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784 • Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida: “ La Educación Cristiana que Sana al pueblo ” – Parte VI • El Heraldo Institucional del 21 de febrero del 2021 • Volumen XVI • 784

Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida “La Educación Cristiana que sana al pueblo Parte VI”

Reflexión por el Pastor/Rector: Mizraim Esquilín-García

No hay duda alguna de que el modelo educativo que Dios le dio a Moisés es uno muy efectivo. Para corroborar la certeza de esta aseveración basta considerar que este modelo ha sido perpetuado por el pueblo de Israel por más de 3 mil años. Sabemos que en cada ocasión que el pueblo de Israel terminaba apartándose de Dios, el inicio de esa crisis incluía apartarse de este modelo de educación revelada por Dios. También sabemos que encontramos el regreso a la práctica de este modelo al inicio de cada ocasión que el pueblo de Israel quería regresar a alcanzar los beneficios de la misericordia divina. O sea, la ausencia o el abandono de las prácticas de educación en la fe conducían a la crisis del pueblo y a las consecuencias que esto trae consigo. El arrepentimiento y los procesos para retomar estas prácticas educativas conducían a alcanzar el perdón y la misericordia de Dios.

Ya hemos visto que este modelo fue dado por el Señor y que una de las características operacionales más importantes de este modelo es que fue institucionalizado en el desierto. Estos datos explican por qué es que el pueblo sabía que podía echar mano de él cuando llegaban los tiempos difíciles. O sea, que esa seguridad emanaba  de la convicción de que Dios había entregado estos procesos educativos. Además, que si estos habían sido efectivos en un ambiente inhóspito e inestable como el desierto, podían ser mucho más productivos en ambientes menos inestables.

Hay varias preguntas que surgen cuando uno analiza este modelo de educación para la transformación de un pueblo. Una de ellas tiene que ver con lo siguiente: ¿será posible identificar algunas características operacionales y/o metodológicas que faciliten, promuevan y sustenten su efectividad; que consigan que este modelo sea eficiente?

Hace más de 20 años tuvimos la oportunidad de estudiar un material educativo desarrollado por el Dr. Elmer L. Towns, un extraordinario teólogo y educador Cristiano Norteamericano y Co-fundador de Liberty University en Virginia. Este material fue entregado por el Dr. Towns bajo el título “Sunday School Encyclopedia: 1993.” Advertimos que este material no procura explicar la metodología educativa del pueblo de Israel en el desierto. Sin embargo, muchos de sus planteamientos acerca de las características que poseen los modelos educativos eficientes, parecen proveer algunas respuestas a la pregunta que hemos formulado en el párrafo anterior.

Towns parte de algunas premisas. Una de ellas es que sabemos que el aprendizaje es primordialmente la responsabilidad del discípulo. No obstante, el maestro es casi absolutamente responsable de la enseñanza. Esa combinación de la enseñanza efectiva y el aprendizaje que promueve y produce cambios objetivos en la vida es una de las virtudes de este material. Una de las muchas contribuciones que Towns realiza en este documento de 512 páginas[1] es el análisis y la discusión de un principio pedagógico, una estrategia educativa llamada la Ley de la Aplicación. Esta es la definición que Towns provee para esat ley:

El aprendizaje es más efectivo cuando las lecciones enseñadas en el salón de clase son transferidas a la vida del estudiante.” (Traducción libre)

Es obvio que el modelo que Moisés recibió de parte de Dios satisfacía ese principio. Todas las enseñanzas que el pueblo de Israel recibió en el desierto tenían que ser puestas en práctica y validadas tanto en las esferas familiares como en las comunitarias. La efectividad de las lecciones era al mismo tiempo validada por Moisés y sus grupos de educadores mediante la revisión de los resultados de estas enseñanzas que se observaban en la vida diaria del pueblo.

Towns postula que una de las tareas más difíciles para un educador es poder realizar esa transferencia; la de un material en un plan de trabajo a una aplicación con resultados en la vida diaria. Pasar del mundo de las ideas al mundo de las aplicaciones es un reto muy grande. Towns lo afirma así  y las narrativas bíblicas lo confirman.Towns pasa a preguntarse qué es lo que produce que algunas lecciones puedan ser más impactantes que las otras. Es entonces que él procede a presentar unos puntos que consideramos son claves para que el aprendizaje sea efectivo, para que el modelo educativo sea eficiente y los resultados obtenidos puedan ser transformadores. Estos son:

  1. Las necesidades de los discípulos.
  2. La naturaleza de la lección
    1. el énfasis en “cómo podemos” es casi siempre más efectivo.
  3. El método de enseñanza.
  4. Las experiencias pasadas del discípulo.
    1. El proceso mental que el discípulo para que una idea le haga sentido y que le lleva a asimilarla al “cuerpo o grupo” de ideas que este discípulo: apercepción.[2]
  5. El rol del modelo positivo del educador
    1. Los modelos más efectivos casi siempre operan desde el deseo consciente o inconsciente de los discípulos de ser como su maestro.
  6. Una relación cercana entre el discípulos y el maestro.
  7. El rol positivo de otros modelos o figuras de autoridad en la vida del discípulo.
    1. Padres, familiares, otros maestros, jefes, etc.

Es importante destacar que estos principios pueden ser identificados en el modelo educativo que el Señor le reveló a Moisés. De hecho, este modelo se afina con la llegada de Jetro, el suegro de Moisés. Los consejos de este hombre llevaron a Moisés delegar las tareas administrativas y judiciales para poder tener tiempo para la educación y la formación del pueblo (Éxo 18:13-27). Al mismo tiempo, Moisés recibió de parte de Dios que él tenía que subdividir las responsabilidades sacerdotales. Estas responsabilidades serían estrictamente religiosas y educativas.

11 cuando viniere todo Israel a presentarse delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere, leerás esta ley delante de todo Israel a oídos de ellos. 12 Harás congregar al pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley; 13 y los hijos de ellos que no supieron, oigan, y aprendan a temer a Jehová vuestro Dios todos los días que viviereis sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para tomar posesión de ella.”  (Det 31:11-13)

De hecho, estas funciones acompañaron a los sacerdotales mucho más allá del desierto. Un ejemplo de esto lo encontramos en los pasajes bíblicos que describen el regreso de la diáspora Judía a la Tierra santa luego del cautiverio babilónico. Leemos lo siguiente en el libro de Nehemías:

y se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron a Esdras el escriba que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual Jehová había dado a Israel.

2 Y el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación, así de hombres como de mujeres y de todos los que podían entender, el primer día del mes séptimo. 3 Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley… 7 Y los levitas Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Kelita, Azarías, Jozabed, Hanán y Pelaía, hacían entender al pueblo la ley; y el pueblo estaba atento en su lugar. 8 Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.” (Neh 8:1-3, 7)

Uno de los énfasis que realiza este capítulo del libro de Nehemías es el de resaltar las tareas de los levitas, los sacerdotes, en este procesos de restauración nacional y espiritual. Una de las tareas más importantes, asegurar que el pueblo pudiera ser capaz de “entender” (“bı̂yn”, H995). Este concepto es el más parecido al concepto “apercepción” que mencionamos anteriormente. Este principio bíblico debe ser analizado con mucho detenimiento en la posmodernidad. No olvidemos que una de las funciones básicas que se le asigna a los creyentes en el Nuevo Testamento es ser real sacerdocio (1 Ped 2:9). Somos conscientes de que hay responsabilidades administrativas indelegables que recaen sobe los hombros de los pastores del rebaño. Sin embargo, se hace imperioso el que encontremos creyentes probos que puedan hacerse cargo de muchas de estas responsabilidades para que podamos ser más eficientes en la enseñanza y en los procesos sacerdotales.

No hay que hacer énfasis en lo que es obvio. Por ejemplo, Moisés conocía las necesidades de “su matrícula estudiantil.” Moisés conocía la naturaleza de las enseñanzas y casi siempre acudía al uso del “cómo” poner en práctica lo enseñado. Moisés conocía las experiencias pasadas de sus discípulos. Moisés procuraba presentarse como un maestro digno de imitar y consciente del rol que él tenía en el pueblo. Moisés conocía a los príncipes de las tribus de Israel. Esto le permitía conocer las figuras de autoridad que el pueblo reconocía. Esto era vital en una sociedad tribal. Esta es una de las razones por las que Dios instruyó a Moisés a buscar y congregar esos 70 líderes, para que subieran con Moisés al monte (Éxo 24:1, 8-11). Esos líderes tenían que recibir la revelación de Dios para poder ser efectivos. Esta es también una de las razones por las que Dios instruyó a Moisés que convocara a los 70 líderes para Él llenarlos del mismo espíritu que había puesto en Moisés (Nm 11:25).

La narrativa del capítulo once del Libro de Números es muy interesante porque los versos que siguen al que hemos citado describen una escena en la que dos (2) líderes que se habían quedado en el campamento (Eldad y Medad) recibieron esa unción en el lugar en el que se encontraban. La Biblia dice que un joven se dio cuenta de esto y corrió adonde estaba Moisés para informarle este dato curioso (Nm 11:26-27). La Biblia dice que Josué quiso impedirlo (vs 28). Sin embargo, la respuesta que Moisés ofrece allí es lapidaria:

29 Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos.”  (Nm 11:29)

Esta respuesta afirma que Moisés anhelaba que todo el pueblo de Israel pudiera recibir la misma visitación de Dios y por ende, la misma capacitación espiritual. Esta capacitación les convertiría en buenos maestros y en excelentes figuras de autoridad para las próximas generaciones. Towns utiliza una sección del libro que hemos citado para proponer que hay unas claves para poder integrar las lecciones a las experiencias anteriores que los discípulos han tenido. A continuación lo que Towns llama “Diez (10) pasos saludables para transferir la enseñanza:

  1. Relacionar cada pasaje bíblico con la totalidad de las Sagradas Escrituras.
  2. Relacionar cada enseñanza a la totalidad de la vida de los discípulos.
  3. Utilizar ilustraciones reales de la vida actual.
  4. Utilizar modelos positivos a seguir que encontramos en la Biblia.
  5. Identificar modelos de este tipo en la vida de los discípulos.
    1. Fortalezas discernibles de estos.
    2. Considerar las actitudes de los discípulos hacia estos.
  6. Presentar solución de problemas.
    1. Provocar que la educación sea funcional.
    2. No olvidar que educar es semejante a encontrar una lastimadura y sanarla.
  7. Apuntar a las relaciones que puede tener la enseñanza que se está impartiendo con los hechos y los acontecimientos de la vida diaria.
  8. Destacar los principios básicos (bíblicos) que se están enseñando.
    1. Procurar que los discípulos vean la relación que existe entre sus vidas y esos principios.
  9. Motivar a los discípulos a establecer y vivir con esos principios.
  10. Relacionar esos principios bíblicos con otros principios que ya se hayan estudiado.

El análisis de las narrativas que describen la peregrinación del pueblo de Israel en el desierto son ricas en la aplicación de estos puntos; los pasos saludables para transferir la enseñanza. Es cierto que el único documento con el que contaba el pueblo de Israel era la Ley que Dios le había dado a través de Moisés; la Ley escrita por la mano de Dios (Éxo 32:16). Sin embargo, no podemos ignorar que había una tradición oral muy rica que había trascendido por más de 400 años. Esta tradición oral fue la responsable de recordarles constantemente que ellos eran los hijos de Abraham, de Isaac y de Jacob; que eran hijos de la promesa y del pacto de Dios con ellos.

Moisés escuchó la repetición de esta verdad como parte de su llamamiento en el Monte Sinaí (Éxo 3:6). Esta tradición oral fue en gran medida responsable de mantener al pueblo amarrado a la esperanza de que llegara la cuarta generación que Dios le había descrito a Abraham (Gn 15:13-21). Moisés escribió acerca de esto más tarde y la generación que regresó de Babilonia se encargó de traer consigo las ediciones finales de esos textos. Conociendo estos datos, podemos reiterar lo que ya hemos afirmado: el pueblo de Israel experimentó con un modelo educativo que procuraba cuidar la transferencia saludable de la enseñanza. Por ejemplo, el pueblo recibía constantemente referencias a la totalidad esa tradición oral (Éxo 6:6-9; Dt 1:8), así como a Ley que habían recibido. Moisés y los sacerdotes tenían la responsabilidad de relacionar cada enseñanza a la totalidad de la vida de los discípulos. Moisés se veía en la necesidad de aplicar la Ley recibida a situaciones reales de la vida del pueblo. Los modelos positivos de Abraham, de Isaac y de Jacob eran utilizados con frecuencia. La selección de los sacerdotes también llenó la necesidad de la identificación y el establecimiento modelos a seguir por los discípulos Israelitas.

Sabemos que muchos de esos sacerdotes le fallaron al pueblo, pero el principio era este. Esto  es, identificar las fortalezas discernibles de estos y considerar las actitudes del pueblo hacia ellos. De hecho, se creaba una crisis de proporciones nacionales cuando los sacerdotes no eran buenos modelos para ser seguidos. El ejemplo de los hijos de Elí es uno muy elocuente (1 Sam 2:12-17; 22-25; 27-35). El modelo educativo que Dios le dio a Moisés procuraba presentar soluciones a los problemas de la vida diaria y provocar que la educación pudiera ser funcional. Sin duda alguna, este modelo apuntaba a las relaciones que puede tener la enseñanza que se está impartiendo con los hechos y los acontecimientos de la vida diaria. Esto, destacando los principios básicos (de la Ley) que se estaban enseñando. O sea, procuraba que los Israelitas vieran la relación que existía entre sus vidas y esos principios. Es un hecho que este modelo educativo procuraba motivar a los Israelitas a establecer esos principios en sus vidas y a vivir con estos. La interrelación con los otros principios que establecía la Ley es evidente.

Ahora bien, aun cuando este modelo educativo posee todas estas virtudes, hay que señalar que el modelo educativo del Nuevo Testamento es superior. El análisis que nos condujo a esta conclusión será el objeto de nuestra próxima reflexión.

Referencias:

[1] En la version digital. https://www.scribd.com/document/104367044/Towns-Sunday-School-Encyclopedia.

[2] Acto de tomar consciencia, reflexivamente, del objeto percibido. https://dle.rae.es/apercepci%C3%B3n?m=form.

Colaboradores:

Reflexión pastoral: Rev. Mizraim Esquilín-García, PhD.  /  Pastor de Comunicaciones: Mizraim Esquilín-Carrero, Jr. / Webmaster: Hno. Abner García  /  Social-Media- Curadora: Hna. Frances González •  Montaje reflexión-web/curadora Heraldo Digital Institucional-WordPress: Hna. Eunice Esquilín-voluntaria  /  Diseñadora El Heraldo Institucional Edición Impresa Interactiva en InDesign CCDra. Eunice Esquilín-voluntaria  /  Fotografías gratuitas: Recuperadas de Unsplash.com por: Nong Vang / David Boca / Diego PH / Benwhite/Priscilla Du Preez /Mathew-Schwartz /Monika Grabkowska/ Annie Spratt. Imagen editada en Photoshop CC: Dra. Eunice Esquilín López – voluntaria 21 de febrero del 2021.

Iglesia AMEC Casa de Alabanza, Canóvanas Puerto Rico   •  21 de febrero del 2021   •   Somos una Iglesia de Presencia Internacional   • Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida: “La Educación Cristiana que Sana al Pueblo” [Parte VI] • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVI • 784

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