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790 • El poder de la resurrección de Cristo Jesús • El Heraldo Institucional • 4 de abril del 2021 • Volumen XVI • 790

El poder de la resurrección de Cristo Jesús

Reflexión por el Pastor/Rector: Mizraim Esquilín-García

 7 Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. 8 Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, 9 y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; 10 a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, 11 si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.”   (Fil 3:7-12)

La carta del Apóstol Pablo a la Iglesia que estaba en Filipo es sin duda alguna una de las cartas más bellas del Nuevo Testamento. El Apóstol le escribe a una Iglesia que había sido establecida en la ciudad de Filipo, una ciudad Romana que estaba en la Provincia de Macedonia. Esta ciudad nace por el deseo del Rey Filipo II de Macedonia de transformar en una ciudad un área dedicada a las minas de oro. Esto ocurrió cerca de 400 años antes de que Cristo naciera.

Esta ciudad fue una pieza clave en el desarrollo de Roma como una república. Fue allí, en el año 42 AC, que las tropas de Octaviano (luego Augusto César) y Marco Antonio derrotaron a las tropas de Casio y de Brutus. Esta fue una batalla decisiva para el establecimiento de la república.

Pablo visitó por primera vez esta ciudad como parte de su respuesta a la visión que Dios le había dado de que pasara a Macedonia a predicar el evangelio (Hchs 16:9-12). Es evidente el amor que Pablo desarrolló por la gente que formaba parte de la Iglesia que había sido establecida allí. La carta que él le escribe a esa Iglesia es un testimonio incuestionable de esto.

Dentro de las muchas cosas que podemos destacar de esta carta encontramos que esta es la única carta en la que Pablo hace unos señalamientos concisos sobre su vida antes de conocer al Señor:

5 circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; 6 en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible.”  (Fil 3:4-6).

O sea, que estos versos conforman una auto biografía paulina.

Pero hay mucho más en el capítulo tres (3) de esa carta. Este capítulo ofrece cinco (5) claves esenciales para alcanzar la victoria en la vida; para alcanzar la meta propuesta por el Señor para todos aquellos que creemos en Él. Compartimos lo siguiente acerca de esto en nuestra reflexión de El Heraldo del 12 de Diciembre de 2017:

“Cuando Warren Wiersbe analiza el capítulo tres (3) de la carta a los Filipenses nos hace saber que es cierto que hay circunstancias y hay personas que pueden robarnos el gozo. Así también, añade él, hay “cosas” que pueden presentarse como ladrones de nuestras alegrías. Basta perderlas para comprobar esto[1].  En ese análisis, el Dr. Wiersbe destaca que el capítulo tres (3) de esta carta puede ser bosquejado de la siguiente manera:

  1. 1– 11 El pasado de Pablo- el Contador que rinde cuenta- “cuantas cosas eran para mi ganancia” (Pablo adquirió nuevos valores)
  1. 12– 16 El presente de Pablo- el Atleta que corre la carrera –“prosigo la meta” (nuevo vigor)
  2. 17– 21 El futuro de Pablo- el Extranjero con otra ciudadanía- “esperamos al Salvador” (nueva visión)

Pablo ha usado ese capítulo tres (3) para hablar acerca de su pasado, de su presente y de su futuro. Estos datos exegéticos nos ofrecen una plataforma más firme para el análisis de los versos 13 -14 de ese capítulo. Pero Wiersbe hace algo más; él decide describir cinco (5) claves esenciales que según él definen los versos del 12 al 15 del mismo capítulo. O sea, un verso antes y un verso después de los versos que hemos citado en el encabezado de esta reflexión.

A continuación un resumen de esta claves esenciales[2]:

Insatisfacción (Fil 3: 12– 13a)No que lo haya alcanzado ya…

Esta expresión apunta a lo que otros teólogos han llamado la “insatisfacción inspiradora” que todo creyente debe experimentar. Esto es, reconocer a Cristo como el Señor y Salvador es solo el inicio de unos procesos en los que solo encontraremos plena satisfacción cuando lleguemos al cielo. Cristo nos satisface y de eso no hay duda, pero todo creyente genuino debe levantarse cada día abrazado al sentimiento de que debe haber mucho más en la compañía del Amado.

Devoción (3: 13b)Una cosa hago…

Wiersbe argumenta que esta es una frase muy importante en la vida Cristiana. Por ejemplo, Jesús le dijo al joven rico que le faltaba algo: “una cosa te falta” (Mcs 10: 21). Además, Jesús usó con Marta una expresión similar: “solo una cosa es necesaria” (Lcs 10: 42). “Una cosa sé” fue la expresión del ciego de nacimiento que Jesús sanó (Jn 9:25). “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré” es la frase testimonial del salmista en su búsqueda para satisfacer la sed del Señor (Sal 27:4)

Esta frase implica devoción, el compromiso de no sustituir esa búsqueda por otra cosa.

 

Dirección (3: 13c) extendiéndome a lo que está delante,”

El Dr. Wiersbe destaca que aquellos que no han aceptado a Jesucristo como Señor y Salvador viven controlados por su pasado. Sin embargo, los lavados con la sangre de Cristo corren la carrera mirando hacia el futuro prometido. Aquellos que han puesto su mano en el arado saben que está prohibido volver atrás (Lcs 9:62). Ahora bien, el concepto traducido como “olvidando” no implica que no se recuerde lo sucedido. Se trata del vocablo griego “epilanthanomai” (H1950) que filológicamente es definido como desatender o abandonar algo. O sea, que no se trata de que borrar de la memoria histórica lo que hemos vivido. Pablo está diciendo que hay que abandonar, no prestarle atención y hasta rechazar lo que queda atrás. Esto provee dirección porque elimina de la ruta todo aquello que puede convertirse en una distracción.

Determinación (3: 14) “Prosigo (I press on)”

Es la segunda vez que Pablo usa ese concepto (v 12) en ese capítulo. Wiersbe argumenta lo que se deprende del análisis filológico del mismo. Los griegos usaban este concepto para definir el esfuerzo intenso y apasionado de un cazador buscando su presa. Wiersbe dice bien cuando señala que esta clase de determinación, la de un atleta, no se obtiene a través de conferencias, leyendo libros o viendo películas. Esto requiere compromiso y esfuerzo.

La motivación del creyente para lograr esta determinación proviene de las promesas del Señor: “separados de mi nada podéis hacer” (Jn 15:5b). Esta motivación debe crecer según aumenta nuestra madurez como creyentes en Cristo Jesús. Dios trabaja en nosotros para hacernos madurar en la fe y así poder hacernos capaces de trabajar a través de nosotros.

Disciplina (3: 15– 16) sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa.”

Wiersbe concluye diciendo que no es suficiente con que corramos con fuerza y que ganemos la carrera. Se requiere que los corredores de esta carrera obedezcan las reglas que han sido establecidas; reglas que procuran la perfección del creyente. Sin disciplina no hay premio, porque podemos ser descalificados. Ese es el énfasis paulino en Fil 3:15-16. Hay ejemplos de corredores olímpicos que ganaron competencias y luego fueron despojados de sus premios por haber sido indisciplinados y violentar algunas reglas.

Estos datos provistos por una de las mentes más privilegiadas en el campo de la teología bíblica y la teología pastoral, nos permite acercarnos a Filipenses 3:13-14 con mucha confianza. ”[3]

Estas claves fueron vitales para poder hacer una transición correcta del año del Huracán María (2017) al año de la reconstrucción. Ellas siguen siendo esenciales ahora que nos preparamos para enfrentar un mundo PosCovid-19.

Los versos bíblicos que encabezan esta reflexión se encuentran en el medio de la autobiografía paulina y las cinco (5) claves esenciales para la vida del Cristiano. Cuatro (4) expresiones son claves en esos versos (Fil 3:7-11):

  • Pablo vivía para para ganar a Cristo (v.8)
  • Pablo vivía para ser hallado en Cristo teniendo la justicia de Dios (v.9)
  • Pablo vivía para conocer a Cristo (v.10)
  • Pablo vivía para conocer el poder de la resurrección de Cristo.(v.10)

La primera frase es ejemplarizada por el testimonio de Philip James Elliot (1927 -1956). Elliot fue un misionero evangélico que fue asesinado junto a otros compañeros (cuatro) cuando intentaban evangelizar una tribu indígena en Ecuador; los Auca. Una de sus frases más célebres dice lo siguiente:

No es ningún necio el que entrega lo que no puede guardar, para ganar lo que no puede perder.”

Elliot ofrendó su vida por Cristo, aquello que él no podía guardar ni retener, y el cielo lo recompensó con algo que él no podía darse el lujo de perder: la vida eterna. Pablo vivía para esto, para obtener esto como una posesión que nadie le podría quitar. Eso es ganar a Cristo. Ganar a Cristo también representa una expresión de la unión de fe personal que debe existir entre el Cristiano y Dios. [4]

No olvidemos que es en este contexto que el Apóstol también dice que vivir es Cristo y morir es ganancia (Fil 1:21).

Ser hallado en Cristo teniendo la justicia de Dios garantiza que no le imputarían sus pecados ni sus faltas, porque Cristo había ya pagado por los pecados del Apóstol. Pablo vivía para esto. Conocer (“ginōskō”, G1097) a Cristo en este contexto implica una comprensión inteligente, de lo que realmente es aquello que estamos conociendo, de forma experiencial y percibida. Además, se usa para describir que la acción ingresiva, la que designa el comienzo de este conocimiento, puede pasar al trasfondo, pero el conocimiento adquirido se mantiene, desarrollando obediencia y reflexión en aquél que lo obtiene.[5] Esto implica que este conocimiento entonces trasciende al que adquirimos cuando nos entregamos a Cristo aceptándolo como nuestro Señor y nuestro Salvador. Pablo quiere adquirir ese conocimiento; conocer a Cristo así, más y más cada día.

Es muy interesante que el Apóstol haya dicho que él había sido capaz de echar a pérdida todas las otras cosas importantes en su vida con tal de adquirir ese conocimiento. No obstante, es mucho más interesante que él haya planteado que quería experimentar todo esto viviendo bajo el conocimiento del poder de la resurrección. Lo que esto significa es que el Apóstol quería vivir bajo el mismo poder que levantó a Jesús de los muertos.[6]

Esta expresión es cónsona con las que el Apóstol Pablo le hace a la Iglesia en Éfeso, especialmente cuando les dijo lo siguiente:

18 alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, 19 y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, 20 la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, 21 sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero;”  (Efe 1:18-21)

Pablo dice en ese pasaje de la Carta a la Iglesia que estaba en la ciudad de Éfeso que él estaba orando para que esa Iglesia conociera ese poder. Él estaba haciendo referencia al poder que levantó a Cristo de entre los muertos. Es muy importante señalar que el Apóstol le estaba comunicando esto a una Iglesia lavada con la sangre de Cristo y sellada con el sello del Espíritu Santo (Ef 1:13-14). Lo que esto significa es que esa Iglesia conocía al Espíritu Santo y operaba bajo Su influencia. No obstante, Pablo les comunica que estaba orando para que conocieran y pudieran operar bajo una dimensión adicional de ese poder; el poder que operó la resurrección de Cristo. O sea, que ellos no conocían ni vivían bajo esta dimensión.

Verán también lo grande que es el poder que Dios da a los que creen en él. Es el mismo gran poder 20 con el que Dios resucitó a Cristo de entre los muertos y le dio el derecho de sentarse a su derecha en el cielo.”  (Efe 1:19, PDT)

Pablo dice que ese poder posee una grandeza supereminente (“huperballon megethos”); una grandeza incomparable (NVI), increíble (NTV), sin límites (DHH). Lo que hace esta expresión mucho más intensa es que el Apóstol define que ese poder no está limitado a estar en operación en nuestra resurrección, en el Rapto de la Iglesia. Pablo dice aquí que ese poder está disponible para actuar en nosotros ahora: “el cual actúa en nosotros los creyentes” (DHH).

Es muy probable que la ausencia de esta dimensión de la operación del poder de Dios haya sido la responsable de que esta Iglesia pudiera vivir con fe y amor, pero sin esperanza. El Apóstol Pablo reconoce las primeras dos (2) en esa Iglesia (Efe 1:15), pero no reconoce la esperanza.

La frase “según la operación del poder de su fuerza” (“energeian tou kratous tes ischuos autou”) define un poder activo. Dios tiene fuerza (“ischus”, G2479 ); Él no la tiene que conseguir en ningún lado. Dios pone en acción esa fuerza y eso se llama “poder” (“kratos”, G2904). La cantidad de ese poder que Dios pone en acción es lo que se conoce como “operación” (“energeia”, G1753).

Pablo le dice a la Iglesia en Efeso que él está orando para esa Iglesia pudiera operar en esa dimensión del poder de Dios; bajo el poder que operó la resurrección de Jesucristo. Pablo le dice a la Iglesia en la ciudad de Filipo que él continúa conociendo a Cristo y conociendo ese poder.

La Iglesia Cristiana del siglo 21 quiere operar bajo el poder los medios de comunicación. Ella quiere operar bajo el poder de su prestigio y de sus capacidades económicas y políticas. La Iglesia del siglo 21 quiere operar con las intervenciones del Espíritu Santo.

Ninguna de estas dimensiones del poder se compara con el poder que el Espíritu Santo desata cuando la Iglesia anhela y procura operar bajo el poder que levantó a Cristo de entre los muertos. No hay tumba, no hay enfermedad física, mental o emocional, no hay maldición, no hay legión de demonios, ni infierno que pueda sostenerse en pie ante una Iglesia que vive bajo el poder de la resurrección.

La Biblia dice que el poder que levantó a Cristo de entre los muertos es el poder del Hijo. El Evangelio de Juan dice que Jesús se resucitó a sí mismo (Jn 10:18). La Biblia dice que el poder que levantó a Jesucristo de entre los muertos es el poder del Padre. El libro de los Hechos dice que el Padre resucitó a Jesucristo (Hch 2:32; 4:10). La Biblia dice que el poder que levantó a Cristo de entre los muertos es el poder del Espíritu Santo. El Apóstol Pablo le escribió a la Iglesia en Roma diciéndole que fue el Espíritu Santo el que hizo esto (Rom 8:11). Sabiendo que este es el misterio de la Trinidad en acción, no nos queda otra avenida que la que nos lleva a concluir que el poder de la resurrección es el poder de la acción de liberación que la Trinidad operó en Jesús y en todos aquellos que creen y lo quieren conocer.

Esa es una dimensión de operaciones e intervenciones constantes del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Esto va mucho más allá de las dimensiones de los milagros. El poder de la resurrección afirma la Iglesia y la nutre con esa esperanza que no nos deja en vergüenza (Rom 5:1-5). Ese poder nos permite mantener los ojos alumbrados para ver más allá de los tres (3) tiempos existenciales que Pablo describe en el capítulo tres (3) de la carta a los Filipenses. El poder de la resurrección nos conduce a vivir anhelando conocer más y más de Cristo cada día. El poder de la resurrección nos convence que todo lo demás es basura. Ese poder nos lleva a vivir la vida del Resucitado.

Esta aseveración nos conduce a los argumentos finales de esta reflexión. La Iglesia en Éfeso necesitó que se intercediera por ella en oración para obtener el conocimiento de ese poder. Hay que añadir a esto que Pablo destaca que él continuaba en la búsqueda para conocer más acerca de Cristo y de ese poder. Por lo tanto, la Iglesia que anhela operar bajo ese poder debe interceder y clamar para que el Señor le permita conocer esta dimensión de la operación del poder de la fuerza de Dios. La Iglesia que quiere ser victoriosa debe anhelar conocer más y más de Cristo cada día. He ahí el propósito central del poder de la resurrección; conseguir que el creyente pueda vivir la vida del Resucitado.

Referencias:

[1] Wiersbe, Warren W.. Be Joyful (Philippians): Even When Things Go Wrong, You Can Have Joy (The BE Series Commentary) (p. 95). David C Cook. Kindle Edition.

[2] Ibid. pp 111-117

[3] El Heraldo 31 de diciembre de 2017 • Volumen XII • No. 620.

[4] Martin, Ralph P.. Philippians (Tyndale New Testament Commentaries) . InterVarsity Press. Kindle Edition.

[5] Bultmann, R. (1964–). γινώσκω, γνῶσις, ἐπιγινώσκω, ἐπίγνωσις, καταγινώσκω, ἀκατάγνωστος, προγινώσκω,    πρόγνωσις, συγγνώμη, γνώμη, γνωρίζω, γνωστός. G. Kittel, G. W. Bromiley, & G. Friedrich (Eds.), Theological dictionary of the New Testament (electronic ed., Vol. 1, p. 707). Grand Rapids, MI: Eerdmans.

[6] Carson, D. A.. Basics for Believers: An Exposition of Philippians . Baker Publishing Group. Kindle Edition.

 

Colaboradores:

Reflexión pastoral: Rev. Mizraim Esquilín-García, PhD.  / Pastor de Comunicaciones: Mizraim Esquilín-Carrero, Jr. / Webmaster: Hno. Abner García  /  Social-Media- Curadora: Hna. Frances González •  Montaje Reflexión - web/curadora Heraldo Digital Institucional-WordPress: Hna. Eunice Esquilín-voluntaria /  Diseñadora-curadora El Heraldo Institucional Edición impresa interactiva en InDesign CCDra. Eunice Esquilín-voluntaria  /  Fotografías gratuitas: Recuperadas de Unsplash.com por: Ben White. FreePik: @vikayatskina/ adobe stock: Imagen foto-editada en Photoshop CC: Dra. Eunice Esquilín López – voluntaria 4 de abril del 2021.

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