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Today: Apr 13, 2021
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Reflexiones de Esperanza: Diré yo a Jehová – Pte. II (Parte 6)

2 Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. (Sal 91:1-2, RV 1960)

Muchos exégetas bíblicos Judíos han concluido que el Salmo 91 fue escrito por Moisés. Ellos han concluido que Moisés escribió este salmo luego de haber dedicado el Tabernáculo y que se lo dedicó a la tribu sacerdotal de Israel; la tribu de Levi[1]. La realidad es que la identidad del autor de este salmo no es necesariamente importante. Lo que realmente es importante es reconocer que este salmo es Palabra de Dios inspirada por el Espíritu Santo. Lo que realmente es importante es saber que este salmo comunica vida y esperanza y que comunica gracia y misericordia. Lo que realmente es importante es que este salmo provee la respuesta a una pregunta eterna y existencial; ¿en dónde está Dios cuando los justos sufren?

El escritor del salmo 91 nos dice en dónde está Dios en tiempos de dolor y de angustia. El salmista nos dice en dónde está Dios en tiempos en los que nos amenazan los lazos de los cazadores, las pestes destructoras y los terrores nocturnos. El salmista nos dice en dónde está el Señor cuando somos amenazados por las saetas que vuelan de día y las pestilencias que andan tratando de sorprendernos.

Las declaraciones del salmista nos invitan a descubrir esto girando alrededor de cuatro (4) postulados teológicos y cuatro (4) decisiones. Los postulados teológicos son el abrigo de Dios, la sombra de Dios, la esperanza y la seguridad o la protección de Dios. Las decisiones son habitar, morar, decir y confiar.

El escritor de este salmo asigna el tema de la esperanza al conocimiento personal e íntimo del Dios que se revela. Esto es: Jehová, el Señor, Aquél que tiene un nombre sobretodo nombre, Cristo (Fil 2:5-11). Necesitamos visitar ese concepto, “esperanza”, para poder comprender la profundidad y la dimensión de esta declaración del salmista.

Debemos comenzar señalando que los Griegos decían que la existencia humana no es determinada meramente por la percepción, la “aisthesis” (G144) que nos invita a analizar y a aceptar el “presente.” Los griegos decían que la existencia humana también es determinada por las memorias, los recuerdos, el “mneme” (G3420) de nuestro pasado y las expectativas que tenemos del futuro. Es importante destacar que los recuerdos del pasado y las expectativas del futuro no pueden ser considerados como una evaluación objetiva. Esta evaluación se basa en la expectación en medio del temor y la esperanza; aquello que el ser humano utiliza para considerar todas sus posibilidades. De hecho, lo Griegos creían que las expectativas y la esperanza del ser humano son la proyección que este tiene acerca de su futuro.[2]

Los Griegos añadían a esto que la esperanza podía se engañada con facilidad y convertirse en algo peligroso. Ellos decían que solo un dios era incapaz de errar en sus expectativas y que los seres humanos eran impredecibles e inciertos.

Por otro lado, el pueblo Judío siempre ha sido más pragmático en su acercamiento al concepto de la esperanza. Para ellos la esperanza nunca es neutral; o es buena  o es mala y por lo tanto o es esperanza o es temor. La diferencia entre ellas, según la teología del pueblo Israelita, es que la esperanza como expectación está ligada a la confianza; confianza que se demanda. Esa expectación es también anhelo que nos conmina a aprender a esperar con paciencia o a escapar a un refugio. El pueblo de Israel nos enseñó que mientras hay vida hay esperanza (Ecl 9:4). El Diccionario Teológico Kittel dice que esta esperanza no es la del mundo de los Griegos: un sueño de consolación producido por la imaginación que causa que olvidemos los problemas presentes. Tampoco es algo que nos alerta acerca de la incertidumbre que pueda traer ese mundo futuro.[3]

Esta esperanza trata de algo que proviene directamente de Dios.

Existen algunos ejemplos bíblicos en el Antiguo Testamento que nos pueden arrojar luz acerca de esto que acabamos de compartir. Un buen ejemplo es el rey Ezequías poniendo su esperanza en Dios (2 Rey 18:1-5). Otro ejemplo es el de Zofar naamatita, uno de los amigos de Job, diciéndole al Patriarca que podría tener confianza porque hay esperanza (Job 11:18). Esto, en medio de un ambiente de muerte, de calamidades y de desolación. Lo podemos ver en Job cuando señala que no había puesto su esperanza en el oro y que su confianza la había puesto en el Todopoderoso (Job 31:23-35).  Es el salmista diciendo que la esperanza de los pobres no perecerá (RV 1960), se cumplirán (PDT), Dios no pondrá fin a estas (TLA) (Sal 9:18).

Es también el salmista diciendo que su esperanza está en el Señor (Sal 39:7), que su esperanza viene de Dios (Sal 62:5); que él ha puesto su esperanza en Jehová el Señor (Sal 73:28). Es el profeta Zacarías llamando al pueblo amenazado a confiar en las promesas que ha hecho Dios aun en medio de la crisis nacional y la noticia ineludible de la destrucción del país. Veamos las palabras que utiliza este profeta:

12 Volveos a la fortaleza, oh prisioneros de esperanza; hoy también os anuncio que os restauraré el doble.  (Zac 9:12)

¡Qué palabra profética más hermosa! La esperanza que no se puede perder porque nos ha cautivado, nos ha convertido en sus prisioneros. La esperanza es un regalo de Dios que nos lleva a mirar a las promesas del Señor en vez de a las situaciones que enfrentamos en la vida.

Ahora bien, el escritor del Salmo 91 no utilizó la sabiduría de los Griegos para producir sus declaraciones acerca de la esperanza. Es muy interesante este dato; tampoco parece haber utilizado mucho de la teología del pueblo Judío para enunciar sus declaraciones. Estamos convencidos de que el escritor de este salmo fue inspirado por el Espíritu Santo para promover respuestas cónsonas con la teología Cristiana, la teología que encontramos en el Nuevo Testamento.

El salmista responde a las inquietudes acerca de la esperanza diciendo que la esperanza no es algo que uno busca ni que uno recibe. El salmista dice en el salmo  91 que la esperanza tiene nombre y que es una persona única: Jehová, el Señor es su esperanza:

2 Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;….

Esta expresión es cónsona con las definiciones de la esperanza que nos ofrece el Nuevo Testamento.

27 a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,  (Col 1:27)

Nuestra esperanza tiene nombre: se llama Cristo. Cristo es nuestra esperanza de gloria.

Sabemos que esta no es la única ocasión en la que encontramos algo así en los textos del Antiguo Testamento. El salmista usó esta misma definición de la esperanza en el Salmo 71:

5 Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, Seguridad mía desde mi juventud. (Sal 71:5)

También la usó en el Salmo 14 y en el Salmo 65:

6 Del consejo del pobre se han burlado, Pero Jehová es su esperanza.  (Sal 14:6)

5 Con tremendas cosas nos responderás tú en justicia, Oh Dios de nuestra salvación, Esperanza de todos los términos de la tierra, Y de los más remotos confines del mar. (Sal 65:5)

De hecho, algunos profetas tenían esta misma interpretación de lo que es la esperanza. Veamos lo que dice el profeta Jeremías acerca de esto:

8 Oh esperanza de Israel, Guardador suyo en el tiempo de la aflicción, ¿por qué te has hecho como forastero en la tierra, y como caminante que se retira para pasar la noche? (Jer 14:8)

El profeta Joel comparte esa misma interpretación acerca de la esperanza:

16 Y Jehová rugirá desde Sion, y dará su voz desde Jerusalén, y temblarán los cielos y la tierra; pero Jehová será la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel.  (Joel 3:16)

La esperanza del Cristiano sigue siendo un regalo del cielo, producido por el manejo correcto de las crisis y el desarrollo del carácter como hijos de Dios :

3 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; 4 y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; 5 y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.  (Rom 5:3-5)

Al mismo tiempo, la esperanza del Cristiano nos permite estar gozosos en ella, aun cuando estemos sufridos en medio de la tribulación (Rom 12:12). La esperanza del Cristiano emana de su confianza en el Señor y de la seguridad que nos ofrecen las promesas que encontramos en las Sagradas Escrituras (Rom 15:4).

No obstante, la Biblia confirma que la esperanza nuestra tiene nombre. El Dios de esperanza nos llena de todo gozo y paz en el creer, para que abundemos en esperanza por el poder del Espíritu Santo (Rom 15:13).

Sabemos que estas aseveraciones chocan con las opiniones y las percepciones que han desarrollado muchos de los seres humanos durante esta pandemia provocada por el COVID-19. Son muchos los que ha perdido su esperanza y se preguntan en dónde está Dios y si vale la pena servirle.

Esto me recuerda unas palabras que formaron parte de un sermón predicado por el Dr. Harry Emerson Fosdick: “The common sense wisdom of Christianity.” Las ansiedades provocadas por las crisis, las guerras y la pandemia que azotaban al planeta tenían a muchas personas preguntándose lo mismo: ¿vale la pena servir al Señor? La respuesta: ¡claro que sí!

Como parte de su sermón, este Pastor recordaba un libro escrito en 1908 por un Francés (Charles Bignet-Sanglé; muy interesante por cierto): La Folie do Jésus, (“The Insanity of Jesus,”). En ese libro, el escritor dice que si Jesús hubiera vivido en Europa durante el siglo 19, lo habrían internado en un hospital para enfermos mentales por ser un megalo-maniaco, afligido con alucinaciones. En fin, un mundo que se creía (y se sigue creyendo) sabio y sano y que Cristo estaba loco. Este escritor describió esto escuchando en sus oídos los ruidos de unos tambores  que anunciaban una realidad inexpugnable. Ese mundo “sabio y sano” produjo en los próximos 50 años dos (2) Guerras Mundiales, una pandemia y una depresión económica sin precedentes. Estas cosas le costaron la vida a más de 200 millones de personas en los primeros 50 años del siglo 20.

Hoy podemos preguntarnos quiénes eran los locos y quién es el que está sano. La locura de los hombres nos conduce a la auto destrucción. El mensaje del Evangelio nos conduce por una ruta de esperanza y de salvación. Cristo vino para darnos vida y para darla en abundancia (Jn 10:10).

Tenemos que reconocer que este año ha provocado ansiedades que solo se experimentan cada cien años. Jürgen Moltmann ha dicho que la esperanza Cristiana es el remedio divino para la ansiedad terrena. Moltmann ha dicho que tanto la esperanza como la ansiedad tienen en común el sentido de lo que es posible. La ansiedad vislumbra el peligro posible mientras que la Esperanza vislumbra la liberación que es posible, en Cristo.[4]

La esperanza Cristiana es esperanza de resurrección. Esto es algo que Dios prometió y garantizó por la resurrección de Cristo. La esperanza Cristiana se fundamenta en que el Cristo del Calvario enfrentó el pecado, la vida, la muerte, la gloria humana, el sufrimiento, la ausencia de paz, el desgarramiento, la fragmentación humana  y los venció. Cristo validó así las afirmaciones de las promesas que nos hablan del futuro. Ese futuro se anuncia ya en esas promesas y a través de la esperanza despertada en nosotros por el amor de Dios derramado en nuestros corazones influye en el presente.

Moltmann nos ha enseñado que la esperanza es el “acompañante inseparable de la fe.” Sabemos que la fe es el Fundamento en el que descansa la esperanza. Es cierto que sin el conocimiento de la fe la esperanza se convierte en utopía que se pierde en el vacío. No obstante, no es menos cierto que la esperanza Cristiana acompaña a la fe, porque la fe sin esperanza decae y se transforma en fe pusilánime, muerta. Es cierto que la fe nos hace encontrar la senda (Cristo, Jn 14:6), pero la esperanza nos mantiene en ella. Es cierto que la fe transforma la esperanza en confianza, pero la esperanza alimenta y sostiene la fe; la renueva y la reanima constantemente para que se levante más fuerte.

Es entonces que esa fe, acompañada de esa santa expectación en las promesas del Eterno, se convierte en algo que la Biblia llama  “parrhēsia” (G3954), denuedo, audacia, apertura, libertad, confianza, seguridad (Efe 6:19; Fil 1:20; Heb 4:16; 10:19, 35. La fe se abraza a la longanimidad, la capacidad para ver el sufrimiento desde otra perspectiva, la paciencia para esperar en el Señor (Rom 2:4; 2 Cor 6:6; Gal 5:22; Efe 4:2).

El escritor del Salmo 91 no se limita a decirnos que él está convencido de todo esto. Cuando analizamos la estructura de este salmo destacamos que había tres (3) participantes en el mismo. El primero, el que confiesa su experiencia con todo lo que hemos analizado hasta aquí (vv.1-2). El segundo, un interlocutor que le responde (vv. 3-13). El tercer lugar lo ocupa la palabra profética de Dios (vv. 15-16). El interlocutor dice algo que es sumamente extraordinario. Él también ha experimentado que la esperanza es algo más que un regalo, algo más que una herramienta que Dios nos ha dado:

9 Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación,….. (Sal 91:9)

Esta es una de las razones por la que la Biblia enseña que la esperanza que hemos recibido no nos puede dejar en vergüenza (Rom 5:5): porque Cristo nunca nos dejará en vergüenza. ¿Por qué los Cristianos no pierden la esperanza? Los Cristianos no perdemos la esperanza porque perder la esperanza es similar a perder a Cristo.

Esto responde con mucha elocuencia a la pregunta que se han formulado muchos; ¿en dónde está Dios cuando nos toca el sufrimiento. La respuesta: Él está con nosotros. ¡Dios es nuestra esperanza! Nuestra esperanza está en Él, viene de Él y es Él.

La Biblia dice que esa esperanza, Cristo, es una que no se ve. La esperanza que se ve no es esperanza. “Pero si esperamos lo que no vemos con paciencia lo aguardamos” (Rom 8:24-25).

Es por esto que podemos presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todos aquellos que demande razón de la esperanza que hay en nosotros (1 Ped 3:15). Es que Cristo en nosotros es esa esperanza de gloria (Col 1:27). Es por eso que podemos mantenernos firmes en esa esperanza (Heb 10:23), porque el Señor de la Esperanza está con nosotros.

Alguno puede preguntarse si estamos postulando que nuestra esperanza es mejor que la del pueblo Judío. La Biblia dice que sí:

18 Así que el mandato anterior quedó cancelado porque era débil e inútil, 19 pues la ley de Moisés no perfeccionó nada, y en su lugar tenemos una esperanza mejor, por la cual nos acercamos a Dios. (Heb 7:18-19, DHH)

El escritor del Salmo 91 dice que no nos debemos sorprender de ver aflicciones en este mundo. Este salmista nos dice que debemos confesarle al Señor que se revela, a Cristo, que Él es nuestra esperanza y nuestro castillo. Lo que nos toca de cerca es un reclamo que hace el escritor de la carta a los Hebreos, cuando nos invita a que sigamos mostrando hasta el fin ese mismo entusiasmo, para que podamos ver nuestra esperanza realizada por completo (Heb 6:11, DHH). Si estamos escondidos en Cristo Jesús, seremos capaces de aguardar lo que la Biblia llama la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo (Tito 2:13).

Nuestra esperanza no son las riquezas (1 Tim 6:14). La Biblia dice que nuestra esperanza, la esperanza de salvación, opera como un yelmo, esa pieza de la armadura antigua que resguardaba la cabeza y el rostro (1 Tes 5:8). Hay que aceptar que nuestros pensamientos y nuestra razón son nuestros  peores enemigos. Hace falta una protección que no nos abandone, que no nos deje en vergüenza (Rom 5:5) para que no seamos derrotados.

Por último, el escritor de este salmo selecciona la identidad de Dios como Jehová, como el Señor, para hacer esta declaración: “2 Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;…” Ese nombre de Dios describe al Sempiterno y al siempre presente: al Gran Yo Soy. Ese nombre describe a Cristo.

El Salmo 91 dice que podemos atravesar por senderos de oscuridad, el Gran Yo Soy es la Luz del mundo que está con nosotros. Podemos atravesar por el valle de sombra de muerte, el Gran Yo Soy que está con nosotros es el que ha dicho que Él es la Resurrección y la Vida. Podemos atravesar por procesos de aflicción y de dolor, el Gran Yo Soy que está con nosotros es el que ha vencido al mundo. Podemos atravesar por procesos de pérdidas significativas, el Gran Yo Soy es el que ha dicho que el Buen Pastor que está con nosotros.

Tenemos una esperanza que no nos deja en vergüenza porque tenemos a Cristo, el Gran Yo Soy, el Buen Pastor, la Resurrección y la Vida, nuestro Señor y nuestro Salvador. Esa relación no es circunstancial. O sea, no depende de las circunstancias por las que estemos atravesando.

La Biblia dice que nuestra esperanza está anclada en las promesas del Señor. Una de ellas dice lo siguiente:

3 Siempre que oramos damos gracias por ustedes a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, 4 porque nos hemos enterado de la fe que tienen en Jesucristo y del amor que muestran por todo el pueblo santo de Dios. 5 Su fe y amor están basados en la esperanza de recibir lo que Dios les tiene guardado en el cielo. Ustedes conocieron esa esperanza a través del mensaje verdadero, o sea, las buenas noticias de salvación 6 que llegó hasta ustedes. (Col 1:3-5, PDT)

Concluimos esta reflexión revisando otro postulado del Apóstol Pablo:

18 Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.  (Rom 8:18, RV1960)


[1]  Tehillim: A new translation with a commentary anthologized from Talmudic, Midrashic and Rabbinic Source, Overview by Rabbi Avrohom Chaim Feuer, Vol. 1 p. 1133. Mesorah Publications, LTD, 2013.

[2]  The Greek Concept of Hope. Bultmann, R. (1964–). ἐλπίς, ἐλπίζω, ἀπ-, προελπίζω. G. Kittel, G. W. Bromiley, & Friedrich (Eds.), Theological dictionary of the New Testament (electronic ed., Vol. 2, pp. 517-521). Grand Rapids, MI: Eerdmans.

[3]  The OT View of Hope. Bultmann, R. (1964–). Ibid. (electronic ed. Vol. 2, p. 522).

[4] [4]Moltmann, Jurgüen. 1994. Jesus Christ for Today’s World. Minneapolis: Fortress Press.

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