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Reflexiones de Esperanza: El Arca del Pacto – Parte 10: la agenda después de la cueva (Un preludio a la adoración)

David, el rey de Israel, anhelaba trasladar el Arca del Pacto a uno de los territorios que había conquistado; la ciudad que lleva su nombre. Esa ciudad sería la nueva capital del reino de Israel y este rey quería asegurar que la presencia de Dios estuviera allí. El deseo vehemente de este hombre se convirtió en la agenda central de su vida luego de salir de su período de cuarentena, de distanciamiento social en la cueva de Adulam.

Hay varias razones que debieron haberle motivado a dirigir esta empresa. Como hemos visto en reflexiones anteriores, trasladar el Arca del Pacto a Jerusalén implicaba exponer a las últimas dos (2) generaciones de Israelitas que habían nacido, a tener experiencias similares a las que habían tenido sus antepasados. Esto es, experiencias como las que vivieron aquellos que caminaron en el desierto alrededor de este símbolo de la presencia de Dios.

Otra razón de mucho peso pudo haber sido una meta educativa. Los Israelitas de las generaciones anteriores habían comprendido que la presencia del Todopoderoso y Su Palabra no están limitadas a un solo lugar. Hay que peregrinar con ellas y en ese proceso dar a conocer al mundo entero que solo Dios es Dios y que Su Palabra es santa. Eso fue lo que hizo Israel durante su peregrinación desde Egipto hasta llegar a la Tierra Prometida. Las naciones vecinas dieron testimonio de esto.

9 Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros. 10 Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón  y  a Og, a los cuales habéis destruido. 11 Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.   (Jos 2:9-11, RV 1960)

¿Cuáles son las noticias acerca de Dios que escuchan las naciones vecinas? ¿Cuáles son las noticias que escuchan nuestros vecinos y compañeros de trabajo? El corolario de esta aseveración es que las noticias cambian cuando esa Presencia divina ocupa el centro del lugar en el que acampa el pueblo de Dios.

Estas realidades no han cambiado. Las generaciones actuales también necesitan ser expuestas a estas experiencias. No hay manera en que una nación pueda ser exitosa y que sea capaz de avanzar sus agendas si sus ciudadanos no han sido expuestos a tener encuentros con el Señor. Esto requiere que Dios esté en el centro de todo lo que ellos hacen y de todo lo que ellos son. El salmista lo resume muy bien en el Salmo 33 cundo dice lo siguiente:

12 Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová, El pueblo que él escogió como heredad para sí. 13 Desde los cielos miró Jehová; Vio a todos los hijos de los hombres;  14 Desde el lugar de su morada miró Sobre todos los moradores de la tierra. 15 El formó el corazón de todos ellos; Atento está a todas sus obras.  (Sal 33:12-15, RV 1960)

16 Ningún rey se salva por su gran ejército, ni se salvan los valientes por su mucha fuerza; 17 los caballos no sirven para salvar a nadie; aunque son muy poderosos, no pueden salvar. 18 Pero el Señor cuida siempre de quienes lo honran y confían en su amor, 19 para salvarlos de la muerte y darles vida en épocas de hambre. 20 Nosotros confiamos en el Señor; ¡él nos ayuda y nos protege!     (Sal 33:16-20, Dios Habla Hoy)

David anhelaba esto para su pueblo. Este rey sabía que la vida y el futuro de Israel dependerían de la relación que ellos tuvieran con el Señor. Varias generaciones de Israelitas habían crecido y se habían desarrollado lejos de esa Presencia. Sus conductas no habían sido las correctas y esto había provocado el desarrollo de muchos desastres. Dentro de estos desastres estaban las crisis políticas que habían experimentado como país al ser gobernados por un rey neurótico como Saúl. Estos desastres incluían los desastres militares y socioeconómicos; muchos conflictos internos y externos. Estos desastres incluían crisis familiares tales como la desestabilización de las familias y de las estructuras sociales básicas. Uno de los salmistas recoge todo esto con precisión al describir lo que sucedía en Israel cuando el Arca del Pacto estaba en el santuario en Silo:

53 Los guio con seguridad, de modo que no tuvieran temor; Y el mar cubrió a sus enemigos. 54 Los trajo después a las fronteras de su tierra santa, A este monte que ganó su mano derecha. 55 Echó las naciones de delante de ellos; Con cuerdas repartió sus tierras en heredad, E hizo habitar en sus moradas a las tribus de Israel. 56 Pero ellos tentaron y enojaron al Dios Altísimo, Y no guardaron sus testimonios; 57 Sino que se volvieron y se rebelaron como sus padres; Se volvieron como arco engañoso. 58 Le enojaron con sus lugares altos, Y le provocaron a celo con sus imágenes de talla. 59 Lo oyó Dios y se enojó, Y en gran manera aborreció a Israel. 60 Dejó, por tanto, el tabernáculo de Silo, La tienda en que habitó entre los hombres, 61 Y entregó a cautiverio su poderío, Y su gloria en mano del enemigo. 62 Entregó también su pueblo a la espada, Y se irritó contra su heredad. 63 El fuego devoró a sus jóvenes, Y sus vírgenes no fueron loadas en cantos nupciales. 64 Sus sacerdotes cayeron a espada, Y sus viudas no hicieron lamentación.   (Sal 78:53-64, RV 1960)

Los lectores deben comprender que esta es la realidad de toda la humanidad. Lo que le aconteció a Israel en esa época es lo que le acontece a toda nación que se aleja de Dios y que no guarda los testimonios del Altísimo. Es obvio que hoy en día hay naciones en las que parece que Dios no está.

La buena noticia es que Dios puede ser devuelto al centro de nuestras realidades, de nuestras vidas como seres humanos, así como la de nuestras familias y la de nuestra nación. Para que esto pueda ser posible, hace falta que se levante una generación como la de David que quiera devolver al Señor al centro de todas sus operaciones.

Las tormentas y las crisis que experimentamos en este tiempo exigen que se levante un ejército de hombres y mujeres que Dios haya procesado en las cuevas. Ese ejército tiene que levantarse con una sola agenda: llevar la presencia de Dios al centro de nuestro país, de nuestras familias y de nuestros corazones.

David anhelaba que se cumpliera en Israel la petición que luego formularía otro salmista:

1 Oh Pastor de Israel, escucha; Tú que pastoreas como a ovejas a José, Que estás entre “ querubines, resplandece. 2 Despierta tu poder delante de Efraín, de Benjamín y de Manasés, Y  ven a salvarnos. 3 Oh Dios, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. (Sal 80:1-3, RV 1960)

La expresión inicial de este salmo describe a Dios resplandeciendo entre querubines. Esta es una clara expresión de la revelación de Dios sobre el propiciatorio. La cubierta del Arca del Pacto tenía dos (2) querubines labrados sobre ese asiento de misericordia que llamamos propiciatorio. La Biblia dice que Dios le hablaba a Moisés desde allí (Éxo 25:22). O sea, que este salmista estaba invocando la Presencia del Señor a través de la permanencia del Arca del Pacto.

El salmista quería que Dios resplandeciera de la misma manera sobre su país. Esta es la única manera que posee una nación para ser restaurada; que el Señor resplandezca en medio nuestro.

David anhelaba esto para Israel, pero este anhelo no había sido capaz de detener los errores que este hombre cometió en su primer intento para trasladar el Arca a Jerusalén. Ya sabemos que ese primer intento poseía alabanza, música, liturgias, vestiduras religiosas, multitudes, aplausos y hasta el apoyo del pueblo. Ninguna de estas cosas logró impresionar a Dios, porque todas ellas habían sido presentadas en medio de la desobediencia a Sus estatutos. Dios no puede bendecir aquello que se genera en medio de la desobediencia.

Dios no podía permitir que David lograra hacer esto con éxito porque si lo hacía estaría patrocinando el sincretismo de los requisitos de nuestra fe en un solo Dios, Creador y Sustentador de todo lo que existe, con los métodos y las prácticas de otras corrientes religiosas. Después de todo, como decía Francis Schaeffer, el pueblo de Dios es visto ante los ojos del Eterno como el responsable de las crisis que ocurren en el pueblo.

The central problem of our age is not liberalism or modernism, nor the old Roman Catholicism or the new Roman Catholicism, nor the threat of communism, nor even the threat of rationalism and the monolithic consensus which surrounds us. All these are dangerous but not the primary threat. The real problem is this: the church of the Lord Jesus Christ, individually corporately, tending to do the Lord’s work in the power of the flesh rather than of the Spirit. The central problem is always in the midst of the people of God, not in the circumstances surrounding them.

---  Francis A. Schaeffer, No Little People

El problema central de nuestra época no es el liberalismo o el modernismo, ni el antiguo Catolicismo Romano o el nuevo Catolicismo Romano, ni la amenaza del comunismo, ni siquiera la amenaza del racionalismo y el consenso monolítico que nos rodea. Todas estas son peligrosas pero no son la amenaza más importante. El problema real es este: la Iglesia del Señor Jesucristo, individualmente y como corporación, tendiendo a hacer la obra del Señor en el poder de la carne en vez de en el poder del Espíritu. El problema central siempre está en medio del pueblo de Dios, no en las circunstancias que les rodean. (Traducción libre realizada por el escritor de esta reflexión)

Esta tendencia nunca ha dejado de ser una tentación para los creyentes. Recientemente me escandalicé al ver en vídeo a una Iglesia Cristiana (Bethel Church), desarrollar una ceremonia profética para cancelar el racismo. Esta ceremonia fue desarrollada siguiendo el modelo establecido por Gandalf en las películas “The Lord of the Rings”. Esta no es una interpretación: ellos lo dijeron así. Una de las Apóstoles de esa Iglesia estaba vestida como uno de los “wizards”, como un mago o una bruja de esa película. El vídeo muestra cómo usaron una vara como la Gandalf para golpear en el suelo para cancelar el racismo.[1]

Todo esto se hizo en el nombre de Cristo.

Esta es una aberración en la que se mezcla la magia negra, las recreaciones de Hollywood y se pretende que se está sirviendo a Cristo. Esta es una de las razones fundamentales por las que estamos experimentando las crisis actuales. La Iglesia ha mezclado el poder de Dios hasta con los brujos del mundo.

Los lectores deben entender que el racismo no es un problema ideológico de izquierda o derecha. Es realmente una incomprensión o el rechazo de la naturaleza y la bondad de la creación de Dios. Lo que Dios hace es bueno independientemente de los colores de la piel, los trasfondos culturales, los idiomas, etc. Es por esto que el racismo es pecado. Lo he expresado así en radio y en Televisión. Es por esto que la violencia institucional también es pecado, y la no institucional también lo es. Pero el racismo no es reprendido con actos de brujería ni de magia. Este germen satánico requiere reprensión y transformación. Esto es algo que sólo el poder del Señor puede lograr.

David lo pudo explicar así algunos años más tarde y en otro contexto:

16 Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto. 17 Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.  (Sal 51:16-17, RV 1960)

David pudo reconocer los errores cometidos en el primer intento para trasladar el Arca del Pacto. El Señor aceptó su arrepentimiento y sus medidas correctivas.  La buena noticia detrás de esta aseveración es que la misericordia derramada sobre David también está disponible para nosotros. ¡Nosotros también lo podemos conseguir!

Las herramientas necesarias para conseguirlo han sido simplificadas. Basta venir a Cristo Jesús con un corazón contrito y humillado. Sabemos que Dios no echa fuera a ninguno que viene a Él.

Hay varias preguntas que continúan en el tintero en todos estos procesos. David sabía que tenía que conseguir que el Arca del Pacto peregrinara a un lugar profético: el monte de Sion. ¿Cómo lo podía conseguir?: él tenía que obedecer a Dios. ¿Cómo podía David conseguir que Dios viera que su obediencia  era genuina?: operando con sinceridad y con sabiduría.

Hace algunos años Charles R. Swindoll presentó un axioma derivado de principios bíblicos:

¿Qué es lo que proviene de Dios porque es imposible que los seres humanos lo puedan manufacturar?: la Sabiduría. ¿Qué es lo que proviene de los seres humanos porque es imposible que Dios lo experimente?: la Preocupación. ¿Y qué es lo trae la sabiduría y disipa la preocupación?: la Adoración.              Charles R. Swindoll

¿Cómo podemos aplicar este axioma a nuestro contexto actual? Las ediciones de El Heraldo de los meses de octubre y noviembre del año pasado (2019) trabajaban con esto último. Las respuestas fueron producidas mientras analizábamos el Salmo 96:

3 Proclamad entre las naciones su gloria, En todos los pueblos sus maravillas. 4 Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; Temible sobre todos los dioses. 5 Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos; Pero Jehová hizo los cielos. 6 Alabanza y magnificencia delante de él; Poder y gloria en su santuario. 7 Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos, Dad a Jehová la gloria y el poder. 8 Dad a Jehová la honra debida a su nombre; Traed ofrendas, y venid a sus atrios. 9 Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad; Temed delante de él, toda la tierra. 10 Decid entre las naciones: Jehová reina. También afirmó el mundo, no será conmovido; Juzgará a los pueblos en justicia.  (Sal 96:3-11, RV 1960)

Decíamos en esas reflexiones que este salmo nos invita a que consideremos siete (7) cosas que hay que enseñar a las naciones, y ocho (8) promesas que han sido establecidas a partir de ello.

Decíamos como parte de esas reflexiones que ese salmo nos coloca ante la necesidad de ver la adoración como una herramienta, un instrumento que el Señor ha puesto en las manos de aquellos que le adoran para dar a conocer la gloria, el honor, la majestad, la fortaleza, la santidad del carácter de Dios y todos los atributos que se desprenden de esa gloria.

O sea, que la adoración descrita aquí trasciende el propósito primordial de esta, reconocer el primado, la majestad, la santidad y el honor del Señor a través de Cristo. ¿Por qué lo trasciende? : porque la adoración es también una herramienta para invitar a otros a reconocer la gloria que hay en el nombre del Señor.

La Biblia dice que Dios es el Admirable Consejero, el Padre Eterno, Dios Fuerte, el Príncipe de Paz. Esa aseveración no ha sido dada para que nos limitemos tan solo a reconocerlo así. Hay que darlo a conocer. La Biblia dice que el Señor es el Alfa y la Omega, la Estrella de la mañana. No basta con proclamarlo. Las naciones tienen que escuchar el testimonio de un pueblo transformado por la sangre de Cristo anunciando tod esto. La Biblia dice que Jesucristo es el León de la tribu de Judá, el Anciano de días, la Rosa de Sarón, el Vencedor, que es nuestro Señor y nuestro Salvador. Las naciones tienen que escucharlo y experimentarlo.

Decíamos el 13 de octubre del año pasado que es obvio que la adoración que agrada a Dios tiene que tener como componente central el reconocimiento de la majestad, de la inmanencia, de la gloria, el honor, la santidad y el poder de Dios. Lo que hace que el Salmo 96 sea uno extraordinariamente pedagógico es que este indica que la verdadera adoración tiene que dar a conocer esto entre todas las familias de la tierra.

He aquí la función misionera y peregrina de este salmo. Este salmo dice que los que adoramos al Señor somos vistos ante Dios como misioneros que peregrinamos por el plantea anunciando a cada familia de la tierra los atributos y las características adscritas al nombre de nuestro Dios.

La Biblia dice que ese nombre que publicamos en la adoración es el que el Señor ha puesto sobre los hijos de su pueblo (Nm 6:27). Es más, la invitación que Dios le hizo a Moisés incluye que los pueblos de la tierra temerían al ver que ese nombre era invocado por el pueblo de Dios (Dt 28:10).

Ese mensaje tiene que ser proclamado mientras adoramos a cara descubierta y llevando la gloria de Dios sobre nuestros hombros.

Los exégetas bíblicos más destacados nos han enseñado que hay un salmo relacionado al proceso;  del traslado del Arca del Pacto a Jerusalén: el Salmo 132.

A continuación los primeros versos de este:

Acuérdate, Señor, de David y de todas sus aflicciones; 2 acuérdate del firme juramento, que te hizo a ti, el Poderoso de Jacob: 3 «No me pondré bajo techo ni me acostaré a descansar, 4 no cerraré los ojos ni dormiré un solo instante, 5 mientras no encuentre casa para el Señor, el Poderoso de Jacob.».  (Sal 132: 1-5, Dios Habla Hoy)

El escritor de este salmo describe las interioridades del corazón de David en todo el proceso para trasladar el Arca. Su narrativa comienza con la descripción de sus aflicciones o angustias. Con toda probabilidad él está describiendo las aflicciones provocadas por no haber sido capaz de realizar la tarea que se había propuesto. Además, por el fracaso que había experimentado en el primer intento.

Este salmo enfatiza que David había decidido no dormir ni acostarse a descansar hasta que pudiera ser capaz de llevar esa Presencia al lugar que le correspondía. David decidió que la prioridad más importante de su vida era la de devolver la gloria de Dios al centro de la vida de su pueblo.

El reconocimiento de estas verdades es un preludio a la adoración.


[1] https://youtu.be/Z8El3j5S7O4.

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