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761 • Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida: “El uso de la libertad para madurar” – Parte III • El Heraldo Institucional del 13 de septiembre del 2020 • Volumen XV • 761

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Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida: “El uso de la libertad para madurar” Parte III

Reflexión por el Pastor/Rector: Mizraim Esquilín-García

Las reflexiones más recientes han sido dedicadas al análisis del tema de la libertad. Este análisis ha sido desarrollado usando como marco de referencia la peregrinación del Pueblo de Israel desde Egipto hasta la Tierra Prometida. En ellas hemos estado haciendo énfasis en tres (3) clases o tipo de libertades, a saber:

  • “la libertad de”
  •  “la libertad en” y
  •  “la libertad para” que experimentó Israel,[1]

Ya hemos visto que el primer tipo de libertad es el que describe la capacidad que tenemos para escoger lo que haremos con el regalo de la liberación que el Señor nos regala con la salvación.

El segundo tipo de libertad describe la capacidad que tenemos para escoger cómo sentirnos a gusto volando; fuera del nido. Las opciones son muchas, pero las recomendaciones que nos hace la Biblia son que aprovechemos las oportunidades para alcanzar la madurez.

¿Qué es la madurez? Existen diccionarios que definen este concepto enfocando su forma literal y su forma figurativa. La primera es la edad de la persona que ha alcanzado su plenitud vital y aún no ha llegado a la vejez. La segunda es definida como buen juicio, prudencia o sensatez, en otras palabras la capacidad de tener buen juicio para tomar buenas decisiones. [2]

Algunos diccionarios definen la madurez como el tiempo de completo desarrollo.Otros la definen diciendo que la madurez es la cualidad o estado de ser maduro; que tiene que ver con el surgimiento de características personales y de comportamiento a través de los ciclos del crecimiento. Es el resultado de haber llegado a un desarrollo pleno o de haber completado el proceso de crecimiento natural.  Según el PI [Pacto de Itaicí, Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos (Itaicí, Brasil, 1979)], :«La persona madura es aquella que vive en armonía consigo misma porque ha encontrado su lugar frente a Dios, frente al prójimo y frente a la Creación, y ha logrado un equilibrio corporal, intelectual, volitivo, afectivo, social y espiritual.»[3]

El escritor de la carta a los Hebreos nos dice lo siguiente acerca de la madurez:

13 Pues el que se alimenta de leche sigue siendo bebé y no sabe cómo hacer lo correcto. 14 El alimento sólido es para los que son maduros, los que a fuerza de práctica están capacitados para distinguir entre lo bueno y lo malo.”   (Heb 5:13-14, Nueva Traducción Viviente)

El concepto que se traduce aquí como maduro es el vocablo griego “teleios” (G5046) que muy bien puede ser traducido como estar completo, en la labor, el crecimiento, en el desarrollo mental y el carácter moral; perfecto.

Entonces, ¿qué significa ser maduro? La madurez espiritual es el dejar atrás el comportamiento de la infancia y de la adolescencia. En el campo de la espiritualidad, la madurez espiritual se define como la capacidad de aplicar la palabra de Dios a nuestras vidas. Esa clase de madurez nos conduce a ser capaces de confiar sabiendo que nuestra confianza esta en Dios. La madurez espiritual es el resultado directo de una relación profunda con el Señor.

Dios llamó al pueblo de Israel a esta clase de relación. El desierto era entonces un salón de clases sin paredes para poder conseguir que el pueblo desarrollar su identidad y que alcanzara madurar. Esto es, madurar en sus relaciones con el Señor así como en su visión de pueblo.

Sabemos que todo esto tiene que ver con el desarrollo del carácter y este es un tema al que le hemos dedicado mucho tiempo. Ahora bien, Wiersbe ha señalado que la libertad a la que hacemos referencia aquí, “libertad en,” es la libertad de uno sentirse a gusto, en su ambiente, mientras está fuera del nido. O sea, que siguiendo la analogía de las águilas, se trata de la libertad que experimentamos mientras estamos volando.

La madurez que se adquiere en esa clase de libertad debe entonces estar adscrita a dos (2) escenarios. El primero, nuestra capacidad para ver lo que tenemos que ver. El segundo, la capacidad para escoger correctamente hacia dónde volamos. El primer escenario trata acerca de ser capaces de identificar, ver la ruta, los objetivos y las metas trazadas por el Señor. El segundo escenario trata acerca de ser capaces de escoger aquello que añade, que le sume a nuestras vidas. O como decía el Apóstol Pablo:

“8 Y ahora, amados hermanos, una cosa más para terminar. Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza. 9 No dejen de poner en práctica todo lo que aprendieron y recibieron de mí, todo lo que oyeron de mis labios y vieron que hice. Entonces el Dios de paz estará con ustedes.”(Fil 4:8-9, Nueva Traducción Viviente)

Acerca del primer escenario, el uso de la libertad para aprender a ver como Cristianos maduros, hay algunas notas de una publicación anterior que queremos compartir. Se trata de El Heraldo del 22 de mayo de 2011: “Indicadores del desarrollo del carácter:La capacidad de ver lo invisible.

“Se desprende del análisis de Romanos 5:3-5 que las tribulaciones y aquellas cosas que nos producen angustia deben ser capaces de conseguir que seamos perseverantes y que esto a su vez nos provea experiencia o el desarrollo del carácter. Dentro de las muchas preguntas que genera una aseveración como ésta encontramos las siguientes: ¿cómo medimos si nuestro carácter se ha estado desarrollando a partir de las tribulaciones y angustias que enfrentamos? ¿Existirán barómetros y/o indicadores de ese desarrollo? Las respuestas para ambas preguntas son simplemente extraordinarias. Es posible medir el desarrollo del carácter y sí, existen indicadores que nos ayudan a identificar nuestro progreso en esa área de la vida.

Dentro de los muchos intentos que se han desarrollado en la historia para darle sustancia a las respuestas esbozadas en el párrafo anterior, se encuentra un libro escrito por Harry Emerson Fosdick y publicado en octubre de 1923. El título del mismo: “Twelve test of character.” Este clásico de la literatura será usado como guía para el desarrollo de este ciclo de reflexiones.

Se han identificado doce (12) características o elementos básicos que se pueden ver creciendo cuando nuestro carácter se está desarrollando. Una de esas características básicas es la capacidad para ver lo invisible. Aunque parezca extraño, esta cualidad forma parte de las capacidades básicas que posee el alma del ser humano.

Uno de los mejores ejemplos de ello lo encontramos en la visión que posee una novia que está observando con detenimiento su sortija de compromiso. Para muchos, lo más relevante de ese anillo será ver la piedra que porta. Para otros, lo más relevante de ese anillo será la composición química de esa piedra preciosa. Para otros, lo más relevante podrán ser los colores de esa joya. ¿Qué ve la novia? Con toda probabilidad ella ya ha visto todo lo anterior, pero se encontrará absorta en algo más; algo que no se puede observar como se observa la materia. Ella puede estar viendo un pacto y una ordenanza o lo que en otras tradiciones religiosas es llamado sacramento. Ella está viendo una realidad invisible.

Ningún ser humano es capaz de ser un ser humano completo sin antes haber desarrollado en su vida la capacidad de ver algo más allá de lo prosaico. Este es el secreto de la poesía y de la música. Estas expresiones y dimensiones del arte describen mucho más que lo evidente. Es el ejemplo de la punta del pincel en las manos de Miguel Angel. Para muchos la escena solo revela una masa de grasa pigmentosa en la punta de un pincel, pero cuando el genio la coloca en su lugar todos podemos ver el dedo de Dios.

Decía Fosdick que la falta de esta cualidad es similar al insomnio espiritual o no ser capaz de hallar descanso. Es similar a ser como la primera paloma que envía Noé; que no puede dejar de volar porque no hay un lugar donde reposar en medio de tantas aguas turbulentas. Esto limita las capacidades para descansar, para confiar, limpiarse de inmundicias, abrazar la espiritualidad Bíblica, etc. Es sobre esto que hablaba Oliver Wendell Holmes, cuando decía lo siguiente acerca de la reverencia como un concepto:

En un rincón de mi corazón hay una plantita llamada reverencia a la que tengo que echarle agua al menos una vez a la semana.

Es obvio para todos que la reverencia no se puede ver físicamente, pero Wendell Holmes no solo creía que podía ser vista, sino que debía ser regada con un agua invisible. Es que no hay desarrollo de carácter sin que antes se haya experimentado una fresca invasión de la reverencia que provoca la Presencia de Dios y del discernimiento (“insight”) espiritual.

La Biblia está llena de ejemplos acerca de esta capacidad. Por ejemplo, en Hebreos 11:27 encontramos que  Moisés se movía con seguridad porque esa capacidad le acompañaba.

27 Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible.

Por otro lado, en el Nuevo Testamento, es San Pablo el que coloca la figura de Cristo en esa dimensión. Esto es, Jesucristo es la imagen visible del Dios invisible (Col 1:15-19), diciendo así que podemos ver lo invisible de Dios en lo visible de Cristo. En otra ocasión, la Biblia dice que solo Dios es Eterno, que es invisible y que solo su Hijo lo ha dado a conocer;

18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer. (Jn 1:8)

Existen muchos pasajes adicionales que por falta de espacio no son considerados en esta reflexión. La idea es la misma; podemos desarrollar la capacidad de ver lo que no se ve.

Es importante subrayar que son muchos los especialistas que ven la teología como disciplina en este contexto. La teología es definida como un telescopio para mirar a través de ella. Sí, mirar hacia lo eterno, a lo que no se ve a simple vista.

Todo esto hay que enmarcarlo en una verdad fundamental; la necesidad central del ser humano, su pasión, no es teológica y sí de la presencia de Dios. O sea, que la teología no puede ser vista como un fin y sí como un medio.

Al mismo tiempo, la teología es una herramienta vital para luchar contra enemigos de esa capacidad de ver lo invisible. Por ejemplo, la lucha contra el materialismo que busca hacernos creer que el Invisible no es real. Ella nos dice que Dios no existe y que el diablo tampoco. Para combatir este asalto a la fe, la teología solo tiene que plantear lo siguiente; ¿cómo puede el materialismo competir con la revelación de la Gloria de Dios? La teología destaca esto último.

Ahora bien, es el Apóstol Pablo el que enfatiza en la capacidad que nos conceden el amor y las tribulaciones para afinar esa capacidad. Por un lado, la dimensión del amor que nos permite ver por espejo oscuramente y conocer en parte lo que luego veremos cara a cara y conoceremos a plenitud (1 Cor 13). Por otro, la capacidad que nos conceden las tribulaciones para aprender a decidir la óptica que hemos de usar para transitar en la vida mientras duran las tormentas que enfrentamos.

Es en el capítulo cuatro (4) de Segunda de Corintios que San Pablo nos dice que uno puede pasar por la vida enfocado en sus razones y sus capacidades, o podemos hacerlo enfocados en la luz de Dios que resplandece en nuestro corazones. Además, reconociendo que solo somos vasos de barro llenos de esa gloria (2 Cor 4:6-7).

Es allí que dice que podemos transitar por la vida enfocados en la tribulación, en los apuros, en la desesperación, y/o en las veces que hemos estado en el suelo, o podemos hacerlo enfocados en que a pesar de todo esto no estamos angustiados, ni desesperados, ni desamparados, ni destruidos (2 Cor 4:8-9). Dice él que podemos transitar por la vida enfocados en que nuestro hombre exterior se ha ido desgastando por las pruebas, o hacerlo viendo la renovación que ha experimentado el hombre interior a partir de esa temporada de dificultades (2 Cor 4:16). Dice él que podemos transitar por la vida enfocados en las cosas que se ven, o decidir que caminaremos agarrados de la mano de Dios e iluminados por su gloria, mirando lo que no se ve (2 Cor 4:18).

18 no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

Es muy interesante destacar que el verso 17 de ese capítulo 4 de Segunda de Corintios destaca que esas capacidades se consiguen a causa de las tribulaciones:

17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;

A base de esto, hay que concluir que las tribulaciones traen consigo las oportunidades para que aprendamos a ver más allá de lo evidente. Esto es, la capacidad para ver lo invisible. Es por esto que esa capacidad es sin duda alguna un indicador fehaciente (del antiguo fe, faciente, o fe que hace) del desarrollo de nuestro carácter.”

Ya hemos visto que una manera de evaluar nuestra madurez es identificando aquello que somos capaces de ver. Al mismo tiempo, hemos dicho que otra manera de evaluar nuestra madurez espiritual es analizando aquello que elegimos hacer. Hay muchos pasajes bíblicos que pueden ser utilizados aquí para sustentar esta aseveración. No obstante, hemos estimado que es adecuado utilizar los versos 11-12 del capítulo cinco (5) de la carta a los Hebreos: los versículos anteriores de la cita utilizada para definir la madurez:

11 Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. 12 Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.”

A base de lo que se formula en esos versos.jpeg

A base de lo que se formula en esos versos, podemos llegar a las siguientes conclusiones:

Lo que escoge un Cristiano Maduro                           

Enseñar a otros

Desarrollar profundidad en el entendimiento

Auto evaluación

La búsqueda de la unidad

Desear retos espirituales

Estudio cuidadoso y observación

Fe activa

Confianza

Sentimientos y experiencias evaluados a la luz

 

Lo que escoge un Cristiano Inmaduro

Solo ser enseñado

Batallar con las cosas básicas

Autocrítica

Promover la desunión

Desear entretenimiento

Opiniones y esfuerzos; sin ánimo

Apatía cautelosa y duda

Temor

Sentimientos evaluados de manera de la Palabra de Dios racional

Hay que añadir que la madurez espiritual en Cristo nos permite escoger correctamente porque “volamos” iluminados, afectados personalmente por la luz de Cristo. Un buen modelo Escritural de esto lo encontramos en el Salmo 27. Acerca de esto, el Profesor Eliseo Vila ha dicho lo siguiente:

“Hay una gran diferencia entre la luz y el ojo que la ve. Un ciego puede saber mucho teóricamente acerca del sol y de su brillo, pero para él en particular, no brilla, no aporta luz. De igual modo el conocimiento de que ‘Dios es luz’ (1 Jn 1:5) es una cosa; y poder decir: ‘El Señor es mi luz’ es otra muy distinta. El Señor debe ser la luz que nos haga más fácil el camino de la vida, la luz que nos permita ver la dirección que debemos seguir, la luz que nos separe de las tinieblas del pecado, la luz que nos permita descubrir las faltas ocultas en nuestros corazones. Cuando Él es ‘nuestra luz’, entonces es también ‘nuestra salvación.’”[4]

________________________________

Referencias

[1] Wiersbe, Warren W.. Be Delivered (Exodus): Finding Freedom by Following God (The BE Series Commentary) (p. 120). David C Cook. Kindle Edition.

[2]   https://dle.rae.es/madurez?m=form

[3] Deiros, P. A. (2006). Prefacio a la Edición Electrónica. En Diccionario Hispano-Americano de la misión (Nueva edición revisada). Bellingham, WA: Logos Research Systems.

[4]  El Tesoro de David: la revelación Escritural a la luz de los Salmos, por Charles H. Spurgeon. Texto completo traducido y ampliado con notas y referencias bíblicas por Eliseo Vila. CLIE: Barcelona, 2015, p 749.

Colaboradores

Reflexión pastoral: Rev.  Mizraim Esquilín-García, PhD.  /  Pastor de Comunicaciones: Mizraim Esquilín-Carrero, Jr. / Webmaster: Hno. Abner García  /  Social-Media : Hna. Frances González /  Montaje reflexión-web/curadora Heraldo Digital Institucional-WordPress: Hna. Eunice Esquilín-voluntaria  /  Diseñadora El Heraldo Institucional Edición Impresa Interactiva en InDesign CC: Hna. Eunice Esquilín-voluntaria  /  Fotografías gratuitas: Recuperadas de Unsplash.com por: Nong Vang / David Boca / Diego PH / Benwhite/Priscilla Du Preez /Mathew-Schwartz /Monika Grabkowska. Imagen editada en Photoshop CC: Dra. Eunice Esquilín López – voluntaria 13 de septiembre del 2020.

Iglesia AMEC Casa de Alabanza, Canóvanas Puerto Rico   • 13 de septiembre del 2020   •   Somos una Iglesia de Presencia Internacional   • Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida: “El Uso de la Libertad para Madurar” [Parte III] /  El Heraldo Digital -Institucional • Volumen XV • 761
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