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Today: Nov 27, 2020
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Reflexiones de Esperanza: Alabanzas para el alma: oraciones que nos hacen cantar “La vida ante los perfectos que provee Dios.” (Parte 17)

6 Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días.    (Sal 23:5-6)

El análisis del verso seis (6) del Salmo 23 nos ha brindado la oportunidad de contemplar un océano insondable del favor y de la misericordia de Dios. Las expresiones y la convicción del salmista en ese último verso revelan mucho más que satisfacción. Hay algunas conclusiones a las que llegaremos luego de estos procesos analíticos. Una de ellas es que estas expresiones revelan que él está convencido de que los beneficios de haber estado sentado en esa mesa que ha aderezado el Señor no pueden ser traducidos como bienes materiales. Otra conclusión a la que llegaremos es que las expresiones del salmista revelan que cuando él se levantó de esa mesa lo hizo convencido de que regresaría a ella constantemente.[1]

Las bases para estas conclusiones son muy sólidas. Ninguna de ellas ha sido enunciada basados en el romanticismo o con los buenos deseos con los que en ocasiones podemos acercarnos a los textos bíblicos. Un rabino llamado Abraham ben Meir Ibn Ezra (1089/93, Tudela España- 1167, Calahorra, España) decía en su comentario sobre el Salmo 23 que el último verso de ese salmo no solo revela esto, sino que lo afirma directamente. De hecho, Ibn Ezra traduce la frase “y en la casa de Jehová moraré por largos días” de la siguiente manera: “Yo continuaré regresando a la casa del Señor para siempre” (traducción libre). Ese mismo estudioso del texto del Antiguo Testamento concluyó su análisis del Salmo 23 diciendo que las bendiciones descritas en el verso seis (6) son bendiciones espirituales.[2]

Repetimos algunas preguntas que hemos formulado en reflexiones anteriores: ¿qué es lo que debemos esperar que suceda en nuestras vidas de parte del Señor cuando afirmamos lo que dice este salmo? ¿Qué significado tiene entonces la frase “… ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días”?

En esta reflexión continuamos nuestros análisis del concepto hebreo “ṭôb” (H2896) que es el que es traducido al español como “bien.” Hemos visto hasta aquí que el “bien” descrito aquí sigue a aquellos que optando por la vida, deciden hacerle frente a los poderes políticos y económicos que la quieren destruir (Éxo 1:17-21).

Hemos visto que ese “bien” nos convierte en testimonios vivos en medio de la opresión, la persecución, las plagas y el abuso. Todo esto, para que otros puedan creer y llegar a aceptar nuestra invitación de sentarse en la mesa del Señor, aunque esa mesa esté colocada en medio del desierto y frente a un lugar que no parece tener mucha estabilidad. (Éxo 18:9-12).

Hemos visto que ese bien nos puede llevar a experimentar la pérdida de la compañía de aquellos que no pueden discernir lo que Dios está haciendo con nosotros, particularmente en medio de los desiertos por los que estamos atravesando (Núm 10: 29-32). La incapacidad de estos para discernir la revelación de la Cruz y el trato de Dios con nosotros, es más que suficiente para que el cielo decida separarlos de nuestro entorno.

El caso citado, el de Hobab, es trascendental porque cuando Hobab fue invitado por Moisés a participar del bien del Señor, su visión del pueblo de Israel no era atractiva. Hobab vio trabajo duro y arduo, vio el caos inicial que tenía ese pueblo y vio su falta de cohesión. Hobab no poseía el discernimiento necesario para ver a ese pueblo como producto terminado. Por lo tanto, él mismo se descalificó para la tarea.

Hemos visto que ese “bien” sigue y protege a aquellos que anhelan ver la gloria de Dios en medio de sus desiertos, su quemazón y su fatiga (Éxo 33:17-23). Moisés pidiendo ver la gloria de Dios. El bien del Señor permitió que Moisés pudiera tener esta experiencia.

Hemos visto que el “bien” del Señor puede ser interpretado como Jesucristo. Es ese “bien” el que permitió que Moisés viera la Gloria del Señor, ver la gloria del Padre sin fallecer en el proceso. La Biblia dice que Jesucristo es el que nos muestra al Padre (Jn 14:9) y que Él, Cristo, es el resplandor de la gloria de Dios (Heb 1:3).

Los lectores deben haberse percatado de que hasta aquí no hemos visto el uso del concepto  “ṭôb” (H2896), “bien,” ligado a beneficios materiales. ¿Esto significa que Dios está en contra de bendecirnos materialmente? ¡No!. Dios no está en contra de que seamos bendecidos en los escenarios materiales. De hecho, nuestra reflexión anterior cerró con el análisis de una porción del Salmo cuatro (4) en la que el salmista dice que es Dios el que pone la alegría en aquellos que poseen mucho trigo y vino en abundancia.

Tú has puesto en mi corazón más alegría que en quienes tienen trigo y vino en abundancia.  (Sal 4:8, NVI)

Dios pone en ellos la alegría y de eso no hay duda. Lo que sucede es que ese pasaje dice que la alegría que Dios pone en nuestros corazones es mayor.

Recordemos que todos estos análisis procuran expandir nuestra compresión de la frase final del Salmo 23. ¿Qué es lo que afirmamos cuando decimos que el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida?

Hay otros pasajes bíblicos que debemos incluir en el análisis que estamos realizando. Uno de ellos son los primeros versos del Salmo 103:

1 Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. 2 Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. 3 Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; 4 El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; 5 El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila.  (Sal 103:1-5)

A continuación el mismo pasaje bíblico desde la perspectiva de la versión Palabra de Dios para Todos:

Con todo mi corazón alabo al SEÑOR; que todo mi ser alabe su santo nombre. 2 Con todo mi corazón alabo al SEÑOR  y no olvides ninguno de sus beneficios. 3 Dios perdona todos mis pecados y sana todas mis enfermedades. 4 Él salva mi vida de la muerte; me corona de fiel amor y compasión. 5 Me bendice en abundancia, me rejuvenece como el águila.

Es obvio que el uso del concepto “ṭôb” (H2896), “bien,” está directamente conectado en este pasaje con la acción de rejuvenecer o renovar nuestras fuerzas. Esto es de entrada una verdad gloriosa y una promesa de la que todos los creyentes nos hemos agarrado en más de una ocasión. No obstante, debemos detenernos a analizar esa expresión con la finalidad de entender que significa ese concepto que la Biblia traduce como “rejuvenecer.”

Hacemos un alto aquí para explicar algunas de las razones por las que realizamos esta clase de ejercicios. Samson Raphael Hirsch decía que el idioma Hebreo difiere dramáticamente de los otros idiomas porque históricamente no se ha desarrollado ni crecido tomando o absorbiendo palabras prestadas de otros lenguajes. Este es un idioma integral, con su propia estructura y gramática interna, su propia lógica y sus propios patrones, sus propios significados y matices.[3] Es por esto que el análisis etimológico es tan necesario en el estudio del texto hebreo. Además, decía este académico judío-alemán que existe una interdependencia entre las palabras en hebreo. Esto es, que los significados de las palabras se derivan del análisis de conceptos hebreos que ya son conocidos.[4]

¿Cómo se utiliza en la Biblia el concepto que se traduce en el Salmo 103:5 como “rejuvenezca”?

Este concepto es la traducción del vocablo hebreo “châdash”(H2318), el cuál es utilizado en 10 ocasiones en en el Antiguo Testamento. Hemos seleccionado algunos de esos pasajes para compartirlos aquí. El propósito de esto es el mismo que hemos estado utilizando para analizar el “bien” del que nos habla el salmista en el Salmo 23:6. El análisis del concepto que se traduce como rejuvenecer  nos debe arrojar luz sobre el resultado del “bien” del Señor sobre aquellos que creemos en Él.

El concepto que se traduce como rejuvenecer es utilizado en el Segundo Libro de Crónicas y es traducido allí como la acción de reparar.

8 Cuando oyó Asa las palabras y la profecía del profeta Azarías hijo de Obed, cobró ánimo, y quitó los ídolos abominables de toda la tierra de Judá y de Benjamín, y de las ciudades que él había tomado en la parte montañosa de Efraín; y reparó el altar de Jehová que estaba delante del pórtico de Jehová. (2 Cró 15:8)

En el capítulo 24 del mismo libro es traducido como la acción de restaurar y reparar.

4 Después de esto, aconteció que Joás decidió restaurar la casa de Jehová…12 y el rey y Joiada lo daban a los que hacían el trabajo del servicio de la casa de Jehová; y tomaban canteros y carpinteros que reparasen la casa de Jehová, y artífices en hierro y bronce para componer la casa.  (2 Cró 24:4,12)

El salmista utiliza este concepto en el Salmo 51. Allí se traduce como la acción de renovar.

10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. (Sal 51:10)

Esta es la misma traducción que encontramos en el Salmo 104.

30 Envías tu Espíritu, son creados, Y renuevas la faz de la tierra.  (Sal 104:30)

El profeta Isaías lo utiliza en el capítulo 61 del libro de su profecía. Este concepto se traduce allí como restaurar.

4 Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones.  (Isa 61:4)

El escritor del Libro de Lamentaciones lo utiliza el capítulo cinco (5). Este concepto también se traduce allí como renovar.

21 Vuélvenos, oh Jehová, a ti, y nos volveremos; Renueva nuestros días como al principio. (Lam 5:21)

Estos pasajes bíblicos nos permiten conocer que el bien del Señor que sacia nuestras bocas, que las satisface, sirve para restaurarnos, renovarnos y repararnos. Esto implica algo que va mucho más allá de la acción de rejuvenecer.

¿Qué cosas necesitan ser restauradas? Aquellas que necesitan que se les regrese a su estado original. Necesitan restauración aquellas cosas que hay que reparar por el deterioro que han sufrido. Este concepto en español proviene del latín “restaurare” que entre otras cosas significa reconstruir, restablecer y perfeccionar.

¿Qué cosas necesitan ser renovadas? Aquellas cosas que han perdido el lustre, su función, y/o sus capacidades por el uso y el paso del tiempo. Aquello que necesita ser devuelto a su primer estado. Necesita una renovación aquello que requiere restablecer o reanudar una relación u otra cosa que se había interrumpido. Necesita renovación aquello que necesita que se le sustituyan sus revestimientos como sucede con los revestimientos de oro, plata o la cera. Necesita renovación aquello que necesita nueva energía, o que necesita ser reiterado o ser publicado de nuevo. Este concepto en español proviene del latín “renovare”, que significa todo lo que hemos mencionado hasta aquí, pero que también incluye la acción de revivir, de traer algo a la vida, a la consideración, a ser tomado en cuenta.

¿Qué significado puede entonces poseer que el “bien” del Señor que sacia nuestra boca nos rejuvenezca? A base de lo antes expuesto podemos concluir que cuando el “bien” del Señor sacia nuestra boca lo que hace es restaurarnos, renovarnos y repararnos. El “bien” del Señor que sacia nuestra boca hace que nuestra relación con Dios regrese a su estado original (Primer Amor; Apoc 2:4-5). El “bien” del Señor que sacia nuestra boca restaura en nosotros aquellas cosas que hay que reparar por el deterioro que  sufrimos en los valles de sombra y en las temporadas de abundancia. El “bien” del Señor que sacia nuestra boca nos reconstruye, nos restablece y nos perfecciona.

A base de lo antes expuesto podemos concluir que cuando el “bien” del Señor sacia nuestra boca lo que hace es devolvernos el lustre que hemos perdido. El “bien” del Señor que sacia nuestra boca nos devuelve las funciones y las capacidades que hemos perdido debido a la pobreza espiritual y/o por el uso y el paso del tiempo. El “bien” del Señor que sacia nuestra boca devuelve nuestra espiritualidad, nuestra hambre y nuestra sed de Dios a su primer estado.

El “bien” del Señor que sacia nuestra boca nos conduce a la renovación de nuestra fe, de nuestra confianza, de nuestra esperanza y de nuestras fuerzas. El “bien” del Señor que sacia nuestra boca restablece o reanuda la comunión con Dios y con nuestros semejantes; la comunión que se había interrumpido. El “bien” del Señor que sacia nuestra boca sustituye nuestros revestimientos; la armadura del Cristiano (Efe 6:10-20).

El “bien” del Señor que sacia nuestra boca nos da nuevas energías del cielo, nos recoloca en la carrera de servicio y del ministerio. El “bien” del Señor que sacia nuestra boca incluye la acción de revivirnos, de traernos de nuevo a la vida, a ser tomados en consideración, a ser tomados en cuenta.

Repetimos; ¿qué es lo que afirmamos cuando decimos que el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida?

El último pasaje bíblico que analizaremos en esta reflexión lo encontramos en el Salmo 65.

1 Tuya es la alabanza en Sion, oh Dios, Y a ti se pagarán los votos. 2 Tú oyes la oración; A ti vendrá toda carne. 3 Las iniquidades prevalecen contra mí; Mas nuestras rebeliones tú las perdonarás. 4 Bienaventurado el que tú escogieres y atrajeres a ti, Para que habite en tus atrios; Seremos saciados del bien de tu casa, De tu santo templo. 5 Con tremendas cosas nos responderás tú en justicia, Oh Dios de nuestra salvación, Esperanza de todos los términos de la tierra, Y de los más remotos confines del mar. 6 Tú, el que afirma los montes con su poder, Ceñido de valentía; 7 El que sosiega el estruendo de los mares, el estruendo de sus ondas, Y el alboroto de las naciones.  (Sal 65:1-7, RV 1960)

Examinemos el verso cuatro (4) en otra versión de las Sagradas Escrituras:

“¡Dichoso aquel a quien tú escoges, al que atraes a ti para que viva en tus atrios! Saciémonos de los bienes de tu casa, de los dones de tu santo templo.” (NVI)

Es obvio que este verso comienza con una exaltación de los llamados ministeriales, de los llamados a servir al Señor en Su santo templo. El salmista dice aquí que esas personas que responden al llamado del Señor son bienaventurados.  Es interesante que el salmista decida hacer ese señalamiento seguido de la observación de qué cosas el destaca de ese templo, de ese santuario al que él hace referencia. El salmista dice que es hay unas bendiciones que se reciben en el templo, en la Casa de Dios, que son únicas. Los sacerdotes, los ministros de Dios han sido escogidos para estar allí y por eso son bienaventurados. No obstante, el salmista no acude al santuario motivado por esos ministros. El salmista señala que él va al templo para ser saciado del “bien” que hay en ese lugar. Estos son los dones que hay en el santo templo del Señor.

Esto coloca el “bien” del Señor en otra esfera. Ya sabemos que las personas que acuden al templo, lo hacen buscando ser saciados de ese “bien.” Por lo tanto, el templo tiene que tener ese “bien” disponible para ellos. Sabemos que el bien del Señor es descrito aquí como la bendición de estar en la Presencia de Dios que encontramos en el templo. Se trata de la cercanía a Dios, la amistad con Dios la que nos permite recibir ese favor, ese regalo. Sin embargo, parece que hay algo más detrás de esa frase. La santidad que respira esa casa tiene que ser atractiva, invitadora y retadora. Esto es lo que consigue hacer con el templo el “bien” del Señor. Es importante entender que los edificios no mantienen la presencia de Dios. Las personas que están en ellos sí.

Repetimos; ¿qué es lo que afirmamos cuando decimos que el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida? Hemos visto que esa afirmación trasciende todas las cosas materiales y que opera agendas de restauración, de renovación y de reparación. Hemos visto que incluye el empoderamiento de los templos, de aquellos lugares en los que nos reunimos a adorar a Dios.


[1]  “Rabbi Abraham Ibn Ezra’s Commentary on the first book of Psalms; Chapters 1-41.” Traducido y anotado por H. Norman Strickman.Yashar Books, Brooklyn, NY, p.277, 2006.

[2]  Tehillim: A new translation with a commentary anthologized from Talmudic, Midrashic and Rabbinic Source, Overview by Rabbi Avrohom Chaim Feuer, Vol. 1 pp 293. Mesorah Publications, LTD, 2013.

[3] “Etymological Dictionary of Biblical Hebrew: based on the Commentaries of Rabbi Samson Raphael Hirsch.” Compilado por Matityahu Clark, Feldheim Publishers, Jerusalem, NY, 1999.  pp. ix-xv.

[4] Ibid. p. 293

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