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		<title>AMEC CDA Una Iglesia de Presencia</title>
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			<title>1069 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 9 de agosto del 2026</title>
						<description><![CDATA[1069 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 9 de agosto del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XXJosé y la cárcel: los sueños del copero y el panadero de Faraón “40 Después de esto, el jefe de los coperos del rey y el jefe de los panaderos ofendieron a su amo, el rey de Egipto. 2 El faraón se enojó mucho con sus dos siervos: el j...]]></description>
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			<pubDate>Sun, 09 Aug 2026 06:00:00 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<section class="sp-section sp-scheme-0" data-index="1" data-scheme="0"><div class="sp-section-slide"  data-label="Main" ><div class="sp-section-content" ><div class="sp-grid sp-col sp-col-24"><div class="sp-block sp-text-block " data-type="text" data-id="0" style=""><div class="sp-block-content"  style=""><b>1069 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 9 de agosto del 2026<br>Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XX<br>José y la cárcel: los sueños del copero y el panadero de Faraón</b><br>&nbsp;<br><i>“40 Después de esto, el jefe de los coperos del rey y el jefe de los panaderos ofendieron a su amo, el rey de Egipto. 2 El faraón se enojó mucho con sus dos siervos: el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos. 3 Entonces los puso bajo custodia en la prisión del capitán de la guardia, el mismo lugar donde José estaba encerrado. 4 El capitán puso a los dos prisioneros bajo el cuidado de José. Ambos permanecieron muchos días en prisión.”</i> (Gén 40:1-4, PDT)<br><br>El profesor Walter Brueggemann, insigne exégeta bíblico, ha dicho que el capítulo cuarenta (40) del Libro de Génesis forma parte de una unidad literaria compuesta por tres (3) capítulos: del treinta y nueve (39) al cuarenta y uno (41). Lo que esto significa es que no podemos acercarnos a uno de esos capítulos sin leer los otros dos (2). Él señala que ese capítulo presenta una estructura clara y equilibrada.<br><br><i>“Comienza con los dos sueños del panadero y el mayordomo (vv. 1-8). En esta sección, los sueños no se interpretan. Concluye con el desenlace de estos sucesos: un sirviente real (el mayordomo) recibe vida y el otro (el panadero) muere (vv. 20-23). Así, el capítulo se estructura armoniosamente con dos sueños (vv. 1-8) y dos desenlaces (vv. 20-23). Entre ellos se encuentran las dos interpretaciones de los sueños (vv. 9-15 y vv. 16-19). Es en la sección central donde aparece José. De este modo, José se presenta como el conducto, el camino que conecta el sueño con su cumplimiento. Nuestra atención se centra en José, pero su papel es secundario en relación con los acontecimientos externos de esta narración, que trata sobre el destino de los dos sirvientes reales.”</i> [1] (traducción libre)<br><br>Nuestra reflexión anterior sirvió para insertar esa triada de capítulos de Génesis en un entramado más grande y complejo que nos ofrece ese libro. El planteamiento del Dr. Brueggeman nos dirigió a revisar elementos del entramado que hemos mencionado y que habíamos dejado sin analizar.<br><br>Habiendo dicho esto, vemos que el capítulo cuarenta (40) del primer libro de la Biblia permite que nos insertemos en una historia que ocurre en una prisión; la cárcel en <i>“donde estaban los presos del rey”</i> (Gén 39:20, RV 1960).<br><br>Hay varios datos acerca de esa cárcel que necesitamos repasar. Por ejemplo, vimos que el capítulo treinta y nueve (39) señala que esa prisión era dirigida por “el jefe de la cárcel” (“<i>śar beyt has-sō-har</i>”; Gén 39:21). También vimos que el capítulo cuarenta (40) describe que el jefe de esa cárcel tenía un título: “capitán de la guardia” (“<i>sar hatabaḥim</i>”; Gén 40:4). Un dato que no hemos considerado aún es que el profesor Robert Alter señala que ese título correspondía a un gran chambelán o camarlengo. Esto es, al jefe de la cámara del rey o un tipo de ministro de justicia del Faraón. La descripción de este cargo incluía ser responsable burocráticamente de las prisiones reales, con el alcaide de cada prisión respondiendo ante él.[2]<br>&nbsp;<br>Un detalle extraordinario es que ese es el mismo título con el que se describe a Potifar en el verso uno (1) del capítulo treinta y nueve (39) de Génesis. O sea, que la decisión para enviar a José a esa cárcel fue tomada por el camarlengo del Faraón. Potifar, la persona que compró como esclavo a José era el chambelán, el camarlengo o el ministro de justicia del Faraón.<br><br>Aquellos que hemos aceptado a Cristo como nuestro Salvador y Señor estamos convencidos de que la explicación detrás de la decisión de enviar a José a esa cárcel es que los hilos trazados por la mano de Dios provocaron la misma. No olvidemos que la Biblia repite varias veces que Jehová estaba con José.<br><br>Esta aseveración nos coloca ante la necesidad de puntualizar que el Señor hace lo mismo con todos los suyos. En ocasiones nos encontramos atravesando por situaciones muy difíciles y que se agravan cada vez más. Es muy común creer que estamos solos en medio de estas luchas. La verdad que revela la Palabra de Dios es que Dios está insertado en todas y cada una de estas experiencias. Muchos pasajes bíblicos enseñan que Dios siempre está obrando tras bambalinas, detrás de las cortinas de los escenarios de nuestras vidas. Sin nosotros saberlo, el Señor está moviendo y utilizando recursos e instrumentos que desconocemos para colocarnos en posiciones y escenarios claves para que Él pueda manifestar Su gloria y cumplir Sus propósitos en nosotros.<br><br>El profeta Isaías lo resumió de la siguiente manera:<br><br><i>“Pero ahora, oh Jacob, escucha al Señor, quien te creó. Oh Israel, el que te formó dice: «No tengas miedo, porque he pagado tu rescate; te he llamado por tu nombre; eres mío. 2 Cuando pases por aguas profundas, &nbsp; &nbsp;yo estaré contigo. Cuando pases por ríos de dificultad, no te ahogarás. Cuando pases por el fuego de la opresión, no te quemarás; las llamas no te consumirán. 3 Pues yo soy el Señor, tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador. Yo di a Egipto como rescate por tu libertad; en tu lugar di a Etiopía y a Seba. 4 Entregué a otros a cambio de ti. Cambié la vida de ellos por la tuya, porque eres muy precioso para mí. Recibes honra, y yo te amo. 5 »No tengas miedo, porque yo estoy contigo.”</i> (Isa 43:1-5a, NTV)<br><br>Es muy importante entender que este pasaje del libro del profeta evangélico no presenta esos lugares adversos como posibilidades, como cosas que pueden ocurrir. La palabra profética que Isaías recibe afirma que las aguas profundas, los ríos de dificultad y el fuego no son posibilidades. Estos son escenarios reales e impostergables que tenemos que enfrentar. La palabra de Isaías, al igual que la que estamos analizando en el Libro de Génesis, nos invita a confiar en que Dios está insertado en todos esos escenarios. Ese mensaje afirma que ninguno de estos nos puede destruir y mucho menos detener los propósitos que Dios tiene con nosotros.<br><br>Al mismo tiempo, ese mensaje afirma que ninguna de estas bendiciones es alcanzada a base de nuestros méritos. José no pudo gestionar que algo así sucediera. El pueblo de Israel tampoco. Nosotros obtenemos estas bendiciones gracias al amor que Dios tiene por nosotros. Ese amor es tan grande que hasta hace que Dios nos encuentre preciosos: “<i>yâqar</i>” (H3365). Esto es, honorables, de mucho valor como el que posee una piedra preciosa (Isa 43:4c).<br><br>Uno de los mensajes que predica la saga de José es que nosotros desconocemos cuáles y quiénes son los recursos que Dios está utilizando para convertir nuestras crisis y nuestras tragedias en bendición. Ese mensaje predica que debemos confiar en que Dios está operando a nuestro favor sin importar cuán profundo se tornen las prisiones y los pozos en los que hayamos sido encerrados.<br><br>Sabemos que la cárcel a la que José fue enviado no era una cárcel común. La historia de Egipto lo confirma. El profesor Nahum Sarna (1923-2005) cita un trabajo especializado escrito por el profesor Jozef Vergote (1910- 1992), un famoso egiptólogo y coptólogo flamenco que realizó importantes contribuciones en el campo de la egiptología, para comprobar que esa cárcel existía en Egipto.[3] Nahum Mattathias Sarna fue un prominente académico bíblico, traductor y educador judío. Este distinguido exégeta es considerado una autoridad en la Biblia Hebrea, particularmente en los libros de Génesis y Éxodo. Su carrera incluye haber sido profesor invitado en las universidades más prestigiosas en Estados Unidos y en Europa, así como en el Jewish Theological Seminary of America. Añadimos que Sarna enseñó en el Seminario Evangélico de Puerto Rico durante la presidencia del siempre recordado Rdo. Dr. Luis Fidel Mercado.<br>&nbsp;<br>Sarna señala que los personajes con los que José interactúa en esa prisión van mucho más allá de ser prisioneros que sirven directamente vino y pan al Faraón. Por ejemplo, él cita un documento de los tiempos del Faraón Ramsés III (siglo 12 AC) en los cuales se describen a coperos/mayordomos sirviendo como jueces en las cortes de Egipto. Al mismo tiempo, Vergote explica que la corte del Faraón necesitaba la gerencia de un jefe de cocina debido a las complejidades que representaban los gustos y las celebraciones en esa corte real. Veamos un ejemplo de esto: hay documentos egipcios antiguos que presentan la existencia de cincuenta y siete (575) variedades de pan y treinta y ocho (38) tipos de bizcochos en las comidas de los palacios de ese rey.[4] Estos datos revelan la importancia que poseían los dos (2) prisioneros más relevantes con los que José interactuó.<br><br>La reflexión publicada el 19 de julio del corriente nos proveyó la oportunidad para visitar los sueños que estos dos (2) personajes tuvieron.<br><br><i>“9 Entonces el jefe de los coperos fue el primero en contarle su sueño a José. —En mi sueño—dijo él—, vi una vid delante de mí. 10 La vid tenía tres ramas, las cuales comenzaron a brotar y a florecer y, en poco tiempo, produjo racimos de uvas maduras. 11 Yo tenía la copa del faraón en mi mano, entonces tomé un racimo de uvas y exprimí el jugo en la copa. Después puse la copa en la mano del faraón.”</i> (Gén 40:9-11, NTV)<br><br>“16 Cuando el jefe de los panaderos vio que José había dado una interpretación tan positiva del primer sueño, le dijo a José: —Yo también tuve un sueño. En mi sueño, había tres canastas de pasteles blancos sobre mi cabeza. 17 En la canasta de arriba había todo tipo de pasteles para el faraón, pero llegaron las aves y se los comieron de la canasta que estaba sobre mi cabeza.” (vv. 16-17)<br><br>El profesor Rober Alter ha dicho que la interacción que José tuvo con ambos funcionarios sirve para comprobar que José continuaba siendo un buen monoteísta hebreo en su cautiverio egipcio. La explicación que ofrece Alter para esta aseveración es que la interpretación de los sueños era considerada en Egipto como una ciencia, y la instrucción formal en técnicas de interpretación de sueños se impartía en escuelas llamadas «casas de la vida».[5]<br>&nbsp;<br><i>“José les dice, entonces, a estos dos egipcios de alto rango que no se requiere ningún hermeneuta onírico[6] capacitado —ningún potero profesional—; puesto que Dios posee el significado de los sueños, si Él lo desea, simplemente revelará los significados a la persona debidamente atenta. Pero cabe señalar que José procede inmediatamente a pedirle al copero que le cuente su sueño, asumiendo sin dudarlo que él, José, es una de esas personas a quienes Dios favorecerá con la comprensión del significado del sueño.”</i>[7]<br><br>Estos datos aumentan el valor de la siguiente expresión de José: “<i>¿No son de Dios las interpretaciones?</i>” (Gén 40:8, RV 1960). José no vacila en insertar a Dios en sus respuestas.<br><br>Muchos exégetas bíblicos señalan que existen algunos datos relevantes en esos sueños que podían facilitar su interpretación. Por ejemplo, el copero menciona varias veces al Faraón en su sueño y se ve a sí mismo regresando a servir a ese rey. El panadero sólo menciona al Faraón en una ocasión y no se ve a sí mismo sirviendo a ese monarca. Además, el copero vio el desarrollo acelerado de elementos que tenían que ver con sus funciones. En cambio, el panadero no. Él no se veía en su sueño horneando pan.<br><br>Simultáneamente está el tema del tiempo; factor que es vital en esos sueños y en las interpretaciones que el Señor le da a José. Por ejemplo, el copero vio el tiempo acelerado viendo cómo salían la flor del sarmiento, las uvas y su maduración; una imagen de futuro. En cambio, no hay expresiones de tiempo en el sueño del panadero. El sueño de este dio la impresión de que el tiempo para este servidor de la corte imperial egipcia parecía haberse detenido o paralizado.<br><br>Esta es una de las razones por la que casi todos los exégetas bíblicos que han analizado esta narrativa han llegado a la conclusión de que los sueños del copero y del panadero son estilizados, esquemáticos y no muy complicados para interpretar. Es muy importante destacar los sueños que José tuvo también poseen estas características. Alter añade que el único elemento que requiere algún esfuerzo de interpretación son los tres (3) sarmientos que vio el copero, los cuáles representaban tres días.<br><br>Algunos biblistas han señalado que no debió ser muy complicado relacionar estos tres (3) días con el cumpleaños del Faraón. Esa celebración era uno de los días de fiesta que se celebraban en ese imperio. El Faraón celebraba en esa fecha el día de su entrada a la vida, su vitalidad continua y su hegemonía inmutable como el centro del mundo, “incapaz de imaginar el mundo sin su presencia.”[8]<br><br>Este dato nos debe conducir a la conclusión de que todo Egipto sabía acerca de ese cumpleaños y cuándo sería celebrado. En otras palabras: el Señor estaba posicionando a José de cara a momentos seculares de importancia en ese imperio para glorificarse a través de Su siervo.<br><br>La Biblia está llena de experiencias similares. Lo vemos en la experiencia de Isaías recibiendo la visión del Señor sentado en un trono alto y sublime justo cuando muere el rey Uzías (Isa 6:1-8). Lo vemos en el testimonio de los tres (3) jóvenes hebreos acompañados por la cuarta figura, “semejante al hijo de los dioses”, luego de que su fe fuera retada por una fiesta imperial idolátrica (Dan 3:1-30). Lo vemos en la manifestación de Dios sobre Daniel cuando el Señor lo libra de los leones luego de ser enviado allí por desobedecer una orden imperial. Esta orden establecía treinta (30) días en los que nadie podía orar a otro que no fuera Darío, el rey de Media (Dan 6:1-28). Lo vemos en el testimonio de Cristo nuestro Señor, muriendo en la cruz del Calvario como el cordero para el día de la pascua judía[9] (Jn 19:31-37). Lo vemos en el derramamiento del Espíritu Santo en el día que se celebraba la fiesta de Pentecostés (Hch 2:1-41). Tal parece que a Dios le gusta insertar su gloria y a los suyos en medio de experiencias nacionales y religiosas de suma importancia.<br>&nbsp;<br>Tenemos que reconocer que las aseveraciones que hemos compartido acerca de los sueños que José interpretó pueden ser hechas porque nosotros conocemos cómo termina esa historia. José no tenía esa ventaja. Dios lo estaba posicionando, así como posicionó a Isaías, a Sadrac, a Mesac y a Abednego, a Daniel, a Jesús y a la Iglesia.<br><br>José necesitó dos (2) años adicionales en esa prisión antes de estar medianamente preparado para ver el rostro del Faraón. Esos dos (2) años conseguirían algo más que desarrollar la paciencia de este joven adulto. Esos dos (2) años servirían como una escuela para la posteridad; una escuela que enseña que no se pueden saltar pasos en los procesos en los que Dios nos ha insertado.<br><br>Una de las crisis más grandes que puede enfrentar un ser humano es la de arribar al lugar que Dios le tenía reservado sin estar preparado para cumplir con las responsabilidades que ese lugar trae consigo. La historia de la humanidad está llena de ejemplos de esto. La historia de la Iglesia del Señor también. Es por esto que debemos entender que cada paso, cada evento, cada problema, cada crisis de fe que encontramos en el camino posee elementos pedagógicos para capacitarnos para cumplir con el propósito que Dios ha diseñado para nosotros. No es sabio ni prudente saltar pasos en esos procesos.<br><br>Por lo general, estos tiempos de espera desarrollan la humildad. Sí, humildad, el conocimiento de nuestras limitaciones y debilidades y el proceso de aprender a obrar de acuerdo con este conocimiento. La respuesta que José tenía que darle a Faraón tenía que estar revestida de humildad. Esa característica exaltaría a Dios y no al instrumento que el Todopoderoso estaba utilizando.<br><br><i>“15 Entonces el faraón le dijo: —Anoche tuve un sueño, y nadie aquí puede decirme lo que significa; pero me enteré de que cuando tú oyes un sueño puedes interpretarlo.16 —No está en mis manos el poder para hacerlo—respondió José—, pero Dios puede decirle lo que su sueño significa y darle tranquilidad.”</i>&nbsp; (Gén 41:15-16, NTV)<br><br>Siglos más tarde, Daniel, un joven profeta, exilado en el imperio de turno, sería llamado ante el rey de turno para que le interpretara un sueño. La respuesta que él ofreció allí es similar a la que José le ofreció al Faraón de Egipto.<br><br>“27 Daniel respondió delante del rey, diciendo: El misterio que el rey demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos ni adivinos lo pueden revelar al rey. 28 Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días. He aquí tu sueño, y las visiones que has tenido en tu cama:” (Dan 2:27-28, RV 1960)<br><br>Este dato nos obliga a sentarnos a analizar cómo es que las formas y maneras que escogemos para enfrentar los retos en los que Dios nos inserta sirven como escuela a las generaciones que vienen detrás de nosotros. Esto, también forma parte del plan maestro de Dios.<br><br><br>&nbsp; <br>[1] Brueggemann, Walter. Genesis: Interpretation: A Bible Commentary for Teaching and Preaching (pp. 320-321). Presbyterian Publishing Corporation. Kindle Edition.<br>[2] Alter, Robert. Genesis: Translation and Commentary (p. 438). W. W. Norton &amp; Company. Kindle Edition.<br>[3] Sarna, Nahum M.. Understanding Genesis (The Heritage of Biblical Israel) (p. 214). The Jewish Theological Seminary of America. Kindle Edition.<br>[4] Vergote, J., Joseph en Égypte; Genèse Chap. 37-50 à la lumière des études égyptologiques récentes, Louvaine, Publications Universitaires, 1959, pp. 35-37.<br>[5] Alter, Robert. Op. cit., p. 439.<br>[6] Del gr. ὄνειρος &nbsp;óneiros &nbsp;'ensueño' e ‒́ico. adj. Perteneciente o relativo a los sueños. https://dle.rae.es/onírico?m=form<br>[7] Op. cit.<br>[8] Kass, Leon R. The beginning of wisdom: reading Genesis. Chicago: The University of Chicago Press, 2003, pp. 558-561.<br>[9] Viernes, desde las 6PM<br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1068 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 2 de agosto del 2026</title>
						<description><![CDATA[1068 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 2 de agosto del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XIXUna mirada a los procesos divinos sobre Judá y José. “Rubén era el hijo mayor de Israel, pero como tuvo relaciones sexuales con la esposa de su papá, perdió los privilegios de hijo mayor. Esos privilegios pasaron a los hijos de José,...]]></description>
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			<pubDate>Sun, 02 Aug 2026 05:00:00 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<section class="sp-section sp-scheme-0" data-index="1" data-scheme="0"><div class="sp-section-slide"  data-label="Main" ><div class="sp-section-content" ><div class="sp-grid sp-col sp-col-24"><div class="sp-block sp-text-block " data-type="text" data-id="0" style=""><div class="sp-block-content"  style=""><b>1068 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 2 de agosto del 2026<br>Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XIX<br>Una mirada a los procesos divinos sobre Judá y José.</b><br>&nbsp;<br><i>“Rubén era el hijo mayor de Israel, pero como tuvo relaciones sexuales con la esposa de su papá, perdió los privilegios de hijo mayor. Esos privilegios pasaron a los hijos de José, otro hijo de Israel. 2 Es cierto que Judá llegó a ser más poderoso que sus hermanos y se convirtió en jefe de ellos, pero los privilegios de hijo mayor fueron de José.”</i>&nbsp; (1 Cró 5:1-2, PDT)<br><br>La reflexión anterior presentó un tema que sabemos que es muy denso. Esta fue dedicada a trabajar con los procesos de transformación por los que Dios sometió a Judá. Añadimos a esto las explicaciones exegéticas de por qué es que llegamos a la conclusión de que el capítulo treinta y ocho (38) de Libro de Génesis no es una añadidura en la saga de José. Repetimos que ese capítulo presenta la historia de Judá en su encuentro con Tamar.<br>&nbsp;<br>En vías de facilitar el análisis de esta, hemos decidido presentar un resumen de los puntos que creemos son los más relevantes cuando comparamos ese capítulo con el resto de la saga antes mencionada.<br><br>Resumen<br><br><ul><li>Judá es responsable de la venta de José como esclavo. Esto subraya la importancia de este capítulo al principio de esa saga (Gén 37:26-27).[1]</li><li>Ambos, Judá y José son separados de su familia paterna y de sus hermanos (Gén 37:36; 38:1-5, 12; 39:1).</li><li>El texto hebreo dice que ambos descendieron (“<i>yârad</i>”, H3381) al lugar al que llegaron para estar separados de los suyos (Gén 38:1; 39:1).</li><li>Ambos, Judá y Jacob son engañados en esta saga (Gén 37:31-35; 38:13-30).</li><li>Hay piezas de ropa que son utilizadas intencionalmente como parte de ambos procesos (Gén 37:31-34; 38:14-16).</li><li>Hay un cabrito que forma parte de cada uno de esos procesos (Gén 37:31; 38:16-17).</li><li>Ambos, Jacob y Judá, sufren angustia por la pérdida de los hijos.</li><li>Ambos, Jacob y Judá, tienen miedo de perder otro (Gén 38:11; 42:4).</li><li>El vocabulario hebreo utilizado para describir por qué es que Judá no quiere enviar a Sela, su hijo menor, a cumplir con el levirato es idéntico al que se utiliza para describir que Jacob no quería enviar a Benjamín a Egipto: “<i>ki ’ā-mar pen-</i>.”<ul><li>“<i>No sea que muera</i>” (Gén 38:11, RV 1960)</li><li>“<i>No sea que le acontezca algún desastre.</i>” (Gén 42:4).</li></ul></li><li>José hizo posible que el pueblo de Israel fuera esclavizado, mientras Judá fue utilizado para proveer el linaje de los reyes de esa nación (Gén 38:29; Mat 1:3; Lcs 3:32-33)[2] <ul><li>Fares (“<i>perets</i>”, H6557).</li></ul></li><li>Hay dos (2) mujeres claves en esa historia: Tamar y la esposa de Potifar.<ul><li>Una era poderosa (la esposa de Potifar); la otra no (Tamar).</li><li>Las dos (2) procuraban tener intimidad sexual.</li><li>Una deseaba tener intimidad por placer, mientras que la otra anhelaba perpetuar el nombre y la memoria de su esposo. </li></ul></li><li>La saga justifica por qué José recibió la primogenitura de su casa, mientras que Judá recibió la gobernanza (1 Cró 5:1-3).<ul><li>No olvidemos que el estilo de José no es el que se utiliza para gobernar a Israel.</li><li>Judá se posicionó como el líder de sus hermanos intercediendo por Benjamín ante José, el administrador del impero egipcio. Esta acción revela nuevas características en su personalidad como líder.<ul><li>Puntualizamos que ese es el discurso más extenso en el primer libro de la Biblia (Gén 44:18-34).</li></ul></li></ul></li><li>En el texto hebreo se utiliza la misma frase para pedirle a Jacob y a Judá que examinen las evidencias que ambos tienen ante sí.<ul><li>“<i>hak-ker</i>- (H5234) <i>nā</i> (H4994)” (Gén 37:32)</li><li>“<i>hak-ker</i>- (H5234) <i>nā</i> (H4994)” (Gén 38:25)</li></ul></li><li>Judá y José necesitaban ser “educados” y transformados por Dios para que pudieran ser capaces de desarrollar responsablemente sus roles en los procesos para rescatar la casa de Jacob.</li></ul>&nbsp; <br>Sabemos que existen muchas evidencias adicionales en esas narrativas bíblicas. Este tipo de reflexiones no provee el espacio para analizarlas todas. Es por esto que invitamos a los lectores a estudiar las referencias bibliográficas que hemos compartido en las dos (2) reflexiones más recientes.<br><br>Estos datos nos permiten concluir que la saga de José presenta dos (2) lados de una misma historia. Esto es, la historia desde las perspectivas de la transformación de José y de Judá. Algunos especialistas en el tema concluyen que los procesos para presentar la misma presentan el balance entre la sabiduría y la inmoralidad. Enfatizamos que la identificación de ese balance requiere que conozcamos las costumbres de una época en el que las tradiciones religiosas no estaban escritas; estas eran transmitidas de manera oral.<br><br>La presentación de esos lados de la historia también provee la oportunidad de ver los roles emocionales e intelectuales de los personajes principales de esta saga.<br><br>Aaron Wildavsky señala que ambas historias son entrelazadas como una obra de arte; dos (2) significados en un mismo texto. [3] El paralelismo, marcado en un estilo dualista, dos (2) historias manejadas y desarrolladas al mismo tiempo, revela que el escritor de este texto no era solo un genio de la literatura, sino que era alguien inspirado por el Señor para presentar estos procesos. Tal y como dice Wildavsky, ese escritor hizo esto mediante un esfuerzo consciente, de manera que coincidieran el significado y la forma de estas narrativas bíblicas.<br><br>Por otro lado, tenemos que señalar que muchos exégetas bíblicos han concluido que la historia de Tamar trasciende a los procesos de obtener la reparación de los derechos que se le habían negado. La historia central de esa narrativa gira alrededor de la necesidad de que se cumpliera con unos códigos morales en medio de un ambiente de pérdidas y de manejo de crisis. Son muchos los exégetas bíblicos que han expresado que la narrativa del capítulo treinta y ocho (38) presenta cómo se debe procurar la súper vivencia sin abandonar el respeto a los códigos morales.[4] En este caso, el levirato.<br>&nbsp;<br>¿Qué es el levirato? El levirato, del latín <i>levir</i>, que significa “cuñado”[5], era una ley que obligaba al hermano de un hombre fallecido sin hijos a casarse con la viuda de este. Este concepto está definido en el Libro de Deuteronomio.<br><br><i>“Cuando hermanos habitaren juntos, y muriere alguno de ellos, y no tuviere hijo, la mujer del muerto no se casará fuera con hombre extraño; su cuñado se llegará a ella, y la tomará por su mujer, y hará con ella parentesco. Y el primogénito que ella diere a luz sucederá en el nombre de su hermano muerto, para que el nombre de éste no sea borrado de Israel.” </i>&nbsp; (Det 25:5-6)<br>&nbsp; <br>A continuación, una explicación simple que encontramos en un portal cibernético que está al alcance de todos.<br><br><i>“¿Por qué era tan importante esta práctica? En la sociedad israelita antigua, la continuidad del nombre familiar y la herencia de la tierra eran fundamentales. Si un hombre moría sin hijos, su nombre y su porción de la tierra prometida corrían el riesgo de desaparecer. El levirato ofrecía una solución a este problema. Al casarse con la viuda, el hermano del difunto no solo proporcionaba protección y sustento a la mujer (que de otro modo podría quedar desamparada y olvidada en la sociedad), sino que también aseguraba la continuidad del linaje familiar. El primer hijo nacido de esta unión era considerado legalmente como hijo del hermano fallecido, heredando su nombre y sus propiedades. De esta manera, el nombre del difunto se perpetuaba en Israel y su herencia se mantenía dentro de la familia.<br>&nbsp; <br>Encontramos un ejemplo clásico de la aplicación del levirato en el libro de Rut. Aunque Boaz no era exactamente el hermano del difunto esposo de Rut, era un pariente cercano y actuó como “redentor”, casándose con ella para continuar el linaje de su difunto esposo.<br>&nbsp; <br>El levirato es sólo un ejemplo de cómo Dios proporcionaba soluciones prácticas a los problemas de Su pueblo —problemas capaces de desestabilizar a la familia y en consecuencia al pueblo entero.”</i>[6]<br>&nbsp; <br>Es muy importante que hagamos énfasis en que la historia narrada en el capítulo treinta y ocho (38) del Libro de Génesis también forma parte de un entramado complejo del libro en su totalidad. En este se trabajan algunos temas de manera repetitiva.<br><br>Uno de estos temas es el del engaño. Ese libro presenta el tema del engaño ampliamente y lo trabaja de muchas formas. Por ejemplo, Jacob y Rebeca engañan a Isaac y a Esaú para que Jacob se quedara con la primogenitura (Gén 27:1-41). Labán engaña a Jacob sustituyendo a Raquel con Lea la noche de la boda de Jacob con la primera (Gen 29:22-28). Jacob engaña a Labán su suegro (Gén 30:25- 31:55). Raquel engaña a Labán su padre para que él no supiera que ella había hurtado los ídolos que él poseía (Gén 31:19, 33-35).[7] Jacob es engañado por sus hijos (Gén 37:31-35) para hacerle creer que José había muerto. Judá intenta engañar a Tamar y la deshumaniza al enviarla a vivir otra vez en la casa de los padres de esta (Gén 38:11, 14). Tamar engaña a Judá, haciéndose pasar por una prostituta (Gén 38:12-30). La esposa de Potifar engaña a su esposo haciéndole creer que José había intentado abusar sexualmente de ella (Gén 39:7-19). José engaña a sus hermanos al no revelarles quién era (Gén 42:7-8). Los hermanos de José intentan engañarlo tratando de hacerle creer que Jacob había dejado instrucciones pidiendo que José no los castigara; que no buscara vengarse de ellos (Gén 50:16-17).<br><br>Hay todo un entramado conductual en toda esta historia. De hecho, hay muchas otras cosas que se repiten en ese libro. A continuación, un resumen de muchas de estas presentado por Louis Ginzberg:<br><br><i>“La vida del hijo no es sino una repetición de la del padre. Así como la madre de Jacob permaneció estéril durante mucho tiempo después de su matrimonio, así también la madre de José. Así como Rebeca había sufrido mucho al dar a luz a Jacob, así Raquel al dar a luz a José. Así como la madre de Jacob tuvo dos hijos, así también la madre de José. Como Jacob, José nació circuncidado. Como el padre era pastor, así también el hijo. Como el padre sirvió por amor a una mujer, así también el hijo sirvió bajo una mujer. Como el padre, el hijo se apropió de la primogenitura de su hermano mayor. El padre fue odiado por su hermano, y el hijo fue odiado por sus hermanos. El padre era el hijo favorito comparado con su hermano, así también el hijo comparado con sus hermanos. Tanto el padre como el hijo vivieron en la tierra del extranjero. El padre se convirtió en siervo de un amo, también el hijo. El amo a quien el padre sirvió fue bendecido por Dios, así también el amo a quien el hijo sirvió. Tanto el padre como el hijo fueron acompañados por ángeles, y ambos se casaron con sus esposas fuera de Tierra Santa. Tanto el padre como el hijo fueron bendecidos con riquezas. Grandes cosas le fueron anunciadas al padre en un sueño, y también al hijo. Así como el padre fue a Egipto y puso fin a la hambruna, así hizo el hijo. Así como el padre les exigió a sus hijos la promesa de enterrarlo en Tierra Santa, así hizo el hijo. El padre murió en Egipto, y allí murió también el hijo. El cuerpo del padre fue embalsamado, y también el del hijo. Así como los restos del padre fueron llevados a Tierra Santa para su sepultura, así también los del hijo. Jacob, el padre, proveyó para el sustento de su hijo José durante diecisiete años, y así José, el hijo, proveyó para su padre Jacob durante diecisiete años.” </i>[8] (traducción libre)<br>&nbsp; <br>Hay que destacar que estos son los contextos familiares e históricos con los que la saga de José trabaja. Este hombre tiene que lidiar con todo esto mientras se encontraba en Egipto. Esto, con mucha más intensidad, en la cárcel a la que fue enviado injustamente. La promesa que Dios le hizo a los patriarcas tenía que cumplirse y esa familia necesitaba ser separada de muchas de estas costumbres, así como a renunciar a algunos de estos patrones de conducta. Uno de estos, la propensión al engaño y al uso de la violencia para poder conseguir lo que deseaban.<br><br>Un dato interesante detrás de todas las historias bíblicas del Génesis, incluyendo la saga de José, es que casi nadie aparece pidiendo perdón o señalando que había perdonado a sus ofensores. Ni siquiera José aparece expresando verbalmente que había perdonado a aquellos que le habían traicionado y ofendido. Tan sólo Judá pide perdón, pide disculpas por sus acciones en contra de Tamar reconociendo su error. O sea, que este, que es el canal utilizado por Dios para proveer los reyes para Su pueblo, es el único en hacerlo en el Libro de Génesis. Judá es también el que provee el gentilicio más comúnmente utilizado para los israelíes: judíos.<br><br>Debemos hacer un paréntesis para señalar que la Biblia no oculta estos detalles porque su mensaje comunica que Cristo es el único ser humano perfecto que ha pisado nuestro planeta. Todos los demás seres humanos somos imperfectos y pecadores (Sal 14:1-3; 53:1-3; Rom 3:10-18). Esto, por supuesto, incluye a los patriarcas y a sus descendientes.<br><br>Otro tema que está presente en las historias de Abraham, de Isaac y de Jacob es el de las primogenituras. Vemos que Abraham no le concedió a Ismael la primogenitura: Isaac la obtuvo. Isaac fue engañado para no otorgarle la primogenitura a Esaú: Jacob se la robó. Jacob no le otorgó la primogenitura a Rubén. Adelantamos que los procesos por los que atravesó José no podrían estar completos sin que él recibiera la bendición de la primogenitura antes de que su padre falleciera. La Biblia dice que Jacob hizo eso, reconociendo la primogenitura de José antes de ofrecer su discurso final y mudarse a la eternidad.<br>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; <br><i>“21 Finalmente, Israel dijo a José: —Yo estoy a punto de morir, pero Dios estará con ustedes y los hará volver a la tierra de sus antepasados. 22 Y a ti, que estás por encima de tus hermanos, te doy Siquén, tierra que arrebaté a los amorreos con mi espada y con mi arco.”</i> (Gén 48:21, NVI)<br><br>La Biblia da a entender que Sela, el tercero de los hijos de Judá (Gén 38:5) no recibió la primogenitura de manos de Judá. Sela era el candidato lógico ante la muerte de sus hermanos mayores. Estos datos se desprenden de la manera en que son enumerados los descendientes de Judá en el Primer Libro de Crónicas. La importancia que reviste el nombre de Fares en esas narrativas es singular (1 Cró 2:1-6;[9] 4:1, 21[10]).<br><br>Por último, Jacob se negó a reconocer la primogenitura de Manasés cuando bendijo a los hijos de José. La Biblia dice que José trató de corregir esto, pero Jacob no se lo permitió.<br><br><i>“8 Cuando Israel vio a los hijos de José, preguntó: —¿Quiénes son ellos? 9 José le contestó a su papá:<br><br>—Estos son los hijos que Dios me dio aquí. Luego Jacob dijo: —Te ruego que me los traigas acá y yo les daré mi bendición. 10 A Israel le fallaba la vista porque ya estaba muy viejo. Cuando José le acercó a sus hijos, él los abrazó y los besó. 11 Luego Israel le dijo a José: —Nunca pensé que volvería a ver tu rostro. ¡Pero mira! Dios me permitió verte a ti y a tus descendientes. 12 Luego José bajó a los niños de las piernas de Israel y se postró rostro en tierra. 13 José acercó a los niños y puso a Efraín a su derecha y a Manasés a su izquierda. Por lo tanto, Efraín estaba a la izquierda de Israel y Manasés a su derecha. 14 Israel estiró su brazo derecho y puso su mano en la cabeza de Efraín, el menor. Luego estiró su brazo izquierdo y puso su mano sobre la cabeza de Manasés, el mayor, cruzando los brazos. 15 Israel bendijo a José y le dijo: «Que el Dios que mis padres Abraham e Isaac adoraron, el Dios que ha sido mi pastor &nbsp; &nbsp; toda mi vida hasta hoy, 16 el ángel que me salvó de todo peligro, bendiga a estos muchachos. Es para que así mi nombre y el nombre de mis padres Abraham e Isaac sigan viviendo en ellos, y para que se multipliquen sobre la tierra». 17 Cuando José vio que Israel tenía su mano derecha sobre la cabeza de Efraín, se molestó. Así que tomó la mano de su papá y trató de moverla de la cabeza de Efraín a la de Manasés. 18 José le dijo a su papá: —¡Así no, papá! Este es el mayor, pon tu mano derecha sobre su cabeza. 19 Pero su papá se rehusó y dijo: —Lo sé, hijo, lo sé. Él también va a ser importante y de él también nacerá mucha gente, pero su hermano menor va a ser todavía más importante y sus descendientes formarán muchas naciones. 20 Entonces los bendijo ese día diciendo: «La gente de Israel usará sus nombres para bendecir: “Que Dios te haga como Efraín y Manasés”».De esta manera Israel hizo a Efraín más importante que Manasés.”</i> (Gén 488-20, PDT)<br><br>José tenía que aprender a lidiar y a integrar todos estos temas y eventos durante su estadía en Egipto. Muchos de estos se habían convertido o se convertirían en símbolos de la historia de su familia y hasta en etiologías para en el desarrollo de ellos como una nación.<br><br>Por último, José tenía sobre sus hombros el recuerdo de la promesa que Dios le había hecho a Abraham, a Isaac y a Jacob.<br><br><i>“Poco tiempo después le dijeron a José que su padre estaba enfermo. Entonces José fue a verlo, y llevó a sus dos hijos, Manasés y Efraín. 2 Cuando dieron aviso a Jacob de que su hijo José había llegado a verlo, hizo un esfuerzo y se sentó en la cama. 3 Y le dijo a José: —El Dios todopoderoso se me apareció en la ciudad de Luz, en la tierra de Canaán, y me bendijo 4 con estas palabras: “Mira, yo haré que tengas muchos hijos, y que tus descendientes lleguen a formar un conjunto de naciones. Además, a tu descendencia le daré esta tierra. Será de ellos para siempre”.”</i> (Gén 48:1-4, DHH)<br><br>Dios escogió a Judá y a José porque él es celoso con los suyos y porque Él cumple sus promesas. No es por otra razón que la Biblia dice lo siguiente acerca de esto.<br><br><i>“19 Jesucristo, el Hijo de Dios, de quien les hemos hablado Silas, Timoteo y yo, no era «sí» y «no» a la vez. Por el contrario, Cristo siempre ha sido el «sí». 20 No importa cuántas promesas haya hecho Dios, Cristo siempre ha sido el «sí» de todas ellas. Por eso, por medio de Jesucristo, cuando alabamos a Dios decimos: «Así sea».”</i> (2 Cor 1:19-20, PDT)<br><br>Usted lo leyó bien. Ese verso no dice que Cristo comenzó a ser el “sí” de las promesas del Padre cuando comenzó en su ministerio. Cristo siempre ha sido el sí de todas las promesas del Padre.<br><br>Judá y José no conocían este dato, pero nosotros sí lo conocemos. El cuarto y el undécimo hijo de Jacob tuvieron que atravesar por unos procesos increíblemente densos y complicados para ver el cumplimiento de las promesas hechas a Abraham, a Isaac y Jacob. La inclinación constante a engañar a otros que operaba en esa familia, no pudo cancelar ni obstaculizar ese cumplimiento. La inversión constante de los derechos de primogenitura tampoco. Dios separó a Judá y a José para conseguir que esto se pudiera superar.<br><br>Por lo tanto, esta saga debe alentarnos y estimularnos a creer que Dios cumplirá en nosotros todas las promesas que nos ha entregado. Esto es, a aquellos que hemos reconocido a Jesucristo como nuestro Señor y nuestro Salvador.<br><br><br>&nbsp; <br>[1] Goldin Judah, “The Youngest Son or Where Does Genesis 38 Belong,” Journal of Biblical Literature, vol. 96, no. 1 (March 1977): 27-44.<br>[2] Dios proveyendo soluciones y esperanza para el manejo de crisis que todavía no se habían gestado. <br>[3] Wildavsky, Aaron. Assimilation versus separation: Joseph the administrator and the politics of religion in biblical Israel. London: Routledge, 1993, p. 10.<br>[4] Wildavsky, Op. cit., p. 40.<br>[5] https://dle.rae.es/levirato?m=form.<br>[6] https://arcanabiblica.com/que-es-el-levirato-y-por-que-era-necesario-en-el-antiguo-testamento/<br>[7] Nota editorial: el texto bíblico dice que Jacob desconocía ese hecho. De haberlo sabido, no habría declarado la muerte para aquella persona que los tuviera. “32 Aquel en cuyo poder hallares tus dioses, no viva; delante de nuestros hermanos reconoce lo que yo tenga tuyo, y llévatelo. Jacob no sabía que Raquel los había hurtado.” (Gén 31:32)<br>[8] Ginzberg, Louis. Vol. I - IV (A huge collection of traditional stories from the Bible collected from the Talmud, the Midrash and the Haggada) - Annotated The Book of Hebrews. Kindle Edition.<br>[9] Ese pasaje bíblico no presenta a los descendientes de Sela, sino que le da importancia a los Fares. <br>[10] Ese pasaje bíblico comienza presentando los hijos de Fares para luego presentar a los de Sela en el v. 21.<br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1067 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 26 de julio del 2026</title>
						<description><![CDATA[1067 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 26 de julio del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XVIIIUna mirada a los procesos divinos sobre Judá y José. “18»Cuando tus compatriotas israelitas te pregunten qué significa todo eso, 19 diles que el Señor DIOS dice: “Tomaré la tribu de José que está en manos de Efraín y las tribus de ...]]></description>
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			<pubDate>Sun, 26 Jul 2026 05:00:00 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<section class="sp-section sp-scheme-0" data-index="1" data-scheme="0"><div class="sp-section-slide"  data-label="Main" ><div class="sp-section-content" ><div class="sp-grid sp-col sp-col-24"><div class="sp-block sp-text-block " data-type="text" data-id="0" style=""><div class="sp-block-content"  style=""><b>1067 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 26 de julio del 2026<br>Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XVIII<br>Una mirada a los procesos divinos sobre Judá y José.</b><br>&nbsp;<br><i>“18»Cuando tus compatriotas israelitas te pregunten qué significa todo eso, 19 diles que el Señor DIOS dice: “Tomaré la tribu de José que está en manos de Efraín y las tribus de Israel que están relacionadas con él y los uniré a la tribu de Judá y los haré uno solo. Serán uno en mis manos.” &nbsp;</i>(Eze 37:18-19, PDT)<br><br>Nuestras reflexiones anteriores nos han permitido introducirnos en el estudio de la cárcel en la que fue echado José. No obstante, necesitamos realizar un paréntesis para repasar la relación que tiene ese lugar y los procesos que este hombre vivió allí con los eventos relacionados a Judá. En otras palabras, visitar los paralelismos que existen entre lo que le sucedió a José y los procesos que experimentó Judá. Repetimos algo que hemos compartido en otras reflexiones: ambos habían sido seleccionados por el Señor para lidiar con la crisis que existía en la casa de Jacob.<br><br>Sabemos que esta comparación nos ayudará a desarrollar una visión más completa de lo que el Señor estaba haciendo con José en esa prisión. Adelantamos que una presentación responsable de este tema requiere mostrar algunas evidencias de los análisis exegéticos y crítico-literarios que son necesarios para poder arribar a conclusiones responsables y sólidas.<br><br>Este paréntesis en nuestro análisis también nos permitirá subrayar algunos elementos vitales que nos regalan los textos bíblicos que hemos estado estudiando. Recordemos que la llegada de José a la cárcel fue precedida por muchos años de luchas, encuentros y desencuentros en su familia paterna. Esas crisis están descritas y desparramadas en el primer libro de la Biblia. Por lo tanto, el análisis de esos textos no puede ser desarrollado con prisa.<br><br>Es un secreto a voces que la casa de Abraham, de Isaac y de Jacob estaba siendo sacudida y amenazada de forma tal que su estabilidad había sido puesta en peligro. La buena noticia es que Dios no se había olvidado de ellos ni de sus promesas.<br><br>No olvidemos que los patriarcas no eran seres humanos perfectos: ninguno lo es. Permítanos ampliar esta aseveración. La Biblia nos permite conocer que Abraham había sido confrontado con sus temores. El temor a perder la vida (Gén 12:10-17; 20:1-7) y el temor provocado por haber envejecido sin haber visto el cumplimiento de las promesas que Dios le había hecho (Gén 15:1-4; 17:17-18) son algunos de estos. Es muy relevante señalar que la Biblia no presenta la fe como antídoto de los temores. La Biblia enseña que el perfecto amor es el que echa fuera el temor.<br><br><i>“18 El amor no sufre del miedo. Por el contrario, el amor que es maduro echa fuera el miedo, pues el miedo tiene que ver con el castigo. Así que el que sufre del miedo, todavía tiene que madurarse en el tema del amor.”</i> (1 Jn 4:18, PDT)<br><br>Dicho de otra forma, Abraham es el padre de la fe, pero necesitaba ser perfeccionado, madurarse en el amor que remueve el temor.<br><br>De igual manera, la Biblia nos permite conocer que Isaac era un individuo demasiado pasivo, al que ni siquiera le gustaba defender los pozos que había cavado (Gén 26:19-25). De hecho, la Biblia dice que Isaac era tan pasivo que reaccionó ante la esterilidad de Rebeca veinte (20) años después de haberse casado (Gén 25:19, 26). Simultáneamente, la Biblia dice que Jacob era un engañador, que a menudo era traicionado por su impulsividad y que sufría lo que conocemos hoy como depresiones muy severas.<br><br>La casa de Abraham y la de Isaac sobrevivieron a los problemas provocados por estos rasgos en las personalidades de estos hombres llamados por Dios. Sin embargo, este no parecía ser el rumbo de la casa de Jacob.<br><br>La misericordia del Señor se hace evidente cuando observamos que estos tres (3) hombres fueron escogidos por Él para sentar las bases para el desarrollo del plan eterno de salvación. Sin duda alguna, esta conclusión nos debe llenar de esperanza porque nosotros creemos que el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob es nuestro Dios. En otras palabras, Dios también cuenta con nosotros, a pesar de nuestras debilidades de carácter y/o de personalidad.<br><br>Esta es sin duda alguna una de las razones por la que la saga de José es tan importante. La fragilidad en esa estructura familiar y los desaciertos de Jacob nos han provocado a analizar la saga de José con el fin de encontrar alternativas bíblicas y teológicas que nos ayuden a trabajar con las fragilidades de nuestros núcleos familiares, así como con los efectos que tienen nuestros desaciertos.<br><br>Los capítulos treinta y siete (37) al cincuenta (50) del Libro de Génesis nos permiten ver a Dios ensamblando un curso de acción para corregir esto. Es imprescindible señalar que dos (2) de los hijos de Jacob, Judá y José, habían sido separados de la casa de su padre para ser transformados, preparados y hacerlos capaces de corregir el rumbo de esa familia patriarcal.<br><br>Del primero, la Biblia dice que él mismo decidió separarse de sus hermanos y se fue a Quezib (Gén 38:5).<br><br><i>“1 Aconteció en aquel tiempo, que Judá se apartó de sus hermanos y se fue a un varón adulamita que se llamaba Hira. 2 Y vio allí Judá la hija de un hombre cananeo, el cual se llamaba Súa; y la tomó, y se llegó a ella. 3 Y ella concibió, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Er. 4 Concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Onán. 5 Y volvió a concebir, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Sela. Y estaba en Quezib cuando lo dio a luz.”</i> (Gén 38:1-5)<br><br>Ese lugar, Quezib (<i>kōzēbhā</i>) (se cree que en tiempos modernos este lugar es conocido como “ʽ<i>Ayin-Kezbeh</i>), se encontraba en el valle de Elah, al norte de Adulam. La Biblia dice que Judá se separó aún más de su familia luego de la muerte de su esposa, decidiendo irse a Timnat (v. 12). Es en ese lugar que Dios comenzó a trabajar con el hombre que sería responsable del nacimiento de los reyes de Israel. Gran parte de esos procesos están documentados en el capítulo que acabamos de citar.<br><br>Sabemos que el enfoque crítico literario del estudio de la Biblia ha insistido en que el capítulo treinta y ocho (38) del Libro de Génesis no puede formar parte de la saga de José. Las tesis enunciadas por gigantes del estudio bíblico tales como Hermann Gunkel, Gerhard von Rad, Claus Westerman, Ephraim Avigdor Speiser, R.N. Whybray y otros exégetas ilustres parecen ser concluyentes en este aspecto. Todos ellos postularon que el capítulo treinta y ocho (38) parece haber sido insertado en esta saga y que no corresponde en nada a esta historia. Según estos, esa historia sólo sirve para mantener el suspenso acerca del destino que le esperaba a José. Aquellos que hemos tenido el privilegio de realizar estudios graduados y posgraduados en el estudio de la Biblia estudiamos y aprendimos esto así.<br><br>No obstante, muchos exégetas bíblicos que han revisitado esos textos, muchos de ellos recientemente, han concluido que ese capítulo sí forma parte de esta saga. Uno de ellos, Robert Bernard Alter, un exégeta judío especialista en los textos bíblicos, profesor emérito de hebreo y de literatura comparada en la Universidad de California en Berkeley. Alter ha formulado que hay demasiadas conexiones verbales entre las historias de Judá y Tamar y la de José que nos impiden sacar ese capítulo de la saga de José. Alter examina estas conexiones desde los versos finales del capítulo treinta y siete (37) del mismo libro.[1]<br>&nbsp;<br>Tenemos que puntualizar que el trabajo del Dr. Robert Alter ha influenciado profundamente los estudios críticos literarios, así como los bíblicos. La maestría en sus presentaciones acerca de la narrativa de los textos bíblicos y la interacción que él desarrolla entre la tradición y el análisis literario moderno le han ganado un sitial de honor en la academia. Alter, además, ha sido reconocido por su traducción de la Biblia; una obra literaria, en tres (3) volúmenes que completó en veinticuatro (24) años. Incluimos una dirección electrónica en la que nuestros lectores pueden encontrar una lista de sus publicaciones más importantes.[2]<br>&nbsp;<br>Una de las tesis centrales de los argumentos de Alter, al igual que los de Benno Jacob (1862-1945)[3], es que ese pasaje presenta soluciones para la crisis que Israel enfrentaría luego de que José mudara a la familia de Jacob a Egipto. Esa mudanza fue la antesala para la esclavitud que el pueblo de Israel sufrió en ese país.<br><br>Aaron Wildavsky (1930-1993), un exégeta bíblico que es considerado como uno de los académicos más prolífico e innovador en el campo de la investigación política, comparte estas posiciones en uno de sus libros.[4] Wildavsky va mucho más allá. Él plantea que el capítulo treinta y ocho (38) se presenta como una alternativa acerca de las cosas que se deben hacer y a aquellas que no se deben hacer cuando uno está en medio de una crisis que amenaza nuestra supervivencia. Su tesis central gira alrededor de los peligros que provoca la asimilación cuando estamos luchando por sobrevivir. Esto, porque él postula que José cometió varios errores garrafales una vez se encontró ocupando la posición de segundo al mando en el imperio egipcio. Vildavsky postula que el capítulo en cuestión presenta algunas alternativas morales y éticas que José no siguió. Estos puntos serán analizados en reflexiones que compartiremos próximamente.<br>&nbsp;<br>Leon R. Kass, médico, bioquímico, conocido por sus trabajos en bioética y distinguido profesor en la Universidad de Chicago, ha propuesto que Judá decidió ir a los lugares que menciona el capítulo treinta y ocho (38) del Libro de Génesis porque no quería tener que continuar lidiando con unos hermanos que habían sido capaces de considerar el fratricidio. Kass postula que el proceso de convencerlos para que no mataran a José lo había drenado. Recordemos que Judá y Rubén fueron los mediadores que evitaron que sus hermanos mataran a José (Gén 37:20-27).<br><br><i>“26 Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte? 27 Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con él.”</i>&nbsp; (Gén 37:26-27, RV1960)<br><br>En otras palabras, Judá no quería estar más con sus hermanos.<br><br>Kass, que llama a Judá “el otro candidato”, señala que ese pasaje puede parecer irrelevante en esta saga para muchos de los lectores, pero que no lo es.[5] Kass señala que la frase introductoria de ese capítulo, “<i>Aconteció en aquel tiempo</i>…” (Gén 38:1), no sólo conecta esta historia con el resto de la saga, sino que utiliza el mismo vocabulario que se utiliza en la historia de José. Por ejemplo, esta coloca a Judá descendiendo[6] (“<i>yârad</i>”, H3381) al lugar de su autoexilio, al igual que el texto hebreo coloca a José descendiendo[7] (“<i>yârad</i>”) a Egipto (Gén 39:1). Ambos personajes descienden a los lugares en los que serían confrontados.<br>&nbsp;<br>Una nota editorial importante: la Biblia considera ir a Egipto como descender. Esto no solo por los elementos geográficos que implica esa travesía, sino por las implicaciones que posee estar fuera del lugar en el que hemos sido plantados por el Señor. Judá y José no debían estar fuera de la tierra que Dios el había prometido a sus padres.<br><br>Kass destaca que Judá sigue el patrón de conducta de Esaú y de Siquem. La Biblia dice que Esaú tomó esposas entre las mujeres de Canaán (Gén 26:33-35; 28:6-9), algo que Isaac y Rebeca no veían con buenos ojos (Gén 27:43; 28:1). O sea, que Judá estaba imitando la conducta de su tío. La Biblia describe a Siquem como el joven que abusó de Dina, hermana de Judá (Gén 34:1-31). La Biblia dice que Siquem, vio (“<i>way-yar</i>-”, H7200), tomó (“<i>way-yiq-qā-ḥe-hā</i>”, H3947) y se llegó (“<i>way-yā-ḇō</i>”, H935) (Gén 34:2).[8]<br>&nbsp;<br>Esas son las mismas expresiones que se utilizan para describir las reacciones de Judá cuando vio la hija de un cananeo llamado Súa; vio (“<i>way-yar</i>-”, H7200), tomó (“<i>way-yiq-qā-ḥe-hā</i>”, H3947) y se llegó (“<i>way-yā-ḇō</i>”, H935) a ella.[9] La única diferencia entre ambos es que Judá no utilizó la fuerza para sostener esa relación sexual tal y como lo hizo Siquem.[10] &nbsp;O sea, que el texto bíblico muestra que Judá estaba imitando las conductas de los pueblos circunvecinos.<br>&nbsp;<br>Estos datos sirven para revelar la condición espiritual y anímica de este hombre. Sin duda alguna que él necesitaba ser transformado. Él se había apartado de sus hermanos, pero la formación adquirida en la casa de Jacob no se había apartado de él.<br><br>Kass también destaca que Judá y su padre tenían en común el sufrimiento causado por sus hijos.<br><br>Además, ambos tenían en común la propensión a engañar a sus interlocutores. En el caso de Judá esta característica se observa en la nota editorial que incluye el verso once (11) del capítulo treinta y ocho (38) del Libro de Génesis. Judá no tenía intención de entregar a su hijo menor para cumplir con la regla del levirato (v.14).[11]<br>&nbsp;<br>Ahora bien, el capítulo treinta y ocho (38) del Libro de Génesis señala que uno de los hijos que Judá tuvo con Tamar se llamaba Fares (“<i>perets</i>”, H6557) el precursor de los reyes de Israel (Gén 38:29-30). En otras palabras, que Dios estaba adelantando soluciones para un problema que todavía no había sido engendrado.[12] Los descendientes de la familia de Jacob serían esclavizados en Egipto y antes de que eso ocurriera Dios ya estaba haciendo provisión del linaje de los monarcas que gobernarían al pueblo de Israel cuando concluyera el cautiverio. Nosotros añadimos aquí que el hijo de Judá es también el precursor de Cristo nuestro Salvador (Mat 1:3). O sea, que Dios estaba allanando el camino, la verdad y la vida que nos conduce al Padre (Jn 14:6).<br><br>Una metáfora que aparece en ese pasaje bíblico es que Judá le entregó a Tamar un cetro o un báculo como prenda de que cumpliría su promesa (v. 18). Tamar le devolvió de su seno al precursor de aquellos que portarían el cetro en Israel.[13] &nbsp;<br><br>Debemos entender que este análisis es validado por las expresiones que encontramos en el Primer Libro de Crónicas. La Biblia dice que estos dos (2) hombres serían responsables de la primogenitura y del gobierno de una nación llamada Israel.<br><br><i>“1 Los hijos de Rubén primogénito de Israel (porque él era el primogénito, mas como violó el lecho de su padre, sus derechos de primogenitura fueron dados a los hijos de José, hijo de Israel, y no fue contado por primogénito; 2 bien que Judá llegó a ser el mayor sobre sus hermanos, y el príncipe de ellos; mas el derecho de primogenitura fue de José);</i>” (1 Cró 5:1-2)<br><br><i>“Descendientes de Rubén. 5 Descendencia de Rubén, primogénito de Israel. Rubén era el primogénito, pero en la genealogía no fue reconocido como tal por haber profanado el lecho de su padre.[a] Su derecho de primogenitura pasó a los hijos de José, hijo de Israel. 2 Y aunque es verdad que Judá fue más poderoso que sus hermanos, y hasta llegó a ser su gobernante, la primogenitura pasó a José.” </i>(NVI)<br><br>Otros exégetas bíblicos, como Charles T. Fritsch[14], Umberto Cassuto[15] y Jonathan Sacks[16], han llegado a la misma conclusión que Alter.[17],[18] Ellos señalan que las equivalencias en el uso del vocabulario entre ese capítulo y el resto de esa saga es incuestionable. Sacks añade que Judá es la primera persona en pedir perdón en el libro de Génesis luego de haber sido confrontado. Uno de sus descendientes, David, haría lo mismo luego de haber sido confrontado por el profeta Natán (2 Sam 12:13). Sacks añade que esta acción (en hebreo es llamado “<i>teshuva</i>”) abre espacio para que Judá, confrontado y transformado, pueda convertirse en un intercesor más efectivo en medio de la saga de José. La Biblia dice que Judá intercede por Benjamín y por su papá ante José (Gén 44:17-34).[19]<br>&nbsp;<br>Alter, Benno Jacobs, Bruce Vawter y David Daube son solo algunos de los exégetas bíblicos que ven varios paralelismos entre el capítulo treinta y ocho (38) del primer libro de la Biblia y el resto de la saga de José. Encontramos uno de estos en el vocabulario utilizado para describir el engaño que Judá (junto a sus hermanos) orquestaron para informar a Jacob acerca de José y el que Judá sufre a manos de Tamar. En ambos, dicen estos exégetas en fechas distintas, que los que fueron engañados fueron invitados a examinar (“<i>nâkar</i>”, H5234) las evidencias. Se utiliza el mismo concepto, tanto en Génesis 37:32-33, así como en Génesis 38:25-26. Además, hay una pieza de vestir que es utilizada para esto en ambos pasajes bíblicos.[20],[21]<br><br>Los paralelismos que existen entre ese capítulo y el resto de la saga de José son impresionantes. Wildavsky dice que la ropa que Tamar utilizó era engañosa y que es por eso que Judá no la puede reconocer (Gén 38:15-16). Al mismo tiempo, la ropa que José utilizó cuando llegaron sus hermanos a Egipto era igualmente engañosa y que es por eso que ellos no lo pudieron reconocer (Gén 42:8). Él añade que Judá y sus hermanos utilizan un cabrito como parte del engaño al que sometieron a Jacob (Gén 37: 31). En el relato sobre Judá y Tamar se utiliza un cabrito como parte de la estrategia que culmina con el engaño de Judá (Gén 38:17). La saga de José dice que Jacob estaba renuente a enviar a Benjamín a Egipto por miedo a perderlo (Gén 42:3-4). Judá experimenta el mismo temor con su hijo Sela (Gén 38:11).<br><br>Hay que reconocer que Dios decide transformar a Judá para poder utilizarlo como su instrumento en los procesos para darle estructura a Su Pueblo. Tenemos que reconocer que la experiencia con Tamar fue una pieza vital en estos procesos de transformación.<br><br>Lo que hemos visto hasta aquí demuestra que existe mucha evidencia interna en los textos bíblicos que nos llevan a concluir que la historia de Judá y Tamar es parte esencial de la saga de José.<br><br>En el caso de José, tal y como hemos visto en otras reflexiones, la cárcel en la que él estaba preso se convirtió en un aula escolar. &nbsp;Allí, este tenía ante sí la oportunidad de experimentar una parte esencial de la transformación necesaria para poder ser instrumento en las manos de Dios para ser capaz de enderezar la vida de la casa de Jacob.<br><br>En virtud de que esto pudiera ser así, José necesitaba atender un reto muy particular. Leon Kass señala que José necesitaba adquirir y desarrollar herramientas para cambiar un patrón que lo había seguido toda la vida. Kass subraya que José debió ser uno más entre doce (12) hermanos, pero se convirtió en el favorito de su padre. Esto lo condujo a ser odiado por sus hermanos y lanzado a un pozo/prisión. Él puntualiza que cuando José llegó a Egipto debió ser allí uno más entre todos los esclavos, pero se convirtió en el favorito de Potifar. Esto lo condujo a ser odiado por la esposa de este y enviado a la cárcel. Kass termina diciendo que José llegó a la cárcel y debió ser allí uno más entre todos los otros presos, pero se convirtió en el favorito del capitán de la guardia. ¿Cómo terminaría su historia? ¿Qué cosas debía él aprender para lograr cambiar este patrón? ¿Qué cosas debía desaprender para cambiar este patrón?[22] Esto es lo que revela el capítulo cuarenta y uno (41) del Libro de Génesis.<br>&nbsp;<br>Podemos concluir que Judá y José transitaron por caminos paralelos, pero distintos. Ambos caminos los condujeron por procesos de transformación que fueron esenciales para que ellos fueran capaces de darle la estructura que requería la casa de Jacob. En el caso de Judá, la experiencia con Tamar, sumada a las necesidades que experimentaba la tierra en la que residía, le hizo regresar al lugar en el que vivían sus hermanos. Lo sabemos porque la Biblia presenta muchas evidencias de la presencia de Judá junto a Jacob en ese lugar cuando llegaron los siete (7) años de hambre. Hay necesidades que Dios utiliza para unir a los miembros de una familia. La capacidad de diálogo que él exhibió allí con su padre es digna de ser analizada. Esta característica predica que ese hombre había comenzado a realizar el trabajo para el que Dios lo había escogido.<br><br>En el caso de José, la temporada en la cárcel terminaría formando a un profeta. Reiniciaremos el proceso de análisis de esa temporada en nuestras próximas reflexiones. &nbsp; &nbsp; &nbsp; <br>Concluimos esta reflexión señalando que la Biblia nos permite conocer que los descendientes de Judá y de José siguieron rutas distintas siglos después de haber entrado en la tierra prometida. La tribu de Judá sería junto a la de Benjamín parte del reino de Judá (Reino del Sur). La de José y sus hijos se unirían a las tribus de sus otros hermanos para formar parte del reino de Israel (Reino del Norte).<br><br>La profecía de Ezequiel señala que vendría un día en el que ambos reinos estarían nuevamente unidos en la tierra que Dios le prometió a Abraham, a Isaac y Jacob. Dios siempre cumple sus promesas. Los procesos para la transformación que Judá y José experimentaron formaron una parte esencial para el cumplimiento de esa profecía.<br><br><br>&nbsp;<br>[1] Alter, Robert. The Art of Biblical Narrative (revised edition) New York: Basic Books, 2011, pp. 3-9.<br>[2] https://www.readersvibe.com/author/robert-alter-25617cd7df<br>[3] Un rabino judío nacido en Alemania, reconocido por sus exégesis y comentarios bíblicos. Jacob obtuvo su doctorado en semítica de la Universidad de Breslau. Su comentario del Libro de Génesis es considerado una obra monumental; https://www.sefaria.org/topics/benno-jacob?sort=Relevance<br>[4] Wildavsky, Aaron. Assimilation versus separation: Joseph the administrator and the politics of religion in biblical Israel. London: Routledge, 1993.<br>[5] Kass, Leon R. The beginning of wisdom: reading Genesis. Chicago: The University of Chicago Press, 2003, pp. 526-538.<br>[6] La versión RV 1960 lo traduce como “se fue.”<br>[7] La versión RV 1960 lo traduce como “Llevado, pues, José a…”<br>[8] https://biblehub.com/text/genesis/34-2.htm<br>[9] https://biblehub.com/text/genesis/38-2.htm<br>[10] Op. cit., pp. 528.<br>[11] Ver el verso 14 de ese capítulo.<br>[12] Jacob, Benno. The First Book of the Bible: Genesis, His commentary Abridged, editado y traducido por Ernest I. Jacob y Walter Jacob (New York: KTAV Publishing, 1974), p. 263. <br>[13] Wildavsky, Op. cit., p.39.<br>[14] Profesor en Princeton de 1937 a 1979; https://www.nli.org.il/en/a-topic/987007301442305171; https://4enoch.org/wiki5/index.php/Charles_T._Fritsch_(1912-1989),_scholar<br>[15] https://jewishvirtuallibrary.org/jsource/judaica/ejud_0002_0004_0_04039.html<br>[16] https://rabbisacks.org/life-of-rabbi-jonathan-sacks/<br>[17] Fritsch, Charles T. “God was with him: A theological Study of the Joseph Narrative,” Interpretation 9 (1955): 21-34; p. 23.<br>[18] Cassuto, Umberto (“The story of Tamar and Judah,” Biblical and Oriental Studies. (Jerusalem: Magnes Press, 1973), p. 30.<br>[19] Sacks, Jonathan. Genesis: The Book of Beginnings (Covenant &amp; Conversation 1) (pp. 313-314). Kindle Edition.<br>[20] Vawter, Bruce. On Genesis: A new reading (Graden City, New York: Doubleday, 1977). p.400.<br>[21] Daube, David. Studies in Biblical Law (Cambridge: Cambridge University Press, 1947), pp. 5-6.<br>[22] Kass, Op. cit., p. 549, nota 50.<br><br><br><br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1066 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 19 de julio del 2026</title>
						<description><![CDATA[1066 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 19 de julio del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XVII“5 Y ambos, el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban arrestados en la prisión, tuvieron un sueño, cada uno su propio sueño en una misma noche, cada uno con su propio significado. 6 Vino a ellos José por la mañana, y lo...]]></description>
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			<pubDate>Sun, 19 Jul 2026 06:00:00 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<section class="sp-section sp-scheme-0" data-index="1" data-scheme="0"><div class="sp-section-slide"  data-label="Main" ><div class="sp-section-content" ><div class="sp-grid sp-col sp-col-24"><div class="sp-block sp-text-block " data-type="text" data-id="0" style=""><div class="sp-block-content"  style=""><b>1066 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 19 de julio del 2026<br>Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XVII</b><br><br><i>“5 Y ambos, el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban arrestados en la prisión, tuvieron un sueño, cada uno su propio sueño en una misma noche, cada uno con su propio significado. 6 Vino a ellos José por la mañana, y los miró, y he aquí que estaban tristes. 7 Y él preguntó a aquellos oficiales de Faraón, que estaban con él en la prisión de la casa de su señor, diciendo: ¿Por qué parecen hoy mal vuestros semblantes? 8 Ellos le dijeron: Hemos tenido un sueño, y no hay quien lo interprete. Entonces les dijo José: ¿No son de Dios las interpretaciones? Contádmelo ahora. 9 Entonces el jefe de los coperos contó su sueño a José, y le dijo: Yo soñaba que veía una vid delante de mí, 10 y en la vid tres sarmientos; y ella como que brotaba, y arrojaba su flor, viniendo a madurar sus racimos de uvas. 11 Y que la copa de Faraón estaba en mi mano, y tomaba yo las uvas y las exprimía en la copa de Faraón, y daba yo la copa en mano de Faraón. 12 Y le dijo José: Esta es su interpretación: los tres sarmientos son tres días. 13 Al cabo de tres días levantará Faraón tu cabeza, y te restituirá a tu puesto, y darás la copa a Faraón en su mano, como solías hacerlo cuando eras su copero.” &nbsp;</i> (Gén 40:5-13, RV1960)<br><br>La empatía de José, su capacidad para servir y bendecir a aquellos que formaban parte del sistema que lo había atropellado es loable. La narrativa bíblica que describe el capítulo cuarenta (40) del Libro de Génesis señala que él era capaz de prestar atención a las expresiones de los rostros del jefe de los coperos y del jefe de los panaderos de Faraón. El verso seis (6) de ese pasaje bíblico dice que bastó que José los mirara para saber que ellos estaban tristes (“<i>zâʽaph</i>”, H2196). Este concepto hebreo puede ser traducido como estar triste, inquieto, estar melancólico en cuanto a la conexión de ideas.[1] Un ejemplo concreto de su uso lo encontramos en el primer capítulo del Libro de Daniel. Reina y Valera lo tradujeron allí como “pálido”.<br><br><i>“10 y dijo el jefe de los eunucos a Daniel: Temo a mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que él vea vuestros rostros más pálidos que los de los muchachos que son semejantes a vosotros, condenaréis para con el rey mi cabeza.”</i> (Dan 1:10, RV 1960)<br><br>Es muy interesante que alguien que sabía que había sido abusado y que había sido encarcelado sin que se le hubiera hecho un juicio, decidiera prestar atención a las necesidades de los demás; particularmente a miembros del sistema que lo mantenía como esclavo y prisionero.<br><br>Este punto ha sido analizado en algunas de nuestras reflexiones anteriores. Lo que no hemos analizado es que esa inclinación a servir pudiera ser tan espontánea, al punto de que él no necesitara que aquellos en necesidad se acercaran a buscar ayuda. En otras palabras, que José pudiera tomar la iniciativa para hacer esto con tan solo observar el rostro de aquellos a los que el Señor le había llamado a servir.<br><br>La Biblia dice que hay personas que viendo no ven y que oyendo no oyen ni entienden (Mcs 13:13). En cambio, ella dice que nuestro Señor era capaz de ver la necesidad de los demás con tan sólo mirar sus rostros. Ese es el caso de Simón Pedro luego de haber negado a Jesús (Lcs 22:61). Una mirada de nuestro Salvador fue más que suficiente para que Pedro pudiera reaccionar reconociendo lo que había hecho. Él había traicionado a nuestro Señor. Al mismo tiempo, esa mirada, de algún modo, le permitía respirar esperanza porque si esa traición había sido profetizada (Mat 26:34; Mcs 14:30; Lcs 22:61), entonces todo lo que allí ocurría continuaba bajo el control de nuestro Señor.<br><br>Pedro había experimentado la intensidad de esa misma mirada al principio de su relación con el Señor. La Biblia dice que cuando Andrés encontró a Jesús, no sólo le habló a su hermano Simón acerca de que había encontrado al Mesías, sino que lo trajo a Él. El texto bíblico dice que Jesús lo miró y lo llamó por su nombre.<br><br><i>“40 Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. 41 Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). 42 Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro).”</i> (Jn 1:40-42)<br><br>Ese es también el caso del joven rico que describe el Evangelio de Marcos. Esa narrativa dice que Jesús mirándole, le amó (Mcs 10:21). Las miradas que son provocadas por el cielo son así: están cargadas de esperanza y del amor celestial que redime y que transforma.<br><br>La Biblia nos invita a estudiar parábolas de Jesús en los que se hace énfasis en esta clase de empatía. Un ejemplo de esto lo encontramos en la parábola del buen samaritano.<br><br><i>“30 Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 31 Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. 32 Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. 33 Pero un samaritano, que iba de camino, <b>vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia</b>; 34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. 35 Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.”</i>&nbsp; (Lcs 10:30-35)<br><br>En otras palabras, el mensaje del Evangelio Jesucristo nos conmina a hacer esto.<br><br>La Biblia dice que esa clase de empatía fue imitada por los discípulos de Jesús. Tenemos un ejemplo de esto en el Libro de los Hechos, cuando Pedro y Juan se toparon con un hombre que era cojo de nacimiento.<br><br><i>“3 Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. 4 Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. 5 Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. 6 Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. 7 Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; 8 y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. 9 Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios.”</i> (Hch 3:3-9)<br><br>La invitación bíblica es a fijar nuestros ojos en aquellos que tienen necesidad y a hacerlo de tal forma que estos experimenten que los ojos de Dios están sobre ellos a través de nosotros.<br><br>Un dato maravilloso que se desprende de este análisis es que José estaba siendo retado por Dios a poner en acción una clase de empatía neotestamentaria y a hacerlo a pesar de estar preso.<br><br>Regresando a la narrativa bíblica acerca del encuentro del copero y el panadero del Faraón con José, ese pasaje dice que ellos encontraron allí a alguien que estaba dispuesto a escucharlos. La pregunta que José les hizo no se podía contestar con un sí o un no: “<i>¿Por qué parecen hoy mal vuestros semblantes?</i>” (Gén 407b). La Biblia dice que luego de formular esa pregunta, él procedió a adelantar la primacía de la soberanía de Dios. Este joven adulto los estaba invitando a hablar, a verbalizar las razones de sus preocupaciones y de sus tristezas, bajo el amparo de hacerlos conscientes que todo lo que ocurría allí dependía de la intervención divina.<br><br>La Biblia dice que ambos le contaron sus sueños a José. Ese pasaje revela que las noches de estos dos (2) oficiales de Faraón se habían convertido en una puerta para las revelaciones de Dios. Esta es una verdad gloriosa. Dios es capaz de convertir nuestras noches más oscuras en oportunidades para revelar su gloria y su voluntad.<br><br>Algunas liturgias católicas ven detrás de esto una clave anagógica, en medio de la oscuridad de la noche. A continuación, una definición del concepto anagogía:<br><br><i>“La palabra "anagogía" proviene del griego ἀναγωγία (anagogia), compuesta por ἀνά (aná), que significa "arriba", "hacia arriba", y ἀγωγία (agogia), que significa "guía" o "conducción". Por lo tanto, etimológicamente, anagogía se refiere a una "conducción hacia arriba", una elevación espiritual. Si bien el diccionario la define brevemente como el sentido místico de la Sagrada Escritura y la elevación del alma en la contemplación divina, su significado es mucho más profundo y rico en matices. La anagogía representa el nivel más alto de interpretación alegórica, trascendiendo lo literal y lo moral para alcanzar una comprensión espiritual que conecta con la realidad eterna y la bienaventuranza celestial.”</i>[2]<br><br>La anagogía es entonces ese espacio de elevación espiritual para la revelación y la contemplación de las cosas divinas. Es también el sentimiento en el que el alma se engrandece contemplando la grandeza de Dios y sus obras. La anagogía explica que la revelación, usualmente de las Sagradas Escrituras, pasa del sentido literal a un sentido espiritual, frecuentemente con el fin de dar una noción y una perspectiva de la bienaventuranza eterna, de la dirección que Dios nos quiere ofrecer.<br><br>El copero y el panadero habían experimentado cómo Dios había transformado la noche en una prisión en un escenario para darles unas revelaciones que los conminaban a prepararse para enfrentar su futuro inmediato. Ambos oficiales de la corte tenían tres (3) días para hacerlo. Uno de ellos tenía que prepararse para servir y no volver a perder la oportunidad de hacerlo bien. El otro tenía que prepararse para mudarse a la eternidad, de poner en orden su vida para el encuentro con el Creador.<br><br>La narrativa bíblica dice que el copero soñó con tres (3) sarmientos de una vid, con el fruto de esta y con la copa que él le servía a Faraón.<br><br><i>“9 Entonces el jefe de los coperos le contó su sueño. Le dijo: —En mi sueño vi una vid. 10 La vid tenía tres ramas. Vi como a las ramas les crecían flores y después se convertían en uvas. 11 Yo tenía la copa del faraón en mis manos, tomé las uvas y exprimí su jugo en la copa. Después le entregué la copa al faraón. 12 Luego José le dijo: —Esta es la interpretación del sueño: Las tres ramas son tres días. 13 En tres días el faraón te va a perdonar[a]. Te va a devolver tu empleo y tú le servirás el vino al rey tal como hacías antes, cuando eras su jefe de coperos.”</i> (Gen 40:9-13, PDT)<br><br>No queremos convertir esta reflexión en una presentación de axiomas para la interpretación de sueños. No obstante, algunos de los exégetas bíblicos que han estudiado estos textos destacan que la vid era considerada en el Medio Oriente como símbolo de vida y el número tres (3) como un símbolo de resurrección. A continuación, algunos ejemplos bíblicos acerca de esto.<br><br><i>“2 Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.” </i>&nbsp;(Ose 6:2, RV 1960)<br><br><i>“6 No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, 7 diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día.”</i> (Lcs 24:6-7)<br><br><i>“39 Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero. 40 A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase;”</i>&nbsp; (Hch 10:39-40)<br><br>Esa narrativa continúa diciendo que el panadero soñó con tres (3) canastillos que estaban sobre su cabeza, pero las aves comían del canastillo de arriba. Esto último anunciaba que tenía tres (3) días para prepararse para su mudanza a la eternidad.<br><br><i>“16 Cuando el jefe de los panaderos vio que la interpretación resultó buena, le dijo a José: —Yo también tuve un sueño: Tenía tres canastos de pan blanco sobre mi cabeza. 17 En el canasto superior había comida horneada de todo tipo para el faraón, pero los pájaros se la estaban comiendo. 18 José le respondió:—Esta es la interpretación de tu sueño: Los tres canastos son tres días. 19 En tres días el faraón te va a cortar la cabeza. Va a colgar tu cuerpo de un árbol y los pájaros se van a comer tu carne.”</i>&nbsp; (Gén 40:16-19, PDT)<br><br>Las aves comiendo sobre la cabeza del jefe de los panaderos anunciaba la sentencia de muerte. Biblia nos ofrece algunos relatos en los que podemos observar la relación entre los cuerpos muertos y las aves.<br>&nbsp; <br><i>“11 Y descendían aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, y Abram las ahuyentaba.”</i> (Gén 15:11, RV 1960)<br><br>Ambas interpretaciones emanaron de la misericordia de Dios. Tener el privilegio y la oportunidad de conocer de antemano lo que nos depara el futuro es una bendición que no muchas personas tienen. Saber que Dios nos alerta para que nos preparemos para la vida o para ir a su encuentro no es algo que puede ser tomado de manera superficial.<br><br>Insistimos que es muy interesante que ese relato bíblico esté predicado sobre la base de la modestia de José.<br><br><i>“—La interpretación de los sueños es asunto de Dios—respondió José—. Vamos, cuéntenme lo que soñaron.” </i> (Gén 40:8b, NTV)<br><br>Esa expresión revela que el chico arrogante y presumido que había salido de la casa de Jacob había desaparecido. Once (11) años sirviendo como esclavo y como prisionero en Egipto habían producido unos niveles de transformación que eran necesarios para que él pudiera ser capaz de manejar lo que venía de camino. Esto incluía la muerte de su orgullo y de su arrogancia. Esta humildad le capacitó para poder convertirse en profeta, en boca de Dios (Jer 15:19) y en instrumento capacitado por Dios para poder decir “<i>así ha dicho el Señor.</i>” Es por eso que Dios le concedió esa oportunidad. La arrogancia y el orgullo son ingredientes tóxicos para cualquier ministerio. La humildad de José le dio la capacidad para interpretar y comunicar cuál sería el futuro que enfrentarían ambos oficiales de la corte.<br><br>No olvidemos que un profeta del Señor no comunica lo que la gente quiere escuchar. Un profeta verdadero y genuino sólo puede comunicar aquello que Dios le ha revelado por su gracia. Esa es también la razón por la que la palabra que Dios le dio a José pudo ser tan precisa. Esa palabra no provenía de José; provino de Dios.<br><br>Dios había convertido al undécimo hijo de Jacob en un profeta. Recordemos lo que siglos más tarde dijo el profeta Amós:<br><br><i>“Así mismo el Señor Dios nunca hace algo sin antes anunciarlo a sus siervos los profetas.”</i>&nbsp; <br>&nbsp;(Amós 3:7, PDT)<br><br>Por último, la Biblia dice que José llegó a este escenario convencido de que el tiempo para salir de la cárcel debía estar cerca. A continuación, sus expresiones ante el mayordomo del Faraón.<br><i><br>“14 Oye, cuando estés libre, acuérdate de mí, hazme ese favor. Cuéntale al faraón sobre mí para que así yo pueda salir de esta prisión. 15 A mí me sacaron a la fuerza de la tierra de los hebreos, y no hice nada para merecer estar en este hueco.”</i> (Gén 40:14-15, PDT)<br><br>Esto ocurriría dos (2) años más tarde (Gén 41:1).<br><br>José tenía que aprovechar muy bien esa temporada. Él no sabía cuánto tiempo más estaría en esa prisión, pero algo en su corazón le decía que el mayordomo de Faraón sería instrumental en ese proceso.<br><br>Esos dos (2) años le brindarían la oportunidad de prepararse para ser capaz de realizar algo que Jonathan Sacks resume de la siguiente manera:<br><br><i>“De repente, todo cambia, total y definitivamente. A José le han pedido que interprete los sueños del faraón. Pero hace mucho más que eso. Primero, interpreta los sueños. Segundo, los relaciona con la realidad. No eran simples sueños. Trataban sobre la economía egipcia durante los próximos catorce años. Y están a punto de hacerse realidad. Tras hacer esta predicción, diagnostica el problema. El pueblo morirá de hambre durante los siete años de hambruna. A continuación, con una genialidad asombrosa, resuelve el problema. Almacenar una quinta parte de la cosecha durante los años de abundancia permitirá evitar la hambruna durante los años de escasez.”</i>[3] &nbsp;(traducción libre)<br><br>El análisis de lo que ocurre en el capítulo cuarenta y uno (41) de Génesis será el objeto de nuestra próxima reflexión.<br><br><br>&nbsp; <br>[1] Gesenius, W., &amp; Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures &nbsp;(pp. 250–251). Logos Bible Software.<br>[2] https://www.bibliatodo.com/Diccionario-biblico/anagogia<br>[3] Sacks, Jonathan. I Believe (p. 79). The Toby Press. Kindle Edition.<br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1065 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 12 de julio del 2026</title>
						<description><![CDATA[1065 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 12 de julio del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XVI“1 Aconteció después de estas cosas, que el copero del rey de Egipto y el panadero delinquieron contra su señor el rey de Egipto. 2 Y se enojó Faraón contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra el jefe de los pan...]]></description>
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			<pubDate>Sun, 12 Jul 2026 06:00:00 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<section class="sp-section sp-scheme-0" data-index="1" data-scheme="0"><div class="sp-section-slide"  data-label="Main" ><div class="sp-section-content" ><div class="sp-grid sp-col sp-col-24"><div class="sp-block sp-text-block " data-type="text" data-id="0" style=""><div class="sp-block-content"  style=""><b>1065 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 12 de julio del 2026<br>Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XVI</b><br><br><i>“1 Aconteció después de estas cosas, que el copero del rey de Egipto y el panadero delinquieron contra su señor el rey de Egipto. 2 Y se enojó Faraón contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra el jefe de los panaderos, 3 y los puso en prisión en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel donde José estaba preso. 4 Y el capitán de la guardia encargó de ellos a José, y él les servía; y estuvieron días en la prisión. 5 Y ambos, el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban arrestados en la prisión, tuvieron un sueño, cada uno su propio sueño en una misma noche, cada uno con su propio significado. 6 Vino a ellos José por la mañana, y los miró, y he aquí que estaban tristes. 7 Y él preguntó a aquellos oficiales de Faraón, que estaban con él en la prisión de la casa de su señor, diciendo: ¿Por qué parecen hoy mal vuestros semblantes? 8 Ellos le dijeron: Hemos tenido un sueño, y no hay quien lo interprete. Entonces les dijo José: ¿No son de Dios las interpretaciones? Contádmelo ahora.” &nbsp;</i> (Gén 40:1-8, RV1960)<br><br>El capítulo cuarenta (40) del libro de Génesis describe la llegada de unos oficiales (“<i>sā-rî-sāw</i>”, H5631; Gén 40:2) del Faraón a la prisión (“<i>bêṯ has-sō-har</i>”)[1] a la que enviaba aquellos que él quería privar de su libertad. Dios había permitido que José, hijo de Jacob, fuera el encargado de la administración de esa cárcel. En otras palabras, que todo lo que ocurría allí formaba parte del plan maestro de Dios para cumplir sus propósitos y las promesas hechas a Abraham, a Isaac y a Jacob. La cárcel a la que José fue enviado estaba conectada al cumplimiento de esas promesas.<br><br>Los creyentes en Cristo hemos aprendido a mirar con admiración a estos patriarcas porque es a través de estos que Dios orquestó que naciera nuestro Señor y Salvador y nuestra fe en un solo Dios. Nuestra visión de ellos y nuestra admiración como modelos de la fe y del compromiso con Dios son indiscutibles.<br><br>Más tenemos que considerar que para el pueblo judío, los patriarcas no son figuras históricas, que pertenecen al pasado. Los judíos los han hecho formar parte de su vida religiosa diaria. De hecho, hay una oración que ellos recitan tres (3) veces al día, “<i>Amidah</i>”. Esta oración, que contiene diecinueve (19) bendiciones[2], comienza así:<br><br>“<i>Bendito seas, Señor, Dios nuestro y Dios de nuestros padres, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, el Dios grande, poderoso y temible, Dios exaltado, que concedes abundante bondad, que creas todas las cosas, que recuerdas la piedad de los patriarcas y que, con amor, traes un redentor a los hijos de sus hijos, por amor de su Nombre….. Bendito eres Tú, Señor, escudo de Abraham.</i>”<br><br>En otras palabras, que los judíos que practican su fe mantienen en sus vidas a estos patriarcas constantemente.<br><br>Los cristianos sabemos que el redentor que ellos esperan es Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Los judíos se resisten a aceptar esto. El Apóstol Pablo nos dice que esto también forma parte del plan de Dios (Rom 11:7-15).<br><br>Como un dato acerca del plan maestro diseñado y orquestado por Dios, este es tan perfecto que algunos maestros como el Rabino Gunther Plaut describen que hasta existe una progresión matemática en los años de vida de esos patriarcas.<br>&nbsp;&nbsp;<ul><li>Abraham vivió 175 años (Gén 25:7): esto es 7 veces 52 (cinco multiplicado por cinco)</li><li>Isaac vivió 180 años (Gén 35:28): esto es 5 veces 62 (seis multiplicado por seis)</li><li>Jacob vivió 147 años (Gén 47:28): esto es 3 veces 72 (siete multiplicado por siete)</li></ul><br>Ahora bien, sabemos que hemos dedicado mucho tiempo al tema del dolor y del sufrimiento en el análisis de la saga de José. Es importante comprender que la estructura de este grupo de narrativas bíblicas fue construida, entre otras cosas, para comunicar el lugar objetivo y productivo que pueden y deben poseer el dolor y el sufrimiento en la vida de los fieles.<br><br>De hecho, algunos comentaristas bíblicos han destacado que la saga de José comienza advirtiendo acerca de los dolores y del sufrimiento que esa familia habría de experimentar. El punto en el pasaje bíblico al que hacen referencia es el que describe que esta saga comienza cuando Jacob se había establecido en la tierra de Canaán (Gén 37:1).<br><br><i>“37 Entonces Jacob volvió a establecerse en la tierra de Canaán, donde su padre había vivido como extranjero.”</i> (Gén 37:1, NTV)<br><br>Estos añaden que el uso del concepto que se traduce aquí como “establecerse” (“<i>way-yê-šeḇ</i>”, conjugación en tercera persona, consecutivo imperfecto del verbo hebreo “<i>yâshab</i>”, H3427) casi siempre indica que va a ocurrir algo doloroso.[3]<br>&nbsp;<br>Dentro de algunos ejemplos en los que se utiliza este concepto encontramos a Caín habitando en tierra de Nod (Gén 4:16), luego de que Dios lo marcara en la frente. Los dolores que sufre un ser humano que no quiere arrepentirse nos han seguido desde ese instante. Lo encontramos en los habitantes de la tierra estableciéndose en una llanura en la tierra de Sinar previo a la construcción de la torre de Babel (Gén 11:2). Las guerras y los conflictos provocados por la incapacidad para comunicarnos encuentran aquí su génesis. Vemos su uso con los familiares de Abram que deciden quedarse en Harán (Gén 11:31), perdiendo así la bendición de la tierra prometida. Lo encontramos en la historia que describe a Lot decidiendo habitar en las ciudades de la llanura, cerca de Sodoma. Esto último luego de haberse separado de Abram (Gén 13:12) después del lío entre los pastores de ambos. Todos conocemos el desenlace trágico de esa decisión. En el caso de Jacob, el “<i>way-yê-šeḇ</i>” que aparece en el primer verso del capítulo treinta y siete de Génesis fue seguido por el secuestro de José y de su venta como esclavo.<br><br>Debemos señalar que este dato está predicado sobre varias tesis que son esbozadas en los pasajes bíblicos que forman parte de esta saga. Una de estas es que la vida del ser humano es como una montaña rusa repleta de valles en los que se respira la calma y de picos súbitos que nos roban hasta la respiración. Otra tesis que esbozan estos pasajes bíblicos es que es un acto de necedad descansar en nuestros laureles. Mucho más cuando nuestra confianza casi siempre se inclina a convertirse en complacencia. Algunos especialistas en estos pasajes señalan que se desprende de estos que la confianza en sí misma nos inspira a seguir hacia adelante, a no detenernos hasta alcanzar una meta. En cambio, la complacencia, la pasividad, nos puede proveer la ilusión de que todo va bien, cuando en realidad lo que está ocurriendo es que no somos capaces de ver cómo se han ido desinflando nuestras habilidades para defender aquello que de verdad vale en la vida. Ese fue el caso de Jacob, de José, del jefe de los coperos y del jefe de los panaderos de Faraón.<br><br>Por un lado, tenemos que Jacob descansó en que el tiempo de ser nómada había concluido y que se había podido establecer en la tierra que habitaron Abraham e Isaac (Gén 11:31; 12:5; 13:12; 17:8; 23:2; 31:18). Él estaba en el sitio correcto, pero su visión de las promesas y de la condición de su familia no. Por otro, tenemos que José descansó en que estaba vestido con una túnica de colores y que su padre lo protegía como el preferido de toda esa familia. Él nunca consideró que los cielos se estaban nublando y que un huracán venía de camino. Al mismo tiempo, tenemos al jefe de los coperos y al de los panaderos del Faraón que descansaron en que eran oficiales de la corte imperial y que esa posición los convertía en intocables. Ellos creían que eran inalcanzables para aquellos que los rodeaban. Sin embargo, ellos no consideraron que sus problemas no surgirían de aquellos que podían estar a su derecha o a su izquierda. Sus problemas vendrían de arriba.[4]<br><br>Otra tesis que se presenta en esta saga es que los dolores y los sufrimientos pueden convertirse en herramientas pedagógicas muy poderosas cuando permitimos la intervención de Dios en nuestras vidas. Ese fue el caso de José y el caso del jefe de los coperos, el mayordomo de Faraón.<br><br>El capítulo cuarenta de Génesis dice que el mayordomo del Faraón, así como el jefe de los panaderos, habían sido enviados a la prisión porque ese rey se había enojado (“<i>qâtsaph</i>”, H7107) con ellos (Gén 40:2). Este concepto es traducido con frecuencia como ira[5],[6]: Faraón estaba airado con estos oficiales de su corte. La Biblia dice que la razón por la que el rey de Egipto estaba airado con estos funcionarios era porque ellos habían delinquido (“<i>ḥā-ṭə-’ū</i>”, H2398: Gén 40:1).<br><br>Es cierto que este concepto puede ser traducido como pecado. Sin embargo, también puede ser traducido como volverse responsable de una pena o confiscación de algo, ya sea por haber pecado o por haber cometido una falta. El uso de ese concepto implica que la persona que comete este acto se tiene que hacer responsable de la pena que se le imponga. O sea, que pone su vida en peligro y/o es responsable del castigo que va a recibir.[7]<br><br>El Diccionario de la lengua española define el verbo delinquir como cometer delito. Este recurso dice que es sinónimo de perpetrar, atentar, de emprender o ejecutar algo ilegal o ilícito, de infringir, transgredir, contravenir, violar, vulnerar, quebrantar, contravenir, transgredir, conculcar, saltarse, quebrar, atropellar y hasta robar, matar y asesinar. ¿Qué fue lo que estos oficiales hicieron? No lo sabemos. Lo único que conocemos es que el texto bíblico lo describe señalando que ellos delinquieron y que esto provocó la ira del Faraón.<br><br>Es muy interesante el dato de que el recurso académico que acabamos de utilizar como referencia académica incluye esta referencia bíblica como parte de sus explicaciones:<br><br><i>“2 Como rugido de cachorro de león es el terror del rey; El que lo enfurece peca contra sí mismo.”</i>&nbsp; (Pro 20:2, RV 1960)<br><br>Un mensaje implícito detrás de todo esto es que el copero ni el panadero podían siquiera intuir que Dios estaría utilizando los resultados de sus acciones. Ellos, en el ejercicio de su libre voluntad, habían desarrollado unas conductas que el Faraón encontró que eran delictivas. Dios no era el responsable de que ellos provocaran la ira de Faraón. Sin embargo, el Todopoderoso no dejaría de utilizar los resultados de todo esto para bendecir a José. Este es un principio bíblico muy poderoso:<br><i><br>“Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos.”</i> (Rom 8:28, NTV)<br><br>La narrativa bíblica que aparece en el epígrafe de esta reflexión señala que el Faraón puso bajo custodia (“<i>mishmâr</i>”, H4929) a estos oficiales. Así lo traducen algunas versiones bíblicas (PDT). El texto bíblico añade que ellos fueron enviados a la casa en la que vivía el capitán de la guardia, residencia que se encontraba en la cárcel en la que estaba José.<br><br>Un dato muy interesante es que todos los caminos conducen a aceptar que Potifar era el jefe de esa cárcel. Consideremos que la Biblia lo identifica como el capitán de la guardia y oficial de Faraón.<br><br>“<i>1 Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá.</i>” (Gén 39:1).<br><br>Añadimos a esto que el mayordomo de Faraón identificó a José como el esclavo del capitán de la guardia.<br><br><i>“9 Entonces el jefe de los coperos habló a Faraón, diciendo: Me acuerdo hoy de mis faltas. 10 Cuando Faraón se enojó contra sus siervos, nos echó a la prisión de la casa del capitán de la guardia a mí y al jefe de los panaderos. 11 Y él y yo tuvimos un sueño en la misma noche, y cada sueño tenía su propio significado. 12 Estaba allí con nosotros un joven hebreo, siervo del capitán de la guardia; y se lo contamos, y él nos interpretó nuestros sueños, y declaró a cada uno conforme a su sueño.”</i>&nbsp; (Gén 41:9-12, RV 1960)<br>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;<br>Esto puede explicar por qué es que José puede ser encarcelado en una prisión tan especial como esa: el “<i>bêṯ has-sō-har</i>”, la cárcel en la que estaban los presos del rey. Esta aseveración también abre las puertas para poder afirmar que José no se había podido desembarazar de Potifar. Este continuaba siendo una variable permanente en las ecuaciones de la vida de José, una pieza constante en el tablero de ajedrez que este joven tenía que manejar.<br><br>La vida nos sorprende con problemas así; que no desaparecen, que siempre están presentes. La buena noticia que nos comunica la saga de José es que, aunque Potifar no desapareció, Dios le concedió a José la oportunidad para destronarlo como su amo, como su jefe y como su señor. Veamos esto en detalle. José fue elevado a la posición de segundo al mando en el imperio egipcio. En otras palabras, que él se convirtió en jefe de Potifar. Potifar no había desaparecido de la vida de José, pero ya no era su amo, no era su jefe, ni su señor. Potifar ya no lo podía dominar, porque Dios había colocado a José sobre él.<br><br>Una nota acerca del sentido del humor de Dios nos lleva a considerar un dato que hemos analizado en otras reflexiones. El nombre Potifar es la abreviación de Potifera.[8] Este dato puede ser irónico porque la Biblia dice que ese es el nombre del suegro de José.<br><br><i>“45 Y llamó Faraón el nombre de José, Zafnat-panea; y le dio por mujer a Asenat, hija de Potifera sacerdote de On. Y salió José por toda la tierra de Egipto.”</i><br><br>Dicho de otra forma, que Potifar continuó siendo una pieza en el rompecabezas de la vida de José.<br><br>Repetimos: los creyentes en Cristo enfrentamos situaciones parecidas a esta. Se trata de problemas, situaciones, necesidades y otra clase de escenarios en la vida que parecen no tener fin. Son escenarios que nos acompañan durante toda la vida. La realidad es que tenemos que admitir que Dios los permite y no quiere que vivamos sin ellos.<br><br>Esta realidad es cónsona con lo que expresa el Apóstol Pablo cuando dice lo siguiente:<br><br><i>“7 Para evitar que me volviera presumido por estas sublimes revelaciones, una espina me fue clavada en el cuerpo, es decir, un mensajero de Satanás, para que me atormentara. 8 Tres veces rogué al Señor que me la quitara; 9 pero él me dijo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad». Por lo tanto, gustosamente presumiré más bien de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo. 10 Por eso me regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo; porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte.”</i> (2 Cor 12:7-10, NVI)<br><br>La versión bíblica Palabra de Dios para Todos indica que Pablo estaba consciente de que había sido Dios el que envió esto.<br><br><i>“7 No quiero que su opinión sobre mí se vea influenciada por las extraordinarias revelaciones que recibí del Señor. Por eso el Señor me dio una dolencia: un mensajero de Satanás, enviado a torturarme para que no me vuelva demasiado orgulloso. 8 Le he rogado ya tres veces al Señor que me quite esa dolencia. 9 Pero el Señor me dijo: «Mi bondad es todo lo que necesitas, porque cuando eres débil, mi poder se hace más fuerte en ti». Por eso me alegra presumir de mi debilidad, así el poder de Cristo vivirá en mí. 10 También me alegro de las debilidades, insultos, penas y persecuciones que sufro por Cristo, porque cuando me siento débil, es cuando en realidad soy fuerte.”</i> (PDT)<br><br>El mensaje es el mismo, tanto en el caso de Pablo, como en el de José. La clave hermenéutica de este posee dos (2) axiomas fundamentales. Uno de estos es reconocer que es Dios el que ha permitido que todo esto sea así: reconocer la soberanía de Dios. El segundo, que nosotros podemos decidir que Potifar ni el aguijón nos van a controlar. Ambos pueden y deben ser colocados en una posición en la que no puedan ejercer su señorío sobre nosotros. Están ahí: nadie lo puede dudar, pero no nos controlan. Estas cosas ya no nos esclavizan, no nos tienen en sujeción, no son nuestros amos, no son nuestros dueños, ni nuestros señores.<br><br>Hay que destacar que José no podía darse el lujo de entretenerse con un aguijón llamado Potifar. En primer lugar, porque él no sabía cuánto tiempo más estaría en esa cárcel, ni cómo terminaría su historia. Entretenerse con Potifar le habría robado la libertad y la paz mental para aprovechar la cárcel. Sí, usted leyó bien: tenemos que aprovechar nuestras cárceles. En segundo lugar, porque él había experimentado la intervención de Dios extendiéndole su misericordia y esto tenía que haberlo movido a creer que esa cárcel tenía algún propósito.<br><br>Esto último puede ser validado en algunas de las expresiones que él le comparte al jefe de los coperos del rey.<br><br><i>“14 Oye, cuando estés libre, acuérdate de mí, hazme ese favor. Cuéntale al faraón sobre mí para que así yo pueda salir de esta prisión. 15 A mí me sacaron a la fuerza de la tierra de los hebreos, y no hice nada para merecer estar en este hueco.”</i> (Gén 40:14-15, PDT)<br><br>José ya estaba consciente de que el tiempo en la cárcel tenía que terminar. José sabía que él no pertenecía a ese lugar. Potifar podría estar ahí, pero la cárcel tendría que desaparecer.<br><br>Antes de esto, José tenía que servir como profeta del Señor en Egipto. Para esto, él tenía que ser capaz de comenzar este ministerio comunicando el mensaje del Señor a dos (2) personas que no compartían su fe.<br><br><br><br>[1] Conjugación de “bayith sôhar” (H1004-H5470). Este concepto es con toda probabilidad de origen egipcio. Ver Sarna, Nahum M.. Understanding Genesis (The Heritage of Biblical Israel) (p. 213). The Jewish Theological Seminary of America. Kindle Edition.<br>[2] https://voices.sefaria.org/sheets/7166.3?lang=bi<br>[3] Este comentario fue escrito en el Talmud Babilónico por un Rabino llamado Yohanan; (B. Sanhedrín 106a).<br>[4] Garfinkel, Rabbi Eli L.. The JPS Jewish Heritage Torah Commentary (JPS Study Bible) (pp. 60-61). The Jewish Publication Society. Kindle Edition.<br>[5] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., &amp; Briggs, C. A. (Charles A. (1906). En The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Houghton, Mifflin and Company.<br>[6] Gesenius, W., &amp; Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 738). Logos Bible Software<br>[7] Gesenius, W., &amp; Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 271). Logos Bible Software.<br>[8] Gesenius, W., &amp; Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 668). Logos Bible Software.<br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1064 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 5 de julio del 2026</title>
						<description><![CDATA[1064 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 5 de julio del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XV“1 Aconteció después de estas cosas, que el copero del rey de Egipto y el panadero delinquieron contra su señor el rey de Egipto. 2 Y se enojó Faraón contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra el jefe de los panad...]]></description>
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			<pubDate>Sun, 05 Jul 2026 06:00:00 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<section class="sp-section sp-scheme-0" data-index="1" data-scheme="0"><div class="sp-section-slide"  data-label="Main" ><div class="sp-section-content" ><div class="sp-grid sp-col sp-col-24"><div class="sp-block sp-text-block " data-type="text" data-id="0" style=""><div class="sp-block-content"  style=""><b>1064 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 5 de julio del 2026<br>Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XV</b><br><br><i>“1 Aconteció después de estas cosas, que el copero del rey de Egipto y el panadero delinquieron contra su señor el rey de Egipto. 2 Y se enojó Faraón contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra el jefe de los panaderos, 3 y los puso en prisión en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel donde José estaba preso. 4 Y el capitán de la guardia encargó de ellos a José, y él les servía; y estuvieron días en la prisión. 5 Y ambos, el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban arrestados en la prisión, tuvieron un sueño, cada uno su propio sueño en una misma noche, cada uno con su propio significado. 6 Vino a ellos José por la mañana, y los miró, y he aquí que estaban tristes. 7 Y él preguntó a aquellos oficiales de Faraón, que estaban con él en la prisión de la casa de su señor, diciendo: ¿Por qué parecen hoy mal vuestros semblantes? 8 Ellos le dijeron: Hemos tenido un sueño, y no hay quien lo interprete. Entonces les dijo José: ¿No son de Dios las interpretaciones? Contádmelo ahora.”</i>&nbsp; (Gén 40:1-8, RV1960)<br><br>La reflexión anterior nos permitió comenzar a explorar los testimonios y los resultados de los procesos transformativos por los que atravesó José mientras se encontraba en la cárcel en donde estaban los presos del rey. Esto último, partiendo de la narrativa bíblica que describe la llegada a esa prisión del jefe de los coperos y el jefe de los panaderos del rey de Egipto. A continuación, algunos de los datos más relevantes acerca de esto que fueron analizados allí:<br><br>Repaso de datos bíblicos:<br><br><ul><li>José tenía veintiocho (28 años) cuando los oficiales (Gén 40:7) fueron enviados a esa cárcel.</li><li>tenía diecisiete (17) años cuando fue enviado a Egipto (Gen 37:3).</li><li>tenía treinta (30) años cuando fue elevado a la segunda posición del imperio (Gén 41:46).</li><li>el sueño de Faraón ocurre dos (2) años después de la restitución del copero y de la ejecución del panadero (Gén 41:1)</li></ul><br>Repaso de las áreas de aprendizaje:<br><br>José necesitó aprender a ser sensible al amor transformador de Dios. Sabemos que ese amor nos permite ser sensibles a las respuestas de Dios y nos capacita para continuar operando y sirviendo como instrumentos en las manos del Señor. Repetimos que el amor del Señor nos ayuda a mantenernos enfocados en el desarrollo y el fortalecimiento de los dones, en el fruto que tenemos que producir y en las habilidades que nos han sido concedidas desde el cielo. José necesitaba aprender esto.<br><br>José necesitó aprender a ser paciente. Esa paciencia lo capacitó para saber esperar dos (2) años para que el copero se acordara de él. Nosotros tenemos la ventaja de que conocemos cuánto tiempo él tuvo que esperar antes de ser sacado de esa prisión. Él no conocía ese dato.<br><br>Años más tarde, el desarrollo de esa paciencia sería instrumental para su vida. No obviemos que José pudo haber enviado a investigar la tierra en la que vivía su padre. El poder que él tenía en Egipto facilitaría estas gestiones para saber cómo estaba su familia, sus hermanos, incluyendo a Benjamín y su padre. Sin embargo, la Biblia no dice que lo hizo. La paciencia desarrollada le condujo a esperar para que las cosas ocurrieran en el tiempo de Dios.<br><br>Es muy probable que él llegara a esta conclusión después de haber vivido el desarrollo de todos los eventos que tuvieron que ocurrir para la reconciliación con su familia. La Biblia señala que esto ocurrió cuando faltaban cinco (5) años de hambre en el imperio (Gén 45:11). O sea, cuando José tenía cerca de treinta y nueve 39 años.[1]<br>&nbsp;<br>No olvidemos que la Biblia dice que estas narrativas bíblicas fueron escritas para nuestra enseñanza y para que tengamos esperanza. Ella añade que esa esperanza viene por la paciencia y el ánimo que nos dan la Sagradas Escrituras (Rom 15:4, PDT)<br><br>Al mismo tiempo, José tuvo que aprender a desarrollar otros niveles de templanza y de benevolencia. Sabemos esto porque la cárcel fue el escenario ideal para que él pudiera desarrollar empatía con las necesidades de los oficiales del Faraón; oficiales que pertenecían al sistema que lo había esclavizado y retenido como prisionero.<br><br>Así como él tuvo que decidir que no permitiría que la cárcel le robara su identidad como hijo de la promesa (Gén 40:14-15), así también tuvo que aprender a ser un siervo humilde, más dependiente de Dios. La frase: “<i>Sólo Dios puede interpretar los sueños</i>” (Gén 40:8b), es un buen ejemplo de esto.<br><br>Algunas destrezas que se quedaron en el tintero incluyen la perseverancia y el compromiso con el servicio al Señor. Consideremos que José pudo haberse negado a utilizar el don que Dios le había concedido para interpretar sueños. No olvidemos que el tema de los sueños fue parte esencial de lo que provocó que él fuera vendido como esclavo y que estuviera preso en una cárcel en Egipto.<br><br>Son muchas las ocasiones en las que Dios nos coloca en posiciones similares a esta; vernos ante el reto de tener que servir a aquellos que nos han tratado mal. La Biblia dice que Cristo señaló el camino que tenemos que seguir cuando algo así ocurre.<br><br><i>“39 Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40 y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; 41 y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, vé con él dos. 42 Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. 43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”</i>&nbsp; (Mat 5:39-48, RV 1960)<br><br>El proverbista y el Apóstol Pablo subrayaron estas instrucciones cuando escribieron lo siguiente:<br><br><i>“21 Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, Y si tuviere sed, dale de beber agua; 22 Porque ascuas amontonarás sobre su cabeza, Y Jehová te lo pagará.”</i> (Pro 25:21-22)<br><br><i>“19 No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. 20 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. 21 No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.”</i> (Rom 12:19-21)<br><br>No cabe duda de que José estaba siendo dirigido por el Espíritu Santo. Esta es la única forma de explicar que su comportamiento fuera similar a lo que siglos más tarde sería la instrucción bíblica, cristiana y celestial.<br><br>Repetimos: José decidió en esa cárcel que tenía que continuar utilizando las herramientas que él había recibido de parte del Señor. Esto, sin importar que el uso de estas representara ser un instrumento de bendición para oficiales del imperio que lo retenía como un esclavo y que lo había enviado injustamente a esa prisión. Esto responde a la perseverancia en el uso de los talentos que Dios le había concedido y el compromiso que él tenía con Dios de mantenerse utilizándolos para el servicio de los propósitos del Eterno.<br><br>¿Qué sabía él acerca de los designios que Dios había diseñado para su vida? La respuesta es una sola: él lo desconocía. Es muy probable que el único mensaje de fe que le sostenía en esa prisión era poder recordar las historias familiares acerca de las promesas que Dios le había hecho a su bisabuelo Abraham, a su abuelo Isaac y a su padre Jacob. Dicho de otra manera, la Palabra de Dios hablada a esos patriarcas era la única línea de esperanza que lo podía sostener. En otras palabras, José estaba preso, pero la palabra que había salido de la boca del Todopoderoso nunca está presa.<br><br>Siglos más tarde, un profeta inspirado por el Espíritu Santo escribió unas palabras que le dan estructura a esto que hemos planteado aquí.<br><br><i>“6 Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. 7 Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. 8 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. 10 Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, 11 así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié. 12 Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso. 13 En lugar de la zarza crecerá ciprés, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán; y será a Jehová por nombre, por señal eterna que nunca será raída.”</i> (Isa 55:6-11)<br><br>La palabra que sale de la boca del Señor, la palabra que sale de los labios de nuestro Dios,<br>&nbsp;no vuelve a Él sin producir efecto, sino que hace lo que Él quiere y cumple la orden que Él le da (DHH).<br><br>Estos datos, sin duda alguna, colocan a José como un modelo para la juventud de todas las generaciones. Tenemos que reconocer que las prisiones que experimentan nuestros jóvenes en la posmodernidad son inhumanas. Ellos están atrapados en el aislamiento que ha diseñado el mundo cibernético. Un dato que complica esta situación es que ellos han encontrado otras prisiones dentro de esa cárcel. La soledad, el abandono, las depresiones contantes y el rechazo de sus pares son solo algunas de estas. Hay que añadir a estas prisiones que a muchos de ellos les ha tocado aprender a vivir sin la presencia permanente de una figura paternal. Es una realidad fáctica que muchos de ellos han sido abandonados por sus padres. Recordemos que la familia tradicional de la posmodernidad es monoparental. La mayoría de las familias en este tiempo son dirigidas por una madre que cría sola.<br><br>Como si esto fuera poco, esas cárceles incluyen amenazas de adentro y de afuera de sus entornos. Por un lado, la inestabilidad emocional y espiritual producida por relaciones intrafamiliares discordantes. Por el otro, las amenazas a la salud física, mental y social que generan las sustancias controladas, la exposición a la violencia constante, algunas plataformas cibernéticas y las estratagemas orquestadas por las agendas de los principados y las potestades de las tinieblas. Recordemos que esas potestades y principados tienen como agenda matar, robar y destruir. En cambio, Cristo vino para dar vida y vida en abundancia (Jn 10:10).<br><br>A menudo, esas prisiones se convierten en escenarios impactantes en los que se puede perder la capacidad para poder ser sensibles al amor transformador de Dios. Allí se puede perder la capacidad para poder escuchar las respuestas que Dios está constantemente ofreciendo a las oraciones que hacemos. Esta es una de las razones por las que C.S Lewis señalaba que Dios susurra en nuestros oídos en los escenarios en los que hay calma, pero que tiene que gritar cuando estamos en medio de una tormenta.<br><br>La Biblia dice que Dios decidió encarnarse como Verbo, como palabra de acción. O sea, que Él siempre está procurando comunicarse con nosotros.<br><br>Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) decía que los talentos se afinan y se nutren en la calma. En cambio, el carácter se construye en la tormenta.[2] A continuación, otras traducciones de esta frase que fue escrita en alemán:<br>&nbsp;&nbsp;<ul><li>«El talento se forja en la tranquilidad, el carácter en la vorágine de la vida.» [trad. Hamburger (siglo XX)]</li><li>«El talento se desarrolla en la calma, el carácter en el torbellino de la vida.»</li><li>Los talentos se cultivan mejor en la soledad; el carácter se forja mejor en las tempestuosas olas del mundo.</li><li>«El genio se forja en la quietud, el carácter en el fluir de la vida.»</li></ul><br>Dios permitió que José fuera a la prisión para formar su carácter. El undécimo hijo de Jacob necesitaba desarrollar el carácter necesario para poder ser útil en las manos de Aquél que lo había escogido para su obra.<br><br>Añadimos a todo lo antes dicho que esas prisiones procuran quitar el deseo de los jóvenes, así como el de cualquier creyente en Cristo, de continuar sirviendo como instrumentos en las manos del Señor. Esas prisiones producen amenazas constantes a sus capacidades para mantenerse enfocados en el desarrollo y el fortalecimiento de los dones y en las habilidades que el Señor les ha concedido.<br><br>Esas prisiones también procuran minar el desarrollo del fruto del Espíritu en sus vidas (Gál 5:22-25). Esta es una de las razones por las que muchos de ellos suelen ser mucho más impacientes que antes. Así también los podemos observar luchando para poder mantener aquello que Pablo describe como “<i>cosas contra las que no hay ley</i>” (Gal 5:23b): el amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza.<br><br>Un área que no podemos pasar por alto es la amenaza a la identidad que cada uno de ellos posee en Cristo. Esas prisiones procuran que los jóvenes se vean tentados a negociar su identidad sexual, su identidad como hijos del Señor, su identidad en el Cuerpo de Cristo y su identidad en el corazón del Padre Celestial. Afirmamos que los creyentes en Cristo somos mucho más que hijos de la promesa. La Biblia dice que los creyentes en Cristo somos hijos de Dios (Jn 1:12). El Apóstol Pablo hace otra descripción de esa identidad cuando dice lo siguiente en su Primera carta los Corintios:<br><br><i>“Ahora mi conocimiento es parcial, pero luego mi conocimiento será completo. Conoceré a Dios tal como él me conoce a mí.”</i> (1 Cor 13:12c, PDT)<br><br>¡Dios nos conoce! Produce mucho gozo saber que somos conocidos por Dios como hijos y como producto terminado.<br><br>Por último, esas prisiones también procuran que los creyentes en Cristo se rebelen contra el plan eterno, que pierdan la humildad y que no puedan aprender a ser cada vez más dependientes del Señor. En ocasiones, esto los conduce a no poder ver muchas de las oportunidades que el Señor les está ofreciendo para capacitarles de modo que puedan operar satisfactoriamente en los ambientes a los que serán enviados a servir.<br><br>La buena noticia es que la revelación de Dios para José se queda corta ante la revelación que el Todopoderoso nos ha dado en Cristo Jesús nuestro Señor y nuestro Salvador. Nosotros contamos con la presencia constante del Espíritu Santo para revelarnos todo lo que Cristo es y todo lo que dijo. Además, esa presencia no solo está alrededor de aquellos que creen. La Biblia dice que los que creen en Cristo poseen esa presencia en su corazón y experimentan ríos de agua viva fluyendo de su interior (Jn 7:38). José no gozó de esa experiencia.<br><br>Es cierto que todo esto ocurre mientras enfrentamos procesos de angustia. La buena noticia es que Dios conoce esos procesos muy bien. A todas luces el salmista parece haberse adelantado a su época cuando escribió lo siguiente:<br><br><i>“7 Me gozaré y alegraré en tu misericordia, Porque has visto mi aflicción; Has conocido mi alma en las angustias. 8 No me entregaste en mano del enemigo; Pusiste mis pies en lugar espacioso.”</i> (Sal 31:7-8)<br><br>¡Alabado sea el Señor! Él nos conoce en nuestras angustias.<br><br>No podemos concluir esta reflexión sin subrayar que la promesa que Dios le hizo a Jacob estaba en juego en esa prisión.<br><br><i>“13 Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. 14 Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. 15 He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. 16 Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía.”</i> (Gén 28:13-16)<br><br>José no lo sabía, pero él estaba siendo capacitado para recibir su tercer ropaje particular. Él perdió el primero, la túnica de colores, a manos de la violencia intrafamiliar. Esta túnica fue utilizada para engañar a Jacob. Él dejó el segundo, lo perdió a manos de la violencia sexual. Ese ropaje fue utilizado para engañar a Potifar. Dios lo estaba preparando para recibir un ropaje real (Gén 41:41-45) que nadie le quitaría jamás. José sería nombrado “<i>mishneh leMelekh</i>” (segundo del rey)[3] y sólo una persona sería más grande que él: el Faraón.<br><br>Cualquier parecido con la bendición que nos aguarda como creyentes en Cristo no es una casualidad. Nosotros aguardamos el día en que seremos vestidos de ropas celestiales. Hay Uno que será por siempre más grande que nosotros.<br><br><i>“8 Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir. 9 Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, 10 los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: 11 Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.” </i>(Apoc 4:8-11)<br><br>La familia de Jacob se estaba tambaleando y Dios había reclutado un joven para afirmarla y<br>enderezar su rumbo. Esa prisión formaba parte de los procesos de capacitación para esa tarea. Egipto estaba en peligro de muerte, pero Dios había reclutado un joven para salvar ese imperio. La prisión era el salón escolar en el que estaba siendo preparado para esto.<br><br><br>&nbsp; <br>[1] Treinta (30) años cuando fue ascendido, más siete (7) años de abundancia, y dos (2) años de escasez. <br>[2] Torquato Tasso, Act 1, sc. 2, ll. 304-305 [Leonora] (1790) [traducido por Ryder (1993)]<br>[3] Sacks, Jonathan. Genesis: The Book of Beginnings (Covenant &amp; Conversation 1) (p. 314). Kindle Edition.<br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1063 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 28 de junio del 2026</title>
						<description><![CDATA[1063 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 28 de junio del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XIV“1 Aconteció después de estas cosas, que el copero del rey de Egipto y el panadero delinquieron contra su señor el rey de Egipto. 2 Y se enojó Faraón contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra el jefe de los pan...]]></description>
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			<pubDate>Sun, 28 Jun 2026 06:00:00 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<section class="sp-section sp-scheme-0" data-index="1" data-scheme="0"><div class="sp-section-slide"  data-label="Main" ><div class="sp-section-content" ><div class="sp-grid sp-col sp-col-24"><div class="sp-block sp-text-block " data-type="text" data-id="0" style=""><div class="sp-block-content"  style=""><b>1063 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 28 de junio del 2026<br>Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XIV</b><br><br><i>“1 Aconteció después de estas cosas, que el copero del rey de Egipto y el panadero delinquieron contra su señor el rey de Egipto. 2 Y se enojó Faraón contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra el jefe de los panaderos, 3 y los puso en prisión en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel donde José estaba preso. 4 Y el capitán de la guardia encargó de ellos a José, y él les servía; y estuvieron días en la prisión. 5 Y ambos, el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban arrestados en la prisión, tuvieron un sueño, cada uno su propio sueño en una misma noche, cada uno con su propio significado. 6 Vino a ellos José por la mañana, y los miró, y he aquí que estaban tristes. 7 Y él preguntó a aquellos oficiales de Faraón, que estaban con él en la prisión de la casa de su señor, diciendo: ¿Por qué parecen hoy mal vuestros semblantes? 8 Ellos le dijeron: Hemos tenido un sueño, y no hay quien lo interprete. Entonces les dijo José: ¿No son de Dios las interpretaciones? Contádmelo ahora.”</i>&nbsp; (Gén 40:1-8, RV1960)<br><br>La reflexión anterior fue dedicada al análisis de los procesos reflexivos por los que José debió haber atravesado mientras estaba en la cárcel. En esa reflexión consideramos que José debió haber repasado lo siguiente:<br><br><ul><li>la presencia evidente de Dios sobre su vida y sobre ese lugar.</li><li>su historia: acompasado por las tradiciones orales milenarias que acompañan al pueblo de Israel desde la época de sus patriarcas.</li><li>el desarrollo y la transformación de su vida de oración.</li><li>cómo aprender a manejar sus pensamientos con mucha prudencia bajo la dirección de Dios.</li></ul><br>A manera de repaso, las expresiones bíblicas que aparecen en el capítulo treinta y nueve (39) del libro de Génesis nos permiten conocer que la presencia de Dios en ese lugar era de una magnitud pocas veces experimentada.<br><br><i>“21 Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel. 22 Y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión; todo lo que se hacía allí, él lo hacía. 23 No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba.”&nbsp;</i> (Gén 39:21-23, RV1960)<br><br>Ese pasaje dice que el Señor le extendió (“<i>nâṭâh</i>”, H5186) su misericordia a José. Este es el mismo concepto que utiliza el salmista para decirnos que Dios se inclinó para escuchar su clamor.<br><br><i>“1 Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó (“nâṭâh”, H5186) a mí, y oyó mi clamor.”</i> (Sal 40:1)<br><br>O sea que José estaba ante la audiencia del Uno, de Aquél que todo lo llena en todos (Efe 1:23) y que este estaba inclinado atendiendo el ruego y la situación por la que atravesaba su hijo.<br><br>Además, sabemos que ese pasaje bíblico del Libro de Génesis continúa diciendo que el Señor estaba con José. Esta es la segunda ocasión en la que se utiliza esta frase en los últimos tres (3) versos de ese capítulo. Vimos en reflexiones anteriores que lo que hace interesante esta aparente “repetición” es que la segunda ocasión en la que aparece el verbo “estar” en esos versos es a causa de la traducción que hicieron Reina y Valera de otro concepto hebreo que se puede traducir así. Se trata del verbo “ʼ<i>êth</i>” (H854), conjugado en esa narrativa como “’<i>it-tōw</i>.”[1] &nbsp;<br><br>Nota editorial:<br><br>Sabemos que aquellos que no han tenido la oportunidad de estudiar el hebreo que se utiliza en el Antiguo Testamento deben sentir curiosidad al ver conjugaciones de verbos que no se parecen a ese verbo en tiempo presente. Aprovechamos la oportunidad para señalar que esto ocurre en todos los idiomas. Presentamos un ejemplo en el idioma español; las conjugaciones del verbo “ser.” Sus conjugaciones no se parecen en nada a este. Veamos:<br><br>Presente indicativo<br>&nbsp;&nbsp;<ul><li>Yo soy &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;- &nbsp; &nbsp;Tú eres&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;- &nbsp; &nbsp; Él es &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</li><li>Nosotros somos &nbsp; &nbsp; &nbsp;- &nbsp; &nbsp;Ustedes son &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;- &nbsp; &nbsp; Ellos son</li></ul>&nbsp;<br>Pretérito perfecto simple<br>&nbsp;&nbsp;<ul><li>Yo fui &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; - &nbsp; &nbsp;Tú fuiste &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;- &nbsp; &nbsp;Él fue</li><li>Nosotros fuimos &nbsp; &nbsp; - &nbsp; &nbsp;Ustedes fueron &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;- &nbsp; &nbsp;Ellos fueron</li></ul><br>Regresemos al análisis del verbo hebreo que se traduce en el verso veinte y tres (23) como “estaba.” Los recursos académicos consultados revelan que este verbo denota proximidad y compañía y que se trata de que esa compañía ha llegado con el propósito de ayudar.[2] Podemos encontrar un ejemplo excepcional de su uso en el verso 29 del capítulo 30 del Libro de Génesis. Ese verso bíblico nos permite conocer la relación que Jacob tenía con el ganado de Labán.<br><br><i>“29 Y él respondió: Tú sabes cómo te he servido, y cómo <b>ha estado</b> tu ganado conmigo.”</i> (Gén 30:29)<br><br>Esa expresión dice que Jacob estaba haciendo algo más que estar cerca del ganado de Labán. Jacob lo estaba atendiendo, estaba a cargo del cuidado y la protección de estos animales. Estos datos nos permiten afirmar que el Señor estaba con José y que había descendido a esa prisión, no solo para estar cerca, sino para ayudarlo.<br><br>Creemos que estos datos son esenciales para poder comprender el génesis y la naturaleza de los procesos de transformación que José experimentó en esa cárcel.<br><br>Ahora bien, el capítulo cuarenta (40) nos inserta en los destellos y los testimonios que produjeron esos procesos transformativos.<br><br>Es muy importante que comencemos este análisis adquiriendo una noción correcta del tiempo transcurrido entre la llegada de José a esa prisión y la llegada de estos oficiales a ese lugar que pertenecía al sistema de justicia del rey de Egipto.<br><br>En primer lugar, sabemos que José fue vendido como esclavo a Potifar cuando este joven tenía diecisiete (17) años.<br><br><i>“2 Esta es la historia de la familia de Jacob: José, siendo de edad de diecisiete años, apacentaba las ovejas con sus hermanos; y el joven estaba con los hijos de Bilha y con los hijos de Zilpa, mujeres de su padre; e informaba José a su padre la mala fama de ellos.”</i> (Gén 37:2)<br><br>También sabemos que José tenía treinta (30) años cuando fue elevado a la posición de segundo al mando en el imperio egipcio.<br><br><i>“46 Era José de edad de treinta años cuando fue presentado delante de Faraón rey de Egipto; y salió José de delante de Faraón, y recorrió toda la tierra de Egipto.”</i> (Gén 41:46)<br><br>Al mismo tiempo, la Biblia nos permite conocer el período de tiempo que transcurrió entre la historia que se narra en el capítulo cuarenta (40) del Génesis y la que describe lo que le sucedió a Faraón con un sueño en el capítulo cuarenta y uno (41) del mismo libro. No olvidemos que la Biblia dice que el copero y el panadero del Faraón fueron enviados a esa cárcel por ese rey.<br><br><i>“1 Aconteció después de estas cosas, que el copero del rey de Egipto y el panadero delinquieron contra su señor el rey de Egipto. 2 Y se enojó Faraón contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra el jefe de los panaderos, 3 y los puso en prisión en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel donde José estaba preso.”</i> (Gén 40:1-3)<br><br>Es cierto que la Biblia añade que esos oficiales estuvieron muchos días en la cárcel (Gén 40:4), pero también dice que su salida de esta ocurrió tres (3) días después de haber recibido sus respectivos sueños.<br><br><i>“20 Al tercer día, que era el día del cumpleaños de Faraón, el rey hizo banquete a todos sus sirvientes; y alzó la cabeza del jefe de los coperos, y la cabeza del jefe de los panaderos, entre sus servidores. 21 E hizo volver a su oficio al jefe de los coperos, y dio éste la copa en mano de Faraón. 22 Mas hizo ahorcar al jefe de los panaderos, como lo había interpretado José. 23 Y el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó.”&nbsp;</i> (Gén 40:20-23)<br><br>Luego, el registro bíblico señala que el sueño que tuvo Faraón ocurrió dos (2) años después del evento entre José, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos del rey de Egipto.<br>&nbsp;<br><i>“1 Aconteció que pasados dos años tuvo Faraón un sueño. Le parecía que estaba junto al río;”</i> (Gén 41:1)<br><br>En otras palabras, que estos pasajes bíblicos señalan que transcurrieron dos (2) años desde que el copero rey fue reinstalado en su puesto como jefe de los coperos del Faraón y que el panadero fuera ejecutado. Conociendo que José fue llamado a presentarse ante el Faraón cuando tenía treinta (30) años, entonces podemos concluir que José tenía veintiocho (28) años cuando el copero y el panadero fueron enviados a esa prisión. O sea, que hay cerca de once años (11) de la vida de este joven que fueron vividos entre la casa de Potifar y esa cárcel. Dicho de otra forma, José llevaba varios años privado de su libertad, aun cuando era inocente.<br><br>Cuando T.M. Constance aborda el análisis de este pasaje bíblico, ella señala con mucha precisión que este incidente en la vida de José constituyó un eslabón importante en la cadena de circunstancias que lo llevaron ante el Faraón.[3] Estamos convencidos de que Dios utilizó esta experiencia para concederle a José la oportunidad de comenzar a relacionarse con funcionarios de palacio del más alto nivel.<br><br>Por un lado, José estaba frente a la oportunidad de interactuar con el copero del rey. Ser el jefe de los coperos del Faraón (Gén 40:20, 23) era en realidad ser el mayordomo principal del rey de Egipto.[4]<br>&nbsp;<br>El estudio de la historia de Egipto nos permite conocer que es cierto que el vino había sido prohibido en ese país antes de la época de Mahoma. Sin embargo, ese mismo estudio nos permite conocer que hablar en Egipto acerca de la vid era similar a hablar acerca de una deidad egipcia llamada Osiris. Además, la Biblia presenta varios pasajes en los que se reseña la importancia de los viñedos y del vino en el imperio egipcio.<br><br><i>“43 Cuando puso en Egipto sus señales, Y sus maravillas en el campo de Zoán; 44 Y volvió sus ríos en sangre, Y sus corrientes, para que no bebiesen. 45 Envió entre ellos enjambres de moscas que los devoraban, Y ranas que los destruían. 46 Dio también a la oruga sus frutos, Y sus labores a la langosta. 47 Sus viñas destruyó con granizo, Y sus higuerales con escarcha;”</i> (Sal 78:43-47)<br><br><i>“26 Envió a su siervo Moisés, Y a Aarón, al cual escogió. 27 Puso en ellos las palabras de sus señales, Y sus prodigios en la tierra de Cam. 28 Envió tinieblas que lo oscurecieron todo; No fueron rebeldes a su palabra. 29 Volvió sus aguas en sangre, Y mató sus peces. 30 Su tierra produjo ranas Hasta en las cámaras de sus reyes. 31 Habló, y vinieron enjambres de moscas, Y piojos en todos sus términos. 32 Les dio granizo por lluvia, Y llamas de fuego en su tierra. 33 Destrozó sus viñas y sus higueras, Y quebró los árboles de su territorio.”</i> (Sal 105:26-33)<br><br><i>“5 ¿Y por qué nos has hecho subir de Egipto, para traernos a este mal lugar? No es lugar de sementera, de higueras, de viñas ni de granadas; ni aun de agua para beber.”</i> (Núm 20:5)<br><br>Estos versos bíblicos confirman que el vino se cultivaba y se consumía en el imperio egipcio. O sea, que uno de los funcionarios que José asistía en la cárcel era el jefe del proceso del cultivo, de la preparación y de servir el vino al Faraón. Esa posición era una muy común en los imperios y reinos antiguos. La Biblia señala que Nehemías ocupaba esa posición para el rey del imperio persa (Neh 1:11). En muchas ocasiones, estos mayordomos también estaban a cargo de la seguridad del monarca.<br><br>El otro funcionario de palacio, el panadero, era el encargado de todo lo que ocurría en las cocinas reales (Gén 40:22). Había muchas cocinas disponibles para el Faraón y este oficial estaba a cargo de estas.<br><br>Es muy interesante que José se encontrara allí sufriendo unas experiencias que a todas luces eran muy distintas a los sueños que él había recibido en su juventud temprana. Es maravilloso conocer que esto no se convirtió en un obstáculo para que él decidiera mantenerse firme aun cuando aquello que estaba viendo no se parecía a lo que Dios le había revelado a través de los sueños.<br><br>Hay una cantidad maravillosa de cosas que él necesitaba aprender en esa cárcel. Nos parece que conocer y experimentar la presencia de Dios en ese ambiente fue fundamental para este joven. José debe haberse percatado que experimentar el amor que emana de la presencia del Señor es mucho más importante que recibir respuestas para nuestras necesidades y peticiones. Ese amor es transformador y nos hace sensibles a las respuestas de Dios, nos capacita para continuar operando y sirviendo como instrumentos en las manos del Señor y nos enfoca en el desarrollo y el fortalecimiento de los dones, en el fruto recibido del Espíritu y en las habilidades que nos han sido concedidas desde el cielo.<br><br>Al mismo tiempo, José debió haber sido un discípulo muy aplicado en el aprendizaje de la paciencia. Tener que esperar dos (2) años para que alguien se acordara de él es un buen testimonio de esto.<br><br>Por otro lado, José debió haber aprendido a desarrollar otros niveles de templanza y de benevolencia. Lo sabemos porque estos funcionarios del palacio pudieron haber sido vistos por José como similares a Potifar. Hay que destacar que la Biblia utiliza el mismo concepto para describir las posiciones que ellos ocupaban en la corte imperial. La Biblia dice que Potifar era un oficial (“<i>sârı̂ys</i>”, H5631) de la corte de Faraón.<br><br><i>“1 Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá.”&nbsp;</i>(Gén 39:1)<br><br>Este es el mismo concepto que se utiliza para describir las posiciones del copero y el panadero del rey (oficiales).<br><br><i>“2 Y se enojó Faraón contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra el jefe de los panaderos, 3 y los puso en prisión en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel donde José estaba preso.”</i>&nbsp; (Gén 40:2-3)<br><br>Potifar, un “<i>sârı̂ys</i>”, lo había tratado mal. Reconocemos que esta aseveración necesita ser ampliada porque algunos lectores pueden creer que esto no fue así. Algunos lectores deben estar convencidos de que Potifar obró bien con José cuando no lo mató luego de la acusación que había presentado la esposa de este oficial de la corte imperial. &nbsp;<br><br>Algunos comentaristas bíblicos nos invitan a explorar unos datos históricos y culturales acerca de Egipto que pueden ayudarnos a calibrar esta aseveración. En primer lugar, estos señalan que las mujeres en Egipto no vivían recluidas, como era costumbre en otras partes del Oriente. De hecho, algunas llegaron a ser Faraonas de ese reino. Cleopatra, Hatshepsut y Nefertari han sido identificadas como algunas de las mujeres que gobernaron ese reino.[5]<br>&nbsp;<br>En segundo lugar, la cultura egipcia permitía que la mujer gozara de una libertad social muy amplia. Hay documentos y publicaciones recientes acerca de las fiestas que celebraban, el consumo de licor que se patrocinaba en estas y la libertad para la promiscuidad que tenían las mujeres de las clases sociales altas. Por ejemplo, la esposa del dios Amón, cargo desarrollado desde el 2040 AC, celebraba unos rituales cargados de experiencias sexuales con sus sacerdotisas, sus amigas y sus invitados.<br><br>La visión de la sexualidad en Egipto era una muy particular. La revista National Geographic señala que todo en las escenas de las tumbas egipcias guarda relación con las actividades sexuales y hasta añaden que el sexo premarital no era mal visto. Como un ejemplo, en una de las ediciones de esa revista se reseña un documento del antiguo Egipto, el sumario de un juicio, en el que un grupo de mujeres “<i>intentó comprar a los jueces que las iban a juzgar organizando para ellos varias orgías.</i>”[6]<br><br>Este parece ser el caso en la casa de Potifar. A continuación, una cita directa del libro de T.M Constance:<br><br><i>“El deber de José era obedecer a su ama, y hacerlo lo habría colocado en una posición de honor. Además, era grave tenerla como enemiga. La oportunidad, sin duda, favoreció la tentación. José podría haber justificado su situación argumentando que estaba lejos de la influencia de un padre piadoso, que el mundo había estado en su contra y que en este país pagano su mala conducta no tendría importancia. Es aquí donde vemos el verdadero amor de José por Dios. En estas circunstancias, confesó que tenía un gobernante justo a quien debía obedecer. Confió en Él y, como resultado, fue enviado a prisión. ¿Cuán firme es nuestra fe contra el pecado? Nada de lo que el mundo ofrece justifica nuestra desobediencia a Dios.”</i> [7] &nbsp;(traducción libre)<br><br>En otras palabras, que José decidió no ceder ante los deseos de su ama creyendo que su lealtad al Amo y Señor de toda la creación estaba por encima de todo. Este mensaje es claro y diáfano. El Egipto en el que vivimos está constantemente tratando de imponernos sus reglas y sus estilos de vida, su cultura y su interpretación de lo que es bueno y de lo que es malo. Los creyentes en Cristo hemos sido invitados a escoger a quién vamos a servir (Jos 24:15; Gál 5:16-17).<br><br>¿Cuál fue el premio que Potifar le dio a José? Lo llevó a la cárcel que con toda probabilidad el dirigía.<br><br>Unos años más tarde José recibió la invitación para servir a otros “<i>sârı̂ys</i>”. Este joven no se podía negar a hacerlo. Es más, él vio en esto una oportunidad celestial y no una obligación ministerial.<br><br>Ser invitados a servir como instrumento en las manos de Dios a personas que no nos han tratado bien puede ser un asunto complicado. Esto puede serlo aún más cuando consideramos que hay una alta probabilidad de que Potifar fuera el jefe (el capitán de la guardia) de la cárcel en la que José se encontraba. La Biblia subraya este punto cuando dice lo siguiente:<br><br><i>“12 Con nosotros, en la cárcel, había un joven hebreo, que era esclavo del capitán de la guardia. Nosotros le contamos nuestros sueños, y él nos explicó el.” </i>(Gén 41:12, NTV)<br><br>Estos datos nos invitan a reflexionar acerca de las veces en las que el Señor nos invita a servir como instrumentos de bendición para aquellos con los que no hemos tenido experiencias gratas y para aquellos que nos han tratado mal.<br><br>Otro elemento importantísimo en ese aprendizaje era mantener clara cuál era su identidad. Hay que puntualizar que las cárceles poseen la capacidad de llevarnos a olvidar quiénes somos. No obstante, la Biblia dice que José le dijo al jefe de los coperos que él no era egipcio, que él era hebreo y que había sido hurtado (“<i>gânab</i>”, H1589) de esa tierra; que no había razón alguna para que él hubiera sido condenado a estar en esa prisión. José no permitió que la prisión alterara su identidad<br><br><i>“14 Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa. 15 Porque fui hurtado de la tierra de los hebreos; y tampoco he hecho aquí por qué me pusiesen en la cárcel.”</i> (Gén 40:14-15)<br><br>Por último, José debió haber aprendido a ser un siervo humilde, más dependiente de Dios. Veamos un segmento de la narrativa bíblica que aparece en el capítulo cuarenta del Libro de Génesis que nos permite llegar a esta conclusión.<br><br><i>“5 Una noche los dos prisioneros, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos, a quienes el rey de Egipto había puesto en prisión, tuvieron un sueño. Cada prisionero tuvo su propio sueño y cada sueño tenía su propio significado. 6 A la mañana siguiente José fue a buscarlos y vio que estaban preocupados. 7 Entonces les preguntó a los siervos del faraón que estaban con él en prisión:—¿Por qué están tan tristes hoy? 8 Ellos le respondieron:—Tuvimos unos sueños y no hay nadie que nos los pueda explicar. Y José les dijo: —Sólo Dios puede interpretar los sueños. Cuéntenmelos.”</i> (Gén 40:5-8, PDT)<br><br>En primer lugar, esos versos bíblicos dicen que José se mostró genuinamente preocupado por los oficiales del Faraón y hasta les preguntó por qué estaban tristes. En segundo lugar, debemos explicar que en Egipto, la tarea de interpretar sueños recaía sobre los hombros de los magos y de los sabios que servían al rey.<br><br><i>“8 A la mañana siguiente estaba preocupado, así que mandó llamar a los magos y a los sabios de Egipto, y les contó su sueño, pero ninguno de ellos se lo pudo interpretar.”</i> (Gén 41:8, PDT)<br><br>Un José con 28 años de edad fue capaz de afirmar que la interpretación de sueños no depende de las habilidades y de los dones que uno pueda tener. Esa gracia proviene de Dios: “<i>Sólo Dios puede interpretar los sueños</i>” (Gén 40:8b).<br><br>El aprendizaje de estas destrezas y disciplinas espirituales lo habían capacitado para poder ser y hacer aquello para lo que Dios lo había enviado a Egipto y a esa prisión.<br><br><br>&nbsp; <br>[1]https://biblehub.com/text/genesis/39-23.htm <br>[2] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., &amp; Briggs, C. A. (Charles A. (1906). En The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Houghton, Mifflin and Company.<br>[3] Constance, M. T. M. (2000). Genesis (Vol. 3, pp. 48–49). Explorer’s Bible Study.<br>[4] Lange, J. P., Schaff, P., Lewis, T., &amp; Gosman, A. (2008). A commentary on the Holy Scriptures: Genesis (p. 600). Logos Bible Software.<br>[5] https://historia.nationalgeographic.com.es/antiguo-egipto/mujeres-faraon-trono-egipto_15946<br>[6] https://historia.nationalgeographic.com.es/antiguo-egipto/sexualidad-antiguo-egipto_15862<br>[7] Constance, M. T. M., Op. cit., (pp. 46–47).<br>&nbsp;<br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1062 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 21 de junio del 2026</title>
						<description><![CDATA[1062 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 21 de junio del 2026El valor de un padre que conoce a Dios“4 En ti esperaron nuestros padres; Esperaron, y tú los libraste. 5 Clamaron a ti, y fueron librados; Confiaron en ti, y no fueron avergonzados.” (Sal 22:4-5)Las lecturas devocionales forman parte de la estructura de las disciplinas espirituales de una gran cantidad de creyentes en ...]]></description>
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			<pubDate>Sun, 21 Jun 2026 06:00:00 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<section class="sp-section sp-scheme-0" data-index="1" data-scheme="0"><div class="sp-section-slide"  data-label="Main" ><div class="sp-section-content" ><div class="sp-grid sp-col sp-col-24"><div class="sp-block sp-text-block " data-type="text" data-id="0" style=""><div class="sp-block-content"  style=""><b>1062 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 21 de junio del 2026<br>El valor de un padre que conoce a Dios</b><br><i><br>“4 En ti esperaron nuestros padres; Esperaron, y tú los libraste. 5 Clamaron a ti, y fueron librados; Confiaron en ti, y no fueron avergonzados.”&nbsp;</i>(Sal 22:4-5)<br><br>Las lecturas devocionales forman parte de la estructura de las disciplinas espirituales de una gran cantidad de creyentes en Cristo. Yo no soy la excepción. Hay una cantidad inimaginable de recursos que ha sido publicados para ayudar a los fieles en esta tarea. Estas publicaciones ayudan a los lectores a expandir y a ser capaces de obtener un mensaje más amplio y seguro acerca de los textos bíblicos que se leen de forma devocional.<br><br>A menudo, me encuentro intercambiando las fuentes de las que obtengo los materiales para desarrollar esa tarea. Hay dos (2) que son mis favoritos. El primero, “My Utmost for His Highest” (En pos de lo supremo), publicación que la viuda del siempre recordado Oswald Chambers le proveyó al mundo luego de la muerte de su esposo. Ella se dedicó a recopilar las predicaciones y las reflexiones que Chambers había ofrecido durante su corta vida (1874-1917) y se aseguró de que fueran publicadas (1924). Ese libro de lecturas devocionales ha sido traducido en 39 idiomas.<br><br>El segundo, “Morning and Evening” de Charles Haddon Spurgeon. Spurgeon envió a publicar este libro de reflexiones devocionales diarias (2 para cada día) en 1865. Quizás, la razón que más me atrajo de este recurso literario es la filosofía que Spurgeon siguió para la publicación de este.<br><br><i>“La Filosofía Devocional de Spurgeon<br>&nbsp;<br>Spurgeon era un hombre profundamente arraigado en las Escrituras, y sus devocionales reflejan esto. No buscaba simplemente ofrecer ánimos morales, sino guiar a sus lectores hacia una comprensión más profunda de la Palabra de Dios. Cada entrada en Morning and Evening comienza con un versículo bíblico, y a partir de este versículo, Spurgeon elabora sus reflexiones. Su enfoque de las Escrituras es tanto pastoral como doctrinal, ofreciendo ricos conocimientos teológicos mientras aborda las luchas cotidianas de la vida cristiana.<br>&nbsp;<br>Para Spurgeon, la devoción diaria no era un lujo opcional, sino una práctica esencial para el creyente. Creía que el caminar de un cristiano con Dios requería comunión y reflexión diaria. En sus propias palabras, Spurgeon dijo una vez: “El secreto para una vida cristiana feliz es una dieta constante de Escrituras, oración y meditación.” Este es precisamente el objetivo de Morning and Evening: fomentar un compromiso constante con las Escrituras y la oración, promoviendo así una sensación continua de la presencia de Dios en la vida cotidiana.”</i>[1]<br><br>Este devocional también ha sido publicado en docenas de idiomas.<br><br>Hay una lectura del devocional que hemos citado de Spurgeon que me hace recordar a mi padre, el Rdo. Jacinto Esquilín Robles, pastor fundador de la Iglesia AMEC: Casa de Alabanza. Se trata de la lectura para la mañana del día dos (2) de enero. Esa reflexión trata acerca de la oración y utiliza el verso dos (2) del cuarto capítulo de la carta a los Colosenses como su base bíblica.<br><br><i>“2 Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias;”</i> (Col 4:2, RV 1960)<br><br>A continuación, una cita directa de esa reflexión:<br><br><i>“Nuestras necesidades son tan profundas que, hasta que estemos en el cielo, no debemos dejar de orar. ¿No deseas nada? Entonces, temo que no conoces tu pobreza. ¿No tienes que pedirle misericordia a Dios? Entonces, ¡que la misericordia del Señor te muestre tu miseria! Un alma sin oración es un alma sin Cristo. La oración es el balbuceo del niño creyente, el grito del creyente que lucha, el réquiem del santo moribundo que se queda dormido en Jesús. Es el aliento, la palabra clave, el consuelo, la fuerza, el honor de un cristiano. Si eres hijo de Dios, buscarás el rostro de tu Padre y vivirás en el amor de tu Padre. Ora para que este año seas santo, humilde, celoso y paciente; ten una comunión más cercana con Cristo y entra más a menudo en la casa de banquetes de su amor. Ora para que puedas ser un ejemplo y una bendición para los demás, y que puedas vivir más para la gloria de tu Maestro. El lema de este año debe ser, “Continúa en oración”.”</i> [2] (traducción libre)<br><br>La primera ocasión en la que tuve la oportunidad de leerla, me dio la impresión de que mi señor padre debió haber estado en contacto en algún momento con esa publicación. El problema es que nosotros nunca vimos publicaciones de Spurgeon en nuestro hogar hasta que yo llegué a la adolescencia.<br><br>Permítame ampliar esta aseveración. Uno de los privilegios más grandes que el Señor me otorgó en la vida fue el de permitir que me relacionara con muchos ancianos que amaban la oración. Sus estilos de vida eran testimonios fehacientes de sus vidas de oración. Yo podía observar que las formas y maneras en las que estos se acercaban al diálogo con Dios eran distintas, diferentes y al mismo tiempo, todas ellas eran ricas, exquisitas, conmovedoras y dignas de imitar.<br><br>No obstante, ninguno de esos modelos de oración superaba el de mi padre. Don Jacinto siempre ha tenido la capacidad de dialogar con su Señor de una manera especial y única. Desde muy niño llegué a la conclusión de que ellos dos (2) son amigos, aunque el respeto que Don Jacinto exhibe por su Amigo es único en su clase. Es cierto que mi padre posee un testimonio intachable, sus capacidades para la predicación y la enseñanza de la Palabra de Dios fueron celebradas por sus pares en todo nuestro país. Su pasión por las almas, su compromiso con el servicio a los demás y el cuidado del rebaño del Señor son indiscutibles. Al mismo tiempo, los testimonios provocados por su capacidad para esperar en el Señor y por su confianza en las promesas del Todopoderoso son impresionantes. Sin embargo, su vida de oración ha sido la característica ministerial que más me ha cautivado.<br><br>Durante mi infancia, la experiencia de verle orar presentando peticiones suyas o de otras personas era una experiencia celestial. No obstante, verle y escucharle hablar con nuestro Señor acerca de la vida misma, de su relación con Él, de la necesidad que él constantemente tenía de que pudieran dialogar acerca de aquellas áreas en las que él había identificado alguna necesidad de cambios y/o de transformaciones no tiene comparación. Escucharle decir que no podía dejar de orar porque su alma estaría vacía si no pudiera hablar con Su Señor y con su Amigo. Oírle gritar en medio del ruego sabiendo que su Amigo podía reconocer que su siervo se encontraba en medio de una lucha o de un conflicto. Añado a esto no tener temor ni avergonzarse de quedarse dormido como un niño a los pies de su Amado.<br><br>Para mi padre la oración siempre ha sido palabra clave, aliento para el corazón, fuerza para el día en que atacan las tempestades y herramienta para conseguir humildad, paciencia y poder ser capaz de guardar con mucho celo el depósito que Dios ha puesto en él.<br><br>Es muy importante destacar que sus diálogos con su Señor no tienen límite de tiempo. Recientemente, mientras se acerca a cumplir 98 años y se encontraba “disfrutando” de una de sus muchas hospitalizaciones, decidió comenzar a orar en voz alta en ese hospital cerca de las siete (7) de la noche y no se detuvo hasta las siete (7) de la mañana. A esa hora decidió quedarse dormido, luego de no permitir que aquellos que estaban cerca de él pudieran conciliar su sueño durante toda la noche.<br><br>Nos parece que el salmista describe padres así en los versos bíblicos que encabezan esta reflexión. <br><br>Hay dos (2) características de esos padres que el salmista describe allí. En primer lugar, la capacidad para esperar en el Señor. En segundo lugar, la capacidad para clamar al Señor.<br><br><i>4 En ti esperaron nuestros padres; Esperaron, y tú los libraste. 5 Clamaron a ti, y fueron librados; Confiaron en ti, y no fueron avergonzados</i><br><br>Es muy importante que expliquemos que el vocablo hebreo que se traduce allí como esperar es el mismo que se traduce como confiar.<br><br>¿Qué importancia poseen estas expresiones para los hombres que enfrentan los retos de la paternidad en estos tiempos? El análisis de los conceptos hebreos utilizados aquí nos puede ofrecer algunas respuestas. En primer lugar, el concepto hebreo que se traduce aquí como esperar y como confiar es “<i>bâṭach</i>” (H982). Algunos recursos académicos lo traducen como confiar en alguien, poner la esperanza y la confianza en alguien. Es más, algunos de esos recursos añaden que esto incluye tirarse de espaldas sobre alguien y/o arrojar las preocupaciones sobre alguien.[3] Ese concepto se utiliza para describir a alguien que sabe estar seguro, que no teme nada por sí mismo.<br>&nbsp;<br>Hay un dato que ofrecen otros recursos académicos que es muy interesante. Estos señalan que este concepto es una raíz primitiva que describe la acción de ir a buscar refugio, pero no de forma precipitada. El concepto hebreo que describe hacer esto de forma precipitada es “<i>châsâh</i>” (H2620). La persona que hace “<i>bâṭach</i>” acude a ese refugio seguro, confiado, con esperanza y sin dudar de que allí estará seguro.[4] &nbsp;<br><br>&nbsp;A continuación, algunas expresiones bíblicas en las que se utiliza el concepto que encontramos en el Salmo 22.<br><br><i>“10 En ti confiarán los que conocen tu nombre, Por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron.”</i> (Sal 9:10, RV 1960)<br><br><i>“3 Aunque un ejército acampe contra mí, No temerá mi corazón; Aunque contra mí se levante guerra, Yo estaré confiado.”</i> (Sal 27:3)<br><br><i>“3 Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová.”</i> (Sal 40:3)<br><br><i>“8 Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio. Selah”</i> (Sal 62:8)<br><br><i>“2 Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré.”</i> (Sal 91:2)<br><br>El uso de ese concepto predica que aquellos que confían en el Señor de esta manera saben quién es Dios, han tenido experiencias profundas con Él y no temen ir ante Él buscando refugio.<br><br>El salmista dice en el Salmo 22 que aquellos que han aprendido a confiar así en el Señor son librados (“<i>pâlaṭ</i>”, H6403) y no son avergonzados (“<i>bûsh</i>”, H954).<br><br>La otra característica, la de conocer el valor del clamor a Dios, es descrita por el salmista<br>utilizando el concepto hebreo “<i>zâʽaq</i>” (H2199). Este es el mismo concepto que utiliza el escritor del Libro de Éxodo para describir el clamor de los hijos de Israel que subió hasta la presencia de Dios (Éxo 2:23) y provocó que Dios enviara a Moisés para liberarlos. Es el mismo concepto que utiliza el escritor del Libro de Jueces para describir el clamor que levantaban los hijos de Israel en cada ocasión en la que se encontraban derrotados y desesperados y que provocaba que Dios tuviera misericordia y les trajera jueces para ayudarles (Jue 3:9, 15; 6:6,7). Un dato sumamente interesante es que este es el concepto que se utiliza en la Biblia para describir los gritos de una mujer que está en el proceso de parir.<br><br><i>“17 Como la mujer encinta cuando se acerca el alumbramiento gime y da gritos en sus dolores, así hemos sido delante de ti, oh Jehová.” </i>(Isa 26:17)<br><br>En otras palabras, que se trata de un tipo de clamor que se realiza sabiendo que va a haber respuestas y que el producto de que se obtendrá será como el que obtiene una madre luego de haber dado a luz.<br><br>La paternidad que es exitosa es aquella que se desarrolla sobre las bases de esa clase de confianza en el Señor y de esa relación dialógica con el Eterno.<br><br>Dos (2) consejos básicos sirven como cierre de esta reflexión. El primero tiene que ver con la necesidad de aprender estas disciplinas espirituales. El segundo, con la necesidad de modelar esto ante nuestros hijos.<br><br>Hoy, día de los padres, invitamos a todos aquellos hombres que están insertados en esa honrosa empresa de fe a que procuren desarrollar esa clase de confianza en el Señor; confianza que sabe esperar por el cumplimiento de las promesas que nuestro Señor nos ha hecho. Hoy, día de los padres, invitamos a todos los hombres que llevan sobre sus hombros esa hermosa responsabilidad a que procuren aprender a orar, a dialogar con el Señor con esa confianza.<br><br>Hoy, día de los padres, exhortamos a todos a modelar estas características convirtiéndolas en un estilo de vida. A manera de estímulo, la Biblia promete que aquellos que lo hacen disfrutarán de procesos de liberación y no serán avergonzados.<br><br>Aseguramos que no existe un legado más importante, relevante y transformador que este. Los hijos que pueden disfrutar el privilegio de tener padres que saben confiar y esperar en el Señor son bendecidos por ese testimonio durante toda la vida. Los hijos que disfrutan el privilegio de tener padres que modelan una vida de oración como diálogo constante con nuestro Señor, aprenden a amar la oración porque aprenden a convertirse en amigos del Amigo y el Señor de sus padres.<br>&nbsp;<br><br>&nbsp;<br>[1] https://www.freedailydevotional.com/archives/9184<br>[2] Charles Haddon Spurgeon; Grapevine Press. The Ultimate Charles Spurgeon Collection: Including Morning and Evening, The Cheque Book of the Bank of Faith &amp; more (Grapevine) (The Ultimate Christian ... Tozer, Early Church Fathers &amp; More) (pp. 13-14). Kindle Edition.<br>[3] Gesenius, W., &amp; Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures &nbsp;(p. 112). Logos Bible Software.<br>[4] Strong, J. (2020). בָּטַח. En Strong’s Talking Greek and Hebrew Dictionary. WORDsearch.<br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1061 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 14 de junio del 2026</title>
						<description><![CDATA[1061 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 14 de junio del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XIII“20 Y tomó su amo a José, y lo puso en la cárcel, donde estaban los presos del rey, y estuvo allí en la cárcel. 21 Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel. 22 Y el...]]></description>
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			<pubDate>Sun, 14 Jun 2026 05:00:00 +0000</pubDate>
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Esta partida ha consternado a toda nuestra congregación. Eduardo anhelaba irse con el Señor; lo manifestó así desde el momento en que recibió la noticia acerca de la enfermedad que lo aquejaba. Su confianza y su seguridad en las promesas de la vida eterna eran inmensurables.<br><br>El testimonio intachable de Eduardo, su integridad y su fidelidad al Señor lo convirtieron en una de las personas favoritas de toda nuestra congregación. Su compromiso incuestionable con el servicio al Señor, con la iglesia y con el prójimo se convirtió en un modelo a ser imitado. La gracia con la que nos recibía en el estacionamiento alegraba nuestros corazones. Sin duda alguna que lo vamos a extrañar. Nos consuela saber que lo volveremos a ver en la mañana de la resurrección.<br><br>Oramos incesantemente por su viuda, la amada Hermana María V. (Vicky) Aponte Rivera, por sus hijos Eduardo y Keila, por sus hermanos y demás familiares. Sabemos que la misericordia y la bondad de Dios los ha estado sosteniendo. Le pedimos al Todopoderoso que los inunde con su paz.<br><br><i>“13 Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos <br>siguen.” </i>&nbsp;(Apo 14:13)<br>~<br>Nuestra reflexión anterior fue utilizada para proponer y argumentar acerca de cómo es que la cárcel atípica a la que José fue enviado (<i>“bayith ṣōhar”</i>, H1004-H5470)[1]se convirtió en un “aula” para el adiestramiento y la transformación de ese joven. Recordemos que el concepto hebreo que se traduce aquí como cárcel es utilizado en ocho (8) ocasiones en la Biblia y en todas ellas su uso está relacionado al lugar al que José fue enviado. En otras palabras, que no hay una cárcel similar a esta en el resto del Antiguo Testamento.<br><br>Estamos convencidos de que José, al llegar allí, debe haberse preguntado por qué Potifar no lo mató en vez de enviarlo a esa prisión. Joseph Telushkin argumenta que sería inverosímil que un esclavo en el sur de los Estados Unidos fuera capaz de sobrevivir a una acusación así, sin importar si esta fuera cierta o falsa.[2] La decisión de Potifar revela que él no le creyó a su esposa y que tan solo estaba procurando proteger el honor de su casa.<br>&nbsp;<br>La prisión a la que José fue enviado pudo haberse convertido en un espacio para la auto conmiseración. En cambio, creemos que esta se convirtió en un lugar para reflexionar, pensar, analizar, y para buscar el rostro del Señor.<br><br>Las cárceles que enfrentamos y sufrimos en la vida son así. Estas son catalogadas como crisis centrales que tienen como denominador común la provocación y la provisión del espacio para el desarrollo de estas acciones reflexivas. Aquellos que hemos estado allí sabemos que estas nos provocan con mucha frecuencia a reflexionar acerca de lo que hicimos antes de entrar en esas crisis. Estas nos provocan a reflexionar acerca de lo que no debimos haber hecho, de aquello que debimos haber hecho y acerca de las alternativas que no consideramos antes de entrar a esas prisiones. Es común ver que esos lugares se convierten en espacios separados por Dios, no solo para proveernos el tiempo para repasar lo sucedido, sino para procurar encontrar respuestas, proponer alternativas y sobre todo, para buscar el rostro del Señor, su iluminación y su dirección.<br><br>Estas actividades debieron ocupar una parte esencial del tiempo de José cuando este llegó a la cárcel en la que se encontraban los presos del rey (Gén 39:20).<br><br>¿Sobre qué cosas reflexionó José? En primer lugar, creemos que José tuvo que haber reflexionado acerca de la presencia de Dios. Hay que puntualizar que cuando atravesamos por experiencias que parecen prisiones, por lo general, somos los últimos en darnos cuenta de los niveles de gracia y de misericordia que Dios exhibe a través de nosotros. No obstante, creemos que el testimonio de la presencia del favor y del poder de Dios en la cárcel en la que José estaba eran demasiado fuertes y evidentes como para ser ignorados por él. José no podía estar ciego ante esas demostraciones de la mano de Dios.<br><br>José debió haberse preguntado por qué estaba sucediendo esto, por qué Dios se estaba manifestando así en un ambiente pagano y politeísta y qué estaba procurando Dios con esto.<br>&nbsp;<br>Sabemos que hemos visitado en otras reflexiones los conceptos que son utilizados en los versos bíblicos que aparecen en el epígrafe de este documento. No obstante, creemos que es necesario profundizar un poco más en el estudio de estos de modo que podamos extraer otras conclusiones que son fundamentales para el análisis que procuramos desarrollar aquí.<br><br>El texto bíblico dice que el Señor estaba con José (Gén 39: 21). Hay otras versiones bíblicas que recogen esa expresión de la misma manera: PDT, NTV. La versión Dios Habla Hoy lo traduce así: <i>“el Señor siguió estando con José.”</i><br><br>El concepto hebreo que es utilizado aquí es revelador. El texto bíblico pudo decir que Dios estaba allí utilizando un concepto hebreo que se usa para describir que “ese”, “este”, que “él mismo”, que “de manera intencional”[3] estaba allí (“<i>hâvâʼ</i>”; H1933): como el Omnipresente, el Invisible, el Gobernante del mundo.[4] Es muy interesante que la Concordancia Strong invite al lector a considerar este concepto y las diferencias que existen entre este y el que se usa en el pasaje bíblico que estamos analizando.[5]<br><br>El verbo hebreo que es traducido en ese pasaje del libro de Génesis como “estar” es “<i>hâyâh</i>” (H1961; conjugado en ese verso como “<i>way-hî</i>”: el texto hebreo dice “<i>way-hî Yah-weh</i>”).[6] Ese verbo puede ser traducido como “es”, “ser” o “existir”. En otras palabras, que la presencia de Dios que José estaba experimentando era la del Dios que se revela, que es y que existe. Dicho de otra forma: el “Yo Soy”, estaba allí, el Dios que es, que existe y que está presente estaba allí con José. O sea, que su presencia era revelada, era palpable, continua y ocupaba todos los espacios de esa cárcel. José no pudo haber pasado por alto una experiencia de esta magnitud. ¿Por qué? Porque se trataba de una revelación: el Dios Eterno, el que es y que siempre será, estaba en esa prisión con su hijo. Dios estaba revelándose en esa cárcel.<br>&nbsp;<br>Entonces, esta conclusión coloca la prisión en la que estaba José en la dimensión o el escenario de un repaso de la revelación de la presencia de Dios que Abram había recibido: “<i>Yo soy Jehová</i>” (“’<i>ă-nî Yah-weh</i>”; Gén 15:7), “<i>Yo soy el Dios Todopoderoso</i>” (“’<i>ă-nî-’êl šad-day</i>”; Gén 17:1).<br><br>Esta clase de manifestación de la presencia de Dios en la vida de José también parecería un repaso de la revelación que Dios le había dado a Jacob.<br><br><i>“24 Y se le apareció Jehová aquella noche, y le dijo: Yo soy el Dios (“’ā-nō-ḵî ’ĕ-lō-hê”) de Abraham tu padre; no temas, porque yo estoy contigo, y te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de Abraham mi siervo.”</i> (Gén 26:24)<br><br>Además, esa clase de manifestación de la presencia de Dios parecería ser un preludio de lo que Moisés vería en el Sinaí cuando Dios se le reveló.<br><br><i>“14 Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. 15 Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos. 16 Vé, y reúne a los ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me apareció diciendo: En verdad os he visitado, y he visto lo que se os hace en Egipto;”</i> (Éxo 3:14-16, RV 1960)<br><br>Cuando traducimos esto al lenguaje del Nuevo Testamento, tendríamos que decir que esa revelación es similar a decir que Aquél que dijo “<i>Yo soy el pan de vida</i>” (Jn 6:35) estaba allí. Aquél que dijo “<i>Yo soy la luz del mundo</i>” (Jn 8:12) estaba allí. Aquél que dijo “<i>Yo soy la puerta</i>” (Jn 10:7-9) estaba allí. Aquél que dijo “<i>Yo soy el buen Pastor</i>” (Jn 10:12) estaba allí. Aquél que dijo “<i>Yo soy la resurrección y la vida”</i> (Jn 11:25) estaba allí. Aquél que dijo “<i>Yo soy el camino, la verdad y la vida</i>” (Jn 14:6) estaba allí. Aquel que dijo “<i>Yo soy la vid verdadera</i>” (Jn 15:1) estaba allí. ¡Dios es y está! Él es y está presente en medio de nuestras prisiones.<br><br>El texto bíblico continúa diciendo que lo que Dios le extendió a José fue su misericordia.<br><br>¿Qué significado tiene ese concepto en esa narrativa bíblica? El concepto hebreo que es traducido aquí como misericordia contesta esta pregunta. Se trata del concepto “<i>chêsêd</i>” (H2617). Los recursos académicos consultados lo traducen como bondad, amabilidad, como hacer favores y extender beneficios: bondad que se muestra a necesitados, a los miserables y a los humildes. Estos recursos señalan que en ocasiones este es traducido en la Biblia como misericordia (Gén 21:23; 24:27), como fidelidad y como gracia (Est 2:9).[7]<br>&nbsp;<br>La traducción al inglés de ese concepto (“loving-kindness”) se describe como un afecto tierno y benevolente.[8] Se trata del amor divino manifestado como amorosa bondad al condescender a las necesidades de sus criaturas.[9],[10] Esto es, acomodarse por bondad o conveniencia al gusto y voluntad de aquellos que tienen necesidad.<br>&nbsp;<br>La Biblia enseña que esa bondad se manifiesta como su favor para ser rescatados de enemigos y de problemas. Se trata de la bondad de Dios manifestada en la preservación de la vida frente a la muerte, en la vivificación de la vida espiritual, en la redención del pecado, en el cumplimiento de los pactos, tal y como sucedió con Abraham con Moisés e Israel, con David y su dinastía y con Sion como esposa de Dios.[11]<br><br>Los especialistas que han definido este concepto puntualizan que la Biblia nos invita a confiar y a regocijarnos en esa misericordia; a tener esperanza en ella. &nbsp; &nbsp;<br><br>Además, la Biblia dice que el “<i>chêsêd</i>” de Dios es abundante, grande en extensión, que se conserva de manera ilimitada y que es grande como los cielos (Sal 103:11). Ella dice que la tierra está llena de ese “<i>chêsêd</i>” (Sal 33:5) y que esa misericordia es eterna (Isa 54:8).<br><br>El siempre recordado Rdo. Dr. Roberto Amparo Rivera decía que ese concepto hebreo es lo más parecido al concepto griego que traducimos como “gracia.”<br><br>Todo esto fue lo que Dios le extendió a José en la cárcel en la que estaban los presos del rey.<br><br>Estos versos bíblicos describen la acción de extender esa misericordia de una forma muy particular (v. 21). El concepto hebreo utilizado aquí es “<i>nâṭâh</i>” (H5186). Ese verbo implica que la acción de extender que se describe aquí es sin duda una personalizada. Lo sabemos porque este verbo es utilizado en la Biblia para describir la acción de extender la mano (Exo 7:19; 9:23; Jos 8:18), de instalar, desplegar o levantar una tienda de campaña extendiendo sus lonas (Gén 12:8), para describir la acción de inclinarse (Gén 49:15; Sal 62:3; Sal 40:1), de avanzar una sombra, de declinar el día (2 Rey 20:10; Jue 19:8) y/o de tender un cordel (usado como regla; Isa 44:13).[12],[13]<br>&nbsp;<br>Dicho de otra forma, ese verso bíblico no dice que Dios lanzó o envió la misericordia desde los cielos. Ese verso dice que Dios extendió esa misericordia con su mano. Ese verso dice que Dios instaló esa misericordia en y sobre la vida de José como se extiende una tienda de campaña y que Dios también extendió esa cobertura sobre esa prisión. Ese verso dice que Dios se inclinó e hizo avanzar su misericordia sobre José y sobre la cárcel en la que él estaba. Ese verso dice que Dios tendió esa misericordia dentro de esa cárcel como se extiende un cordel. Todos los que ocupaban ese lugar experimentaron esto, comenzando por José. Este verso bíblico dice eso porque Dios estaba en esa cárcel con José.<br><br>No existe una experiencia de gracia y bondad más poderosa que esta. No hay una medicina para el alma que supere esta demostración del favor de Dios. El Señor conoce que arribar a prisiones tales como el tener que transitar por el valle de sombra de muerte cuando no lo esperamos, tales como experimentar y/o sufrir la pérdida de un hijo o un cáncer, o sufrir los embates y los dolores provocados por los abusos físicos o emocionales, generalmente nos dejan si fuerzas y con muchas preguntas. La presencia casi tangible del Gran Yo Soy es insuperable para tratar con todo esto. La presencia de Aquél que es el mismo ayer, hoy y por todos los siglos inclinándose sobre nosotros es restauradora. La presencia del Eterno extendiendo su misericordia sobre nosotros como un cordel de esperanza y cubriéndonos con esta como una tienda de campaña sana el alma. Dios, que está presente en medio de nuestras cárceles, usa sus manos para extendernos su misericordia.<br><br>Tal y como dice el profeta Isaías:<br><br><i>“13 Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo. 14 No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo soy tu socorro, dice Jehová; el Santo de Israel es tu Redentor.”</i> (Isa 41:13)<br><br>Es imposible pasar por alto que estos versos señalan que aquellos que estaban alrededor de José se beneficiaron con el derramamiento de esa misericordia. Esto nos permite aseverar que aquellos que confían en el Señor son instrumentos para facilitar el derramamiento de ese “<i>chêsêd</i>”, de esa gracia, en donde quiera que se encuentren: incluyendo las prisiones.<br><br>Pero eso no fue lo único que Dios hizo con José en la cárcel. La Biblia dice que Dios “<i>le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel</i>” (v. 21). O sea, que “<i>lo ayudó haciendo que se ganara la confianza del carcelero</i>” (PDT); que “<i>hizo que José fuera el preferido del encargado de la cárcel</i>” (NTV); que “<i>hizo que se ganara la simpatía del jefe de la cárcel</i>” (DHH).<br><br>Es obvio que José tuvo que haber reflexionado en esa cárcel acerca de la presencia de Dios, una que era casi tangible y sin duda evidente.<br><br>Esta vertiente analítica nos conduce a concluir que es muy probable que José también haya repasado allí su historia. Nosotros, que tenemos la ventaja de conocer cómo termina la historia de este paladín de las Sagradas Escrituras, sabemos que José saldría de esa prisión capacitado para enderezar el rumbo y la historia del imperio egipcio, así como el rumbo y la historia de sus hermanos. Nos preguntamos: ¿qué cosas habrá considerado él acerca de estos?<br><br>Tenemos que insertar aquí unos datos históricos y culturales. En primer lugar, el análisis de la historia del pueblo de Israel nos permite conocer las formas y maneras en las que las tradiciones orales acompañaron a ese pueblo desde los patriarcas hasta el desarrollo de ellos como pueblo. Esto es, antes de que la Biblia fuera escrita. En segundo lugar, es un dato histórico que ese pueblo ha sido educado para repasar esas historias constantemente. Algunas miniseries recientes en la televisión han destacado esto. Aquellos que hemos tenido el privilegio de entrar a sinagogas durante los adiestramientos de los niños y los jóvenes judíos lo hemos podido constatar. En tercer lugar, los miembros de la comunidad judía se pasan cantando y recitando sus historias en cada celebración religiosa y familiar. Esto ha sido adoptado como una costumbre que se enseña a los hijos desde que son muy pequeños.<br><br>En cuarto lugar, Moisés aprovechó esta costumbre para indicar al pueblo de Israel que insertara en esta la acción de repetir las enseñanzas dadas por Dios mientras estaban en Egipto. El pueblo de Israel fue instruido a insertar en esta costumbre aquello que habían visto y sufrido en el lugar de su cautiverio, lo que habían visto en el desierto y las enseñanzas que habían recibido del Eterno.<br><br><i>“7 Pues, ¿qué gran nación tiene un dios que esté tan cerca de ellos de la manera que el Señor nuestro Dios está cerca de nosotros cada vez que lo invocamos? 8 ¿Y qué gran nación tiene decretos y ordenanzas tan justas e imparciales como este conjunto de leyes que te entrego hoy? 9 »¡Pero cuidado! Asegúrate de nunca olvidar lo que viste con tus propios ojos. ¡No dejes que esas experiencias se te borren de la mente mientras vivas! Y asegúrate de transmitirlas a tus hijos y a tus nietos. 10 Jamás te olvides del día que estuviste ante el Señor tu Dios en el monte Sinaí, donde él me dijo: “Convoca al pueblo para que se presente ante mí, y yo mismo lo instruiré. Entonces ellos aprenderán a temerme toda su vida y les enseñarán a sus hijos que también me teman.”</i> (Det 4:7-10, NTV).<br><br>Hemos insertado estos datos aquí porque una de las tradiciones orales del pueblo de Israel, que luego fueron documentadas, es la que describe las luchas entre hermanos que encontramos en el libro de Génesis. Las historias de cuatro (4) parejas de hermanos aparecen en los relatos bíblicos del primer libro de la Biblia.[14] El final de cada una de las primeras tres (3) es doloroso y en ocasiones trágico. La historia de la primera pareja de hermanos que aparece en ese libro, la de Caín y Abel, termina con una tragedia. La Biblia dice que el mayor de los hermanos mató al menor (Gén 4:6-8). La segunda pareja de hermanos que aparece en ese libro, la de Ismael e Isaac, fue desbandada por Abraham, su padre, impidiendo así que ellos pudieran interactuar como familia (Gén 21:9-14). La Biblia da a entender que ellos solo se veían en los funerales (Gén 25:7-10). La tercera historia acerca de las relaciones entre hermanos que aparece en ese libro es la Esaú (Edom, Gén 36:1, 43) y Jacob, el padre de José. Esa relación nunca fue muy prometedora ni favorable. La Biblia dice que Esaú, en un momento de su historia, se consolaba (“<i>nâcham</i>”, H5162), que “respiraba” con la idea de matar a su hermano Jacob (Gén 27:41-42). O sea, que Esaú imaginaba esto constantemente. Es cierto que la Biblia dice que ambos hermanos se pudieron reconciliar (Gén 33:4-15), pero también dice que luego de eso cada uno siguió por su camino (Gén 35:16-17) y que aparentemente solo se veían en los funerales (Gén 35:29). Esto formaba parte de las tradiciones orales que luego fueron documentadas para nosotros.<br><br>José se crio dentro de esa tragedia. Sin duda alguna él debió haber sufrido los efectos de este tipo de anti-testimonios de relaciones fraternales en los que él se desarrolló.<br><br>Creemos que José debió haber repasado esa tradición oral. Este repaso lo debió haber conducido a preguntarse si su historia terminaría así. ¿La historia de sus relaciones fraternales terminaría de la misma manera en la que terminaron las anteriores que habían sido recogidas en la tradición oral de su familia? Creemos que la revelación de Dios lo iluminó para convencerlo de que si el Todopoderoso le concedía la oportunidad para ver a sus hermanos una vez más, él debería procurar cambiar ese resultado trágico en uno de esperanza.<br><br>Al mismo tiempo, creemos que José debió haber experimentado la transformación de su vida de oración en esa prisión. Hemos visto en otras reflexiones que Jeremías nos dice en el libro de su profecía que él necesitó estar en prisión para poder conocer lo que es el clamor a Dios.<br><br><i>“1 Vino palabra de Jehová a Jeremías la segunda vez, estando él aún preso en el patio de la cárcel, diciendo: 2 Así ha dicho Jehová, que hizo la tierra, Jehová que la formó para afirmarla; Jehová es su nombre: 3 Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”</i>&nbsp; (Jer 33:1-3, RV 1960)<br><br>Este profeta esperó hasta el capítulo treinta y tres (33) de su profecía para decirnos que él aprendió esto en una de sus prisiones. O sea, que Jeremías no conocía esa dimensión de la oración, del clamor, antes de ir a esa cárcel. Compartimos lo siguiente acerca de este clamor en una reflexión acerca de la oración publicada el 9 de noviembre del año 2025:<br><br><i>“El concepto hebreo traducido aquí como clamor es “qârâʼ” (H7121). Los recursos académicos consultados nos permiten conocer que este puede ser traducido de muchas formas. Dentro de estas encontramos llamar o convocar. Es decir, llamar a una persona para que se presente o encomendarle una tarea (Éxo 12:31);[15] <b>llamar por su nombre</b>,[16] convocarlo, (Est 2:14); designar con un nombre o título y así dar nombre a algo, ya sea un nombre propio o un título representativo (Gén 1:5); llamado, designado, conocido como, considerado por (Det 3:13; 1Sam 9:9; Pro 16:21); ser llamado (Isa 48:8; 58:12; 61:3; 62:2; Eze 10:13+); proclamar, anunciar, es decir, hacer un llamado público a la información o un evento (1Rey 21:9)</i>.[17] <br><br><i>Hay que observar aquí que este concepto hebreo destaca la relación que posee aquél que llama (“qârâʼ”, H7121) con la persona a la que está llamando. En otras palabras, el clamor al que Jeremías se refiere requiere que la persona que clama conozca a Aquél al que está clamando; que lo conozca por su nombre. El uso de este concepto en el Salmo 34:6 es una validación de esta aseveración porque el “pobre” (“ʽânı̂y”, H6041: “depressed”) que clama en ese verso conoce quién es Dios.</i><br>&nbsp; <br><i>“6 Este pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus angustias.”</i> (Sal 34:6)<br>&nbsp; <br><i>Compartimos lo siguiente acerca de la afirmación de Jeremías en la reflexión de El Heraldo publicada el 22 de julio del 2022:</i><br>&nbsp; <br><i>“El vocabulario utilizado por Jeremías para hacer referencia al clamor (“qârâʼ”, H7121), es uno que describe que éste provoca que Dios enseñe y realice unas manifestaciones (“te enseñaré”: “nâgad”, H5046). Ese clamor provoca que Dios haga anuncios y exposiciones. Estos anuncios, enseñanzas y exposiciones tienen como propósito servir como herramientas para el crecimiento y el desarrollo espiritual personal e institucional de todo aquél que la recibe. En el caso de los cristianos, esto permite que el creyente en Cristo pueda desarrollar su relación con Dios y alcanzar la madurez necesaria para mantenerse enfocado en el propósito de Dios para su vida.”</i><br><br>Jeremías aprendió esto en una prisión. Elementos claves de la enseñanza que Dios nos quiere ofrecer están supeditados a que decidamos aprender el valor del clamor. Este profeta necesitó estar recluido en una cárcel para tener el tiempo necesario para aprender esto.<br><br>Estamos convencidos de que José tuvo la misma oportunidad. Los resultados documentados en la Biblia confirman que él fue un buen estudiante y aprendió el valor del clamor a Dios.<br><br>Por último, José debió haber aprendido a manejar con prudencia sus pensamientos en esa cárcel. La Biblia dice que aquellos que amamos al Señor podemos ser capaces de poblar nuestra mente con lo que el salmista llama “los años de la diestra del Altísimo.”<br><br><i>“9 ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha encerrado con ira sus piedades? Selah 10 Dije: Enfermedad mía es esta; Traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo. 11 Me acordaré de las obras de JAH; Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. 12 Meditaré en todas tus obras, Y hablaré de tus hechos.” </i>&nbsp; &nbsp;(Sal 77:19-12, RV 1960).<br><br><i>“9 ¿Se ha olvidado Dios de ser bondadoso? ¿Habrá cerrado de un portazo la entrada a su compasión? (Interludio) 10 Y yo digo: «Este es mi destino; el Altísimo volvió su mano contra mí». 11 Pero después me acuerdo de todo lo que has hecho, oh Señor; recuerdo tus obras maravillosas de tiempos pasados. 12 Siempre están en mis pensamientos; no puedo dejar de pensar en tus obras poderosas”</i> (NTV) &nbsp; <br><br>El Apóstol Pablo se acerca a este consejo bíblico y celestial parafraseando el mismo de la siguiente manera:<br><br><i>“3 Es cierto que vivimos en este mundo, pero no luchamos como los seres humanos que viven en él. 4 Las armas con las que luchamos no son de este mundo, sino que tienen el poder de Dios para destruir las fortalezas del enemigo. Con nuestras armas, también destruimos los argumentos de los que están en contra nuestra 5 y acabamos con el orgullo que no le permite a la gente conocer a Dios. Así podemos capturar todos los pensamientos y hacer que obedezcan a Cristo.”</i> (2 Cor 10:3-5, PDT)<br><br>En otras palabras, que la Biblia ofrece recursos extraordinarios para que seamos capaces de mantener en control nuestros pensamientos. Tenemos que aceptar que no existe manera alguna en que se pueda vencer una prisión si permitimos que nuestros pensamientos galopen en nuestras mentes sin disciplina y sin control. Estos versos escritos por el Apóstol Pablo afirman que poblar nuestras mentes con los testimonios del poder, de la bondad y de la misericordia de Dios permite que seamos capaces de llevar cautivos nuestros pensamientos en obediencia a Cristo.<br><br>Esta acción, dirigida por el Espíritu Santo, orquestada sobre la Palabra de Dios que hayamos atesorado y los testimonios que tenemos de la gracia y el “<i>chêsêd</i>” de Dios, nos permite sincronizar nuestros pensamientos obedeciendo lo que Cristo ha dicho, obedeciendo el plan perfecto que Él ha diseñado para nosotros (Efe 2:10) y a su propósito (Efe 3:11; 2 Tes 2:11; 2 Tim 2:9).<br><br>Ninguna prisión puede obstaculizar esto cuando nos alineamos con lo que la Biblia dice.<br><br><br>&nbsp; <br>[1] Gesenius, W., &amp; Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 580). Logos Bible Software.<br>[2] Telushkin, Joseph. Jewish Literacy: the most important things to know about the Jewish religion, its people, and its story. New York: William Morrow and Company, Inc., 1991, p. 41.<br>[3] Chávez, M. (1992). En Diccionario de hebreo bı́blico (1. ed., p. 149). Editorial Mundo Hispano.<br>[4] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., &amp; Briggs, C. A. (Charles A. (1906). En The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Houghton, Mifflin and Company.<br>[5] Strong, J. (2020). הִיא ,הוּא. In Strong’s Talking Greek and Hebrew Dictionary. WORDsearch.<br>[6] https://biblehub.com/text/genesis/39-21.htm.<br>[7] Chávez, M. (1992). En Diccionario de hebreo bı́blico (1. ed., p. 205). Editorial Mundo Hispano.<br>[8] https://www.merriam-webster.com/dictionary/loving-kindness: “tender and benevolent affection.”<br>[9] Strong, J. (1995). En Enhanced Strong’s Lexicon. Woodside Bible Fellowship.<br>[10] International Standard Bible Encyclopedia. James Orr, editor general. Electronic Edition STEP Files Copyright © 1998, Parsons Technology, Inc.: “lovingkindness.”<br>[11] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., &amp; Briggs, C. A. (Charles A. (1906). En The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Houghton, Mifflin and Company.<br>[12] Chávez, M. (1992). En Diccionario de hebreo bı́blico (1. ed., pp. 427–428). Editorial Mundo Hispano.<br>[13] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., &amp; Briggs, C. A. (Charles A. (1906). En The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Houghton, Mifflin and Company.<br>[14] Telushkin, Joseph. Op. cit., p. 42.<br>[15] Swanson, J. (1997). En Dictionary of Biblical Languages with Semantic Domains: Hebrew (Old Testament) (electronic ed.). Logos Research Systems, Inc.<br>[16] Strong, J. (1995). En Enhanced Strong’s Lexicon. Woodside Bible Fellowship.<br>[17] Chávez, M. (1992). En Diccionario de hebreo bı́blico (1. ed., pp. 613–614). Editorial Mundo Hispano.<br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1060 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 7 de junio del 2026</title>
						<description><![CDATA[1060 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 7 de junio del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XII“21 Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel. 22 Y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión; todo lo q...]]></description>
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			<pubDate>Mon, 08 Jun 2026 14:59:44 +0000</pubDate>
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Repetimos la importancia que posee este segmento de las narrativas bíblicas acerca de este paladín. Estas procuran, entre otras cosas, colocarnos en una mejor posición para examinar los procesos que el Señor utilizó con José para prepararlo de modo que él fuera capaz de cumplir con los propósitos que Él había definido para ese joven.<br><br>Necesitamos comenzar esta reflexión presentando un comentario adicional acerca del mal manejo del amor que exhibió Jacob, el padre de José. Creemos que esta pieza es clave para poder ser capaces de comprender los senderos complicados por los que José necesitó caminar. La tesis que estaremos formulando es la siguiente: José necesitaba ser adiestrado en el amor y la justicia. Esta necesidad surgió de los pobres modelos que él tuvo acerca de estas virtudes cuando se encontraba en el seno familiar. Este sería entonces uno de los adiestramientos más importantes que este hombre recibiría en la vida.<br><br>José necesitaba aprender algo que está mucho más allá de las bendiciones y de los testimonios del favor de Dios que recibimos a diario. La Biblia dice que José había sido prosperado por el Señor, las evidencias de la presencia de Dios andaban sobre él y con él (Gén 39:1-6). José había aprendido a identificar y a aferrarse a los principios y a los valores centrales de la fe, a su carácter como hijo de la promesa. Él prefirió perder todo lo que había ganado con la finalidad de ser fiel a Dios e íntegro en todas sus relaciones (vv. 7-12). No obstante, esto no era suficiente. Su transformación no había sido completada porque él no había sido expuesto al adiestramiento más importante, el que haría posible que esto pudiera ocurrir.<br><br>Este joven necesitaba aprender a encontrar y experimentar el amor de Dios: esa clase de amor que cubre multitud de faltas. Él tenía que aprender a aplicarlo balanceado por un sentido correcto de la justicia. José necesitaba aprender a amar a su padre, a sus hermanos y a sus prójimos; incluyendo al pueblo de Egipto. Al mismo tiempo, él necesitaba aprender a acercarse a ellos con un sentido de justicia permeado por el amor transformador del Señor. Este joven tenía que aprender a amarlos sin perder las oportunidades de enfrentarlos a la justicia de nuestro Dios.<br><br>Debemos entender que el amor es el tema central de la Palabra de Dios. El amor de Dios, el amor por Dios, por nuestros semejantes y por todo lo creado son piedras angulares de esta. La teología sistemática afirma que todos los mandamientos bíblicos se reducen, en última instancia, a dos: amar a Dios y amar al prójimo. Un postulado bíblico básico: Dios se define a sí mismo como amor (1 Jn 4:8). El amor es entonces la virtud suprema, el testimonio revelado de la gracia en Cristo y el fruto natural de un corazón transformado por el Espíritu Santo.<br><br>Todos sabemos que el amor divino permea toda la actividad de Dios como creador y redentor de la creación. Sabemos que el amor de Dios por el mundo se demostró al enviar a su Hijo para que todo aquel que cree en él tenga vida eterna (Juan 3:16). La Biblia dice que Dios muestra este amor al enviar a Cristo a morir por nosotros aun cuando éramos pecadores (Romanos 5:8).<br><br>El amor salvífico y redentor de Dios se dirige sin excepción hacia todos los seres humanos; incluso hacia aquellos que son rebeldes y malvados.<br><br>La Biblia nos enseña que nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero (1 Juan 4:19-21). Sin embargo, este amor no puede permanecer dirigido únicamente a Dios. Hemos sido llamados amar al prójimo mucho más allá de querer obedecer un mandamiento. Lo amamos porque ha sido creado a la imagen y semejanza de Dios y como un testimonio de gratitud por el amor que recibimos de Dios. La Biblia establece que aquellos que afirman amar a Dios y odian a los demás son mentirosos. Esto es así porque la Biblia dice que no se puede amar a Dios, a quien no se ha visto, si no se ama al hermano, a quien sí se ha visto (1 Juan 4:19-21). Esta aseveración afirma que el amor divino hace posible el amor humano. Aceptar el amor infinito de Dios implica aceptar y respetar su poder creador, así como amar al prójimo y a uno mismo.<br><br>En el caso del Nuevo Testamento, Cristo, nuestro Señor y Salvador, extendió ese amor radical a nuestros enemigos ordenándonos que amemos a quienes nos maldicen, que hagamos el bien a quienes nos odian y que oremos por quienes nos maltratan (Mateo 5:43-44).<br><br>Regresando a Jacob, tenemos que concluir que ese patriarca no manejó bien el amor como una emoción ni como una virtud. Esta situación colocó a este patriarca en medio de muchas disyuntivas que generaron grandes crisis.<br><br>Examinemos esto con un poco más de exactitud. El análisis de las Sagradas Escrituras nos permite ver que el tema del amor por alguien, por la familia o por un hijo, es uno sumamente importante y que este posee una estructura muy particular. Vemos un ejemplo de esta estructura en el caso de los patriarcas. Vemos en la Biblia que el amor aparece relacionado a Abraham en una sola ocasión (Gén 22:2); Abraham amaba a Isaac. Este aparece en dos (2) ocasiones en la historia de Isaac (Gén 24:67; 25:28); Isaac amaba a Rebeca y a Esaú. Sin embargo, en el caso de Jacob, el tema del amor por alguna persona aparece en siete (7) ocasiones (Gén 29:18, 20, 30, 32; 37:3, 4; 44:20). La exégesis bíblica nos conduce a la conclusión de que no existe otro personaje en el libro de Génesis del que se diga que amaba a otra persona tanto como lo expresa acerca de Jacob. En otras palabras, Jacob no tenía problemas para amar. Sin embargo, su manejo del amor estaba divorciado de su capacidad para escuchar, para hacer justicia (ser justo) y para ser empático. Su necesidad de ser amado y de sentirse elegido desvirtuó su amor.<br><br>El Profesor Jonathan Sacks señala en uno de sus libros un dato interesantísimo acerca de lo que Jacob llamaba amor y cómo lo interpretó Dios. Por ejemplo, la Biblia no dice que Jacob odiaba a Lea. La Biblia dice que él amaba a Lea, pero que amaba más a Raquel.<br><br><i>“30 Y se llegó también a Raquel, y la amó (“ʼâhab”, H157) también más que a Lea; y sirvió a Labán aún otros siete años.”</i>&nbsp; (Gén 29:30)<br><br>En cambio, la Biblia dice que lo que Dios observaba era que Lea era despreciada.<br><br><i>“31 Y vio Jehová que Lea era menospreciada (“śânêʼ”, H8130), y le dio hijos; pero Raquel era estéril.”</i> &nbsp;(Gén 29:31)<br><br>Necesitamos colocar estos versos bíblicos en un contexto más amplio. Adelantamos en algunas de las reflexiones anteriores que la historia de la familia de Jacob es un preludio esencial para el Libro de Éxodo y para el pacto que Dios hizo allí con su Pueblo. Decíamos en una de estas reflexiones que Jonathan Sacks nos recuerda que el análisis de esa historia, la del Éxodo, nos coloca ante la necesidad de aceptar que el pacto que Dios establece con su pueblo en el segundo libro de la Biblia está basado en la correspondencia biunívoca que existe entre el amor y la justicia. Sacks plantea que el amor es ciego cuando es separado de la justicia y que la justicia es impersonal cuando es separada del amor. [1]<br>&nbsp;<br>Esto es lo mismo que encontramos en las historias de Jacob, de sus esposas y de sus hijos. Sacks afirma que esas narrativas bíblicas destacan la relación entre estas virtudes.[2] El estudio de estos pasajes bíblicos revela que Jacob demostró que él no tenía la capacidad para entender cómo era que sus sentimientos impactaban a los demás. En esa reflexión también presentamos que las historias que encontramos en el segundo libro de la Biblia están repletas de situaciones en las que estas dos (2) virtudes están en juego.<br><br>Un dato adicional que compartimos en esa reflexión es que Jacob experimentó un desbalance entre estas dos (2) virtudes: el amor y la justicia. Concluimos allí que esto aumentó significativamente luego de las tres (3) pérdidas que él experimentó luego de salir de la casa de sus padres y de la casa de Labán: la pérdida de Débora, de Raquel e Isaac (Gén 35:8,16-19, 27-29). Recordamos que el hecho de que la Biblia destaque estas tres (3) pérdidas, de forma consecutiva y en el mismo capítulo, es una forma de puntualizar la importancia que tenían estas tres (3) personas para Jacob. Esto, con un énfasis particular en Débora, la nodriza de Rebeca. Esta anciana no había sido identificada por su nombre en los pasajes bíblicos anteriores. Con toda probabilidad, ella era la última persona del seno familiar de Jacob con la que él se había sentido seguro y confiado. Este caso es distinto al de Rebeca, cuyo cuerpo fue sepultado en la tumba de los patriarcas (Gén 49:31), pero cuya muerte y sepultura no aparecen documentadas en la Biblia.<br><br>Repetimos: Jacob no fue capaz de balancear estas virtudes. Esta debilidad en su carácter condujo a sus hijos a aprender a envidiar y luego a aborrecer (“<i>śânêʼ</i>”, H8130) a José. No podemos olvidar lo que José representaba para sus hermanos. Él era el mayor de los hijos de Raquel, la esposa que “Jacob amaba más.” Él era también el hijo que Jacob amaba.<br><br>¿Cuál es la importancia y la relevancia de todo esto en la vida de José? Es obvio que este joven no tuvo un modelo correcto acerca del amor en el seno de su familia. Saber amar correctamente es una de las cosas que este joven tenía que aprender en vías de poder ser transformado. Dios, con su buen “sentido” del humor, escogió la cárcel para que José aprendiera a amar y para que lo aprendiera a hacer balanceado por el sentido correcto de la justicia. Dios escogió la cárcel para que José también aprendiera a hacer justicia balanceado por el sentido correcto del amor como emoción y como virtud.<br><br>La cárcel a la que José fue enviado, entonces necesitaba ser vista como una escuela para aprender a amar. En esa “aula escolar” José aprendería a amar a sus semejantes, a su padre y a sus hermanos y a hacerlo anclado a un sentido correcto de la justicia. Además, José tendría que desarrollar allí un amor más profundo, amplio, ancho y largo por Dios (Efe 3:18-19).<br><br>¿Qué significa amar con un sentido correcto de lo que es la justicia? Las enseñanzas bíblico-cristianas describen que el amor con sentido de justicia significa amar a los demás y a Dios de una manera fundamentada en la integridad moral, la justicia y de acuerdo con la voluntad de Dios. No se trata simplemente de tener y poder expresar afecto o buenos sentimientos, sino de un amor con propósito, basado en principios bíblicos; transformadores.<br><br>Los lectores deben haberse percatado que este es un tema que requiere mucho tiempo de estudio y de análisis. No obstante, intentaremos resumir este con responsabilidad.<br><br>La biblioteca digital Logos resume que en las Sagradas Escrituras la justicia abarca tanto el carácter de Dios como la respuesta apropiada de la humanidad hacia Él. Esto es, un concepto que oscila entre la declaración forense y la transformación vivida. Ese recurso añade que la justicia funciona como un atributo divino que refleja la naturaleza moral de Dios y, por extensión, como un atributo de los seres humanos creados a su imagen.[3]<br>&nbsp;<br>El recurso académico que acabamos de citar señala que la justicia de Dios representa el estándar eternamente perfecto de lo que es correcto, estrechamente vinculado a su santidad y la ley moral.<br><br>Tenemos que señalar que el pueblo de Israel comprendía la justicia de Dios de una manera distinta a aquellos que creemos en Cristo como Señor y Salvador nuestro. Ellos veían la justicia, no como algo que se manifiesta como una cualidad abstracta, sino como el cumplimiento de las promesas de Dios a través del pacto que Él hizo con su Pueblo. Esto es, como una dimensión de lo divino experimentada por quienes mantienen una relación de pacto con Él. O sea, que la justicia de Dios en el Antiguo Testamento trata acerca de lo que Dios hacía con su pueblo para cumplir el pacto establecido con ellos.[4]<br><br>En cambio, la justicia en el Nuevo Testamento gira alrededor de nuestra relación con Dios a través de Cristo y, por ende, alrededor de nuestras relaciones con los demás.[5]<br>&nbsp;<br>Los cristianos creemos que la justicia establece relaciones correctas —principalmente con Dios, y secundariamente con los demás, cumpliendo las expectativas justas en cualquier contexto relacional. Esto se extiende a todas las dimensiones de la vida: familia, ciudadanía, comercio, gobierno, profesión, vocación, etc.<br><br>En este punto, el Nuevo Testamento revela aquí una tensión que es crucial. La Biblia afirma que nadie alcanza la justicia mediante el cumplimiento de la ley, ya que todos se quedan cortos ante el estándar de Dios (Rom 3:20). A todo esto, hay que añadir que la justicia como virtud es un don inmerecido. La Biblia establece esto presentando la afirmación misericordiosa de Dios que declara justos a quienes confiamos en Cristo (Rom 3:24).[6] Subrayamos que la Biblia establece que esta justificación forense debe generar frutos éticos. O sea, que aquellos que son declarados justos por la fe (Rom 5:1), al mismo tiempo, deben buscar hacer obras justas y crecer en justicia mediante la gracia de Dios.[7]<br>&nbsp;<br>Este resumen no estaría completo si no afirmamos que la justicia de Dios triunfa tanto en el juicio contra los pecadores impenitentes como en la salvación a través del amor por quienes se arrepienten y reclaman la promesa del pacto de Dios en Cristo.<br><br>Afirmamos que los fundamentos bíblicos que defendemos como cristianos presentan la justicia y el amor como inseparables. Ya hemos visto que la justicia consiste en vivir de acuerdo con los estándares de Dios. Repetimos que el pueblo de Israel creía que podía hacer esto obedeciendo los mandamientos. Al mismo tiempo, hemos visto que la Biblia afirma en el Nuevo Testamento que bajo la Ley nadie podría alcanzar la salvación (Rom 3:28; Gál 2:16). El Nuevo Testamento resuelve esos dilemas afirmando que los creyentes en Cristo creemos que ese sentido de justicia opera desde la fe en Cristo.<br><br>Es interesante conocer que algunos pasajes del Antiguo Testamento establecen esa relación entre el amor y la justicia. Por ejemplo:<br><br><i>“El que busca la justicia y el amor inagotable encontrará vida, justicia y honor.”</i> (Pro 21:21, NTV)<br><br>Resumiendo: amar con sentido de justicia significa:<br>&nbsp;&nbsp;<ul><li>Actuar con justicia: tomar decisiones que reflejen equidad, verdad e integridad.</li><li>Servir a los demás con sacrificio: anteponer sus necesidades a las propias, sin buscar beneficio personal.</li><li>Exigir a los demás altos estándares morales mientras fomentamos el crecimiento en la virtud y la responsabilidad.</li><li>Ser paciente y bondadoso: incluso en situaciones difíciles, mostrando compasión y perdón.</li></ul><br>¿Por qué es que esto es tan importante? Cuando el amor se basa en la justicia, este genera<br>confianza y respeto en las relaciones. Además, refleja el carácter de Dios a través de nosotros y ante los demás. Esto crea un legado de influencia moral y cambio positivo y alinea nuestras vidas con los propósitos de Dios, lo que conduce al crecimiento espiritual y a la bendición.<br><br>¿Cómo desarrolla Dios estas enseñanzas en las prisiones que aparecen documentadas en la Biblia? Las respuestas para esta pregunta son monumentales toda vez que todos los personajes bíblicos que fueron encarcelados nos ofrecen la oportunidad de revisar prontuarios diferentes y personalizados.<br><br>Tomemos como ejemplo al profeta Jeremías. La Biblia dice que Dios utilizó una de las varias ocasiones en las que este perdió su libertad para revelarle el poder que hay en el clamor (“<i>qârâ</i>ʼ”, H7121): llamar a Dios por su nombre, proclamar ese nombre, publicar ese nombre, invitar a aquél que posee ese nombre.<br><br><i>“1 Vino palabra de Jehová a Jeremías la segunda vez, estando él aún preso en el patio de la cárcel, diciendo: 2 Así ha dicho Jehová, que hizo la tierra, Jehová que la formó para afirmarla; Jehová es su nombre: 3 Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”</i>&nbsp; (Jer 33:1-3)<br><br>En otra ocasión, en la que había sido echado al calabozo, este profeta fue comisionado por Dios para dar una palabra de juicio y sentencia divina al rey de turno.<br><br><i>“15 Y los príncipes se airaron contra Jeremías, y le azotaron y le pusieron en prisión en la casa del escriba Jonatán, porque la habían convertido en cárcel. 16 Entró, pues, Jeremías en la casa de la cisterna, y en las bóvedas. Y habiendo estado allá Jeremías por muchos días, 17 el rey Sedequías envió y le sacó; y le preguntó el rey secretamente en su casa, y dijo: ¿Hay palabra de Jehová? Y Jeremías dijo: Hay. Y dijo más: En mano del rey de Babilonia serás entregado.”</i> (Jer 37:15-17)<br><br>En otra ocasión en la que Jeremías estaba preso, Dios lo instruyó a profetizar palabras de esperanza a Ebed-melec el etíope.<br><br><i>“15 Y había venido palabra de Jehová a Jeremías, estando preso en el patio de la cárcel, diciendo: 16 Vé y habla a Ebed-melec etíope, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo traigo mis palabras sobre esta ciudad para mal, y no para bien; y sucederá esto en aquel día en presencia tuya. 17 Pero en aquel día yo te libraré, dice Jehová, y no serás entregado en manos de aquellos a quienes tú temes. 18 Porque ciertamente te libraré, y no caerás a espada, sino que tu vida te será por botín, porque tuviste confianza en mí, dice Jehová.” </i>(Jer 39:15-18)<br><br>Estos ejemplos nos permiten llegar a la conclusión de que Dios no permitió que Jeremías fuera a la cárcel para que aprendiera a vivir auto conmiserándose. Dios permitió que este profeta sufriera estas experiencias para mantenerlo cerca de los lugares en los que se encontraba la necesidad de una palabra de Dios certera, precisa y ungida. Además, estas prisiones sirvieron como una escuela para que profeta aprendiera a amar el clamor, el nombre de Dios y su cercanía. Esas escuelas sirvieron para que él afirmara su compromiso con el servicio a aquellos que necesitaban que él les sirviera como un profeta que no tenía compromisos políticos ni económicos: sólo estaba comprometido con Aquél que lo había llamado.<br><br>Los ejemplos del Apóstol Pablo en prisión presentan algunas variaciones muy significativas. Por ejemplo, hay varias de las cartas paulinas que fueron escritas en una prisión (Efe 3:1; 4:1; Col 4:3; Fil 1:7, 13, 14, 16; 2 Tim 1:8; Filemón 1:1,9). En otras palabras, que el Señor separó a ese Apóstol de la libre comunidad para captar toda su atención de modo que pudiera recibir la inspiración del Espíritu Santo para escribir esas cartas. El Apóstol Pablo encontró que sus prisiones eran mesas de trabajo para escribir algunos de los documentos que forman parte de lo que hoy llamamos Palabra de Dios<br><br>Leemos en la Biblia que en otra ocasión el Apóstol Pablo experimentó que la cárcel era el mejor escenario para desarrollar un servicio de adoración y de alabanza con énfasis en la evangelización (Hch 16:19-32). La Biblia dice que la presencia de Dios se podía experimentar con tanta fuerza en ese lugar que los <i>“cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron”</i> (v. 26b). El milagro de la apertura de la cárcel fue monumental. Sin embargo, los otros milagros que ocurrieron allí son mucho más grandes. La manifestación del poder de Dios fue tan grande que ninguno de los presos se quiso ir de esa cárcel (v. 28). Además, el poder de Dios manifestado en esa cárcel provocó que el carcelero de Filipos y toda su familia aceptaran a Cristo como Señor y Salvador (vv. 29-34).<br><br>Pablo aprendió que las cárceles son escuelas para recibir la Palabra inspirada de Dios, para adorar y para evangelizar. Esto, amando y sirviendo con justicia a aquellos que lo ajusticiaban, a sus familias y a todos los integrantes de esas prisiones.<br><br>En el caso del Apóstol Pedro podemos ver que la cárcel fue el escenario que el Señor utilizó para retar la fe y la capacidad de orar y creer de la iglesia.<br><br><i>“4 Después de arrestarlo, lo metió en la cárcel custodiado por 16 soldados. Herodes quería esperar hasta después de la Pascua, y luego iba a traerlo ante el pueblo para hacerle un juicio. 5 Mientras Pedro permanecía preso, la iglesia oraba constantemente a Dios por él. 6 Pedro estaba atado con dos cadenas y dormía en medio de dos soldados. Había más soldados cuidando la puerta de la cárcel. Era de noche y Herodes había planeado llevar a Pedro ante el pueblo al día siguiente. 7 De pronto, apareció un ángel del Señor. Una luz brilló en la celda, el ángel tocó a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo: «¡Levántate rápido!» Entonces las cadenas se cayeron de las manos de Pedro. 8 Luego, el ángel le dijo: «Vístete y ponte las sandalias». Pedro lo hizo y entonces el ángel le dijo: «Ponte la capa y sígueme». 9 El ángel salió y Pedro fue tras él, sin saber si eso estaba pasando en realidad o si era una visión. 10 Pedro y el ángel pasaron la primera guardia, luego la segunda y llegaron a la puerta de acero que los separaba de la ciudad. La puerta se abrió sola, Pedro y el ángel salieron, caminaron más o menos una cuadra y de repente el ángel desapareció. 11 Pedro entendió lo que había pasado y pensó: «Ahora sé que el Señor me envió de verdad a su ángel. Él me salvó de Herodes. El pueblo judío pensó que me iba a ir mal, pero el Señor me salvó». 12 Cuando Pedro se dio cuenta de esas cosas, se fue a casa de María, la mamá de Juan, al que también llamaban Marcos. Muchos estaban reunidos allí, orando. 13 Pedro llamó a la puerta de afuera, y una sierva llamada Rode salió a ver quién era. 14 Ella reconoció la voz de Pedro y se puso tan contenta que se le olvidó abrir la puerta. Corrió adentro y les dijo a todos los que estaban allí: —¡Pedro está en la puerta! 15 Ellos le dijeron a Rode: —¡Estás loca! Pero ella siguió diciendo que era verdad, así que ellos dijeron: —Debe ser el ángel de Pedro. 16 Pero Pedro seguía llamando a la puerta. Cuando fueron a abrir la puerta y lo vieron, quedaron atónitos. 17 Él les indicó que se callaran y luego les explicó a todos cómo el Señor lo había sacado de la cárcel. Les dijo: —Vayan a contarles a Santiago y a los demás hermanos todo lo que pasó. Entonces Pedro se fue a otro lugar.”</i> (Hch 12:4-17, PDT)<br><br>Estos ejemplos bíblicos sirven para demostrar que Dios puede utilizar todas nuestras cárceles para cumplir sus propósitos al mismo tiempo en el que demuestra su poder, su favor y su gloria. Cualquier clase de cárcel, emocional, de salud, económica, familiares, relacionales, profesionales o vocacionales puede ser utilizado así por Dios. Estos ejemplos también sirven para demostrar que Dios puede utilizar nuestras cárceles para enseñarnos aquello que no hemos aprendido y/o que otros necesitan aprender.<br><br>Dios permitió que José fuera a la prisión para que aprendiera a aprender quién es Dios, qué es su amor, qué es la justicia y cómo vivir balanceando ambas virtudes conforme al propósito divino. Ese aprendizaje lo condujo en un momento a ser capaz de expresar lo siguiente:<br><br><i>“4 Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. 5 Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros. 6 Pues ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los cuales ni habrá arada ni siega. <br>7 Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación. 8 Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto.”</i>&nbsp; (Gén 45:4-8, RV 1960)<br><br><i>“15 Viendo los hermanos de José que su padre era muerto, dijeron: Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos. 16 Y enviaron a decir a José: Tu padre mandó antes de su muerte, diciendo: 17 Así diréis a José: Te ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque mal te trataron; por tanto, ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban. 18 Vinieron también sus hermanos y se postraron delante de él, y dijeron: Henos aquí por siervos tuyos. 19 Y les respondió José: No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? 20 Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. 21 Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón.”</i> (Gén 50:15-21)<br>&nbsp; <br><br><br>[1] Sacks, Jonathan. Genesis: The Book of Beginnings (Covenant &amp; Conversation 1) (pp. 200-202). Kindle Edition.<br>[2] Op. cit.<br>[3] Diehl, David W., “Righteousness”, en Evangelical Dictionary of Theology (3rd edition), editado por Daniel J. Treier y Walter A. Elwell. Grand Rapids: Baker Academic: un División de Baker Publishing Group (© 1984, 2001, 2017).<br>[4] Marlon, Soards. “Righteousness” en el Holman Bible Dictionary.<br>[5] Elwell, Walter A. y Phillip Wesley Comfort, en Tyndale Bible Dictionary. Wheaton, IL: Tyndale House. Publishers, 2001, p. 1134.<br>[6] Marlon, Soards, Op. cit.<br>[7] Op. cit.<br><br><br><br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1059 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 31 de mayo del 2026</title>
						<description><![CDATA[1059 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 31 de mayo del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XI“21 Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel. 22 Y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión; todo lo qu...]]></description>
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			<pubDate>Sun, 31 May 2026 06:00:00 +0000</pubDate>
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Un ejemplo de esto lo encontramos en un rabino llamado Joseph Soloveitchik. Este exégeta judío afirmó que el Creador del mundo decidió disminuir la imagen y la estatura de la creación con el fin de proveer ese espacio saludable a la obra de sus manos. En ese espacio, decía este rabino, el ser humano tendría la responsabilidad de realizar algunas tareas que lo conducirían a ser coronado de gloria y honra, luego de haberse señoreado sobre las obras de las manos del Eterno (Sal 8:5-6).[2]<br>&nbsp;<br>Es cierto que los seres humanos le debemos honra y reconocimiento a Dios, al mismo tiempo que Él nos provee el espacio en el que podemos crecer y desarrollarnos. No es menos cierto que el pecado que está en todos nosotros nos conduce a deshonrar a Dios. No obstante, esto no ha obstaculizado que Dios continúe brindándonos ese espacio saludable para crecer. Gracias sean dadas a Él por su misericordia y su gracia.<br><br>Acerca de esto Jonathan Sacks decía que esto mismo debe ocurrir en una familia. Él sostiene que tiene que existir un balance entre aquello que los hijos le deben a los padres, la honra que se le debe a los progenitores, y el espacio en el interior de la familia en el que los hijos pueden crecer.[3] &nbsp;<br>&nbsp;<br>Es obvio que los creyentes en Cristo Jesús aspiramos a recibir coronas superiores a la que describen el salmista y Soloveitchik. La Biblia dice que los creyentes en Cristo aspiramos a recibir la corona de justicia que está guardada para aquellos que han sido lavados con la sangre que nuestro Salvador derramó en la cruz del Calvario.<br><br><i>“8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.”</i> (2 Tim 4:8, RV1960).<br><br>Nosotros aspiramos a recibir la corona de la vida que Dios ha prometido entregar a aquellos que le aman.<br><br><i>“12 Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.”</i>&nbsp; (Stg 1:12)<br><br><i>“10 No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.”</i> (Apo 2:10;)<br><br>Además, a aquellos que somos creyentes en Cristo se nos ha prometido la corona de gloria incorruptible, una que recibiremos cuando aparezca en los cielos el Príncipe de los pastores.<br><br><i>“4 Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.”</i>&nbsp; (1 Ped 5:4).<br><br>Afirmamos que la primera corona, la que describe el salmista, ha sido dispuesta para todos los seres humanos. En cambio, las otras han sido preparadas para aquellos que confiesan que Jesucristo es el Señor y el Salvador de sus vidas. Juan, el escritor del Libro de Apocalípsis, fue instruido por el Señor a colocar una advertencia sobre este tema:<br><br><i>“11 He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.”</i> (Apo 3:11, RV1960)<br><br>Regresando a la saga de José, esta nos permite concluir que Jacob no proveyó ese espacio saludable para el crecimiento de José y para ninguno de sus otros hijos. Jacob estaba tan ensimismado en sentirse amado y en convertirse en el cumplimiento de la promesa que Dios le había dado a Abraham, que no supo velar por el desarrollo saludable de los suyos. Por un lado, Jacob no parecía entender que sus manifestaciones de amor dividían a su familia. Por el otro, tampoco parecía tener claro que esos que él había descuidado tendrían la responsabilidad de aprender a vivir como los hijos de esa promesa y de desarrollar ésta a plenitud. El Profesor Jonathan Sacks comenta que ser escogidos, hijos de la promesa, significa una vida de altas demandas y experiencias muy duras.[4]<br>&nbsp;<br>Una de las “travesuras” que Dios insertó en el plan para el desarrollo de la vida y el carácter de José incluyó que el undécimo hijo de Jacob encontrara ese “espacio saludable” para su desarrollo en el cautiverio en Egipto y en una cárcel. Afirmamos que el Señor es especialista en la preparación de espacios saludables para el crecimiento de aquellos que creen en Él. En muchas ocasiones estos espacios vienen vestidos de ropajes de crisis, de dolor y/o como fuentes que provocan el desaliento.<br><br>Hemos visto en otras reflexiones que José experimentó una crisis antes de llegar a esa cárcel. Esta crisis sirvió como una experiencia de preparación previa para que él pudiera hacer buen uso de ese espacio provisto por Dios. Dicho de otro modo, José necesitaba la experiencia en la casa de Potifar para que esta le permitiera y le preparara para utilizar la cárcel como un lugar para crecer. Este joven necesitaba crecer hasta alcanzar la estatura necesaria para el cumplimiento de los propósitos divinos. La experiencia con la esposa de Potifar, la tentación que él sufrió allí, fue una oportunidad para aquilatar su identidad y sus valores.<br><br>Sacks puntualiza esto al analizar el conflicto mental que José experimentó con el incidente que ocurrió con la esposa de Potifar. Uno de los asuntos concernientes a ese conflicto era la tentación de traicionar ese fuerte sentido de identidad y los valores adscritos a ser hijo de la promesa (“<i>…y cometer un pecado contra Dios</i>”, Gén 39:9b, PDT). Otro, el conflicto acerca de sus lealtades; faltarle a esa persona que le había otorgado privilegios inmerecidos.[5]<br><br>Recordemos que José se encontraba insertado en un centro urbano, en una metrópoli, con luces, edificios y colores nunca antes vistos, lejos de su hogar y luchando con los fantasmas provocados por las traiciones sufridas en casa. Este joven pudo haber sucumbido ante la tentación de ceder su identidad, ceder los valores con los que había sido formado, ceder los designios de su conciencia y los principios que le identificaban como hijo de la promesa. Tenemos que admitir que no era muy difícil decidir convertirse en egipcio con todas las libertades sexuales que esto implicaba.<br><br>Sacks le puso un nombre a ese conflicto: crisis de conciencia.[6] Esa expresión, popularizada en Francia en la década de los años treinta del siglo pasado (“<i>crise de conscience</i>”), regresó a la consideración pública por virtud de un libro escrito por Raymond Franz. Franz, quien fuera miembro del cuerpo de gobierno internacional de los Testigos de Jehová, decidió escribir ese libro cuando abandonó ese cuerpo directivo.[7] A continuación, una cita directa de ese libro:<br><br><i>“Tenemos la opción, por supuesto, de rodear nuestra conciencia con una especie de capullo de complacencia, de seguir pasivamente la corriente, protegiendo nuestros sentimientos de todo aquello que pueda perturbarlos. Cuando surgen problemas, en lugar de tomar postura, podemos decir, en efecto: «Me mantendré al margen; otros pueden verse afectados, incluso heridos, pero yo no». Algunos pasan toda su vida en una postura moral pasiva. Pero, al final, cuando la vida se acerca a su fin, parece que quien puede decir: «Al menos defendí algo», debe sentir mayor satisfacción que quien rara vez defendió algo. <br>A veces nos preguntamos si las personas de profunda convicción se han convertido en una especie en extinción, algo de lo que leíamos en el pasado, pero que apenas vemos en el presente. A la mayoría nos resulta bastante fácil actuar con buena conciencia siempre que lo que está en juego sea de poca importancia. Cuanto más está en juego, mayor es el costo, más difícil resulta resolver cuestiones de conciencia, emitir un juicio moral y aceptar sus consecuencias. Cuando el costo de lo que está en juego es muy alto, nos encontramos ante una encrucijada moral, enfrentando una verdadera crisis en&nbsp;</i><i>nuestras vidas.<br>&nbsp; <br>&nbsp;Este libro trata sobre ese tipo de crisis, la forma en que las personas la afrontan y el efecto que tiene en sus vidas.”</i>[8] (traducción libre)<br><br>Ese tema también fue ampliamente analizado por Tom Mueller en su libro “<i>Crisis of Consience: whistleblowing in an age of fraud</i>.” (Atlantic Books, 2020).[9]<br><br>¿Qué es una crisis de conciencia? Una crisis de conciencia es ante todo un conflicto interior profundo, generalmente desencadenado cuando una persona se enfrenta a un dilema moral, ético o existencial. En esencia, es un momento en el que los valores, las acciones y la identidad de esa persona entran en tensión, provocando duda, culpa o cuestionamiento personal. En otras palabras, una crisis de conciencia corresponde a un cuestionamiento moral intenso que perturba la mente. Surge cuando alguien se da cuenta de que sus actos, sus decisiones o su modo de vida ya no están alineados con sus valores más profundos.<br><br>Los especialistas en este tema han propuesto que este tipo de crisis puede desencadenarse cuando enfrentamos lo siguiente:<br>&nbsp;&nbsp;<ul><li>Conflictos de valores: Cuando nuestras acciones contradicen nuestros principios personales.</li><li>Presiones sociales: Cuando nuestras expectativas familiares, profesionales o culturales chocan con aquello que realmente deseamos.</li><li>Evolución personal: Cuando vemos que nuestros valores cambian, pero nuestra vida aún no se adapta a ese cambio.</li><li>Eventos externos: La presencia de algunas crisis económicas, políticas o personales que obligan a que reevaluemos nuestro lugar en el mundo.</li></ul><br>¿Cómo se manifiesta este tipo de crisis? Los primeros síntomas son la ansiedad y el estrés.<br>Debemos entender que el conflicto interno que genera este tipo de crisis desarrolla una fuerte tensión psicológica. Además, esta crisis usualmente trae consigo culpa o vergüenza. Esto es, la sensación de haber actuado mal o en contradicción con uno mismo. Sabemos que esto último no le ocurrió a José.<br><br>En muchos casos la persona que sufre una crisis de conciencia comienza a experimentar dudas sobre su identidad. Estas se pueden manifestar a través de la impresión de no saber quiénes somos, no saber qué queremos, o si realmente somos lo que hemos creído ser. Aquellos que han escrito con responsabilidad acerca de este tema, añaden que las personas que sufren este tipo de crisis generalmente procuran un tipo de retiro social. Este tipo de retiro también puede manifestarse como dificultad, temor para compartir con los demás el malestar que se experimenta.<br><br>Sabemos que una crisis de conciencia puede convertirse en un motor de transformación. La Biblia nos deja conocer que esto es lo que Dios orquestó en la vida de José. Los mejores testimonios acerca del manejo de este tipo de crisis describen que se experimenta la necesidad de un realineamiento personal: regresar a lo que realmente importa. Ese es un punto de inflexión, clave en este tipo de crisis. Al mismo tiempo, se describen las luchas para encontrar que se toman decisiones más auténticas: aprender a elegir de manera coherente utilizando como lentes rectores los valores, los principios y la identidad que realmente poseemos. Además, todo esto viene acompañado de un proceso de crecimiento interior.<br><br>Reconocemos que muchos creyentes en Cristo experimentan esta crisis. Una buena noticia es que la Biblia está llena de ejemplos de muchos ejemplos de esto. Un ejemplo singular de este tipo de crisis la observamos en Job.<br><br>En el caso de Job, las narrativas bíblicas acerca de él nos invitan a reconocer, a ser capaces de comprender que no existe manera alguna en que podamos entrar a conocer a Dios y su llamado sin tener temor y sin experimentar una crisis de conciencia. La invitación divina nos coloca ante la necesidad y el reto de revisar quiénes somos y por qué es que Dios quiere revelarse a nosotros. Eso fue lo que le sucedió a Job.<br><br>La historia de Job nos invita a internalizar que la invitación divina es a que nos arriesguemos a conocer el amor insondable y eterno de Dios. Pero, como ha dicho un teólogo católico llamado Carlo M. Martini[10], entrar al conocimiento de ese amor sin fin, corresponde a entrar a misterios sin fin y a la necesidad de arriesgarnos a ser transformados por ese amor y dentro de ese amor.<br>&nbsp;<br>Encontramos, realizando una mirada rápida al libro que lleva su nombre, que Job examina su conciencia en los capítulos 29 (“Canto del pasado y de la nostalgia”), 30 (“Canto del presente y del horror”) y 31 (“Canto del futuro y de la inocencia”)[11]. Gianfranco Ravasi, un cardenal católico, ha dicho que estas expresiones se asemejan a las expresiones antiguas que tenían que expresar los muertos acerca de su inocencia cuando llegaban ante los dioses[12]. Job no se había percatado que Dios no lo había sentenciado a morir. Dios quería transformarlo para que fuera capaz de vivir una vida diferente y plena.<br>&nbsp;<br>Luego de esto, un Job que se siente despreciado, aterrorizado y hasta hostigado por Dios, necesitó que un joven llamado Eliú lo invitara a considerar que muchos de sus argumentos teológicos no eran correctos. No lo eran porque realmente Job no conocía a Dios. En segundo lugar, Eliú condujo a Job a entender que no estaba libre de pecado. Recordemos que una de las aseveraciones de Job es que él no había pecado (Job 35:3); que nadie lo podía convencer de que lo había cometido. Los seres humanos somos pecadores: todos. Sólo Cristo el Señor pudo afirmar que no cometió pecado (Heb 4:15). Estas dos (2) aseveraciones de Eliú sirvieron para crear la crisis de conciencia por la que Job atravesó.<br><br>El final de esas narrativas bíblicas es de todos conocida. Job concluye admitiendo lo siguiente:<br><br><i>“5 Hasta ahora solo había oído de ti, pero ahora te he visto con mis propios ojos. 6 Me retracto de todo lo que dije, y me siento en polvo y ceniza en señal de arrepentimiento».”</i> (Job 42:5-6, NTV)<br><br>Encontramos otros ejemplos en las historias de otros gigantes de la fe tales como Jeremías (Jer 15:10-21; 20:7-18), David (Salmo 51) y Pablo (2 Corintios, capítulos 11 y 12). Un denominador común en todos estos casos es que Dios se les reveló a sus siervos para ayudarles a convertir esas crisis en oportunidades para el desarrollo de su fe, de su relación con el Eterno y para que pudieran ser capaces de cumplir el propósito para el que Dios los había llamado.<br><br>Repetimos: José atravesó por este tipo de crisis.<br><br>Sabemos que Dios tiene que haberse revelado a ese joven. Es cierto que la Biblia no ofrece detalles acerca de esto, pero es obvio que esa revelación ocurrió. El mero hecho de la utilización constante del nombre de “<i>Yavé</i>” para describir a Dios en esa parte de la saga de José garantiza que Dios estaba revelándose en muchos lugares y al mismo tiempo.<br><br>Los escritos extrabíblicos del pueblo judío estilan que Dios se le reveló a José en medio de esa crisis. El Talmud (<i>Sotah</i> 36b) dice que Dios utilizó la imagen de Jacob para decirle a José que los nombres de sus once hermanos y el suyo estaban destinados a ser inscritos en el pectoral del Sumo sacerdote. Dice esa leyenda que José fue cuestionado en esa revelación si quería que su nombre fuera borrado de esa lista y si él quería pasar a la historia con el título de adúltero.<br><br>Sabemos que esta leyenda no forma parte del texto bíblico y que por lo tanto, no posee autoridad como Palabra de Dios. No obstante, esta leyenda sirve como un recurso pedagógico para nosotros porque provee algunos ejemplos de la revelación que Dios pudo haberle dado a José.<br><br>Sabemos que José rehusó caer en esa tentación. Sin embargo, la lucha con su conciencia, con su identidad, sus valores y sus principios como hijo de la promesa apenas comenzaba. Sus luchas con sus lealtades también fueron incluidas aquí.<br><br>Ese fue el momento y la estrategia que Dios utilizó para dar inicio a otros escenarios que eran necesarios para la transformación de ese joven. El espacio saludable para su crecimiento comenzaba a ampliarse: espacio en el que él tendría la oportunidad de revisar las columnas que sostenían su carácter y su identidad como hijo de la promesa. Para José, ese espacio amplio y saludable tenía un nombre: la prisión del rey.<br><br>La mayoría de los comentarios bíblicos y las publicaciones acerca del período en el que José estuvo en la cárcel se enfocan en tres (3) elementos relacionados al aprendizaje, a las destrezas y al carácter de José y a los temas de las enseñanzas acerca de la soberanía de Dios que se estilan en esos pasajes bíblicos. Los elementos relacionados a José son los siguientes:<br>&nbsp;&nbsp;<ul><li>la experiencia administrativa y las destrezas de liderazgo obtenidas allí.</li><li>la habilidad para la interpretación de sueños que se dio a conocer durante ese período.</li><li>la perseverancia de José que sirvió para demostrar su fidelidad y confianza en el Señor.</li></ul><br>A continuación, los temas acerca de las enseñanzas relacionadas a la soberanía de Dios:<br>&nbsp;&nbsp;<ul><li>la presencia del Señor en medio de nuestras adversidades (Gén 3:21).</li><li>el control que el Señor tiene sobre los asuntos humanos (Gén 50:20).</li><li>la prueba de la fe a través de las experiencias que producen dolor (Stg 1:2-4).</li></ul><br>Sin duda alguna que esos enfoques son extraordinarios y merecen ser analizados. Sin embargo, creemos que hay algo que tenemos que atender antes de dedicarnos a estudiar lo que hemos identificado relacionado a José y al tema de la soberanía de Dios. Se trata del análisis de las prisiones en Egipto.<br><br>Nuestra reflexión anterior nos permitió revisar algunos de los conceptos que se utilizan en el hebreo del Antiguo Testamento para describir una prisión o una cárcel. En esa reflexión también pudimos establecer la diferencia entre esos conceptos y el que es utilizado para describir la prisión a la que José fue enviado: “<i>bayith ṣōhar</i>” (H1004-H5470); casa de confinamiento (Gén 39:20,21,22, 23; 40:3, 5).<br><br>El estudio responsable de este tema requiere que esbocemos, aunque sea de manera superficial, el desarrollo histórico del imperio egipcio. Esto es muy importante porque el sistema judicial en ese imperio experimentó muchos cambios según avanzaba su desarrollo.<br><br>Es cierto que se han identificado documentos acerca del antiguo Egipto que revelan la existencia de legislación y de leyes para aplicar la justicia desde antes del desarrollo de ese imperio (cerca del año 6000 antes de Cristo). No obstante, la mayoría de los cambios en ese sistema ocurrieron luego del origen de ese imperio. A continuación, un resumen de sus etapas:<br>&nbsp;&nbsp;<ul><li>Período pré-dinástico (5500 - 3100 A.C.) &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; - &nbsp; &nbsp;Imperio antiguo (3100 - 2180 A.C.)</li><li>Primer período intermedio (2181 - 2055 A.C.) &nbsp; &nbsp;- &nbsp; Imperio medio (2055 - 1650 A.C.)</li><li>Segundo período intermedio (1650 - 1550 A.C.) - &nbsp; Imperio nuevo (1550 - 1070 A.C.)</li><li>Tercer período intermedio (1070 - 664 A.C.) &nbsp; &nbsp; &nbsp;- &nbsp; &nbsp;Período tardío (664 - 332 A.C.)</li><li>Época Ptolemaica (330 - 30 A.C.) &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;- &nbsp; &nbsp;Dominio romano (30A.C. – 395 D.C.)</li></ul><br>Los cambios en el sistema judicial del imperio egipcio, las variaciones experimentadas en esosperíodos, están íntimamente relacionadas a los retos históricos, políticos, económicos y religiosos que se experimentaron en estos. Los estudios acerca del antiguo Egipto no ofrecen muchos detalles acerca de las prisiones que existían antes de que existiera ese imperio y en las primeras etapas de este. En cambio, se conservan relatos de castigos inmediatos y brutales, tales como la flagelación, la mutilación y la muerte. Además, que la mayoría de las sentencias eran dictadas por un funcionario llamado “visir”.<br><br>Según la World History Encyclopedia ese funcionario en el antiguo Egipto era una de las personas más influyentes después del faraón. Algunos de los recursos consultados describen la función de este como una similar a la de un primer ministro. Además, este supervisaba el gobierno, incluyendo la disciplina de los criminales. Los criminales del antiguo Egipto se enfrentaban a dos tipos de juicios. El primero se realizaba en un tribunal con testigos, como se menciona en la Enciclopedia Británica, y el segundo en el inframundo, ante el dios Osiris, quien dictaba la sentencia final, según señala esa enciclopedia.[13]<br><br>Podemos encontrar en las publicaciones del National Geographic que en el antiguo Egipto existían dos tipos de delitos por los que un prisionero podía ser juzgado y condenado: delitos contra la población, como asesinato, adulterio o robo, y delitos contra el Estado, como traición, robo de bienes públicos y cualquier violación de las instituciones religiosas.<br><br>“<i>Las condenas a menudo se ejecutaban mediante trabajos forzados, o los delincuentes eran amenazados con el exilio a Nubia (actual norte de Sudán). Según la World History Encyclopedia, muchos criminales eran esclavizados, y la revista History señala que los esclavos se utilizaban principalmente como jornaleros agrícolas y sirvientes domésticos.</i>”[14] (traducción libre)<br><br>Por lo general los castigos eran inmediatos. En muchas ocasiones los reos eran vendidos como esclavos.[15]<br><br>Ahora bien, hay evidencias acerca del desarrollo del derecho egipcio en el Imperio Antiguo.<br><br>“<i>El derecho egipcio, originado con la unificación del Alto y el Bajo Egipto bajo el rey Menes (c. 2925 a. C.), se desarrolló y perduró hasta la ocupación romana (30 a. C.). Su historia es más extensa que la de cualquier otra civilización. Incluso después de la ocupación romana, se conservaron elementos del derecho egipcio fuera de las principales áreas urbanas.</i>”[16] (traducción libre)<br><br>Encontramos evidencias de la existencia de prisiones y de un sistema judicial con cortes en el imperio medio (2055-1650). Inicialmente, este sistema era dirigido por sacerdotes.[17] Las narrativas bíblicas acerca de José ocurrieron en esa época.<br><br>Dando un salto cualitativo, existe evidencia gráfica de reos trabajando en la construcción del templo que Ramesés II construyó (Abu Simbel, ca. 1279-1213 A.C.).[18]<br><br>Estos datos confirman que José llegó a un imperio que había experimentado cambios en su sistema judicial.<br><br>Hay otras evidencias que podemos compartir aquí acerca de la prisión a la que José fue enviado. No obstante, queremos concluir esta reflexión señalando que la Biblia dice que la recepción inicial que José recibió en esa cárcel no fue fácil ni placentera. Sin embargo, todo esto formaba parte del plan perfecto de Dios.<br><br><i>“16 Mandó hambre a la tierra de Canaán, y cortó la provisión de alimentos. 17 Luego envió a un hombre a Egipto delante de ellos: a José, quien fue vendido como esclavo. 18 Le lastimaron los pies con grilletes &nbsp; &nbsp;y en el cuello le pusieron un collar de hierro. 19 Hasta que llegó el momento de cumplir sus sueños, el Señor puso a prueba el carácter de José. 20 Entonces el faraón mandó a buscarlo y lo puso en libertad; el gobernante de la nación le abrió la puerta de la cárcel. 21 José quedó a cargo de toda la casa del rey; llegó a ser el administrador de todas sus posesiones. 22 Con total libertad instruía a los asistentes del rey y enseñaba a los consejeros del rey.”</i> (Sal 105:16-22, NTV)<br>&nbsp;<br><br><br>[1] Sacks, Jonathan. Genesis: The Book of Beginnings (Covenant &amp; Conversation 1) (p. 86). Kindle Edition.<br>[2] Soloveitchik, Joseph B. The Halakhic Mind: an essay on jewish tradition and modern thought. Seth Press. Distributed by The Free Press, Londres, 1986.<br>[3] Sacks, Op. cit.<br>[4] Sacks, Jonathan, Op. cit., p. 172.<br>[5] Op. cit., p.111.<br>[6] Op. cit., p.112.<br>[7] Franz, Raymond. Crisis of conscience: the struggle between loyalty to God and loyalty to one’s religion. Atlanta: Commentary Press, Fourth edition, 2002. La obra fue publicada por primera vez en 1983 y ha sido traducida en 12 idioma.<br>[8] Op.cit, p.1<br>[9] https://www.tommueller.co/crisis-of-conscience<br>[10] https://comboni2000.org/wp-content/uploads/2022/08/ff-2022-card.-martini-habeis-perseverado-conmigo-en-mis-pruebas-el-examen-de-conciencia-de-job-meditacion-3.pdf<br>[11] Op.cit.<br>[12] Encontramos expresiones similares en el Libro de los Muertos.<br>[13] https://www.grunge.com/488817/heres-what-it-was-like-for-criminals-in-ancient-egypt/<br>[14] https://www.grunge.com/488817/heres-what-it-was-like-for-criminals-in-ancient-egypt/<br>[15] https://museum.wa.gov.au/sites/default/files/ImagingAncientEgyptAbuSimbel.pdf<br>[16] https://www.britannica.com/topic/Egyptian-law<br>[17] https://www.grunge.com/488817/heres-what-it-was-like-for-criminals-in-ancient-egypt/<br>[18] https://www.grunge.com/488817/heres-what-it-was-like-for-criminals-in-ancient-egypt/<br><br><br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1058 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 24 de mayo del 2026</title>
						<description><![CDATA[1058 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 24 de mayo del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte X“21 Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel. 22 Y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión; todo lo que...]]></description>
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			<pubDate>Sat, 30 May 2026 20:06:29 +0000</pubDate>
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La Biblia dice que José fue enviado a la cárcel luego de ese incidente con la esposa del amo de esa casa (Gén 39:20). No olvidemos que estos escenarios formaban parte del plan divino para provocar la transformación de este joven. José formaba parte del plan eterno como una de las figuras claves para conseguir la transformación y el equilibrio de la familia de Jacob, su padre.<br><br>Un dato interesante que no podemos pasar por alto es que el camino hacia la cárcel requirió que José perdiera la segunda túnica que había adquirido en la vida. La primera, la túnica de muchos colores (Gén 37:3), le fue impuesta por su padre. La segunda, el ropaje distintivo de mayordomo de la casa de Potifar, José se lo ganó sirviendo con integridad, buen testimonio y lleno del favor (“<i>chêsêd</i>”, H2617) de Dios.<br><br>La Biblia dice que José fue despojado (“<i>pâshaṭ</i>”, H6584) con violencia de la primera túnica (Gén 37:23), aquella que le hizo y le puso Jacob (Gén 37:3). El poder y la autoridad que son impuestos se pierden y en muchas ocasiones con violencia. En cambio, la Biblia relata que José dejó (Gén 39:12), permitió ser despojado (“ʽ<i>âzab</i>”, H5800) de la que se había ganado. El acceso a la autoridad que ganamos en la vida hay que llevarlo a los pies de la cruz, aun cuando esto represente perderlo. Tal y como escribió Andrae Crouch: “<i>si ganare alguna fama la llevaré a la cima del Calvario.</i>”[1]<br>&nbsp;<br>Algo maravilloso que encontramos en esta historia es que la Biblia describe otra túnica, la tercera. José no se ganó esta túnica y tampoco le fue impuesta sin su consentimiento. La Biblia dice que José fue investido (“<i>lâbash</i>”, H3847) por Faraón con esa túnica (Gén 41:42, “<i>lo hizo vestir</i>”).<br><br><i>“41 Dijo además Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto. 42 Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello. 43 y lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron delante de él: ¡Doblad la rodilla!; y lo puso sobre toda la tierra de Egipto. 44 Y dijo Faraón a José: Yo soy Faraón; y sin ti ninguno alzará su mano ni su pie en toda la tierra de Egipto.”&nbsp;</i> (Gén 41:41-44)<br><br>Esa túnica con la que José fue investido lo acompañó el resto de su vida.<br><br>Los seres humanos experimentamos esto constantemente. Basta examinar cuántos ropajes recibimos, obtenemos, tenemos que ceder o perder en la vida. A través de la vida somos vestidos y/o nos vestimos con ropajes familiares, vocacionales, profesionales, posicionales, ministeriales y de prestigio. Ninguno de estos supera en importancia el estar vestidos y revestidos de Cristo (Gál 3:27), del nuevo hombre (Efe 4:24; Col 3:10), como escogidos de Dios, santos y amables (Col 3:12), de la justicia de Dios (Efe 6:14) y de su amor (Col 3:14). Ahora bien, hay una investidura a la que todos los creyentes aspiramos:<br><br><i>“7 Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. 8 Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. 9 Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.”&nbsp;</i> (Apo 19:7-9)<br><br>Esta investidura supera a todas las otras. Además, no se puede perder porque es eterna. Para recibirla, como dice el Apóstol Pablo, tenemos que esperar “<i>que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad</i>” (1 Cor 15:53), o que nuestro Amado Salvador regrese por nosotros (1 Tes 4:13-18). &nbsp;<br><br>Estos datos nos invitan a utilizar otros lentes para analizar los procesos que José experimentó en la cárcel a la que fue enviado por Potifar. Ya sabemos que los escenarios que José experimentó y sufrió allí sirvieron como puertas para recibir la investidura forjada y orquestada por Dios.<br><br>Somos invitados a examinar esta narrativa desde la perspectiva de que esa cárcel era necesaria para que José pudiera completar su proceso de transformación. Señalamos que esa cárcel también era necesaria para que él pudiera entender que no necesitaba la túnica de colores para ser capaz de cumplir con el plan de Dios.<br><br>De entrada, debemos entender que la cárcel a la que José fue enviado no es similar a las nuestras. Los conceptos posmodernos de estas facilidades son muy distintos a los que se presentaban en la antigüedad. Como decía magistralmente el Pastor Samuel J. Esquilín Carrero en una de sus ponencias acerca del tema de José, nuestros conceptos de estas instituciones giran alrededor del principio correccional. Esto es, instituciones en los que los prisioneros tienen la oportunidad de ser rehabilitados antes de regresar a la libre comunidad. Los conceptos bíblicos utilizados para describir estos lugares no describen las cárceles como lugares en los que los prisioneros iban a rehabilitarse. Estos conceptos se inclinan más a describir una penitenciaría; un lugar al que uno llega para cumplir con una pena impuesta.<br><br>La International Standard Bible Enciclopedia[2] señala que en los tiempos del Antiguo Testamento existían varias causas para encarcelar a una persona. El escritor de ese artículo, el profesor Lewis, señala que a menudo era necesario restringir la libertad de individuos porque representaban una amenaza para las autoridades. En ocasiones, esto se hacía sin infligir castigo corporal alguno. Él señala como ejemplo a los hermanos de José, que fueron detenidos tres (3) días (Gén 42:19). Un ejemplo similar lo encontramos en el caso de Simei, a quien Salomón le ordenó construir una casa en Jerusalén y le prohibió salir de los límites de esa ciudad (1 Rey 2:36). Otro ejemplo interesante aparece en el Libro de Números en donde se describe que un hombre fue sorprendido recogiendo leña en sábado y fue detenido en espera de juicio (Núm 15:34).<br>&nbsp;<br>Al mismo tiempo, encontramos en la Biblia que los profetas fueron los seres humanos más asediados y aprisionados durante el período de las monarquías. En muchas ocasiones esto formaba parte de los resultados obtenidos por haber obedecido el mandato del Señor de criticar y condenar a aquellos que ocupaban el trono. Ejemplos de esto son Micaías, encarcelado por Acab (1 Rey 22:27) y Hanani, encarcelado por Asa (2 Cró 16:10).<br><br>La Biblia dice que algunos reyes de Judá y de Israel también fueron encarcelados. Ejemplos de estos son Oseas, que fue encarcelado por Salmanasar tras su fallido intento de establecer una alianza con So, el rey de Egipto (2 Rey 17:4), Joaquín, en Babilonia (2 Rey 25:27) y Sedequías, también en Babilonia (Jer 52:11).<br><br>Vemos en la Biblia que el trato a los prisioneros era muy variado. Por ejemplo, Sansón fue obligado a realizar trabajos forzosos durante su encarcelamiento (Jue 16:21). No olvidemos que en los tiempos en los que Sansón vivía moler granos era una ocupación de las mujeres, lo que evidenciaba la profunda humillación a la que estaba siendo sometido con ese castigo. En ocasiones, los prisioneros podían ser sometidos a diversas mutilaciones físicas. Por ejemplo, a Sansón le privaron de la vista. El caso de Sedequías parece describir que esta era una práctica común en Asiria (2 Rey 25:7). La Biblia dice que a Adoni-bezec le cortaron los pulgares y los dedos gordos de los pies para incapacitarlo (Jue 1:6).<br><br>En algunas ocasiones la Biblia ofrece descripciones de la dieta de los prisioneros (1 Rey 22:27), así también como algún tipo de atuendo específico con el que eran vestidos. Esto lo encontramos en la narrativa acerca del rey Joaquín, de quien la Biblia dice que le cambiaron los vestidos de prisionero cuando lo liberaron (2 Rey 25:29).<br><br>Ahora bien, la Biblia utiliza varios conceptos para referirse a una prisión o una cárcel. Este análisis no estaría completo si no nos detenemos a considerar, por lo menos, algunos de estos conceptos. Veremos que estos también son utilizados en el Texto Sagrado para describir esos lugares. Uno de estos es el concepto “<i>bayith-kele</i>ʼ” (H1104-H3608), que literalmente significa restringir o confinar, una cárcel; esto, con la idea de silenciar al reo (1 Rey 22:27; 2 Rey 17:4; 25:27, 29; Isa 42:7, 22; Jer 37:4,15, 18; 52:31, 33).[3]<br><br>Otro concepto hebreo es “<i>maṭṭârâ</i>ʼ” (H4307), que significa “guardia”, centinela; estar bajo custodia (Neh 3:25; 12:39; Jer 32:2, 8, 12; 33:1; 37:21; 38:6, 13,28).[4] En otras ocasiones se utiliza el concepto “mahphekheth” (H4115), que significa cepo y/o picota[5] (2 Cro 16:10; Jer 20:2, 3; 29:26).[6]<br>&nbsp;<br>Hay varios conceptos adicionales que se utilizan en el Antiguo Testamento para describir lo que llamamos cárcel. Entre estos encontramos el concepto “<i>ʼēṣūr</i>” (H612), que significa cadena o grillete (Ecl 4:14; Jer 37:15, el primer término que se utiliza en ese verso bíblico)[7].<br><br>Ahora bien, ninguno de estos conceptos es el que se utiliza en el Libro de Génesis para describir el lugar al que José fue enviado. La Biblia dice que el undécimo hijo de Jacob fue enviado a un lugar que es descrito en hebreo con el nombre de “<i>bayith ṣōhar</i>” (H1004-H5470); casa de confinamiento. Este concepto es utilizado en ocho (8) ocasiones en la Biblia y en todas ellas su uso está relacionado al lugar al que José fue enviado (Gén 39:20 (dos ocasiones), 21, 22 (dos ocasiones), 23; 40:3, 5). En otras palabras, que parece que el escritor del Libro de Génesis no había visto algo similar en otro lugar y tuvo que acuñar ese concepto.<br><br>Este vocablo hebreo se utiliza para describir una estructura que era como una torre que formaba parte de un castillo. Esta estructura aparentemente era redonda y parecía una fortaleza.[8] La Biblia dice que esa era la facilidad a la que eran enviados aquellos que el rey quería mantener bajo custodia. Se deduce de los textos bíblicos que los prisioneros que eran enviados allí parecían tener cierta clase de movilidad dentro de su confinamiento. O sea, que José fue enviado a un lugar que aparentaba ser un lugar para arrestos especiales o domiciliarios.<br><br>La narrativa bíblica acerca de José describe que ese lugar tenía un salón separado en el que vivía el capitán de la guardia de esa institución carcelaria. La Biblia dice que a ese lugar fueron enviados el panadero y el copero del faraón.<br><br><i>“1 Aconteció después de estas cosas, que el copero del rey de Egipto y el panadero delinquieron contra su señor el rey de Egipto. 2 Y se enojó Faraón contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra el jefe de los panaderos, 3 y los puso en prisión <u><b>en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel donde José estaba preso.</b></u> 4 Y el capitán de la guardia encargó de ellos a José, y él les servía; y estuvieron días en la prisión.”</i> (Gén 40:2-5, RV 1960)<br><br>El relato bíblico acerca de la vida de José en esa cárcel describe varias manifestaciones acerca de la compañía del Señor y de la forma en que Él se manifestó en ese “<i>bayith ṣōhar.</i>” &nbsp;<br><br><i>“21 pero el Señor estaba con José en la cárcel y le mostró su fiel amor. El Señor hizo que José fuera el preferido del encargado de la cárcel. 22 Poco después el director puso a José a cargo de los demás presos y de todo lo que ocurría en la cárcel. 23 El encargado no tenía de qué preocuparse, porque José se ocupaba de todo. El Señor estaba con él y lo prosperaba en todo lo que hacía.”</i> (Gén 39:21-23, NTV)<br><br>En primer lugar, la Biblia dice que Dios estaba (“<i>way-hî</i>”, H1961) allí con José. En segundo lugar, esta dice que Dios le mostró (“<i>nâṭâh</i>”, H5186) su favor y su fiel amor (“<i>chêsêd</i>”, H2617). En tercer lugar, la Biblia dice que fue el Señor el que hizo (“<i>way-yit-tên</i>”, H5414) que José se convirtiera en el preferido del encargado de la cárcel. La Biblia añade que el Señor estaba (“<i>’it-tōw;</i>”, H854) con José y concluye diciendo que el Señor era el que hacía prosperar (“<i>maṣ-lî-aḥ</i>”, H6743) a su siervo.<br><br>Estas cinco (5) acciones necesitan ser analizadas realizando un énfasis singular en el contexto en el que estas ocurrieron.<br><br>La expresión bíblica “<i>el Señor estaba con José</i>” describe el cumplimiento de múltiples promesas que ha hecho Dios. Por ejemplo, el Señor le dijo a Josué que estaría con él en medio de todos los procesos de la conquista de la tierra prometida (Det 31:23; Jos 1:5; 3:7). El Señor le dijo algo similar a Gedeón cuando lo comisionó para derrotar a los madianitas (Jue 6:16). El salmista decía que aunque andemos en valle de sombra de muerte no temeremos mal alguno porque el Señor ha prometido estar con nosotros (Sal 23:4). El salmista también se expresó acerca del acompañamiento de nuestro Dios en tiempos en los que experimentamos angustia; “<i>con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré</i>” (Sal 91:15b). No olvidemos que Cristo prometió que estaría con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mat 28:20). Añadimos a esto que la Biblia dice que el Espíritu Santo está con nosotros y en nosotros (Jn 14:17).<br><br>¡Dios está! Dios está porque Él es. ¡Él es el único Dios!<br><br>Los apóstoles experimentaron esto en varias ocasiones en las que fueron encarcelados. La Biblia dice que Pedro experimentó esto estando preso en Jerusalén (Hch 12:1-11). El relato bíblico dice que las puertas de esa cárcel fueron abiertas por el Señor. El Apóstol Pablo experimentó esto junto a Silas en una cárcel en la ciudad de Filipos (Hch 16:22-32). La Biblia dice que el proceso de liberación de esa prisión fue uno amplio e inclusivo; las puertas de la cárcel se abrieron para todos, pero ningún preso se fue de ese lugar. Es obvio que la presencia de Dios en esa cárcel debió haber sido cautivadora. En el caso de Pedro, esa prisión sirvió para que él decidiera salir a evangelizar a otros lugares fuera de su zona de confort. En el caso de Pablo, esa experiencia sirvió para que el carcelero y su familia recibieran al Señor como el Salvador de sus almas.<br><br>¡El Señor está presente en todas las prisiones en las que somos insertados y a todas y cada una de estas le ha asignado un propósito!<br><br>La expresión bíblica “<i>y le mostró</i>” describe la acción de Dios de extender, aplicar, inclinarse entregar, colocar, soltar, prolongar, guardar y/o, mostrar alguna función de su gracia y/o de sus manos. El concepto hebreo utilizado aquí es “<i>nâṭâh</i>” (H5186).[9] El salmista lo utiliza en el Salmo 40 para decir lo siguiente:<br><br><i>“1 Pacientemente esperé a Jehová, Y <b>se inclinó a mí</b>, y oyó mi clamor.” </i>(Sal 40:1)<br><br>En otras palabras, Dios se inclinó a mirar a José en esa cárcel, le extendió y le entregó su favor (“<i>chêsêd</i>”, H2617),[10] le prolongó su favor y lo guardó con este.<br><br>La Biblia dice que el Señor fue el que “<i>hizo que José fuera el preferido del encargado de la cárcel</i>.” La versión RV 1960 recoge esa expresión diciendo que el Señor “<i>le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel</i>” (Gén 39:21b). El concepto hebreo utilizado aquí es una de las declinaciones del verbo “<i>nâthan</i>” (H5414), que entre otras cosas puede ser traducido como poner, hacer, añadir, aplicar, nombrar, atribuir, asignar y otorgar. O sea, que fue el Señor el que movió al jefe de esa cárcel a extenderle ese nombramiento a José.<br><br>Vemos esto con frecuencia en los procedimientos estandarizados del programa Dios. El<br>Todopoderoso gusta de utilizar los ambientes más disímiles y tenebrosos para colocar sobre nosotros asignaciones de su gracia. Por ejemplo, Él invitó a Jonás a convertirse en salmista en el vientre del gran pez (Jon 2:2-9). Dios invitó a Pablo y a Silas a formar un conjunto musical carcelario en Filipos (Hch 16:25-26). El Señor convidó a tres (3) jóvenes hebreos a convertirse en testimonios vivos de la fidelidad a Dios de cara a un horno de fuego (Dan 3:14-28). El Señor convocó a Daniel para que se convirtiera en un modelo de oración ante la amenaza del foso de los leones (Dan 6:1-28).<br><br>Estos testimonios son ejemplos vivos de que el favor de Dios se manifiesta en cualquier lugar. Además, todos ellos sirven para enseñarnos que debemos aprender a ser fieles y sensibles a la voz de Dios en cualquier lugar en el que Él decida colocarnos. Los testimonios que siguieron a Jonás, a Pablo y a Silas, a Sadrac, a Mesac, a Abednego y a Daniel han sido vestidos de eternidad y forman parte del tesoro que llamamos Palabra de Dios.<br><br>Dios colocó ese reclamo de gracia sobre la vida de José. La manifestación de esa gracia operó luego sobre José cuando fue seleccionado por faraón para ser el segundo al mando en el imperio egipcio. No obstante, con su sabiduría Dios hizo provisión para que José descubriera que es necesario aprender a servir en una cárcel, sin una túnica de colores, antes de poder ser elevado a otras posiciones de responsabilidad en el reino. Además, esa cárcel lo colocó más cerca de faraón.<br><br>Cuando la Biblia dice que “<i>El Señor estaba con él</i>” (con José), está diciendo que Dios no sólo estaba presente, sino que estaba cerca de su siervo. Lo sabemos porque el verbo hebreo utilizado aquí es la conjugación de “ʼ<i>êth</i>” (H854) y ese es su significado. Ese es un verbo que se utiliza para describir proximidad, compañía con el propósito de ayudar, hablar, luchar por, estar cerca, etc. [11] Dicho de otra forma, que el Señor no se limitó a estar con José. Dios estaba cercano a ese joven con el propósito de ayudarlo, hablando con él y por él, luchando por él y estando siempre cerca de él.<br><br>Cuando la Biblia dice acerca de José que el Señor “<i>lo prosperaba en todo lo que hacía</i>”, está afirmando que todo lo que José conseguía en esa cárcel venía de la mano de Dios. El verbo utilizado aquí es la conjugación del concepto “<i>tsâlach</i>” (H6743) que significa prosperar, fluir como un río y en ocasiones es traducido como ser empujado.<br><br>Es curioso que la prosperidad de José no logró envanecerlo. La razón detrás de esto es obvia: todas las bendiciones que obtenemos aquí se dan en el contexto de las cárceles terrenales en las que vivimos. Recordemos que la Biblia describe nuestra existencia aquí diciendo que ocupamos un cuerpo miserable y débil que será transformado en uno glorioso, esplendoroso, semejante al de nuestro Señor cuando Él regrese a buscar a su pueblo (Fil 3:21).<br><br>Estos datos nos conducen a examinar esta narrativa bíblica desde la perspectiva de que la cárcel era necesaria para que José pudiera completar su proceso de transformación. Esta cárcel también era necesaria para que él pudiera entender que no necesitaba la túnica de colores para ser eficiente en aquello que Dios le había convocado a hacer. Es obvio que Dios sabía esto. En cambio, José no lo sabía. Esa cárcel también serviría como un testimonio fehaciente de que la gracia y el favor de Dios no tienen límites. Dios es especialista en manifestarse en nuestras prisiones.<br><br>Había mucho que aprender en esa cárcel antes de que José pudiera ser capaz de hacer algo más que interpretar sueños. José tenía que salir de allí siendo capaz de administrar un imperio y de devolver su familia a la ruta trazada por Dios.<br><br>Una enseñanza lapidaria se levanta en medio de todas estas cosas: Dios manifiesta su poder en todo lugar, como quiere y lo hace para lograr todo aquello que ha dispuesto hacer.<br><br>Concluimos esta reflexión con una pregunta: ¿qué quiere hacer Dios con nuestras prisiones? Las nuestras pueden no tener barrotes, cepos, cadenas tangibles o maltratos físicos. No obstante, siguen siendo prisiones. En ocasiones las llamamos angustia, depresión, traumas psicológicos, condiciones de salud, problemas matrimoniales o familiares. En otras, las llamamos temor, tristezas, fracasos, desaliento, errores cometidos en el pasado que no hemos podido superar y/o ataduras emocionales que no hemos sido capaces de soltar.<br><br>Hemos sido llamados a creer que el poder que Dios tiene para vencerlas es indiscutible. Hemos sido llamados a entender que Dios no nos sacará de nuestras prisiones hasta que estemos preparados para realizar aquello que Él ha dispuesto para nosotros. Lo hacemos confiando en que el Señor continuará estando con nosotros, mostrándonos su amor y su favor, y usando su gracia para colocarnos en donde debemos estar para servir. La Biblia nos invita a hacerlo sabiendo que el Señor estará cerca de nosotros y nos prosperará en todo lo que hagamos. Después de todo, Él es el Emanuel: “Dios con nosotros” (Isa 7:14; Mat 1:23).<br><br><br>&nbsp;<br>[1] My Tribute, by Andraé Crouch. Copyright 1971, Capitol Cmg Genesis o/b/o Birdwing Music.<br>[2] International Standard Bible Encyclopedia (ISBE), (“Prison: Prisoner”), editada por James Orr, John Nuelsen, Edgar Mullins, Morris Evans y Melvin Grove Kyle. Publicada por primera vez en 1939.<br>[3] Gesenius, W., &amp; Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 398). Logos Bible Software.<br>[4] Op. cit., p. 467.<br>[5] Rollo o columna de piedra o de fábrica, que había a la entrada de algunos lugares, donde se exponían públicamente las cabezas de los ajusticiados, o los reos.<br>[6] Op. cit., p. 454.<br>[7] Op. cit., p. 66.<br>[8] Op. cit., p. 580.<br>[9][9] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., &amp; Briggs, C. A. (Charles A. (1906). En The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Houghton, Mifflin and Company.<br>[10] Este concepto hebreo es lo más parecido al concepto griego que se traduce como gracia.<br>[11] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., &amp; Briggs, C. A. (Charles A. (1906). En The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Houghton, Mifflin and Company.<br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1057 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 17 de mayo del 2026</title>
						<description><![CDATA[1057 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 17 de mayo del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte IX“7 Un tiempo después, la esposa de su amo comenzó a fijarse en José y le dijo: —Acuéstate conmigo. 8 Pero José se rehusó y le dijo a la esposa de su amo: —Mire, conmigo mi señor no tiene nada de qué preocuparse en la casa. Me dio todas...]]></description>
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			<pubDate>Mon, 18 May 2026 09:25:25 +0000</pubDate>
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Lo único que él me ha negado es a usted, porque es su esposa. ¿Cómo puedo yo hacerle a él algo tan malo y cometer un pecado ante Dios? 10 A pesar de que ella hablaba con él día tras día, no lo convenció de que se acostara con ella. 11 Un día, cuando José regresó de trabajar a la casa, no había ningún otro esclavo adentro. 12 Entonces ella lo agarró de su ropa y le dijo: —¡Acuéstate conmigo! Pero él dejó su ropa en las manos de ella y salió huyendo. 13 Cuando ella vio que él había dejado la ropa en sus manos y salido huyendo, 14 llamó a los siervos de su casa y les dijo: —Miren, mi esposo trajo a este hebreo para que nos insultara. Él vino a donde yo estaba para tratar de tener relaciones sexuales conmigo, pero yo grité fuerte. 15 Cuando oyó que yo había gritado, dejó su ropa al lado mío y salió corriendo. 16 Después ella se quedó con la ropa de José hasta que llegó su esposo. 17 Luego le contó la misma historia: —El siervo hebreo que trajiste vino a aprovecharse de mí. 18 Pero cuando grité, dejó su ropa al lado mío y huyó hacia afuera. 19 El amo de José escuchó lo que le dijo su esposa y se enfureció. 20 Entonces lo agarró y lo puso en la prisión donde metían a los prisioneros del rey, y José quedó encarcelado. 21 Pero el SEÑOR estaba con José y lo ayudó haciendo que se ganara la confianza del carcelero.”&nbsp;</i> (Gén 39:7-21, PDT)<br><br>Nota editorial:<br>La reflexión anterior sobre este tema concluyó señalando que dedicaríamos esta al análisis de los pasajes bíblicos que describen la cárcel a la que José fue enviado. Las preguntas y las reacciones de algunos de los lectores de estas reflexiones nos han obligado a ampliar el análisis del tema de las tentaciones.<br><br>La reflexión anterior nos permitió comenzar a analizar la tentación que experimentó José en la casa de Potifar. El análisis de ese pasaje ofrece tantas avenidas que resulta imposible considerarlas todas. Por ejemplo, el profesor Jonathan Sacks señala en uno de sus libros que el examen de la redacción del texto bíblico nos permite experimentar el nivel de lucha que este joven experimentó frente a los acercamientos que realizó la esposa de Potifar. [1]Esto, dice Sacks, se desprende del análisis textual y gramatical de esos versos bíblicos.<br><br>Examinemos esto con detenimiento. El verso ocho (8) del capítulo 39 del Libro de Génesis dice lo siguiente:<br><br><i>“8 Pero José se rehusó y le dijo a la esposa de su amo: —Mire, conmigo mi señor no tiene nada de qué preocuparse en la casa. Me dio todas sus posesiones para que yo las cuidara.”</i><br>&nbsp;<br>Sacks explica que hay una marca especial sobre el verbo que se traduce como “rehusó” (“<i>way-mā-’ên</i>”, H3985). Él también explica la razón por qué es que el texto hebreo coloca esta. Esa marca se conoce como “<i>shalshelet</i>.”[2],[3] Este concepto puede ser traducido como “cadena” y se utiliza para enlazar elementos de la historia que se está relatando en esa porción de las Escrituras.<br>&nbsp;<br>En realidad, “<i>shalshelet</i>” es una anotación musical que le indica a la persona que está cantando el texto cuáles deben ser las variaciones de voz que debe utilizar cuando llega al concepto identificado.[4] Una nota editorial: los judíos cantan los textos porque eso les ayuda a memorizarlos. Incluimos un enlace vocal para que los lectores puedan tener un ejemplo de un “<i>shalshelet</i>.”[5]<br><br>No obstante, los biblistas judíos señalan que el verdadero uso de “<i>shalshelet</i>” es servir como una señal de alerta en el texto hebreo, un indicio de que algo trascendental está a punto de suceder o de que hemos llegado a un momento propicio para la enseñanza.[6] Es por esto que comentaristas como el rabino Jonathan Sacks y fuentes clásicas como Rashi e Ibn Caspi interpretan el “<i>shalshelet</i>” como un marcador musical al mismo tiempo que como uno textual que indica vacilación, ambivalencia o lucha moral.<br>&nbsp;<br>Encontramos uno en Génesis 19:16 cuando el texto bíblico dice que Lot se detuvo, titubeó (“<i>mâhahh</i>”, H4102) cuando los ángeles lo estaban sacando de Sodoma. Hay que entender que las muchas posesiones que tenía allí lo condujeron a la ambivalencia.<br><br><i>“16 Y <b><u>deteniéndose él</u></b>, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad.”</i><br>&nbsp;<br>Encontramos otro en Génesis 24:12, cuando Eliezer, el mayordomo de Abraham muestra su duda y ambivalencia (“<i>way-yō-mar</i>”, H559), reflejando su ansiedad, al mismo tiempo que su confianza en Dios cuando es enviado a buscar una esposa para Isaac[7]. El texto bíblico dice este mayordomo no había terminado de orar cuando Rebeca apareció (Gén 24:15). Vemos otro en Levítico 8:23, en la tensión que el texto hebreo coloca sobre Moisés cuando tiene que consagrar a Aarón como Sumo Sacerdote; oficio sacerdotal que Dios no le concedió al libertador de Israel.<br>&nbsp;<br>El “<i>shalshelet</i>” que encontramos en el “verso ocho (8) del capítulo 39 de Génesis revela la lucha intensa que José tenía en su interior cuando rehusó caer en la tentación orquestada por la esposa de Potifar. En otras palabras, ese acento indica que hubo una batalla intensa antes y durante la ejecución de ese verbo.<br><br>En resumen, “<i>shalshelet</i>” no es solo una anotación musical acerca de cómo cantar los versos, sino una herramienta simbólica y musical que transmite matices psicológicos, vacilación e intensidad emocional en la narración de la Torá. En todas las ocasiones que se utiliza podemos ver el desarrollo de una cadena de eventos que afectan la historia que se está narrando. O sea, que un lector del texto hebreo ve esta marca y sabe que algo intenso va a suceder. Este es solo un ejemplo de las muchas vertientes que encontramos estudiando la historia de José.<br><br>En nuestra reflexión anterior tuvimos la oportunidad de revisar lo que la Biblia dice acerca del origen de las tentaciones.<br><br><i>“13 Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; 14 sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. 15 Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. 16 Amados hermanos míos, no erréis.”</i> (Stg 1:13-16, RV 1960)<br><br>Conocer este dato nos permite concluir que entonces José tenía la concupiscencia por dentro. Sin embargo, este joven no permitió que esta concupiscencia concibiera y diera a luz el pecado. La lucha fue intensa, pero José pudo vencer. No olvidemos que no existe un ser humano que no esté expuesto a esto.<br><br>Nuestra reflexión anterior también nos proveyó la oportunidad de examinar las tentaciones que enfrentó Jesús. Otro análisis de lo que Satanás le ofreció en el desierto a nuestro Señor (Mat 4:1-11; Lcs 4:1-13) puede ser resumido así:<br><br>Satanás intentó retar a Jesús en cuatro áreas fundamentales a saber:<br><br><ul><li>su misión como Hijo de Dios (“<i>si eres Hijo de Dios</i>…”; frase que se repite en las tentaciones)</li><li>&nbsp;que usara su poder para su propio beneficio (“<i>di a estas piedras que se conviertan en pan</i>”)</li><li>que se convirtiera en un actor independiente del plan de salvación buscando su popularidad (“<i>échate de aquí abajo</i>”) y</li><li>que cediera sus convicciones ante la oportunidad de tener mucho poder y poder esquivar el sacrificio en la cruz (“<i>todo esto te daré [todos los reinos del mundo y la gloria de ellos] si postrado me adorares”</i>).</li></ul><br>No podemos olvidar que la Biblia dice que el corazón, el lugar de dónde salen esas concupiscencias, es engañoso más que todas las cosas y que es perverso (Jer 17:9). En otras palabras, que nuestras motivaciones, las que llevamos en el corazón, pueden ser excelsas y al mismo tiempo la puerta que Satanás necesita para entrar a éste.<br><br>Hace algunos años (Julio de 2011) compartimos una serie de reflexiones acerca de Sansón y de sus luchas con las tentaciones. A continuación, una cita directa acerca de ese tema en las reflexiones compartidas en esa serie.<br><br><i>“Cualquier parecido entre los antes mencionado y la historia actual no es una coincidencia. Puerto Rico y los Estados Unidos no han estado peleando contra los enemigos reales. Un ejemplo de esto es que mientras el Presidente de turno (Barac H. Obama) designa el mes de junio del 2011 como el mes de las comunidades lésbicas, homosexuales, transgénero y transexuales, la Iglesia decide guardar silencio y decide irse a hacer fiesta y a jugar con el enemigo. Dios nos ha dado habilidades y capacidades espirituales para desarrollar sus propósitos en el planeta y nosotros hemos decidido usar esos dones para pelear nuestras propias batallas. El uso de dones correctos en batallas y servicios incorrectos puede estar identificando falta del carácter adecuado en la Iglesia del Señor. Cedemos ante el llanto y los cantos de sirena de aquellos con los que hemos hecho alianzas y que sabemos que no quieren nuestro bien. &nbsp;Esto no es otra cosa que la prostitución de los propósitos divinos.<br>&nbsp; <br>Esta “disconducta” de Sansón le trajo consecuencias muy severas que él parecía no querer entender. El proceso de irse a hacer fiestas y a jugar y compartir con gente que no le añadía a su espiritualidad, provocó mucho más que hacerle ceder ante el llanto de su esposa y dar rienda suelta a sus corajes. Esta conducta le convirtió en un deudor que tenía que pagar un &nbsp;precio muy alto. Esto le costó la vida a 30 inocentes a los que él le arrebató lo que necesitaba para pagar su deuda (Jue 14:19). Esto le convirtió en un terrorista incendiario (Jue 15:1-5). Esto le costó la vida a su suegro y a su esposa (Jue 15:6) y le costó la vida a otros 1,000 que buscaban prenderle por todo lo antes descrito (Jue 15:8-16). En otras palabras, esta clase de conducta pasa unas facturas muy altas. Alguien con capacidad para ver lo invisible, y que ve la vida como un privilegio o como un don de Dios no tropieza en los lugares en los que Sansón tropezó, ni se ve obligado a pagar las facturas que él pagó.<br>&nbsp; <br>El cuarto elemento que necesitamos analizar en la historia de Sansón es que este hombre mancilló su pureza. Lo encontramos allegándose a una prostituta abandonando sus votos y su pacto con Dios (Jue 16:1). En otras palabras, tanto estuvo coqueteando con los bordes de las fronteras establecidas hasta que decidió traspasarlas sin consideración alguna. Y es que el pecado es así; procura erosionar las fortalezas del creyente y llevarle poco a poco más allá de lo que jamás haya deseado ir. Y no solo eso, sino que patrocina que estemos en esos lugares mucho más tiempo de lo que podamos estimar y que termine costando más de lo que pensamos pagar. <br>&nbsp; <br>Es necesario analizar lo antes dicho a base de lo que dice la Biblia. Por ejemplo, cuando tomamos su decisión de acercarse a una mujer extraña, podemos observar el cumplimiento de todas las cosas que dice la Biblia acerca de esta conducta. En Proverbios 5:3-5 dice lo siguiente:<br>&nbsp; <br>“3 Porque los labios de la mujer extraña destilan miel, Y su paladar es más blando que el aceite; <br><br>4 Mas su fin es amargo como el ajenjo, Agudo como espada de dos filos. 5 Sus pies descienden a la muerte; Sus pasos conducen al Seol.”</i><br><br><i>En otras palabras, que el pecado (y este tipo de pecado aún más) desata un efecto que ciega e insensibiliza. No nos deja ver la seriedad del mal que hacemos ni de los efectos que esto va a tener. En Proverbios 6:32-33 dice que “….el que comete adulterio es falto de entendimiento; Corrompe su alma el que tal hace. 33 Heridas y vergüenza hallará, Y su afrenta nunca será borrada.” &nbsp;Hay una frase en inglés muy poderosa para explicar lo antes dicho: “sin binds, sin blinds, and then sin grinds, slowly, grinds away at you” (el pecado ata, ciega y luego te muele, poco a poco, te muele a ti). Es obvio que Sansón perdió su capacidad para ver lo invisible, comenzó a vivir una vida mediocre y removió las verjas establecidas.”</i>[8]<br><br>Abraham Maslow argumentaba que la forma más segura de conocer a alguien es verlo cuando está en necesidad. Esa es también la forma más segura de saber quiénes son aquellos que están a nuestro lado y cuáles son sus agendas reales. Es allí, en medio de la necesidad que se caen todos los ropajes de religiosidad y de la espiritualidad.<br><br>Vemos otro ejemplo de esto en la agenda de Satanás con Job; la de provocar que este patriarca tuviera necesidades infranqueables con el fin de provocar su derrota.<br><br>“…..<i>extiende tu mano y toca todo lo que tiene</i>.” (Job 1:11)<br><br>Satanás creía que si Job enfrentaba el robo y que lo despojaran de todo lo que tenía, entonces sería vulnerable y esto lo llevaría hasta a blasfemar. La Biblia dice que ese plan no le funcionó a Satanás.<br><br>“<i>22 En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.”</i> (Job 1:22)<br><br>El Dr. Charles R. Swindoll describió las caras de la tentación cuando abordó el tema de la experiencia de José.[9] Swindoll describe tres (3) de estas en ese libro. Estas son:<br>&nbsp;&nbsp;<ul><li>tentaciones materiales: codicia, lujuria por las cosas.</li><li>tentaciones personales: codicia, lujuria por la fama, la autoridad, el poder y/o el control sobre otros.</li><li>tentaciones sensuales: codicia, lujuria por otra persona. &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</li></ul>Swindoll argumentó en ese libro acerca de José que frente a las tentaciones materiales podemos desarrollar la tendencia de hasta querer manipular a Dios. Las tentaciones nos pueden conducir a la manipulación porque pueden despertar en nosotros la necesidad de controlar los escenarios en los que estamos. Swindoll argumentó que cuando alguien dice “yo tengo todo bajo control”, en realidad esa es una persona digna de lástima. &nbsp;<br><br>Tal y como le ocurrió a Sansón, en esos escenarios perdemos la capacidad de oír la voz de Dios y de renunciar a nuestra propia sabiduría. Somos capaces de oscurecer el consejo de Dios. La Biblia dice que en un momento dado Job tuvo que admitir que eso le había ocurrido. De entrada, sabemos que Dios se lo había dicho:<br><br><br>“<i>2 ¿Quién es ése que oscurece el consejo Con palabras sin sabiduría?</i>” (Job 38:2)<br><br>Luego, el; patriarca tuvo que admitirlo.<br><br><i>“Tú preguntaste: “¿Quién es el que con su falta de conocimiento oscurece mi consejo?” Yo fui quien hablaba sin saber lo que decía. Hablé sobre asuntos tan maravillosos para mí que quedaban fuera de mi entendimiento.”</i> (Job 42:3, PDT)<br><br>El Apóstol Pablo decía lo siguiente acerca de ese escenario.<br><br>“<i>22 Profesando ser sabios, se hicieron necios.” (“mōrainō”</i>, G3471) (Rom 1:22, RV1960)<br><br>Pablo añade que esa necedad provoca que uno caiga en la dimensión de las tinieblas y hasta que cambiemos la imagen de la gloria de Dios.<br><br>Es muy interesante el hecho de que el concepto “<i>mōrainō</i>” es traducido como necio en la Carta a los Romanos, como desvanecerse en el Evangelio de Mateo (Mat 5:13), como insípido en el Evangelio de Lucas (Lcs 14:34) y como enloquecido en 1 Corintios (1 Cor 1:20). Estas variantes en las traducciones nos permiten concluir que cuando utilizamos nuestra percepción en aquello que vamos a decidir, en este caso en las tentaciones, lo que logramos es que nuestra necedad desvanezca el propósito divino, hacer insípida la bendición y los resultados de esto pueden ser enloquecedores. En cambio, si obedecemos la dirección de Dios, Él no solo estará con nosotros, sino que Su Espíritu será más que suficiente para que seamos capaces de vencer y que sea “<i>mōrainō</i>” todo lo demás.<br><br>La Biblia dice que una de las razones por las que nosotros hemos recibido el Espíritu de Dios es para que sepamos lo que Dios nos ha concedido (1Cor 2:12). Sabiendo esto, ¿por qué negociar el futuro prometido por lo que puede ofrecer una tentación?<br><br>Otra función del Espíritu Santo es la de convencernos de hacer lo que la Biblia dice. A continuación, un consejo bíblico acerca de las tentaciones:<br><br><i>“22 Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.”</i> (2 Tim 2:22)<br><br>En otras palabras, nosotros no hemos sido llamados a razonar con estas cosas. Hemos sido instruidos a huir de estas. No se puede tratar de entrar en razón con la sensualidad. Además, uno no está en riesgo de caer en tentación cuando ha corrido de esta.<br>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Otra contribución de Swindoll es que él formula un plan para resistir la tentación. He aquí sus consejos:<br>&nbsp;&nbsp;<ul><li>No permitir debilidad por la situación.</li><li>No dejarse engañar por la persuasión.</li><li>No ser amable con nuestras emociones.</li><li>No dejarse confundir por los resultados inmediatos.[10]</li></ul><br>No olvidemos que tenemos la necesidad de aprender a discernir los tiempos en los que vivimos. Swindoll tiene toda la razón cuando argumenta que en estos tiempos encontramos creyentes que tienden a extender la gracia hasta extremos que parecen herejía.<br><br>El mejor regalo que le podemos hacer a nuestro cónyuge es la pureza y nuestra fidelidad. No olvidemos que los mejores y mayores indicadores de nuestro carácter son nuestra moral y el autocontrol. Tampoco olvidemos, como dice ese autor, que las tentaciones no solo llegan por medio de individuos. En este tiempo están al alcance de nuestros dedos a través de la internet.<br><br>No minimicemos el hecho de que nuestras emociones gritan constantemente para ser satisfechas. Las tentaciones no solo nacen del producto de lo que llevamos por dentro; estas buscan ser “comprendidas.” Swindoll subraya que no podemos darnos la oportunidad de escucharlas ni de ser amables con estas.<br><br>Swindoll realiza varias contribuciones adicionales acerca de este tema. A continuación, dos (2) que nos han parecido extraordinarias. La primera, que Mrs. Potifar se hace escuchar diariamente. La segunda, una cita de Dag Hammaskjold, ex-Secretario General de las Naciones Unidas.<br><br>“<i>No puedes jugar con el animal que llevas dentro sin convertirte completamente en animal, jugar con la falsedad sin renunciar a tu derecho a la verdad, jugar con la crueldad sin perder tu sensibilidad. Quien quiere mantener su jardín limpio no reserva un espacio para las malas hierbas.”</i>&nbsp;<br><br>(“Markings” (Traducido por Lief Sjoberg y WH Auden, 1965, p.15)<br><br>Por último, Potifar parece que no le creyó mucho a su esposa. Es fácil llegar a esta conclusión porque si lo hubiera hecho José sería un cadáver.<br><br><br>&nbsp;<br>[1] Sacks, Jonathan. Genesis: The Book of Beginnings (Covenant &amp; Conversation 1) (p. 111). Kindle Edition.<br>[2] https://www.jtsa.edu/torah/the-meaning-of-the-shalshelet/<br>[3] https://voices.sefaria.org/sheets/447355?lang=bi<br>[4] https://en.harova.org/online_torah_books/shalshelet-struggle-or-strength/<br>[5] http://www.ellietorah.com/wave/shalsh.mp3<br>[6] https://www.jewishboston.com/read/under-duress-in-vayeshev-the-shalshelet/<br>[7] https://jbqnew.jewishbible.org/assets/Uploads/481/jbq_481_gevaryahushalshelet.pdf<br>[8] El Heraldo. Publicado el 3 de julio de 2011.<br>[9] Swindoll, Charles R.. Joseph: a man of integrity and forgiveness. WORD Publishing, 1998.<br>[10] Op. cit.<br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1056 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 10 de mayo del 2026</title>
						<description><![CDATA[1056 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 10 de mayo del 2026Consejos para una madre que ama al Señor “3 De igual manera, enseña a las ancianas a vivir de una manera que muestre reverencia y respeto a Dios. Diles que no hablen mal de los demás y que no sean esclavas del vino. Deben enseñar el bien 4 para que aconsejen a las más jóvenes a amar cada una a su esposo y a sus hijos. 5 ...]]></description>
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			<pubDate>Sun, 10 May 2026 08:15:59 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<section class="sp-section sp-scheme-0" data-index="1" data-scheme="0"><div class="sp-section-slide"  data-label="Main" ><div class="sp-section-content" ><div class="sp-grid sp-col sp-col-24"><div class="sp-block sp-text-block " data-type="text" data-id="0" style=""><div class="sp-block-content"  style=""><b>1056 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 10 de mayo del 2026<br>Consejos para una madre que ama al Señor</b><br><b>&nbsp;</b><br><i>“3 De igual manera, enseña a las ancianas a vivir de una manera que muestre reverencia y respeto a Dios. Diles que no hablen mal de los demás y que no sean esclavas del vino. Deben enseñar el bien 4 para que aconsejen a las más jóvenes a amar cada una a su esposo y a sus hijos. 5 Las jóvenes deben aprender de ellas a tener buen juicio y un corazón puro, a cuidar la casa, a ser amables y a estar dispuestas a servir a su esposo. Así nadie podrá criticar el mensaje que Dios nos dio.”</i> (Tit 2:3-5, PDT)<br><br>Hace algunos años, Phillip Yancey escribió un libro acerca del dolor: “<i>Where Is God When It Hurts?</i>” (1977, 1990). Casi al final de ese libro Yancey describe el proceso del nacimiento de una criatura desde la perspectiva del feto. La prosa con la que Yancey presenta esa descripción es simplemente magistral.<br><br><i>“Imagina el nacimiento desde la perspectiva del feto. Tu mundo es oscuro, seguro, protegido. Estás bañado en un líquido cálido y reconfortante. No haces nada por ti mismo. Te alimentan automáticamente, y un murmullo te asegura que alguien más grande que tú satisface todas tus necesidades. La vida consiste en una simple espera; no sabes qué esperar, pero cualquier cambio parece lejano y aterrador. No encuentras objetos punzantes, ni dolor, ni peligros. Una existencia tranquila y serena.<br>&nbsp;<br>Un día sientes un tirón. Las paredes parecen presionarte. Esas suaves paredes acolchadas ahora palpitan violentamente, aplastándote hacia abajo. Tu cuerpo se dobla por la mitad, tus extremidades se retuercen y se deforman. Estás cayendo, cabeza abajo. Por primera vez en tu vida, sientes dolor. Estás en un mar de materia turbulenta. Hay más presión, casi insoportable. Tu cabeza se aplasta, y te empujan con más fuerza hacia un túnel oscuro. ¡Ay, el dolor! Ruido. Más presión.<br>&nbsp;<br>Te duele todo el cuerpo. Escuchas un gemido y un miedo terrible y repentino te invade. Está sucediendo: tu mundo se derrumba. Estás seguro de que es el final. Ves una luz penetrante y cegadora. Unas manos frías y ásperas te agarran, te sacan del túnel y te ponen boca abajo. Un golpe doloroso. ¡Waaaahhhhh! Felicidades, acabas de nacer.”</i>[1] &nbsp;(traducción libre)<br><br>¿Cuántos de nosotros lo recordamos? Gracias a Dios estos recuerdos no forman parte de nuestro estado consciente. Solo una madre puede recordar esto con cada detalle de lo ocurrido. Esto es así porque ella lo experimentó del otro lado de la historia.<br><br>Esta es una de las razones por las que hay una relación inefable entre el bebé y su madrecita. Esto es así porque el proceso de parto libera una hormona que liga a esa mujer y a su bebé de por vida: la oxitocina. Esta hormona multifuncional es esencial para la reproducción, para lactar y para establecer vínculos sociales. Dentro de las muchas funciones que tiene esta hormona también encontramos la de estimular las contracciones para el parto, aumentando la producción de prostaglandinas y la de crear un enlace permanente con la criatura que ha nacido. Dios diseñó esto así.<br><br>Una mujer experimenta esto en cada ocasión que va a dar a luz. Esta es una de las razones por las que la maternidad no es una tarea para cobardes. Y como decía James Dobson, tampoco es un trabajo a tiempo parcial.<br><br>Luego de la salvación del alma, la maternidad es el privilegio más grande que Dios le ha dado a la humanidad. Las madres son copartícipes en la creación con la ayuda de nuestro Creador. Claro está, definimos la maternidad como algo que va más allá de dar a luz. Cuando nos referimos a la maternidad describimos a esa mujer que luego de haber concebido resuelve que su corazón se convertirá en el mejor salón de clases que podrá tener en la vida esa criatura que lleva en su vientre. Los tesoros que Dios ha puesto en el corazón de una madre, que ama al Señor, son invaluables. Esta es la razón por la que proverbistas españoles decían que una onza de una madre es mejor que una libra de un sacerdote (o de un pastor).<br><br>Repetimos que esto describe a alguien que va más allá de dar a luz. Como decía Sydney J. Harris:<br><br>“<i>La falacia más común entre las mujeres es creer que simplemente tener hijos las convierte en madres, lo cual es tan absurdo como creer que tener un piano las convierte en músicos.</i>”<br><br>Reconocemos que el desarrollo de una maternidad responsable requiere ser capaz de enfrentar retos nunca antes concebidos. La buena noticia es que todas las épocas de la historia de la humanidad han tenido los suyos. Es cierto que en ocasiones estos retos pueden minar la confianza de cualquier mujer que ha decidido ser madre. La buena noticia incluye que Dios ha hecho provisión de herramientas bíblicas y espirituales para que esa confianza aumente y para lograr que ella sea capaz de cumplir de forma efectiva con los roles de ser madre.<br><br>Hace algunos años, Susan Heid[2]decidió escribir un libro acerca de esas luchas constantes que las madres tienen con sus dudas, sus ansiedades y preocupaciones. Susan escribió ese libro procurando responder a las preocupaciones de muchas madres que sienten que no están siendo efectivas, que no poseen las destrezas necesarias para la tarea que Dios ha puesto en sus manos. Por lo general, estas reacciones drenan las energías de esas mujeres que de por sí ya están exhaustas y abrumadas por sus otros roles como mujeres, como trabajadoras, esposas, etc. Los cuestionamientos que emanan de los corazones y las mentes de estas mujeres suelen ser intensos.<br><br>Susan presenta en su libro algunas estrategias (31) que pueden ayudar a estas. A continuación, algunas de esas estrategias[3]:<br><br>Confiar en ese instinto/sabiduría que Dios ha puesto en ustedes como madres.<i><br>“5 Consigue sabiduría y entendimiento; no olvides mis palabras y sigue siempre mis enseñanzas. 6 No te alejes de la sabiduría, pues ella te protegerá; ama la sabiduría y ella cuidará de ti».”</i>&nbsp; (Pro 4:5-6, PDT)<br><br>Tener un plan: Dios tiene uno y conocerlo garantiza la victoria.<br><i>“11 Sé muy bien lo que tengo planeado para ustedes, dice el SEÑOR, son planes para su bienestar, no para su mal. Son planes de darles un futuro y una esperanza. 12 Entonces ustedes me llamarán, vendrán y orarán, y yo los escucharé. 13 Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón.” &nbsp;</i> (Jer 29:11-13, PDT)<br><br>Vivir de acuerdo con las prioridades establecidas, siendo Dios la más importante.<br><i>“3» No tengas ningún otro dios aparte de mí.”</i> (Éxo 20:3, PDT)<br><br><i>“5 Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.”</i> (Det 6:5, RV 1960)<br><br>No descuidar la salud.<br><i>“19 ¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo? Ustedes han recibido al Espíritu de Dios y habita en ustedes. Entonces, ustedes no son dueños de su cuerpo, 20 porque Dios los ha comprado por un precio. Así que, con su cuerpo, honren a Dios.”</i> (1 Cor 6:19-20, PDT)<br><br>Hacer ejercicio físico.<br><i>“8 «El entrenamiento físico es bueno, pero entrenarse en la sumisión a Dios es mucho mejor, porque promete beneficios en esta vida y en la vida que viene».”&nbsp;</i>(1 Tim 4:8, NTV)<br><br>No temer en demostrar tu valentía.<br><i>“5 El Señor te entregará a los que viven allí, y tú tendrás que hacer con ellos lo que te ordené. 6 ¡Así que sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni sientas pánico frente a ellos, porque el Señor tu Dios, él mismo irá delante de ti. No te fallará ni te abandonará».”</i> (Det 31:6, NTV)<br><br><i>“7 Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina.”&nbsp;&nbsp;</i>(2 Tim 1:7, NTV)<br><br>Amar en grande.<br><i>“4 El amor es paciente y bondadoso. El amor no es envidioso. No es presumido ni orgulloso. 5 El amor no es descortés ni egoísta. No se enoja fácilmente. El amor no lleva cuenta de las ofensas. 6 No se alegra de la injusticia, sino de la verdad. 7 El amor acepta todo con paciencia. Siempre confía. Nunca pierde la esperanza. Todo lo soporta. 8 El amor no tiene fin. Algún día, el don de profetizar cesará. El don de hablar en lenguas se acabará. El de conocimiento se terminará.”</i> (1 Cor 13:4-8, PDT)<br><br>Ser agradecida.<br><i>“24 Este es el día en que el SEÑOR ha obrado; ¡Alegrémonos y seamos felices en él!”</i> (Sal 118:24, PDT)<br><br>Estar llena de la gracia de Dios.<br><i>“10 Sin embargo, lo que ahora soy, todo se debe a que Dios derramó su favor especial sobre mí, y no sin resultados. Pues he trabajado mucho más que cualquera de los otros apóstoles; pero no fui yo sino Dios quien obraba a través de mí por su gracia.”</i> (1 Cor 15:10, NTV)<br><br><i>“8 Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. 9 La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. 10 Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás.”&nbsp;</i> (Efe 2:8-10, NTV)<br><br><i>&nbsp;“6 Y él da gracia con generosidad. Como dicen las Escrituras: «Dios se opone a los orgullosos pero da gracia a los humildes».”</i> (Stg 4:6, NTV)<br><br>Enseñar buenos modales.<br><i>“31 Traten a los demás como les gustaría que ellos los trataran a ustedes.” (Lcs 6:31, NTV)</i><br><i><br></i>Rodearse de una red de apoyo.<i><br>“9 Es mejor ser dos que uno, porque ambos pueden ayudarse mutuamente a lograr el éxito. 10 Si uno cae, el otro puede darle la mano y ayudarle; pero el que cae y está solo, ese sí que está en problemas. 11 Del mismo modo, si dos personas se recuestan juntas, pueden brindarse calor mutuamente; pero ¿cómo hace uno solo para entrar en calor? 12 Alguien que está solo puede ser atacado y vencido, pero si son dos, se ponen de espalda con espalda y vencen; mejor todavía si son tres, porque una cuerda triple no se corta fácilmente.”</i> (Ecl 4:9-12, NTV)<br><br>No ser prisionera de las batallas por el poder; ustedes establecen las reglas, no sus hijos.<br><i>"El que no corrige al hijo, lo odia; el que lo ama, lo disciplina a tiempo.”</i> (Pro 13:24, PDT)<br><br>Es obvio que no podemos analizar todas las estrategias que Susan presenta en su libro. Nuestra recomendación es que las lectoras lo compren y lo estudien, preferiblemente en compañía de otras madres cristianas. Estamos convencidos de que esos consejos las empoderarán y motivarán para seguir hacia adelante.<br><br>Ahora bien, no podemos obviar que la oración es el escenario, la dimensión más importante y decisiva para poder desarrollar la maternidad con efectividad. Billy Graham decía lo siguiente acerca de la oración de una madre:<br><br><i>“Que tu hogar sea tu parroquia, tu pequeña prole tu congregación, tu sala de estar un santuario y tu rodilla un altar sagrado.”</i> (traducción libre)<br><br>Otro escenario clave es la poderosa Palabra de Dios. El pasaje bíblico que encabeza esta reflexión (Tito 2:3-5) presenta el consejo paulino que Tito recibió para educar las iglesias que estaban bajo su supervisión. Este consejo, además de fomentar encuentros informales, parece ordenar la creación de una especie de reuniones de estudio o unas tertulias dirigidas por las madres que están en la iglesia y que poseen mucha experiencia. El apóstol Pablo le dice a Tito, uno de sus discípulos, que existen unos requisitos básicos para que esas mujeres puedan liderar esas reuniones. Uno de estos requisitos es que ellas sean capaces de mostrar, “<i>katástēma</i>” (G2688), o sea que se comporten como aquellos creyentes que procuran ser reverentes (“<i>hieroprepēs</i>”, G2412).<br><br>La etimología de ese concepto griego, “<i>hieroprepēs</i>”, nos permite conocer que este es uno compuesto. El prefijo utilizado aquí, “<i>hieros</i>” (G2413), significa santo. Además, el análisis de ese prefijo revela que este implica fortaleza, como la de un río.[4] En otras palabras, que cuando lo aplicamos a la santidad descubrimos que no se trata de una santidad nominal ni religiosa. La santidad que se describe aquí es una fortaleza que engalana a aquellos que la poseen. Al mismo tiempo, se trata de una santidad que fluye como un río y con la fuerza de este. No olvidemos que un río lleno y acaudalado es capaz de echar a un lado cualquier cosa que trate de entorpecer su camino. Así mismo es el fluir de la santidad que nos regala Dios. Podemos experimentar lo que experimenta un río cuando el caudal de este aumenta: nada puede detener nuestra peregrinación para alcanzar la voluntad y el propósito de Dios.<br>&nbsp;<br>Los recursos académicos nos informan que el concepto “<i>hieros</i>” era constantemente combinado en la Grecia antigua con el sinónimo “<i>theios</i>” (G2304) que significa que viene de Dios[5]. O sea, que no se trata de una santidad adquirida por obra, sino recibida de la mano de Dios.<br><br>El prefijo “<i>prepēs</i>” (del griego “<i>prepō</i>”, G4241) describe elevación, ser devoto, piadoso y ser conspicuo. O sea, algo que es visible, ilustre y/o sobresaliente.<br><br>El Diccionario Teológico del Nuevo Testamento (Kittel) dice que la combinación de ambos conceptos no describe aquello que corresponde a un santo, sino aquello que se relaciona con el “<i>hierón</i>” (G2411). El “<i>hierón</i>” era uno de los conceptos que los griegos utilizaban para describir un recinto sagrado, el templo, el ministerio, la acción sagrada, lo religioso y, finalmente, la divinidad. Dicho de otra forma, esto significa aquello que es sagrado o reverencial.[6] Estos datos nos permiten concluir que las ancianas que Pablo describe aquí son como un templo: santas y reverentes. Además, ellas inspiran santidad y reverencia.<br><br>Pablo añade a todo esto que ese respeto y esa reverencia se le deben a Dios.<br><br>Sabemos que los resultados de esta clase de relación con Dios son conocidos públicamente. También sabemos que la humildad y la mansedumbre son las características que encontramos en aquellos que abrazan la santidad como un estilo de vida.<br><br>Debemos entender que ese nivel de relación con Dios no provee espacio para ser esclavos del vino, ni prisioneros de aquellas conversaciones que no son edificantes.<br><br>Otro consejo paulino es que esas mujeres sean buenas maestras (“<i>kalodidaskalos</i>”, G2567): maestras de aquello que es bueno y que es correcto.[7]<br>&nbsp;<br>¿Cómo se logra esto último? Hay una historia en el Libro del Éxodo que describe cómo Dios se insertó en la peregrinación del pueblo de Israel de modo que ellos pudieran ser capaces de realizar una tarea muy especial. Esa tarea era la de crear, construir, elaborar y desarrollar todos los componentes que tenían que formar parte del Tabernáculo de reunión. El Señor le había revelado de manera específica a Moisés todas las cosas que tenían que formar parte de ese lugar sagrado: desde lo más imponente como el Arca del Pacto hasta los utensilios más sencillos y diminutos. La narrativa bíblica que describe esto implica que los años de esclavitud en Egipto no propiciaron el desarrollo de personas diestras en esta clase de tarea: orfebres, artistas especialistas en el trabajo con los metales, etc. En otras palabras, no había muchos artesanos en Israel con esta clase de destrezas. El texto bíblico describe que Dios resolvió esto llenando de su Espíritu a dos (2) personas con <i>“sabiduría, inteligencia en ciencia y en todo arte”</i> (Éxo 35:31, RV1960). No sólo eso, sino que el texto bíblico dice que Dios puso en el corazón de esas dos (2) personas el que pudieran ser capaces de enseñar.<br><br><i>“30 Luego Moisés dijo al pueblo de Israel: «El Señor ha escogido específicamente a Bezalel, el hijo de Uri y nieto de Hur, de la tribu de Judá. 31 El Señor llenó a Bezalel del Espíritu de Dios, y le dio gran sabiduría, capacidad y destreza en toda clase de artes manuales y oficios. 32 Él es un maestro artesano, experto en trabajar el oro, la plata y el bronce. 33 Es hábil en grabar, en incrustar piedras preciosas y en tallar madera. ¡Es un maestro en todo trabajo artístico! 34 El Señor les ha dado tanto a él como a Aholiab, hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan, la capacidad de enseñar a otros sus habilidades técnicas”</i>&nbsp; (Éxo 35:30-34, NTV)<br><br>Esto es lo mismo que Dios hace con una madre: la convierte en maestra. Esa capacidad aumenta de una manera inigualable cuando esa mujer está llena de la presencia de Dios. No olvidemos que enseñar es una de las funciones que más nos hace parecernos a Cristo. Esto es así porque uno de los nombres de nuestro Señor es Maestro. Así que una madre que decide enseñar está modelando lo mucho que se parece a Cristo.<br><br>Estamos procurando encontrar respuestas para esta pregunta: ¿cuál es la herramienta indispensable para realizar esta tarea? Sin duda alguna que esa herramienta es la Palabra de Dios. La Biblia dice lo siguiente acerca de sí misma:<br><br><i>“16 Toda la Escritura es un mensaje enviado por Dios, y es útil para enseñar, reprender, corregir y mostrar a la gente cómo vivir de la manera que Dios manda, 17 para que el siervo de Dios esté listo y completamente capacitado para toda buena obra.”</i> (2 Tim 3: 16-17, PDT)<br><br>¿Qué cosas dice Pablo que deben ser enseñadas? Una de las cosas que Pablo puntualiza aquí es que hay que enseñar (“<i>sōphronizō</i>”, G4994) es el amor (“<i>philandros</i>”, G5362) al esposo y el amor (“<i>philoteknos</i>”, G5388) a los hijos.[8] Es obvio que estas son dos (2) manifestaciones distintas del amor. Un dato curioso es que Pablo señale que estos amores deben ser enseñados y aprendidos.<br>&nbsp;<br>Es muy interesante el dato de que el vocablo griego traducido aquí como enseñar (“<i>sōphronizō</i>”, G4994) es utilizado con frecuencia en la Biblia para describir la prudencia, la cordura y el juicio cabal. En otras palabras, que esta clase de enseñanza es más un testimonio que lo que se hace en una clase formal.<br><br>Él añade que hay que enseñar el auto control (“<i>sōphronas</i>”, G4998), la pureza (“hagnás”, G53), el cuidado de la casa (“<i>oikouros</i>”, G3626), la amabilidad (“<i>agathas</i>”, G18) y el balance del respeto (“<i>hupotássō</i>”, G5293) que debe existir en la relación matrimonial. Es importante destacar que Dios no le exige menos a los padres.<br><br>Repetimos este pasaje dice que todo esto puede ser aprendido y que necesita ser enseñado.<br><br>El Apóstol Pablo cierra esa perícopa afirmando que el testimonio de la Iglesia del Señor depende de que este sea el estilo de vida que se practica en la iglesia:<i> “…Así nadie podrá criticar el mensaje que Dios nos dio”</i> (Tito 2:5).<br><br>Hoy se celebra el día de las madres en nuestro país. Es nuestro deseo y nuestra oración que el Señor continúe bendiciendo a aquellas mujeres a las que Él les ha concedido el privilegio de la maternidad, sea por haber concebido y parido una criatura o porque el Todopoderoso les ha concedido el privilegio y la responsabilidad de criar a una criatura.<br><br>Oramos para que el regalo más grande que puedan recibir hoy venga del Padre de las luces, de quien desciende todo don perfecto (Stg 1:17). Oramos para que se cumpla en ustedes lo que Dios ha prometido.<br><br><i>“13 Dios está obrando entre ustedes. Él despierta en ustedes el deseo de hacer lo que a él le agrada y les da el poder para hacerlo.”</i> &nbsp;(Fil 2:13, PDT)<br>&nbsp;<br><br><br>[1] Yancey, Philip. Where Is God When It Hurts? Zondervan. Kindle Edition, (pp. 258-259)<br>[2] https://theconfidentmom.com/<br>[3] Heid, Susan. Become the Confident Mom You’ve Always Wanted to Be - 31 strategies to improve your confidence as a woman, mother, and family manager. Kindle Edition.<br>[4] Schrenk, G. (1964–). ἱερός, τὸ ἱερόν, ἱερωσύνη, ἱερατεύω, ἱεράτευμα, ἱερατεία, (-ία), ἱερουργέω, ἱερόθυτος, ἱεροπρεπής, ἱεροσυλέω, ἱερόσυλος, ἱερεύς, ἀρχιερεύς. En G. Kittel, G. W. Bromiley, &amp; G. Friedrich (Eds.), Theological dictionary of the New Testament (electronic ed., Vol. 3, pp. 221–222). Eerdmans.<br>[5] Op.cit.<br>[6] Op.cit., p. 253.<br>[7] Louw, J. P., &amp; Nida, E. A. (1996). En Greek-English lexicon of the New Testament: based on semantic domains (electronic ed. of the 2nd edition., Vol. 1, p. 415). United Bible Societies.<br>[8] El texto griego incluye ambos tipos de amor. Algunas traducciones bíblicas también lo hacen.<br><br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1055 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 3 de mayo del 2026</title>
						<description><![CDATA[1055 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 3 de mayo del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob -Parte VIII“6 Entonces entregó todo a cargo de José y no prestaba atención a nada que no fuera la comida que él mismo consumía. José era un hombre muy apuesto y de buena figura. 7 Un tiempo después, la esposa de su amo comenzó a fijarse en José y...]]></description>
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			<pubDate>Sun, 03 May 2026 06:00:00 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<section class="sp-section sp-scheme-0" data-index="1" data-scheme="0"><div class="sp-section-slide"  data-label="Main" ><div class="sp-section-content" ><div class="sp-grid sp-col sp-col-24"><div class="sp-block sp-text-block " data-type="text" data-id="0" style=""><div class="sp-block-content"  style=""><b>1055 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 3 de mayo del 2026<br>Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob -Parte VIII</b><br><br><i>“6 Entonces entregó todo a cargo de José y no prestaba atención a nada que no fuera la comida que él mismo consumía. José era un hombre muy apuesto y de buena figura. 7 Un tiempo después, la esposa de su amo comenzó a fijarse en José y le dijo: —Acuéstate conmigo. 8 Pero José se rehusó y le dijo a la esposa de su amo: —Mire, conmigo mi señor no tiene nada de qué preocuparse en la casa. Me dio todas sus posesiones para que yo las cuidara. 9 No hay nadie en esta casa que se iguale a mí. Lo único que él me ha negado es a usted, porque es su esposa. ¿Cómo puedo yo hacerle a él algo tan malo y cometer un pecado ante Dios? 10 A pesar de que ella hablaba con él día tras día, no lo convenció de que se acostara con ella. 11 Un día, cuando José regresó de trabajar a la casa, no había ningún otro esclavo adentro. 12 Entonces ella lo agarró de su ropa y le dijo: —¡Acuéstate conmigo! Pero él dejó su ropa en las manos de ella y salió huyendo. 13 Cuando ella vio que él había dejado la ropa en sus manos y salido huyendo, 14 llamó a los siervos de su casa y les dijo: —Miren, mi esposo trajo a este hebreo para que nos insultara. Él vino a donde yo estaba para tratar de tener relaciones sexuales conmigo, pero yo grité fuerte. 15 Cuando oyó que yo había gritado, dejó su ropa al lado mío y salió corriendo. 16 Después ella se quedó con la ropa de José hasta que llegó su esposo. 17 Luego le contó la misma historia: —El siervo hebreo que trajiste vino a aprovecharse de mí. 18 Pero cuando grité, dejó su ropa al lado mío y huyó hacia afuera. 19 El amo de José escuchó lo que le dijo su esposa y se enfureció. 20 Entonces lo agarró y lo puso en la prisión donde metían a los prisioneros del rey, y José quedó encarcelado. 21 Pero el SEÑOR estaba con José y lo ayudó haciendo que se ganara la confianza del carcelero.” </i> (Gén 39:6-21, PDT)<br><br>El análisis de la saga de José nos ha brindado la oportunidad de analizar los retos que este<br>hombre tuvo que enfrentar en Egipto. Recordamos que José, uno de los hijos de Jacob, llegó a la capital de ese imperio vendido como un esclavo.<br><br>Es intrigante el hecho de que los textos bíblicos que describen su llegada a ese lugar se circunscriban a describir algunos datos muy simples. El primero de estos, que José fue comprado por un oficial de la corte de Faraón llamado Potifar. El segundo, que Dios decidió revelarse allí y que este oficial lo pudo percibir. El tercero, que José se convirtió, de la noche a la mañana, en un administrador y en un estratega de excelencia.<br><br><i>“Cuando los mercaderes ismaelitas llevaron a José a Egipto, lo vendieron a Potifar, un oficial egipcio. Potifar era capitán de la guardia del faraón, rey de Egipto. 2 El Señor estaba con José, por eso tenía éxito en todo mientras servía en la casa de su amo egipcio. 3 Potifar lo notó y se dio cuenta de que el Señor estaba con José, y le daba éxito en todo lo que hacía. 4 Eso agradó a Potifar, quien pronto nombró a José su asistente personal. Lo puso a cargo de toda su casa y de todas sus posesiones. 5 Desde el día en que José quedó encargado de la casa y de las propiedades de su amo, el Señor comenzó a bendecir la casa de Potifar por causa de José. Todos los asuntos de la casa marchaban bien, y las cosechas y los animales prosperaron.”</i> (39:1-5, NTV)<br><br>Ese pasaje no nos ofrece una descripción del tiempo que transcurrió antes de que José pudiera disfrutar de toda esta experiencia. Tampoco nos describe cómo fue que este joven de 17 años pudo aprender acerca de administración, de estrategias y de supervisión en un período de tiempo tan corto.<br><br>Sabemos que, tanto José, así como el escritor del pasaje bíblico antes citado, desconocían las posibles explicaciones para lo que estaba sucediendo en ese lugar. A ambos les bastaba saber que Dios estaba insertado en todo el proceso y que esto era más que suficiente para conseguir que José aprendiera lo que tenía que aprender.<br><br>Es un secreto a voces que esta debe ser la conclusión a la que debemos arribar como creyentes en Cristo ante las situaciones complicadas por las que atravesamos en nuestra peregrinación como hijos de Dios. El tiempo que dedicamos a encontrar explicaciones y respuestas lógicas puede ser utilizado para buscar el rostro del Señor y para que su Santo Espíritu nos haga crecer y madurar en medio de esos procesos. Ahora bien, estamos convencidos de que podemos encontrar algunas respuestas para estas interrogantes cuando realizamos una mirada posmoderna sobre este pasaje bíblico.<br><br>Existen estudios científicos que correlacionan nuestras capacidades y acciones de perdonar con mejoras significativas en la salud mental, así como el manejo adecuado de los niveles de depresión y de la ansiedad. Es notable que estos estudios también revelan que la acción de perdonar también aumenta nuestra capacidad para aprender y para la toma de decisiones informadas. En otras palabras, que mientras mayor es nuestra disposición para perdonar y mientras más perdonamos, mayor es el desarrollo de unas funciones en áreas específicas del cerebro que fueron diseñadas por Dios para que aprendamos y para que tomemos decisiones.<br><br>Uno de estos estudios, publicado en el 28 de febrero del 2022, presenta todo esto haciendo énfasis especifico en el cerebro de los adolescentes: <i>“Forgiveness Mediates the Relationship Between Middle Frontal Gyrus Volume and Clinical Symptoms in Adolescents.”</i>[1] A continuación, una cita de ese estudio:<br><br><i>“Para comprender mejor los mecanismos neuronales que sustentan el papel protector del perdón en los adolescentes, el presente estudio examinó el “middle frontal gyrus (MFG)” que comprende la mayor parte de la corteza prefrontal dorsolateral (“dorsolateral prefrontal cortex, DLPFC”) y está asociado con la regulación cognitiva, y su relación con el perdón y los síntomas clínicos en una muestra de adolescentes sanos. En este estudio transversal (n = 64), un mayor volumen del (MFG) se asoció significativamente con puntuaciones más altas de perdón disposicional auto informado y niveles más bajos de síntomas depresivos y de ansiedad. El perdón medió la relación entre el volumen del (MFG) y los niveles de síntomas depresivos y de ansiedad. El papel mediador del perdón en la relación entre el volumen del MFG y los síntomas clínicos sugiere que una forma en que las estrategias de regulación cognitiva apoyadas por esta región cerebral pueden mejorar la salud mental de los adolescentes es mediante el aumento de la capacidad de perdonar.”</i>[2] (traducción libre)<br><br>Permítanos explicar esto de una manera sencilla y simple. Uno de los resultados de esa investigación revela que hay un aumento en el volumen de sangre en el área de regulación cognitiva. El aumento en el volumen de sangre en esa área confirma el aumento en la capacidad para el aprendizaje. Este dato se reviste de interés cuando recordamos que José llega a Egipto cuando era un adolescente. En otras palabras, que la decisión y la acción de perdonar en esta etapa de su vida lo colocaría en ventaja para manejar las ansiedades y la depresión, así como para experimentar el incremento de sus capacidades para aprender.<br><br>Tenemos que concluir que la demostración científica de lo que sucede en nuestros cerebros cuando decidimos perdonar fue ensamblada por Dios para nuestro beneficio. Además, que ese beneficio está disponible para todos aquellos que deciden perdonar sin importar cuál sea su edad.<br><br>Esta publicación científica también señala la importancia que posee la acción de olvidar. Esta acción también tiene repercusiones en el área del cerebro que utilizamos para aprender. Veamos otra cita directa de esa publicación:<br><br><i>“Otra estrategia cognitiva que se cree que favorece el perdón es el olvido dirigido, que implica olvidar intencionalmente las experiencias, lo que permite a las personas superar de forma más rápida y eficaz los eventos negativos del pasado. Si bien el olvido dirigido tiene un impacto positivo en el bienestar, resulta más difícil en personas con depresión (Joormann et al., 2009), debido en parte al sesgo de atención negativa, que se ha demostrado que está presente en adolescentes con depresión (Orchard et al., 2016). La reevaluación exitosa y el olvido dirigido requieren aspectos del control ejecutivo que dependen del funcionamiento de la corteza prefrontal dorsolateral (DLPFC), incluyendo la memoria de trabajo, la atención ejecutiva y la inhibición (Aguirre et al., 2017; Goldin et al., 2019), lo que sugiere un papel fundamental de los procesos cognitivos mediados frontalmente en el perdón.”</i>[3] (traducción libre)<br><br>Repetimos que no es necesario conocer todos estos aspectos técnicos para disfrutar de estos beneficios. De hecho, la Biblia presenta una cantidad extraordinaria de promesas acerca de cómo Dios nos capacita de modo que podamos ser capaces de realizar las tareas que Él nos ha asignado. Por ejemplo, la Biblia dice que el Señor ha prometido hacernos entender y dirigirnos en el camino por el que tenemos que andar (Sal 32:7). La Biblia dice que el Señor alumbra los ojos de nuestro entendimiento (Efe 1:18). La Biblia también dice que el Señor llenó con su Espíritu los corazones de Bezaleel y de Aholiab y que los llenó de sabiduría, inteligencia, en ciencia y en todo arte, de modo que ellos pudieran enseñar a los orfebres y artistas de Israel cómo diseñar y construir todo lo concerniente al Tabernáculo (Éxo 35:30-34). La Biblia dice que el temor de Jehová es enseñanza de sabiduría (Pro 15:33). La Biblia también dice lo siguiente:<br><br><i>“10 El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.”</i> (Pro 9:10)<br><br><i>“10 La sabiduría comienza por honrar al Señor; conocer al Santísimo es tener inteligencia.”</i> (DHH)<br>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; <br>La clave fundamental que sustenta estos principios bíblicos es permitir que Dios desarrolle en nosotros un espíritu enseñable. Sabemos que la Biblia describe que nuestro aprendizaje no puede desarrollarse en base a la corrupción que el pecado produce en nosotros. La Biblia enseña que nuestro aprendizaje tiene que ser desarrollado desde la transformación que produce la renovación de nuestras mentes en Cristo (Romanos 12:2). Esto requiere tener un espíritu enseñable, una disposición interior que esté ansiosa y receptiva al aprendizaje y a la renovación de la forma en que Cristo nos hace entender las cosas.<br><br>Hay que reconocer que un espíritu, un corazón enseñable para alcanzar una mente transformada requiere humildad y sujeción a lo que dice la poderosa Palabra de Dios (Hch 8:31; 2 Tim 3:16-17). Estos datos nos permiten concluir que José tenía un espíritu enseñable.<br><br>Ahora bien, no podemos negar que es gratificante conocer que podemos disfrutar de salud mental y aumentar nuestra capacidad para aprender cuando echamos mano de las instrucciones divinas acerca del perdón y de decidir olvidar los lastres tormentosos de nuestro pasado.<br><br>Estos datos también proveen otros escenarios para el análisis de los pasajes bíblicos que nos instruyen a perdonar. Un ejemplo de esto lo encontramos en la relación que existe entre el perdón, el amor y la paz que presenta el Apóstol Pablo en algunas de sus cartas.<br><br><i>“13 Sean comprensivos con las faltas de los demás y perdonen a todo el que los ofenda. Recuerden que el Señor los perdonó a ustedes, así que ustedes deben perdonar a otros. 14 Sobre todo, vístanse de amor, lo cual nos une a todos en perfecta armonía. 15 Y que la paz que viene de Cristo gobierne en sus corazones. Pues, como miembros de un mismo cuerpo, ustedes son llamados a vivir en paz. Y sean siempre agradecidos.”</i>&nbsp; (Col 3:13-15, NTV)<br><br>Es cierto que estos versos puntualizan que la acción de perdonar requiere que estemos vestidos del amor con el que el Señor nos amó hasta la cruz. Es también cierto que otro dato que señalan esos versos es que la paz de Cristo es uno de los productos netos de la obediencia a la instrucción bíblica de perdonar. Hay que puntualizar que la Biblia no presenta esto como una alternativa que nosotros podemos escoger. El pasaje bíblico escrito por el Apóstol Pablo señala que hemos sido llamados a vivir en paz; esto es una orden.<br><br>Es correcto afirmar que José no tenía idea de cómo terminaría su historia, en cambio él sabía que Dios estaba presente en medio de esa odisea. Además, es obvio que él también experimentaba que algo celestial estaba ocurriendo.<br><br>José tenía dos (2) opciones ante sí cuando llegó a Egipto. Una de estas, permitir que la angustia, la ansiedad y la depresión lo arroparan. Ahora sabemos que esa decisión lo habría incapacitado para aprender y para mantener la salud mental. Es obvio que él decidió abrazar la otra opción: la del perdón y la del olvido. Lo sabemos porque él lo expresó así. Esa decisión está documentada en el capítulo 41 del Libro de Génesis. La Biblia dice allí que Dios lo hizo olvidar.<br><br><i>“50 Y nacieron a José dos hijos antes que viniese el primer año del hambre, los cuales le dio a luz Asenat, hija de Potifera sacerdote de On. 51 Y llamó José el nombre del primogénito, Manasés; porque dijo: Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre. 52 Y llamó el nombre del segundo, Efraín; porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción.”</i> (Gén 41:50-52)<br>&nbsp;<br>Otra forma de saber que esa fue su decisión es la manera tan acelerada con la que él pudo desaprender y aprender todo lo que era necesario para comenzar a conquistar la tierra en la que había sido vendido como esclavo.<br><br>Tenemos que repetir que no necesitamos estos datos para obedecer los mandatos bíblicos. Nos basta saber que la obediencia a los principios bíblicos siempre trae consigo buenos resultados y grandes bendiciones.<br><br>José decidió escoger bien y los beneficios de haberlo hecho no se hicieron esperar. Tal y como vimos en la reflexión anterior, Dios comenzó a prosperar a José en Egipto. No obstante, la prosperidad trajo consigo otro reto. José tendría que enfrentarse al reto de la tentación.<br><br>La frase “<i>un tiempo después</i>” (Gén 39:7) indica que ese reto apareció luego de que él hubiera experimentado la prosperidad. La porción bíblica que aparece en el epígrafe de esta reflexión presenta un resumen de ese reto.<br><br><i>“7 Un tiempo después, la esposa de su amo comenzó a fijarse en José y le dijo: —Acuéstate conmigo. 8 Pero José se rehusó y le dijo a la esposa de su amo: —Mire, conmigo mi señor no tiene nada de qué preocuparse en la casa. Me dio todas sus posesiones para que yo las cuidara. 9 No hay nadie en esta casa que se iguale a mí. Lo único que él me ha negado es a usted, porque es su esposa. ¿Cómo puedo yo hacerle a él algo tan malo y cometer un pecado ante Dios? 10 A pesar de que ella hablaba con él día tras día, no lo convenció de que se acostara con ella.”</i> (Gén 39:7-10, PDT)<br><br>Nos preguntamos: ¿qué es la tentación? Los recursos académicos[4] nos enseñan que en la actualidad este concepto posee una connotación siniestra que no siempre ha estado asociada a esta. Los conceptos hebreos y griegos que se utilizan en la Biblia para referirse a la tentación originalmente tenían un contenido neutro, con el sentido de “poner a prueba”, la prueba del carácter o la calidad de este. Señalamos que el concepto es neutro, pero los resultados de la tentación no lo son. Salimos de estas con santidad e integridad o caídos y necesitados de un proceso de perdón y restauración. Un proverbio español dice que no se puede ser panadero si nuestra cabeza es de mantequilla.<br><br>Repetimos, tal y como señalan los recursos que estamos citando aquí, que el tema de las tentaciones es neutral porque no implica maldad alguna. En otras palabras, que la tentación, en el sentido bíblico, conlleva posibilidades tanto de santidad como de pecado. Esto es así porque una cosa es ser tentado y otra caer.<br><br>Debemos entender que la interpretación de la tentación como algo nefasto y/o malsano no concuerda con algunos principios bíblicos. Por ejemplo, la Biblia dice que ser probado/tentado (“<i>peirasmos</i>”, G3986) debe ser motivo de alegría (Santiago 1:2), ya que al vencer la tentación se puede alcanzar el desarrollo del carácter como creyente en Cristo; uno que es más elevado y noble.<br><br>Un ejemplo de esto lo encontramos en las tentaciones que sufrió nuestro Señor. La Biblia dice que Cristo fue tentado (“<i>peirazō</i>”, G3985) por Satanás en el desierto (Mat 4:1-11; Lcs 4:1-13). También dice que Cristo fue tentado en todo, pero que no se encontró pecado en Él.<br><br><i>“14 Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. 15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. 16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”</i> (Heb 4:14-16, RV 1960).<br><br>Estas afirmaciones bíblicas no harían sentido si la tentación fuera similar al pecado porque la Biblia es escueta al afirmar que en Cristo no se encontró pecado alguno.<br><br>Hacemos un paréntesis para explicar que los conceptos griegos utilizado en los pasajes bíblicos antes citados pueden ser traducidos como ser puesto a prueba.<br><br>Ahora bien, conocer lo que dice el capítulo cuatro (4) de la Carta a Los Hebreos aumenta nuestra confianza en el Salvador de nuestras almas. Ese pasaje bíblico afirma que Cristo Jesús fue sometido a todas las tentaciones a las que nosotros podemos ser sometidos. Esto nos permite saber que Él conoce nuestra condición como seres humanos. Saber que ninguna tentación lo condujo a pecar es evidencia de su santidad y de que Él fue la ofrenda perfecta ofrecida en la cruz del Calvario; una ofrenda perfecta, sin pecado.<br><br>Repetimos que estos datos nos hacen saber que las tentaciones no son pecado. No obstante, no podemos obviar que estas pueden conducirnos a pecar. Esto lo podemos constatar en la Carta de Santiago. Allí nos dicen varias cosas a cerca de las tentaciones. Una de estas es que Dios no coloca en tentación a nadie. Esos versos bíblicos también establecen que las tentaciones no provienen de Dios sino de nuestras propias concupiscencias (“<i>epithumia</i>”, G1939), de nuestros deseos. En otras palabras, algo que todos llevamos por dentro y que no podemos darle rienda suelta. Veamos cómo lo describe ese escritor bíblico:<br><br><i>“13 Cuando sean tentados, acuérdense de no decir: «Dios me está tentando». Dios nunca es tentado a hacer el mal y jamás tienta a nadie. 14 La tentación viene de nuestros propios deseos, los cuales nos seducen y nos arrastran. 15 De esos deseos nacen los actos pecaminosos, y el pecado, cuando se deja crecer, da a luz la muerte.”</i> (Stg 1:13-15, NTV)<br><br>Un dato interesante que parece chocar con esta verdad bíblica es que algunas versiones de las Sagradas Escrituras (KJV) describen que Dios tentó a Abraham (Gén 22:1). ¿Cómo podría esto ser posible si la Biblia dice que Dios no tienta a nadie? La respuesta la encontramos en el análisis de ese pasaje de las Sagradas Escrituras. El concepto hebreo utilizado en ese verso es “<i>nâsâh</i>” (H5254). Es cierto que ese concepto es en ocasiones traducido como tentar, como en el caso de Lot “alzando” sus ojos para ver la llanura del Jordán hasta Sodoma y Gomorra (Gén 13:10-13). Sin embargo, la mayoría de las 645 ocasiones en las que este concepto es utilizado en el Antiguo Testamento su uso describe la acción de poner a prueba, de realizar un ensayo como los que se realizan en los laboratorios químicos y/o examinar. En otras palabras, Dios no tentó a Abraham. Dios puso a prueba la fe y la capacidad que este hombre tenía para obedecer.<br><br>Estos escenarios son comunes en la vida de los creyentes. Por ejemplo, la Biblia dice que Dios puso a prueba al pueblo de Israel en el desierto (Det 8:2). La Biblia también dice que Jesús puso a prueba a uno de sus discípulos llamado Felipe.<br><br><i>“1 Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. 2 Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos. 3 Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. 4 Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos. 5 Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? 6 Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. 7 Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco.” </i>(Jn 6:1-7, RV 1960)<br><br>Es cierto que Jesús conocía de antemano lo que Felipe haría, en cambio, ese discípulo no.<br><br>Al mismo tiempo, es muy reconfortante e interesante saber que la Biblia dice que las tentaciones que enfrentamos en la vida no son distintas a las que otros atraviesan. La Biblia añade a esta afirmación que Dios es fiel y que ha prometido que no permitirá que ninguna tentación sea mayor, más fuerte de lo que nosotros podamos soportar (1 Cor 10:13, NTV). En otras palabras, que cuando somos tentados Él siempre muestra una salida para que podamos ser capaces de resistir. La Biblia también dice que agarrarnos de la promesa de nuestra salvación nos permite mantener la alegría, aunque tengamos que ser afligidos por esas pruebas (“<i>peirasmos</i>”, G3986) (1 Ped 1:6).<br><br>En el caso de José, la tentación a la que él sería sometido fue provocada por dos (2) vías. La primera de estas era su éxito inmediato en la casa de Potifar. Repetimos que el éxito junto a las exigencias de la confianza puesta sobre nuestros hombros nos hace más vulnerables y propensos a las tentaciones. La otra vía: que él era un joven muy atractivo. Esta es la frase que el texto hebreo utiliza para describirlo:<br><br>“<i>yō-w-sêp̄ &nbsp;yə-p̄êh- &nbsp;ṯō-’ar &nbsp;wî-p̄êh &nbsp;mar-’eh</i>.”. (“José era hermoso y bien fornido”)<br><br>Destacamos que el concepto hebreo que se traduce como hermoso (“<i>yâpheh</i>”, H3303) es también utilizado en la Biblia para describir a David (1 Sam 16:12; 17:42) y a Absalón (2 Sam 14:25).<br><br>La Biblia dice que la esposa de Potifar puso sus ojos en este joven que era hermoso y exitoso. La Biblia añade que la estrategia desarrollada por esta mujer era la de un ataque puesto en acción todos los días (Gén 39:10). En otras palabras, que el acercamiento de esta mujer era directo y a diario: “duerme conmigo.” Agregamos a todo esto que este joven se encontraba en esas edades en el que las hormonas se encontraban en todo su apogeo. En otras palabras, que José estaba batallando con los acercamientos de la mujer de Potifar y con sus propias reacciones hormonales.<br><br>Especialistas en este tema han dicho que ese escenario es uno de esos en el que “<i>nos quitan las facultades de discernimiento claro y de decisión.</i>” Esta expresión pertenece a la definición de la tentación que ofrece Dietrich Bonhoeffer: &nbsp;<br>&nbsp;<br><i>“En nuestros miembros existe una inclinación latente hacia el deseo, que es a la vez súbita y feroz. Con un poder irresistible, el deseo se apodera de la carne. De repente, se enciende un fuego secreto y latente. La carne arde en llamas. Da igual si se trata de deseo sexual, ambición, vanidad, anhelo, amor a la fama y al poder, codicia o, finalmente, ese extraño anhelo por la belleza del mundo, de la naturaleza. La alegría en Dios se extingue en nosotros y buscamos toda nuestra alegría en la criatura. En este momento, Dios es completamente irreal para nosotros; pierde toda realidad y solo el deseo por la criatura es real; la única realidad es el diablo. Satanás no nos llena aquí de odio a Dios, sino de olvido de Dios… La lujuria así despertada envuelve la mente y la voluntad del hombre en la más profunda oscuridad. Nos quitan las facultades de discernimiento claro y de decisión… Es aquí donde todo dentro de mí se levanta contra la PALABRA de Dios.”</i>[5] (traducción libre)<br><br>Afirmamos que las tentaciones no son pecado, pero son un campo de batalla. Dios no nos exime de estas porque forman parte del “curriculum” para el desarrollo de nuestro carácter como creyentes en Cristo.<br><br>Las respuestas de José no se hicieron esperar.<br><br><i>“8 Pero José se rehusó y le dijo a la esposa de su amo: —Mire, conmigo mi señor no tiene nada de qué preocuparse en la casa. Me dio todas sus posesiones para que yo las cuidara. 9 No hay nadie en esta casa que se iguale a mí. Lo único que él me ha negado es a usted, porque es su esposa. ¿Cómo puedo yo hacerle a él algo tan malo y cometer un pecado ante Dios?</i>” (Gén 39:8-9, PDT)<br><br>Estas respuestas revelan varias cosas. Una de estas, la comprensión que José tenía acerca de quién es Dios. La idea de Dios que José había recibido y desarrollado era la de un Dios omnipresente. Dicho de otra forma, esa respuesta afirma que José estaba convencido de que el Dios al que él servía está presente en todas partes; aún en Egipto, la tierra de su aflicción. José pudo haberse dado el espacio para pensar que Dios no podía estar presente en un escenario que era el producto del abuso y del maltrato que él había sufrido. Sin embargo, ese joven no lo hizo así.<br><br>Esa respuesta también revela que José consideraba que debía mantener la integridad ante el Dios al que él servía. No olvidemos que pecar contra Dios nunca es la opción correcta.<br><br>El estudio de las expresiones de José nos permite conocer el valor que él le había adscrito a la integridad. Es interesante que el concepto pecado que José utiliza es “<i>châṭâ</i>ʼ” (H2398). Este concepto hebreo puede ser traducido como fallar, errar el blanco (como el que habla de un arquero), la idea opuesta a la de alcanzar la meta, a dar en el blanco.[6] O sea, que la respuesta de José revela la comprensión que él había desarrollado acerca de la maldad y del pecado. José estaba diciendo con esta respuesta que él creía que pecar era errar en cumplir su responsabilidad con los principios establecidos por Dios. Repetimos que este joven estaba diciendo esto en Egipto, lugar en el que él podía haber concluido que Dios no estaba presente. No olvidemos que José no tenía una Biblia a su alcance. En cambio, nosotros sí la tenemos. En otras palabras, que nuestra responsabilidad es más grande.<br><br>El otro dato que revelan las respuestas de José es su entendimiento de lo que es la lealtad:<br>&nbsp;<br><i>“Lo único que él me ha negado es a usted, porque es su esposa. ¿Cómo puedo yo hacerle a él algo tan malo y cometer un pecado ante Dios?”</i> (v. 9b).<br><br>¿En dónde aprendió José todo esto? Es obvio que sus hermanos no fueron sus maestros en el escenario de servir a Dios con integridad. Tal vez pudo recibir algo de esta enseñanza a través de la relación con su padre. Sin embargo, creemos que la revelación de Dios marcó la vida de José.<br><br>Sabemos que nuestro Dios se revela imprimiendo en nosotros su amor al mismo tiempo que nos impacta con los atributos que emanan y distinguen su presencia. Debemos comprender que la Biblia es clara al destacar la transformación de todos los personajes que ella describe señalando que han estado cerca de la presencia de Dios. Es que no existe manera alguna de acercarse al Santo de Israel, al Todopoderoso, al Altísimo y Sublime, al Gran Yo Soy y seguir siendo las mismas personas.<br><br>Las respuestas de José son sin duda la evidencia más clara y fehaciente de que Dios se le había revelado con poder y gloria. Esa revelación lo condujo a decidir que era mejor dejar la ropa que perder su relación con Dios. Esa fue su respuesta ante la tentación: huir de esta.<br><br>Erwin Lutzer dijo en una ocasión que no se puede decir no a una tentación sin antes haber dicho sí a algo mucho mejor. Lutzer añadió a esto que nuestras respuestas a las tentaciones son un barómetro preciso de nuestro amor por Dios. Siendo esto así, entonces esto demuestra que José amaba a Dios.<br><br>La respuesta de José lo condujo a la cárcel. Ese escenario ocupará el centro de nuestra próxima reflexión.<br>&nbsp; <br><br><br>[1] &nbsp;Schuttenberg, Eleanor M., Jennifer T. Sneider, David H. Rosmarin, Julia E. Cohen-Gilbert, etal. Forgiveness Mediates the Relationship Between Middle Frontal Gyrus Volume and Clinical Symptoms in Adolescents. Publicado por Front. Hum. Neurosci., 27 February 2022, Sec. Cognitive Neuroscience. Volume 16 - 2022 https://doi.org/10.3389/fnhum.2022.782893. El National Library of Medicine lo dio a conocer al día siguiente: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8918469/pdf/fnhum-16-782893.pdf.<br>[2] Op. cit., p. 1.<br>[3] Op. cit, p. 2. <br>[4] International Standard Bible Encyclopedia. James Orr, M.A., D.D., Editor General. Cedar Rapids, Iowa. Electronic Edition STEP Files Copyright © 1998, Parsons Technology, Inc.<br>[5] Bonhoeffer, Dietrich. Temptation. London: SCM Press Ltd. 1963, p. 33.<br>[6] Gesenius, W., &amp; Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 271). Logos Bible Software.<br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1054 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 26 de abril del 2026</title>
						<description><![CDATA[1054 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 26 de abril del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob -Parte VII“6 Entonces entregó todo a cargo de José y no prestaba atención a nada que no fuera la comida que él mismo consumía. José era un hombre muy apuesto y de buena figura. 7 Un tiempo después, la esposa de su amo comenzó a fijarse en José ...]]></description>
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			<pubDate>Sun, 26 Apr 2026 06:00:00 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<section class="sp-section sp-scheme-0" data-index="1" data-scheme="0"><div class="sp-section-slide"  data-label="Main" ><div class="sp-section-content" ><div class="sp-grid sp-col sp-col-24"><div class="sp-block sp-text-block " data-type="text" data-id="0" style=""><div class="sp-block-content"  style=""><b>1054 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 26 de abril del 2026<br>Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob -Parte VII</b><br><br><i>“6 Entonces entregó todo a cargo de José y no prestaba atención a nada que no fuera la comida que él mismo consumía. José era un hombre muy apuesto y de buena figura. 7 Un tiempo después, la esposa de su amo comenzó a fijarse en José y le dijo: —Acuéstate conmigo. 8 Pero José se rehusó y le dijo a la esposa de su amo: —Mire, conmigo mi señor no tiene nada de qué preocuparse en la casa. Me dio todas sus posesiones para que yo las cuidara. 9 No hay nadie en esta casa que se iguale a mí. Lo único que él me ha negado es a usted, porque es su esposa. ¿Cómo puedo yo hacerle a él algo tan malo y cometer un pecado ante Dios? 10 A pesar de que ella hablaba con él día tras día, no lo convenció de que se acostara con ella. 11 Un día, cuando José regresó de trabajar a la casa, no había ningún otro esclavo adentro. 12 Entonces ella lo agarró de su ropa y le dijo: —¡Acuéstate conmigo! Pero él dejó su ropa en las manos de ella y salió huyendo. 13 Cuando ella vio que él había dejado la ropa en sus manos y salido huyendo, 14 llamó a los siervos de su casa y les dijo: —Miren, mi esposo trajo a este hebreo para que nos insultara. Él vino a donde yo estaba para tratar de tener relaciones sexuales conmigo, pero yo grité fuerte. 15 Cuando oyó que yo había gritado, dejó su ropa al lado mío y salió corriendo. 16 Después ella se quedó con la ropa de José hasta que llegó su esposo. 17 Luego le contó la misma historia: —El siervo hebreo que trajiste vino a aprovecharse de mí. 18 Pero cuando grité, dejó su ropa al lado mío y huyó hacia afuera. 19 El amo de José escuchó lo que le dijo su esposa y se enfureció. 20 Entonces lo agarró y lo puso en la prisión donde metían a los prisioneros del rey, y José quedó encarcelado. 21 Pero el SEÑOR estaba con José y lo ayudó haciendo que se ganara la confianza del carcelero.”&nbsp;</i> (Gén 39:6-21, PDT)<br><br>En nuestra reflexión anterior comenzamos a analizar los procesos por los que José, el undécimo de los hijos de Jacob, tuvo que atravesar en la ruta para convertirse en uno de los instrumentos usados por el Señor para rescatar a su familia.<br><br>La Biblia implica que cuando el mayor de los hijos de Raquel llegó a Egipto, decidió adaptarse y dedicarse a aprender. Puntualizamos el hecho de que en estos pasajes bíblicos no hay mención de tiempo y tampoco aparece la descripción de los ajustes que él tuvo que realizar allí. Sabemos que se lo habían vendido a Potifar, como lo describe Alfred Edersheim, el jefe de los verdugos de Faraón: el capitán de la guardia del rey de Egipto. Edersheim dice que ese era un tipo de grupo elite en Egipto y que el capitán era el jefe de las ejecuciones.<br><br>Hemos dicho en reflexiones anteriores que en ese lugar José tendría que enfrentar muchos retos, sufrimientos y crisis. La historia bíblica nos dice que el primer reto que este joven enfrenta es el de la prosperidad.<br><br>Vimos en la reflexión anterior que Potifar se dio cuenta de que el Señor estaba con José (Gén 39:2,3, 5). Un dato interesante que destaca Charles R. Swindoll[1] es que José no utilizó esto como una herramienta para sacar provecho de ello. Este joven no buscó el favor de su amo. La Biblia afirma que José lo encontró. Es muy probable que esto haya servido para que Potifar decidiera poner todo en las manos de José.<br><br>Esta es sin duda una de las enseñanzas claves que nos ofrece la saga de José. Sabemos que los creyentes en Cristo portamos, llevamos con nosotros las evidencias de la gracia divina y de la presencia del Espíritu Santo. Sin embargo, el consejo bíblico es que hagamos todo lo que tenemos que hacer sabiendo que lo hacemos para el Señor y no para los hombres. En otras palabras, que no hagamos estas cosas para sacar provecho para nosotros.<br><br><i>“17 Siempre dediquen al Señor Jesús todo lo que digan y lo que hagan, dando gracias a Dios Padre a través de Jesús……23 Cuando hagan cualquier trabajo, háganlo de todo corazón, como si estuvieran trabajando para el Señor y no para los seres humanos. 24 Recuerden que ustedes van a recibir la recompensa del Señor que Dios le prometió a su pueblo, pues ustedes sirven a Cristo el Señor. 25 Recuerden que todo el que haga lo malo será castigado y que el Señor trata a todos por igual.”</i>&nbsp; (Col 3:17, 23-24, PDT)<br><br>Este consejo bíblico no solo nos ayuda a evitar errores y complicaciones en lo que decimos y hacemos (v.17). Este consejo también nos impide procurar sacar provecho de nuestras acciones. Nos preguntamos: ¿cómo podríamos hacer o decir algo para Dios con la intención de sacarle provecho a esto?<br><br>Swindoll aprovecha esa coyuntura para aseverar que los grandes éxitos aumentan la confianza y la responsabilidad. Citando a F.B Meyer[2], en su libro “Joseph: Beloved-Hated-Exalted” Swindoll comparte lo siguiente:<br><br><i>“Es más probable que la tentación surja en tiempos de prosperidad y bienestar que en aquellos de privación y penuria. No en las laderas glaciares de los Alpes, sino en las soleadas llanuras de la Campiña; no cuando el joven asciende con ahínco la empinada escalera de la fama, sino cuando ha cruzado los umbrales dorados; no donde los hombres fruncen el ceño, sino donde sonríen con dulces y exquisitas sonrisas de adulación: ¡allí, allí acecha la tentadora! ¡Cuidado!”</i> [3] (traducción libre)<br><br>Tal y como señala Swindoll, sin duda alguna que este es un mensaje de advertencia que está dirigido a los triunfadores, a todos aquellos que están experimentando el favor de Dios. Hay una cantidad extraordinaria de buenos consejos acerca de esto. Recordamos que C.S. Lewis decía que “la prosperidad es un buen clima para la campaña electoral del diablo”.[4] Calvin Coolidge, quien fue presidente de Estados Unidos entre 1923 y 1929, decía que la prosperidad es una bendición cuando es utilizada como un instrumento y no como una deidad para ser adorada. Thomas Carlyle, ensayista escocés, señaló que la adversidad a veces es dura para el hombre, pero por cada hombre que puede soportar la prosperidad, hay cien que pueden soportar la adversidad.[5]<br><br>No podemos obviar el hecho de que el éxito viene unido a las exigencias de la confianza depositada en nosotros y esto nos hace más vulnerables.<br><br>Es adecuado afirmar aquí lo que una vez dijo A. W. Tozer:<br><br><i>“Es dudoso que Dios pueda bendecir grandemente a un hombre hasta que no lo haya herido profundamente. Sin duda, nosotros, los de esta generación, nos hemos vuelto demasiado blandos para alcanzar grandes alturas espirituales. La salvación ha llegado a significar la liberación de cosas desagradables. Nuestros himnos y sermones nos crean una religión de consuelo y placer. Pasamos por alto el lugar de las espinas, la cruz y la sangre. Ignoramos la función del martillo y la lima. Por extraño que parezca, es cierto que gran parte del sufrimiento que estamos llamados a soportar en el camino de la santidad es un sufrimiento interior para el cual difícilmente se encuentra una causa externa. Porque nuestro viaje es un viaje interior, y nuestros verdaderos enemigos son invisibles a los ojos de los hombres. Los ataques de la oscuridad, del desaliento, de la profunda autocrítica pueden soportarse sin que cambie nuestra situación externa. Solo el enemigo, Dios y el cristiano atribulado saben lo que ha sucedido. El sufrimiento interior ha sido grande y se ha realizado una poderosa obra de purificación, pero el corazón conoce su propio dolor, y nadie más puede compartirlo. Dios ha purificado a su hijo de la única manera que puede, dadas las circunstancias. Gracias a Dios por la prueba.”</i> [6]<br><br>Dios necesitaba procesar a José. Solo así podía él ser instrumento útil para el desarrollo de los planes perfectos del Eterno. Los retos, las crisis y los sufrimientos serían las escuelas que Dios habría de utilizar para transformar a su siervo.<br><br>La Biblia nos presenta muchos ejemplos acerca de estos procesos y de cómo fueron manejados por aquellos que los experimentaron. Uno de estos, el del Apóstol Pablo. Veamos lo que él dice acerca de esto en su Segunda Carta a los Corintios:<br><br><i>“24 En cinco ocasiones distintas, los líderes judíos me dieron treinta y nueve latigazos. 25 Tres veces me azotaron con varas. Una vez fui apedreado. Tres veces sufrí naufragios. Una vez pasé toda una noche y el día siguiente a la deriva en el mar. 26 He estado en muchos viajes muy largos. Enfrenté peligros de ríos y de ladrones. Enfrenté peligros de parte de mi propio pueblo, los judíos, y también de los gentiles. Enfrenté peligros en ciudades, en desiertos y en mares. Y enfrenté peligros de hombres que afirman ser creyentes, pero no lo son. 27 He trabajado con esfuerzo y por largas horas y soporté muchas noches sin dormir. He tenido hambre y sed, y a menudo me he quedado sin nada que comer. He temblado de frío, sin tener ropa suficiente para mantenerme abrigado.28 Además de todo eso, a diario llevo la carga de mi preocupación por todas las iglesias.”</i>&nbsp; (2 Cor 11:24-28, NTV)<br><br>Tal y como dijo en una ocasión el siempre recordado Rdo. Ray C. Steadman, este pasaje describe a un hombre cuyo poder personal se había quebrado. Lo que el Apóstol describe aquí es que él se ve a sí mismo como alguien que ya no le importaba lo que le pudiera suceder. Con estas expresiones Pablo afirmó que estaba dispuesto a arriesgarlo todo, a correr cualquier peligro, con tal de hacer la voluntad del Señor. Esto incluía poner en orden las cuentas entre los gentiles y los griegos.<br><br>Sabemos que este apóstol no llegó así a los pies del Señor. Sabemos que el Saulo de Tarso que describe la Biblia era un ser humano que vivía para su propio beneficio. Él admite esto cuando describe los fundamentos y los recursos sobre los que él se apoyaba antes de conocer a Cristo. Encontramos esta explicación en su Carta a los Filipenses, particularmente cuando Pablo describe su ascendencia: él había nacido hebreo, de la tribu de Benjamín, su linaje, su ortodoxia, y el grupo religioso al que pertenecía: los fariseos. Pablo dijo que antes de venir a los pies del Señor él creía que esto le daba derecho a reclamar el favor de Dios.<br><br><i>“4 aunque, si alguien pudiera confiar en sus propios esfuerzos, ese sería yo. De hecho, si otros tienen razones para confiar en sus propios esfuerzos, ¡yo las tengo aún más! 5 Fui circuncidado cuando tenía ocho días de vida. Soy un ciudadano de Israel de pura cepa y miembro de la tribu de Benjamín, ¡un verdadero hebreo como no ha habido otro! Fui miembro de los fariseos, quienes exigen la obediencia más estricta a la ley judía. 6 Era tan fanático que perseguía con crueldad a la iglesia, y en cuanto a la justicia, obedecía la ley al pie de la letra.”</i>&nbsp; (Fil 3:4-6, NTV)<br><br>Es muy interesante que este apóstol añadió las siguientes expresiones a esto que acabamos de compartir:<br><br><i>“7 Antes creía que esas cosas eran valiosas, pero ahora considero que no tienen ningún valor debido a lo que Cristo ha hecho. 8 Así es, todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él, he desechado todo lo demás y lo considero basura a fin de ganar a Cristo 9 y llegar a ser uno con él. Ya no me apoyo en mi propia justicia, por medio de obedecer la ley; más bien, llego a ser justo por medio de la fe en Cristo. Pues la forma en que Dios nos hace justos delante de él se basa en la fe.”</i>&nbsp; (vv.7-9)<br><br>Ciertamente, el amor de Cristo alcanzó y transformó a este hombre. No obstante, no es menos cierto que “el martillo” y la “lima” de Dios formaron parte de ese proceso de transformación. Arribar a la conclusión de que él consideraba como basura todos sus recursos y fundamentos previos a la fe en Cristo requirió un proceso de trasformación intenso. Es por eso que podemos leer lo siguiente en la Segunda Carta a los Corintios:<br><br><i>“8 Le he rogado ya tres veces al Señor que me quite esa dolencia. 9 Pero el Señor me dijo: «Mi bondad es todo lo que necesitas, porque cuando eres débil, mi poder se hace más fuerte en ti». Por eso me alegra presumir de mi debilidad, así el poder de Cristo vivirá en mí. 10 También me alegro de las debilidades, insultos, penas y persecuciones que sufro por Cristo, porque cuando me siento débil, es cuando en realidad soy fuerte.”</i> (2 Cor 12:8-10, PDT)<br><br>Encontramos otro ejemplo, el más sublime de todos, en la vida de nuestro Señor y Salvador: Cristo Jesús. La Biblia dice lo siguiente acerca de la relación que él desarrolló entre el dolor y el ministerio:<br><br><i>“8 Aunque era Hijo de Dios, Jesús aprendió obediencia por las cosas que sufrió. 9 De ese modo, Dios lo hizo apto para ser el Sumo Sacerdote perfecto, y Jesús llegó a ser la fuente de salvación eterna para todos los que le obedecen.”</i> (Heb 5:8-9, NTV)<br><br>Estos versos sirven para afirmar que Jesucristo no llegó a la tierra como una figura divina y celestial para cumplir una tarea. Estos versos afirman que nuestro Señor abrazó por completo la naturaleza humana. Veamos cómo lo expresa Pablo en una de sus cartas.<br><br><i>“7 Al contrario, él se quitó ese honor, aceptó hacerse un siervo y nacer como un ser humano. Al vivir como hombre, 8 se humilló a sí mismo y fue obediente hasta el extremo de morir en la cruz.”</i>&nbsp; (Fil 2:7-8., NTV)<br><br>Este pasaje bíblico afirma que nuestro Señor tenía que atravesar por las experiencias del sufrimiento (“<i>paschō</i>”, G3958), en su condición humana, para poder ser la ofrenda perfecta y luego ser capaz de convertirse en el Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec (Heb 5:6,10; 6:20; 7:17, 21-22).<br><br>La teología sistemática nos ha enseñado que nuestro Señor es completamente Dios y completamente hombre. Las diferencias entre la parte humana y la parte divina de nuestro Salvador no se cancelan entre sí. Tomás de Aquino, en su Comentario a los Hebreos explica esto distinguiendo entre los diferentes tipos de conocimiento que nuestro Señor tenía de sí mismo. Por un lado, Jesús, como Dios, conoce plenamente lo que es la obediencia; no necesita aprenderla. Pero Jesús, como hombre, tuvo que aprender a obedecer. Ese pasaje bíblico que encontramos en el verso ocho (8) del capítulo cinco (5) de la Carta a los Hebreos dice que Jesús aprendió esto a través del sufrimiento.<br><br>Tomás de Aquino señala que Jesús aprendió cuán difícil es la obediencia porque decidió obedecer el plan del Padre en los asuntos más difíciles, incluso hasta morir en la cruz. Este teólogo y maestro afirmó que aquellos que nunca han tenido que obedecer en la dificultad no conocen verdaderamente la virtud de la obediencia.<br><br>Seguir la voluntad de Dios cuando nos resulta fácil es una cosa. Seguir la voluntad de Dios cuando nos resulta muy difícil es otra. Jesús aprendió lo que significa ser obediente a Dios incluso cuando obedecer parecía humanamente imposible.<br><br><i>“De hecho, el autor de la Carta a los Hebreos dice que, al aprender la obediencia de esta manera, Jesús fue «perfeccionado» y, por lo tanto, «se convirtió en la fuente de la salvación eterna para todos los que le obedecen». En otras palabras, también debemos aprender a obedecer si queremos recibir la salvación que Jesús ofrece. Al aprender la obediencia, Jesús se convierte en nuestro maestro [para que aprendamos a obedecer].</i>”[7]<br><br>La obediencia de Jesús es vital para nuestra fe. Él, como hombre, aprendió a obedecer al Padre y permanecer fiel al plan de salvación. Lo hizo cuando tuvo hambre, cuando tuvo sed, cuando estaba en angustia y cuando estaba sufriendo el dolor que le produjeron los clavos en el Calvario. Lo hizo en medio de la tentación, de la traición, cuando estaba exhausto y cuando enfrentó el rechazo de su pueblo. Es importante destacar, como ha dicho John Piper, que la obediencia no se trata solo de seguir reglas. La obediencia se trata de honrar a Dios con nuestras decisiones, especialmente cuando estas son difíciles.<br><br>Puntualizamos que estas afirmaciones no procuran glorificar el sufrimiento. Eso sería enfermizo y anticristiano. Nuestra intención es poder proveerle a los lectores algunos datos bíblicos que les permitan internalizar dos (2) axiomas fundamentales que la Biblia nos ofrece acerca de este tema. El primero, que Dios no&nbsp;está lejos de nosotros cuando sufrimos. El segundo, que Dios utiliza esas experiencias para transformarnos y conducirnos al centro de su sacrosanta voluntad. Nos toca a nosotros decidir colocarnos del lado de los propósitos del Señor.<br><br>El poeta griego Hesiodus (c. 700 B.C.) decía que el “<i>paschō</i>”, el sufrimiento, puede y debe aumentar nuestra experiencia y brindarnos una mejor comprensión de las cosas.[8] Es un secreto a voces que hay muchos cristianos que tienen grandes dificultades para ver el sufrimiento con estos espejuelos.<br>&nbsp;<br>La saga de José continúa describiendo que este joven llegó a un país cuya cultura, sus costumbres y su idioma eran distintos. Lo que José encontró en Egipto era una situación muy distinta a la que él vivió en la casa de Jacob.<br><br>El segundo reto que José enfrentó en Egipto fue el de las tentaciones. Este tema ocupará el centro de nuestra próxima reflexión.<br>&nbsp;<br><br><br>[1] Swindoll, Charles R.. Joseph: a man of integrity and forgiveness. WORD Publishing, 1998.<br>[2] https://soulwinning.info/gs/fb_meyer/bio.htm<br>[3] Meyer, F.B.. Joseph: Beloved-Hated-Exalted, Fort Washington; Christian Literature Crusade, (nd), p.24.<br>[4] Draper, Edythe. Draper’s book of quotation for the Christian world.<br>[5] Bartlett’s Familiar Quotation, 1980, p.474<br>[6] Tozer, A.W. The root of the righteous. Sea Harp Press, 2022, p. 85.<br>[7] https://wcucatholic.org/second-look-jesus-learn-obedience/<br>[8] Michaelis, W. (1964–). πάσχω, παθητός, προπάσχω, συμπάσχω, πάθος, πάθημα, συμπαθής, συμπαθέω, κακοπαθέω, συγκακοπαθέω, κακοπάθεια, μετριοπαθέω, ὁμοιοπαθής. En G. Kittel, G. W. Bromiley, &amp; G. Friedrich (Eds.), Theological dictionary of the New Testament (electronic ed., Vol. 5, p. 906). Eerdmans.<br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1053 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 19 de abril del 2026</title>
						<description><![CDATA[1053 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 19 de abril del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob -Parte VI“39 Los ismaelitas se llevaron a José a Egipto. Un egipcio llamado Potifar, capitán de la guardia del faraón, lo compró. 2 El SEÑOR estaba con José e hizo que fuera un hombre muy exitoso. José vivió en la casa de su amo egipcio, 3 quie...]]></description>
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			<pubDate>Sun, 19 Apr 2026 07:00:00 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<section class="sp-section sp-scheme-0" data-index="1" data-scheme="0"><div class="sp-section-slide"  data-label="Main" ><div class="sp-section-content" ><div class="sp-grid sp-col sp-col-24"><div class="sp-block sp-text-block " data-type="text" data-id="0" style=""><div class="sp-block-content"  style=""><b>1053 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 19 de abril del 2026<br>Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob -Parte VI</b><br><br><i>“39 Los ismaelitas se llevaron a José a Egipto. Un egipcio llamado Potifar, capitán de la guardia del faraón, lo compró. 2 El SEÑOR estaba con José e hizo que fuera un hombre muy exitoso. José vivió en la casa de su amo egipcio, 3 quien se dio cuenta de que el SEÑOR estaba con José y que el SEÑOR hacía que le fuera muy bien en todo. 4 José complacía a su amo y este nombró a José su asistente personal. Lo puso a cargo de la casa y todas sus otras posesiones. 5 El SEÑOR bendijo la casa de ese egipcio desde el momento en que él puso a cargo de José todas sus posesiones. El SEÑOR bendijo a Potifar en todo lo que tenía, tanto en la casa como en el campo. 6 Entonces entregó todo a cargo de José y no prestaba atención a nada que no fuera la comida que él mismo consumía. José era un hombre muy apuesto y de buena figura. 7 Un tiempo después, la esposa de su amo comenzó a fijarse en José y le dijo: —Acuéstate conmigo. 8 Pero José se rehusó y le dijo a la esposa de su amo: —Mire, conmigo mi señor no tiene nada de qué preocuparse en la casa. Me dio todas sus posesiones para que yo las cuidara. 9 No hay nadie en esta casa que se iguale a mí. Lo único que él me ha negado es a usted, porque es su esposa. ¿Cómo puedo yo hacerle a él algo tan malo y cometer un pecado ante Dios? 10 A pesar de que ella hablaba con él día tras día, no lo convenció de que se acostara con ella. 11 Un día, cuando José regresó de trabajar a la casa, no había ningún otro esclavo adentro. 12 Entonces ella lo agarró de su ropa y le dijo: —¡Acuéstate conmigo! Pero él dejó su ropa en las manos de ella y salió huyendo. 13 Cuando ella vio que él había dejado la ropa en sus manos y salido huyendo, 14 llamó a los siervos de su casa y les dijo: —Miren, mi esposo trajo a este hebreo para que nos insultara. Él vino a donde yo estaba para tratar de tener relaciones sexuales conmigo, pero yo grité fuerte. 15 Cuando oyó que yo había gritado, dejó su ropa al lado mío y salió corriendo. 16 Después ella se quedó con la ropa de José hasta que llegó su esposo. 17 Luego le contó la misma historia: —El siervo hebreo que trajiste vino a aprovecharse de mí. 18 Pero cuando grité, dejó su ropa al lado mío y huyó hacia afuera. 19 El amo de José escuchó lo que le dijo su esposa y se enfureció. 20 Entonces lo agarró y lo puso en la prisión donde metían a los prisioneros del rey, y José quedó encarcelado. 21 Pero el SEÑOR estaba con José y lo ayudó haciendo que se ganara la confianza del carcelero....”</i>&nbsp; (Gén 39:1-21, PDT)<br><br>La saga de José nos ha cautivado. Esta es la historia más larga que encontramos en todo el<br>Antiguo Testamento. Este joven, que fue vendido por sus hermanos, arribó a Egipto para<br>enfrentarse a un nuevo mundo con una cultura completamente diferente a la suya. No solo se trataba de las diferencias en el idioma y en las prácticas de la fe, sino que él se encontró batallando, entre otras cosas, con las diferencias entre su estilo de vida y el de la capital del imperio egipcio.<br><br>Con toda probabilidad, la caravana de ismaelitas que lo llevó a Egipto (Gén 39:1) formaba parte de los grupos que transportaban especies y resinas aromáticas (incienso, mirra, y otros) entre la India y el Medio Oriente. Por lo general, estos grupos de mercaderes eran identificados con los mismos nombres: madianitas, ismaelitas, árabes.[1] De estos datos académicos se desprende que no hay diferencia alguna entre el grupo que compró a José (Gén 37:36) y el grupo que lo vendió en Egipto (Gén 39:1).<br><br><i>“36 Y los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia.”&nbsp;&nbsp;</i>(Gén 37:36, RV 1960)<br><br><i>“1 Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá.”</i> (Gén 39:1)<br><br>Como hemos visto en reflexiones anteriores, la Biblia dice que José era un joven de diecisiete (17) años cuando llegó a esa ciudad imperial.<br><br><i>“2 Esta es la historia de la familia de Jacob: José, siendo de edad de diecisiete años, apacentaba las ovejas con sus hermanos; y el joven estaba con los hijos de Bilha y con los hijos de Zilpa, mujeres de su padre;”</i> (Gén 37:2a).<br><br>Repasemos este punto una vez más. El Señor seleccionó a un joven de esa edad para comenzar a procesarlo de tal modo que pudiera convertirse en un instrumento de honra en sus manos. Esa vasija frágil e inmadura tenía que ser trabajada por el Divino Alfarero de modo que pudiera ser capaz de hacer tres (3) cosas:<br>&nbsp;<ul><li>devolver el balance a su familia paterna para que fueran capaces de ver el cumplimiento de las promesas divinas.</li><li>diseñar y ejecutar una estrategia a corto y a mediano plazo para encaminar esa familia hacia el futuro que Dios les había prometido.</li><li>diseñar y ejecutar planes estratégicos que pudieran salvar al imperio al que él acababa de llegar.</li></ul><br>Sin duda alguna que la presencia activa del Señor era la única forma de poder realizar todo esto.<br><br>La intervención de la mano del Altísimo era más que necesaria para abrir puertas, cerrar puertas, brindar el discernimiento y las respuestas necesarias ante cada situación que José enfrentaría. La saga de José presenta múltiples expresiones que afirman esa intervención. La intervención de esa mano celestial tenía que proveer la inteligencia y la sabiduría para orquestar todo lo que sería necesario para lograr esto. Al mismo tiempo, Dios tenía que provocar todos los espacios y las oportunidades para que ese joven pudiera ser sensible a la voz del Creador de los cielos y de la tierra.<br><br>Las palabras del Profeta Jeremías nunca han perdido su relevancia y mucho menos en los contextos que acabamos de describir:<br><br><i>“5 Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿6 No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.”</i> (Jer 18:5-6, RV1960)<br><br>En las narrativas acerca de José encontraremos que el Señor tenía que transformar a este joven. Además, veremos que el Señor había escogido un ambiente pagano, en ocasiones cruel e inusitado para lograr esto. Esa transformación era vital para el desarrollo de todos estos proyectos proféticos. No olvidemos que Dios contaba con este joven para el desarrollo de una tarea que cambiaría el rumbo de la historia de la humanidad. José no sabía esto. Nosotros gozamos del privilegio de saber cómo termina esta historia. En cambio, José no gozaba de esta ventaja.<br><br>Esta metodología divina no ha cambiado. Dios continúa atrayendo y reclamando para sí, procesando y transformando niños, jóvenes, adultos y ancianos que Él desea utilizar para cumplir sus promesas. A menudo, Dios permite que estos sean posicionados en ambientes muy difíciles y utilizar estos para cumplir sus propósitos. Ninguno de ellos goza del privilegio de conocer en detalle cómo terminará su historia, en cambio, Aquél que los llamó conoce esto y ha prometido ser fiel a todas sus promesas.<br><br>Algunos comentaristas bíblicos han afirmado que los capítulos 39 al 42 del libro de Génesis son una sección independiente en la saga de José en Egipto. En estos vemos a José insertado en sus miserias y en sus procesos de transformación, para luego verle siendo exaltado por la gracia y la misericordia de Dios.[2]<br><br>La versión Reina Valera de 1960 de la Biblia dice que José fue llevado (<i>“hū-raḏ”,</i> H3381)[3] a Egipto. El concepto hebreo utilizado aquí significa descender, ir de la montaña al valle, ir a una batalla, al piso en donde se hace una trilla.[4] Un ejemplo de su uso lo encontramos cuando vemos que este es el mismo concepto que se utiliza para describir las instrucciones que recibió Urías de “descender” a su casa desde el palacio del rey David cuando fue invitado por ese rey (2 Sam 11:8-9). Los estudiosos bíblicos recordarán que esto formaba parte de un ardid de David para tratar de engañar y entrampar a su súbdito. En otras palabras, que ese concepto en ocasiones es utilizado para describir algo más que la meta final de un viaje. Lo mismo sucede con este concepto con relación a la expresión que afirma que José había descendido a Egipto. Este joven venía de la montaña en la que era el favorecido y descendía al valle de la ignominia y de los maltratos injustos. Además, este joven venía a enfrentar una serie de batallas muy intensas. José sería trillado porque lo necesitaba.<br><br>Los datos que nos ofrecen los capítulos del inicio de esta saga pueden crear la impresión de que la batalla más relevante de José sería entre él y todo lo que le rodeaba. Al final de la saga veremos que esa batalla sería la menos importante. La batalla más grande de José sería consigo mismo. El resultado de esa lucha nos permitirá ver al final de esta historia que el joven que llegó a Egipto no era el mismo que entró a la capital del imperio.<br><br>La Biblia dice que un hombre llamado Potifar compró a José. Ese nombre significa “aquél que pertenece al sol” o “aquel que el dios sol ha dado.” El nombre de Potifar aparece grabado en una tabla en piedra que describe parte de la historia de Egipto y que pertenece al período tardío del imperio (1087-664 B.C.). [5]<br>&nbsp;<br>La Biblia dice que Potifar era oficial de Faraón, el capitán de la guardia del rey de Egipto (Gén 37:36; 39:1). Uno de los recursos académicos consultados, <i>“Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures”</i>, afirma que ese nombre es la abreviatura de Potifera. La Biblia dice que este era el nombre del sacerdote egipcio de On en Heliópolis (Gén 41:45; 46:20).[6] Si esto es así, entonces José había sido comprado por uno que luego se convertiría en su suegro. Sabemos que hay opiniones encontradas respecto a este dato. Hay exégetas bíblicos que creen que el jefe de la seguridad del faraón no podía ser un sacerdote. En cambio, otros exégetas bíblicos creen que esto era posible.<br>&nbsp;<br>El concepto hebreo (una aplicación hebrea de los títulos usados en Egipto) utilizado para describir la posición de Potifar, “oficial”, es “<i>sârı̂ys</i>” (H5631). Es cierto que este concepto hebreo es traducido con frecuencia como eunuco: alguien que ha sido castrado para poder servir al rey. La realidad es que este concepto también es utilizado en la Biblia para describir a los ministros de estado, a los camarlengos (chambelán, en inglés “<i>chamberlain</i>”), así como a otros oficiales de la corte.<br><br>Estos datos sirven para comprobar que el título que tenía Potifar no implica que este fuera un eunuco porque el relato bíblico señala que estaba casado y que probablemente es el que se convierte en suegro de José. Potifar no podía ser un eunuco.<br><br>Hemos señalado que la intervención de la mano de Dios aparece constantemente en las narrativas acerca de los procesos por los que José tuvo que atravesar. Los versos iniciales del capítulo treinta y nueve (39) de Génesis son un ejemplo de esto.<br><br><i>“2 Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio.”</i>&nbsp; (Gén 39:2, RV1960)<br>&nbsp;&nbsp;<br><i> “3 Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano.”</i>&nbsp; (v.3)<br><br><i>“5 Y aconteció que desde cuando le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José, y la bendición de Jehová estaba sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo.”</i> (v.5)<br><br>¿Cómo puede un hombre egipcio, “<i>hijo de Ra”</i> el dios del sol, percibir y constatar la presencia de un Dios que él no conocía en la vida de un esclavo? La Biblia responde a esta pregunta con una expresión que ha sido descrita como “la marca indeleble de Dios a través de José.”<br><br><i>“3 <b><u>Y vio su amo que Jehová estaba con él</u></b>, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano….. 5 Y aconteció que desde cuando le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del egipcio <b><u>a causa de José</u></b>, y la bendición de Jehová estaba sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo.”</i> (Gén 39:3, 5)<br><br>La presencia de Dios en la vida de José lo había impactado. José no estaba atravesando por uno de sus mejores momentos, no obstante, la presencia de Dios en su vida era más que evidente. La expresión bíblica traducida como <i>“a causa de José”</i> es “<i>biḡ-lal yôsêph</i>” (H1558, H3130). La primera parte de esta expresión, el concepto hebreo que se traduce “a causa”, puede ser descrita como el sonido de algo que está rodando (expresión onomatopéyica)[7]. En otras palabras, que era de esperarse que la bendición de Dios estuviera en toda la casa de Potifar. Al mismo tiempo, las expresiones iniciales de los versos bíblicos que acabamos de compartir presentan el aspecto temporal de esa bendición: <i>“desde cuando le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía” </i>(v. 5a).<br><br>Estas expresiones indican que la bendición del Señor sigue a aquellos que aman y honran al Señor sin importar lo trágico e injusto del lugar en el que ellos se encuentren. Los escritores bíblicos lo han dicho en varias ocasiones:<br><br><i>“6 Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días.”</i> (Sal 23:6)<br><br><i>“8 Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia.” </i> (Isa 58:8)<br><br>De todos los nombres de Dios que aparecen en la Biblia, el nombre de Jehová (“<i>yehôvâh</i>”, H3068), “el Dios que se revela,” “el Eterno presente”, el “Yo soy y sigo siendo”, aparece en cinco (5) ocasiones en los primeros cinco (5) versos del capítulo 39 del Libro de Génesis. La razón detrás de todo esto es sencilla: Dios se estaba revelando en todos los escenarios en los que José se estaba insertándose.<br><br>Potifar no era creyente y su visión religiosa era una panteísta: la creencia de que existen muchos dioses. En cambio, él no podía resistir la revelación del Todopoderoso, el único Dios. Es muy probable que José no fuera capaz de percibir esto al inicio de esta jornada. Creemos que sí lo fue un poco más tarde. Lo sabemos por las expresiones acerca de Dios que él afirma cuando la esposa de Potifar intenta seducirlo. Esto último lo analizaremos en nuestra próxima reflexión.<br><br>No obstante, José tenía la oportunidad de aprender a vivir sin considerar dar lugar a cómo fue tratado por sus hermanos. Eso tendría su momento y sus escenarios. Este joven de diecisiete (17) años, que fue rechazado, abandonado, abusado y olvidado por los suyos, comenzaba una nueva etapa de vida. Tratar de manejar ésta amarrado a las tragedias experimentadas en su pasado sería perjudicial para su vida y para el plan de Dios.<br><br>Tal y como ha afirmado el Rdo. Samuel J. Esquilín en sus presentaciones acerca de este tema, la Biblia identifica dos (2) frentes de batalla cuando José comienza a trabajar con esos escenarios. El primero, que José concluye que sus problemas fueron originados en la casa de su padre.<br><br><i>“51 Y llamó José el nombre del primogénito, Manasés; porque dijo: Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre.” </i>(Gén 41:51, RV1960)<br><br>En otras palabras, que este frente de batalla no se limitaba a la tragedia que él vivía a causa de sus hermanos. Este frente incluía a su padre. El segundo, citando al Rabino Jonathan Sacks, que José no estaba seguro de que su papá lo amaba.[8] Estos dos (2) conflictos serán analizados en las próximas reflexiones.<br><br>La posición que Dios permitió que José ocupara en la casa de Potifar implica que José aprendió el nuevo idioma de ese imperio, que aprendió su cultura y los roles socioeconómicos de esta. Además, que aprendió estrategias de administración. No podemos identificar pasajes bíblicos que describan cómo José aprendió acerca de esto. Tal vez vio a su padre y a los mayordomos de este realizando esos ejercicios administrativos mientras permanecía en las tiendas de su padre. La realidad es que estos detalles permanecen en la oscuridad para los lectores bíblicos. Lo único que sabemos, sin duda alguna, es que el Señor cumplió en José su Palabra:<br><br><i>“8 Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos.”</i> (Sal 32:8)<br><br>La Biblia dice que José se convirtió en el supervisor y administrador de todo lo que Potifar tenía en su casa, así como en el campo.<br><br>Por último, el análisis socio cultural de este pasaje bíblico nos ha permitido conocer que esa posición traía consigo el uso de una túnica que lo identificaba así. Esa túnica se convertía en parte apremiante e imperativa de la próxima historia de este joven.<br>&nbsp; <br><br><br>[1] Mathews, K. A. (2005). Genesis 11:27–50:26 (Vol. 1B, pp. 731–733). Broadman &amp; Holman Publishers.<br>[2] Lange, J. P., Schaff, P., Lewis, T., &amp; Gosman, A. (2008). A commentary on the Holy Scriptures: Genesis (p. 596). Logos Bible Software.<br>[3] https://biblehub.com/text/genesis/39-1.htm<br>[4] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., &amp; Briggs, C. A. (Charles A. (1906). En The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Houghton, Mifflin and Company.<br>[5] https://www.encyclopedia.com/people/philosophy-and-religion/biblical-proper-names-biographies/potiphar<br>[6] Gesenius, W., &amp; Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 668). Logos Bible Software.<br>[7] Gesenius, W., &amp; Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 172). Logos Bible Software.<br>[8] https://rabbisacks.org/covenant-conversation/vayigash/does-my-father-love-me/<br><br><br><br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1052 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 12 de abril del 2026</title>
						<description><![CDATA[1052 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 12 de abril del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob -Parte V“15 Cuando José llegó a Siquem, un hombre de esa zona lo encontró dando vueltas por el campo.—¿Qué buscas?—le preguntó.16 —Busco a mis hermanos—contestó José—. ¿Sabe usted dónde están apacentando sus rebaños? 17 —Sí—le dijo el hombre—. ...]]></description>
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			<pubDate>Sun, 12 Apr 2026 20:05:01 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<section class="sp-section sp-scheme-0" data-index="1" data-scheme="0"><div class="sp-section-slide"  data-label="Main" ><div class="sp-section-content" ><div class="sp-grid sp-col sp-col-24"><div class="sp-block sp-text-block " data-type="text" data-id="0" style=""><div class="sp-block-content"  style=""><b>1052 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 12 de abril del 2026<br>Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob -Parte V</b><br><br><i>“15 Cuando José llegó a Siquem, un hombre de esa zona lo encontró dando vueltas por el campo.—¿Qué buscas?—le preguntó.16 —Busco a mis hermanos—contestó José—. ¿Sabe usted dónde están apacentando sus rebaños? 17 —Sí—le dijo el hombre—. Se han ido de aquí, pero les oí decir: “Vayamos a Dotán”. &nbsp;Entonces José siguió a sus hermanos hasta Dotán y allí los encontró. 18 Cuando los hermanos de José lo vieron acercarse, lo reconocieron desde lejos. Mientras llegaba, tramaron un plan para matarlo. 19 —¡Aquí viene el soñador!—dijeron—. 20 Vamos, matémoslo y tirémoslo en una de esas cisternas. Podemos decirle a nuestro padre: “Un animal salvaje se lo comió”. ¡Entonces veremos en qué quedan sus sueños! 21 Pero cuando Rubén oyó el plan, trató de salvar a José. —No lo matemos—dijo—. 22 ¿Para qué derramar sangre? Solo tirémoslo en esta cisterna vacía, aquí en el desierto. Entonces morirá sin que le pongamos una mano encima. Rubén tenía pensado rescatar a José y devolverlo a su padre. 23 Entonces, cuando llegó José, sus hermanos le quitaron la hermosa túnica que llevaba puesta. 24 Después lo agarraron y lo tiraron en la cisterna. Resulta que la cisterna estaba vacía; no tenía nada de agua adentro. 25 Luego, justo cuando se sentaron a comer, levantaron la vista y vieron a la distancia una caravana de camellos que venía acercándose. Era un grupo de mercaderes ismaelitas que transportaban goma de resina, bálsamo y resinas aromáticas desde Galaad hasta Egipto. 26 Judá dijo a sus hermanos: «¿Qué ganaremos con matar a nuestro hermano? Tendríamos que encubrir el crimen. 27 En lugar de hacerle daño, vendámoslo a esos mercaderes ismaelitas. Después de todo, es nuestro hermano, ¡de nuestra misma sangre!». Así que sus hermanos estuvieron de acuerdo. 28 Entonces, cuando se acercaron los ismaelitas, que eran mercaderes madianitas, los hermanos de José lo sacaron de la cisterna y se lo vendieron por veinte monedas de plata. Y los mercaderes lo llevaron a Egipto. 29 Tiempo después, Rubén regresó para sacar a José de la cisterna. Cuando descubrió que José no estaba allí, se rasgó la ropa en señal de lamento. 30 Luego regresó a donde estaban sus hermanos y dijo lamentándose: «¡El muchacho desapareció! ¿Qué voy a hacer ahora?». 31 Entonces los hermanos mataron un cabrito y mojaron la túnica de José con la sangre. 32 Luego enviaron la hermosa túnica a su padre con el siguiente mensaje: «Mira lo que encontramos. Esta túnica, ¿no es la de tu hijo?». <br>&nbsp;<br>33 Su padre la reconoció de inmediato. «Sí—dijo él—, es la túnica de mi hijo. Seguro que algún animal salvaje se lo comió. ¡Sin duda despedazó a José!». 34 Entonces Jacob rasgó su ropa y se vistió de tela áspera, e hizo duelo por su hijo durante mucho tiempo. 35 Toda su familia intentó consolarlo, pero él no quiso ser consolado. A menudo decía: «Me iré a la tumba llorando a mi hijo», y entonces sollozaba.<br>36 Mientras tanto, los mercaderes madianitas llegaron a Egipto, y allí le vendieron a José a Potifar, quien era un oficial del faraón, rey de Egipto. Potifar era capitán de la guardia del palacio...”&nbsp;&nbsp;</i>(Gén 37:17-36, NTV)<br><br>El análisis del modelo familiar de Jacob nos ha permitido estudiar cómo es que este patriarca perdió sus capacidades para mantener el equilibrio de su familia. Una mirada posmoderna de esa familia nos ha ayudado a comprender cómo es que las angustias provocadas por los seres queridos de Jacob, así como por las pérdidas de algunos de estos, lo llevaron a perder la posición de ser un padre capaz de continuar siendo líder de esa familia.[1]<br><br>En nuestra reflexión anterior acerca de este tema pudimos analizar cómo es que la túnica de colores que Jacob le dio a José, el penúltimo de sus hijos, era en sí un reflejo de sus temores y de sus angustias. Con esto, Jacob procuraba proteger a uno de sus hijos menores manteniéndolo en el seno de la familia, cosa que él no experimentó en la casa de Isaac. Esta conclusión no se produce en el vacío. Debemos señalar que algunos análisis antropológicos de esa clase de túnica revelan que una túnica de grandes y hermosos ornamentos, ajustada hasta los tobillos y que ceñía los antebrazos hasta las muñecas del que la porta no es práctica para el trabajo en el campo. En otras palabras, que con esto Jacob procuraba aislar a José del trabajo diario que realizaban sus hermanos. Es por esto que concluimos que es muy probable que esto entonces haya sido un mecanismo para proteger a José, el hijo de la vejez de Jacob (Gén 37:3). Jacob procuraba protegerlo de las experiencias relacionales de una familia llena de coraje, de celos, definida como gente engañosa, indecisa y de comportamientos violentos. Es obvio que Jacob no podía discernir la situación de peligro que él había creado al colocarle esta túnica a su undécimo hijo.<br><br>Nuestra reflexión anterior concluyó con la venta de José. La Biblia dice que los hermanos de este lo despojaron de esa túnica de colores, o sea de la identidad que le había fabricado su padre y lo vendieron por el precio de un esclavo impedido (Gén 37: 28). Desde ese momento, los próximos veinte (2) años de la vida de José podrían ser analizados desde la perspectiva de él como víctima de la temeridad de sus hermanos y de la pobre capacidad de discernimiento de su padre. Sabemos que Dios transformó esta perspectiva, pero no sin antes procesar intensamente a José.<br><br>El análisis que el Dr. Charles Swindoll realizó acerca de este tema[2] incluye una exposición detallada de las características que generalmente se observan en aquellas personas que se consideran así mismas víctimas de sus circunstancias. Swindoll menciona allí que existen expresiones comunes en ellas, así como en muchos de aquellos que los observan. La más repetida: “<i>No es justo. Esa persona hizo lo que era correcto y mira lo mal que lo trataron…</i>.”<br>&nbsp;<br>Tenemos que señalar que el patrón que convierte a un ser humano en víctima trasciende los linderos familiares. Swindoll apunta con precisión que podemos identificar estos patrones en agencias de gobierno y en el sector privado, en el discrimen de niños de otros segmentos de nuestra sociedad, así como en aquellos que son maltratados y abusados por sus padres. Lo podemos ver en los padres que se desgastan y hasta pierden la vida tratando de ayudar al hijo que no quiere renunciar a su vida como adicto o renunciar a ser miembro de un grupo que ha estandarizado la violencia como forma de vida.<br><br>Es muy común que en estos escenarios se desaten reacciones viscerales de venganza. En muchos casos las víctimas quieren desquitarse. En esos casos esta actitud forma partes de las emociones provocadas por saber que se está sufriendo maltrato y abuso sin haber hecho cosa alguna que nos haga merecedores de este.<br><br>Uno de los problemas que desata este sentimiento es que esa actitud se convierte en una clase de confinamiento carcelario. Veamos el consejo bíblico para manejar estas situaciones:<br><br><i>“29 Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. 30 A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva. 31 Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. 32 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. 33 Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo.”</i> (Mat 6:29-33, RV1960)<br><br><i>“18 Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. 19 No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. 20 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. 21 No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.”</i> (Rom 12:18)<br><br><i>“20 Es obvio que no hay mérito en ser paciente si a uno lo golpean por haber actuado mal, pero si sufren por hacer el bien y lo soportan con paciencia, Dios se agrada de ustedes. 21 Pues Dios los llamó a hacer lo bueno, aunque eso signifique que tengan que sufrir, tal como Cristo sufrió por ustedes. Él es su ejemplo, y deben seguir sus pasos. 22 Él nunca pecó y jamás engañó a nadie. 23 No respondía cuando lo insultaban &nbsp; &nbsp;ni amenazaba con vengarse cuando sufría. Dejaba su causa en manos de Dios, quien siempre juzga con justicia. 24 Él mismo cargó nuestros pecados sobre su cuerpo en la cruz, para que nosotros podamos estar muertos al pecado y vivir para lo que es recto. Por sus heridas, ustedes son sanados. 25 Antes eran como ovejas que andaban descarriadas. Pero ahora han vuelto a su Pastor, al Guardián de sus almas.”</i> (1 Ped 2:20-25, NTV)<br><br>¿Esto significa que condonamos el abuso y el maltrato? ¡Claro que no! Los abusos y los maltratos tienen que ser denunciados. Lo que estos pasajes afirman es que no podemos tomar la justicia en nuestras manos, que no podemos si quiera considerar la posibilidad de desquitarnos y que hemos sido llamados a pedir al Señor que tenga misericordia de aquellos que nos maltratan.<br><br>Un dato muy importante que se desprende del análisis de la vida de José es que, tal y como le puede suceder a cualquier persona, a él debe habérsele hecho difícil entender que los procedimientos de Dios no se parecen a los nuestros. Recordemos que la Biblia dice que los pensamientos de Dios no son como los nuestros y su visión de la vida no es como la nuestra. Así lo afirmó el profeta Isaías cuando dijo lo siguiente:<br><br><i>“8 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.”</i> (Isa 55:8-9, RV 1960)<br><br>Es cierto que los escenarios que José estaba sufriendo no le permitían ver y mucho menos entender que Dios estaba insertado en todo lo que le estaba ocurriendo. El Señor había insertado su mano para transformarlo en un caudillo capaz de enderezar la vida de la familia de Jacob. Es cierto que el Señor no había causado la tragedia que José estaba sufriendo, pero había decidido utilizarla para orquestar el cumplimiento de las promesas que Él le había hecho a Abraham, a Isaac y a Jacob.<br><br>El mensaje bíblico es claro: se trata de Dios usando su presencia para responder a estas clases de tragedias. Se trata del Señor utilizando su Palabra para responder y resolver estas. Además, como diría el siempre recordado Rdo. Dr. Cecilio Arrastía, se trata de la inserción de la vertical divina en la horizontal humana para desarrollar en nosotros el programa de adiestramiento que ofrece la Palabra Divina.<br><br>Swindoll dice que la Biblia posee al menos cinco (5) características que sirven como parte del desarrollo de este adiestramiento. Así lo afirma el profeta Isaías cuando dice lo siguiente:<br><br><i>“10 Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, 11 así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.”</i>&nbsp; (Isa 55:10-11)<br><br>De estos versos se desprende que la Palabra de Dios riega, hace germinar, hace producir, da semilla y da pan. El concepto hebreo traducido como regar es “<i>râvâh</i>” (H7301). Este significa “apagar” (en este caso la sed), irrigar, saturar, bañar, saciar y/o satisfacer.[3],[4] En otras palabras, que la Palabra de Dios satisface nuestra sed, nos lava para quitar de nosotros las impurezas y las contaminaciones que hemos adquirido en el camino, al mismo tiempo que nos hace dóciles para recibir el mensaje poderoso que ella nos quiere comunicar.<br>&nbsp;<br>El concepto hebreo que se traduce como germinar es “<i>yâlad</i>” (H6779) y significa “algo que brota”; “un fruto”; “renuevo” (H6780). Isaías había dicho que ese fruto, ese renuevo sería para hermosura y gloria, para grandeza y honra a los sobrevivientes de Israel (Isa 4:2). O sea, que la Palabra celestial nos produce en nosotros fruto, renuevo, un nuevo producto que no éramos capaces de producir. Además, que ese fruto hermosea, trae honor y nos hace partícipes de la gloria de Dios. Ese resultado es vital y esencial para el adiestramiento de todo aquel que cree en Cristo Jesús como el Señor y el Salvador del mundo.<br><br>La profecía de Isaías también afirma que la Palabra de Dios produce semilla (“<i>zera</i>ʽ”, H2233). Esto es sinónimo de dar vida, de mantener vivo, de proveer la oportunidad de que los pasos anteriores se repitan y que este desarrollo sea uno continuo.[5] Estos datos se confirman cuando conocemos que la Biblia utiliza ese concepto hebreo para describir la semilla de la mujer que heriría a la serpiente en la cabeza (Gén 3:15). Esto es, a Cristo el Señor. Dicho de otra manera, la Palabra de Dios produce la vida de Cristo en nosotros.<br><br>Dar pan (“<i>lechem</i>”, H5479) es dar alimento. Esto último se viste de unos colores extraordinarios en el marco referencial cristiano toda vez que la Biblia dice que nuestro Salvador nació en la casa del pan: “Bethlehem” (“<i>bêyth lechem</i>”, H1035).<br><br><i>“2 Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.”</i> (Miq 5:2)<br><br><i>“1 Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, 2 diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.”</i> (Mat 2:1-2)<br><br>No olvidemos que la Biblia también afirma que Jesucristo es el pan vivo que descendió del cielo.<br><br><i>“51 Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.”</i> (Jn 6:51)<br><br>Estos pasajes bíblicos conducen a una sola conclusión: la Palabra de Dios nos conduce a Cristo porque Él es el pan de vida.<br><br>José no lo sabía, pero Dios había hecho provisión específica para transformar la tragedia que él estaba experimentando en un escenario de gracia. Este joven de diecisiete (17) años (Gén 37:2) no sabía que Dios había programado que hasta el pozo en el que fue echado formara parte de esto. Un pozo equivocado lo habría hecho ser transportado a un lugar equivocado. El pozo escogido por sus hermanos se convirtió en una estación de autobuses para que José pudiera llegar a Egipto.<br><br>Esta es una de las razones por la que a los creyentes en Cristo se nos aconseja no resistir los procesos difíciles y dolorosos que surgen en la vida. Tenemos que comprender que Dios puede decidir utilizar los pozos en los que hemos sido echados en contra de nuestra voluntad para provocar cambios y transformaciones en nosotros. Dios también puede utilizar esos pozos para dirigirnos a lugares y a experiencias que serán claves en el desarrollo de nuestra fe y del cumplimiento del propósito de Dios en nuestras vidas. Los mejores ministerios han comenzado luego de haber tenido que enfrentar los pozos del aislamiento, de la soledad, del abandono, del rechazo, de pérdidas significativas, de alguna enfermedad y hasta de la cercanía de la misma muerte.<br><br>Es lógico concluir que el camino de José hacia Egipto debió haber estado plagado de complicaciones. Sabemos que esto debió haber sido así, aunque la Biblia no ofrezca detalles al respecto. El camino a lo desconocido por lo general trae consigo escenarios y propuestas nunca antes vistas, muchas áreas novedosas e infinidad de retos intensos. José debió haber enfrentado varios de estos en el camino. Este joven no sabía que se dirigía a un país que él no conocía. José no conocía el idioma que se hablaba allí, su cultura, su religión, ni sus estilos de vida. Al mismo tiempo, él tampoco sabía que el Señor le había preparado una sorpresa. Un ser humano vendido a precio de un esclavo herido sería comprado por el jefe de la guardia personal del faraón de turno en Egipto.<br><br><i>“36 Y los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia.”</i>&nbsp; (Gén 37:36, RV 1960)<br><br>El pasaje bíblico que aparece en el epígrafe de esta reflexión señala que la casa de Jacob continuaba precipitándose por un acantilado emocional mortal. La Biblia dice que este patriarca decidió manejar la ausencia de José como una pérdida producida por una “mala bestia” (Gén 37:33). Sus hijos le habían dicho que habían encontrado la túnica de José y que esta estaba ensangrentada. Las expresiones acerca de la presencia de una “mala bestia” y de la posibilidad de que José hubiera sido devorado por esta nunca fueron utilizadas por ellos cuando le dieron esa noticia a su padre (vv. 31-32). El dolor de Jacob despertó su imaginación y esta lo introdujo en una cueva sin salida: la de la imaginación de escenarios producidos por una angustia mal manejada.<br><br>La Biblia dice que Jacob decidió rasgar sus vestidos, poner cilicio sobre sus lomos y guardar luto ante esa pérdida. En los tiempos bíblicos estas reacciones eran adecuadas, esperadas y hasta terapéuticas. El problema es que Jacob no se detuvo ahí. La Biblia dice que él rehusó el consuelo de “todos sus hijos y todas sus hijas” (v. 35).<br><br>La buena noticia es que mientras todo esto acontecía en el lugar en el que Jacob y su familia se habían aposentado, Dios estaba trabajando a la distancia a favor de ese hogar. La maquinaria del plan perfecto de Dios había sido puesta en acción para comenzar a poner en su lugar las piezas del rompecabezas que eran necesarias para resolver el problema que Jacob y su familia enfrentaban en ese momento. Esa maquinaria también resolvería problemas que nadie sospechaba que esa familia tendría que enfrentar en el futuro.<br><br>La buena noticia es que Dios es el mismo ayer hoy y por todos los siglos. Por lo tanto, Él está disponible para operar de la misma manera en cualquier familia que decida acudir ante su gracia.<br><br>Por último, José tampoco sabía que Dios tendría que transformarlo. El Señor tenía que transformar una víctima en un instrumento adecuado para la gloria del Eterno. Dios tenía que transformarlo en un vaso útil, en un siervo dócil y sensible a la voz del Todopoderoso antes de poder convertirlo en una herramienta vital para el cumplimiento de las promesas divinas hechas a la casa de Jacob. Ese proceso apenas estaba comenzando.<br><br><br>&nbsp; &nbsp; <br>[1] Friedman, Edwin H. 1985. Generation to Generation: family process in church and synagogue. New York, NY: The Guilford Press.<br>[2] Swindoll, Charles R.. Joseph: a man of integrity and forgiveness. WORD Publishing, 1998.<br>[3] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., &amp; Briggs, C. A. (Charles A. (1906). En The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Houghton, Mifflin and Company.<br>[4] Gesenius, W., &amp; Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 759). Logos Bible Software. Gesenius, W., &amp; Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 759). Logos Bible Software.<br>[5] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., &amp; Briggs, C. A. (Charles A. (1906). En The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Houghton, Mifflin and Company.<br><br><br><br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1051 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 5 de abril del 2026</title>
						<description><![CDATA[1051 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 5 de abril del 2026¿Quién moverá la piedra?“El domingo por la mañana temprano, cuando amanecía el nuevo día, María Magdalena y la otra María fueron a visitar la tumba. 2 ¡De repente, se produjo un gran terremoto! Pues un ángel del Señor descendió del cielo, corrió la piedra a un lado y se sentó sobre ella. 3 Su rostro brillaba como un relá...]]></description>
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			<pubDate>Sun, 05 Apr 2026 06:00:00 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<section class="sp-section sp-scheme-0" data-index="1" data-scheme="0"><div class="sp-section-slide"  data-label="Main" ><div class="sp-section-content" ><div class="sp-grid sp-col sp-col-24"><div class="sp-block sp-text-block " data-type="text" data-id="0" style=""><div class="sp-block-content"  style=""><b>1051 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 5 de abril del 2026<br>¿Quién moverá la piedra?</b><br><br><i>“El domingo por la mañana temprano, cuando amanecía el nuevo día, María Magdalena y la otra María fueron a visitar la tumba. 2 ¡De repente, se produjo un gran terremoto! Pues un ángel del Señor descendió del cielo, corrió la piedra a un lado y se sentó sobre ella. 3 Su rostro brillaba como un relámpago, y su ropa era blanca como la nieve. 4 Los guardias temblaron de miedo cuando lo vieron y cayeron desmayados por completo. 5 Entonces, el ángel les habló a las mujeres: «¡No teman!—dijo—. Sé que buscan a Jesús, el que fue crucificado. 6 ¡No está aquí! Ha resucitado tal como dijo que sucedería. Vengan, vean el lugar donde estaba su cuerpo. 7 Y ahora, vayan rápidamente y cuéntenles a sus discípulos que ha resucitado y que va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán. Recuerden lo que les he dicho». 8 Las mujeres se fueron a toda prisa. Estaban asustadas pero a la vez llenas de gran alegría, y se apresuraron para dar el mensaje del ángel a los discípulos. 9 Mientras iban, Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas corrieron hasta él, abrazaron sus pies y lo adoraron. 10 Entonces Jesús les dijo: «¡No teman! Digan a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán».”</i> (Mat 28:1-10, NTV)<br><br>Las narrativas acerca de la resurrección de nuestro Señor (Mat 28:1-20; Mcs 16:1-20; Lcs 24:1-53; Jn 20:1-31) proveen una cantidad extraordinaria de datos. Existen varias razones por las que esto es así. Una de estas es que la resurrección del Salvador del mundo es una pieza indispensable dentro del plan de salvación. Por lo tanto, la resurrección de Cristo Jesús tenía que ser presentada con evidencias “indubitables” (Hch 1:3); capaces de vencer y aclarar cualquier duda.<br><br><i>“1 En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, 2 hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; 3 a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.”</i> (Hch 1:1-3, RV1960)<br><br>Debemos comprender que un salvador muerto, un mesías enterrado, vencido por la muerte no podía ser el redentor del mundo. No es posible que el salvador del mundo pudiera haber sido capturado y vencido por la muerte. Veamos por qué:<br><br>La Biblia dice que el sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario sirvió para quitar al pecado del medio.<br><br><i>“24 Pues Cristo no entró en un lugar santo hecho por manos humanas, que era solo una copia del verdadero, que está en el cielo. Él entró en el cielo mismo para presentarse ahora delante de Dios a favor de nosotros; 25 y no entró en el cielo para ofrecerse a sí mismo una y otra vez, como lo hace el sumo sacerdote aquí en la tierra, que entra en el Lugar Santísimo año tras año con la sangre de un animal. 26 Si eso hubiera sido necesario, Cristo tendría que haber sufrido la muerte una y otra vez, desde el principio del mundo; pero ahora, en el fin de los tiempos, <u>Cristo se presentó una sola vez y para siempre para quitar el pecado mediante su propia muerte en sacrificio.</u>”</i> (Heb 9:24-26, NTV)<br><br>La Biblia dice que Juan el Bautista lo identificó así.<br><br><i>“29 El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, <u>que quita el pecado del mundo</u>.”</i> (Jn 1:29, RV1960)<br><br>En otras palabras, que el sacrificio de Cristo trascendió el perdón de nuestros pecados, nuestra redención, nuestra justificación, y nuestra propiciación. El sacrificio de Cristo en la cruz también sirvió para quitar el pecado del medio.<br><br>Al mismo tiempo, la Biblia dice que en la cruz del Calvario Cristo venció el poder que el pecado tenía sobre nosotros.<br><br><i>“6 Sabemos que nuestro antiguo ser pecaminoso fue crucificado con Cristo para que el pecado perdiera su poder en nuestra vida. Ya no somos esclavos del pecado. 7 Pues, cuando morimos con Cristo, fuimos liberados del poder del pecado; 8 y dado que morimos con Cristo, sabemos que también viviremos con él.”</i>&nbsp; (Rom 6:6-7, NTV)<br><br>La Biblia añade que el sacrificio de Cristo en la cruz sirvió para anular las acusaciones que había contra nosotros y que con ese sacrificio el Señor también venció las fuerzas del imperio de satanás.<br><br><i>“14 Él anuló el acta con los cargos que había contra nosotros y la eliminó clavándola en la cruz. 15 De esa manera, desarmó a los gobernantes y a las autoridades espirituales. Los avergonzó públicamente con su victoria sobre ellos en la cruz.”</i>&nbsp; (Col 2:14-15, NTV)<br><br>La Palabra de Dios afirma que la muerte de Cristo en la cruz del Calvario sirvió para destruir al que tenía el imperio de la muerte.<br><br><i>“14 Los hijos de una familia son gente de carne y hueso, por eso Jesús se hizo de carne y hueso igual que ellos. Sólo así pudo morir y con su muerte derrotar al diablo, quien tenía el poder de la muerte. 15 Jesús se hizo hombre para liberar a los hombres, quienes habían estado esclavizados toda la vida por temor a la muerte.”</i>&nbsp; (Heb 2:14-15, PDT)<br><br>Los invitamos a analizar estos versos con mucho cuidado. Al hacerlo, descubrimos que estos revelan que la muerte de Cristo en la cruz también sirvió para liberarnos de la esclavitud que producía el temor a la muerte.<br><br><i>“15 Únicamente de esa manera el Hijo podía libertar a todos los que vivían esclavizados por temor a la muerte.” </i>(v. 15, NTV)<br><br>Ante estas victorias era imposible que la muerte, el último enemigo del ser humano, permaneciera incólume e imbatible ante nuestro Salvador. Sabemos que el pecado, que es el aguijón de la muerte (1 Cor 15:56) fue vencido con el sacrificio de Cristo. Por lo tanto, la paga del pecado, que es la muerte, también tenía que ser vencida.<br><br><i>“23 Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”</i> (Rom 6:23).<br><br>¿Cómo podría dar vida eterna un salvador muerto y sepultado? La buena noticia es que Cristo venció la muerte. Es por eso que el Apóstol Pablo pudo exclamar lo siguiente: “<i>55 Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? sorbida es la muerte en victoria”</i> (1 Cor 15:55, RV1960)<br><br>Pablo, quien es sin duda el mejor exponente de la teología de la resurrección de nuestro Señor, pudo realizar esta exclamación porque él tuvo la oportunidad de entrevistar a muchos de los testigos de la resurrección de nuestro Salvador. Destacamos que Pablo desarrolló este proceso muy poco tiempo después de que ocurriera ese evento histórico.<br><br>Las conclusiones paulinas son tan poderosas que la Biblia dice, como parte del mensaje de este Apóstol, que el poder de esa resurrección demuestra que nuestro Salvador reina como el Hijo de Dios y como el Señor.<br><i><br>“2 Dios prometió esa Buena Noticia hace tiempo por medio de sus profetas en las sagradas Escrituras. 3 La Buena Noticia trata de su Hijo. En su vida terrenal, él fue descendiente del rey David, 4 y quedó demostrado que era el Hijo de Dios cuando fue resucitado de los muertos mediante el poder del Espíritu Santo. Él es Jesucristo nuestro Señor.”</i> (Rom 1:2-4, NTV)<br><br>La resurrección de Cristo Jesús es un elemento cardinal y central para nuestra fe, así como para la historia de la humanidad. La Biblia dice que “era necesario que él resucitase de los muertos” (Jn 20: 9b).<br><br>Habiendo tanto sobre la mesa, es entonces imprescindible que la Biblia ofrezca muchos datos acerca de la resurrección de nuestro Señor. Aquellos que se acercan a estas narrativas descubren que la Biblia presenta la resurrección de Cristo nuestro Señor como un evento histórico; que es capaz de vencer cualquier duda acerca de ese acontecimiento.<br><br>Ahora bien, por un lado, la Biblia dice que la resurrección de nuestro Señor es el cumplimiento de una profecía.<br><br><i>“A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. 9 Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; Mi carne también reposará confiadamente; 10 Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción.”</i> (Sal 16:8-10, RV 1960)<br><br>La Biblia dice que Pedro echó mano de esta profecía en el día de Pentecostés (Hch 2:24-28). Esa aseveración, dijo él, probaba que Jesucristo era todo lo que había dicho que era: entre otras cosas, Cristo había sido levantado de entre los muertos para sentarse en el trono de David (v. 30). Pedro añadió a todo esto que todos ellos (los 120 que estaban en el Aposento Alto, Hch 1:15) eran testigos de ese acontecimiento.<br><br>&nbsp;Por otro lado, Jesucristo había intimado que esto habría de suceder. Él dijo que resucitaría de entre los muertos (Mat 12:40; 20:19; Mcs 9:9; 14:28; Lcs 18:33; Jn 2:19–22). Al mismo tiempo, la Biblia identifica una cantidad extraordinaria de testigos, de personas que vieron al Señor luego de este haber resucitado. Entre estos encontramos a María Magdalena (Jn 20:1-18), a María la madre de Jacobo, a Salomé (Mcs 16:1) y a Juana (Lcs 24:1). La Biblia también identifica a Pedro (Lcs 24:34; 1 Cor 15:5), a los discípulos (Jn 20:19-25; 1 Cor 15:5), a Tomás (Jn 20:26-31), a los caminantes de Emaús (Lcs 24:24:13-35), a más de quinientas (500) personas (1 Cor 15:6), a Jacobo (1 Cor 15:7) y a Pablo (1 Cor 15:8). La Biblia añade a esto que Jesús estuvo con todos ellos durante 40 días después de haber resucitado de entre los muertos.<br>&nbsp;<br>Algunos proponentes de la teología liberal, teología que no pudo sobrevivir a la Primera Guerra Mundial, expusieron que estos testigos alucinaban o que habían mentido sobre ese acontecimiento. En primer lugar, las alucinaciones requieren la presencia de una patología, de una enfermedad. ¿Cuál es la probabilidad de que más de 500 personas involucradas en un mismo evento procesal padezcan de la misma enfermedad? La respuesta es concreta: la probabilidad tiende a cero. Al mismo tiempo, hay unas expresiones de Chuck Colson que debemos considerar. Este hombre se hizo famoso por su participación en el escándalo de Watergate y luego por su capacidad para desarrollar ministerios cristianos en las cárceles norteamericanas. Colson fue entrevistado en una ocasión acerca de la resurrección de Jesús. A continuación, su respuesta:<br><br>“<i>Sé que la resurrección es un hecho, y el caso Watergate me lo demostró. ¿Cómo? Porque doce hombres testificaron haber visto a Jesús resucitado, y luego proclamaron esa verdad durante cuarenta años, sin negarla jamás. Todos fueron golpeados, torturados, apedreados y encarcelados. No habrían soportado todo eso si no fuera cierto. El caso Watergate involucró a doce de los hombres más poderosos del mundo, y no pudieron mantener una mentira ni tres semanas. ¿Me estás diciendo que doce apóstoles podrían mantener una mentira durante más de cuarenta años? ¡Absolutamente imposible!</i>”[1] (Traducción libre)<br><br>El Señor resucitó de entre los muertos y este es un hecho comprobado e histórico.<br><br>A renglón seguido, todas las narrativas bíblicas señalan que la resurrección de nuestro Salvador ocurrió el domingo, temprano en la mañana. Es por esto que la Iglesia decidió identificar ese día como el “día del Señor” (Apo 1:10) La narrativa que ofrece Mateo señala que esa mañana se produjo un gran terremoto (“megas seismós”). Este evangelista da a entender que este sismo de grandes proporciones fue producido por el descenso de un ángel del Señor. O sea, que ese mensajero celestial cargaba la gloria de Dios porque ante esa gloria la tierra tiembla (Sal 114:7).<br><br>No olvidemos que la Biblia dice que los ángeles del Señor participaron en todos los eventos claves del ministerio de nuestro Salvador. Ella dice que un ángel había sido enviado para anunciar la encarnación del Salvador del mundo (Lcs 1:26-35). La Biblia también dice que los ángeles anunciaron el nacimiento del Redentor del mundo (Lcs 2:8-15). La Biblia dice que los ángeles vinieron a servir a nuestro Salvador luego de la tentación que orquestó satanás (Mat 4:11; Mcs 1:13). La Biblia también dice que Jesús fue fortalecido por un ángel del cielo durante la agonía que él sufrió en el huerto de Getsemaní (Lcs 22:41). Es entonces lógico concluir que los ángeles del cielo también estarían presentes en uno de los momentos más importantes del ministerio de Jesús; el de su victoria sobre la muerte.<br><br>Es importante destacar que el ángel descrito por Mateo fue enviado desde el cielo para resolver varios asuntos. Uno de estos, cómo tener acceso a la tumba vacía. Ese era uno de los predicamentos que enfrentaban aquellas mujeres que iban al sepulcro a ungir el cuerpo de nuestro Señor. El Evangelio de Marcos lo destaca así:<br><br><i>“1 Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. 2 Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. 3 Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?”</i> (Mcs 16:1-3, RV 1960)<br><br>Este predicamento se presenta ante nosotros constantemente. Encontramos que en nuestra peregrinación en la vida se presentan muchos obstáculos, piedras que procuran impedir que nos acerquemos al mensaje de la tumba vacía y al Redentor del mundo. He aquí que surge esa pregunta: “¿Quién moverá la piedra?” ¿Quién podrá remover la piedra de la duda para que podamos ser capaces de creer? ¿Quién podrá remover la piedra de la angustia que nos imposibilita ver más allá de lo humano y lo temporal? ¿Quién moverá la piedra del dolor que impide que nos arriesguemos a creer? ¿Quién removerá la piedra del temor que nos paraliza y no nos permite caminar hacia la esperanza de la resurrección? ¿Quién moverá la piedra del aislamiento y de la soledad que no nos permite acercarnos al Salvador del mundo y Señor de la vida? La respuesta esta pregunta es una sola: el Dios del cielo. Lo hará Aquél que por amor envió un ángel a remover la piedra que bloqueaba la entrada al sepulcro en el que fue sepultado el Salvador del mundo.<br><br>La buena noticia es que uno más poderoso que ese ángel está ahora a cargo de esa tarea. Dios ha prometido enviar su Santo Espíritu a remover todas las piedras que puedan estar impidiendo que nos acerquemos al Resucitado. ¡Pidámosle hoy que mueva esas piedras!<br><br>La apariencia del ángel que Mateo describe era mucho más que sobrenatural. Mateo describe el rostro, el aspecto (“<i>idéa</i>”, G2397) de este mensajero celestial. Ese es el mismo concepto griego que utiliza Lucas para describir el rostro de nuestro Señor en el monte de la transfiguración (Lcs 9:29). Los traductores de la versión de los Setenta (la Septuaginta) lo utilizaron para describir el rostro de Dios: “<i>Peniel</i>” (Gén 32:30). En otras palabras, que ese mensajero descendió desde la misma presencia de Dios al jardín en el que estaba la tumba del Salvador del mundo. Y lo hizo trayendo en su rostro el resplandor de la gloria del Altísimo.<br><br>Mateo añade que el rostro de ese ángel brillaba como un relámpago (“<i>astrapē</i>”, G796) y que su ropa era blanca como la nieve. Una descripción similar a la ropa de Jesucristo en el monte de la transfiguración. En otras palabras, que la descripción que ofrece Mateo afirma que el cielo se insertó en el escenario de la resurrección de nuestro Señor.<br><br>Mateo continúa la descripción de este acontecimiento señalando que los guardias del templo que habían sido apostados en ese lugar para custodiar la tumba se desmayaron. Todo esto ocurrió en presencia de las mujeres que habían ido al sepulcro a completar la unción del cuerpo de nuestro Señor (Lcs 24:1). En otras palabras, que Mateo presenta que ellas fueron testigos de ese suceso.<br><br>Debemos entender que este ángel no movió esa piedra para que nuestro Salvador pudiera salir de la tumba. Sabemos que Cristo no necesitaba esa ayuda porque la Biblia dice que Él era capaz de atravesar paredes después de haber resucitado (Jn 20:19).<br><br>Hemos señalado que el ángel del Señor fue enviado desde el cielo con varios propósitos. Hemos visto que uno de estos era propiciar que los testigos de la resurrección pudieran entrar a la tumba vacía. No obstante, el propósito más grande de la venida de ese ángel fue el mensaje que comunicó: un mensaje que cambió la historia.<br><br><i>“5 Entonces, el ángel les habló a las mujeres: «¡No teman!—dijo—. Sé que buscan a Jesús, el que fue crucificado. 6 ¡No está aquí! Ha resucitado tal como dijo que sucedería. Vengan, vean el lugar donde estaba su cuerpo.” </i>(Mat 28:5-6, NTV).<br><br>Esa expresión explicó lo que había ocurrido y que esto había sido predicho: Cristo mismo predijo que habría de resucitar de entre los muertos: <i>“6 ¡No está aquí! Ha resucitado tal como dijo que sucedería.”</i> Lo ocurrido ese domingo en la mañana cambió la historia de la humanidad. Cristo el Señor resucitó de entre los muertos.<br><br>Ese evento sirve entonces para afirmar muchas cosas. La resurrección de Cristo demuestra que Él es el Hijo de Dios (Jn 10:17-18). Su resurrección da testimonio de la veracidad de las Escrituras (Hch 2:31; Sal 16:10). La resurrección de nuestro Señor es una verdad central del Evangelio (1 Cor 15:1-8). Esa resurrección es la garantía de nuestra herencia futura (1 Ped 1:3-9).<br><br>Al mismo tiempo, la Biblia dice que la resurrección de Cristo es el fundamento del sacerdocio celestial inmutable de nuestro Señor. En otras palabras: el sacerdocio eterno de Cristo en los cielos.<br><br><i>“23 Hubo muchos sacerdotes bajo el sistema antiguo, porque la muerte les impedía continuar con sus funciones; <b>24 pero dado que Jesús vive para siempre, su sacerdocio dura para siempre. 25 Por eso puede salvar—una vez y para siempre— a los que vienen a Dios por medio de él, quien vive para siempre, a fin de interceder con Dios a favor de ellos.</b> 26 Él es la clase de sumo sacerdote que necesitamos, porque es santo y no tiene culpa ni mancha de pecado. Él ha sido apartado de los pecadores y se le ha dado el lugar de más alto honor en el cielo. 27 A diferencia de los demás sumos sacerdotes, no tiene necesidad de ofrecer sacrificios cada día. Ellos los ofrecían primero por sus propios pecados y luego por los del pueblo. Sin embargo, Jesús lo hizo una vez y para siempre cuando se ofreció a sí mismo como sacrificio por los pecados del pueblo. 28 La ley nombra a sumos sacerdotes que están limitados por debilidades humanas; pero después de que la ley fue entregada, Dios nombró a su Hijo mediante un juramento y su Hijo ha sido hecho el perfecto Sumo Sacerdote para siempre.”</i> (Heb 7:23-28, NTV).<br><br>La Biblia dice que esa resurrección asegura la nuestra cuando Él regrese en gloria (1 Tes 4:13-18).<br><br><i>“13 Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. 14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. 15 Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. 16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. 18 Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” </i>(1 Tes 4:13-18, RV 1960)<br><br>Por último, la resurrección del Salvador de mundo empodera nuestras vidas como siervos del Señor e hijos de Dios.<br><br><i>“4 Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, <b>así también nosotros andemos en vida nueva.</b> 5 Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; 6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. 7 Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. 8 Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; 9 sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él.”</i>&nbsp; (Rom 6:4-9)<br><br><i>“20 Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Así que vivo en este cuerpo terrenal confiando en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí.”</i> (Gál 2:20, NTV)<br><br><i>“18 alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, 19 y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, 20 la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, 21 sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; 22 y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, 23 la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.”</i> (Efe 1:18-23, RV 1960)<br><br>Los versos del capítulo 21 del Evangelio de Mateo que estamos analizando señalan que las mujeres recibieron ese mensaje y que salieron de allí a toda prisa (“<i>tachú</i>”, G5035), sin retraso y con una mezcla de temor y gozo. Algo con lo que ellas no contaban es que serían interceptadas en el camino por el Señor de la vida, por el Vencedor de la muerte y de la tumba, por Aquél que antes había dicho que Él es el camino la verdad y la vida (Jn 14:6). ¡Glorioso encuentro con el Rey de reyes y Señor de señores!<br><br>El pasaje dice que ellas fueron instruidas a comunicarle a los discípulos de Jesús que fueran a Galilea, tal y como Él se los había anticipado.<br><br><i>“32 Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.”</i> (Mat 25:32)<br><br>Nos parece que el temor producido por la crucifixión de Cristo no permitió que ellos recordaran estas instrucciones.<br><br>Al mismo tiempo, sabemos que una de las mujeres parece que no pudo esperar a que concluyera el desarrollo de la historia inicial de la resurrección de Cristo. La Biblia dice que María Magdalena decidió correr para anunciar a Pedro y a Juan que la piedra había sido removida y que la tumba estaba vacía. O sea, que la confusión y el temor que María Magdalena experimentó no le permitieron quedarse para escuchar el mensaje del ángel que describe Mateo. La Biblia dice que el mensaje de María de Magdala provocó que esos dos (2) discípulos llegaran al jardín de la resurrección a comprobar lo ocurrido (Jn 20:1-9). El pasaje juanino dice que el escenario de la tumba vacía comenzó a hacerles entender las Escrituras: <i>“9 Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos”</i> (v. 9).<br><br>La misericordia del Señor es tan grande que provocó que la prisa y el desconcierto de María Magdalena no pudieran convertirse en un obstáculo para que ella se encontrara con el Resucitado. La Biblia dice que María Magdalena también se encontró con el Señor (Jn 20:11-18).<br><br>Un detalle exegético: el encuentro de María Magdalena con nuestro Señor parece haber ocurrido antes de que ocurriera el que las otras mujeres tuvieron con nuestro Salvador. Lo sabemos porque María Magdalena no pudo tocar al Cristo cuando lo vio, pero las otras mujeres sí lo hicieron. El pasaje del Evangelio de Juan dice que el Señor le dijo a María Magdalena que no lo tocara porque Él todavía no había subido al Padre (Jn 20:17). Estos pasajes bíblicos, el Mateo y el de Juan, dan la impresión de que el camino de regreso de María Magdalena al jardín de la resurrección, luego de darle la noticia a Pedro y a Juan, fue distinto al que utilizaron las otras mujeres. Este dato implica que Jesús pudo entonces subir al Padre luego de hablarle a María Magdalena y regresar para encontrarse con las otras. En otras palabras, se encuentra con María Magdalena antes de subir al Padre y con las otras mujeres luego de haber regresado de esa misión sacerdotal: “en un abrir y cerrar de ojos” (1 Cor 15:52).<br>&nbsp;<br>Maravillosa gracia que hizo provisión para que Jesús como Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec, pudiera ascender al Padre para presentar las gavillas, las primicias de su resurrección (Mat 27:52-53; 1 Cor 15:22-23). Ese es el anticipo de la resurrección que ocurrirá cuando el regrese a buscar a su iglesia.<br><br>Concluimos esta reflexión con varias exclamaciones: ¡Cristo vive! ¡Nuestro Salvador venció la muerte y la tumba! ¡El regalo de la vida eterna está garantizado! La piedra fue removida y tenemos acceso, no solo a la tumba vacía sino al regazo de nuestro Señor y Salvador. Aquél que dijo que es la resurrección y la vida (Jn 11:25), venció la muerte.<br><br>Por último, la Iglesia ha sido conminada, ha recibido el mandato de anunciar la resurrección del Señor y a dar testimonio de ella (Hch 4:2, 33). La Iglesia ha sido llamada a anunciar que esa resurrección nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva.<br><br><i>“3 Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, 4 para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, 5 que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.”</i> (1 Ped 1:3-5, RV 1960)<br>&nbsp; <br><br><br>[1] https://bibleapologetics.org/quotes-by-charles-colson/<br><br><br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1050 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 29 de marzo del 2026</title>
						<description><![CDATA[1050 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 29 de marzo del 2026La historia de Zaqueo: la intervención de la gracia eterna “1 Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. 2 Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, 3 procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. 4 Y corriendo de...]]></description>
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			<pubDate>Mon, 30 Mar 2026 19:35:47 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<section class="sp-section sp-scheme-0" data-index="1" data-scheme="0"><div class="sp-section-slide"  data-label="Main" ><div class="sp-section-content" ><div class="sp-grid sp-col sp-col-24"><div class="sp-block sp-text-block " data-type="text" data-id="0" style=""><div class="sp-block-content"  style=""><b>1050 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 29 de marzo del 2026<br>La historia de Zaqueo: la intervención de la gracia eterna</b><br>&nbsp;<br><i>“1 Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. 2 Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, 3 procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. 4 Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. 5 Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. 6 Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. 7 Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. 8 Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. 9 Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. 10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”</i> &nbsp;(Lcs 19:1-10)<br><br>Las narrativas bíblicas acerca de la entrada triunfal de Cristo revelan muchas cosas. En primer lugar, estas describen el cumplimiento de la profecía de Zacarías y de la esperanza de la que cantaba Israel al entonar algunos salmos.<br><br><i>“9 Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.”</i> (Zac 9:9)<br><br><i>“25 Oh Jehová, sálvanos ahora, te ruego; Te ruego, oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora. 26 Bendito el que viene en el nombre de Jehová; Desde la casa de Jehová os bendecimos”</i> (Sal 118:25-26)[1]<br><br>La encarnación del Salvador del mundo, los eventos ocurridos en su ministerio, su muerte y su resurrección son el cumplimiento del plan de salvación orquestado por el amor de Dios desde antes de la fundación del mundo. Así también lo son su ascensión a los cielos y su regreso en gloria. Todos y cada uno de estos eventos forman parte de ese plan eterno. Sabemos que el Antiguo Testamento está lleno de profecías que afirmaron con precisión que todos y cada uno de estos eventos habrían de ocurrir. Sólo uno de esos eventos no ha ocurrido aun: el regreso de Cristo en gloria. Los creyentes en Cristo hemos sido conminados a estar preparados para cuando este acontezca. La Biblia dice que nuestro Señor volverá a entrar a Jerusalén en ese día (Zac 14:1-9).<br><br>En segundo lugar, las narrativas acerca de la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén proveen uno de los escenarios para una de las preguntas más importantes que aparece en la Biblia:<br><br><i>“10 Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste?”</i> (Mat 21:10)<br><br>Es cierto que la narrativa que Lucas nos ofrece no incluye la pregunta que encontramos en la narrativa que nos ofrece Mateo (Mat 21:1-17): “¿Quién es este?” (v.10). Sin embargo, el testimonio de Zaqueo es más que suficiente para responder a esta. Esa es la pregunta más importante en el Evangelio. La respuesta que demos a esta determina nuestra posición con Dios y con nuestra salvación.<br><br>Los Evangelios están constantemente presentando historias en los que se formula esa pregunta. Por ejemplo, aparece en el relato de lo que ocurrió en Cesarea de Filipo:<i> “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” </i>(Mat 16:13b). Los discípulos hacen esta pregunta luego de una experiencia sobrenatural con nuestro Señor: <i>“41 Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?”</i> (Mcs 4:41). Fue formulada en medio de una cena a la que Jesús fue invitado:<br>“49 Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?” (Lcs 7:49).<br><br>&nbsp;La Biblia dice que los demonios conocen bien la respuesta a esa pregunta:<br><br><i>“23 Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, 24 diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios.”</i> &nbsp;(Mcs 1:23-24)<br>&nbsp; <br>Repetimos: la respuesta a esa pregunta determina nuestra salvación. ¿Quién este?: Él es el que perdona pecados, el Salvador del mundo, el vencedor de la muerte y el Dador de la vida. ¿Quién este?: el Creador de los Cielos y la tierra, el que sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, el resplandor de la gloria de Dios y la imagen misma de su sustancia. ¿Quién este?: Aquél en quien tenemos redención por su sangre, la imagen del Dios invisible y el primogénito de toda creación. ¿Quién este?: Aquél que es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia.<br><br>¿Quién este?: el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, el León de la tribu de Judá. ¿Quién este?: el Anciano de días, el que cuenta las estrellas y las llama por sus nombres, la luz del mundo, la estrella de la mañana y la roca inconmovible.<br><br>¿Quién este?: el que nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre, Aquél que viene con las nubes, y todo ojo le verá.<br><br>¿Quién este?: el Alfa y la Omega, el primero y el último, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso. ¿Quién este?: el Hijo del Hombre, el que está vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. ¿Quién este?: Aquél cuya cabeza y cabellos son blancos como blanca lana, como nieve y sus ojos como llama de fuego. ¿Quién este?: Aquél cuyos sus pies son semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno y su voz como estruendo de muchas aguas.<br><br>¿Quién este?: Aquél que tiene en su diestra siete estrellas, que de su boca sale una espada aguda de dos filos y su rostro es como el sol cuando resplandece en su fuerza.<br><br>¿Quién este?: el que vive, que estuvo muerto, más he aquí que vive por los siglos de los siglos; el que tiene las llaves de la muerte y del Hades. ¿Quién este?: el Rey de reyes y Señor de señores.<br><br>En tercer lugar, las narrativas acerca de la entrada triunfal de nuestro Señor también ofrecen unos escenarios únicos para poder lidiar con un problema existencial ineludible. Este es: cómo podemos enfrentar los efectos de un pasado esclavizante, de un presente deprimente y de un futuro incierto. En otras palabras, como decía el Rdo. Isaías Narváez, cómo manejamos aquellas temporadas de la vida que no admiten transacciones en la bolsa de valores espirituales. El análisis de ese escenario formará parte de los planteamientos finales de esta reflexión.<br><br>En cuarto lugar, la Biblia dice que Jesús realizó varias entradas en ese día y que estas comenzaron en la ciudad de Jericó. Esto es, nuestro Señor entró a Jericó (Lcs 19:1), entró a la casa de Zaqueo (v. 5), entró al corazón de ese hombre (vv. 8-10), entró a Jerusalén (vv. 28-42; ver Mat 21:10) y entró al templo en Jerusalén (Lcs 19:45-47).<br><br>Dicho de otra manera, esta celebración comienza en la ciudad de Jericó. Esta ciudad era conocida como la Jericó Herodiana, levantada por Herodes el Tetrarca como un monumento a su personalidad y como un símbolo de su poder. Le llamaban la ciudad de las palmeras por cientos de palmeras que adornaron toda esa región a través de los siglos. El Libro del Deuteronomio señala que esa zona era rica en esta clase de vegetación.<br><br><i>“1 Subió Moisés de los campos de Moab al monte Nebo, a la cumbre del Pisga, que está enfrente de Jericó; y le mostró Jehová toda la tierra de Galaad hasta Dan, 2 todo Neftalí, y la tierra de Efraín y de Manasés, toda la tierra de Judá hasta el mar occidental; 3 el Neguev, y la llanura, la vega de Jericó, ciudad de las palmeras, hasta Zoar.”&nbsp;</i> (Det 34:1-3)<br><br>Josefo dice que Arquelao y Pompeyo tenían palacios de verano en esa ciudad. Este último era un general romano. El estudio de la historia de la ciudad revela que Herodes poseía allí otro palacio similar al de los personajes anteriores y que este contaba con piscinas de aguas termales. La historia de esta ciudad nos deja absortos al saber que Marco Antonio decidió regalársela a Cleopatra en el año 34 A.C., como un símbolo de su amor.<br><br>Esta ciudad también había sido testigo mudo de asesinatos y crímenes crueles cometidos y/o avalados por los más altos niveles del gobierno de la época. En esa ciudad Herodes mató a Antípater, uno de sus hermanos, porque este amenazaba con quedarse con su trono. Añadimos que Herodes, que era idumeo y que algunos señalan que tenía una madre árabe, aprovechó la muerte de Julio César para pedir a Roma que lo restaurara como rey y señor de esa región. La muerte de Antípater, simpatizante de Julio César, cerraba ese capítulo. En esa ciudad Herodes también mató a Aristóbulo, Sumo Sacerdote que no estaba de acuerdo con las políticas públicas ni privadas de ese rey. En fin, esa Jericó era una ciudad bella por fuera, pero llena de intrigas y de una historia de derramamientos de sangre por dentro. La Biblia dice que Jesús entró a esa ciudad.<br><br>La entrada de Jesús a Jericó entonces se convierte en una serie de sentencias divinas. Una de estas establece que los poderes de los hombres de la tierra son pasajeros. Los Herodes de todos los tiempos, los imperios de la tierra, todos ellos poseen principio y fin: ¡solo nuestro Dios es eterno! La celebración de esta semana comienza con la entrada de Jesús a las Jericó de todos los tiempos. La historia siempre ofrecerá el mismo resultado. Los poderes de los hombres pasarán, pero nuestro Señor seguirá sentado en un trono eterno. Es más, usamos el nombre de Herodes para llamar a nuestros perros, pero nos postramos sobre nuestros rostros cuando mencionamos el nombre de Jesús el Señor. La Biblia dice que esta será la escena que contemplaremos al final de los tiempos:<br><br><i>“11 Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. 12 Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. 13 Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. 14 Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. 15 De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. 16 Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.” </i> (Apo 19:11-16)<br><br>La otra sentencia dicta que la entrada de nuestro Señor a un lugar cambia la historia del mismo. Jericó ya no es recordada por las tragedias que ocurrieron allí. La Jericó Herodiana es principalmente recordada por la entrada de nuestro Señor, el Rey que se ofreció por nosotros en la cruz del Calvario.<br><br>El texto del Evangelio de Lucas nos describe un personaje con el que nuestro Señor interactuó al entrar a esa ciudad. Su nombre: Zaqueo. Este nombre proviene del hebreo “<i>zakkay</i>” (H2140) que significa puro. La raíz de este nombre (“<i>zâkak</i>”, H2141) significa limpio o transparente.[2] Estos datos se convierten en parte de la ironía con la que Lucas trabaja esta experiencia. Por un lado, Zaqueo es descrito por Lucas como alguien que era “<i>…jefe de los publicanos</i> (“<i>architelōnēs</i>”, G754; v.2b), <i>y rico</i>,”. Por el otro, que al mismo tiempo este era “<i>pequeño de estatura</i>” (v.3c). Hay que añadir a esto el nombre de este personaje: Zaqueo. Nos preguntamos: ¿qué de puro, justo, transparente o limpio podía tener aquél que era el jefe de los ladrones oficiales que Roma había establecido?; entiéndase: los publicanos. Esta era la posición más despreciada y baja en todo Israel. Veamos un ejemplo de cómo lo describe la Biblia:<br><br><i>“15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. 16 Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. 17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.”</i>&nbsp; &nbsp;(Mat 18:15-17)<br><br>Ese nombre, entonces representa las luchas constantes entre las cosas buenas que queremos hacer y aquellas características, experiencias y/o historias que empequeñecen y que hacen enanas nuestras vidas.<br><br>La Biblia dice que Zaqueo, procurando ver a Jesús, salió corriendo para subir a un árbol sicómoro (“<i>ficus sycomorus</i>”), uno que producía unos higos que eran tan duros que sólo las cabras podían comerlos (v. 4). El pasaje de Lucas describe que cuando Jesús llegó al lugar en el que Zaqueo se encotraba, decidió mirar hacia arriba y llamó a Zaqueo por su nombre. Esto provocó que este hombre decidiera descender a prisa y permitir que Jesús entrara a su hogar.<br><br>Este pasaje lucano es único en los Evangelios; ningún otro recoge la experiencia de Jesús con Zaqueo. Una publicación de un portal cristiano en Europa, “<i>When a Look Changed Everything: The Day Zacchaeus Came Down from the Tree and Found Salvation</i>”[3], señala que en ese pasaje no se describen milagros espectaculares, sanidades milagrosas, ni discursos teológicos-doctrinales extraordinarios. En este, sólo se describe una necesidad, una mirada, la mención de un nombre, una decisión y una conversión radical. Sin embargo, se nos antoja concluir, al igual que a los escritores de ese portal, que todo el Evangelio es resumido en esos versos.<br><br>Debemos entender que Zaqueo era un hombre en el que se conjugaba algo más que una profesión. Sus riquezas estaban amarradas a la práctica constante de la injusticia; el robo a los pobres y a los desvalidos. La mentalidad de este ser humano había sido cauterizada por su avaricia y su acceso al poder imperial romano. La misericordia de Dios se inserta en esta trama cuando el pasaje comienza a describir que Zaqueo procuraba ver a Jesús: “<i>ezētei idein ton Iēsoun</i>”. Ese deseo, “<i>ezētei</i>” (G2212), ese empeño, reflejaba el hambre de cambio, de transformación, que tenía su alma. Consideremos que el jefe de los publicanos pudo haberle pedido a Mateo, uno que fue su subalterno y que ahora era discípulo de Jesús, que le consiguiera una cita similar a la que arreglaron para Nicodemo. No olvidemos que la Biblia dice que Nicodemo vino a ver a Jesús de noche, en secreto (Jn 3:1-21). Zaqueo no hizo esto. Destacamos que el deseo de ver a Jesús que él tenía fue previo al encuentro con el Salvador del mundo. Ese deseo lo condujo a subir al sicómoro (v. 4). Hay que señalar que Zaqueo se arriesgó al hacer esto.<br><br>Esta acción provoca el espacio para insertar una lección incuestionable: la humildad. Zaqueo evidencia esto estando dispuesto a subirse a un árbol, arriesgándose así a ser ridiculizado y a ser atacado.[4]<br>&nbsp;<br>Otra lección incuestionable que Lucas inserta aquí es la necesidad de la persistencia en la búsqueda de la verdad: Zaqueo superó obstáculos para ver a Jesús. La Biblia dice lo siguiente acerca de esta lección:<br><br><i>“6 Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. 7 Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.”</i> (Isa 55:6-7, RV1960)<br><br>El portal cibernético europeo que estamos utilizando como guía señala que una pieza clave en este rompecabezas bíblico no es el altar equivocado al que Zaqueo se subió: un árbol cuyo fruto no sirve para alimentar ovejas. Este portal señala que la clave tampoco es la riqueza de la que Zaqueo gozaba. La clave hermenéutica es la mirada. La Biblia dice que Jesús lo vio cuando estaba cerca del árbol al que Zaqueo había subido (v.5). Es Dios, siempre Dios, tomando la iniciativa para encontrarnos y llamarnos. Se trata de la gracia en acción que salva. La Biblia dice que nosotros amamos a Dios porque Él nos amó primero (1 Jn 4:19). Ese es el corazón del Evangelio. La Biblia dice que “<i>el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido</i>” (Lcs 19:10).<br><br>Un portal cibernético australiano señala que según el relato bíblico de Lucas diecinueve (19), cuando Jesús alzó la vista hacia el sicómoro, vio mucho más allá de la reputación del “jefe de los recaudadores de impuestos” y del “pecador” que la multitud veía. A continuación, un resumen de lo que Jesús vio:<br>&nbsp;&nbsp;<ul><li>un corazón desesperado: vio su profundo deseo y su intenso esfuerzo por verlo, que superaba sus limitaciones de estatura y posición social.</li><li>una necesidad de redención: Jesús vio a alguien "perdido", pero listo para ser encontrado y salvado.</li><li>un hijo de Abraham: vio a un ser humano que, a pesar de sus acciones, merecía ser incluido en la familia de Dios.</li><li>potencial de transformación: vio un corazón dispuesto a responder al amor y la generosidad de nuestro Salvador, lo que le llevó a ofrecer inmediatamente la mitad de sus posesiones a los pobres y a restituir cuatro veces lo perdido.</li><li>una invitación a la relación: al llamarlo por su nombre, Jesús demostró que lo veía como una persona merecedora de amor y amistad, y no como un publicano despreciable.[5] </li></ul><br>Es muy interesante que Lucas describa que nuestro Señor llamó a Zaqueo por su nombre.<br>Esto significa que los pecados no habían invisibilizado a Zaqueo. Su pasado vil, deleznable, rastrero e infame no lo había etiquetado ante los ojos de nuestro Salvador. Los errores del pasado no podían ocultarlo del amor de Dios. Cristo lo llamó por su nombre porque al hacerlo no estaba viendo un pecador más. Jesús estaba comenzando a rescribir la identidad, la historia y la dignidad de Zaqueo. Recordamos que el proverbista había dicho lo siguiente:<br><br><i>“7 La memoria del justo será bendita; Mas el nombre de los impíos se pudrirá.”</i> (Pro 10:7, RV 1960)<br><br><i>“7 Tenemos buenos recuerdos de los justos, pero el nombre del perverso se pudre.”</i> (NTV)<br><br>En otras palabras, el pueblo podía ver a un pecador mientras que Jesús veía a alguien cuya memoria debía ser perpetuada y bendecida. El pasaje de Lucas forma parte del cumplimiento de esa palabra.<br><br>Al mismo tiempo, ese pasaje bíblico señala que Zaqueo respondió a esta invitación descendiendo a prisa y con mucho gozo. Esa reacción se convierte en otra lección extraordinaria que nos regala Lucas: la disposición al cambio. La voz del Salvador el mundo provocó que Zaqueo accediera a permitir que el amor de nuestro Señor transformara su conducta.<br><br>La Biblia también dice que Jesús se autoinvitó a la casa de Zaqueo. En otras palabras, que nuestro Señor entró a Jericó para luego entrar a la casa de Zaqueo. Hace muchos años escuché un sermón predicado por el siempre recordado Rdo. Dr. Cecilio Arrastía. Ese amado pastor describía con la homilética inimitable a la que nos acostumbró un diálogo extrabíblico que él creía había ocurrido entre Zaqueo y su esposa. Hay que comprender que Zaqueo no tenía muchos amigos, así que no debió ser común que viniera un grupo a posar (“<i>menō</i>”, G3306), a “permanecer en un lugar”, a “demorarse”, a “quedarse en la casa”, a “quedarse durante la noche”, “habitar”, a “estar en contra de la oposición”[6] en la casa de Zaqueo. Arrastía decía que lo que a ella realmente debió haberle sorprendido no fue que ese grupo llegara a su casa para hacer “<i>menō</i>” allí. Su sorpresa provino de que es altamente probable que ella nunca hubiera visto a Zaqueo tan contento y gozoso en la vida. El Zaqueo que ella conocía, sin duda alguna debió ser un ser humano malhumorado, de rostro amargado, aislado, con una mirada escrutadora y con el ceño fruncido. Ahora lo veía gozoso y ella quería saber qué le había sucedido a su marido. Con toda probabilidad ella quería conocer a la persona que había producido esa transformación.<br><br>Tal y como señala el portal europeo que hemos estado citando, Dios se acerca, Dios decide habitar y los corazones son transformados. Además, la historia de Zaqueo destruye las mentiras que el enemigo ha querido colocar en los pensamientos de muchas personas. Se trata de aquellos que no se acercan al Señor porque se sienten indignos o porque creen que no son lo suficientemente buenos. Tal y como hemos señalado, no podemos olvidar que Zaqueo se arriesgó a ser atacado por una población que lo odiaba tanto que no podía entender que Jesucristo pudiera posar en el hogar de un hombre pecador (v.7).<br><br>El pasaje lucano que estamos analizando en esta reflexión destaca que Zaqueo interviene en este escenario. Las expresiones de este hombre señalan que él había decidido no limitarse a disfrutar de la experiencia de la salvación que había experimentado. Tampoco, limitarse a disfrutar el gozo producido porque Cristo había ido a posar en su hogar. La Biblia dice que Zaqueo decidió enmendar sus errores. Veamos cómo lo recoge la poderosa Palabra de Dios:<br><br><i>“8 Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.” </i>(Lcs 19:8, RV1960)<br><br>Esta lección, la de la generosidad y la reparación, aparece aquí como el compromiso de este hombre para ayudar a los pobres y enmendar sus errores del pasado. Es cierto que estas acciones no salvarían a Zaqueo, porque nadie se salva por obras. No obstante, estas reflejaban el nivel de transformación que él estaba experimentando.<br><br>Esas expresiones también afirman que los tiempos existenciales de Zaqueo, aquellos que no admiten transacciones en la bolsa de valores espirituales, habían sido transformados y él lo evidenciaba así. Él contempló su pasado: “…<i>y si en algo he defraudado a alguno</i>” (v.8c). También contempló su presente: “<i>He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres;</i>” (v.8b). Además, Zaqueo no se detuvo hasta examinar su futuro: “<i>le devolveré cuatro veces más</i>” (8d, NTV). He aquí otra lección ineludible: la del poder transformador de un encuentro con Jesús. Ese breve encuentro con Jesús cambió por completo todos los tiempos de la vida de Zaqueo. Jesucristo entró en el corazón de Zaqueo.<br><br>A renglón seguido, la Biblia dice que Cristo lo puso de pie, sin mezquindad y sin atropellos. El pasaje bíblico dice que Zaqueo, aquél que era un paria, el rechazado y despreciado por el pueblo, el hombre con un pasado abominable, ahora había sido convertido y calificado como hijo de la promesa.<br><br><i>“9 Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.”</i> (v.9)<br><br>Zaqueo había aceptado a Jesús y el Señor lo transformó en el mejor israelita, con rango y clase.<br><br>Cristo lo llamó hijo de Abraham: hijo de la promesa. Esta aseveración lucana nos enseña que la redención es posible para todos: nadie está fuera del alcance de la salvación que ofrece nuestro Salvador.<br><br>Zaqueo respondió muy bien a la pregunta más importante del Evangelio sin tener que escucharla. El hombre pequeño de estatura se había agigantado llamando Señor al Salvador del mundo. Sí, porque la Biblia dice que todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo (Joel 2:32; Hch 2:21; Rom 10:13)<br><br>La Biblia dice que la salvación entró a la casa de Zaqueo porque Jesucristo entró a ese lugar. Zaqueo recibió la salvación de su alma y la transformación de su vida porque Cristo entró a su corazón. Cristo decidió entrar en ambos lugares aceptando estos sin prejuicios. Esa lección es predicada sobre la base de que nuestro Señor ve nuestro potencial y no nuestro pasado.<br><br>¿Has permitido que Cristo entre a tu hogar? ¿Ha entrado Él a tu corazón?<br><br><br>&nbsp; <br>[1] La palabra “hōsanna” aparece en este salmo. Es la composición de los conceptos “yâshaʽ” (H3467, salva) y “nâʼ” (H4994, ahora).<br>[2] Gesenius, W., &amp; Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 244). Logos Bible Software.<br>[3] https://catholicus.eu/en/when-a-look-changed-everything-the-day-zacchaeus-came-down-from-the-tree-and-found-salvation/<br>[4] El resumen de estas lecciones puede ser encontrado en https://thebiblicaltruth.com/zacchaeus-a-story-of-transformation/<br>[5] https://www.cbm.org.au/stories/week-1-lent-series-2020<br>[6] Hauck, F. (1964–). μένω, ἐμ-, παρα-, περι-, προσμένω, μονή, ὑπομένω, ὑπομονή. En G. Kittel, G. W. Bromiley, &amp; G. Friedrich (Eds.), Theological dictionary of the New Testament (electronic ed., Vol. 4, pp. 574–575). Eerdmans.<br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1049 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 22 de marzo del 2026</title>
						<description><![CDATA[1049 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 22 de marzo del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob -Parte IV“15 Cuando José llegó a Siquem, un hombre de esa zona lo encontró dando vueltas por el campo.—¿Qué buscas?—le preguntó.16 —Busco a mis hermanos—contestó José—. ¿Sabe usted dónde están apacentando sus rebaños? 17 —Sí—le dijo el hombre—....]]></description>
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			<pubDate>Sun, 22 Mar 2026 13:43:53 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<section class="sp-section sp-scheme-0" data-index="1" data-scheme="0"><div class="sp-section-slide"  data-label="Main" ><div class="sp-section-content" ><div class="sp-grid sp-col sp-col-24"><div class="sp-block sp-text-block " data-type="text" data-id="0" style=""><div class="sp-block-content"  style=""><b>1049 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 22 de marzo del 2026<br>Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob -Parte IV</b><br><br><i>“15 Cuando José llegó a Siquem, un hombre de esa zona lo encontró dando vueltas por el campo.—¿Qué buscas?—le preguntó.16 —Busco a mis hermanos—contestó José—. ¿Sabe usted dónde están apacentando sus rebaños? 17 —Sí—le dijo el hombre—. Se han ido de aquí, pero les oí decir: “Vayamos a Dotán”. &nbsp;Entonces José siguió a sus hermanos hasta Dotán y allí los encontró. 18 Cuando los hermanos de José lo vieron acercarse, lo reconocieron desde lejos. Mientras llegaba, tramaron un plan para matarlo. 19 —¡Aquí viene el soñador!—dijeron—. 20 Vamos, matémoslo y tirémoslo en una de esas cisternas. Podemos decirle a nuestro padre: “Un animal salvaje se lo comió”. ¡Entonces veremos en qué quedan sus sueños! 21 Pero cuando Rubén oyó el plan, trató de salvar a José. —No lo matemos—dijo—. 22 ¿Para qué derramar sangre? Solo tirémoslo en esta cisterna vacía, aquí en el desierto. Entonces morirá sin que le pongamos una mano encima. Rubén tenía pensado rescatar a José y devolverlo a su padre. 23 Entonces, cuando llegó José, sus hermanos le quitaron la hermosa túnica que llevaba puesta. 24 Después lo agarraron y lo tiraron en la cisterna. Resulta que la cisterna estaba vacía; no tenía nada de agua adentro. 25 Luego, justo cuando se sentaron a comer, levantaron la vista y vieron a la distancia una caravana de camellos que venía acercándose. Era un grupo de mercaderes ismaelitas que transportaban goma de resina, bálsamo y resinas aromáticas desde Galaad hasta Egipto. 26 Judá dijo a sus hermanos: «¿Qué ganaremos con matar a nuestro hermano? Tendríamos que encubrir el crimen. 27 En lugar de hacerle daño, vendámoslo a esos mercaderes ismaelitas. Después de todo, es nuestro hermano, ¡de nuestra misma sangre!». Así que sus hermanos estuvieron de acuerdo. 28 Entonces, cuando se acercaron los ismaelitas, que eran mercaderes madianitas, los hermanos de José lo sacaron de la cisterna y se lo vendieron por veinte monedas de plata. Y los mercaderes lo llevaron a Egipto. 29 Tiempo después, Rubén regresó para sacar a José de la cisterna. Cuando descubrió que José no estaba allí, se rasgó la ropa en señal de lamento. 30 Luego regresó a donde estaban sus hermanos y dijo lamentándose: «¡El muchacho desapareció! ¿Qué voy a hacer ahora?». 31 Entonces los hermanos mataron un cabrito y mojaron la túnica de José con la sangre. 32 Luego enviaron la hermosa túnica a su padre con el siguiente mensaje: «Mira lo que encontramos. Esta túnica, ¿no es la de tu hijo?». </i><br><br><i>33 Su padre la reconoció de inmediato. «Sí—dijo él—, es la túnica de mi hijo. Seguro que algún animal salvaje se lo comió. ¡Sin duda despedazó a José!». 34 Entonces Jacob rasgó su ropa y se vistió de tela áspera, e hizo duelo por su hijo durante mucho tiempo. 35 Toda su familia intentó consolarlo, pero él no quiso ser consolado. A menudo decía: «Me iré a la tumba llorando a mi hijo», y entonces sollozaba.<br>36 Mientras tanto, los mercaderes madianitas llegaron a Egipto, y allí le vendieron a José a Potifar, quien era un oficial del faraón, rey de Egipto. Potifar era capitán de la guardia del palacio...”&nbsp;&nbsp;</i>(Gén 37:17-36, NTV)<br><br>Las narrativas bíblicas acerca de la vida de Jacob nos han permitido analizar cómo es que este patriarca fue perdiendo sus capacidades para mantener el equilibrio de su familia. Las angustias provocadas por las pérdidas que él había experimentado lo llevaron a perder esas capacidades. En el idioma que utiliza Edwin Friedman, la angustia condujo a Jacob a dejar de ser un líder autodiferenciado y esto lo llevó a que su familia perdiera la homeostasis necesaria para poder continuar operando de manera saludable.[1]<br><br>Debemos establecer que el manejo inadecuado de las angustias puede conducir a la pérdida de la homeostasis en la familia. Esto puede provocar el desarrollo de crisis inusitadas, problemas que alcanzan grados superlativos y hasta desembocar en tragedias inauditas.<br><br>La túnica de colores que Jacob le hizo a José (Gén 37:3), entre muchas cosas, es un símbolo del mal manejo de sus angustias. Las angustias de Jacob lo llevaron a colaborar con la elaboración de un escenario trágico. Muchos recursos extrabíblicos señalan que esa túnica estaba entallada a la cintura de José, a sus muñecas y a sus tobillos.<br><br><i>“3 Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores.” </i>(Gén 37:3, RV 1960)<br><br>Sabemos que esta túnica puede ser analizada como un símbolo del favor de Dios y de su bendición, de la identidad y del estatus de José, de su posición profética en el seno de esa familia y en la historia del pueblo de Israel.[2],[3] Pero hay mucho más detrás de esa túnica de colores.<br><br>La porción bíblica que acabamos de compartir implica que con esa túnica Jacob estaba tratando de proteger al undécimo (11) de sus hijos porque este le recordaba la pérdida de una esposa; pérdida que él no había podido superar. José era la conexión entre Jacob y el recuerdo de Raquel. Es interesante que haya sido José el que desató esa conexión y no Benjamín, el más pequeño de los hijos de Jacob. Tal vez esto fue así porque Benjamín le recordaba a Jacob la muerte de esa mujer. La narrativa bíblica dice que Raquel murió (se le salió el alma) dando a luz a Benjamín (Gén 35:16-21).<br><br>La túnica de colores se convirtió en el símbolo del favoritismo que Jacob tenía con José y en fuente para el desarrollo de resentimientos. Este es un ejemplo del pobre manejo de las angustias que exhibía Jacob. Esto condujo a este patriarca por un sendero repleto de tragedias, mentiras, violencia, desapegos y desalientos. Hay que reconocer que sólo la intervención misericordiosa de Dios podía salvar a esta familia.<br><br>Nosotros tenemos la ventaja de conocer cómo es que concluyen todas estas tramas. Es por eso que nos gozamos dando gracias al Señor por su intervención en las vidas de todos los miembros de esa familia. Esto, a la vez, nos coloca en el escenario de la fe; fe que exclama con gratitud que Aquél que lo hizo una vez lo puede volver a hacer; y esta vez, en nuestras familias.<br><br>¿Cómo manifiesta Dios esa misericordia? ¿Qué lo mueve? De entrada, debemos entender que la Biblia dice que nuestro Señor es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (Éxo 3:6, 15-16; 4:5; Mat 22:32; Mcs 12:26; Lcs 20:37; Hch 3:13; 7:32). Esta expresión se reviste de gracia y bondad inmarcesibles cuando conocemos las debilidades y las incapacidades de estos patriarcas y de sus modelos familiares.<br><br>En muchas ocasiones, la Biblia (Jesucristo) añade a esta expresión que Dios no es Dios de muertos, sino de vivos (Mat 22:32; Mcs 12:27; Lcs 20:38). El significado de esta expresión es extraordinario. Esa expresión afirma que Abraham, Isaac y Jacob están vivos ante la presencia de Dios: “<i>pues para él todos viven</i>” (Lcs 20:38b). Esto implica que Dios cumple las promesas que les hizo a esos patriarcas teniéndolos vivos ante Su presencia. Esa declaración es extraordinaria pues coloca el peso de las promesas de Dios sobre sus hombros.<br><br>Pero hay algo más: la Biblia también dice, afirmando la preexistencia de Cristo, que nuestro Señor es antes de Abraham: “<i>58 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy</i>” (Jn 8:58). Esta declaración afirma el propósito eterno del plan de Dios. En otras palabras, que Dios seleccionó a esas familias para cumplir sus propósitos conociendo de antemano las incapacidades y debilidades que ellos tendrían, las faltas de carácter que evidenciarían, sus dudas y sus propensiones a hacer lo malo. ¡Qué inmensa es la misericordia y la gracia de nuestro Dios!<br><br>Esa es la misma misericordia con la que Dios nos vistió en la cruz del Calvario. Él sabía de antemano que nosotros le fallaríamos y aun así nos creó. Dios lo hizo así porque nos amaba aun antes de crearnos. La Biblia dice que Dios hizo esto para Su gloria (Rom 9:22-23). La Biblia dice que es por esto que Dios preparó de antemano el plan de salvación, desde antes de la fundación del mundo (1 Ped 1:18-20).<br><br>Es importante desatacar que estas promesas no cancelan nuestras responsabilidades individuales y familiares. La Biblia hace mucho énfasis en esto. Ella afirma que nosotros podemos echar a perder los propósitos del Eterno. Esta es la razón por la que Moisés le dijo al pueblo de Israel que tenían ante sí la responsabilidad de escoger entre el bien y el mal, para luego describirle los resultados que obtendrían si escogían uno o lo otro.<br><br>“<i>2 Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán,<u>&nbsp;</u><b><u>si oyeres la voz de Jehová tu Dios…</u></b><br>15 Pero acontecerá,<b> si no oyeres la voz de Jehová tu Dios</b>, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán.</i>” (Det 28: 2, 15)<br><br>Esta es la razón por la que Josué le indicó al pueblo de Israel que tenían que escoger a quién iban a servir.<br><br><i>“15 Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.”</i> (Jos 24:15)<br><br>Esta es la razón por la que Jesucristo le dijo lo siguiente a los judíos, a los hijos de Abraham de Isaac y de Jacob:<br><br>“<i>25 Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. 26 Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. 27 <b>Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois</b>; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad. 28 Allí será el llanto y el crujir de dientes, <b>cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos.</b>”&nbsp;</i>(Lcs 13:25-28)<br>&nbsp; <br>Pablo también describe esto cuando señala lo siguiente:<br><br><i>“27 Con respecto a Israel, el profeta Isaías clamó: «Aunque los hijos de Israel son tan numerosos como la arena a la orilla del mar, solo un remanente se salvará.”</i> (Rom 9:27. NTV)<br><br>Usted lo leyó bien: el número de los que se pierden se compara con la cantidad de granos que hay en la arena del mar. En este caso, Pablo describe a los miembros del pueblo de Israel. Hay que señalar que la profecía de Isaías que Pablo cita aquí se encuentra en el capítulo diez (10) del libro de ese profeta.<br><br>Esto también ocurre con nuestra salvación. La Biblia dice que el deseo del corazón de Dios es que ningún ser humano perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.<br><br><i>“9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”</i> (2 Ped 3:9)<br><br>Es obvio que este verso describe una diferencia marcada entre el deseo de Dios y el resultado final. La realidad es que son muchos los que se pierden aun cuando Dios no quiere que un solo ser humano perezca.<br><br>La conclusión es esta: las promesas del Señor no cancelan nuestras responsabilidades.<br><br>Regresando al análisis de la familia de Jacob, el pasaje que aparece en el epígrafe de esta reflexión nos presenta el desarrollo de un incidente trágico. Este, gira alrededor de José, el hijo que Jacob tuvo en su vejez y al que él amaba más que a los demás. Hemos visto que la Biblia lo describe así.<br><br><i>“3 Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores.”</i> (Gén 37:3, RV 1960)<br><br>Hemos afirmado que las angustias que Jacob no fue capaz de procesar condujeron a este patriarca a colaborar inconscientemente con el desarrollo de uno de los escenarios trágicos más intensos que aparecen en la Biblia. La saga de José describe esto. Ese es el nombre que se le ha dado al segmento de narrativas bíblicas que encontramos al final del Libro de Génesis: los capítulos 37 al 50.<br><br>La información, las descripciones y los detalles que ofrecen estos pasajes bíblicos son muy amplios. Por lo tanto, estos requieren que los analicemos con detenimiento. Adelantamos que las vertientes analíticas que este ofrece son variadas, ricas y muy atractivas. Invitamos a los lectores a invertir tiempo desarrollando el análisis de aquellas que no podemos incluir en esta batería de reflexiones.<br><br>El pasaje del capítulo treinta y siete del Libro de Génesis que hemos citado al principio de esta reflexión señala que cuando José fue a ver a sus hermanos ellos pudieron reconocerlo desde lejos (v.18). La túnica de colores que Jacob le hizo a José fue el elemento que utilizaron para identificarlo. O sea, que aquello que Jacob preparó para José con el fin de distinguirle y protegerle se convirtió en la etiqueta para identificar la persona contra la que ellos vaciarían todos sus odios y corajes. Además, se había convertido en el símbolo de desprecio, creador de ira y generador de actos violentos.<br><br>Ese pasaje también describe a los diez (1) hermanos mayores de José experimentando unos niveles de odio y de violencia que generalmente no se desarrollan de la noche a la mañana.<br><br><i>“19 —¡Aquí viene el soñador!—dijeron—. 20 Vamos, matémoslo y tirémoslo en una de esas cisternas. Podemos decirle a nuestro padre: “Un animal salvaje se lo comió”. ¡Entonces veremos en qué quedan sus sueños!”</i> (vv.19-20)<br><br>Ese pasaje dice que las expresiones acerca de matar, deshacerse del cuerpo y mentirle a su padre, fueron vertidas antes de que José llegara a donde ellos se encontraban.<br><br>El escritor del Libro de Génesis destaca en este diálogo la participación de Rubén. El deseo de interceder por la vida de José que él manifiesta y lo que él guardaba en su corazón como una solución para ese dilema implica la severidad de ese odio. Además, este pasaje describe la incapacidad del primogénito de Jacob para lidiar con los sentimientos y el proceder de sus otros hermanos (vv. 21-22).<br><br>Añadimos a todo esto que la Biblia dice que la intransigencia de Jacob con Rubén, no sólo lo afectó a él. Esto convirtió a la familia de este último en una compuesta por seres disfuncionales e indecisos. La Biblia señala que estas características cubrieron a los descendientes de Rubén a través de muchas generaciones. Encontramos un ejemplo de esto cuando la Biblia dice que la tribu de Rubén no se presentó a la batalla en un momento en el que Débora había convocado a todas las tribus de Israel. Las expresiones que utiliza el pasaje bíblico que describe esto son muy reveladoras.<br><br><i>“Los príncipes de Isacar estuvieron con Débora y Barac; siguieron a Barac a toda prisa hasta el valle. Pero en la tribu de Rubén hubo gran indecisión[4]. 16 ¿Por qué se quedaron sentados en su casa entre los rediles, para oír a los pastores silbar a sus rebaños? Así es, en la tribu de Rubén hubo gran indecisión.”&nbsp;</i>&nbsp; &nbsp;(Jue 5:15-16, NTV)<br><br>La tribu de Rubén no se presentó a la batalla con Déborah. La versión bíblica Dios Habla Hoy recoge la expresión acerca de la indecisión de los miembros de la tribu de Rubén diciendo lo siguiente: “<i>¡En los escuadrones de Rubén hay grandes hombres de corazón miedoso!</i>” La versión Palabra de Dios para Todos lo recoge así: <i>“Los hombres valientes de Rubén pensaban mucho en la guerra, pero se quedaron en casa escuchando música.”</i><br><br>El pasaje del capítulo treinta y siete (37) del Libro de Génesis que estamos analizando comunica que lo primero que los hermanos de José hicieron fue despojarlo de la túnica de colores. Esto es, del símbolo de prominencia, de honor, de la relación especial que él tenía con Jacob, por ende, de su identidad y de su posición de autoridad y liderato en esa familia. Con esta acción los hermanos de José no sólo estaban atacando a su hermano, sino que estaban atacando a su padre y echando al suelo las decisiones que él había tomado. No olvidemos que esta acción pudo también haber sido desarrollada como respuesta al abandono que Lea había sufrido durante una gran parte de su vida. No olvidemos que seis (6) de ellos eran hijos de esta.<br><br>Este pasaje afirma una verdad milenaria: generalmente no nos detenemos a examinar las implicaciones que tienen las cosas que hacemos. Destacamos que los hijos de Jacob no tenían idea de que en ese instante estaban jugando con el futuro de ellos como familia, con la formación y el desarrollo de una nación y con el centro vital para el nacimiento, la muerte, la resurrección y el regreso en gloria del Salvador del mundo. Preguntamos lo siguiente: ¿cómo se resolvería el problema de la hambruna que ellos enfrentarían cerca de 20 años más tarde si hubieran matado a José? ¿Cómo afectaría esto la formación y el desarrollo de la nación de Israel? ¿Cuál hubiera sido el lugar para el nacimiento de David? ¿Cuál hubiera sido el lugar para el de Cristo, el de su muerte y su resurrección? La Biblia dice que cuando nuestro Señor regrese pondrá su pie en el monte de Los Olivos (Zac 14:4). ¿A qué lugar regresaría nuestro Señor? ¡Alabado sea el Señor por su misericordia! Él nos salva hasta de aquellas cosas que no conocemos ni entendemos. Un himnólogo decía lo siguiente acerca de esto último:<br><br><i> “Nada sé sobre el futuro, &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Muchas cosas no comprendo<br>&nbsp;Desconozco lo que habrá; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Del mañana con su afán;<br>&nbsp;Es probable que las nubes &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Mas un dulce Amigo tengo<br>&nbsp;Mi luz venga a opacar. &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Que mi mano sostendrá.<br>&nbsp;Nada temo del futuro,<br>&nbsp;Pues Jesús conmigo está,<br>&nbsp;Y Le sigo decidido<br>&nbsp;Pues Él sabe lo que habrá</i>.[5]<br>&nbsp; <br>La historia bíblica que aparece al inicio de esta reflexión concluye con una escena dantesca: los hermanos de José se sentaron a comer, como algo casual, mientras sorteaban las alternativas que tenían ante sí (v.25). La ira y la violencia que experimentaban se transformó en hambre. El pasaje añade que la alternativa de matar a José fue descartada cuando Judá sugirió que José fuera vendido como un esclavo, sugerencia con la que todos los demás estuvieron de acuerdo (vv. 26-27). En otras palabras, este pasaje describe la conciencia cauterizada de los hijos de Jacob. Los efectos de la crisis familiar en la casa de Jacob estaban generando escenarios trágicos, fratricidas, que no habían sido vistos desde que Caín mató a su hermano Abel (Gén 4).<br><br>Debemos hacer un paréntesis para presentar algunas enseñanzas claves que pueden ser identificadas en lo que hemos visto hasta aquí. Un portal cibernético[6] señala que el génesis de esta tragedia lo encontramos en la propensión al engaño que vemos en esta familia. En este caso, desde el modelo familiar de Labán y de Rebeca. La Biblia dice que Jacob engañó a su padre. Rebeca lo indujo a hacerlo. La Biblia dice que Jacob y Labán se engañaron el uno al otro y que al final de esa historia, Lea y Raquel, las hijas de Labán, también forman parte de ese entramado. Ese portal afirma con mucha razón que el engaño siempre termina arruinándonos. El escritor de ese análisis señala que si Labán no hubiera engañado a Jacob con Lea, la rivalidad entre los hijos de Lea y los de Raquel nunca se hubiera materializado. ¿El precio a pagar?: Labán nunca volvió a ver a sus hijas. Rebeca tampoco volvió a ver a Jacob.<br><br>Jacob aprendió a vivir engañando a otros al punto que se engañó a sí mismo creyendo que la túnica de colores serviría para separar a José de los demás. Un Jacob auto engañado provocó este incidente trágico.<br><br>En segundo lugar, ese portal también afirma que el favoritismo siempre nos va a costar. Jacob favoreció a Raquel y eso le costó. Jacob favoreció a José y eso le costó. En tercer lugar, que los celos &nbsp; nos alcanzan y nos destruyen. El capítulo cuarenta y dos (42) del Libro de Genesis señala que un poco más de veinte (20) años más tarde los hermanos de José aún no habían podido olvidar lo que habían hecho.<br><br><i>“21 Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia. 22 Entonces Rubén les respondió, diciendo: ¿No os hablé yo y dije: - No pequéis contra el joven- y no escuchasteis? He aquí también se nos demanda su sangre.”</i> (Gén 42:18-24, RV 1960).<br><br>Una nota editorial: esta porción bíblica nos ofrece un dato que no encontramos en la narrativa del capítulo treinta y siete del Libro de Génesis. José le rogó a sus hermanos que no le hicieran violencia y ellos no escucharon. Esta aseveración describe los niveles de odio que ellos estaban experimentando en aquel momento.<br><br>En cuarto lugar, que el orgullo y la soberbia requieren experiencias que nos devuelvan la<br>humildad. José pudo haber sido más humilde y gentil con sus hermanos cuando les contaba acerca de sus sueños y de sus aspiraciones. José tuvo que experimentar lo que dice el proverbista:<br><br><i>“18 Antes del quebrantamiento es la soberbia, Y antes de la caída la altivez de espíritu.”</i> (Prov 16:18)<br><br>Dios no puede usar a nadie con todo su poder sin antes haberlo procesado y quebrantado.<br><br>En quinto lugar, Dios siempre está dispuesto a intervenir para transformar las noches del llanto en las mañanas en los que llega la alegría.<br><br>Esta es la introducción al análisis de la saga de José. Las conclusiones de esas narrativas bíblicas son conocidas por todos los lectores de las Sagradas Escrituras. El análisis de lo que sucede en estas será el objeto de nuestras próximas reflexiones. Utilizaremos varios recursos que nos servirán para digerir y aplicar con sencillez las enseñanzas que el Espíritu Santo ha insertado en esos versos. Uno de estos recursos es un libro escrito por el Dr. Charles R. Swindoll titulado “<i>Joseph</i>.” [7] Este libro pertenece a la serie “Great Lives from God’s Word.” (Grandes vidas de la Palabra de Dios). Así también estaremos utilizando algunos recursos bibliográficos escritos por el Dr. Jonathan Sacks.<br>&nbsp;<br>Adelantamos que la saga de José puede ser analizada en tres (3) bloques. El primero, desde su nacimiento hasta los diecisiete (17) años (Gén 30:24 – 37:2). El segundo, entre los diecisiete (17) y los treinta (30) años (Gén 37:2 - 41:46) y el tercero desde los treinta (30) años a su muerte (Gé 41:46- 50:26).<br><br>Es sumamente importante entender que Dios tuvo que desintoxicar a este joven de las disfuncionalidades que había experimentado en la casa de Jacob antes de poder utilizarlo como instrumento suyo. Recordemos que José también vivió inmerso en la historia de esa familia. Él vivió las luchas y conflictos que se desarrollan cuando hay muchas esposas simultáneamente en el entramado familiar, vivió las crisis con su tío Esaú, la tragedia de Dina y el ultraje que llevó a cabo Rubén. José también fue víctima de la paternidad pasiva de Jacob: un hombre demasiado ocupado para poder ser padre. Además, es un hijo que Jacob engendró en una época muy buena para ser abuelo, pero pésima para ser padre.<br><br>Comenzaremos a analizar a José en nuestra próxima reflexión desde la perspectiva de un hermano que es vendido por el precio de un esclavo impedido: 20 monedas de plata (Gén 37:28). Un dato que señala Swindoll es que los hermanos de José tuvieron que derramar sangre de un animal inocente para poder perdonarle la vida.<br><br>Veremos que Dios utiliza lo que describe el segundo bloque de esta saga para desarrollar la fe de José. No olvidemos que en el plan de Dios ya se había delineado que los doce (12) nombres de los hijos de Jacob aparecerían inscritos en el pectoral del Sumo Sacerdote.[8] Dios tenía que formar el carácter y la fe de alguien en la familia de Jacob para poder lograr esto.<br>&nbsp; <br><br><br>[1] Friedman, Edwin H. 1985. Generation to Generation: family process in church and synagogue. New York, NY: The Guilford Press.<br>[2] https://biblicalpathway.com/biblical-meaning-of-josephs-coat-of-many-colors/<br>[3] https://thefaithspace.com/josephs-coat-of-many-colors-meaning-significance/<br>[4] Así aparece en algunos manuscritos hebreos y en la versión siríaca, que dicen grandes deliberaciones de corazón; el texto masorético dice gran resolución de corazón. RV1960 dice “hubo grandes resoluciones del corazón.”<br>[5] https://www.alabanzahimnario.com/himnos/209-nada-se-sobre-el-futuro/<br>[6] https://www.crosswalk.com/faith/bible-study/why-were-josephs-brothers-so-jealous-of-josephs-coat-of-many-colors.html<br>[7] Swindoll, Charles R. Joseph: a man of integrity and forgiveness. WORD Publishing, 1998<br>[8] Sacks, Jonathan. Genesis: The Book of Beginnings (Covenant &amp; Conversation 1) (p. 112). Kindle Edition.<br><br><br><br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1048 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 15 de marzo del 2026</title>
						<description><![CDATA[1048 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 15 de marzo del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob -Parte III“28 Estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que su padre dijo a sus hijos al despedirse de ellos. Los bendijo con un mensaje apropiado para cada uno. 29 Entonces Jacob les dio las siguientes instrucciones: «Yo moriré pronto ...]]></description>
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			<pubDate>Sun, 15 Mar 2026 07:36:24 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<section class="sp-section sp-scheme-0" data-index="1" data-scheme="0"><div class="sp-section-slide"  data-label="Main" ><div class="sp-section-content" ><div class="sp-grid sp-col sp-col-24"><div class="sp-block sp-text-block " data-type="text" data-id="0" style=""><div class="sp-block-content"  style=""><b>1048 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 15 de marzo del 2026<br>Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob -Parte III</b><br><br><i>“28 Estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que su padre dijo a sus hijos al despedirse de ellos. Los bendijo con un mensaje apropiado para cada uno. 29 Entonces Jacob les dio las siguientes instrucciones: «Yo moriré pronto y me uniré con mis antepasados. Entiérrenme junto con mi padre y mi abuelo en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita. 30 Es la cueva del campo de Macpela, cerca de Mamre, en Canaán, la cual Abraham compró a Efrón el hitita como lugar de sepultura permanente. 31 Allí están enterrados Abraham y su esposa Sara; allí también están enterrados Isaac y su esposa Rebeca; y allí enterré a Lea. 32 Es la parcela de tierra y la cueva que mi abuelo Abraham les compró a los hititas». 33 Cuando Jacob terminó de dar este encargo a sus hijos, metió los pies en la cama, dio su último suspiro y se reunió con sus antepasados al morir.”</i> (Gén 49:28-33, NTV)<br><br>Nuestra reflexión anterior nos ofreció la oportunidad de comenzar a analizar detenidamente el modelo de familia de Jacob. Un detalle singular que destacamos en esa reflexión es que este patriarca no parecía inclinado a considerar ni a admitir sus incapacidades. En esa reflexión revisamos algunos instantes en los que hombres de Dios decidieron reconocer esto último y cómo Dios insertó su mano para ayudarlos. Vimos en esa reflexión que es esencial aprender a reconocer nuestras incapacidades para poder ser capaces de manejar las crisis que enfrentamos en la vida.<br><br>Encontramos otro ejemplo de esto en unas expresiones del salmista.<br><br><i>“12 Porque me han rodeado males sin número; <b><u>Me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista.</u></b> Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falla.”</i> (Sal 40:12, RV1960)<br><br>Es glorioso que el salmista concluye este salmo con una palabra de esperanza.<br><br><i>“16 Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan, Y digan siempre los que aman tu salvación: Jehová sea enaltecido. 17 Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes.”</i> (vv. 16-17)<br><br>Encontramos otro ejemplo en el Salmo 69.<br><br><i>“1 Sálvame, oh Dios, Porque las aguas han entrado hasta el alma. 2 Estoy hundido en cieno profundo, donde <b><u>no puedo hacer pie</u></b>; He venido a abismos de aguas, y la corriente me ha anegado.”</i> (Sal 69:1-2)<br><br>La Biblia dice que Dios le respondió a este escritor y que este fue capaz de concluir este salmo con expresiones que describen la gracia y la misericordia del Eterno.<br><br><i>“32 Lo verán los oprimidos, y se gozarán. Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón, 33 Porque Jehová oye a los menesterosos, Y no menosprecia a sus prisioneros. 34 Alábenle los cielos y la tierra, Los mares, y todo lo que se mueve en ellos. 35 Porque Dios salvará a Sion, y reedificará las ciudades de Judá; Y habitarán allí, y la poseerán. 36 La descendencia de sus siervos la heredará, Y los que aman su nombre habitarán en ella.”</i>&nbsp; (vv. 32-36)<br><br>Destacamos esto porque no observamos expresiones de este tipo en las narrativas bíblicas acerca de Jacob, aun cuando su modelo familiar estaba naufragando.<br><br>Es Jonathan Sacks el que nos recuerda que la historia de la familia de Jacob es un preludio esencial para el Libro de Éxodo y para el pacto que Dios hace con su Pueblo. El análisis de esa historia, la del Éxodo, nos coloca ante la necesidad de aceptar que este es un pacto basado en la correspondencia biunívoca[1] entre el amor y la justicia. Sacks plantea que el amor es ciego cuando es separado de la justicia y que la justicia es impersonal cuando es separada del amor. Esto es lo mismo que encontramos en las historias de Jacob, de sus esposas y sus hijos. Sacks afirma que esas narrativas destacan que el amor no es suficiente, que necesita estar acompañado de la justicia y la equidad respecto a cómo es que nuestros sentimientos impactan a los demás.[2] Las historias que encontramos en el segundo libro de la Biblia están repletas de situaciones en las que estas dos (2) virtudes están en juego.<br><br>Sacks añade que las conclusiones que ofrecen las narrativas bíblicas acerca de Jacob incluyen el que Lea, la menos amada, fuera la seleccionada por Dios para darle a Israel las tribus de Leví y de Judá.[3] De la primera emergen los sacerdotes. De la segunda, los reyes de Judá, David y Cristo el Señor. Esto puede ser interpretado como que la justicia de Dios premió a Lea.<br><br>Estamos convencidos de que Jacob experimentó un desbalance entre estas dos (2) virtudes: el amor y la justicia. Esto aumentó significativamente luego de las tres (3) pérdidas que él había sufrido: Débora, Raquel e Isaac. El análisis de estas fue realizado en la reflexión anterior. Esto lo condujo a experimentar una serie de crisis muy serias en su familia; algunas de ellas catastróficas.<br><br>Un ejemplo de las crisis que Jacob enfrentó lo encontramos en los versos bíblicos que narran las historias acerca del hijo mayor de Jacob: Rubén. Los textos bíblicos dicen que Rubén no parecía comportarse como el primogénito de la familia de Jacob. Las narrativas bíblicas parecen colocarlo batallando con el sistema familiar mientras intentaba llenar las expectativas que se tenían de él como el primogénito de esa familia.<br><br>Por un lado, encontramos características positivas en Rubén. Por ejemplo, sabemos que él fue el único que protestó cuando sus hermanos entramparon a José. La Biblia dice que Rubén fue el único que intentó salvarlo de esa tragedia.<br><br><i>“<b>21 Cuando Rubén oyó esto, lo libró de sus manos, y dijo: No lo matemos.</b><b> 22 Y les dijo Rubén: No derraméis sangre; echadlo en esta cisterna que está en el desierto, y no pongáis mano en él; por librarlo así de sus manos, para hacerlo volver a su padre. </b>23 Sucedió, pues, que cuando llegó José a sus hermanos, ellos quitaron a José su túnica, la túnica de colores que tenía sobre sí; &nbsp;24 y le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no había en ella agua. 25 Y se sentaron a comer pan; y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas, bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto. 26 Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte? 27 Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con él. 28 Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto. <b>29 Después Rubén volvió a la cisterna, y no halló a José dentro, y rasgó sus vestidos. 30 Y volvió a sus hermanos, y dijo: El joven no parece; y yo, ¿adónde iré yo?”</b></i><br>&nbsp;(Gén 37:21-30)<br><br><i>“30 Luego volvió a donde estaban sus hermanos, y les dijo: —¡El muchacho ya no está! ¿Ahora qué voy a hacer?”</i> (DHH)<br><br>Jonathan Sacks señala que es muy raro que la Torah (el Pentateuco, los primeros cinco (5) libros de la Biblia) describa los pensamientos de alguien[4]. En este pasaje vemos una de esas rarezas. Sacks también señala que los sabios de Israel se preguntaban lo siguiente acerca de este hijo de Jacob:<br><br><i>“Si Rubén hubiera sabido que el Santo, bendito sea, escribiría sobre él: «Y Rubén oyó y lo libró de sus manos», habría cargado a José sobre sus hombros y lo habría llevado de regreso a su padre. Esta es una afirmación profundamente desconcertante. ¿Realmente necesitaba Rubén la aprobación del Cielo para hacer lo correcto? ¿Necesitaba la aprobación de Dios antes de rescatar a su hermano? Sin embargo, como veremos, esto contiene la clave esencial sobre el carácter de Rubén. Nos dice qué se interpone entre lo que pudo haber sido y lo que fue.”</i> [5] (traducción libre).<br><br>Interpretaciones como estas llevaron a Sacks a calificar a Rubén como el Hamlet del Génesis: uno en el que <i>“el color natural de la resolución se enferma con el pálido tinte del pensamiento”</i>[6] (traducción libre). Sacks añade que las intenciones de Rubén eran buenas, se preocupaba, pensaba correctamente, pero no era capaz de llevar a cabo las acciones correctas: le faltaba carácter.<br>&nbsp;<br>Otra característica positiva que encontramos acerca de Rubén es que la Biblia describe que en otra ocasión este se encontraba en el campo recogiendo unas mandrágoras (Gén 30:14-16). La Biblia dice allí que su primer pensamiento no fue egoísta; él pensó en el provecho que su madre podría sacar de esas frutas.[7]<br><br>Sin embargo, es el incidente con Bilha, una de las concubinas de Jacob, lo que lo marcó para la posteridad y lo alejó del resto de la familia.<br><br><i>“22 Aconteció que cuando moraba Israel en aquella tierra, fue Rubén y durmió con Bilha la concubina de su padre; lo cual llegó a saber Israel. Ahora bien, los hijos de Israel fueron doce:”</i> (Gén 35:22, RV1960)<br><br>Sacks señala que el Rashi, un comentario bíblico judío del siglo doce (12), trata de suavizar esa historia. Este comentario afirma que Rubén no fue capaz de soportar que Jacob escogiera ir a dormir a la tienda de Bilha luego de la muerte de Raquel. Para él, dice el Rashi, esto era una ofensa directa para su madre, Lea. Este comentario del medioevo dice que esto provocó que Rubén moviera el lecho de Jacob de la tienda de Bilha para la tienda de Lea; procurando que su padre le concediera a Lea el lugar que le correspondía como única esposa. El Rashi dice que esta acción fue malinterpretada por Jacob.<br><br>Si Rubén cometió el pecado del que se le acusó o si Jacob malinterpretó esa acción, la verdad es que esta tragedia persiguió a Rubén durante toda su vida. De hecho, Jonathan Sacks destaca que las expresiones que Jacob utiliza al final de sus días para bendecir a Rubén describen esa historia como un problema de carácter; un problema que poseía el primogénito de Jacob.<br><i><br>“» Rubén, tú eres mi hijo mayor, mi fuerza, el hijo de mi juventud vigorosa. Tú eres el primero en rango y el primero en potencia. 4 Pero eres tan impetuoso como una inundación, y ya no serás más el primero. Pues te acostaste con mi esposa; deshonraste mi cama matrimonial.” </i> (Gén 49:3-4, NTV)<br><br>Estamos convencidos de que la homeostasis de la familia de Jacob se perdió cuando este patriarca perdió la capacidad de ser el instrumento de cohesión entre los suyos. A partir de ese instante solo un milagro de parte del Señor podía devolver el equilibrio a esa familia.<br><br>El problema no termina aquí. La Biblia describe otros conflictos inmencionables y múltiples desaciertos que surgieron entre estas crisis para luego darnos a conocer llegada de las soluciones celestiales. Tenemos un ejemplo de esto en la historia bíblica acerca de Judá y de su nuera Tamar: una figura misteriosa, <i>“un paradigma de sensibilidad moral y de valentía.”</i>[8] (Gén 38:1-30). Esta historia está revestida de una importancia muy particular toda vez que es de la descendencia de Judá y de Fares que nacen David y nuestro Señor Jesucristo, el Salvador del mundo.<br><br>De entrada, la historia bíblica que aparece en el capítulo treinta y ocho (38) del Libro de Génesis no parece formar parte de la secuencia de las narrativas bíblicas acerca de José. La saga de José (Gén 37 al 50) es interrumpida para explicar la historia de lo que ocurrió con Judá. Muchos exégetas están convencidos de que esta debió haber sido intercalada en esa saga durante el proceso de la edición final del Libro de Génesis. En cambio, muchos exégetas judíos no apoyan esa conclusión. Estos explican que ese capítulo es esencial para que podamos ser capaces de entender las reacciones y las transformaciones que años más tarde observamos en Judá, cuando este decide interceder por su hermano Benjamín.<br><br>Veamos cómo describe la Biblia ese evento.<br><br><i>“14 Cuando Judá y sus hermanos llegaron a la casa de José, él todavía estaba ahí. Entonces ellos se postraron rostro en tierra ante él. 15 José les dijo: —¿Por qué hicieron eso? ¿Acaso no saben que un hombre como yo puede adivinar las cosas? <b>16 Judá dijo: —Señor, ¡no hay nada que le podamos decir! No tenemos manera de explicar. No hay forma de mostrarle que somos inocentes. Dios nos juzgó culpables por otra cosa que hicimos.</b> Entonces, todos nosotros seremos sus esclavos, incluso el que fue encontrado con la copa. 17 Entonces José dijo: —¡No haré que todos sean mis esclavos! Sólo el hombre que robó mi copa será mi esclavo, los demás se pueden ir en paz a donde está su papá.<b>18 Pero Judá se acercó a José y le dijo: —Señor, le ruego que me deje decirle algo sin que se moleste.</b> Yo sé que usted es como si fuera el faraón. 19 Cuando estuvimos aquí antes, usted nos preguntó: “¿Tienen papá u otro hermano?” 20 Y nosotros respondimos: “Tenemos un papá muy viejo y un hermano menor que nació cuando nuestro papá era ya un anciano. <b>El hermano de nuestro hermano menor ya murió y él es el único hijo de su mamá que queda vivo, por eso nuestro papá lo quiere mucho”</b>. 21 Luego usted nos dijo a nosotros, sus siervos: “Tráiganmelo y déjenme verlo”. 22 Pero nosotros le dijimos: “El muchacho no puede alejarse del lado de su papá porque si lo hace su papá morirá”. 23 Luego usted nos dijo a nosotros, sus siervos: “Si su hermano menor no viene con ustedes, nunca me volverán a ver”. 24 Entonces volvimos a donde vive nuestro papá y le contamos lo que usted nos había dicho. 25 »Después papá nos dijo: “Vuelvan allá y compren más comida para todos”. 26 Pero nosotros le dijimos: “No podemos ir allá. Sólo iremos si nuestro hermano menor va con nosotros. No podemos verle la cara a ese hombre a menos que nuestro hermano vaya con nosotros”. <b>27 Luego nuestro papá dijo: “Ustedes saben que mi esposa dio a luz a dos de mis hijos. 28 Uno de ellos me dejó y lo despedazó un animal salvaje, nunca más lo volví a ver. 29 Si también se llevan a este hijo y algo le llegara a pasar, este viejo moriría de tristeza”</b>. 30 Por lo tanto, si llego a regresar sin mi hermano a donde está mi papá, <b>y puesto que él es tan importante para mi papá, 31 cuando vea que el muchacho no viene conmigo, morirá. Y nosotros tendremos que enterrar a papá hecho un pobre viejo lleno de tristeza.</b> 32 »Yo le garanticé a papá que le llevaría de regreso al muchacho. Le dije: “Si no te lo traigo de regreso, puedes culparme toda la vida”. 33 Por lo tanto, <b>le ruego que me deje ser su esclavo a cambio del muchacho, y deje que él se vaya con sus otros hermanos. 34 No puedo regresar a donde está mi papá si el muchacho no está conmigo. Me daría miedo ver el sufrimiento que se apoderaría de mi papá.</b>”</i> (Gén 44:14-34, PDT)<br><br>Analizaremos en detalle esta narrativa bíblica en nuestras próximas reflexiones. Esto es, cuando estemos analizando las crisis que enfrentó José. Ahora bien, el Judá que observamos en la porción bíblica que acabamos de compartir no parece ser la misma persona que sugirió vender a José su hermano.<br><br><i>“26 Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte? 27 Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con él.” </i>(Gén 37:26-27)<br><br>El cuarto hijo de Jacob que aparece en el capítulo 44 de Génesis es un hombre arrepentido de las cosas que hizo en el pasado. Él no parece ser el mismo personaje que sugirió vender como esclavo a José. Es por esto que tenemos que preguntarnos lo siguiente: ¿cuándo fue que Judá aprendió a pedir perdón y a interceder por otros? Repetimos la pregunta: ¿en dónde fue que él aprendió a pedir perdón y a interceder por los demás? La respuesta a esa pregunta la encontramos en el capítulo treinta y ocho (38) del Libro de Génesis. Encontrar la respuesta a esta pregunta nos proveerá esperanza. El Señor puede hacer lo mismo en aquellas familias en las que los padres no saben admitir sus incapacidades ni pedir perdón.<br><br>Todos los pasajes bíblicos necesitan ser analizados utilizando los “lentes” de la época en que ocurrieron los eventos que estos describen. No hay otra manera responsable de hacerlo. Este pasaje bíblico lo requiere aún más. Esa narrativa bíblica describe que Judá se casó con una mujer cananea (Súa, Gén 38:2) y que tuvo tres (3) hijos con ella; Er, Onán y Sela (vv. 3-5). Ese pasaje también nos dice que Er se casó con Tamar y que él fue malo ante los ojos del Señor, al punto que Dios hizo que se muriera (v.6, PDT).<br><br>Todo esto ocurrió en una época en las que las mujeres no tenían valor alguno, que eran consideradas como propiedad de sus esposos y que su función principal era la de producir descendientes. A tenor con esto, se estableció la regla del levirato.[9] Esta era una instrucción que procuraba que las mujeres que habían enviudado pudieran tener relaciones sexuales con uno de los varones de la familia de su esposo con el fin de que pudieran producir descendientes y que el nombre del fallecido no desapareciera de la historia de Israel. En otras palabras, que la prioridad no era la de proteger a esas mujeres. La prioridad era honrar el nombre del hombre fallecido.<br><br><i>“5 Cuando hermanos habitaren juntos, y muriere alguno de ellos, y no tuviere hijo, la mujer del muerto no se casará fuera con hombre extraño; su cuñado se llegará a ella, y la tomará por su mujer, y hará con ella parentesco. 6 Y el primogénito que ella diere a luz sucederá en el nombre de su hermano muerto, para que el nombre de éste no sea borrado de Israel.”</i> (Det 25:5-6)<br><br>Esa narrativa bíblica describe que la muerte de Er provocó que Judá le diera instrucciones a Onán para que cumpliera con esa regla. La Biblia dice que Onán no obedeció esa instrucción y que decidió aprovecharse de Tamar. Este pasaje bíblico dice que esto le costó la vida al segundo hijo de Judá. Por otro lado, Sela, el hijo menor de Judá, era muy joven para recibir la misma instrucción. El pasaje señala que es por eso que Judá le dijo a su nuera que permaneciera como viuda en la casa de sus padres hasta que Sela creciera. Una nota editorial que incluye el escritor del Libro de Génesis destaca que Judá tenía muchos temores que le impedían cumplir con esa promesa (v. 11).<br><br>El pasaje continúa describiendo cómo es que Tamar desarrolla una estrategia para quedar embarazada de su suegro. Muchos biblistas destacan que Tamar decidió negarse a no ser una persona; ella no toleraba ser un ser humano sin posición y sin poder. Ella sabía que esta estrategia le podía costar la vida. Es por eso que ella decidió quedarse con artículos muy personales de Judá,[10]de modo que estos lo pudieran identificar si ella quedaba embarazada y que probarían que él era el padre de sus criaturas (vv. 13– 25).<br>&nbsp;<br>El pasaje bíblico señala que ella quedó embarazada y su suegro, al saberlo, ordenó que la apedrearan pensando que Tamar se había prostituido. El pasaje destaca que, entre otras cosas, ella decidió utilizar intermediarios para la confrontación con Judá, para no avergonzarlo en público. Sólo Judá sabía que esas prendas eran suyas (v. 26).<br><br>Las enseñanzas que esa historia bíblica nos ofrece trascienden las experiencias y las tragedias provocadas por la cultura de esa época. La historia que narra ese capítulo describe que Judá comprendió que le había faltado a la dignidad de Tamar y que la ausencia de dignidad es similar a la ausencia de la vida[11]. Esto llevó a Judá convertirse en la primera persona que pide perdón en el libro de Génesis.<br>&nbsp;<br><i>“26 Judá los reconoció y declaró: «Su conducta es más justa que la mía, pues yo no la di por esposa a mi hijo Selá». Y no volvió a acostarse con ella.”</i> (Gén 38:26, NVI)<br><br>Regresemos a la historia de José. Jonathan Sacks dice que el proceso que José puso en acción antes de revelarle a sus hermanos que él era aquél que ellos habían vendido como esclavo, proveyó espacios para probar varias cosas. Una de estos, la oportunidad para que Judá demostrara que se había convertido en algo que Sacks llama “<i>ba’alei teshuva</i>”; maestro del arrepentimiento, uno que es capaz de aprender de y de crecer a través de los errores que había cometido.[12] Ese momento sirvió para demostrar que Judá había sido experimentado una transformación.<br>&nbsp;<br>Esta historia bíblica abre la puerta para otros escenarios y otras dimensiones interpretativas. Hemos señalado que de la tribu de Judá nacen los reyes del reino de Judá. Entre ellos encontramos a David, el dulce cantor de Israel (2 Sam 23:1) y por consiguiente, nace Cristo nuestro Señor. Sin embargo, un dato que no hemos señalado es que Tamar forma parte de la genealogía de nuestro Salvador.<br><br><i>“3 Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram…..15 Eliud engendró a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob; 16 y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo.”</i> (Mat 1:3, 15-16)<br><br>En otras palabras, que la intervención de la mano del Señor transformó una historia en la que se concatenaron tragedias, abusos, mentiras, odio y rencor, en una de misericordia y de la inserción de la gracia de Dios. Es de sumo gozo poder proclamar que el Evangelio predica el amor redentor de Dios y la intervención transformadora de su gracia hasta en la descripción de la genealogía de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.<br><br>Al mismo tiempo, el capítulo treinta y ocho de Génesis afirma que la mano de Dios se estaba insertando en la vida de la familia de Jacob. La barca de ese modelo familiar se encontraba naufragando, pero Dios estaba insertando su mano para salvarla. Aun sin saberlo, Judá y José habían sido reclamados por Dios para devolver la homeostasis a esa familia.<br><br>Sabemos que Dios le había prometido a Abraham que en su simiente serían benditas todas las naciones de la tierra. El Todopoderoso le había prometido lo mismo a Isaac. Además, Dios le había dicho a Jacob que no lo dejaría hasta que se cumplieran esas promesas (Gén 28:14-15). No obstante, Jacob parecía estar a punto de tirar al suelo su confianza en esa promesa. Nunca olvidemos que Dios es fiel a su palabra.<br><br><i>“8 Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.”&nbsp;</i>(Isa 40:8, RV1960)<br><br>La Biblia dice que el Todopoderoso es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. No olvidemos que Él es nuestro Señor.<br><br>Además, consideremos que los hijos del pueblo de Israel usan un gentilicio muy particular. Ellos no son conocidos como los jacobinos, los “joseíticos”, los rubenitas, ni como los levitas. A ellos se les conoce como judíos: los descendientes de Judá. Ellos son los descendientes de uno que aprendió a aceptar sus errores, a pedir perdón, a reconocer la dignidad de la mujer y a aprender a interceder por aquellos que necesitan ser rescatados.<br><br>Es obvio que muchos miembros de ese pueblo no parecen seguir ese modelo. Sin embargo, nosotros, los cristianos, sabemos que somos hijos de Dios por virtud de un hombre judío, que nació en Belén de Judea y que decidió morir por nosotros en la cruz del Calvario. Es Jesucristo el que nos ha devuelto la dignidad como hijos del Padre y el que intercede por nosotros (Rom 8:34). Su nombre es Cristo, Rey de reyes y Señor de señores.<br><br>La buena noticia es que Dios nunca olvida sus promesas. Sabemos que Dios le había dicho a Jacob que no lo dejaría hasta haber cumplido lo que le había prometido (Gén 28:14-15). Así también Dios ha empeñado su palabra con nosotros, los que creemos en Él. Dios nos ha prometido que esas promesas son eternas.<br><br><i>“35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.”</i> (Mat 24:35)<br><br>Esta verdad bíblica sigue vigente para aquellos que aman al Señor. El Dios al que servimos ha prometido trascender nuestras malas decisiones y los resultados de estas para cumplir su propósito en nosotros. Aquél que puso por nosotros a su Hijo en la cruz del Calvario es fiel para ir por encima de la ausencia de liderato en nuestros hogares, por encima de nuestras debilidades, de nuestros desvaríos y de nuestros pecados. El Todopoderoso es fiel para devolver la homeostasis en nuestras familias para que seamos capaces de ver el cumplimiento de sus promesas.<br><br>Una de las virtudes que posee conocer estas dimensiones de las historias de estos patriarcas es que ellos continúan siendo nuestros héroes a pesar de sus debilidades. Esto hace aun más glorioso conocer que el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob es nuestro Dios.<br><br>Nosotros sabemos que la Biblia dice que el Verbo se encarnó por nosotros para poner en acción la misericordia y la gracia necesaria para que podamos alcanzar el oportuno socorro. La invitación que Él nos hace es mucho más grande que la que le hizo a Jacob.<br><br><i>“16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” </i>(Heb 4:16)<br><br>Continuaremos analizando el modelo de la familia de Jacob en nuestra próxima reflexión.<br><br><br>&nbsp; &nbsp;<br>[1] Correspondencia que existe o se establece entre los elementos de dos conjuntos cuando, además de ser unívoca, es recíproca; es decir, cuando a cada elemento del segundo conjunto corresponde, sin ambigüedad, uno del primero. (https://dle.rae.es/correspondencia#1D8pSW5)<br>[2] Sacks, Jonathan. Genesis: The Book of Beginnings (Covenant &amp; Conversation 1) (p. 200). Kindle Edition.<br>[3] Op. cit., pp. 199-202.<br>[4] Op. cit., p. 246. <br>[5] Vayikra Raba, 34:8. Citado por Jonathan Sacks en “Genesis: The Book of Beginnings…..”, pp.247-248.<br>[6] Op. cit., p. 248. Sacks cita aquí la nota central que Shakespeare escribe en la tragedia de Hamlet (Hamlet, III, 1, 85). Hay un buen resumen de esta obra en la siguiente dirección electrónica: https://www.biografiasyvidas.com/monografia/shakespeare/hamlet.htm.<br>[7] Estas frutas eran consideradas en esa época como afrodisiacas y promotoras de la fertilidad. <br>[8] Sacks, Jonathan, Op.cit., p.244.<br>[9] “yibbum” https://www.chabad.org/library/article_cdo/aid/558049/jewish/Levirate-Marriage-Yibbum-and-Chalitzah.htm<br>[10] El sello con el cordón (para marcar documentos) y el bastón (Gén 38:18). <br>[11] Sacks, Jonathan, Op.cit., p.262.<br>[12] Op.cit. p. 310.<br><br><br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1047 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 8 de marzo del 2026</title>
						<description><![CDATA[1047 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 8 de marzo del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob -Parte II“28 Estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que su padre dijo a sus hijos al despedirse de ellos. Los bendijo con un mensaje apropiado para cada uno. 29 Entonces Jacob les dio las siguientes instrucciones: «Yo moriré pronto y ...]]></description>
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			<pubDate>Sun, 08 Mar 2026 06:00:00 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<section class="sp-section sp-scheme-0" data-index="1" data-scheme="0"><div class="sp-section-slide"  data-label="Main" ><div class="sp-section-content" ><div class="sp-grid sp-col sp-col-24"><div class="sp-block sp-text-block " data-type="text" data-id="0" style=""><div class="sp-block-content"  style=""><b>1047 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 8 de marzo del 2026<br>Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob -Parte II</b><br><br><i>“28 Estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que su padre dijo a sus hijos al despedirse de ellos. Los bendijo con un mensaje apropiado para cada uno. 29 Entonces Jacob les dio las siguientes instrucciones: «Yo moriré pronto y me uniré con mis antepasados. Entiérrenme junto con mi padre y mi abuelo en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita. 30 Es la cueva del campo de Macpela, cerca de Mamre, en Canaán, la cual Abraham compró a Efrón el hitita como lugar de sepultura permanente. 31 Allí están enterrados Abraham y su esposa Sara; allí también están enterrados Isaac y su esposa Rebeca; y allí enterré a Lea. 32 Es la parcela de tierra y la cueva que mi abuelo Abraham les compró a los hititas». 33 Cuando Jacob terminó de dar este encargo a sus hijos, metió los pies en la cama, dio su último suspiro y se reunió con sus antepasados al morir.”</i> (Gén 49:28-33, NTV)<br>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;<br>El análisis del modelo de familia de Jacob nos condujo a utilizar la reflexión anterior para revisar algunos planteamientos sobre una teoría de familia, la presentada por Edwin H. Friedman.[1] <br><br>La historia de Jacob es una llena de aciertos y desaciertos, de triunfos monumentales y de crisis indescriptibles. La historia de Jacob también es una que está repleta de evidencias del favor de Dios, de su dirección y de su misericordia. Una de las metas que pretendemos alcanzar en esta batería de reflexiones es la de tratar de entender la naturaleza de las transformaciones que este patriarca experimenta y de aquellas situaciones que tuvo que enfrentar para poder regresar a ser el líder de su familia. En este caso, las que ocurrieron en su entorno familiar. Las mismas obedecen a la voluntad expresa de Dios para su vida, así como para la vida de su descendencia a través de todas las generaciones de la historia de la humanidad.<br><br>Comenzamos señalando que el plan perfecto de Dios incluyó la creación de una nación llamada Israel. Ese plan incluía que de esa nación nacería Cristo, el Señor y el Salvador del mundo. También, que los hijos de esa nación tendrían la necesidad de desarrollar un carácter muy particular para poder ser capaces de enfrentar retos que ningún otro pueblo de la tierra ha enfrentado logrando sobrevivir a estos. Es un secreto a voces que esa nación lo ha logrado de forma milagrosa.<br><br>Casi todo el mundo conoce acerca de las grandes persecuciones que esa nación ha tenido que enfrentar a través de su historia. Conocemos acerca del cautiverio Asirio (Siglo 8 A.C.), en el que diez (10) de las tribus de Israel fueron llevadas cautivas para luego ser esparcidas sobre la faz de la tierra. Conocemos acerca del exilio babilónico (Siglo 6 A.C.) y de la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén (70 D.C.); un evento que marcó el fin de la existencia política de esa nación en la tierra en la que se habían asentado. Esa existencia política fue recuperada de manera milagrosa, con acentos proféticos (Isa 66:8) el 14 de mayo de 1948.<br><br>La mayoría de los lectores conoce acerca de la Diáspora Sefardí (1492), cuando los reyes de España ordenaron la expulsión de los judíos que vivían allí. Es de todos conocido las tragedias que vivieron estos durante el Holocausto (“<i>Shoah</i>”)[2] organizado por el gobierno Nazi en Alemania a mediados del siglo 20 (1933-1945). Seis millones de judíos fueron exterminados en los campos de concentración durante ese período.<br><br>Lo que pocas personas conocen es la cantidad inusitada de persecuciones y tragedias adicionales, intercaladas entre estos eventos, que el pueblo judío ha tenido que sufrir en la historia. Por ejemplo, la ocupación de Israel y la opresión producida por el Imperio Seléucida (Siglo 2 A.C.). Otro ejemplo, que la destrucción del segundo templo en el año 70D.C. fue seguida casi inmediatamente después por una persecución organizada por el Emperador Adriano (117-138 D.C.). Luego, durante el período medieval observamos que este se caracterizó por un tipo de antisemitismo en Europa que tenía etiqueta religiosa. En esa época sucedió que los cristianos y los miembros del clero responsabilizaron a los judíos por la muerte de Jesús. Esto provocó que los judíos fueran perseguidos, torturados y masacrados. Añadimos a esto las persecuciones orquestadas contra ellos por el mundo musulmán: notables. Así también las de la Rusia Zarista durante gran parte del siglo 19, aislándolos y restringiendo sus oportunidades para trabajar y para poder desplazarse a otras regiones del país.<br><br>Sabemos que el pueblo de Israel ha operado bajo la cobertura de la protección divina, de las promesas de Dios y de la fe en Él. Esta es la razón por la que continúan siendo una nación 2,700 años después de haber comenzado a enfrentar estos desafíos. Hay que señalar que esa nación no es perfecta y que es pecadora, como lo son todas las demás. También, que en ocasiones se les ocurre llevar a cabo acciones deplorables que producen mucho dolor. No obstante, ellos, además de ser el pueblo de Dios, son un pueblo que parece poseer algunas características generacionales vitales que les conminan y les facilitan mantenerse luchando unidos y sin rendirse. No olvidemos que el plan de Dios incluye que esa nación naciera de la familia de Jacob.<br><br>Estamos convencidos de que esta batería de reflexiones no provee el espacio suficiente para presentar un análisis completo de este tema. Reconocemos esto considerando la cantidad de variables que tendríamos que analizar para lograr un análisis responsable. Lo que sí podemos concluir es que la narrativa de la familia de Jacob que la Biblia nos presenta incluye algunas características que esa nación ha mantenido a través de los siglos.<br><br>Es aquí que la teoría de familia de Friedman se convierte en una pieza vital para este análisis. Por un lado, esta nos regala la oportunidad de identificar rasgos de ese modelo familiar (aspecto descriptivo). Por otro lado, nos permite correlacionar fenómenos y ver principios fundamentales que sostienen esas relaciones familiares (aspecto explicativo). Al mismo tiempo, esta teoría nos permite examinar conductas de esta familia que han sido extrapoladas a través de generaciones en su historia como pueblo (aspecto predictivo).<br><br>El estudio de la historia de Jacob nos revela que él se casa y tiene 12 hijos y varias hijas (Gén 37:35). La Biblia nos permite conocer que el carácter y la unidad de esa familia dependía y giraba alrededor de este patriarca. Sus defectos y los efectos producidos por los malos modelos familiares que tuvo en la casa de sus padres podían haber sido muchos, pero la familia se mantenía unida a pesar de todo esto. Estas aseveraciones afirman que Jacob estaba siendo capaz de mantener el balance de su casa durante los primeros años de desarrollo de su familia.<br><br>Todo parecía caminar bien en ese hogar. La Biblia dice que Jacob hasta había peleado con Dios y había vencido (Gén 32:24-30). Ella dice que Dios le cambió el nombre a Israel (Gén 32:28). También dice que este patriarca fue capaz de reconciliarse con su hermano Esaú (Gén 33:1-20). Durante esa época la familia de este patriarca estaba cosechando resultados extraordinarios. De hecho, un incidente de violencia provocado por dos (2) de sus hijos, Simeón y Levi, había sido manejado por él con cierto grado de sensatez (Gén 34:1-31). La Biblia dice que el Señor ordenó una mudanza después de estos incidentes y añade que los clanes agredidos y lastimados por las acciones de los dos (2) hijos de Jacob no se atrevieron perseguir esa familia porque Dios los protegió.<br><br><i>“1 Dijo Dios a Jacob: Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú. 2 Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos. 3 Y levantémonos, y subamos a Bet-el; y haré allí altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y ha estado conmigo en el camino que he andado. 4 Así dieron a Jacob todos los dioses ajenos que había en poder de ellos, y los zarcillos que estaban en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de una encina que estaba junto a Siquem. 5 Y salieron, y el terror de Dios estuvo sobre las ciudades que había en sus alrededores, y no persiguieron a los hijos de Jacob.”</i> (Gén 35:1-5, RV1960).<br><br>Observamos en esta porción de las Sagradas Escritura que esta intervención divina requirió que Jacob y los suyos renunciaran a la idolatría y a toda clase de contaminación. Afirmamos que esta verdad bíblica nunca ha perdido su vigencia.<br><br>Ese pasaje bíblico dice que Dios continuaba protegiendo a Jacob y a su familia. Además, acentúa que Jacob continuaba recibiendo revelación del Señor, que había aprendido a obedecer la voz de Dios y que había comenzado a ver los resultados de la mano de Eterno sobre él y sobre los suyos (vv. 2-4). La Biblia añade que este hombre iba edificando altares para el Señor por donde quiera que él iba (Gén 33:20; 35:6-7). En otras palabras, que estaba en comunión con Dios y que peregrinaba adorando al Señor.<br><br>Es entonces que surgen unos eventos que colocan a Jacob y a su familia al borde del despeñadero. En primer lugar, la muerte de Débora en Bet-el. Esta era “la ama” (“<i>yânaq</i>”, H3243), la nodriza de Rebeca (Gén 35:8), la madre de Jacob. La Biblia dice que Rebeca salió acompañada de su nodriza y de sus doncellas cuando se marchó de su casa para casarse con Isaac (Gén 24:59-61). Es interesante que el escritor del libro de Génesis no nos ofrece el nombre de esta en ese pasaje bíblico. Suponemos que Débora debió haber venido a vivir con la familia de Jacob después de la muerte de Rebeca.<br><br>Destacamos que nos es común que la Biblia señale esta clase de eventos. Esto es, describir la muerte de una persona que no conocíamos por su nombre hasta ese momento. Es por eso que esta nota editorial es tan importante. Parece que Débora se había convertido en alguien influyente en esa familia; alguien que brindaba estabilidad y balance al seno familiar.<br>&nbsp;<br>Una plataforma digital para estudios bíblicos (Bible Hub) nos dice lo siguiente acerca de este suceso:<br><br><i>“En el antiguo Israel, una nodriza era más que una cuidadora; a menudo se convertía en un miembro de confianza del hogar, involucrada en la crianza y guía de los niños. La mención de Débora al momento de su muerte sugiere que gozaba de considerable afecto y respeto en la familia de Jacob. Fuentes “midráshicas” destacan que siguió a Jacob a petición de Rebeca, cumpliendo su promesa de traerlo a casa, demostrando así su papel de compañera fiel y devota.<br>&nbsp; <br>La muerte de Débora ocurrió cerca de Betel, y fue enterrada bajo un roble llamado Alón-bacut, que significa "Roble del Llanto". Este nombre refleja el duelo y el respeto que inspiraba, simbolizando el fin de una era y los vínculos emocionales dentro del hogar patriarcal. Su muerte se registra en un momento crucial en la vida de Jacob, durante su regreso a la tierra de sus antepasados, lo que enfatiza la importancia de su presencia y la estabilidad que le brindó. Centro Bíblico<br>&nbsp; <br>La historia de Débora ilustra la experiencia humana de la pérdida y la importancia de honrar a quienes desempeñan un papel fundamental en nuestras vidas. Su lealtad, servicio y el duelo por su muerte resaltan la profundidad de las relaciones más allá de los lazos de sangre, demostrando que quienes cuidan y acompañan a otros pueden dejar un impacto espiritual y emocional duradero. Su vida y su muerte sirven como recordatorio de la devoción, la fidelidad y la influencia perdurable de quienes nutren y guían a otros.”</i>[3] (traducción libre)<br><br>Con toda probabilidad la muerte de Débora representaba para Jacob el inicio del cierre de las relaciones con las generaciones anteriores.<br><br>Es muy interesante que la Biblia ofrezca información acerca de la muerte de esta nodriza y no ofrezca detalles acerca de la muerte de Rebeca. Muchos exégetas bíblicos creen que la madre de Jacob y de Esaú murió antes que Isaac (Gén 35:27). Lo que la Biblia sí describe es que Rebeca fue sepultada en la tumba de los patriarcas junto a su esposo (Gén 49:31).<br><br>En segundo lugar, Jacob tiene que enfrentarse a la muerte de Raquel, la esposa que él amaba con locura (Gén 29:20). Esta pérdida ocurrió casi inmediatamente después de la muerte de Débora (Gén 35:16-20). Sin duda alguna que esta pérdida produjo unos resultados catastróficos en la vida de este hombre. Por ejemplo, su inclinación a proteger a sus hijos menores, José y Benjamín, los hijos que tuvo con Raquel. Al mismo tiempo, esto debió ser un agente catalítico para provocar en él la necesidad de reproducir en ellos una inversión del modelaje paterno filial que vio en Isaac. La Biblia dice que Isaac prefería a su primogénito. En cambio, Jacob privilegia a sus hijos más pequeños, particularmente a José.<br><br><i>“3 Jacob amaba a José más que a sus otros hijos porque le había nacido en su vejez. Por eso, un día, Jacob mandó a hacer un regalo especial para José: una hermosa túnica.”</i> (Gén 37:3, NTV)<br><br>La tercera pérdida que Jacob experimenta ocurre muy poco tiempo después de las anteriores: la muerte de Isaac su padre (Gén 35:27-29).<br><br>Estas pérdidas parecen haber provocado que Jacob perdiera la capacidad de ser un líder auto diferenciado. Esto es, su capacidad para separarse de los procesos emocionales circundantes se perdió.<br><br>Las capacidades que tenía este patriarca para operar a base de los principios rectores de su vida, las promesas y la visión que Dios le había dado a Abraham y a Isaac, también se perdieron. La narrativa bíblica acerca de la supuesta muerte de José acentúa que Jacob también perdió la capacidad y la disposición para exponerse y ser vulnerable ante los suyos.<br><br><i>“34 Entonces Jacob rasgó su ropa y se vistió de tela áspera, e hizo duelo por su hijo durante mucho tiempo. 35 Toda su familia intentó consolarlo, pero él no quiso ser consolado. A menudo decía: «Me iré a la tumba llorando a mi hijo», y entonces sollozaba.”</i> (Gén 37:34-35)<br><br>De hecho, el preludio de esa narrativa bíblica, la descripción de las luchas que había entre José y sus hermanos, revelan que Jacob había perdido la capacidad de autorregular sus emociones ante el sabotaje reactivo que esos hijos estaban desarrollando.<br><br>Al mismo tiempo, debemos comprender que Jacob al menos debió haber conocido el grado de tirantez que había entre ellos. La Biblia dice que ellos odiaban a José y que no había comunicación positiva (“<i>shâlôm</i>”, H7965) entre ellos.<br><br><i>“4 Pero sus hermanos lo odiaban porque su padre lo amaba más que a ellos. No dirigían ni una sola palabra <b>amable</b> hacia José.”</i> (Gén 37:4)<br><br>Esto formaba parte de la resistencia intrafamiliar que ellos estaban exhibiendo y que les impedía continuar operando como una familia unida. Por otro lado, la historia bíblica nos dice que José era el que le contaba a Jacob acerca de las fechorías que cometían sus hermanos.<br><br><i>“2 Este es el relato de Jacob y su familia. Cuando José tenía diecisiete años de edad, a menudo cuidaba los rebaños de su padre. Trabajaba para sus medios hermanos, los hijos de Bilha y Zilpa, dos de las esposas de su padre, así que le contaba a su padre acerca de las fechorías que hacían sus hermanos.”&nbsp;</i> (Gén 37:2)<br><br>En otras palabras, que de cierta manera Jacob expuso a José a ese peligro, probablemente con el fin de conocer acerca del comportamiento de sus otros hijos. Todo esto nos conduce a concluir que el preludio de la narrativa bíblica de lo que ocurrió a José, la descripción de las luchas que había entre José y sus hermanos, afirman que Jacob también había perdido sus capacidades para hacerle frente a la resistencia inercial que esos hijos estaban presentando.<br><br>Un dato que parece ratificar este punto es que el hombre a quien Dios llama Israel (v.10) y a quien le ratifica el pacto hecho a su abuelo y a su padre (vv. 12), vuelve a ser llamado Jacob luego de un caso de inmoralidad perpetrado por Rubén, el mayor de sus hijos (v.22). Ofreceremos nuestro análisis de esa historia en la próxima reflexión. En otras palabras, parece que Jacob había perdido la capacidad para operar desde la dimensión de la revelación de Dios para su vida.<br><br>De ahí en adelante, la historia de esta familia evidencia sin reserva alguna los efectos de la pérdida del equilibrio o el balance en la familia.<br><br>Creemos que la pérdida de la homeostasis en esta familia comenzó a ocurrir aquí. Las psicodinámicas individuales que encontramos en sus hijos evidencian que la estructura familiar había sido sacudida. Las narrativas bíblicas señalan que la presencia de Jacob como líder de confianza, con impacto afectivo, había comenzado a deteriorarse. Al parecer, las pérdidas experimentadas aislaron a Jacob y lo condujeron a perder su disposición para asumir la responsabilidad de su propia existencia emocional, al mismo tiempo que perdía sus capacidades para manejar las variables cruciales que él tenía que atender para poder ser capaz de continuar alcanzando el éxito como líder de este clan.<br><br>Sin duda alguna que el Señor tenía que intervenir en la familia de Jacob para poder conseguir que el cumplimiento de sus propósitos en esta. Esto forma parte de las características de la misericordia, la bondad y de la gracia de nuestro Señor. Él siempre está dispuesto a intervenir en nuestras tragedias como individuos y como familias. Él siempre está dispuesto para ayudarnos a enfrentar y manejar nuestras pérdidas y convertirlas en ganancia.<br><br>Existe una condición para que esto ocurra. El Señor ha prometido intervenir a nuestro favor en todos los momentos en los que nosotros declaramos y aceptamos nuestra incapacidad para llevar a cabo nuestra tarea. Se trata de esos momentos en los que somos invitados por Dios a reconocer nuestra incapacidad: aprender a decir “no puedo.” Vemos que Dios se inserta en esos escenarios con poder y gracia cuando confesamos nuestra incapacidad.<br><br>La Biblia dice que Moisés experimentó esto dirigiendo a la gran familia del pueblo de Israel. La narrativa bíblica dice que él admitió que no era capaz de llevar a cabo esa tarea por sí solo. La Biblia dice que Dios le hizo provisión de un plan poderoso.<br><br><i>“14 <b><u>No puedo yo solo soportar</u></b> a todo este pueblo, que me es pesado en demasía.”</i> (Núm 11:14, RV1960)<br><br><i>“9 En aquel tiempo yo os hablé diciendo: <b><u>Yo solo no puedo llevaros</u></b>. 10 Jehová vuestro Dios os ha multiplicado, y he aquí hoy vosotros sois como las estrellas del cielo en multitud. 11 ¡Jehová Dios de vuestros padres os haga mil veces más de lo que ahora sois, y os bendiga, como os ha prometido! 12 Cómo llevaré yo solo vuestras molestias, vuestras cargas y vuestros pleitos? 13 Dadme de entre vosotros, de vuestras tribus, varones sabios y entendidos y expertos, para que yo los ponga por vuestros jefes. 14 Y me respondisteis y dijisteis: Bueno es hacer lo que has dicho.”</i> &nbsp;(Det 1:9-14)<br><br>La Biblia dice que esta experiencia se repitió al final de la vida de Moisés y que él volvió a decir “no puedo.”<br><br><i>“1 Fue Moisés y habló estas palabras a todo Israel, 2 y les dijo: Este día soy de edad de ciento veinte años; <b>no puedo más salir ni entrar</b>; además de esto Jehová me ha dicho: No pasarás este Jordán. 3 Jehová tu Dios, él pasa delante de ti; él destruirá a estas naciones delante de ti, y las heredarás; Josué será el que pasará delante de ti, como Jehová ha dicho. 4 Y hará Jehová con ellos como hizo con Sehón y con Og, reyes de los amorreos, y con su tierra, a quienes destruyó. 5 Y los entregará Jehová delante de vosotros, y haréis con ellos conforme a todo lo que os he mandado. 6 Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará.”</i> (Det 31:1-6)<br><br>La Biblia dice que Dios hizo provisión de un plan de transición para manejar esa incapacidad.<br><br><i>“7 Y llamó Moisés a Josué, y le dijo en presencia de todo Israel: Esfuérzate y anímate; porque tú entrarás con este pueblo a la tierra que juró Jehová a sus padres que les daría, y tú se la harás heredar. 8 Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides.”&nbsp;</i> (Det 31:7-8)<br><br>Encontramos otro ejemplo en una de las historias acerca David. La Biblia dice que este joven procuraba prepararse para enfrentar a Goliat y le había sido recomendado que utilizara las armas de combate de otra persona. David dijo “no puedo.” La Biblia dice que Dios hizo provisión de un plan perfecto y glorioso: enseñar a David a confiar en la “herramientas” que Dios le había provisto. David derrotó a Goliat, pero esto requirió que David echara de sí todo aquello que no formaba parte del plan de Dios.<br><br><i>“39 Y ciñó David su espada sobre sus vestidos, y probó a andar, porque nunca había hecho la prueba. Y dijo David a Saúl: <b><u>Yo no puedo andar con esto</u></b>, porque nunca lo practiqué. Y David echó de sí aquellas cosas. 40 Y tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo.” </i>(1 Sam 17:39-40)<br><br>También lo vemos en Job teniendo que aceptar en medio de sus crisis que no le quedaban fuerzas ni podía valerse por sí mismo.<br><br><i>“11 Ya no me quedan fuerzas para resistir, ni razón alguna para seguir viviendo. 12 No tengo la dureza de la roca, ni la consistencia del bronce. 13 No puedo valerme por mí mismo, ni cuento con ningún apoyo.” &nbsp;</i>(Job 6:11-13, DHH)<br><br>La Biblia dice que Dios resolvió esto recetándole a Job una medicina infalible: un encuentro profundo y sublime con el Señor.<br><br><i>“5 De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven.”</i> (Job 42:5, RV 1960)<br><br>Jacob no admitió su incapacidad para manejar las situaciones de su familia. Jacob aparentó confiar en su auto suficiencia. Un problema monumental que subyace en esta actitud es que la Biblia dice que Dios no valida ni aprueba nuestra auto suficiencia. Tenemos que reconocer nuestra insuficiencia para poder ser capaces de experimentar su poder.<br><br><i>“29 El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.”</i> (Isa 40:29)<br><br>La invitación es muy sencilla: reconozcamos nuestra dependencia de Dios y acerquemos confiadamente al trono de la gracia para que seamos capaces de alcanzar misericordia y hallar gracia para el socorro oportuno que Él ha prometido (Heb 4:16).<br><br><br>&nbsp;<br>[1] Friedman, Edwin H. 1985. Generation to Generation: family process in church and synagogue. New York, NY: The Guilford Press.<br>[2] Sof 1:15; Job 30:3 https://aboutholocaust.org/en/facts/what-is-the-difference-between-holocaust-and-shoah<br>[3] https://biblehub.com/topical/d/death_of_deborah,_rebekah's_nurse.htm<br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1046 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 1 de marzo del 2026</title>
						<description><![CDATA[1046 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 1 de marzo del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: un marco teórico para el análisis de la familia de Jacob “28 Estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que su padre dijo a sus hijos al despedirse de ellos. Los bendijo con un mensaje apropiado para cada uno. 29 Entonces Jacob les dio las siguientes instrucciones: «Yo mor...]]></description>
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			<pubDate>Sun, 01 Mar 2026 07:27:31 +0000</pubDate>
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Entiérrenme junto con mi padre y mi abuelo en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita. 30 Es la cueva del campo de Macpela, cerca de Mamre, en Canaán, la cual Abraham compró a Efrón el hitita como lugar de sepultura permanente. 31 Allí están enterrados Abraham y su esposa Sara; allí también están enterrados Isaac y su esposa Rebeca; y allí enterré a Lea. 32 Es la parcela de tierra y la cueva que mi abuelo Abraham les compró a los hititas». 33 Cuando Jacob terminó de dar este encargo a sus hijos, metió los pies en la cama, dio su último suspiro y se reunió con sus antepasados al morir.”</i> (Gén 49:28-33, NTV)<br><br>En nuestra reflexión anterior comenzamos a analizar el modelo de la familia de Jacob. Esta reflexión fue dedicada casi en su totalidad a la revisión del contexto familiar de donde surgió este patriarca bíblico. Esto es, el modelo de la familia de Isaac.<br><br>Nos parece impresionante e impactante el alto nivel de disfuncionalidad que encontramos en la casa de Isaac. Aún más las manifestaciones de la misericordia y el favor de Dios exhibidos en esta. Estas pueden ser encontradas en el hecho de que el Señor haya utilizado ese contexto familiar, con “sus arrugas y verrugas,” para el cumplimiento de las promesas que Dios le hizo a Abraham. En otras palabras, encontramos manifestaciones plenas de estas en el hecho de que Dios haya decidido utilizar el linaje de esa familia para regalarnos la nación de Israel y sobre todo, a Cristo: el Señor y Salvador del mundo.<br>Es importante destacar que Jacob emerge de ese modelo de familia para establecer y desarrollar el suyo. Los eventos que ocurren en la casa de Jacob, los conflictos que surgen y/o que sus miembros enfrentan, los procesos para la toma de decisiones y todas las interacciones que la Biblia relata sobre esa casa están matizados e influenciados por el modelo de familia del que él emerge.<br><br>La porción bíblica que aparece en el epígrafe de esta reflexión nos muestra un “final feliz” y dichoso para Jacob frente a su familia. Ese pasaje bíblico nos dice que Jacob muere lleno de días y rodeado por los suyos. De hecho, este patriarca muere dando instrucciones. No obstante, las narrativas bíblicas nos permiten conocer que el peregrinaje de esta familia fue uno muy accidentado. En otras palabras, la historia que relatan los versos que encontramos en el capítulo 49 del libro de Génesis son el resultado de la intervención divina y de la disposición de varios miembros de la familia de Jacob para obedecer y someterse a la voluntad del Señor.<br><br>Ahora bien, nos parece que la teoría de sistemas de familia que ofrece las mejores explicaciones teóricas y los mejores principios fundamentales para el análisis del modelo de familia de Jacob es la propuesta por Edwin Howard Friedmann (1932–1996): “Family systems theory” o “Model of Family Systems Thinking”. Friedman fue un rabino judío, fundador de la congregación Bethesda en Washington D.C. que se especializó en terapia de familias y en liderazgo congregacional. Uno de sus libros, “<i>Generation to Generation: family process in church and synagogue</i>”,[1] se convirtió en un clásico sobre teorías de sistemas familiares, toda vez que se enfocaba en el comportamiento de familias que asisten a las iglesias y a las sinagogas.<br>&nbsp;<br>A grandes rasgos, una teoría es una sugerencia o especulación sobre por qué ocurre algo y puede basarse en diversas filosofías, por ejemplo, «cuando esto ocurre, sucede lo siguiente» o «en esta situación, esto es lo próximo que debe ocurrir porque….».<br><br>Veamos una definición formal de este concepto:<br><br><i>“…una teoría es una serie de leyes que dan cuenta de un determinado fenómeno del universo, y que involucran normalmente tres elementos:<br>&nbsp;</i><ul><li><i>Un conjunto de hipótesis comprobadas, que sirven de punto de partida;</i></li><li><i>Un campo de aplicación, o sea, las cosas que explica la teoría;</i></li><li><i>Un conjunto de reglas que permiten extraer consecuencias válidas de las hipótesis.</i></li></ul><i>&nbsp; <br>Como se verá, cuando hablamos de una teoría, especialmente en el campo de las ciencias, no estamos hablando de una especulación, ni de una ocurrencia o una explicación posible entre muchas, sino de un verdadero entramado lógico de evidencias, argumentaciones y demostraciones que constituyen un sistema unificado. Al contrario de lo que su utilización popular sugiere, una teoría es lo más cerca que se puede estar científicamente de la verdad.<br>&nbsp; <br>Tipos de teoría</i><br><i><br>&nbsp;A grandes rasgos, podemos distinguir tres tipos de teorías, que son:</i><ul><li><i>Descriptivas,</i><ul><li><i>que identifican y detallan los rasgos de uno o varios acontecimientos o fenómenos bajo estudio. Buscan crear un modelo objetivo que refleje el accionar de la naturaleza.<br></i></li></ul></li></ul><i><br></i><ul><li><i>Explicativas,&nbsp;</i><ul><li><i>que abarcan dos o más fenómenos distintos para hallar la correlación entre ellos y determinar las leyes fundamentales que contienen su relación. Son aquellas que intentan construir relaciones de causa y efecto.<br></i></li></ul></li></ul><i><br></i><ul><li><i>Predictivas,&nbsp;</i><ul><li><i>que a partir de una relación causa y efecto ya descrita y explicada, se dedican a la inducción, o sea, a la extrapolación y la proyección de fenómenos posibles o de vínculos insospechados entre fenómenos. Procuran conectar puntos lejanos en la matriz de la realidad.”</i>[2]</li></ul></li></ul><br>La teoría de familia que esbozó Friedman es una de varias propuestas teóricas que pueden ayudarnos a entender por qué ocurrieron los eventos que Jacob y su familia tuvieron que enfrentar. Esta también nos ayudará a comprender muchas de las reacciones que se observan en sus miembros. Arribamos a la conclusión de que esta es la más adecuada para analizar este modelo de familia luego de examinar algunas de las otras teorías de familia que se han esbozado. Tenemos que admitir que el contexto religioso en el que Friedman desarrolló la misma pesó mucho en nuestra decisión.<br><br>Una nota editorial muy importante que tenemos que compartir es que Dios no necesita teorías ni modelos para llevar a cabo su voluntad. Somos nosotros los que necesitamos estos marcos teóricos-científicos para poder entender mejor lo que la Biblia nos está comunicando. En este caso, lo relacionado a los modelos de familia.<br><br>Es necesario que presentemos algunos puntos vitales de la teoría de Friedman con la finalidad de conocer porqué es que esta es tan pertinente para el análisis de la familia de Jacob. La presentación de estos puntos no pretende sustituir la necesidad de estudiar la totalidad de esta teoría. Es obvio que esta plataforma de reflexiones pastorales y teológicas no es la adecuada para hacer esto último.[3]<br><br>Comenzamos señalando que Friedman comenzó a desarrollar esta teoría motivado por las historias de angustias narradas por ministros, rabinos, sacerdotes y monjas cuando ellos explicaban los conflictos que encontraban en los miembros de sus congregaciones. Friedman también destaca las luchas jerárquicas que estos conflictos provocan en las congregaciones y la ambivalencia que experimentan los miembros y los ministros de esas congregaciones en sus respectivos senos familiares.<br><br>Las similitudes entre estas historias lo condujeron a arribar a dos (2) conclusiones. En primer lugar, que la familia es una experiencia “ecuménica” (en el sentido amplio de este concepto). Esto es, que las situaciones y los conflictos de familia trascienden los lineamientos y las fronteras religiosas. Todas las familias enfrentan problemas entre sus miembros sin importar cuál sea su trasfondo religioso. En segundo lugar, que aquello que más provoca la unidad de los líderes espirituales no son sus creencias o prácticas, sino los factores que contribuyen al estrés que todos ellos sufren.[4] En este caso, el estrés producido al tratar de ayudar a las familias que componen sus congregaciones.<br>&nbsp;<br>Uno de los énfasis o premisas fundamentales que Friedman imprime en su teoría es que él ve la familia como una unidad. Por lo tanto, que la aplicación y la orientación de la terapia de familia no puede enfocarse en aquel miembro que presenta alguna sintomatología. Friedman insiste en que hay que ver la familia como un todo. Él subraya que las psicodinámicas individuales que encontramos en estas tienen que ser consideradas dentro del contexto familiar como reacciones o respuestas a este. Esa premisa provoca esta otra: Friedman señala que cada persona en una familia desempeña un papel en la forma en que funcionan las demás personas en ese sistema familiar. En otras palabras, la familia opera igual que una organización en donde el funcionamiento de cualquier miembro, incluyendo al líder, desempeña un papel significativo en el funcionamiento de los demás miembros de esta.<br><br>Friedman también hace énfasis en el poder de la “presencia” del líder de una familia u organización. Para él, esa “presencia” es la huella de confianza, aplomo, porte, calma, concentración y energía que ese líder deja dondequiera que va: un espíritu, una esencia y un impacto afectivo que impregna una organización. Friedman señala que esa presencia se relaciona con la madurez emocional, la disposición para asumir la responsabilidad de su propia existencia emocional, de su propio destino y de las variables cruciales que tiene que manejar para poder alcanzar el éxito como líder.<br><br>Hay un elemento importante de la teoría de familia que propone Friedman que debe ser considerado aquí. Se trata del concepto de la auto diferenciación en el líder de la familia. La auto diferenciación es un proceso psicológico y emocional de madurez que permite a un individuo definir su propio "yo", separado de las emociones y opiniones de los demás, especialmente en el contexto familiar. Implica mantener la individualidad y autonomía emocional incluso en relaciones estrechas o bajo presión, fomentando relaciones más sanas y estables.<br><br>La auto diferenciación no es solo la separación física, sino la capacidad de mantener el autocontrol y la identidad propia dentro del sistema emocional.<br>&nbsp;Friedman lo describe utilizando características y ejemplos que encontramos en las grandes figuras que se destacaron en el Renacimiento (1300- 1600).[5] Esta fue una época después de la Edad Media en la que resurgió el interés por los clásicos grecorromanos, los descubrimientos científicos y la exploración de otros continentes. El estudio de la vida de muchos de los gigantes que vivieron en esa época condujo a Friedman a llegar a las siguientes conclusiones sobre la conducta y la personalidad de ellos.&nbsp;<br>&nbsp;&nbsp;<ul><li>desarrollaron la capacidad de separarse de los procesos emocionales circundantes.</li><li>desarrollaron la capacidad para obtener claridad sobre los principios que regían sus vidas, así como la visión adecuada de sus proyectos o retos.</li><li>desarrollaron la disposición para exponerse y ser vulnerables.</li><li>desarrollaron la persistencia para enfrentar la resistencia inercial.[6]</li><li>desarrollaron la autorregulación de las emociones ante el sabotaje reactivo.</li></ul><br>La suma de estas características es definida por Friedman como auto diferenciación. Un líder de familia que es efectivo posee esta cualidad.<br><br>Estas características pueden ser encontradas en los líderes de comunidades religiosas (pastores, rabinos, sacerdotes). Enfatizamos que las comunidades religiosas operan como familias de la fe.<br><br>En el caso de los líderes congregacionales Friedman señala que nuestra participación con las familias de la iglesia durante los ritos de iniciación (“<i>rites of passage</i>”), eventos de los ciclos vitales tales como las bodas, partos, quinceañeros, funerales, nos convierte en figuras vitales para ayudar en la terapia de familia. Dice él que estos ritos constituyen los momentos más propicios para integrar y transformar cualquier sistema familiar. Él afirma que los eventos de los ciclos vitales son "bisagras del tiempo" en las que las puertas pueden abrirse o cerrarse durante generaciones.[7] Friedman añade a esto la importancia que poseen los años en los que estamos relacionándonos con estas familias. Él afirma que esta es una de las razones por la que los líderes congregacionales pueden ser tan efectivos al enfocarse en el sistema de relaciones familiares en general, en vez de en las psicodinámicas de algunos de sus miembros.[8] Él añade que somos mucho más efectivos cuando hemos desarrollado las características de líderes auto diferenciados.<br><br>Ver la familia como una organización también conduce a Friedman a analizar la familia como un sistema vivo, en el que líderes y seguidores están íntimamente conectados a través de un campo emocional que ellos han creado. En este sistema se producen efectos positivos o negativos para la salud de la organización.<br><br>Él hace mucho énfasis en el concepto del campo emocional en su teoría de familia. Él decía que los miembros de una organización están entrelazados en un sistema de procesos emocionales en espiral, un campo emocional similar a un campo magnético[9]. Sobre esto último, el Dr. David Cox ha dicho lo siguiente:<br><br><i>“El modelo de liderazgo de la teoría de campos enfatiza el efecto de la presencia diferenciada de un líder en los procesos emocionales del sistema, la medida en que los líderes se expresan ante los demás y distinguen entre sí mismos y las personas que los rodean. Friedman (1996a, 1996b, 1999) se preocupó especialmente por los campos emocionales creados por líderes que valoran la unión por encima de la individualidad, la creatividad o la imaginación. Observó que «cuando un miembro autodirigido, imaginativo, enérgico o creativo (en un nivel inferior de la jerarquía organizacional) se ve constantemente frustrado y saboteado en lugar de animado y apoyado, el 100 % de las veces será cierto que, independientemente de si los disruptores son supervisores, subordinados o compañeros, la persona en la cima de esa institución será un pacifista» (1996b, pp. 35-36), una persona que cree que los buenos sentimientos son más importantes que el progreso y que se esfuerza al máximo por evitar la ansiedad y el conflicto a toda costa.”</i>[10]<br><br>Friedman afirma que los seguidores no tienen que observar directamente a un líder, ni siquiera ser parte de una jerarquía directa en la "cadena de mando", para verse afectados, positiva o negativamente por lo que sucede en ese sistema. El funcionamiento y la dirección que el líder le imprime a esa organización, en este caso a su familia, es más que suficiente para impactar a los miembros de esta. Él dice que estos lo seguirán dondequiera que él vaya. Esto será así si el líder (es decir, la cabeza) de una organización define claramente la dirección que sigue y si este se mantiene conectado con los miembros de esta. En estos casos la relación de causa-efecto será automática.<br><br>Simultáneamente, un líder debe ser consciente de que no se puede lograr un cambio en una organización sin alterar la homeostasis de esta. Este es un concepto clave en esta teoría. ¿Qué es la homeostasis?<br><br>“<i>Homeostasis: la tendencia de cualquier conjunto de relaciones a esforzarse perpetuamente, de forma autocorrectiva, por preservar los principios organizadores de su existencia.</i>”[11]<br><br>Este elemento es vital para que una familia exista. Debemos entender que hace falta cierta clase de balance para que esta pueda mantener la continuidad necesaria para conservar su identidad. Regularmente, este balance es sostenido por algún miembro o alguna combinación de miembros de esta. En el sur de los Estados Unidos se conoce a esta persona como el “<i>cane tapper</i>”, aquella persona que golpea el suelo con su bastón cuando va a decir algo importante. La tradición sureña destaca que generalmente todos los presentes hacen silencio cuando esto ocurre para poder prestar atención y escuchar lo que esta persona va a decir.<br><br>Friedman señala que algo extraordinario ocurre cuando esta persona desaparece o deja de realizar sus funciones. Él afirma que por lo general es aquí que se pierde la homeostasis en la familia y que este desplazamiento provoca que surja la figura de lo que él llama “paciente identificado.”[12] Esto es, que uno o más de los miembros de la familia comenzarán a presentar comportamientos y/o conductas[13] que no son típicas en esa familia o que abrazarán conductas tales como uso de sustancias, uso de la violencia, distanciamiento de la familia, etc.<br><br>Debemos señalar que se necesita una enorme cantidad de energía para desequilibrar un sistema. Sin embargo, es sumamente importante entender que el sistema debe alterarse significativamente para lograr un cambio. Esta alteración podría producir que algún síntoma se desencadene de forma involuntaria. Por ejemplo, los provocados por un problema personal, por tensiones en las relaciones, por la salud de un miembro y/o su comportamiento disfuncional. Esto, generalmente, provocará que un miembro de la familia se reubique en una posición distinta dentro de la organización familiar.<br><br>Friedman realiza una serie de recomendaciones para tratar con estas situaciones. Una de estas es que hay enfocarse (centrarse) en los procesos (incluyendo los emocionales), en lugar de enfocar en el contenido sintomático que observamos en el miembro de la familia que presenta cambios en su conducta y/o en su comportamiento. Otra, que tenemos que ver los efectos de estos procesos como partes integrales de las estructuras familiares en lugar de verlos como un punto final en las cadenas lineales de las causas o las fuentes de los problemas que enfrentamos como familia. Él añade que hay que procurar eliminar los síntomas modificando la estructura de la familia en lugar de intentar cambiar directamente la parte disfuncional de esta.<br><br>Friedman también aconseja que se procure predecir el funcionamiento (en la estructura) de un miembro determinado de esa familia. Esto, dice él, no debe realizarse analizando la naturaleza de ese miembro. Él sugiere que esto debe hacerse observando la posición que ese miembro ocupa en el sistema familiar. Estaremos presentando ejemplos de esto en nuestro análisis de la familia de Jacob.<br><br>Veamos por qué Friedman destaca este dato en su teoría de familia. Hay especialistas en la conducta humana que han comprobado que el orden de nacimiento promueve conductas que podemos clasificar como típicas o esperadas.<br><br>Por ejemplo, sabemos que los primogénitos tienden a ser perfeccionistas, batallan para llenar las expectativas que se tienen de ellos y que por lo general son confiables y más conscientes de las situaciones. Generalmente, a ellos les gusta hacer listas, organizar los sistemas, son críticos y casi siempre son muy serios. Se ha identificado que la mayoría de ellos cree en la autoridad, en los rituales y que suelen ser conservadores. Además, se ha comprobado que los primogénitos tienden a ser legalistas, que procuran que las cosas se hagan por “el libro,” y que desarrollan la tendencia a ser leales y a ser auto suficientes. Al mismo tiempo, a la mayoría de estos no les gustan las sorpresas, casi siempre son “<i>goal oriented</i>” (dirigidos por metas para alcanzar) y que se inclinan a ser dominantes, negociadores e influyentes.<br><br>En cambio, los hijos que nacen en el medio son muy difíciles de clasificar. Ellos tienden a ser una pléyade de contradicciones. Es muy complicado determinar o de descifrar hacia dónde irán. Muchos de ellos tienen la propensión a rebotar en la dirección contraria al primogénito. Se ha comprobado que por lo general ellos pueden ser los más monógamos de todos. Muchos especialistas subrayan que los mueve el deseo de hacer que alguna relación en su vida funcione: para ellos. Son competentes, negociadores naturales y se inclinan a buscar solaz en otros fuera de la familia inmediata.<br><br>Los menores desarrollan la tendencia a ser los payasos del hogar o aquellos que procuran entretener a los demás. Casi siempre se sienten rechazados, o que no son tomados en serio. Ellos son impactados con frecuencia con frases tales como: “ustedes son los menores”, “los más jóvenes”, “los más débiles,” “los de menos experiencia”, “los menos capaces.” Por lo general se les dice lo que tienen que hacer. Esto ocurre así hasta que descubren su independencia. Es entonces que desarrollan la tendencia a vivir para demostrarle a la familia que ellos sí son capaces. Usualmente se convierten en personas extrovertidas (“<i>outgoings</i>”) que se expresan muy bien. La mayoría de ellos se comportan en sus trabajos como veleros movidos por el viento de la empresa en la que trabajan. O sea, que fluyen y procuran sentirse a gusto allí. Además, por lo general son orientados hacia las personas (“<i>people oriented</i>”).<br><br>Estos datos tienen enormes implicaciones para los enfoques de la consejería prematrimonial que se centran en la posición de los novios en sus respectivas familias de origen. Friedman señala que no podemos descartar la importancia de estos datos. No obstante, él señala que hay que enfocarse en la adaptación de las personalidades de estos dentro de la estructura familiar de la que provienen.[14]<br><br>Nuestra próxima reflexión nos colocará en una mejor posición para manejar esta teoría. Tal y como hemos compartido en reflexiones anteriores, el análisis de la familia de Jacob nos permitirá observar cómo se pierde la homeostasis en esta. También veremos cómo Dios inserta su mano de misericordia para provocar que esa familia pudiera recuperar ese equilibrio o balance. Además, veremos transformaciones en la estructura de esa familia que fueron esenciales para poder dar a luz una nación: la de Israel, así como para ser la matriz de donde nació Jesucristo, el Salvador del mundo.<br><br><br>&nbsp; <br>[1] Friedman, Edwin H. 1985. Generation to Generation: family process in church and synagogue. New York, NY: The Guilford Press.<br>[2] https://concepto.de/teoria/<br>[3] Hay algunos resúmenes ejecutivos muy buenos. Uno de estos, escrito por el Dr. David Cox, “The Edwin Friedman Model of Family Systems Thinking: Lessons for Organizational Leaders.” (https://pdfs.semanticscholar.org/9ac8/53d5ffae6aecbac2a8ada006b4ddd0f4a326.pdf)<br>[4] Friedman, Edwin H. 1985, Op.cit., p.1<br>[5] https://www.britannica.com/event/Renaissance<br>[6] La resistencia adicional que hace el medio para que algo que está fluyendo continúe su curso (https://glossary.slb.com/terms/i/inertial_resistance).<br>[7] Op.cit., pp. 5-6.<br>[8] Op.cit., p.12<br>[9] Wheatley, M. J. (1999). Leadership and the new science: Discovering order in a chaotic world. (2nd Ed.). San Francisco: Berrett-Koehler<br>[10] &nbsp;Cox, David. “The Edwin Friedman Model of Family Systems Thinking: Lessons for Organizational Leaders.” (https://pdfs.semanticscholar.org/9ac8/53d5ffae6aecbac2a8ada006b4ddd0f4a326.pdf)<br>[11] Op.cit. p.23.<br>[12] Op.cit. pp 21-80.<br>[13] Aunque los términos “conducta” y “comportamiento” se utilizan a menudo de manera intercambiable, tienen significados distintos en el ámbito de la psicología. La conducta se refiere a acciones observables y medibles, mientras que el comportamiento incluye tanto acciones como procesos internos que influyen en esas acciones. Comprender estas diferencias puede ayudar a analizar mejor cómo las personas actúan y se relacionan con su entorno. <br>[14] Op.cit., p. 18<br><br><br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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			<title>1045 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 22 de febrero del 2026</title>
						<description><![CDATA[1045 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 22 de febrero del 2026Familias dirigidas por el Espíritu Santo: la familia de Jacob “28 Estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que su padre dijo a sus hijos al despedirse de ellos. Los bendijo con un mensaje apropiado para cada uno. 29 Entonces Jacob les dio las siguientes instrucciones: «Yo moriré pronto y me uniré con mis ante...]]></description>
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			<pubDate>Sun, 22 Feb 2026 07:14:06 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<section class="sp-section sp-scheme-0" data-index="1" data-scheme="0"><div class="sp-section-slide"  data-label="Main" ><div class="sp-section-content" ><div class="sp-grid sp-col sp-col-24"><div class="sp-block sp-text-block " data-type="text" data-id="0" style=""><div class="sp-block-content"  style=""><b>1045 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 22 de febrero del 2026<br>Familias dirigidas por el Espíritu Santo: la familia de Jacob</b> <br><br><i>“28 Estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que su padre dijo a sus hijos al despedirse de ellos. Los bendijo con un mensaje apropiado para cada uno. 29 Entonces Jacob les dio las siguientes instrucciones: «Yo moriré pronto y me uniré con mis antepasados. Entiérrenme junto con mi padre y mi abuelo en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita. 30 Es la cueva del campo de Macpela, cerca de Mamre, en Canaán, la cual Abraham compró a Efrón el hitita como lugar de sepultura permanente. 31 Allí están enterrados Abraham y su esposa Sara; allí también están enterrados Isaac y su esposa Rebeca; y allí enterré a Lea. 32 Es la parcela de tierra y la cueva que mi abuelo Abraham les compró a los hititas». 33 Cuando Jacob terminó de dar este encargo a sus hijos, metió los pies en la cama, dio su último suspiro y se reunió con sus antepasados al morir.”</i> (Gén 49:28-33, NTV)<br><br>El análisis del modelo bíblico de familia de Jacob presenta unos retos extraordinarios. Por un lado, encontramos que los contextos familiares de los que él proviene, el de Abraham su abuelo y el de Isaac su padre, nos presentan muchas avenidas para estudiar. El impulso visceral de querer dedicarnos al análisis de estos contextos es grande. Estamos convencidos de que debemos estudiarlos a fondo y por separado.<br><br>En esta reflexión procederemos a dedicarle unos párrafos al análisis del modelo de familia que nos ofrece Isaac, el padre de Jacob. La razón por la que lo haremos es obvia. Estamos convencidos de que la casa de Isaac afectó la vida de Jacob y lo condicionó a desarrollar el modelo de familia que él ensambló: el que queremos analizar.<br><br>Advertimos que este análisis preliminar es tan solo el resumen de un grupo de pinceladas de todas las alternativas que nos ofrece el modelo de familia de Isaac. Repetimos que el propósito de traerlo a la consideración de los lectores no es conocer ese modelo a profundidad, sino que este nos pueda servir como una pista de despegue y de aterrizaje para el análisis del modelo de familia de Jacob.<br><br>La propuesta que formularemos en esta batería de reflexiones es simple. El modelo de familia de Jacob responde al comportamiento que encontramos en aquellas familias en las que se pierde la figura que mantiene el balance en estas. Edwin Friedman[1] llamó a esto la pérdida de la homeostasis o equilibrio de un sistema. Compartiremos algunos de detalles de la teoría de familia que este gigante académico y religioso un poco más adelante en esta batería de reflexiones.<br>&nbsp;<br>La Biblia nos permite conocer que Jacob es el líder de una familia altamente disfuncional. Este dato es glorioso porque afirma que Dios puede escoger esa clase de familias para manifestarse a través de estas con poder y gloria.<br><br>La familia de la que Jacob emerge también presenta dificultades en muchos escenarios. Un ejemplo de esto son los escenarios de los procesos de proyección familiar.<br><br>La Biblia nos presenta varios incidentes en los que vemos la transmisión de patrones emocionales y de ansiedades de generación en generación dentro de un sistema familiar. En el caso de Jacob, este experimenta y propicia la transmisión de estos patrones entre los suyos porque lo vivió en el seno de la casa de Isaac. Advertimos que este proceso de proyección también se puede observar en la dinámica congregacional, afectando el liderazgo y el funcionamiento general de cualquier iglesia.<br><br>Un ejemplo de estos procesos de proyección lo encontramos en las narrativas del libro de Génesis. Estas nos permiten ver a Abram pidiéndole a su esposa Sarai que dijera que ella era su hermana. Esto, por miedo a que lo mataran para poder quedarse con ella (Gén 12:10-20). Esta reacción fue provocada por el hambre que había en la región del Neguev (vv.9, 12), lugar en el que Abram vivía.<br><br>Abraham (ya Dios le había cambiado el nombre, Gén 17:5), repitió este patrón cuando se mudó a Gerar, entre Cades y Shur (Gén 20:1-18). Una vez más, él acudió a pedirle a Sara que dijera que ella era su hermana para evitar así que lo mataran. La Biblia dice que este patrón también fue repetido por Isaac, esta vez cuando se él mudó a Gerar debido al hambre que había en la región en la que él vivía (Gén 26:1-11).<br><br>Estos datos nos permiten ver la manifestación de la misericordia divina al seleccionar esta familia para reglarnos al padre de la fe y la genealogía de Cristo nuestro Señor y Salvador. Dios decidió hacer esto a pesar de las debilidades familiares y de las grietas en el carácter que estos patriarcas exhibieron.<br><br>La Biblia nos dice que la familia de Jacob experimentó problemas con el autoconocimiento y el autocontrol. Ella revela que Jacob necesitó que Dios le cambiara el nombre para poder encontrarse a sí mismo y que sus hijos tuvieron problemas para manejar los impulsos de realizar actos violentos (Gén 34, la historia de Dina; Gén 37:12-28, la historia de la venta de José). Estas características predican la incapacidad que ellos tenían para navegar las complejidades emocionales de sus roles, la incapacidad para mantener la integridad, tanto como individuos, así como familia y la ausencia de salud en el sistema de familia que Jacob lideraba. Sin duda alguna que el génesis de estas incapacidades fue el modelo de familia de Isaac.<br><br>Estos datos nos colocan ante la necesidad de analizar el modelo de familia en el que Jacob se formó: el de la casa de Isaac. ¿Qué sucedió con Jacob en esa familia? La Biblia incluye en la narrativa acerca de la casa de Isaac que Jacob experimentó problemas con el orden de nacimientos en ese hogar. Haber nacido como el menor de la casa lo colocó en una posición de desventaja y generadora de muchos conflictos. Esta es quizás una de las razones por las que él sobre protegía a los más pequeños de su casa.<br><br>El modelo paternal que él poseía de su padre Isaac pudo haber sido adecuado en términos de la fe y de la promesa profética. No obstante, el modelo relacional, los triángulos emocionales, las tensiones existentes entre él y su padre le condujeron a permitir la participación de una tercera persona para resolver estos.<br><br>Es aquí que encontramos en acción la figura de su madre, Rebeca. Esto no solo creó una distracción de los escenarios relacionales antes mencionados, sino que produjo un conflicto muy serio entre todos los miembros de esa familia. En otras reflexiones acerca de este tema examinaremos la importancia que tiene comprender estos triángulos. Esto es crucial para abordar los patrones de comunicación y los conflictos dentro de las familias y las organizaciones.<br><br>La realidad es que Isaac había vivido una experiencia similar en la casa de sus padres. Las luchas entre Sara, su progenitora y Agar e Ismael, habían creado un conflicto que todavía está vivo en la posmodernidad. Jacob debió haber sido afectado por esto. Lo sabemos porque la Biblia dice que Isaac e Ismael mantenían cierto grado de relaciones. Ella dice que ambos participaron en el sepelio de Abraham (Gén 25:9). La Biblia también dice que Esaú se casó con una de las hijas de Ismael (Gén 28:9). En otras palabras, que Jacob debió haber tenido algún grado de experiencia relacional con el clan del medio hermano de su padre.<br><br>Por otro lado, la Biblia señala que Sara murió cuando Isaac tenía cerca de 37 años.[2]<br>&nbsp;<br><i>“1 Fue la vida de Sara ciento veintisiete años; tantos fueron los años de la vida de Sara. 2 Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer duelo por Sara, y a llorarla.”</i> (Gén 23:1)<br><br>Es muy interesante que la Biblia dice que él pudo hallar consuelo para esa muerte cuando Eliezer le trajo a Rebeca. La Biblia dice que esto ocurrió tres (3) años después de la muerte de Sara.<br><br><i>“20 y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel arameo de Padan-aram, hermana de Labán arameo.”</i> (Gén 25:20).<br><br>Esto puede implicar que Isaac aún no había podido superar esa muerte; luego de tres (3) años.<br><br>Al mismo tiempo, es muy curioso el dato de que la Biblia dice que Isaac llevó a vivir a Rebeca a la tienda de campaña que había utilizado Sara.<br><br><i>“67 Luego Isaac la llevó a la carpa de Sara, su madre, y Rebeca fue su esposa. Él la amó profundamente, y ella fue para él un consuelo especial después de la muerte de su madre.”</i> (Gén 24:67, NTV)<br><br>Esto implica que Isaac pudo haber estado viviendo en la tienda de campaña de su madre durante tres (3) años antes de casarse. O sea, que él no había construido su propia residencia, aun cuando era el hijo de uno de los hombres más ricos que había en la tierra en ese momento. ¿Estaba Isaac demasiado cómodo en la casa de Abraham? Estas historias y sus implicaciones deben haber impactado la vida y el carácter de Jacob.<br><br>La Biblia también dice que Rebeca no podía tener hijos porque era estéril y que Isaac oró para que Dios hiciera el milagro. Encontramos en la Biblia que Dios hizo ese milagro cuando esta pareja tenía 20 años de matrimonio.<br><br><i>“26 Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz.” </i>(Gén 25:26).<br><br>Hay que reconocer que a los 60 años de edad uno está preparado para ser abuelo.<br><br>El relato bíblico continúa diciendo que el embarazo de Esaú y Jacob (mellizos) fue muy difícil, al punto que Rebeca prefirió morir a tener que continuar enfrentando las complicaciones de este.<br><br><i>“22 Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová; 23 y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor.”</i> (Gén 25:22-23, RV 1960)<br><br><i>“[22] And the children struggled together within her; and she said: ‘If it be so, wherefore do I live?’ And she went to inquire of the Lord. [23] And the Lord said unto her: Two nations are in thy womb, / And two peoples shall be separated from thy bowels; / And the one people shall be stronger than the other people; / And the elder shall serve the younger:”</i> (Gén 25:22-23, Tanakh, Hebrew English Bible)<br><br>Esa revelación colocó a Rebeca en posición de conocer con anticipación que tendría gemelos y que ambos serían varones. Esto, en una época en la que esto no se podía conocer hasta que ocurriera el parto. Ese pasaje también señala que ese embarazo no fue necesariamente deseado. En otras palabras, que el modelo maternal que Jacob tenía poseía unos elementos de disfuncionalidad que son evidentes. Esa porción de las Sagradas Escrituras dice que Rebeca prefería estar muerta a tener que enfrentar los problemas de su embarazo.<br><br>Es lógico concluir que Rebeca no compartió esta experiencia con su marido. Por otro lado, si ella lo hizo, entonces Isaac no creyó en la revelación que Dios le había dado a su esposa. Los problemas que surgieron luego pudieron haberse evitado si ella hubiera compartido esa revelación y/o si él hubiera decidido creer en esta. O sea, que Jacob se cría y se desarrolla en un ambiente en el que la comunicación entre sus padres posiblemente no era la mejor y en el que los niveles de confianza entre ellos tampoco lo eran.<br><br>Repetimos: Jacob nace y se cría en ese ambiente.<br><br>Hemos señalado que el modelo maternal tampoco fue muy halagüeño. Ya hemos visto que la comunicación efectiva entre papá y mamá parecía no existir y/o que el nivel de credibilidad estaba afectado. A todo esto, tenemos que añadir que las componendas de Rebeca tratando de querer ayudar a Dios, impulsaron a Jacob a mentir y a engañar a su mismo padre. La Biblia dice que años más tarde Jacob chocó con este tipo de conducta en la casa de Betuel, padre de Rebeca y de Labán su hermano. En otras palabras, que Rebeca parece haber aprendido esto en la casa de su padre. ¡Qué clase de misericordia tiene Dios! Estas familias forman parte del linaje del que nace el Redentor del mundo.<br><br>Añadimos a todos estos datos que los modelos paternales y maternales de Jacob no son los únicos que se habían lacerado. Recordemos que Isaac privilegiaba a Esaú por ser el primogénito de esa familia (orden de nacimiento) y por ser diestro en la caza y hombre de campo.<br><br><i>“27 Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas. 28 Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob.”</i> (Gén 25:27).<br><br>¿Será esto un indicio de que Isaac no prefería a Jacob porque le recordaba su adolescencia y su juventud adulta?<br><br>Ahora bien, sabemos que el modelo de fraternidad en ese hogar también estaba dislocado porque la relación entre Jacob y Esaú no parece haber sido cordial desde antes del robo de la primogenitura. Por un lado, sabemos que la Biblia dice que Esaú aborreció (“<i>śâṭam</i>”, H7852) a Jacob luego de esos incidentes (Gén 27:41). Por otro, que la Biblia nos dice que Esaú le tiene que rogar a Jacob que le permitiera comer algo de la comida que este había preparado.<br><br>También sabemos que la Biblia nos deja conocer que los valores y principios de fe y de conducta en esa familia también estaban fragmentados desde mucho antes de esos incidentes. Por ejemplo, Jacob no tiene problemas para convencerse de que la primogenitura se podía comprar y Esaú para concluir que esta se podía vender. Es más, Esaú manifestó que esta se podía menospreciar (Gén 25:34c). Hay que señalar que el valor de la primogenitura y de la bendición adscrita a esta era algo sagrado. Esto es similar a que alguien desee vender sus ministerios y sus dones y que encuentre a otro que los quiera comprar.<br><br><i>“32 Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?”</i> (Gén 25:32, R 1960)<br><br>Luego de esto, la Biblia nos permite conocer que Jacob y Esaú comienzan a experimentar la inestabilidad y la ambivalencia de Isaac. En primer lugar, su padre se mudó del lugar en que vivía, entre Cades y Bered (Gén 16:14; 25:11) para irse a Gerar, tierra de los filisteos (Gén 26:1). La Biblia dice que Dios se le apareció allí (vv. 2-5) y lo bendijo en ese lugar (v.12). De allí, él se mudó al valle de Gerar (v.17) y esto inicia otros procesos de mudanzas provocadas por rencillas a causa de los pozos de agua (Esek, vv.19-20; Sitna y Rehobot vv. 21-22). La Biblia dice que Isaac se mudó de allí a Beerseba (v.23) y que Dios se le volvió a aparecer (v.24). Es entonces que él decide edificar un altar e invocar el nombre de Jehová (v.25).<br><br>Sabemos que la experiencia de Isaac, el ser nómada, puede ser considerada como algo cultural, antropológico y hasta precursor del peregrinaje de Israel por el desierto. Sin embargo, un dato que refuerza la conclusión a la que hemos llegado es que la mayoría de estas mudanzas obedecieron a que Isaac no quería defender el derecho que le asistía por los pozos que él había cavado. Isaac huía de los conflictos. Tenemos que afirmar que la frecuencia de estas mudanzas no abonó al sentido de hogar y el de pertenencia de Esaú y de Jacob.<br><br>La buena noticia es que la misericordia y el favor de Dios se manifiestan en estos escenarios con toda su fuerza. Esta es la única forma de entender que alguien con tantas grietas en el carácter y de debilidades en su personalidad continuara bajo el cuidado de Dios como el hijo de la promesa. ¡Bendita sean esa misericordia y ese favor!<br><br>Un dato editorial: Isaac termina viviendo en Mamre (Gén 35:27), a mitad de camino entre Bethel y Beerseba. Un dato significativo es que ese era el lugar en el que Abraham habitó. O sea, que Isaac regresó al lugar de sus raíces.<br><br>Es obvio que el carácter de Esaú también se afectó. La Biblia dice que él comenzó a tomar decisiones que amargaban el espíritu de Isaac y el de Rebeca. Esto no era común en clanes patriarcales. La cultura de estos sistemas familiares giraba alrededor de honrar a los padres y a los ancianos.<br><br><i>“34 Y cuando Esaú era de cuarenta años, tomó por mujer a Judit hija de Beeri heteo, y a Basemat hija de Elón heteo; 35 y fueron amargura de espíritu para Isaac y para Rebeca.”</i> (Gén 26:34-35).<br><br>La Biblia nos permite conocer que esto ocurrió antes de que Isaac le diera la bendición de la primogenitura a Jacob. La Biblia también dice que esta conducta alcanzó dimensiones inauditas luego de que Esaú perdiera sus bendiciones.<br><br><i>“6 Y vio Esaú cómo Isaac había bendecido a Jacob, y le había enviado a Padan-aram, para tomar para sí mujer de allí; y que cuando le bendijo, le había mandado diciendo: No tomarás mujer de las hijas de Canaán; 7 y que Jacob había obedecido a su padre y a su madre, y se había ido a Padan-aram. <b>8 </b><b>Vio asimismo Esaú que las hijas de Canaán parecían mal a Isaac su padre; </b>9 y se fue Esaú a Ismael, y tomó para sí por mujer a Mahalat, hija de Ismael hijo de Abraham, hermana de Nebaiot, además de sus otras mujeres.”</i>&nbsp; (Gén 28:6-9)<br><br>El carácter de Jacob también debe haberse afectado por las experiencias vividas con las decisiones que tomó su hermano.<br><br>Añadimos a esto que su idea de la autoridad de Dios, de su poder y de la veracidad de sus palabras no era la mejor. Podemos encontrar evidencias de esto en la narrativa del primer encuentro que él tiene con Dios (Gén 28:10-19). La Biblia dice que él sabía que había sido Dios el que se le había revelado. La Biblia dice que Dios le dijo allí lo siguiente:<br><br><i>“14 Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. 15 He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.” </i>(Gén 28:14-15)<br><br>Es por esto que él reacciona diciendo que ese lugar era terrible y que no era otra cosa que casa de Dios y puerta del cielo. Es por eso que él decide hacer un altar en ese lugar y que le cambia el nombre al mismo: lo llama Bet-el (“Casa de Dios”) (Gén 28:16-19). Sin embargo, la Biblia también dice que él expresó allí que obedecería a Dios si Dios cumplía lo que le había dicho y le permitía regresar en paz a la casa de su padre (vv. 20-22). En otras palabras, que en el corazón de Jacob no existía la convicción acerca de la autoridad y de la suficiencia de la Palabra hablada por Dios que encontramos en los corazones de su abuelo y de su padre. Su corazón estaba tan agrietado y endurecido que este hombre no pudo ser transformado ni siquiera por la revelación que había tenido del poder, la gloria y la majestad de Dios. Ciertamente que el corazón y el alma de este hombre estaban muy lastimados. Concluimos que estas lastimaduras y esta idea tan pobre acerca de Dios fueron adquiridas en la casa de Isaac.<br><br>Este es el Jacob que sale a formar su propio modelo de familia.<br><br>Encontraremos que Jacob tuvo que luchar con muchas de estas características a través de toda su vida. La buena noticia es que sabemos que el Señor lo salvó y lo transformó para poder utilizarlo para la creación de una nación de la que nacería el Salvador del mundo. ¡A Dios sea toda la gloria por su misericordia y su compasión!<br><br>Los procesos implantados por Dios para realizar esto requirieron la transformación del modelo de familia que Jacob había desarrollado. Esos procesos también requirieron que otros miembros de su familia se encargaran de restablecer el balance, la homeostasis que esa familia perdió en el camino. Ese modelo, así como los procesos que provocaron esa transformación serán el objeto de nuestras próximas reflexiones.<br><br>Advertimos que antes de eso tenemos la necesidad de visitar la teoría de familia propuesta por el Profesor Edwin H. Friedman.<br><br><br>&nbsp; <br>[1] Friedman, Edwin H. 1985. Generation to Generation: family process in church and synagogue. New York, NY: The Guilford Press.<br>[2] La Biblia dice que Sara tenía 90 años cuando lo dio a luz (Gén 17:17-19; 21:2-5)<br><br><br><br><br><br><br></div></div></div></div></div></section>]]></content:encoded>
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