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Today: Nov 26, 2020
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Reflexiones de Esperanza: El Arca del Pacto – Parte 17: La agenda después de la cueva (Fundamentos de la Adoración)

14 Y David danzaba con toda su fuerza delante de Jehová; y estaba David vestido con un efod de lino. 15 Así David y toda la casa de Israel conducían el arca de Jehová con júbilo y sonido de trompeta.   (2 Sam 6:14-15)

Hemos estado analizando los relatos del capítulo seis (6) de Segunda de Samuel, así como los que encontramos en los capítulos 13 al 15 de Primera de Crónicas. Estas narrativas bíblicas nos han permitido adentrarnos en los procesos relacionados al traslado del Arca del Pacto a Jerusalén.

Sabemos que el segundo intento que David organizó para llevar a cabo esta tarea fue exitoso. Esto es así porque este rey decidió aprovechar el espacio de tiempo que Dios le proveyó para realizar los preparativos adecuados para esta tarea. Estos preparativos incluyeron las siguientes áreas:

  • la revisión y la corrección de los motivos que había en su corazón.
  • la revisión y la corrección de las influencias externas.
  • la selección de las personas correctas para obtener el consejo correcto.
  • la separación de un tiempo para la santificación y la preparación adecuada.
  • la selección del programa litúrgico correcto.
  • la selección de las vestiduras correctas.

A todo esto hay que añadir algunos aspectos que aún no hemos tenido el tiempo de detenernos para analizarlos con especificidad. Uno de ellos es el análisis de los cuatro (4) tipos de adoración que se levantaron allí.

-   Adoración visual  (2 Sam 6:13)             -   Adoración vital (2 Sam 6:14)

-   Adoración vocal (2 Sam 6:15)               -   Adoración volitiva (2 Sam 6:20-22)

Otro, es el fundamento sembrado y desarrollado en familias sacerdotales; música, ministración, servicio y adoración desde el seno de las familias

Una verdad que David descubrió en todos estos procesos es que uno puede embarcarse en un proyecto con la fe correcta y obtener resultados incorrectos. Él descubrió que se puede tener el deseo y la inspiración correcta y conseguir los resultados incorrectos. Cuando esto sucede, hay que hacer lo que hizo David: hay que detenerse a buscar la sabiduría y la dirección de Dios. Hay que arrepentirse y buscar el rostro de Dios para poder discernir todo aquello que provocó ese fracaso.

No olvidemos que este  hombre viene de vivir unas experiencias celestiales en la cueva de Adulam. Estas experiencias pudieron muy bien envalentonarlo un poco.

La Biblia da a entender que este anhelo, el de hacerle morada a Dios, había estado en el corazón de David desde muy temprano en su vida. Cuando el salmista nos habla acerca de esto, nos dice que ese deseo estaba en el corazón de David desde Efrata (Sal 132:6):

Cuando estábamos en Efrata oímos hablar del cofre del pacto, y finalmente lo hallamos en la ciudad de Quiriat-jearim.   (Sal 132:6 Traducción en Lenguaje Actual)

Sabemos que hay versiones bíblicas que dan a entender que el Arca estuvo en algún momento en Belén. Sin embargo, no hay documentos ni narrativas bíblicas que apoyen esa traducción. Podemos repetir lo que han dicho varios biblistas, ese salmo implica que el anhelo de David de estar en contacto con la presencia de Dios y de hacerle casa, había estado en él desde que estaba en Efrata. No cabe duda de que ese deseo de David, este anhelo era uno correcto. Efrata es otro nombre para Belén (Miqueas 5:2). O sea, que David había estado trabajando con un proyecto que Dios había colocado en su corazón desde su juventud. No olvidemos que la Biblia dice que David era efrateo de Belén (1 Sam 17:12).

Esta es una constante en las narrativas bíblicas. Encontramos con mucha frecuencia a hombres y a mujeres que Dios usó con poder, utilizando recursos que estaban en sus manos y/o en sus corazones desde mucho antes de recibir sus llamados. Por ejemplo, José aprendió a darle otro uso a la capacidad que Dios le había dado de poder interpretar sueños. Esta transición comenzó en una cárcel. Moisés aprendió a darle otro uso a la vara de pastor que llevaba en sus manos. Esa vara fue puesta en sus manos cuando aceptó ser empelado de Jetro, su suegro. David aprendió a darle otro uso a la honda que llevaba en sus manos. Esa honda él aprendió a usarla cumpliendo en obediencia las asignaciones que le había dado su padre. Ester aprendió a darle otro uso a su belleza y a su sabiduría. Nehemías aprendió a darle otro uso a la posición que ocupaba al lado del rey Artajerjes. José de Arimatea aprendió a darle otro uso a los recursos que Dios había puesto en sus manos. El Señor vistió de eternidad y de gloria una tumba de José de Arimatea. Saulo de Tarso aprendió a darle otro uso al entrenamiento que había tenido a los pies de Gamaliel.

El modelo es el mismo y es repetitivo. En muchas ocasiones nos encontraremos que nuestros ministerios son enriquecidos y ampliados por el empoderamiento que Dios le da a recursos y a rasgos de nuestra personalidad que han estado con nosotros desde antes de haber sido llamados a servir.

Todo esto luce adecuado y muy correcto. Sin embargo, faltaba una pieza en el rompecabezas de David. La ausencia de esta pieza puede explicar el fracaso inicial, así como la incapacidad para discernir qué era aquello que lo haría fracasar. David no le había pedido permiso a Dios para desarrollar este proyecto. ¿Cómo podemos saber que esto fue así? Veamos lo que dice el Libro de los Hechos:

46 David contaba con la aprobación de Dios, y le pidió permiso para construir un templo donde el pueblo de Jacob pudiera adorar.  (Hch 7:46, Palabra de Dios para Todos)

46 Él encontró favor delante de Dios, y le pidió un lugar donde viviera la descendencia de Jacob;” (DHH)

Esta acción, la de pedir permiso, colocaba a Dios en el lugar que le corresponde. Además, le proveía la oportunidad a David de adquirir el discernimiento necesario para identificar y sacar del medio los “saboteadores” internos y externos de este proyecto.

Hay que pedir permiso. Repetimos: hay que aprender a pedir permiso. Este es un principio que hasta los demonios lo conocen muy bien.

12 Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos. 13 Y luego Jesús les dio permiso. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil; y el hato se precipitó en el mar por un despeñadero, y en el mar se ahogaron.  (Mcs 5:12-13)

Usted leyó bien: este pasaje bíblico dice que los demonios le pidieron permiso a Jesucristo para poder moverse de un lado al otro.

El poder de las fuerzas demoniacas que se describe en este pasaje es asombroso.

Este hombre había salido de entre las tumbas, 3 porque vivía en ellas. Nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. 4 Pues aunque muchas veces lo habían atado de pies y manos con cadenas, siempre las había hecho pedazos, sin que nadie lo pudiera dominar. 5 Andaba de día y de noche por los cerros y las tumbas, gritando y golpeándose con piedras  (Mc 5:1-5, Dios Habla Hoy)

Este es un mensaje poderoso. Puede ser sintetizado de muchas maneras. El poder del enemigo es un poder enorme y desintegrador. La reacción de la sociedad: el aislamiento. Esa reacción no ha cambiado. Aislamos aquello que no podemos controlar. Aislamos a aquellos que no podemos manejar. Aislamos a aquellos que nos hacen lucir mal o nos ponen en peligro. Todo eso cambia cuando llega Jesús. El poder de Jesús: el demonio tiene que pedir permiso y Jesús decide reintegrar a la humanidad a aquellos que han sido aislados por la sociedad. Los reconcilia con el Padre, los reconcilia consigo mismos y los reconcilia con sus prójimos.

4 Los encargados de cuidar los cerdos salieron huyendo a contar en el pueblo y en el campo lo que había pasado. Entonces vinieron a ver qué había sucedido. 15 Se acercaron a Jesús y vieron al hombre que había tenido los demonios, sentado, vestido y en su sano juicio  (Mcs 5:14-15, PDT)

David no había pedido permiso para hacer algo que era parte del programa de Dios. David había recibido esto en su corazón desde su juventud. David iba a realizar un proyecto que formaba parte del programa divino para bendecir a su país. David iba a hacer algo que bendeciría a su familia a través de todas las generaciones. David iba a desarrollar una tarea que abriría las puertas para que llegara Cristo. David desarrollaría un proyecto profético con implicaciones hasta la segunda venida de Cristo.

A pesar de todo esto, David fracasó en su primer intento porque no le había pedido permiso a Dios. No pedir permiso a Dios en este contexto puede ser interpretado como un intento de apropiarse de la gloria que solo le corresponde a Dios. Por otro lado, la versión Dios Habla Hoy destaca que lo que David alcanzó, para poder ser exitoso, era algo que no había conseguido antes. Esto se llama favor de Dios.

La Biblia narra una historia en el libro de Josué acerca de una bendición que el pueblo de Israel se perdió por no consultar al Señor: por no pedir permiso. Se trata de la historia de los habitantes de Gabaón que aparece en el capítulo nueve (9) del libro antes mencionado. Esa historia dice que la población de Gabaón había escuchado acerca del pueblo de Israel y de sus conquistas. Ellos también habían escuchado de las instrucciones que Dios le había dado a los Israelitas de no compartir la tierra de Canaán con los otros pueblos (Jos 9:3-6, 24-25). Fue entonces que ellos decidieron preparar un plan para engañar a los líderes de Israel. Ese plan consistía en hacerles creer que eran extranjeros y que su tierra quedaba muy lejos. La realidad era que Gabaón era una gran ciudad y una región vecina de las tierras que Israel estaba conquistando. La Biblia dice que algunos residentes de Gabaón se disfrazaron de embajadores, con sacos viejos sobre sus asnos y con cueros de vino que estaban rotos y remendados.

El texto bíblico dice que los líderes de Israel les creyeron las mentiras e hicieron alianza con ellos para no destruirlos. Esto sucedió, según dice la Biblia, porque los hombres de Israel decidieron tomar de las provisiones de ellos, y no consultaron a Jehová (v. 14).

Gabaón era una gran ciudad, más grande que la ciudad de Hai (Jos 10:2). Esta ciudad era una fortificación clave elevada a 2400 pies de altura y el acceso principal desde los valles costeros a las lomas en las que se encuentra Jerusalén. Eventualmente se la asignaron a la tribu de Benjamín (Jos 18:21-25) y dedicada a los Levitas (Jos 21:13-19). Además, se sabe que el Tabernáculo fue colocado allí en algún momento (1Cró 16:39).  Todo esto tuvo que ser compartido y no poseído porque no se consultó al Señor. O sea, no se fue delante el Señor a buscar Su permiso.

Este asunto de que Gabaón no fue conquistado nos debe hacer recordar una historia que aparece en el capítulo 16 del Primer Libro de Crónicas:

22 Entonces le dijo David a Ornán:—Cédeme el lugar donde trillas el trigo, para construir allí un altar al Señor. Véndemelo por el precio exacto, a fin de que la peste se retire del pueblo. 23 Y Ornán le contestó:—Tómelo Su Majestad y haga lo que le parezca mejor. Yo le doy los toros para el holocausto, los trillos para la leña y el trigo para la ofrenda. ¡Todo esto se lo doy a Su Majestad! 24 Pero el rey David respondió: —Te lo agradezco, pero tengo que comprarlo todo por el precio exacto, pues no te voy a quitar lo tuyo para dárselo al Señor y ofrecerle un holocausto que no me haya costado nada. 25 De esta manera, David le pagó a Ornán por aquel lugar seiscientas monedas de oro, 26 y allí construyó un altar al Señor y ofreció holocaustos y sacrificios de reconciliación. Luego invocó al Señor, y él le respondió enviando fuego desde el cielo sobre el altar del holocausto. 27 Entonces el Señor ordenó al ángel que volviera a guardar su espada.    (1 Cró 16:22-27, Dios Habla Hoy)

Esta es la frase clave: no te voy a quitar lo tuyo para dárselo al Señor y ofrecerle un holocausto que no me haya costado nada.

Algunos estudiosos opinan que esta era una de las razones que movió a David, desde su juventud, a desear que el Arca fuera colocada en Jerusalén. Unas razones de peso eran que esta era su ciudad y la ciudad capital de Israel. Otra, que él anhelaba traer el símbolo de la presencia de Dios a un lugar conquistado para Dios y no un lugar ocupado mediante engaño.

Es cierto que Dios convirtió toda esta historia en una narrativa de bendición. La Biblia asegura eso cuando nos dice “que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Rom 8:28, RV-1960). Sin embargo, toda esta saga se pudo haber evitado si los líderes de Israel hubieran consultado al Señor y le hubieran pedido permiso para aceptar a los Gabaonitas.

Las medidas correctivas y las acciones correctas de David provocaron muy buenos resultados a la distancia. Sus implicaciones son tan grandes que escapan a nuestra capacidad como seres humanos. El más importante de todos estos resultados es que se estableció el lugar para el desarrollo del mensaje del Evangelio, el sacrificio vicario de Cristo y la base operacional para el cumplimiento de la profecía acerca de la segunda venida de Cristo.

Es por esto que David danzaba con fuerza. El testimonio de su corazón le decía que el favor de Dios, el permiso de Dios, garantizaría el traslado exitoso del Arca del Pacto.

Simónides de Ceos era un poeta griego (556BC- 469BC). Tanto él, Sappho y Píndaro, pertenecen a la lista canónica de los nueve poetas líricos que hicieron los académicos de las escuelas Helenísticas en Alejandría[1]. Simónides dijo en una ocasión que la danza era un tipo de poesía silenciosa y que la poesía era un tipo de danza elocuente. David el poeta, el cantor de Israel, decidió danzar para el Señor. Su danza se convirtió en inspiración de muchos sermones, de himnos, coros, y poemas. Su danza también fue objeto de una crítica muy fuerte. Estas aseveraciones serán el objeto de nuestra próxima reflexión.

¿Por qué danzaba David? David danzaba porque había encontrado el favor del Rey y este es un fundamento de la adoración.


[1] https://www.newworldencyclopedia.org/entry/Simonides_of_Ceos.

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