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Today: Nov 25, 2020
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Reflexiones de Esperanza: Caminando en los valles oscuros de la vida; Escuchando la voz del Señor.

4 Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.” Sal 23:4 (RV 1960)

Hace algunos años (2001), el Pastor John Ortberg publicó un libro titulado “If you want to walk on water you have to get out of the boat” (“Si quieres caminar sobre las aguas tienes que bajarte del bote”)[1]. La lectura de ese libro nos provocó la necesidad de compartir algunas reflexiones pastorales con la Iglesia. Estas reflexiones ocuparon nuestro púlpito durante la primera parte del año 2002.

Ortberg analizaba en ese libro las características de aquellos que “caminan sobre las aguas”, sus temores, la necesidad del uso del discernimiento, sus gritos y la sensación que se siente cuando uno se está hundiendo. Él también discutió la necesidad de aprender a esperar en el Señor, aprender a clamar, a enfocarse en el Señor y a identificar el llamado que cada uno de nosotros tiene. Esto es, los Pedros y la Petras que han creído en el mensaje de Jesucristo.

El libro es una joya de la literatura Cristiana dedicada al consejo y la comunicación del mensaje de esperanza. Sin embargo, creo que es el prefacio de ese libro el que explica la importancia real que tiene este tema: “las caminatas bíblicas”.

La Biblia está llena de experiencias directas e indirectas relacionadas a las caminatas de hombres y mujeres que sirvieron al Señor. Dentro de las caminatas explícitas encontramos a Abraham caminando a Moria para sacrificar a Isaac (Gn 22), a Moisés caminando en el desierto durante 40 años para prepararse para la tarea que Dios le iba a asignar y la caminata de 40 años adicionales dirigiendo al pueblo de Israel en ese mismo desierto. Otro ejemplo es la caminata de Josué dirigiendo a Israel durante siete (7) días alrededor de Jericó (Jos 6). Otro es la caminata de 40 días de Elías huyendo de sí mismo hasta llegar a Horeb (1 Rey 19), etc. No olvidemos que Saulo de Tarso se encontró con Jesús mientras caminaba hacia Damasco (Hch 9: 1-20). Tampoco podemos olvidar que Jesucristo desarrolló su ministerio de educación y adiestramiento de los discípulos caminando con ellos durante 3 años y medio.

En fin, estos son solo algunos ejemplos dentro de los muchos que podemos encontrar en la Biblia acerca de estas clases de caminatas. Podemos concluir que los procesos de crecimiento y desarrollo de nuestra fe están relacionados con estas (Prov 28:6, 18, 26; Isa 33:15). Dios usa esas caminatas.

Ortberg señalaba con precisión que hay un patrón similar detrás de cada una de ellas. Por ejemplo, siempre hay un llamado en estas. Siempre hay temor, porque como señalaba Ortberg, Dios tiene la costumbre de llamarnos a hacer cosas que producen temor o llamarnos en medio de situaciones que lo producen. Otro dato que encontramos en casi todas esa caminatas es que siempre hay en ellas reafirmación de la fe, porque la presencia de Dios es constante y consistente en ellas. Además, siempre hay una invitación a decidir y siempre hay un proceso para la transformación de ese o esa a quien Dios invita a caminar.

Nuestra generación ha sido invitada a caminar a través de un valle de incertidumbre, un valle incierto e inseguro. Este valle parece ser el descrito por el salmista en el Sal 23:4:

4 Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento

Este es un valle en el que podemos divisar algunas de las salidas, porque China y Corea del Sur parecen estar saliendo del mismo. Sin embargo, el costo ha sido muy alto. Además, esto no es sinónimo de tener visibilidad completa y exacta de los procesos que viviremos y mucho menos de cuáles serán los resultados mundiales que tendrá esta pandemia.

Ya sabemos que Dios usa con frecuencia el procedimiento de llamar a los seres humanos en medio de situaciones que producen temor. Ahora bien, ¿qué espera el Señor de nosotros durante esta caminata? En primer lugar, que aprendamos a confiar en Él y a obedecerle.

Ortberg destaca con mucha razón que la historia de Pedro en Mat 14:22-32 no es primordialmente acerca de riesgos, sino de obediencia. Pedro necesitaba aprender a obedecer al Señor y aprender a confiar compeltamente en Él. Pedro llevaba algunos años al lado del Señor, pero sus experiencias al lado de Jesús no habían producido ese nivel de confianza para obedecer al Señor.

Hay que realizar un paréntesis aquí para destacar que la obediencia no es una garantía de que seremos hechos exentos de la adversidad.

Hay una frase de Ortberg que es aleccionadora: la vida Cristiana no se trata de “bungy jumping”; se trata de obediencia a Dios y a Su Palabra.

Hay que señalar que el bote en la historia del Evangelio de Mateo representa todo aquello que nos brinda seguridad. Representa aquello en lo que nos vemos tentados a poner nuestra fe y nuestra confianza: especialmente si hay tormentas en lontananza.

Sabemos que nuestra confianza está puesta en que el jabón y el aislamiento nos protegen del COVID-19. Sin embargo, nada puede sustituir lo que dice la Palabra: debajo de sus alas estarás seguro” (Sal 91: 4b). No dejamos de lavarnos las manos con frecuencia, obedecemos las reglas de aislamiento, pero nuestra confianza última está puesta en Dios Todopoderoso. Es al Altísimo al que hemos puesto como nuestra habitación (Sal 91:9c).

Siempre que leemos el pasaje de Mateo 14 pensamos que este presenta uno de los fracasos de Pedro. Casi siempre analizamos este pasaje bíblico enfocados en Pedro hundiéndose. Sin embargo, tal y como señala Ortberg, Pedro no es un fracasado en este pasaje.

Es importante realizar un paréntesis para subrayar este punto ¿Fue Jonas Salk un fracasado por fallar 200 veces antes de conseguir la vacuna de polio? ¿Fué Churchill uno por tener que repetir un grado en la elemental? ¿Fue Babe Ruth un fracasado por poncharse 1300 veces en su carrera como pelotero de las Grande Ligas? ¿Fue Edison un fracasado por las más de 1000 veces que intentó hacer una bombilla sin tener éxito?

Ortberg destaca  que los fracasos no nos moldean. Lo que nos moldea es la forma en la que reaccionamos ante ellos. Pedro reaccionó correctamente ante su crisis; él clamó al Señor.

Ortberg dice, con mucha razón, que esa historia describe a 11 fracasados sentados en un bote porque no quisieron discernir la voz del que hablaba. El Señor les invitó a confiar, tal y como lo ha hecho con nosotros en esta temporada, pero esos 11 no se atrevieron hacerlo. ¿Cómo responderemos nosotros hoy?

En ese pasaje nos dice que Pedro pudo discernir la voz de Dios en medio de la tormenta y comenzó a desarrollar la dependencia en la fe. Ortberg destaca en su libro que Pedro no podía hacer el viento callar, pero podía experimentar el poder de Dios en medio ella. Nosotros no hemos encontrado la forma humana de hacer callar este virus, pero podemos escuchar la voz del Señor que nos llama en medio de esta tormenta llamada COVID-19.

Sabemos que detestamos fracasar; pero caminar sobre las aguas tiene para nosotros el mismo significado que tuvo para Pedro. Esto es, la oportunidad de experimentar el brazo del Todopoderoso que levanta a uno en medio de la tormenta. Sabemos que las economías de todos nosotros se han visto afectadas a causa de esta crisis. Sabemos que esta tormenta llamada COVID-19 ha traído consigo turbonadas de soledad y desaliento; turbonadas de temor, ansiedad y desasosiego.

Es por esto que nuestra historia posee patrones similares a la historia de Pedro. Se trata de invitaciones del Señor para aprender a esperar: esperar hasta recibir el poder para caminar sobre las aguas. Se trata, de vencer los temores y “arriesgarse” a confiar en el Señor para crecer, para ver la fe desarrollarse. Se trata de vencer el estancamiento para descubrir y obedecer el llamado que Dios le está haciendo a cientos de miles de Cristianos aquí y millones en toda el planeta. Esta es la parte más difícil.

Es importante destacar que no he encontrado una sola persona que haya amado su llamado con pasión y que haya encontrado fáciles los primeros escenarios y estadios del mismo. Es más, casi siempre no nos gusta aquello que Dios nos otorga como ministerio. Luego, nos vamos enamorando de éste (una clase de “love- hate relationship”). Según pasa el tiempo, es entonces que nos enamoramos de aquello que Dios nos invitó a hacer para Él. Es allí que entramos en una dimensión en la que podemos, si es necesario,  hasta morir por el llamado que nos ha hecho Dios; sin temor alguno.

Pedro no quería caminar sobre las aguas. Lo que Pedro quería era estar al lado de Jesús en medio de la tormenta. Ortberg afirma esto y tiene mucha razón en esto. Para esto, tuvo que vencer su incapacidad para confiar y obedecer. Para conseguir esto, tuvo que abandonar su zona de seguridad y de confort. Nosotros también queremos estar al lado de Jesús en lo que pasa el COVID-19.

Esta es la invitación que nos hace el Señor durante la “sabática” que nos ha “regalado” Dios a través de esta pandemia. Se trata de vencer nuestra vagancia y nuestra dependencia de la zona de seguridad, de la zona de confort: de nuestro bote. La voz del Señor nos está retando a abandonar la vagancia espiritual.

Hay que aceptar que la mayoría de los Cristianos no toleramos que nuestra mente se “enrede” por mucho tiempo en el análisis de nuestra relación con Dios. Esto es sinónimo de vagancia espiritual. A la mayoría de nosotros nos gusta ir al frente en los automóviles, pero nos gusta estar atrás en la Iglesia. Claro está, siempre necesitando ser el centro de atención. Preferimos todo pre-cocinado, dado y digerido. Nos hemos convertido en “Cristianos de microonda”: todo prefabricado y con un manual de instrucciones que sea fácil de entender. No nos gustan los sermones complicados ni los servicios en los que tengamos que pensar mucho.

A la mayoría de nosotros nos encantaban los “fast foods” (restaurantes de comida rápida) espirituales; hasta que llegó esta temporada. Tal y como sucede con la salud física, son muchos los que  han encontrado hoy, mientras realizan sus búsquedas de una espiritualidad genuinas, que esa conducta les ha llevado a sufrir de arterioesclerososis, de alto colesterol e hipertensión espiritual. ¿Una prueba de esto? Tan solo hay que señalar algunas de las decisiones espirituales y familiares que tomamos antes de esta tormenta llamada COVID-19. Hay que reconocer que muchas de ellas han estado equivocadas. ¿Quiere un ejemplo? ¿Cuánto anhela usted hoy poder estar en el templo en un servicio de oración o de adoración? Sin embargo, hace algunas semanas atrás algunos decidían no llegar al templo porque había algo más importante que hacer que reunirse en el templo a buscar el rostro del Señor.

Bajar del bote es salir de la zona de comodidad. Dios nos está llamando en medio de esta tormenta. Escuchemos Su voz. No sabemos cuánto tiempo nos queda antes de que seamos capaces de acallar esta tormenta. Sin embargo, sabemos que no tenemos que esperar que la tormenta se calle para poder ser capaces de escuchar la voz del Señor.

Caminemos por este valle sin temer mal alguno, discerniendo la voz de Dios en medio de estos vientos. ¡Confiemos y obedezcamos! Aprovechemos este tiempo para aprender a regresar a los principios bíblicos de educación familiar, de altares familiares y de tener apetito por una comida espiritual genuina y nutritiva. Sabemos que para algunos esto será como recién nacidos en el Señor (1 Ped 2:2). Pero para la mayoría de nosotros como Cristianos que maduran en su fe, en su confiaza y en la capacidad para obedecer al Señor (1 Cor 3:2).

Al final del camino encontraremos que Dios nos habrá vestido de experiencias sublimes, de llamados, de testimonios y de un amor insuperable por la cercanía y el abrazo de Dios.

Después de todo, el valle por el que nos ha tocado caminar podrá ser uno de sombra de muerte, pero no debemos temer mal alguno porque el Señor está con nosotros.

[1] Grand Rapids, Michigan: Zondervand.

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