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Today: Dec 2, 2020
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Reflexiones de Esperanza: Caminando en los valles oscuros de la vida; Respondiendo a la voz del Señor.

28 Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.”                                                                                    Mat 14:28 (RV 1960)

La pandemia causada por el COVID-19 ha detenido prácticamente al mundo entero. El nombre técnico de este virus es SARS-CoV-2 ó HCoV-19. Este es el séptimo (7mo) de los Coronavirus que se conocen que han infectado a los seres humanos.[1]  Estos virus comenzaron a ser descubiertos en la década de los años 30, pero son muchos los que piensan que estos son mutaciones que han estado entre nosotros por muchos milenios. El virus actual es sin duda alguna un enemigo muy peligroso dada la rapidez con la que uno se puede contagiar y el nivel de mortalidad que produce. Especialmente en personas de la tercera edad y en aquellas personas que sufren de algunas enfermedades pre-existentes. Entre ellas están las condiciones cardio respiratorias, las renales, diabetes descontrolada, personas inmonusuprimidas a causa de trasplantes, pacientes de cáncer, etc.

Nuestra reflexión anterior nos permitió comenzar a examinar la necesidad que tenemos de escuchar la voz de Dios en medio de esta tormenta llamada COVID-19. El Evangelio de Mateo (Mat 14:22-33) nos permitió ver que la invitación que Pedro recibe allí es para corroborar que él puede escuchar la voz del Señor en medio de la tempestad. Ese pasaje nos hace saber que la voz de Aquél que le hablaba le invitaba a confiar y a obedecer: “¡tened ánimo; yo soy, no temáis!” (Mat 14:27b).

Pedro no podía callar la tormenta, pero ésta no podía evitar que se escuchara la voz de Dios. Repetimos aquí que el deseo inicial de Pedro no era caminar sobre las aguas. Pedro quería estar al lado de Jesús en medio de esa tempestad.

Para Pedro, salir del bote era caminar hacia dónde Cristo estaba, aunque esto representara caminar sobre las aguas. Cristo estaba sobre las aguas: no estaba en el bote. Los otros discípulos decidieron no arriesgarse porque creían que lo que tenían era muy valioso. El bote era su zona de seguridad. El bote era lo único sólido, con sustancia, en lo que ellos se podían apoyar. Esta es una reacción común en la mayoría de los seres humanos.

Lo único que Pedro tenía ante sí era una voz que hablaba en medio de la tempestad. Lo que Pedro no sabía era que esa era la misma voz que Adán y Eva habían escuchado en el huerto, luego de su rebelión contra el Eterno (Gn 3:8-10): Dios en búsqueda de sus criaturas. Lo que Pedro aún no conocía del todo es que esa era la misma voz que Abraham había obedecido (Gn 22:18) para alcanzar la salvación de la vida de su hijo Isaac. Esa voz que Abraham escuchó le abrió paso a Isaac para alcanzar el cumplimiento de las promesas que el Todopoderoso había hecho (Gn 26:1-5). Acerca de esa voz le dijo Moisés lo siguiente al pueblo de Israel:

1 Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y te arrepintieres en medio de todas las naciones adonde te hubiere arrojado Jehová tu Dios, 2 y te convirtieres a Jehová tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, 3 entonces Jehová hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido Jehová tu Dios.”   (Dt 30:1-3, RV 1960)

La Biblia dice que esa voz se escucha sobre las sobre las aguas, que esa voz se escucha con potencia. La Biblia dice que esa voz posee gloria, que quebranta los cedros, que derrama llamas de fuego, que hace temblar el desierto y que preside en el diluvio (Sal 29:3-10). La Biblia dice que no debemos permitir que se endurezcan nuestros corazones cuando escuchamos esa voz (Sal 95:7; Heb 3:7, 15; 4:7). Esa esa es la misma voz que escuchó Saulo de Tarso cuando iba camino a Damasco (Hchs 26:12-14).

¿Cómo respondió Pedro a la voz del Señor? La respuesta a esta pregunta es muy importante.

Pedro esperó recibir el mandato del Señor. Su petición no fue que el Señor le hiciera caminar sobre las aguas. La parte más importante de su respuesta fue “que yo vaya a ti”: “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas” (Mat 14:28b); que yo vaya a ti.

Pedro sabía que había escuchado antes esa voz. Inmediatamente después, este hombre decide responder pidiendo una orden, un comando, un mandato (“keleuō”, G2753). Hacía muy poco tiempo que Pedro había escuchado al Señor hacer uso de esa misma autoridad. Esa voz había ordenado (“keleuō”, el mismo concepto) que una multitud se sentara antes de recibir el milagro de la multiplicación de los panes y los peces (Mt 14:19).

Jesucristo es experto ordenando las cosas en medio de las necesidades. Nuestro Señor da órdenes para darle estructura a los escenarios de crisis y de desolación. Hay que pedirle al Señor que ordene nuestros escenarios. Hay que pedirle al Señor que alce su voz y traiga orden en medio de esta crisis mundial.

Pedro hace la petición porque él sabía que la fe no va de la mano con comportamientos tontos. Pedro pidió permiso y esta petición es sinónimo de decir “Tú tienes el control.” Ortberg señala que Pedro sabe que él, el pescador, no está a cargo. Jesucristo está a cargo. ¡El Señor está a cargo!

Hay personas que son muy propensas a arriesgarse. El problema que estos hacen grandes cosas mientras observan comportamientos autodestructivos. Ellos mismos se colocan en riesgo y ponen en riesgo a sus familias. En este grupo caen aquellos que de cara al COVID-19 no respetan las regulaciones para el aislamiento, ni las instrucciones para la higiene personal.

Lo próximo que sucede en esta historia es que Pedro recibe un llamado de Jesucristo, el Verbo de Dios encarnado.

“29 Y él dijo: Ven.” (Mat 14:29a)

¿Cómo respondió Pedro a ese llamado? La respuesta a esta pregunta es muy importante. Hay miles de creyentes en nuestro País a los que Dios está llamando en medio de esta pandemia. Hay millones de creyentes sobre la faz de la tierra que están viviendo la misma experiencia. ¡Dios está llamando a sus hijos e hijas en medio de esta pandemia!

¿Por qué ahora? ¿Por qué de esta manera? Uno no escoge su llamado. Los llamados son ofrecidos por el Señor y uno los acepta o los rechaza. Esa es una de las diferencias entre las carreras y los llamados. Ortberg afirma en su libro “If you want to walk on water you have to get out of the boat[2], que las carreras se desarrollan para buscar éxito, las escogemos nosotros y las desarrollamos para nosotros. En cambio, los llamados se aceptan buscando significado. No olvidemos que hacer la voluntad de Dios nos ofrece identidad y le da significado a nuestras vidas. Las carreras se acaban, los llamados no.[3]

John Ortberg asevera con mucha razón que aceptar el llamado requiere paciencia y discernimiento. Nuestra inclinación a las cosas rápidas e instantáneas nos puede llevar a saltar algunos pasos antes de tiempo. Usualmente, nos hundimos cuando esto sucede.

Observemos estos ejemplos que ofrecce Ortberg:

  • Faraón tenía una carrera, en cambio Moisés tenía un llamado.
  • Potifar tenía una carrera, mientras que José tenía un llamado.
  • Amán tenía una carrera, mientras que Ester tenía un llamado.

Otro dato que Ortberg destaca es que las carreras pueden amenazarnos con conventirse en nuestros dioses. Sin embargo, el llamado de Dios no admite competencias. ¡Solo Él es Dios y no hay otro como Él!

“Las carreras nos dirigen hacia las cimas humanas. Los llamados nos llevan a las rodillas.”[4]

Las carreras las escogemos nosotros a base de lo que nos gusta, los llamados los escoge el Señor. Las carreras las desarrollamos nosotros. Los llamados los desarrolla el Señor. Las carreras se acaban; los llamados no.

Usualmente, cuando las carreras se acaban, se acabó la misión en la vida. En cambio, los llamados se extienden hasta la muerte. Una carrera puede prometer riquezas, poder, estatus, seguridad y grandes beneficios. En cambio, un llamado puede traer lágrimas, dificultades y sufrimientos. Los beneficios de una carrera son visibles, pero temporales. Los beneficios de un llamado son invisibles, pero eternos.

Para entender esta aseveración basta con identificar los títulos sin otorgar que poseían los hombres y las mujeres que aparecen en la Biblia aceptando el llamado de Dios. Ortberg invita en su libro a que los lectores imaginen qué sucedería si estos hombres hubiesen tenido tarjetas de de negocios para presentarse (“business cards”). ¿Qué dirían esas tarjetas?

 Los nombres de algunos de los siervos de Dios en la Biblia (si tuvieran tarjeta de presentación)

 Pablo: Preso Profesional

Jeremías: VP a cargo del Dpto. del Llanto

Isaías: Especialista en metáforas proféticas (Isa 20:1-4)

Jonás: Especialista en interiores de ballenas

Juan:  Técnico de Control de Calidad de Islas-Prisión.

Ezequiel: Chef de cocina gourmet (Eze 4:11-15).

La obediencia de estos hombres y de estas mujeres que aceptaron el llamado del Señor les convirtió en héroes de la fe. La obediencia de Pedro al llamado del Señor fue trascendental para él, para los discípulos y para todos aquellos que nos acercamos a leer y estudiar esta experiencia bíblica. A ninguno de ellos se le pudo olvidar esta experiencia; tampoco a nosotros. Así mismo podemos calificar las respuestas en obediencia de todos aquellos que le han dicho sí al Señor.

La Iglesia ha sido colocada en una posición de privilegio en medio de la crisis provocada por el COVID-19. Esta es la hora de la Iglesia del Señor. Es imprescindible escuchar la voz del Señor en medio de esta vorágine. Dios nos está hablando. Su voz comunica esperanza, salud y consuelo. Su voz también está llamando: está llamando a los suyos. La Iglesia que surge luego de esta pandemia tiene que estar lista para hablarle al planeta tan pronto termine esta crisis. Tiene que ser una Iglesia que supo escuchar la voz del Señor en medio de la tempestad. Tiene que ser una Iglesia que conozca de primera mano lo que es el poder de Dios.

Tiene que ser una Iglesia que no se amilane ante los retos que vamos a enfrentar cuando todo esto termine. Se trata de una nueva normalidad a la que no estamos acostumbrados. Se trata de saber que en algunos instantes podremos pensar que se nos está pidiendo caminar sobre las aguas. No vacilemos cuando esto suceda. Después de todo nuestro anhelo no será caminar sobre las aguas. Nuestro anhelo será estar en el mismo lugar en el que Jesús nuestro Señor está.

Tiene que ser una Iglesia que deteste el entretenimiento y anhele tener hambre y sed de Dios y de Su Palabra. Tiene que ser una Iglesia que renuncie a los espectáculos y anhele ver manifestaciones de la gloria de Dios; manifestaciones que transforman vidas.

¿Cómo vamos a responder a la voz del Señor en medio de estos valles oscuros? Pedro decidió mojarse los pies. ¿Qué haremos nosotros?

[1] SARS-CoV, MERS-CoV y el SARS-CoV-2 pueden causar enfermedades severas, mientras que el HKU1, NL63, OC43 y el 229E están asociados con síntomas leves.

[2] Grand Rapids: Zondervan (2001)

[3] Ortberg, John. If You Want to Walk on Water, You've Got to Get Out of the Boat . Zondervan. Kindle Edition.

[4] Ibid.

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