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Reflexiones de Esperanza: El Arca del Pacto – Parte 18: La agenda después de la cueva (Fundamentos de la Adoración: adoración visual)

14 Y David danzaba con toda su fuerza delante de Jehová; y estaba David vestido con un efod de lino. 15 Así David y toda la casa de Israel conducían el arca de Jehová con júbilo y sonido de trompeta.   (2 Sam 6:14-15)

El relato bíblico del segundo intento para trasladar el Arca del Pacto a Jerusalén nos pinta con palabras un cuadro espectacular: al rey David danzando con toda su fuerza. La versión bíblica Dios Habla Hoy recoge esa escena de la siguiente manera:

14 David iba vestido con un efod de lino, y danzaba con todas sus fuerzas, 15 y tanto él como todos los israelitas llevaban el arca del Señor entre gritos de alegría y toque de trompetas.

La Biblia dice que todos los israelitas que acompañaban este séquito iban gritando de alegría y haciendo sonar sus trompetas. La alegría era palpable. El tiempo de la sequía espiritual había terminado. El tiempo de la ausencia de la presencia de Dios se había acabado. El vacío de esa presencia en el País había terminado. Las ceremonias religiosas en un tabernáculo lleno de parafernalias y símbolos de la fe, pero vacío de la presencia del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob había concluido. Las nuevas generaciones de israelitas que nacerían serían consagradas delante de la Presencia del Dios vivo y no solo ante un altar. La ciudad capital del pueblo de Dios tendría a Dios mirando sobre todos los quehaceres de sus gobernantes.

¡Había que celebrar! ¡Dios estaba siendo reintegrado y reinsertado en la vida del pueblo de Israel y de su gobierno!

La Biblia dice con claridad meridiana que David no danzaba para el pueblo aunque lo hacía frente a este. Lo sabemos por un diálogo que surge luego de esta celebración. La Biblia enseña que David fue increpado por su esposa Mical acerca de su estilo y sus procesos para danzar. Es entonces que David le dice a su esposa que él había danzado “para agradar a Dios” (2 Sam 6:21, Traducción en Lenguaje Actual). Este es un testimonio muy claro de la definición que tiene que existir en el corazón de todo aquél que adora a Dios. Lo hacemos para agradarle.

Todas estas son razones de mucho peso para decidir danzar delante del Señor y hacerlo con mucha fuerza. Ahora bien, ¿qué significado tiene todo esto? ¿Qué significa danzar con todas las fuerzas delante del Señor? ¿Por qué escoge David hacer esto? ¿Existirán razones adicionales que lo hayan inspirado a danzar así delante del Señor?

La danza era parte de la vida de los Israelitas en los tiempos bíblicos. El escritor del Eclesiastés describe que había temporadas en la vida para endechar (el luto) y para la danza (Ecl 3:4). Las danzas en Israel podían desarrollarse tanto en las ceremonias religiosas como en el ambiente secular. De hecho, esto estaba tan arraigado en su cultura que existen 11 conceptos hebreos para describir la danza.

Las danzas se utilizaban para celebrar victorias militares; para darle gracias a Dios por estas. Un buen ejemplo de esto lo obtenemos en el pasaje del libro del Éxodo en el que María, la hermana de Moisés, y las mujeres de Israel danzaban delante del Señor. Esto es, luego de que el Señor destruyera el ejército de faraón en el Mar Rojo (Éx 15:20-21). Por otro lado, la hija de Jefté recibió a su padre danzando, luego de que él resultara victorioso en una batalla (Jue 11:24). De igual forma, las mujeres de Israel recibieron a David danzando luego de que él derrotara a los filisteos (1 Sam 18:6). Así mismo, el hogar del hijo pródigo se llenó de música y de danza cuando este decidió regresar al hogar (Lcs 15:29).

Al mismo tiempo, el salmista invitaba al pueblo a presentarse delante del Señor con danza (Sal 149:3; 150:4). Hay que añadir que el profeta Jeremías dijo que vendría un tiempo en el que el remanente de Judá regresaría del cautiverio y de haber sido esparcidos sobre la faz de la tierra (Jer 31:1-15). En ese día, dice Jeremías, el Señor será Dios de todas las tribus de Israel. El profeta añade que en ese día, el pueblo experimentaría la prolongación de la misericordia de Dios (v.3) y regresaría danzando con alegría (v. 4), porque Dios haría volver a su pueblo del país del norte (v. 8) y los reuniría de todos los rincones de la tierra. Es aquí que el profeta inserta una señal profética para ese momento:

13 Entonces la virgen se alegrará en la danza, los jóvenes y los viejos juntamente; y cambiaré  su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor. 14 Y el alma del sacerdote satisfaré con abundancia, y mi pueblo será saciado de mi bien, dice Jehová.  (Jer 31:13-14, RV 1960)

Ya sabemos que la danza formaba parte de las culturas religiosa y secular del pueblo de Israel. Sin embargo, el texto bíblico enfatiza que David danzaba con toda su fuerza. Sabemos que podemos interpretar esta expresión como una que está relacionada a la instrucción bíblica para expresarle el amor a Dios:

5 Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.   (Dt 6:5)

Sin embargo, el concepto que se traduce aquí como fuerza no es el mismo que se utiliza en el Segundo Libro de Samuel. El concepto utilizado por el deuteronomista es “meʼôd” (H3966), concepto que puede ser traducido como vehemencia, con todo lo que somos, con fuerza.

El concepto que utiliza el escritor de Segunda de Samuel es otro: “ʽôz”, (2 Sam 6:14, H5797). El uso de este concepto en el salterio (el libro de Los Salmos) es muy interesante. Este es un concepto que los salmistas utilizan para describir el poder de Dios con el que Él se ciñe (Sal 93:1), el poder que hay en el santuario (Sal 96:6) y el poder de Dios que hay que buscar (Sal 105:4). Además, se utiliza para describir el poder que el Arca del Pacto manifiesta (Sal 132:8),  el vigor con el que el Señor fortalece nuestra alma (Sal 138:3), la potencia del Salvador de Israel (Sal 140:7) y la magnificencia de Dios (Sal 150:1). O sea, que podemos concluir que David estaba danzando con algo que va más allá de su vigor y de sus fuerzas.

¿Por qué escoge David hacer esto para honrar al Señor? Las respuestas anteriores pueden parecer más que suficientes para responder a esta pregunta. David debía estar celebrando que el Arca estaba siendo trasladada exitosamente a Jerusalén. Sin embargo, creemos que hay razones adicionales que David consideró cuando decidió permitirle al Espíritu de Dios que lo llenara de ese poder y lo condujera a danzar delante del Señor.

Creemos que David comenzó a experimentar el gozo que proviene de saber que Dios lo había  libertado de unas cargas y unas ataduras a través de todos los procesos aleatorios a este traslado. La libertad que produce el Señor nos puede conducir a danzar delante de la presencia de Dios y de hacerlo con todas las fuerzas.

¿De qué cosas había Dios libertado a David? Es obvio que es liberador y muy refrescante saber que hemos hecho algo bien; que lo hemos hecho como Dios lo demanda. Esto es sin duda alguna un escenario que produce liberación. Pero además de esto creemos que hay al menos seis (6) áreas en las que David había experimentado la liberación de Dios durante todos estos procesos para trasladar el Arca del Pacto. En primer lugar, el Señor lo liberó de su orgullo. El testimonio inequívoco de esto lo encontramos cuando vemos que él tiene que confesarle a los sacerdotes que Dios los había tenido que quebrantar (a todos) por no haberlo hecho bien la primera vez que intentaron trasladar el Arca del Pacto (1 Cró 15:11-13).

La Biblia dice lo siguiente acerca del orgullo:

4 Altivez de ojos, y orgullo de corazón, Y pensamiento de impíos, son pecado. (Pro 21:4).

O sea, que Dios lo había libertado de un pecado.

En segundo lugar, el Señor libertó a David de su ego. El testimonio que él le ofrece a los sacerdotes y a los levitas implica que él quería hacer ese traslado sin haber sido elegido para esto.

2 Entonces dijo David: El arca de Dios no debe ser llevada sino por los levitas; porque a ellos ha elegido Jehová para que lleven el arca de Jehová, y le sirvan perpetuamente. (1 Cró 15:2)

Es cierto que el concepto ego no aparece en las Sagradas Escrituras. Pero no es menos cierto que sí aparecen los efectos de este y la medicina celestial para llevarlo a su lugar cuando este se ha salido de control. La Biblia nos habla constantemente de la humildad como parte de las vestiduras del creyente (Col 3:12;  1 Ped 5:5). Un corazón humilde no tiene espacio para el ego, el orgullo o la arrogancia.

La egolatría, que significa culto a sí mismo, se utiliza para describir la tendencia de los seres humanos a sentir un amor desmedido por uno mismo. Amarse a uno mismo no es pecado; el amor desmedido por uno mismo sí lo es; es pecado. Es pecado porque nos coloca en el trono que solo le corresponde al Señor

La Biblia propone medicinas para este pecado. ¿Recuerda usted las siguientes aseveraciones bíblicas?:

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí. (Gálatas 2:20).

El que no toma su cruz y sigue en pos de mí no es digno de mí (Mateo 10:38).

El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la  guardará (Juan 12:25).

El Señor libertó a David de esta clase de idolatría al punto de que David iba acompañando la procesión como parte del pueblo y sin vestir sus ropas reales.

En tercer lugar, el Señor libertó a David del peso de su prestigio. El Apóstol Santiago nos dice que “donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión y toda cosa mala” (Stg 3:16, La Biblia de Las Américas). El rey que había matado gigantes, que había destruido cientos de filisteos, que había enfrentado osos y leones, no tuvo reparo en admitir que sintió miedo (2 Sam 6:9; 1 Cró 13:12). Esto quedó validado con las respuestas que David le ofreció a Mical cuando esta lo criticó por haber danzado como lo hizo. O sea, que no le importaba mucho su prestigio. Además, David pudo delegar las conversaciones con los sacerdotes y los levitas en algunos de sus ayudantes. David decidió enfrentar esto personalmente; se expuso sin reservas. Esto es otra evidencia de la libertad de Dios en esta área de su vida.

En cuarto lugar, el Señor libertó a David del uso equivocado del poder; poder corrompido. David pudo haber creído que el Arca del Pacto podía ser guardada en su casa mientras se buscaba la dirección de Dios para celebrar un traslado que fuera agradable a Dios. David pudo haber utilizado su poder como rey para apresurar esos procesos. La Biblia dice que él decide regresar a la mesa de trabajo para trasladar el Arca el Pacto tres (3) meses más tarde: cuando se enteró que Dios había bendecido al casas de un levita llamado Obed-edom (1 Cró 15:17-18).

David pudo haber designado él mismo a los sacerdotes y a los levitas que habrían de trasladar el Arca del Pacto. Sin embargo, la Biblia dice que él le pidió a los principales de los levitas que fueran ellos los que se encargaran de esa tarea (1 Cró 15:16).

En quinto lugar, el Señor libertó a David de la ambición. Dios le arrancó del corazón el deseo de hacer las cosas para compararse con los reyes de los países vecinos. El mejor testimonio de esto lo tenemos en que ningún rey se hubiera atrevido a danzar delante del Señor como lo hizo David.

En sexto lugar el Señor libertó a David del miedo. La primera experiencia que David tuvo con el Arca del Pacto pudo haberlo paralizado y desanimado para siempre. Es de todos conocido que Dios quería transformar a su siervo y el miedo podía haber sido un obstáculo muy grande para esta tarea. El único temor que David conservó fue el temor de Dios. Ese temor es limpio y permanece para siempre (Sal 19:9).

Estamos convencidos de que estos procesos de liberación aliviaron la carga que pesaba sobre los hombros de este hombre de Dios. Es por eso que este hombre puede ofrecer una adoración visual. Una adoración que todo el mundo puede ver y que puede disfrutar. Libre de todas estas opresiones y de estos pecados, cualquier persona se siente cómoda para ser movido por el Espíritu de Dios y danzar ante la presencia del Eterno.

Dios nos está concediendo la misma oportunidad a todos y cada uno de nosotros. El tiempo de salir de la cueva de los aislamientos vendrá acompañado de oportunidades y experiencias poderosas con el Señor. Esas experiencias nos proveerán oportunidades para danzar para Él.

Oremos pues para que en medio de todos estos procesos podamos ser libertados de todo el peso que nos asedia y que podamos celebrar el poder, la bondad, el amor y la gracia de Dios. Oremos para que el Señor nos liberte del orgullo y del ego, de la búsqueda de prestigio y de la propensión para usar el poder de forma incorrecta. Oremos para que el Señor nos liberte de las ambiciones incorrectas y que nos liberte del miedo.

Libres de todas estas cargas nos sentiremos livianos e invitados por el Señor para danzar delante de Su presencia; para agradarle a Él con una adoración visual.

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