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770 • Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida: “Moisés formación de un líder” [Parte V] • El Heraldo Digital del 15 de noviembre del 2020 • Volumen XV • 770

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Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida: “Moisés: formación de un líder” [Parte V]

Reflexión por el Pastor Rector: Mizraim Esquilín-García

Nota editorial: retomamos este análisis luego de haber hecho una pausa para reflexionar acerca de los resultados de los comicios electorales de este año.

El análisis de los modelos de liderazgo que encontramos en el libro del Éxodo nos ha brindado la oportunidad de analizar el liderazgo de Moisés. Con el fin de facilitar esto hemos echado mano de un trabajo simple pero efectivo presentado por el Dr. J. Robert Clinton acerca del desarrollo del liderazgo de Moisés.[1] Ya sabemos que el Dr. Clinton divide este desarrollo en cinco fases. Reiteramos que el modelo del Dr. Clinton nos sirve como una guía para el análisis de las filosofías y las teorías de liderazgo que podemos identificar en este caudillo.

La tercera fase del desarrollo del liderazgo de Moisés ha sido clasificada por el Dr. Clinton como “la madurez del ministerio.” Esto es, etapas de adiestramiento formal e informal para poder ser efectivo en el llamado específico que había recibido. En esta fase encontramos la controversia con Séfora acerca de la circuncisión, para que el Señor no matara a Moisés (Éxo 4:20-26), el encuentro de Moisés con su hermano Aarón en el desierto (Ex 4:27-28) y luego con los líderes del pueblo (Éxo 4:29-31). A esto hay que añadir que Dios lo expone inmediatamente a Faraón como parte de su adiestramiento, para pedir la liberación del pueblo (Éxo 5:1). El rechazo que recibe allí de manos del faraón y el recrudecimiento de las cargas del pueblo (Éxo 5:1-19), es seguido por las quejas del pueblo, quejas que nunca se acabarían (Éxo 5:20,21; 15:24; 16:2,3; 17: 2,3 Num 14:2-4; 16:41; 20:2-5; 21:4-6; Det 1:12, 26-28). Esta fase incluye el consuelo y las palabras de aliento que Moisés recibió del Señor (Éxo 6:1-8) y tener que aprender a soportar la incredulidad del pueblo (Éxo 6:9). Además, Clinton incluye en esta fase su apelación a faraón (Éxo 6:11), las plagas en Egipto, la liberación del pueblo (Éxo 13:1-22), el cruce del Mar Rojo (Éxo 14:1-31), la composición de canciones y dirección de servicios de adoración para el Señor (Éxo 15:1-21) y la reunión con su esposa e hijos (Éxo 18:1-12).

Por razones obvias, el Dr. Clinton no se detiene a explicar con muchos detalles porqué es que estos escenarios forman parte del desarrollo de Moisés como líder. Sabemos que algunos lectores pueden llegar a creer que cuando Moisés regresó a Egipto ya estaba preparado, listo para la tarea que Dios le había encomendado. La respuesta a esto es que no.

El proceso de adiestramiento de un hombre o de una mujer que Dios ha llamado nunca termina. Los hombres y las mujeres que Dios llama siempre están aprendiendo y madurando. Examinemos algunos de los eventos que Clinton destaca en su libro para que podamos ampliar nuestra perspectiva de la relación de estos con el desarrollo de la madurez del liderazgo.

El primer evento, el de la controversia con Séfora acerca de la circuncisión (Éxo 4:20-26) nos permite examinar varios aspectos medulares de la vida de un líder. A continuación el pasaje que nos ofrece la versión Dios Habla Hoy:

24 Durante el camino, en el lugar donde Moisés y su familia iban a pasar la noche, el Señor salió al encuentro de Moisés y quiso matarlo. 25 Entonces Séfora tomó un cuchillo de piedra y le cortó el prepucio a su hijo; luego, tocando con el prepucio del niño los pies de Moisés, le dijo: «En verdad, tú eres para mí un esposo de sangre.»26 Entonces el Señor dejó ir a Moisés. Y Séfora dijo que Moisés era un esposo de sangre debido a la circuncisión.

No tenemos detalles acerca de qué fue lo que le sucedió a Moisés en ese evento. Algunos exégetas comentan que debió haberse enfermado súbitamente y que se vio al borde la muerte. No sabemos con exactitud qué fue lo que le sucedió. Lo que sí sabemos es que Séfora pudo discernir la situación como una en la que Dios estaba reclamando algo que le habían negado: la circuncisión de uno de los dos (2) hijos que ambos tenían (Gersón y Eliezer; Éxo 18:1-4). La Biblia dice que ellos habían salido para Egipto como ambos hijos (Éxo 4:20) y este pasaje dice que Séfora circuncidó a uno de ellos. La esposa de Moisés supo específicamente lo que había que hacer. Moisés estaba obviamente incapacitado y ella tomó la acción correcta. Esto implica que esta no era la primera ocasión en que Moisés y Séfora habían discutido el asunto de la circuncisión de ese hijo. Tal vez ella se había opuesto a que esto ocurriera y Moisés no insistió en ello. El dato de que ella supiera realizar la circuncisión es más que suficiente. Además, el discernimiento de esta mujer no puede ser pasado por alto.

Sabemos que este pasaje bíblico es muy obscuro, entre otras cosas por la cantidad de pronombres que utiliza. No obstante, no sucede así con los textos bíblicos que hablan acerca de la circuncisión. Tomemos por ejemplo el pasaje bíblico en el que Dios le ordenó a Abram que toda su descendencia tenía que cumplir con esta señal del pacto:

10 Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros. 11 Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros. 12 Y de edad de ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros por vuestras generaciones; el nacido en casa, y el comprado por dinero a cualquier extranjero, que no fuere de tu linaje. 13 Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero; y estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo. 14 Y el varón incircunciso, el que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será cortada de su pueblo; ha violado mi pacto.” (Gen 17:10-14)

La realidad histórica es que la circuncisión en esa época era común en otros países del medio oriente; especialmente para la clase sacerdotal egipcia[2].

Parece que Moisés y Séfora habían criado a ese hijo como Madianita. Cabe preguntarse por qué Moisés no había hecho esta circuncisión ante. En el Talmud (TB Nedarim 32a), R. Yose dice que Moisés no lo había hecho antes porque esto habría retrasado el viaje a Egipto por lo menos tres (3) días. El Rashi[3] dice otra cosa: dice que Dios se molestó con Moisés porque éste pudo hacer arreglos para el viaje a Egipto, pero no hizo arreglos para que su hijo fuera circuncidado.

El pasaje bíblico dice que Séfora “enfrento” a Dios para salvar a Moisés. La trama de todas estas narrativas bíblica habría cambiado sustancialmente si ella no decide hacer lo que era correcto. La valentía de esta mujer fue clave para que el plan de Dios pudiera completarse.

Hay varias enseñanzas que subyacen en esta historia. Una de ellas es que el liderazgo comienza en el seno de la familia: en casa. Un comentario bíblico muy antiguo, “Keil and Delitzsche”, destaca que que Moisés pudiera ser exitoso en la misión que se le había encomendado, tenía que demostrar que era fiel al Señor en su propia casa.[4] La familia del líder tiene que estar en “la misma página que éste.”

El Apóstol Pablo fue enfático en esto:

4 que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad 5 (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?);  gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?);”  (1 Tim 3:4-5)

En segundo lugar, subyace el tema de las “pequeñas cosas,” aquellas que no están a la vista del pueblo. ¿Quién podría darse cuenta de que alguno de los hijos de Moisés no estaba circuncidado? Con toda probabilidad el pueblo nunca sabría esto, pero Dios sí.

El Dr. H.D.M. Spence decía que son esas pequeñas cosas, esos pequeños detalles los que pueden frustrar todo el propósito de una vida. Spence argumentaba que es muy probable que Moisés hubiese creído que esto era un detalle minúsculo que se podría corregir más adelante, cuando no fuera un obstáculo para el desarrollo del itinerario que ellos habían establecido. Spence se preguntaba cómo podría Moisés decirle al pueblo lo que señala la carta de Santiago:

10 Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.” (Stg 2:10) [5]

Este exégeta de finales del siglo 19 y principios del 20 decía que un hombre (o una mujer) de Dios tiene que aprender a ofrecer resistencia a aquellas cosas que pueden colocarle en el escenario de un “quebrantador” de pactos. Spence no dice esto en sus análisis, pero esto es un asunto muy serio, particularmente cuando la mayoría de nosotros sabemos que vivimos bajo “la tiranía” de los itinerarios y los programas.

Hay que destacar Moisés y Séfora no perdieron su familia por esto. Al contrario, el pasaje dice que desde ese momento ella consideró que su matrimonio había sido promovido a otro nivel: “Y Séfora dijo que Moisés era un esposo de sangre debido a la circuncisión.

Otro mensaje subyacente es que el anhelo protector de la familia que poseía Séfora, un anhelo correcto, había sido invadido por el temor al sacrificio y al dolor. El temor al dolor que podían sufrir los  hijos los llevó a tener que ser confrontados por Dios.

Este pasaje no lo dice así, pero hay una demostración de la misericordia de Dios en el hecho de que Séfora no aparezca más en las narrativas bíblicas hasta que su papá la llevó a encontrarse con Moisés en el capítulo 18 del Libro de Éxodo. La misericordia de Dios comprendió el sacrificio de esta mujer y la hizo regresar a Madián hasta que todo el drama en Egipto hubiera concluido. Si Israel había sido guardado Dios en Gosén para que no fuera tocado por las plagas que atacaron a Egipto, Séfora y sus hijos lo estaban aún más. Ella tampoco tuvo que enfrentar los dolores en el rostro de su esposo en cada ocasión que el faraón lo vilipendiaba y lo maltrataba. Dios decidió proteger a esta familia de algunos escenarios de dolor.

De hecho, esta familia estaba tan protegida que no sabemos mucho acerca de las funciones de los hijos de Moisés y de sus descendientes. Por ejemplo, sabemos que Sebuel y Rehabías, nietos de Moisés eran jefes sacerdotales (1 Cró 23:15-17) y que uno de ellos estaba a cargo de los tesoros (1 Cró 26:24). Sabemos que Jonatán, otro de los nietos de Moisés, y todos sus hijos, fueron sacerdotes en la tribu de Dan (Jue 18:30). Además, sabemos que un tataranieto de Moisés (Select) trabajaba con sus hermanos para David custodiando los tesoros de las cosas santificadas (1 Cró 26:25-26).

Esto es muy interesante, porque estos pasajes revelan que Aarón podía tener a sus hijos trabajando directamente con él en el sacerdocio por orden del Señor, pero Moisés no. O sea, que el llamado familiar no define que los hijos tengan necesariamente que ocupar posiciones en el ministerio en el que Dios nos ha colocado.

Otro mensaje subyacente es que Dios puede utilizar las crisis, incluyendo las de salud, para convocarnos a la reflexión y el análisis de nuestras vidas. La finalidad de estos procesos es que podamos corregir aquellas áreas en las que no hemos demostrado obediencia y sujeción absoluta al Señor. Dios siempre abre puertas para la corrección y para afinar nuestra relación con Él. Algunos exégetas consideran que es acerca de esta experiencia que Moisés hace referencia cuando dice lo siguiente en el Salmo 90:

3 Vuelves al hombre hasta ser quebrantado, Y dices: Convertíos, hijos de los hombres.” (Sal 90:3)

Creemos que este punto, el de la controversia con Séfora acerca de la circuncisión, no necesita más explicaciones. Moisés no habría alcanzado la madurez necesaria para el ministerio sin esta experiencia.

Tenemos espacio para un análisis adicional: el encuentro de Moisés con su hermano Aarón en el desierto (Ex 4:27-28) y luego con los líderes del pueblo (Éxo 4:29-31):

27 Y Jehová dijo a Aarón: Vé a recibir a Moisés al desierto. Y él fue, y lo encontró en el monte de Dios, y le besó. 28 Entonces contó Moisés a Aarón todas las palabras de Jehová que le enviaba, y todas las señales que le había dado. 29 Y fueron Moisés y Aarón, y reunieron a todos los ancianos de los hijos de Israel. 30 Y habló Aarón acerca de todas las cosas que Jehová había dicho a Moisés, e hizo las señales delante de los ojos del pueblo. 31 Y el pueblo creyó; y oyendo que Jehová había visitado a los hijos de Israel, y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron.

Es muy interesante que el encuentro entre esta pareja de hermanos ocurra en el mismo “salón de clases” al que llevarían al pueblo de Israel cuando salieran de Egipto; el monte de Dios. El tema de que mejores son dos (2) que uno (1) (Ecl 4:9) requería un proceso de inmersión del otro componente de este equipo de trabajo. Este dato es muy importante porque revela que la costumbre Neotestamentaria de enviar a los líderes a servir en parejas (Mcs 6:7, Hch 13:2) posee un precedente. Además, que Aarón no tenía problemas para escuchar y obedecer la voz de Dios.

Ese pasaje añade que estos dos líderes decidieron hacer avanzar su tarea por escalas. En primer lugar hablar con los ancianos de Israel y luego el pueblo. Ese proceso incluyó que el pueblo pudiera ser expuesto a las señales, a los prodigios del Señor.

Este punto en el desarrollo de la madurez de Moisés es esencial. Su primer encuentro con su hermano tiene que ocurrir en el lugar de la revelación de Dios. Moisés tenía que llevar a Aarón al lugar, al escenario, al contexto de la revelación que recibió del Señor. Dios hizo esos arreglos.

En segundo lugar, su primer encuentro con el pueblo no ocurre hasta que él se encontró junto a su interlocutor con los líderes del pueblo. Es a estos a los que él tenía que “convencer” inicialmente de que el Señor lo había llamado. Es aquí que se validaba el llamado y se limarían las diferencias que pudieran existir. En tercer lugar, la fe de un pueblo necesita ser empoderada con las señales y los prodigios del Señor.

Es interesante que el pasaje dice que fue Aarón el que realizó todas estas cosas. O sea, que Aarón no había estado en el lugar de la zarza ardiente, en el encuentro inicial que tuvo Moisés con Dios. No obstante, Dios hizo que recibiera la autoridad y la unción de lo alto para esto. Además, que Moisés podía ser el hombre llamado por el Señor, pero no tenía que estar al frente en todos los momentos claves.

Creemos que este punto, el del encuentro de Moisés con su hermano Aarón en el desierto) y luego con los líderes del pueblo, no necesita más explicaciones. Moisés tampoco habría alcanzado la madurez necesaria para el ministerio sin estas experiencias.

 

Referencias:

[1] J. Robert Clinton, The Making of a Leader: recognizing the lessons and stages of leadership development,” Colorado Springs: NavPress, 1988, 2012.

[2]  Durham, John,  Exodus, p. 58, citing J.M. Sasson, “Circumcision in the Ancient Near East,” Journal of Biblical Literature [1966] 473-474. So also Paul R. Williamson, “Circumcision,” DOTP, p. 124.

[3]  Comentario judío de la Edad Media escrito por un Rabino llamado Shlomo Yitzchaki (Rashi) https://www.jewishvirtuallibrary.org/rabbi-shlomo-yitzchaki-rashi

[4]  Keil, C. F., & Delitzsch, F. (1996). Commentary on the Old Testament (Vol. 1, p. 298). Peabody, MA: Hendrickson.

[5] Spence-Jones, H. D. M. (Ed.). (1909). Exodus (Vol. 1, pp. 110-112). London; New York: Funk & Wagnalls Company.

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Colaboradores:

Reflexión pastoral: Rev.  Mizraim Esquilín-García, PhD.  /  Pastor de Comunicaciones: Mizraim Esquilín-Carrero, Jr. / Webmaster: Hno. Abner García  /  Social-Media : Hna. Frances González /  Montaje reflexión-web/curadora Heraldo Digital Institucional-WordPress: Hna. Eunice Esquilín-voluntaria  /  Diseñadora El Heraldo Institucional Edición Impresa Interactiva en InDesign CC: Hna. Eunice Esquilín-voluntaria  /  Fotografías gratuitas: Recuperadas de Unsplash.com por: Nong Vang / David Boca / Diego PH / Benwhite/Priscilla Du Preez /Mathew-Schwartz /Monika Grabkowska. Imagen editada en Photoshop CC: Dra. Eunice Esquilín López – voluntaria 15 de noviembre del 2020.

Iglesia AMEC Casa de Alabanza, Canóvanas Puerto Rico   • 15 de noviembre del 2020   •   Somos una Iglesia de Presencia Internacional   • Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida: “Moisés formación de un líder” [Parte V]  El Heraldo Digital -Institucional • Volumen XV • 770

 

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