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Today: Nov 28, 2020
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Reflexiones de Esperanza: El Arca del Pacto – Parte 16: La agenda después de la cueva (Adoración profética)

6 Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, Según el orden de Melquisedec.  7 Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. 8 Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9 y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; 10 y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.   (Heb 5:6-10)

Las decisiones y las acciones que David tomó para trasladar el Arca del Pacto a Jerusalén se convirtieron en metáforas proféticas. La Biblia dice lo siguiente acerca del rol de David como parte de ese proceso:

27 Y David iba vestido de lino fino, y también todos los levitas que llevaban el arca, y asimismo los cantores; y Quenanías era maestro de canto entre los cantores. Llevaba también David sobre sí un efod de lino.  (1 Cró 15:27)

Es muy interesante que el cronista haya decidido enfatizar tanto en las vestiduras que utilizaba David para esta ceremonia. Esto revela la importancia que tenían sus acciones y la perspectiva central, el rol principal que él quería tener en esta fiesta.

Hay que señalar que las vestiduras ocupan un lugar preponderante en las Sagradas Escrituras. Estas son utilizadas con mucha frecuencia como un símbolo del lugar y/o del mensaje que se quiere comunicar. De hecho, en muchas ocasiones las vestiduras, y/o la ausencia de estas, se convierten en el mensaje. Por ejemplo, Job destacaba, cuando se quejaba de sus tribulaciones, que él no entendía por qué le había acontecido esto a alguien que se vestía de Justicia (Job 29:14). O sea, que era tan íntegro que ocupaba una posición de juez en su comunidad. Sus vestiduras lo identificaban así. Otro ejemplo lo encontramos en la historia del endemoniado que aparece en la narrativa de Lucas. Ese endemoniado no usaba ropa (Lcs 8:27). Esto era un ejemplo del nivel de sus ataduras. Por otro lado, el rico que Lucas describe en la parábola del rico y Lázaro (Lcs 16:19-31), vestía de púrpura y de lino fino (v.19). Esa descripción subraya que este hombre era extraordinariamente rico.

Al mismo tiempo, la Biblia utiliza las vestiduras como metáforas de nuestra condición espiritual. Por ejemplo:

22 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. (Efe 4:22-24)

14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,  (Ef 6:14)

12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. 14 Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. 15 Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.  (Col 3:12-15)

David pudo venir a esa celebración vestido con sus ropas reales, con sus faldas y su manto como el rey de Israel. David pudo también haber escogido venir a esta celebración vestido con los ropajes de la posición más humilde en el escalafón social de Israel: pastor de ovejas. Esa era su profesión cuando Dios lo llamó para ser rey. Sin embargo, David decidió venir a esta celebración vestido con un vestido de lino fino y con un efod sobre sus hombros.

¿Qué significado posee todo esto? ¿Cuál era el mensaje que David estaba comunicando?  Las respuestas a estas preguntas requieren que analicemos qué representaba el efod y qué representaba el vestido de lino fino. El primero es mucho más fácil de explicar que el segundo, porque el efod era parte del ropaje sacerdotal de Israel. Éste estaba hecho con hilos de oro, lino fino y telas azul, morada y roja. Tenía dos (2) hombreras con unas correas unidas a los extremos para que pudiera ser colocado sobre los hombros del sacerdote (Éxo 28:6-8, PDT). En el caso del efod del sumo sacerdote, el efod también se utilizaba para colocar sobre este un pectoral que tenía 12 piedras preciosas; una por cada una de las tribus de Israel. O sea, que el efod era una vestidura que identificaba a los sacerdotes.

El vestido de lino fino es un poco más complicado de explicar debido a que no está circunscrito a un solo rol. Por ejemplo, los sacerdotes de Israel usaban vestidos de lino fino (Éxo 39:27-28). Al mismo tiempo, la mujer virtuosa, sabia y prudente que describe el libro de Proverbios también usa y prepara vestidos de lino fino:

21 No tiene temor de la nieve por su familia, Porque toda su familia está vestida de ropas dobles. 22 Ella se hace tapices; De lino fino y púrpura es su vestido. 23 Su marido es conocido en las puertas, Cuando se sienta con los ancianos de la tierra. 24 Hace telas, y vende, Y da cintas al mercader. 25 Fuerza y honor son su vestidura; Y se ríe de lo por venir. (Pr 31: 21-25)

O sea, que esos vestidos pueden describir a personas virtuosas, sabias y prudentes. ¿Esto significa que todos los que usaban vestidos de lino fino en las Sagradas Escrituras son considerados sabios, prudentes, virtuosos o sacerdotes? La respuesta es que no. El rico de la parábola del rico y Lázaro (Lcs 16:19-31) que citamos anteriormente, también usaba un vestido de lino fino. Otro ejemplo lo encontramos cuando se anuncia la destrucción de la gran Babilonia que se describe en el libro del Apocalípsis. Allí se describe que esa ciudad hacía mercadería de lino fino (Apoc 18:12) y se vestía de lino fino (v.16).

Una conclusión obvia es que siempre podemos encontrar personas que pueden estar vestidas de lo que no son. Otra conclusión es que hay imitadores de las vestiduras sacerdotales, y de aquellas que distinguen a las personas virtuosas, sabias y prudentes. Esos imitadores son capaces de desarrollar negocios acerca de esos roles. En todos y cada uno de esos casos son descubiertos y castigados; la Biblia dice que van al infierno o son destruidos. O sea, si la vestidura es real, no es imitación, uno es vencedor. Si la vestidura es una imitación, uno se tiene que atener a las consecuencias.

¿Por qué podemos llegar a esta conclusión? La respuesta a esta pregunta la ofrece la misma Biblia. Cuando leemos el libro de Apocalípsis encontramos una descripción de la Iglesia triunfante que llega al cielo. Ese libro la define allí como la esposa del Cordero. Ese libro además incluye una descripción de sus atavíos:

7 Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. 8 Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. 9 Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas  son palabras verdaderas de Dios.   (Apo 19:7-9)

La esposa del Cordero, que es la Iglesia (2 Cor 11:2; Efe 5:22-33), está vestida de un lino fino, limpio y resplandeciente. El lino fino es descrito en ese pasaje de la siguiente manera: “el lino fino es las acciones justas de los santos.” O sea, que no se trata de cómo uno luce sino de cuán íntegro es su comportamiento y su testimonio.

El texto griego dice literalmente que a ella se le ha concedido que se vista. O sea, que a ella la visten porque es ella la que se ha ocupado y encargado de estar lista para ese momento tan especial; el día de su boda. Esa Iglesia llega al día de su boda como una Iglesia gloriosa, que no tiene mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que es santa y sin mancha (Efe 5:27).

En la tradición judía antigua, la novia veía al novio el día de la boda, luego de un tiempo en el que no habían podido cenar ni celebrar juntos. Ese era el tiempo, el día de la boda, en el que el novio preparaba la nueva morada para los esposos. Ese día, el novio regresaba a la casa de la novia para tomarla de la mano y llevarla a la casa del padre, porque era en ese lugar que la boda se celebraría.

El día de las bodas del Cordero la Iglesia va a ver que Aquél al que amamos viene a buscarnos, para tomarnos de la mano y llevarnos a la casa del Padre:

2 En la casa de mi Padre hay muchos lugares donde vivir; si no fuera así, yo no les hubiera dicho que voy a prepararles un lugar. 3 Y después de irme y de prepararles un lugar, vendré otra vez para llevarlos conmigo, para que ustedes estén en el mismo lugar en donde yo voy a estar. 4 Ustedes saben el camino que lleva a donde yo voy.» 5 Tomás le dijo a Jesús:—Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino?6 Jesús le contestó: —Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre. (Jn 14:1-6, Dios Habla Hoy)

Ese día la novia, la Iglesia, verá al Novio; a Aquél al que ella ama sin haberle visto (1 Ped 1:8).

No se puede llegar a ese día con ropas prestadas ni con imitaciones fabricadas por mercaderes del templo. El Novio no tomará de la mano a aquellos que estén vestidos con vestiduras compradas por otro precio que no sea la sangre que Él derramó en la Cruz del Calvario.

David llega a la celebración para trasladar el Arca del Pacto a Jerusalén vestido de un ropaje sacerdotal: un efod y un vestido de lino fino. David no era descendiente de la tribu de los levitas, por lo tanto no debía ser considerado como uno. Sin embargo, su ropaje lo identificó como sacerdote, así como sus acciones posteriores de bendecir al pueblo (2 Sam 6:18).

David también llega a esta celebración vestido como una metáfora de la esposa del Cordero. Esto es así porque la Biblia dice que la Iglesia, la esposa del Cordero, está compuesta por hombres y mujeres que son reyes y sacerdotes para la gloria de Dios. Fue Jesucristo el que nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre (Apoc 1:6).

O sea, que las vestiduras de David pueden ser consideradas como un anticipo profético de lo que ha de suceder muy pronto; las bodas del Cordero.

A todo esto, hay que añadir otra línea hermenéutica, de interpretación. David vino a adorar y a celebrar como rey, porque él era el rey de Israel. La ausencia de sus ropajes reales no lea había despojado de su título ni de su majestad. Al estar vestido con ropas sacerdotales, David estaba adorando como rey y como sacerdote. La Biblia revela que muchos siglos antes de David, había un hombre que adoraba y servía así, y en ese mismo lugar. Se trata de Melquisedec.

La Biblia nos narra que Abraham se encontró con este hombre el día en el que regresaba de derrotar a los reyes que se habían llevado cautivo a Lot (Gn 14:14-20). Melquisedec era rey y sacerdote de un lugar llamado Salem; antiguo nombre de Jerusalén. Esta figura enigmática, sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, (Heb 7:1-3, 9-11), se convirtió en figura y en símbolo de lo que es ese rol dual: rey y sacerdote.

El Salmo 110 no dice acerca de este hombre que esa fue la calificación que Dios le concedió a David como rey: “4 Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre Según el orden de Melquisedec.” (Sal 110:4).

Un elemento interesantísimo en todo este análisis es que Jesucristo, el Hijo de David, recibe este mismo título dual: rey y sacerdote según el orden de Melquisedec (Heb 5:6-10, 7:15-25). Jesucristo es el sacerdote inmutable porque vive eternamente. Jesucristo es también el Rey de reyes y señor de señores (1 Tim 6:15).

Desde esta perspectiva podemos concluir que David estaba realizando un acto profético al celebrar vestido como sacerdote al mismo tiempo que era rey. ¿Por qué? Porque Su hijo Jesús celebró y fue ofrecido en esa misma ciudad, cerca de mil años más tarde. La Biblia dice que el Hijo de David, Jesucristo, está sentado en los cielos como sumo sacerdote (Heb 8:1-3) y es el Rey de reyes, Señor de señores.

Pero hay algo más que hay que añadir a esta reflexión. David es acusado por su esposa Mical de haberse descubierto sin decoro delante de las criadas de sus siervos (2 Sam 6:20). O sea, que el vestido de lino fino no había sido capaz de cubrir su desnudez frente al pueblo mientras él celebraba.

¿Qué significado puede tener todo esto? Cerca de mil años más tarde, esa ciudad vería al Hijo de David ser desnudado y vestido de un manto escarlata (Mat 27:27-28). Cerca de mil años más tarde el Hijo de David sería despojado de ese manto y vestido una vez más para ser llevado hasta el Calvario (v. 31). Cerca de mil años más tarde el Hijo de David sería crucificado en una Cruz al lado del Monte de la Calavera (v. 33). Cerca de mil años más tarde el Hijo de David sería despojado allí de sus vestidos y asesinado por los lictores romanos (v. 35): “para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.”

Si entendió bien todo lo que implica el párrafo anterior, llegará la conclusión de que David pudo estar profetizando allí que su hijo, el Hijo de David, vería expuesta su desnudez en esa misma ciudad. Todo esto por querer devolverle la comunión con Dios a esa ciudad y al mundo entero.

Hay una noticia final: el Hijo de David regresará como Rey, como Sumo Sacerdote y sus huestes vendrán vestidas de lino finísimo:

11 Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. 12 Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. 13 Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. 14 Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. 15 De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. 16 Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.     (Apo 19:11-16)

¡Ese día se acerca!

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