos sobre esto cuando publicamos lo siguiente en El Heraldo del día 16 de ese mes:

“El año 1992 se vistió de gala con la llegada de un libro publicado por el Dr. Elmer Towns; “Foundational Doctrines of the Faith” (Elkton, Maryland: Ephesians Four Ministries, 1992). Sin duda alguna, este libro de ensayos se ha convertido en uno de los mejores generadores de bosquejos de teología sistemática que ha conocido la Iglesia de la posmodernidad. Son magistrales las formas y maneras con las que el Dr. Towns se acerca a analizar y presentar cada uno de los postulados centrales de nuestra fe.

Sin embargo, es el tema de la resurrección de Jesús uno de mis favoritos. Tengo que confesar que mi opinión puede estar afectada por varias cosas. En primer lugar, por el respeto que le tengo a este extraordinario teólogo. En segundo lugar, por el estilo de su presentación, que está muy bien matizado por estructuras que parecen haber sido extraídas del campo de las ciencias puras.

Para Towns es obvio que el milagro de la resurrección de Jesús ocupe el mismo centro del corazón del Evangelio. Las aseveraciones  acerca de Aquél que fue crucificado y que resucitó al tercer día, están validadas por la pluralidad de apariciones masivas y testimonios de aquellos que compartieron tareas y experiencias diarias con él durante 40 días después de su resurrección.

Pero el Dr. Towns hace algo magistral cuando decide discutir el milagro de la resurrección de Jesús destacando aspectos que van mucho más allá de la resucitación de un cuerpo.

He aquí un resumen del trabajo que presenta Towns, acompañado de algunas notas editoriales. 

1. La resurrección de Jesucristo involucra y conecta la vida de Cristo con la renovación de la vida que no tiene final, porque la muerte no podía retenerlo ni dominarlo. (Hch 2: 23-24)

2. La resurrección de Jesucristo facilita la conexión, la reunión del cuerpo con el espíritu. Dios había prometido que no permitiría que el cuerpo de Su Santo se descompusiera en la tumba. (Hch 2:25-27)

3. La resurrección de Jesucristo sometió a la muerte bajo la autoridad del Hijo de Dios. (1 Cor 15:54-58)

4. La resurrección de nuestro Salvador regresó a Jesús al lugar de gloria que era suyo y a la función de eterno Sumo Sacerdote. Esto es, Jesucristo puede ser sacerdote eternamente porque la muerte no lo puede separar de su gloria ni de sus funciones.    (Heb 7:23-24)

5. La resurrección de Jesús es lo que valida la canción que se canta en Apocalípsis 5:7-18

6. La resurrección de Cristo es el fundamento por el que Él otorga vida espiritual a los creyentes.

      Su resurrección garantiza nuestra resurrección y que podemos vivir una nueva vida. (Rom 6:4)”

Otro de los mensajes que comunica la resurrección de nuestro Señor lo encontramos en los escritos de un teólogo de la esperanza: Jürgen Moltmann. Este teólogo dice en uno de sus libros,  “The Sun of Righteousness, Arise!”, que existe un rol central de la resurrección en la Teología Cristiana. Este escritor dice en ese libro que la resurrección de Jesucristo conecta  el evento actual de la resurrección de Cristo, resurrección literal, venciendo la muerte, con la promesa de que Dios va a desarrollar lo que Moltmann llama “la esperanza de una renovación cósmica.”

Esto, dice él, posee un rol crítico en la Teología Cristiana toda vez que las crisis mundiales que ha experimentado la humanidad (humanas, ecológicas, de salud, etc.) han dejado al ser humano viéndose a sí mismo como un simple mortal, que ha nacido condenado para morir, y en muchos casos cruelmente. Este trasfondo, dice él, ha creado la ilusión de que las estructuras de tratar y lidiar con la muerte son la orden del día; que poseen la última palabra. Tal es el caso para muchos seres humanos de cara a la amenaza del COVID-19.

Moltmann argumenta que la resurrección de nuestro Señor garantiza que la muerte ha sido vencida y que ella jamás podrá triunfar. La muerte puede poner en ejecución sus herramientas, pero nosotros sabemos que ella no tiene la última palabra; ella no es ni será la triunfadora.

Moltmann concluye que la resurrección de Jesucristo no se limita a satisfacer nuestra hambre y nuestra sed de anhelar pasar la eternidad con el Señor. Esa resurrección es la respuesta de Dios a la necesidad de que se le haga justicia al ser humano, de cara a las injusticias que sufrimos en la vida. Esto, dice Moltmann le asigna un rol profético a la resurrección de nuestro Señor. Este es uno de los roles de la Iglesia Cristiana ante la crisis creada por este virus.

El paralelismo de estas declaraciones con el bosquejo que encontramos en la profecía de Ezequiel acerca del Valle de los huesos secos (Eze 37) no es una coincidencia.

La Iglesia, culmina argumentando este Teólogo de la esperanza, ha sido llamada a creer en el poder de la resurrección y a preparar el camino para el Reino de Dios en el contexto de estos horizontes apocalípticos. Moltmann culmina señalando que con la resurrección de Jesucristo, “Dios mismo ha resucitado” para  cumplir sus promesas a todos aquellos que forman parte de la nueva humanidad que Él ha creado en Cristo Jesús, Señor nuestro.[1] Hay que repasar esas promesas. Cristo las garantizó con su resurrección.

Este es sin duda alguna uno de los mensajes que predica la resurrección de nuestro Señor.

Hay otro mensaje que predica esa mañana de la resurrección. Veamos:

“La resurrección de Jesús convierte a los creyentes en hombres y mujeres de la resurrección y no de la muerte.”

Esta es una declaración del Papa Francisco, pontífice de la Iglesia Católica Apostólica Romana. En un libro titulado “The Gospel of Matthew: A Spiritual and Pastoral Reading”. El Papa, antes conocido como el Cardenal Jorge Mario Bergoglio dice en ese libro que en la resurrección de Jesús encontramos algo que va más allá de la victoria sobre la muerte.

Los Cristianos sabemos que esta victoria es central para el mensaje del Evangelio. También sabemos que el Evangelio se mantiene de pie por el poder desatado por el Señor en la mañana del Domingo de resurrección.

Sin embargo hay algo más en el mensaje que comunica la tumba vacía. La resurrección de nuestro Señor nos permite aprender a vivir nuestras vidas, enfrentar las pruebas y los problemas que encontramos en ella, personales, en la familia, en las Iglesia y en el mundo. Todo esto a la luz de la mañana de la resurrección. Bergoglio dice allí que cada herida, cada dolor, cada tristeza, ha sido colocada sobre los hombros del Buen Pastor, quien ofreció su vida en sacrificio por nosotros y abrió el camino para la vida eterna[2]. Este mensaje es trascendental para nuestro tiempo.

Es muy importante destacar que ningún Evangelio nos ofrece los detalles de cómo fue el evento de la resurrección.[3] Ese escenario trasciende las capacidades de cualquier ser humano. Lo que sí sabemos es que la acción del ángel removiendo la piedra es un claro indicio de que Jesucristo ya había resucitado y había abandonado la tumba antes de la movieran. La piedra fue removida para que nosotros pudiéramos entrar a la tumba y constatar que está vacía. ¡Aleluya! ¡Jesucristo es el Vencedor de la Muerte y de la tumba!

Al mismo tiempo, hay otro mensaje implícito en un dato que encontramos en todos los Evangelios. Todos ellos enfatizan el hecho de que las mujeres fueron las primeras testigos de esa resurrección. Los varones tuvieron que esperar a llegar a Galilea para poder ver al resucitado: las mujeres no. Una explicación muy probable es que el Resucitado sabe que las mujeres siempre han formado parte del grupo de seres humanos más marginados de la humanidad.

Son muchos los expertos que han formulado que el rostro de la pobreza y de la miseria tiene rostro de mujer. El Resucitado comienza el desarrollo de su agenda de resurrección empoderándolas y comisionándolas.

Es muy interesante que todos los relatos de la resurrección nos permiten ser testigos de que el  ángel (o los ángeles) que participa en este escenario ignoró a los guardias de la tumba y decide hablar directamente a las mujeres. De hecho, aquellos que habían sido asignados para velar el cuerpo de Jesús, se convirtieron en cuerpos tirados en el suelo ante el temor de lo que estaban viviendo. Mientras tanto, ellas son convertidas en las primeras evangelistas del mensaje de la resurrección del Señor. Ellas son enviadas a recordarle a los discípulos las promesas del Señor:

“31 Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. 32 Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.” (Mat 26:31-32)

Otro de los mensajes de la resurrección de Jesucristo gira alrededor de que los pasajes bíblicos que tocan este tema señalan que las mujeres se debatían entre el gozo y el temor. La combinación del gozo y en temor es común en las historias de la resurrección. De cara a una realidad sobrenatural no hay espacio para otra reacción. Esto hace mucho sentido cuando consideramos que el Evangelio de Mateo es que el más insiste en la identidad de Jesús: ¿Quién es este?” Es por esto que muchos teólogos han catalogado este Evangelio como el Evangelio de la identidad.[4]

¿Quién es el Resucitado? Él es el Señor. Él es nuestro Salvador.

 

Hay una frase que utiliza el Resucitado cuando las mujeres “chocan” con Él. Esta frase es una de poder:

“No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.”  (Mat 28:10)

El mensaje de la resurrección de Jesucristo es también un mensaje de poder. Se trata del poder para vencer la muerte, el poder para vencer la tumba y el poder para vencer el temor (1 Cor 15:50-56). Se trata del poder para vencer la paga del pecado y para certificar que las llaves del Hades fueron arrebatadas por nuestro Señor (Apoc 1:18). Se trata del poder para otorgar vida eterna  (Jn 6:47) y para certificar que Él puede acompañarnos todos los días hasta el fin del mundo (Mat 28:20).

El dos (2) de febrero de este año (2020) compartimos una reflexión que formó parte de El Heraldo, nuestro foro de publicación institucional. El título de esa reflexión fue el siguiente: “Y la tierra estaba temblando.” Esa reflexión estaba dedicada al manejo de nuestros temores y ansiedades ante los movimientos telúricos que Puerto Rico experimentaba desde el día 28 de diciembre; con énfasis en aquella dolorosa mañana del siete (7) de enero. Esa reflexión refleja el último de los mensajes de la resurrección que queremos compartir en esta reflexión.

A continuación algunas de los párrafos que forman parte de esta:

“4 Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. 5 Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron.” (Mcs 16:4-5, RV 1960)

“Allí, en la tumba vacía, vieron los lienzos que ellas habían utilizado el viernes pasado para envolver ese cuerpo. Estaban ordenados como una metáfora predicada por el Maestro: el Amado había decidido reestructurar el concepto de la muerte. El terremoto había movido la piedra para que ellas pudieran ver esto. La tierra seguía temblando, pero ellas habían comenzado a experimentar otra clase de temblor: el que experimentan aquellos que reconocen que están ante la santidad y la eternidad del Señor de los cielos y la tierra.

En ese escenario: un ángel.

Una vez más, estaban ante el cumplimiento de las promesas del Dios de amor que las había conducido hasta el jardín en el que se encontraba esa tumba (Isa 63:9). Ellas creyeron que Dios había enviado su ángel para cumplir esa promesa. ¡Nunca estamos solos! El Señor ha prometido hacer un campamento de ángeles alrededor de aquellos que confían en Él (Sal 34:7).

Sin embargo, sus corazones les alertaban de que debía haber mucho más que esto. El escenario había comenzado a desplazar el desaliento y la desesperanza. La curiosidad, la necesidad de entender y de aprender comenzó a llenar esos espacios intracerebrales.

La tumba vacía nos invita a aprender y a hacer las preguntas. Ese ángel debía tener la respuesta.

Es entonces que ellas deciden formular una pregunta. El ángel decidió responderles.[5] Esta fue su respuesta:

“El ángel les dijo a las mujeres: —No tengan miedo. Yo sé que están buscando a Jesús, el que fue crucificado, 6 pero no está aquí, porque ha resucitado, tal como él dijo. Vengan y vean el lugar donde estaba.” (Mat 28:5-6, Palabra de Dios para Todos).

La palabra celestial, la declaración del cumplimiento de las promesas de Dios redefinió y reformuló el ambiente. El Amado estaba vivo: había resucitado. La invitación a entrar y a ver el sepulcro vacío confrontó a estas mujeres con una verdad trascendental: el Amado no estaba en el sepulcro. ¡La tumba estaba vacía! El terremoto había sido una de las herramientas para transformar el escenario del dolor inenarrable en uno de gozo insuperable. Los terremotos siempre predican cambios y nosotros tenemos la capacidad para decidir qué clase de cambios queremos abrazar.

La tierra seguía temblando, pero sus réplicas ya no provocaban pavor. Otra clase de temor se había apoderado de ellas. Ese temor que experimentamos cuando sabemos que estamos ante la Presencia del Autor de la vida, del Autor y Consumador de nuestra fe (Heb 12:2).

La tierra estaba temblando, pero había bastado entrar a ver que la tumba estaba vacía para convencerse de que había llegado la aurora de la salvación (Lcs 1:78). Los velos de sus ojos se habían caído y ellas comenzaban a aprender a escudriñar la historia con los espejuelos de la resurrección y la vida.

“¡El Amado está vivo!” – se les escuchó gritar. “¡La muerte no lo pudo vencer y la tumba no lo pudo atrapar!” La tierra estaba temblando, pero ellas habían sido renfocadas por el poderoso mensaje que habían escuchado, las evidencias que habían visto y por sus reacciones ante esto. Los fundamentos de nuestras vidas pueden ser sacudidos vez tras vez, réplicas tangibles que pueden lanzarnos al vacío cavado por la desesperación y la desesperanza. Es allí que tenemos que decidir agarrarnos de las evidencias y del poder de la resurrección. Es en ese poder en el que hemos sido invitados a renacer y a vivir una esperanza viva (1 Ped 1:3).

Esa tumba vacía, esa piedra removida comisionó a estas mujeres. La tierra estaba temblando, pero ellas habían sido comisionadas. Esa comisión estaba anclada en una verdad incuestionable: el Espíritu de santidad afirma que debido a que Él resucitó, Él Amado es el Hijo de Dios (Rom 1:3).

La tierra seguía temblando, pero su desaliento había sido sustituido por nuevas fuerzas. Sí, sus desesperanzas habían sido transformadas en esperanza, sus lamentos en baile, sus llantos en canción, sus letanías en cánticos de triunfos y los corazones de mujeres dolientes en corazones de profetas y evangelistas del Señor. ¡La tierra estaba temblando,  pero ellas no!

“7 Vayan pronto y digan a los discípulos: “Ha resucitado, y va a Galilea para reunirlos de nuevo; allí lo verán.” Esto es lo que yo tenía que decirles.” (Mat 28:7, Dios Habla Hoy)

La alegría había trascendido de sus corazones a sus rostros. La aurora de ese domingo lo había presagiado, más ahora era una realidad tangible. La historia había cambiado. La resurrección del Amado había certificado que el poder del pecado y el poder de la muerte habían sido cancelados con la muerte del Amado en la Cruz.  Nuevos himnos serían escritos, nuevas poesías, nuevas liturgias comenzaban a escribirse: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Cor 15:55, RV 1960). La tierra seguía temblando, pero la historia había sido dividida en dos (2) partes: antes del Calvario y del Domingo de resurrección y después de estos. La tierra seguía temblando, pero la vida cobraba otro sentido y la esperanza puesta en Él nunca las dejaría en vergüenza, a ellas ni a cualquiera que cree en Él.

El amor de Dios y el sentido de responsabilidad con el servicio que tenían estas mujeres las colocó en los asientos de preferencia más importantes de la historia: los escenarios más impactantes de la historia: la muerte de Jesús y su resurrección. Dios ha prometido repetir esta historia con todos aquellos que deciden ser guiados ese amor de Dios y por el compromiso con el servicio a los demás. La tierra puede seguir temblando, pero las promesas del Eterno nos invitan a seguir hacia adelante, motivados por ese amor, empoderados por Sus promesas y acompasados por el compromiso con el servicio a los demás.

Algo maravilloso sucede siempre que abrazamos ese norte; comenzamos a experimentar que la vida es transformada por el poder de la resurrección de Cristo. Vivir bajo el poder de su resurrección cancela el pavor que pueden provocar los sismos; estas mujeres son testigos de esto. Vivir bajo ese poder, como lo pedía San Pablo (Fil 3:10), va mucho más allá de la capacidad para anunciar esas buenas nuevas (evangelio). Ese poder es un poder transformador. David Wilkerson lo resumió de la siguiente manera:

“Lo que voy a decir puede resultar una sorpresa para usted: la resurrección de Jesucristo se trata totalmente de poder. Pero no me refiero sólo al poder divino que resucitó a Jesús de entre los muertos. Por supuesto, este tipo de poder es absolutamente milagroso y sólo emana de Dios mismo. Además de este evento sobrenatural, la resurrección de Cristo nos habla de otro poder que también proviene solamente de Dios. Estoy hablando del poder que nos lleva a vivir una vida santa… a ser libres del dominio del pecado para vencer todos los hábitos y lujuria conocidos por el hombre … a caminar por fe en la justicia que proviene solamente de Dios. Para obtener este poder es necesario conocer a Cristo en el poder de su resurrección. El apóstol Pablo habla de este tipo de poder de resurrección. Él tenía un anhelo interno y profundo de conocer a Cristo, y aquella hambre vino de su propio y profundo clamor por santidad. El apóstol tuvo una revelación acerca de la resurrección de Cristo y esta revelación tuvo que ver con el poder.”[6]

Las mujeres salieron corriendo de aquel jardín temerosas y gozosas (Mat 28:8). La tierra estaba temblando, pero había que comunicar la noticia y cada segundo era un apremiante recuerdo de que el mundo tenía que saberlo: ¡El Amado ha resucitado! ¡El Amado es el Señor!

Saliendo de aquel jardín, se encontraron con la calavera dibujada en el rostro de aquel monte en el que el Amado había sido asesinado. Esta vez sus rostros no palidecieron. El gozo provocado por la resurrección del Amado provocó que se llenaran de alegría y sus bocas de una canción. El Monte Calvario, el Gólgota cruel ya no se presentaba ante ellas como un instrumento que podía drenarles las ilusiones y la esperanza. Ese monte también había sido redefinido por el poder de Su resurrección.

Una sorpresa les aguardaba justo antes de llegar al final de ese jardín. Ellas procuraban llegar a la misma puerta de la ciudad por la que habían salido de esta. En ese instante, mientras la tierra estaba temblando, el Amado les salió al encuentro (Mat 28:9).”

El Amado sale al encuentro de estas mujeres con un saludo muy casual y amistoso: “chairete” (G5463). Esta palabra es similar a decir “hola”. El Resucitado trata a estas mujeres con el calor y el candor que se tiene con los amigos. Ellas, en cambio se postran ante Él reconociendo que estaban ante la presencia del Salvador del mundo y del Señor de la resurrección y de la historia.

Hay que entender esto muy bien. Jesucristo viene de quitarle la autoridad al Hades, de callar la boca a Satanás y de pararse sobre su cabeza (Gn 3:15). Jesucristo viene de destruir el poder del pecado, de desarmar a los demonios, a las potestades y a los principados (Col 2:13-15). Jesucristo viene de sacar del Seno de Abraham (Lcs 16:22-23) a todos los justos y disponerse a vindicar a su pueblo (Sal 68:18; Efe 4:8), llevándoles a vivir debajo del altar del cielo (Apoc 6:9) en lo que llega el establecimiento del Reino. Jesucristo viene de ocupar la posición de Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec.

Jesucristo viene de todo esto y saluda con un “hola”, casual, como el que viene de realizar algo minúsculo, pequeño y muy fácil de lograr. ¡Él tiene todo el poder!

¿Por qué? ¿Por qué Jesucristo saluda a estas mujeres con un hola? Porque el mensaje del Amado resucitado es el mensaje del Señor como amigo: nuestro Señor sabe que está frente a sus amigas. El mensaje de poder de la resurrección de Jesucristo certifica que todos aquellos que creen en Cristo y le han aceptado como Señor y Salvador, estos, son sus amigos (Jn 15:13-15).

¿Cuál fue la respuesta de las mujeres? Ellas se postraron a sus pies para adorarle. ¿Cuál será tu respuesta frente a los mensajes de la resurrección de Cristo Jesús el Señor?

Referencias

[1] Moltmann, Jurgen. Sun of Righteousness Arise (p. 39). Fortress Press. Kindle Edition

[2] Pope Francis. The Gospel of Matthew: A Spiritual and Pastoral Reading . Orbis Books. Kindle Edition (loc 3489).

[3] Existe un documento apócrifo que entra en estas descripciones: “Gos. Pet. 9–10 [34–42]),” France, R. T.. The Gospel of Matthew (The New International Commentary on the New Testament) (p. 1097). Wm. B. Eerdmans Publishing Co.. Kindle Edition.

[4] France, R. T.. The Gospel of Matthew (The New International Commentary on the New Testament) (p. 1101). Wm. B. Eerdmans Publishing Co.. Kindle Edition.

[5] El texto de Mat 28:5 utiliza el verbo “apocrinomai” (G611) que significa responder.

[6] http://davidwilkersoninspanish.blogspot.com/2011/07/el-poder-de-su-resurreccion.html

 

Colaboradores

Reflexión: Rev.  Mizraim Esquilín-García, PhD.  /  Pastor de Comunicaciones: Mizraim Esquilín-Carrero, Jr. / Webmaster: Hno. Abner García  /  Social-Media : Hna. Frances González   / Montaje reflexión-web/curadora Heraldo Digital – WordPress: Hna. Eunice Esquilín-voluntaria  /  Diseñadora El Heraldo Edición Impresa en InDesign CC: Hna. Eunice Esquilín-voluntaria  /   Fotografías gratuitas: Recuperadas de Unsplash.com. /   Imagen editada en Photoshop CC: Hna. Eunice Esquilín- voluntaria 12 de abril del 2020.

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