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753 • Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida: “ Gente Santa ” – Parte VII • El Heraldo Digital del 19 de julio del 2020 • Volumen XV • 753

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Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida: “ Gente Santa ” – Parte VII

Reflexión por el Pastor/Rector: Mizraim Esquilín-García

La primera edición de esta batería de reflexiones[1] fue dedicada a definir los propósitos de cuidado pastoral y los propósitos bíblico-teológicos de estas. A continuación un resumen de esos propósitos:

Propósitos de cuidado pastoral

  1. Desarrollar conciencia acerca de lo que nos puede esperar en la travesía que sigue a la salida del período de cuarentena provocado por el COVID-19.
  2. Identificar las herramientas necesarias para manejar adecuadamente los procesos de transformación que experimentaremos en esa travesía.
  3. Aquilatar los encuentros que tendremos con el Señor y de sus invitaciones, para discernir las respuestas que Él espera de nosotros durante esta temporada.
  4. Crecer en nuestra relación con el Señor. Esto es, procurar alcanzar la madurez necesaria para poder entrar a los períodos de cumplimiento de las promesas que Él nos ha hecho.
  5. Establecer puntos de referencia entre nuestra travesía y la que vivió el pueblo de Israel en todos sus procesos.

Propósitos bíblico- teológicos

  1. Analizar el significado de la libertad.

Un Rabino llamado Saadya ben Joseph (Saadya Gaon)[2] decía que la liberación era diferente al poder y al libre albedrío. Lo primero es un regalo que recibimos sin que se nos exija participación alguna. Lo segundo es un regalo que nos conmina a cooperar. Solo así, cooperando, decidiendo no regresar a Egipto, es que somos verdaderamente libres.[3] Es de aquí que surge la libertad positiva: algo de que Rousseau se apropió en el desarrollo del Contrato Social.”

  1. Analizar que significa ser el pueblo del Pacto: pueblo de Dios. (1 Ped 2:9-10)

 “Este Pacto es único en su clase por las siguientes razones. En primer lugar, Dios es uno de los participantes del mismo. Esto convierte este pacto en uno singular porque las deidades que se conocen en la historia acostumbran regir a los pueblos: no a pactar con ellos. En segundo lugar, la nación entera fue invitada a pactar con Dios. No fue un Pacto entre Dios y un grupo elitistas o los líderes de ese pueblo (Exo 19:8; 24:3). Este punto se agiganta cuando leemos que el Pacto incluyó a los descendientes de todos los que se encontraban en ese lugar (Dt 29:10-15). En tercer lugar, el Pacto en Sinaí no dependía de relaciones externas a aquellos que pactaron allí.[4] Este pacto era y sigue siendo un trato entre Dios e Israel.

  1. Analizar los efectos y las implicaciones de la madurez

Las experiencias que vivió el pueblo de Israel en el desierto procuraban convertirse en una serie de procesos para la transformación de un grupo de tribus hasta llevarlos a ser una nación. La imagen de las águilas que se utiliza en Éxo 19:4 es muy significativa y adecuada para estos fines. Cuando visitemos las opiniones de Warren Wiersbe acerca de este tema encontraremos que él señala que Israel experimentó tres (3) clases de libertades en los procesos ocurridos entre el Mar Rojo y el Río Jordán. Todas y cada de estas libertades están relacionadas con el desarrollo de las águilas:

  •  Libertad de (fuera del nido)
  • Libertad en (sintiéndose en casa mientras están volando)
  • Libertad para (cumplir su propósito en la vida)[5]
  1. Analizar las características del liderazgo necesario para el desarrollo de estas tareas

Moisés representa un nueva forma de liderazgo; ese modelo no lo encontramos en el libro de el Génesis. Este hombre era una combinación de profeta, libertador, dador de leyes, voz de Dios para el pueblo y voz del pueblo para Dios. Su modelo como líder debe ser estudiado con detenimiento. Este hombre nunca se comportó como un dictador, ni como un monarca….Estos análisis deben poder ayudarnos a identificar características, estilos y filosofías de liderazgo que pudieran ser cónsonos con nuestras necesidades posmodernas. Además nos pueden ayudar a identificar estilos de algunos líderes que poseen agendas para alejarnos del Señor.”

Tenemos que recordar que la Biblia dice que “las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Rom 15:4).

Los lectores habituales se habrán percatado que los propósitos del cuidado pastoral están presentes en todas nuestras reflexiones. En cambio, hasta ahora no hemos concluido las discusiones y la reflexión acerca del primer propósito que decidimos analizar: que significa ser el pueblo del Pacto: pueblo de Dios.

Como hemos visto en las reflexiones anteriores, ser pueblo del pacto requería que el pueblo de Israel aceptara ser transformado en un reino de sacerdotes y de gente santa.

¿Qué significado posee a segunda de esas aseveraciones? ¿Qué significa ser gente santa? La frase “vegoy kadósh” significa una nación (“gôy”, H1471) que ha sido separada (“qâdôsh”, H6918), santificada moral y ceremonialmente, que ha sido convertida en santuario o en santa. A esto hay que añadir que el concepto hebreo que se traduce como “gente” en español, o como “nation” en inglés, proviene de una raíz que define que todos sus miembros son tratados como si fueran un (1) solo individuo.

El segundo concepto, “qâdôsh”, es un poco más complicado y difícil de entender. Jonathan Sacks argumenta[6] que para poder entenderlo hay que verlo en relación a dos (2) cosas que el Antiguo Testamento considera santas. Estas son: el Sabbath (el día del reposo) y el Tabernáculo. Ambos fueron declarados santos por el Señor. El primero en Génesis 2:3 y el segundo en Éxodo 26:33-34; 29:37; 30:10 y 40:10.

Para este teólogo Judío, la santidad del Sabbath está atada al tiempo. Dios creó todo el universo. Esta creación presenta una paradoja porque el universo no puede existir sin Dios, pero la presencia de Dios, Su Eternidad, Su majestad y Su santidad, amenazan la existencia del universo. Los judíos alegan que la solución para este dilema reside en que Dios creó el universo en seis (6) días, pero toda la creación requirió siete (7). Ese séptimo día es “una ventana” en el tiempo por la que podemos ver esa presencia. ¿Cómo puede lograrse esto? – pregunta Sacks, renunciando ese día a nuestro estatus como creadores y funcionando, ese día, como creación.

Los Cristianos creemos que Cristo es el Señor del sábado (Mt 12:8). Lo que esto significa es que hemos aceptado que hay que renunciar al estatus de creadores y aceptar el de hijos y siervos los siete (7) días de la semana. Esto se consigue permitiendo que sea Cristo, que vive en nosotros (Gál 2:20), el que opere a través de nosotros.

En ambos casos, tanto el Sabbath como Cristo, representan la santidad del tiempo. Nosotros no somos dueños del tiempo. El tiempo es un regalo que nos ha hecho Dios. Esta es una de las razones por las que el día que vivimos se llama “presente.” Servir a Cristo es servir a uno que es el mismo ayer, hoy y por todos los siglos (Heb 13:8).

Sacks argumenta que la santidad del Tabernáculo está atada al espacio. Ese santuario, una tienda de campaña transportable, era santa en cualquier lugar a la que fuera transportada y ensamblada. Nada ni nadie podía intervenir allí entre el adorador y el servicio a Dios sin importar el lugar en el que ella estuviese ensamblada. Además, los que adoraban allí, tenían la obligación de abstenerse de estar en contacto con cosas o actividades profanas o inmundas; particularmente con los cuerpos muertos, porque allí se estaba en contacto con el Creador de la Vida.

La Biblia dice que estas descripciones que aparecen en el Antiguo Testamento son sombras de las cosas celestiales que Cristo nos facilitó (Heb 8:1-5; 10:1-4). Esto es así porque lo sacrificios en el Tabernáculo israelita no podían quitar los pecados de forma permanente. En cambio, el sacrificio de Cristo en la Cruz lo hizo posible. En el Tabernáculo de Israel se ofrecía un sacrificio al año por la expiación de pecados (Heb 9:2-7).

El pasaje bíblico de Hebreos 8:1-5 destaca que Cristo es ministro del santuario, del verdadero tabernáculo, el que levantó el Señor y no el hombre. La Biblia dice que Cristo está presente en un tabernáculo más amplio y más perfecto, que no pertenece a esta creación. Él está allí como sumo sacerdote de los bienes venideros (Heb 9:11). Cristo entró a ese santuario, no hecho de mano, sino en el cielo mismo, para presentarse por nosotros ante Dios. Es por esto que Él no tiene que ofrecerse muchas veces, como le sucedía con los sacrificios al sumo sacerdote de Israel (Heb 9:24-26). Lo único que hace falta para recibir el perdón que ofrece ese sacrificio es confesarle como Señor y Salvador, y esperar en Él (Heb 9:28).

La Biblia enseña que aquellos que hemos aceptado ese sacrificio hemos sido convertidos en templo del Espíritu Santo (1 Cor 3:16) y que Cristo mora en nosotros (Rom 8:9-11; Gál 2:20).

En ambos casos, se describe que la santidad es el espacio que hacemos para que Dios esté presente en todo lo que hacemos. En el caso del Nuevo Testamento, el Cristiano traslada esa santidad a todos los lugares que ocupa, porque lleva en su interior la presencia de Dios en Cristo Jesús. El mundo puede ser profano y pagano, pero el creyente en Cristo declara que la presencia de Cristo en su interior santifica cualquier lugar en el que se encuentre.

Sacks argumenta que estos dos (2) ejemplos ponen al descubierto una tercera clase de santidad que estos no cubren. Se trata de la santidad del trono vacío, la cátedra o la silla de autoridad desde la que se enseña y se dirige. Ese es el asiento que ocupan los monarcas, los faraones, los emperadores, los reyes de la tierra. La invitación que Dios le hizo a Israel en el desierto es que sólo Él podía ocupar esa silla. Esa es la expresión que se traduce como un llamado a ser gente santa, a ser nación santa. La santidad de gobierno y la soberanía de Dios.

Es interesante, que Dios declara nación a Israel antes de que tuvieran territorio nacional. ¿Por qué Dios hizo esto así? El Dios Soberano, como dice Sacks, es el Autor de la constitución de Israel, el Artífice de sus reglas de vida, de fe y de conducta y el Sustentador de ese pueblo en medio de los tiempos de crisis. Dios les estaba diciendo con esto que ellos serían nación en cualquier lugar en la que pudieran estar. Esta es la única nación que se forma a base de un pacto y que adquiere un contrato social y la disposición de sus leyes, antes de contar con un territorio nacional.

En el caso del Cristianismo, la Biblia dice que nosotros, los que hemos creído en Cristo y le hemos aceptado como nuestro Señor y como nuestro Salvador, hemos recibido los siguientes títulos:

9 Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;” (1 Ped 2:9)

La Iglesia es definida aquí con los mismos títulos que recibió Israel en el Antiguo Testamento. Estos títulos son definidos en singular, como una sola unidad corporativa. Hemos sido definidos como la generación escogida y como real sacerdocio y como una nación santa, sin haber llegado aún al lugar celestial que nos ha sido prometido. Hemos sido definidos como pueblo adquirido por Dios y todo esto con un propósito: “para que anuncien las poderosas obras de aquel que los llamó a salir de la oscuridad para entrar en su luz maravillosa” (Palabra de Dios para Todos).

Todo esto revela el carácter de la Iglesia y el propósito de Dios con ella. Por ejemplo, la definición de la Iglesia como una nación incluye la definición de la cultura de la Iglesia, porque una nación es una unidad básica de cultura, con sus leyes, sus costumbres y sus rituales. Todo esto porque aceptar esa santidad es aceptar la soberanía de Dios en nosotros. Esto es, a Cristo como Rey de reyes y Señor de señores.

Ambos llamados, el de Israel y el de la Iglesia, revelan el carácter de la santidad de aquellos que han sido llamados. Como dice Sacks, santidad del espacio, santidad del tiempo y del reconocimiento de la soberanía de Dios para ser pueblo, nación, sacerdotes y reyes. Esto nos lleva más allá de nuestra propia historia, de nuestro tiempo, de nuestros deseos y de nuestra voluntad. Esto incluye todo lo que somos, poseemos, aspiramos a tener, todos los lugares que conquistamos o a los que aspiramos llegar. La santidad requerida en este tercer nivel implica que hemos aceptado que la soberanía de Dios está por encima de todo esto.

¿Qué implicaciones bíblicas y teológicas posee todo esto? ¿Qué otro significado puede tener la aseveración “gente santa”? ¿Hay definiciones bíblicas acerca de los resultados que se esperan de la “gente santa”?  Las próximas reflexiones serán dedicadas a la búsqueda de respuestas bíblicas para estas preguntas, así como para otras similares. Solo así podemos ser capaces de entender qué significa ser el pueblo del Pacto: pueblo de Dios.

Adelantamos como ejemplo de este análisis la introducción a una narrativa bíblica que consideramos que es clave para esta discusión:

22 Guardad, pues, todos mis estatutos y todas mis ordenanzas, y ponedlos por obra, no sea que os vomite la tierra en la cual yo os introduzco para que habitéis en ella. 23 Y no andéis en las prácticas de las naciones que yo echaré de delante de vosotros; porque ellos hicieron todas estas cosas, y los tuve en abominación. 24 Pero a vosotros os he dicho: Vosotros poseeréis la tierra de ellos, y yo os la daré para que la poseáis por heredad, tierra que fluye leche y miel. Yo Jehová vuestro Dios, que os he apartado de los pueblos…. 26 Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos.” (Lv 20:22-4, 26)

22 »Lleven a la práctica todas mis leyes y mandamientos; cúmplanlos para que la tierra a donde los llevo a vivir no los expulse de ella. 23 No vivan conforme a las leyes de las naciones que estoy expulsando de esa tierra porque ellos cometieron todos esos pecados y por eso yo les tuve odio. 24 »Pero yo les digo que ustedes poseerán la tierra de ellos, pues yo se las daré como su propiedad. Es una tierra que rebosa de leche y miel. »Yo soy el SEÑOR su Dios. Los he tratado diferente que a las otras naciones. ….26 Ustedes deben ser santos para mí porque yo, el SEÑOR, soy santo. Los he separado a ustedes de las otras naciones para que sean míos.” (Palabra de Dios para Todos)

Ese pasaje dice que esa santidad nos conduce a poseer las bendiciones que Dios ha preparado para nosotros. Ese pasaje dice que esto es así porque el reconocimiento de la soberanía de Dios produce que Dios nos trate diferente a las otras naciones. Ese pasaje destaca que la santidad es un estilo de vida, que nos distingue como propiedad de Dios; separados para conseguir que las otras naciones sepan a Quién le pertenecemos. O sea, que no se trata de exhibirnos a nosotros sino de testificar acerca del gobierno de Dios, de Su santidad y de Su majestad.

Es obvio que este pasaje dice que la santidad exigida se tiene que poner en práctica. Además, que la ausencia de esta provoca resultados nefastos. Los mismos lugares a los que Dios nos lleva son los que se encargan de hacernos saber que no la hemos conservado o que la hemos perdido. Las bendiciones prometidas nos vomitan.

Ese pasaje nos hace recordar a una Iglesia del Nuevo Testamento: la Iglesia de Laodicea. La Biblia dice que Dios la amenazó con que la vomitaría de su boca (Apoc 3:16).

Esta expresión posee unas implicaciones inmensas. No olvidemos que Cristo es la Palabra encarnada de Dios. O sea, Dios encarna en Cristo lo que sale de Su boca. La Iglesia por definición está escondida con Cristo en Dios; o sea, en la boca de Dios (Col 3). Además, hay que añadir a todo esto que la Biblia dice que la Iglesia vive de lo que sale de la boca de Dios (Mt 4:4). Al mismo tiempo, hay una promesas para los fieles: un nombre nuevo que la boca del Señor nombrará (Isa 62:2). Y si esto no fuera suficiente, Dios le dijo a Jeremías lo siguiente:

19 Entonces esto dijo el SEÑOR: «Si cambias y regresas a mí, yo te restauraré y estarás ante mi presencia. Si dejas de hablar bobadas y dices lo que en realidad tiene valor, entonces tú serás quien hable por mí. Son ellos los que tienen que volverse a ti y no tú quien tiene que volverse a ellos.”  (Palabra de Dios para Todos)

19 Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.”    (Jer 15:9, RV 1960)

A base de todos estos contextos bíblicos: ¿qué significado puede tener que Dios decida vomitar de su boca a una Iglesia? ¿Qué relación puede guardar esto con el reclamo de la santidad que exhibe la soberanía de Dios en nuestras vidas?

Esto y mucho más, en la próxima reflexión.

Pueblo Santo:

  • Éxo 19:6
  • Lv 20:2, 22-24, 26
  • Éx 33:16
  • Nm 14:14
  • Dt 7:6; 14:2, 6; 26:18-19
  • 1 Rey 8:52-53
  • Sal 50:5; Jer 2:3
  • -Isa 62:12
  • 1 Cor 3:17
  • Lv 19:2
  • Lv 11:44
  • 1 Ped 1:13-21, 24
  • Tit 2:14

Suyo

  • Éx 6:7
  • Dt 14:2; 28:9; 29:10-15

Resultados

  • Éx 34:8-10
  • Dt 4:32; 5:2
  • 2Sam 7:18-29 (23)
  • Sal 77:14; 78:12; 147:20
  • Dt 10:20-22

 

Referencias:

[1] El Heraldo, 7 de Junio, 2020,  Vol. XV, Núm. 747.

[2] http://www.jewishencyclopedia.com/articles/12953-saadia-b-joseph-sa-id-al-fayyumi.

[3] Michael Walzer. 1985. Exodus and Revolution. np: BasicBooks (pp. 79-82).

[4] Sacks, Jonathan. Exodus: The Book of Redemption (Covenant & Conversation 2) (p. 11). Kindle Edition.

[5] Wiersbe, Warren W.. Be Delivered (Exodus): Finding Freedom by Following God (The BE Series Commentary) (p. 120). David C Cook. Kindle Edition.

[6] Sacks, Jonathan. Exodus: The Book of Redemption (Covenant & Conversation 2) (pp. 139-146). Kindle Edition.

 

Colaboradores:

Reflexión pastoral: Rev.  Mizraim Esquilín-García, PhD.  /  Pastor de Comunicaciones: Mizraim Esquilín-Carrero, Jr. / Webmaster: Hno. Abner García  /  Social-Media : Hna. Frances González y Curadora  / Montaje reflexión-web/curadora Heraldo Digital-WordPress: Hna. Eunice Esquilín-voluntaria  /  Diseñadora El Heraldo Institucional Edición Impresa Interactiva en InDesign CC: Hna. Eunice Esquilín, ITDE EdD -voluntaria  /  Fotografías gratuitas: Recuperadas de Unsplash.com por: Nong Vang / David Boca / Diego PH / Benwhite/Priscilla Du Preez /Mathew-Schwartz /Monika Grabkowska. Imagen editada en Photoshop CC: Hna. Eunice Esquilín López – voluntaria 19 de julio del 2020.

Iglesia AMEC Casa de Alabanza, Canóvanas Puerto Rico   • 19 de julio de 2020   •   Somos una Iglesia de Presencia Internacional   • Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida: “Gente Santa” [Parte VII] /  El Heraldo Digital -Institucional • Volumen XV • 753

 

 

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