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774 • Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida: “Moisés formación de un líder-manejo de la depresión espiritual” [Parte VIII] • 13 de diciembre del 2020 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XV • 774

Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida. “Moisés: formación de un líder-manejo de la depresión espiritual”

Reflexión por el Pastor-Rector: Mizraim Esquilín-García. Último número "774" del volumen XV que consta de 50 boletines del año 2020.

       Existen unas diferencias extraordinarias entre la figura de un político y la de un profeta. Una de ellas tiene que ver con la clase de noticias que ambos tienen que comunicar. En la mayoría de las ocasiones observaremos al político dándole al pueblo buenas noticias, lo que ellos quieren oír. En cambio, el profeta, casi siempre estará comunicando lo que el pueblo no quiere oír. Hay que puntualizar que cuando hablamos de la figura del profeta nos referimos a la que define la Biblia, no a la caricatura posmoderna que por desgracia hemos dejado que se forme en los canales de televisión. Otra gran diferencia es el liderato espiritual.

Jonathan Sacks aborda este tema en uno de sus libros.[1] Este Lord de la realeza Británica no se limita a decir que ser profeta es una faceta del ministerio que es muy difícil. Sacks dice esto acerca de la posición de cualquier líder en la fe de Cristo. Él valida esa aseveración presentando varios ejemplos de líderes y profetas en el Antiguo Testamento que le pidieron a Dios que les quitara la vida. Moisés, Elías, Jeremías y Jonás son solo algunos de ellos.

¿Qué pudo haber llevado a estos hombres a levantar semejante petición en sus oraciones? El ejemplo de Jeremías que Sacks comparte es elocuente. El profeta le dijo a Dios que estaba cansado de estar haciendo el ridículo todo el día a causa de la palabra que el Señor le había pedido que le entregara al pueblo (Jer 20:7-8).

Vimos en la reflexión anterior que Moisés atravesó por una situación similar:

11 Y dijo Moisés a Jehová: ¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí? 12 Concebí yo a todo este pueblo? ¿Lo engendré yo, para que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama, a la tierra de la cual juraste a sus padres? 13 De dónde conseguiré yo carne para dar a todo este pueblo? Porque lloran a mí, diciendo: Danos carne que comamos. 14 No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía. 15 Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal.”  (Núm 11:11-15)

Son muy interesantes las evaluaciones que Sacks hace acerca de este suceso. Este teólogo judío afirma que esta reacción de Moisés fue en gran medida causada por la visión que Moisés tenía acerca de los roles del liderazgo. Sacks asevera que la frase “¿Concebí yo a todo este pueblo?”, describe la definición de liderazgo de Moisés como la del líder como padre; la teoría del liderazgo que conocemos como “el gran hombre.”

Es obvio que Moisés no se veía a sí mismo como un líder carismático. Sus expresiones acerca de su incapacidad para comunicarse bien (Éxo 4:10) abonan a esta conclusión. Es cierto que la Biblia nos presenta muchas historias en las que no vemos esa limitación, sin embargo, Moisés parece que no se percató de esto.

Es también obvio que las expresiones del capítulo 11 del Libro de Números nos dejan ver que Moisés se veía a sí mismo como un líder que tenía que proveerlo todo: “¿De dónde conseguiré yo carne para dar a todo este pueblo?” (Nm 11:13). El problema con esta visión del liderazgo, añade Sacks, es que sentencia a los seguidores del líder a ser niños, dependientes durante toda la vida. Esto es, no desarrollan las habilidades ni las destrezas necesarias. Al mismo tiempo, no adquieren ese sentido de responsabilidad necesario para seguir hacia adelante y conseguir las metas que se han establecido.

Todo esto nos lleva a tener que considerar que estas presiones provocan una alta probabilidad de que se desarrolle depresión (clínica) en el liderazgo. Adelantamos que no podemos ni queremos dedicar estas reflexiones acerca del liderazgo al manejo de un tema tan complicado y profundo como este. Sin embargo, se hace necesario presentar algunas cuartillas acerca de una de clase de depresión que es la más común en los líderes. Se trata de la depresión espiritual.

Sabemos que muchos de los lectores pueden estar sorprendidos ante la posibilidad de que exista    esta clase de depresión. La realidad es que la misma ha sido analizada y discutida de forma ininterrumpida por no menos de 55 años.

Sabemos que hay muchos Cristianos que se han convencido de que la sola frase “Cristiano deprimido” es una contradicción en sí misma. Sin embargo, la cantidad de ejemplos que encontramos en los personajes bíblicos cancelan esa apreciación. Las evidencias bíblicas confirman que los profetas y los líderes que aparecen como modelos bíblicos eran muy propensos a deprimirse.

Veamos lo que significa la depresión clínica. Esta ha sido definida de la siguiente manera:

…un trastorno mental frecuente, que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración. La depresión puede llegar a hacerse crónica o recurrente y dificultar sensiblemente el desempeño en el trabajo o la escuela y la capacidad para afrontar la vida diaria. En su forma más grave, puede conducir al suicidio. Si es leve, se puede tratar sin necesidad de medicamentos, pero cuando tiene carácter moderado o grave se pueden necesitar medicamentos y psicoterapia profesional.

La depresión es un trastorno que se puede diagnosticar de forma fiable y que puede ser tratado por no especialistas en el ámbito de la atención primaria.[2]

Algunos de los síntomas de la depresión clínica son los siguientes[3]:

• Sentimientos persistentes de tristeza, ansiedad o “vacío.”

• Sentimientos de pesimismo o falta de esperanza.

• Sentimientos de culpabilidad, inutilidad o impotencia.

• Pérdida de interés o placer en las actividades y los pasatiempos.

• Pérdida de energía, fatiga o sensación de que está más lento.

• Dificultad para concentrarse, recordar o tomar decisiones.

• Dificultad para dormir, despertarse temprano por la mañana o dormir demasiado.

• Cambios en el apetito o el peso.

• Pensamientos de muerte o suicidio, o intentos de suicidio.

• Inquietud o irritabilidad.

• Dolores y molestias, entre ellos, dolores de cabeza y calambres, o problemas digestivos, sin una causa física aparente, o que no se alivian ni con tratamiento.

La depresión espiritual es diferente a la depresión clínica. La depresión espiritual ha sido clasificada como “la noche oscura del alma.” Fue el Doctor David Martyn Lloyd-Jones uno de los pioneros en escribir un libro acerca de la depresión espiritual: “Spiritual Depression: Its Causes and Cure.[4]” El Dr. Lloyd-Jones (1899-1981), quien ya era médico cirujano a los 21 años de edad, publicó este libro en 1965. El tema de esta publicación y su contenido es el producto de una serie de 21 sermones que él predicó sobre este tema en la Capilla de Westminster, Londres. Lloyd-Jones postula que las mejores evidencias de esta clase de depresión las encontramos en el libro de Los Salmos y en la vida de los profetas del Antiguo Testamento.

R.C Sproul ha dicho lo siguiente acerca de esta enfermedad:

Este fenómeno describe una enfermedad que el mayor de los cristianos han sufrido de vez en cuando. Fue la enfermedad que provocó que David remojara la almohada de lágrimas. Fue la enfermedad que se ganó el sobrenombre de Jeremías: “El Profeta Llorón.” Fue la enfermedad que afligió a Martin Lutero que su melancolía amenazaba con destruirlo. Esto no es una forma común de depresión, sino es una depresión que está vinculada a una crisis de fe, una crisis que viene cuando uno siente una ausencia de Dios o da lugar a una sensación de abandono por parte de Él.

       La depresión espiritual es real y puede ser aguda. Nos preguntamos cómo una persona de fe puede experimentar tales descensos espirituales, pero lo que sea que lo provoca no se aleja de su realidad. Nuestra fe no es una acción constante. Es móvil. No vacila. Nos movemos por fe y para fe, y entre esta podemos tener períodos de duda cuando gritamos: Señor, yo creo, ayuda mi incredulidad.

       También podemos pensar que la noche oscura del alma es algo completamente incompatible con el fruto del Espíritu, no sólo el de la fe, sino también el del gozo. Una vez que el Espíritu Santo ha inundado nuestros corazones con un gozo inefable, ¿cómo puede haber lugar en esa cámara para tal oscuridad? Es importante para nosotros hacer una distinción entre los frutos espirituales del gozo y el concepto cultural de la felicidad. Un cristiano puede tener gozo en su corazón mientras todavía hay depresión espiritual en su cabeza. El gozo que tenemos nos sostiene a través de estas noches oscuras y no se apaga por la depresión espiritual. El gozo del cristiano es uno que sobrevive a todas las crisis de la vida...

        Esta coexistencia de la fe y la depresión espiritual tiene su paralelo en otras declaraciones bíblicas de condiciones emotivas. Se nos dice que es perfectamente legítimo que los creyentes sufran dolor. Nuestro Señor Mismo era un hombre de dolores, experimentado en quebranto. Aunque el dolor puede llegar a las raíces de nuestra alma, no debe dar lugar a la amargura. El dolor es una emoción legítima, a veces incluso una virtud, pero no debe haber lugar en el alma para la amargura. De la misma manera, vemos que es una buena cosa ir a la casa del luto, pero incluso en el duelo, esa baja sensación no debe haber paso al odio. La presencia de la fe no da ninguna garantía de la ausencia de depresión espiritual, sin embargo, la noche oscura del alma siempre da paso al brillo de la luz del mediodía de la presencia de Dios.”[5],[6]

Es importante destacar esa coexistencia de la fe y la depresión espiritual que menciona el Dr. Sproul. Se dice que Charles Haddon Spurgeon sufría de estos embates en casi todas las ocasiones que terminaba de predicar sus sermones, sermones que el mundo entero ha aprendido a amar y a estudiar con mucha devoción. La fe y las verdades comunicadas a través de estas joyas de la teología Cristiana no están reñidas con la realidad que enfrentaba este príncipe de la predicación.

Gisbertus Voetius (1589-1676), un excelente teólogo reformado, predicador y líder de la segunda reforma Danesa, describió esta condición espiritual de la siguiente manera:

an inner cross or a spiritual sorrow and trial as a result of which a person, now being truly converted to God, fails to feel his or her heart's delight in God and divine things. It results from the darkening of one's assurance and clarity with respect to appropriation by a personal faith.” [7]

Esta obra clásica fue publicada por primera vez en 1646. En ella se demuestra que Dios nunca abandona a los creyentes que dudan y que esas dudas, muy a menudo pueden ser indicativas de sensibilidad espiritual.

¿Cuáles pueden ser las causas de esta condición? Existe una serie de situaciones que pueden abonar al desarrollo de esta condición. Hay un excelente artículo acerca de esto que enumera al menos ocho (8) razones o causas para el desarrollo de la depresión espiritual.[8] Una de ellas es el cansancio físico. O sea, la incapacidad para encontrar lo que los griegos llamaban “buen tiempo” (“eukaireō”, G2119; Mcs 6:31): descanso. Otra es el abandono de las disciplinas espirituales. O sea, estar tan comprometidos con la obra del Señor que se olvida la comunión con el Señor de la obra.

Otra situación que puede causar esta condición es el resultado de las pruebas y los sufrimientos.  La experiencia de “tomar la cruz cada día” (Mat 10:38) puede llevar a los creyentes a creerse abandonados y solos. Otro elemento pueden ser las preocupaciones del diario vivir. Entre ellas encontramos el hogar que tenemos, el trabajo, las inversiones de tiempo, talento y tesoro que anhelamos, y otras tantas que se pueden convertir en afanes (Mcs 4:19). A esto hay que añadir la propensión a demasiada introspección, el pecado, la tibieza espiritual y dejar de experimentar deleite en la presencia de Dios.

Sabiendo que esta realidad puede ser una inherente a los llamados que hace el Señor, tenemos que detenernos entonces para preguntarnos lo siguiente: ¿Qué debemos hacer para combatir esta enfermedad?

¿Qué hay que hacer cuando nos sentimos “desertados”, abandonados por Dios?

El Dr. Lloyd-Jones propuso unos modelos terapéuticos para esta condición utilizando los salmos 42 y 43.

De su análisis se desprende un bosquejo básico del Salmo 42:

  • La descripción de la depresión espiritual (Sal 42:1-4)

1 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.

  • un alma sedienta (v.1, 2a)

2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;”

  • un alma que cuestiona (vv.2, 9)

2¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? ….9 Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?

  • un alma que llora (v.3)

3 Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche,”

  • una voz que acusa (vv.3, 10)

Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?....

10 Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan, Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?  ”

  • el remordimiento (v.4)

4 Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta.”

  • Cómo nos encuentra Dios en medio de la Depresión Espiritual (vv.5-8)

5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.  6 Dios mío, mi alma está abatida en mí; Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar.  7 Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.  8 Pero de día mandará Jehová su misericordia, Y de noche su cántico estará conmigo, Y mi oración al Dios de mi vida.”

  • soliloquio (v.5)

5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.

  • aceptación de la condición (v.6)

6 Dios mío, mi alma está abatida en mí; Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar

  • la fe que lo sostiene (v.7)

7 Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.

  • la fe puesta en acción (v.8)

8 Pero de día mandará Jehová su misericordia, Y de noche su cántico estará conmigo, Y mi oración al Dios de mi vida

Hay mucho más que tenemos que analizar acerca de este conflicto provocado por la coexistencia de la fe y de la depresión espiritual. Basta considerar el análisis de estas cuartillas del Salmo 42 para percatarse de lo complejo que puede ser este.

Es obvio que Moisés parecía haber experimentado y sufrido varias de las causas que provocan esta condición. No obstante, las narrativas bíblicas nos dejan saber que Moisés no se dejó vencer por esta situación. Así como él pudo vencer, así también venció el profeta Elías, el profeta Jeremías y otros tantos personajes bíblicos. Así también pueden vencer todos aquellos que confían en el Señor.

Cerramos esta reflexión con unas palabras de Dr. Lloyd- Jones:

No importa lo hayamos sido ni lo que hayamos hecho. Lo que importa es la gracia de Dios en Jesucristo nuestro Señor. La vida [C]ristiana comienza con la gracia, debe continuar con la gracia, y terminar con la gracia. Gracia, maravillosa gracia. ‘10 Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.’” (1 Cor 15:10)

Referencias:

[1] Sacks, Jonathan. Numbers: The Wilderness Years (Covenant & Conversation Book 4). The Toby Press. Kindle Edition.

[2]  https://www.who.int/topics/depression/es/

[3]  https://www.nimh.nih.gov/health/publications/espanol/depresion-sp/19-mh-8079spdf_159009.pdf

[4]  Lloyd-Jones, D. Martin. Spiritual Depression: Its Causes and Cure. Grand Rapids, Michigan: Eerdmans Printing Company, 1965. Hay una versión en español, “Depresión espiritual”, publicada por Libros Desafío, Kalamazoo, Michigan, en 2004.

[5] https://evangelio.blog/2013/09/09/depresin-espiritual-la-noche-oscura-del-alma/

[6] https://www.ligonier.org/learn/articles/dark-night-soul/

[7] Voetius, Gisbertus. Spiritual Desertion. Baker Academic, 2003.

[8] https://www.placefortruth.org/blog/8-causes-of-spiritual-depression.

 

Colaboradores:

Reflexión pastoral: Rev.  Mizraim Esquilín-García, PhD.  /  Pastor de Comunicaciones: Mizraim Esquilín-Carrero, Jr. / Webmaster: Hno. Abner García  /  Social-Media : Hna. Frances González / Adalian Rodríguez. •  Montaje reflexión-web/curadora Heraldo Digital Institucional-WordPress: Hna. Eunice Esquilín-voluntaria  /  Diseñadora El Heraldo Institucional Edición Impresa Interactiva en InDesign CC: Hna. Eunice Esquilín-voluntaria  /  Fotografías gratuitas: Recuperadas de Unsplash.com por: Nong Vang / David Boca / Diego PH / Benwhite/Priscilla Du Preez /Mathew-Schwartz /Monika Grabkowska. Imagen editada en Photoshop CC: Dra. Eunice Esquilín López – voluntaria 13 de diciembre del 2020.

Iglesia AMEC Casa de Alabanza, Canóvanas Puerto Rico   • 13 de diciembre del 2020   •   Somos una Iglesia de Presencia Internacional   • Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida: “Moisés formación de un líder-manejo de la depresión espiritual” [Parte VIII]  El Heraldo Digital - Institucional • Volumen XV • 774

 

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