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778 • Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida: “La educación que transforma un pueblo” – Parte IX • El Heraldo Institucional del 10 de enero del 2021 • Volumen XVI • 778

Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida

 “La educación que transforma un pueblo”

 

Iniciamos un nuevo año y con este damos comienzo a un ciclo de cuatro (4) años cuyo énfasis será la Educación Cristiana integral de todos los que adoran con nosotros. Es cierto que el eje central, el punto más importante de todos nuestros esfuerzos serán los niños y los jóvenes entre los 12 y los 18 años de edad. No es menos cierto que toda la Iglesia será impactada por este esfuerzo.

Existen muchas definiciones de lo que es la Educación Cristiana. La mayoría de ellas son excelentes. No obstante, el énfasis de estos cuatro (4) años seguirá la definición provista por el Dr. Robert Pazmiño:

 

La Educación Cristiana es el esfuerzo divino y humano deliberado, sistemático y continuo para compartir o apropiar el conocimiento, valores, actitudes, destrezas, sensibilidades y conductas que comprenden o son consistentes con la fe Cristiana. Esto promueve el cambio, la renovación y la reformación de personas, grupos y estructuras por el poder del Espíritu Santo para conformarlos a la voluntad revelada de Dios, según expresada en las Escrituras y preeminentemente en la persona de Jesucristo, así como cualquier resultado de este esfuerzo.[1]

 

Creemos que es providencial el hecho de que estemos compartiendo en estas reflexiones acerca de lo que le sucedió al pueblo de Israel en su peregrinación desde Egipto hasta la Tierra Prometida. Una de las razones por las que llegamos a esa conclusión es porque las reflexiones iniciales nos permitieron esbozar varias de las metas centrales que pretendemos alcanzar con este esfuerzo educacional. De hecho, este ciclo de reflexiones comenzó en el verano del año pasado (2020). El Heraldo del 7 de Junio de 2020[2] nos permitió iniciar este análisis.

No obstante, fue en la edición de esta misma publicación, la del 21 de junio del mismo año[3] en la que decidimos insertar los lineamientos de los propósitos educacionales que definieron ese proceso de peregrinación por el desierto. “La universidad del desierto”, término acuñado por Charles H. Spurgeon fue dada a conocer en esa reflexión. Spurgeon  señaló que el desierto era el Oxford o el Cambridge para el pueblo de Israel.[4]

Decíamos en esa reflexión que esta universidad es la más antigua del planeta y que su Presidente, su Rector, su Decano, su profesor ha sido la misma persona: Dios. Su currículo también ha sido el mismo por miles de años.

Algunos elementos claves de esa reflexión fueron los siguientes:

 

  1. En primer lugar, Dios quería enseñarle a Su pueblo que las rutas cortas casi nunca forman parte de los programas de Dios.
  • La decisión fue tomada considerando una necesidad fundamental para cualquier pueblo: su carácter. El desarrollo de nuestro carácter como pueblo de Dios y como hijos suyos, siempre será una prioridad en la voluntad de Dios.
  • Esta enseñanza trata acerca de la prioridad divina; el desarrollo del carácter en los hijos de Dios.

 

  1. En segundo lugar, Dios quería que los Egipcios conocieran que Él es el Señor.
  • Dios continua haciéndoles saber a los Egipcios de todas las generaciones que Él es el Señor. Dios usaría a los Egipcios como instrumentos para que el mundo conociera que Él es el Señor.
  • Esta enseñanza trata acerca de la promesa divina.

 

  1. En tercer lugar, Dios quería hacerle saber a sus hijos que Él tiene (presente continuo) planes grandes con este pueblo.
  • Son planes para transformarlo en un reino de reyes y sacerdotes para su gloria.
  • Esta enseñanza trata acerca del propósito divino.

 

  1. En cuarto lugar, Dios quería que Su pueblo conociera que no hay marcha atrás en la peregrinación de este pueblo.
  • Dios estaba dispuesto a esperar al nacimiento y al desarrollo de una nueva generación de Israelitas para cumplir su propósito con ellos.
  • Ellos podían recordar a Egipto constantemente (Nm 11:5), pero no regresarían allá.
  • Esa memoria y ese estilo de pensamiento esclavizado desarrollado en Egipto desaparecería en el desierto.

 

Para lograr esto necesitarían desarrollar el arte de escuchar. Escuchar la Palabra es más efectivo que leerla. Los maestros de Israel han señalado que ciertamente hay que leerla y escudriñarla. Cristo enfatizó en esto (Jn 5:39). Sin embargo, leerla nos puede provocar a avanzar en sus frases y en sus oraciones, mientras que escucharla nos obliga a colocar la atención en cada palabra.” [5]

  • Esta enseñanza trata acerca de la permanencia en Sus propósitos.

 

  1. En quinto lugar, Dios quería demostrar a los Israelitas que Él era más que suficiente para sustentarles en el desierto.
  • Él es Yavé Jireh: nuestro proveedor.
  • De esta manera los Israelitas no tendrían otra cosa que hacer sino prestar atención a las palabras del Señor, meditar en ellas y ponerlas en acción.
  • Esta enseñanza trata acerca de la provisión divina.

 

  1. En sexto lugar, Dios quería que el pueblo de Israel desarrollara confianza en el liderato divino. Esta era la única manera en que ellos podían prepararse para entrar a la Tierra Prometida.
  • Esta enseñanza trata acerca de la posesión ofrecida.

           

Es obvio que la peregrinación en el desierto posee una agenda educacional intensa e intencional.  Para confirmar este axioma tan solo se necesita repasar las ocasiones en las que el pueblo de Israel escuchó las órdenes de educar, de enseñar y de repetir las enseñanzas recibidas a todas las generaciones venideras. A continuación algunos ejemplos de esto:

 

9 Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos. 10 El día que estuviste delante de Jehová tu Dios en Horeb, cuando Jehová me dijo: Reúneme el pueblo, para que yo les haga oír mis palabras, las cuales aprenderán, para temerme todos los días que vivieren sobre la tierra, y las enseñarán a sus hijos;”  (Dt 4:9-10)

 

5 Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. 6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; 7 y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. 8 Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; 9 y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.”   (Dt 6:5-9)

 

28 Guarda y escucha todas estas palabras que yo te mando, para que haciendo lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová tu Dios, te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti para siempre. 29 Cuando Jehová tu Dios haya destruido delante de ti las naciones adonde tú vas para poseerlas, y las heredes, y habites en su tierra, 30 guárdate que no tropieces yendo en pos de ellas, después que sean destruidas delante de ti; no preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían aquellas naciones a sus dioses, yo también les serviré. ….32 Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás.”  (Dt 12:28-30, 32)

 

            Esta agenda educacional investía a los sacerdotes de una responsabilidad extraordinaria:

 

9 Tú, y tus hijos contigo, no beberéis vino ni sidra cuando entréis en el tabernáculo de reunión, para que no muráis; estatuto perpetuo será para vuestras generaciones, 10 para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio, 11 y para enseñar a los hijos de Israel todos los estatutos que Jehová les ha dicho por medio de Moisés.”  (Lev 10:9-11)

 

            Esta ordenanza siguió a los hijos de Israel aun durante la monarquía. Un buen ejemplo de esto es la oración de Salomón pidiendo a Dios que le enseñara el camino correcto a Su pueblo, el pueblo del Altísimo:

 

26 Si los cielos se cerraren y no hubiere lluvias, por haber pecado contra ti, si oraren a ti hacia este lugar, y confesaren tu nombre, y se convirtieren de sus pecados, cuando los afligieres, 27 tú los oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, y les enseñarás el buen camino para que anden en él, y darás lluvia sobre tu tierra, que diste por heredad a tu pueblo.”   (2 Cró 6:26-27)

 

Los lectores se habrán percatado que esta agenda educacional no solo era intencional sino que era el eje central para la formación del carácter del pueblo de Israel como una nación; como una nación santa, separada para Dios.

Reiteramos que las reflexiones acerca de la peregrinación de Israel en el desierto son un testimonio de la providencia de Dios para la discusión de este tema. Veamos otros de los planteamientos compartidos en El Heraldo del 21 de junio del 2020:

 

  1. La primera enseñanza, la del desarrollo del carácter.

“[Esta enseñanza] siempre ha requerido del buen uso del tiempo, del desarrollo del

discernimiento para entender el ambiente y de las situaciones que enfrentamos. Esta enseñanza requiere compromiso, valentía, perseverancia, paciencia y desarrollo de la visión de Dios para el creyente.

La escuela para el desarrollo del carácter procura que aprendamos a observar lo que tenemos en

las manos y no a buscar lo que no tenemos. En muchas ocasiones no podemos ver lo primero por estar buscando lo segundo. Tomemos como ejemplo el problema que el pueblo de Israel tuvo frente a las aguas amargas: Mara (Éxo 15:22-27- 16:1-3).  La queja en Mara fue seguida por las doce fuentes de Elim y estas por la murmuración en el desierto). El milagro de las aguas endulzadas fue echado al olvido mes y medio después de haber salido de Egipto (Éxo 16:1; “a los 15 días del segundo mes después de…”). El pueblo de Israel no veía lo primero (los milagros) por estar buscando lo segundo (la satisfacción inmediata).

Los desiertos y esas luchas, incluyendo hasta la forma en que vemos a las personas, son

indicadores de la etapa de la vida espiritual en la que estamos y el nivel de entrenamiento en el que hemos sido colocados. Hay que reconocer los caminos del desierto como los espacios en los que Dios está desarrollando nuestro carácter ministerial.

Al mismo tiempo, no se puede dar rienda suelta al temor provocado por la necesidad o por la incertidumbre. Estos escenarios son escenarios de oscuridad que forman parte del adiestramiento. No se puede tener temor de la oscuridad. No nos van a sacar a la luz hasta que la oscuridad haya hecho su trabajo. Es más, hace 11 años el Obispo Milton Granumm decía en Panamá que la luz nos puede matar si salimos antes de tiempo.

Moisés fue un buen ejemplo de esto. Él creía estar listo para la tarea de sacar a Israel de Egipto, solo por sus calificaciones y su estirpe (Hch 7:25). Dwight L. Moody acuñó una expresión que se ha convertido en lapidaria. La evidencia fidedigna del carácter es lo que hacemos cuando nadie nos está viendo. O sea, lo que hacemos en la oscuridad determina lo que haremos en la luz.

Moisés caminaba con lanzas y espadas en Egipto; en carruajes tirados por caballos. Dios lo llevó al desierto durante 40 años para enseñarle a andar con una vara de pastor y a caminar a pie. Las armas que había aprendido a utilizar y a exhibir en Egipto no servían. Moisés necesitó tiempo para aprender a andar con la nueva herramienta y para saber cómo usarla.

Una de las experiencias más difíciles de la vida de cualquier persona es aprender a andar en la oscuridad. Esto puede ser un sinónimo ministerial del anonimato. Es importante destacar que Dios usará los fracasos allí, en el anonimato, para desarrollar hambre y sed de buscar Su presencia.

Esta escuela nos ayuda además a aprender a combatir el temor y la tendencia a enmascararnos.

Es obvio que el desarrollo del carácter no se puede producir utilizando rutas cortas.[6]

 

  1. La segunda enseñanza, la de la promesa divina.

“[Esta enseñanza] está ligada a la compañía del Señor. Dios prometió acompañar a Israel Su Pueblo, así como ha prometido acompañar a la Iglesia: “…y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mat 28:20b).

En ocasiones encontramos creyentes en Cristo preocupados por los enemigos que se han levantado en contra de ellos: enemigos de adentro y de afuera de la Iglesia. La respuesta que le hemos ofrecido a todos y cada uno de ellos ha sido la misma. Hay que ocuparse de servir al Señor, de serle fiel y de crecer en la fe y la madurez de nuestra relación con Él. Dios ha prometido que es Él que le hará saber a Egipto que Él es el Señor. Hay que ocuparse de mantenerse en el propósito y no pre-ocuparse por lo que suceda o provenga de Egipto o de los hijos de Coré que siempre buscan rebelarse.

Su promesa dice que Él está con nosotros si tenemos trabajo y si lo perdemos. Esa promesa dice que Él está con nosotros si hay paz en el hogar, o si hay vientos contarios que nos amenazan. Su promesa dice que Él está con nosotros cuando el médico dice cáncer o cuando gozamos de salud. Su promesa dice que Él está con nosotros cuando Él decide que es el tiempo para llevar a la eternidad a un ser querido.

Los creyentes caminamos a base de Sus promesas. Esta es la escuela en la que Dios nos hace comprobar si somos capaces de seguir siendo fieles y de ser agradecidos antes de llegar a la Tierra Prometida. Esta es la escuela en la que Dios nos enfrenta a situaciones en las que vemos como Él destruye algunos de nuestros sueños, para ver si somos capaces de ponernos de pie, secarnos las lágrimas y de seguir diciéndole que Él es nuestro Dios.

Dios ha prometido levantar a Puerto Rico. Líderes carismáticos como Moisés serán levantados por el Señor en muchos de los rincones del Caribe. Puerto Rico no será la excepción. Son hombres y mujeres que levantarán las manos y los enemigos serán derrotados. Son hombres y mujeres que moverán las varas para sacar agua de las peñas y para dividir los mares. Algunos de nosotros nos estamos preparando para ser los “Jetros” de esa generación. Dios no falta a Su promesas. Pero el pueblo tiene que aprender a confiar en el Dios que las ha hecho.”

 

  1. La tercera enseñanza, la de los propósitos de Dios.

“[Esta enseñanza] siempre ha requerido una escuela intensa. Es cierto que la Biblia dice en

Romanos 8:28 que “a los aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” Sin embargo, es también cierto que ese propósito (“prothesis”, G4286) necesita ser instalado y tenemos que aprender a vivir con él.

El sermón de Spurgeon que hemos citado dice lo siguiente:

 

Israel gained by EDUCATION. The Lord was not going to lead a mob of slaves into Canaan to

go and behave like slaves there! They had to be tutored. The wilderness was the Oxford and

Cambridge for God’s students. There they went to the University, and He taught and trained

them, and they took their degree before they entered into the Promised Land. There is no

University for a Christian like that of sorrow and trial.”

 

“Israel ganó a base de la educación. ¡El Señor no iba a dirigir una turba de esclavos a Canaán

para permitirles que se comportaran allí como esclavos! Ellos necesitaban clases particulares

(tutor). El desierto era el Oxford y el Cambridge para los estudiantes de Dios. Ellos fueron a la

Universidad, y Él les enseñó y los entrenó, y ellos recibieron su grado antes de entrar a la Tierra

Prometida. No hay una Universidad para los Cristianos como la de las aflicciones y las pruebas.”

(Traducción libre por el escritor de esta reflexión)

 

Spurgeon avanza a compartir en ese sermón que el desarrollo del carácter de ese pueblo fue desarrollado mediante las siguientes asignaturas:

 

  • Desconfianza en sí mismos (la canción en Elim luego de la murmuración en Mara; Éxo 15:22-26).
  • Dependencia diaria (hasta para una gota de agua).
  • El poder de la oración.
  • La separación de Egipto (los Egipcios nunca bebieron aguas amargas: ellos tenían plagas).
  • El lugar que ocupa la obediencia (vv. 26-27).
  • La naturaleza de la obediencia (ir más allá de lo que tengo que hacer: qué debo hacer).
  • Las promesas adscritas a la obediencia.

 

Sobre estas últimas asignaturas hay que comentar que muchos Cristianos oran con frecuencia para que el Señor bendiga sus planes. El Cristiano que ha pasado por esta Universidad reconoce que la oración correcta debe ser para conocer si los planes nuestros forman parte de los planes de Dios. Si esos planes no forman parte del programa divino, entonces no serán bendecidos. Si esos planes forman parte de los planes divinos, no hay que orar para que Dios los bendiga porque ya tienen la bendición de Dios. Lo que corresponde hacer es ponerlos en acción.

Vivir en el propósito de Dios es el reconocimiento de la Presencia de lo sagrado, de la santidad de  Dios en nosotros. La selección de una labor que sea consistente con esa Presencia casi siempre está ligada a las crisis que enfrentamos en la vida. Usualmente es en una crisis que decidimos abandonar los entuertos del día a día y dejar que la vida nos haga preguntas. La mayoría de esas preguntas son de carácter existencial: quienes somos y para qué estamos aquí.

Uno de los beneficios de las crisis es que usualmente nos permiten dejar a un lado las preocupaciones tontas, los conflictos y la necesidad de estar en el control de las situaciones. Casi siempre es allí que nos damos cuenta de que la vida es corta y cada momento en ella precioso. La Biblia dice que el Señor “nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Tim 1:9)

El propósito de Dios tiene que ser la cualidad en la que queremos centralizar nuestro mundo, orientar nuestra vida, nuestro trabajo y nuestra vida de adoración.”

 

  1. La cuarta enseñanza, la de la permanencia.

“[Esta enseñanza es la necesidad de] reconocer que no hay marcha atrás en la peregrinación del

pueblo de Dios, también está ligada a la educación y los niveles de adiestramiento en el desierto. Las expresiones iniciales de Dios que encontramos en el Pacto del Sinaí (Éxo 19:1-6) recogen como algo imperativo, como una orden, el escuchar a Dios y guardar Sus mandamientos.

Jesucristo amplía estas condiciones en su mensaje. Leemos en el Evangelio de Juan que Cristo dijo o siguiente acerca de esto:

 

9 Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.

10 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los

mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 11 Estas cosas os he hablado, para que

mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.” (Jn 15:9-11)

 

El mandato es que hay permanecer en el amor del Señor y para esto hay que guardar Sus mandamientos. Nuestro gozo está directamente relacionado a esas condiciones. Pero hay más: Jesucristo dijo que esta condición era imprescindible para poder ser sus discípulos (Jn 8:31). Además, que para poder permanecer en Él hay que andar como Cristo anduvo (1 Jn 2:6)

¿En qué consiste la importancia de escuchar y escudriñar la Palabra para adquirir este aprendizaje? La importancia reside en que la Biblia dice que la Palabra de Dios permanece para siempre (Isa 40:8; 1Ped 1:23-25). Además, que esa Palabra tiene que permanecer en nosotros (1 Jn 2:14) y que aquellos que hacen la voluntad del Señor (escrita en Su Palabra) permanecen para siempre (1 Jn 2:17).

El Señor está buscando una generación que salga de Egipto, de la cueva, para dar buen testimonio de lo que significa ser un verdadero creyente en Cristo. Esa generación tiene que desarrollar el arte de escuchar la Palabra de Dios y la disciplina de escudriñarla constantemente.

 

24 Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que

él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.”  (1 Jn 3:24)”

 

  1. La quinta enseñanza, la de la provisión divina.

“[Esta enseñanza] está ligada a la total dependencia del poder de Dios y a la cercanía y

apropiación de Cristo. El trayecto del Mar Rojo a la Tierra Prometida está caracterizado por la provisión divina. El nuestro también lo estará.

Se acerca una bonanza económica para nuestro País que será producida por las inversiones y la manufactura de productos farmacéuticos. El gobierno Norteamericano está caminando con paso firme para no querer depender más de la manufactura Asiática para las medicinas que se consumen en nuestra nación. Tal y como hemos venido adelantando, es aquí que Dios va a insertar a Puerto Rico en las bonanzas económicas. Hay que intensificar la oración para que los gobiernos locales de turno no echen a perder esas bendiciones.

Pero hay algo que va mucho más allá de la provisión divina. Esto último puede ser validado con tan solo considerar que Jesucristo es el maná vivo que descendió del cielo (Jn 6:51-58). O sea, que cuando el pueblo de Israel estaba extendiendo sus manos para agarrar el pan, estaban simbólicamente extendiendo la mano para agarrar a Jesucristo. A nosotros se nos estará pidiendo que agarremos a Cristo.  Así como ellos se llevaban el maná para sus tiendas, así nosotros tenemos que llevárnoslo para nuestros hogares.

  1. D. Jakes predicaba acerca de esto hace varios meses. El énfasis de esa sección de su sermón era que los creyentes tienen que ponerle su huella digital a ese “maná.”

Dios es más que suficiente para sustentarnos en cualquier circunstancia. Él sigue siendo Yavé Jireh. Pero, ¿de qué sirven los panes y los peces, si perdemos la comunión o la compañía de Aquél que los puede multiplicar? El texto de Mat 6:33 nos invita a buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas nos serán añadidas.

Dios es la porción de nuestra herencia (Sal 16:5). Él es la roca de nuestros corazones y nuestra porción para siempre (Sal 73:26). La Nueva Traducción Viviente recoge este verso del Salmo 73 de la siguiente manera:

 

Puede fallarme la salud y debilitarse mi espíritu,  pero Dios sigue siendo la fuerza de mi

corazón; él es mío para siempre.” (Sal 73:26, NTV)

 

Esta enseñanza tiene que ver con apropiarse de Dios.

 

  1. La sexta enseñanza, la de la posesión.

“[Esta enseñanza] trata de poder desarrollar las metodologías espirituales y volitivas para estar

preparados para poseer lo que Dios nos ha prometido. Esto requiere prepararse para los conflictos, porque las posesiones que Dios nos ha dado requieren conquistas.

Este es un tema que tendremos que analizar en otro momento.[7]
            Es obvio que ninguno de estos adiestramientos y aprendizajes pueden ser desarrollados por rutas cortas.”

 

Unos de los matices que con los que habremos de “colorear” todos estos esfuerzos serán basados en el desarrollo de la salud emocional de los miembros de nuestras congregación. Los currículos de Educación Cristiana y Discipulado desarrollados por Peter Scazzero serán vitales en estos esfuerzos. Uno de los énfasis de estos gira alrededor de desarrollar discípulos que estén emocionalmente sanos.

Invitamos a los lectores a participar de esta aventura de fe. Los próximos cuatro (4) años serán vitales para el crecimiento y el desarrollo de nuestra Iglesia. Serán cuatro (4) años intensos en los que veremos a nuestros niños y a nuestros jóvenes crecer y madurar en la fe Cristiana.

En las próximas reflexiones estaremos compartiendo algunas informaciones programáticas y ministeriales acerca de todo este esfuerzo. Mientras tanto, invitamos a los lectores a que se unan a nosotros en oración y súplica para que el Señor nos permita avanzar en este esfuerzo con paso firme y sobre todo, con su dirección.

 

 

[1]   Pazmiño, Robert W.  Foundational Issues in Christian Education, 2d ed. (Grand Rapids: Baker, 1987), p. 87.

    (Traducción libre del escritor de esta reflexión)

[2] El Heraldo. Volumen XV. No. 747, 7 de junio del 2020.

[3] El Heraldo. Volumen XV. No. 749, 21 de junio del 2020.

[4] “Marah better than Elim”. NO. 2301 A sermon intended for reading on Lord’s-Day, Marzo 26,1893. Predicado

     por Charles H. Spurgeon en el Metropolitan Tabernacle, Newington, Inglaterra, el jueves 4 de Abril de 1889.

[5] El Heraldo. Volumen XV. No. 749, Ibid

[6] Es aquí que vamos a insertar los materiales publicados por Peter Scazzero.

[7] Los materiales publicados por Peter Scazzero también tratan con esta enseñanza.

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