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Reflexiones de Esperanza: El Arca del Pacto – Parte 21: La agenda después de la cueva (Fundamentos de la Adoración: adoración vocal- segunda parte)

16 Asimismo dijo David a los principales de los levitas, que designasen de sus hermanos a cantores con instrumentos de música, con salterios y arpas y címbalos, que resonasen y alzasen la voz con alegría.   (1 Cró 15:16)

15 Así David y toda la casa de Israel conducían el arca de Jehová con júbilo y sonido de trompeta.     (2 Sam 6:15)

La reflexión anterior nos permitió iniciar el análisis de otra de las manifestaciones de la adoración: la adoración vocal. En esa reflexión presentamos algunas definiciones de lo que es la adoración y lo que es la adoración Cristiana. Vimos allí que la oración y la alabanza forman parte de esa respuesta vocal que le damos a la presencia de Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. Eso es adoración Cristiana.

La reflexión anterior giró acerca de la primera de esas respuestas: la oración. Esa reflexión nos ayudó a comprender por qué es que la oración es como un hogar para el alma. Vimos que uno de los  conceptos bíblicos que se traduce como “orar” es el verbo “lehitpalel” (H6419). Este verbo significa juzgar o clarificar. Vimos también que ese concepto es un verbo reflexivo y que por lo tanto significa una acción que uno se hace a uno mismo. O sea, que cuando oramos nos estamos juzgando a nosotros mismos.

En otras palabras, orar significa escapar de la prisión del yo para comenzar a ver el mundo, incluyendo el yo, desde afuera. En ese ejercicio el “yo” singular guarda silencio mientras se percata de que nosotros no somos el centro del universo.[1]…… El pueblo, la familia, el ser humano que deja de orar y de alabar a Dios pierde su capacidad para escuchar Su voz. Esto sucede cuando el alma del pueblo deja de “regresar a la casa.  (Cita de la reflexión anterior)

En esta reflexión procuraremos analizar otra manifestación de la adoración vocal: la alabanza.

Los textos bíblicos que hemos estado analizando en estas reflexiones nos conminan a examinar la alabanza. Estas narrativas bíblicas le asignan un lugar de privilegio, tanto a la alabanza que se expresa con palabras como a la instrumental. Los levitas Hemán, Asaf y Etán, eran cantores y hacían sonar platillos de bronce. Esto forma parte de muchas aseveraciones que encontramos en estos pasajes bíblicos acerca de este tema.

Es de todos conocido que David era mucho más que un especialista en esa área. David había sido ungido por el Señor para componer alabanzas, así como para conducir al pueblo en esa manifestación vocal de la adoración. De hecho, los pueblos de toda la tierra, creyentes y no creyentes, han sido impactados por las alabanzas de David por cerca de 3 mil años. Eso es un testimonio inequívoco de lo que es un ministerio trascendental. Muchos de los salmos de David han sido recitados a través de todas las generaciones, hasta por personas que no conocen al Señor. ¿Quién puede rechazar decir el Salmo 23 en los momentos en los que transitamos por el valle de sombra de muerte?  Es más, las canciones de David han trascendido el planeta Tierra. Hay varios textos bíblicos que lo han hecho. El 24 de diciembre de 1968, Bill Anders, Jim Lovell, y Frank Borman leyeron los primeros 10 versos del capítulo uno (1) del libro de Génesis mientras le daban la vuelta a la luna[2]. Sin embargo, Neil Armstrong y Buzz Aldrin, los primeros dos (2) seres humanos que alunizaron allí en Julio de 1969, hicieron algo más. Ellos decidieron celebrar la Santa Cena en la luna y recitaron una porción del Salmo 8; un salmo de David.[3] Acompañamos un dirección electrónica que se puede acceder para observar a Buzz Aldrin en ese momento;[4] específicamente en el minuto 3 de esa transmisión.

3 Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste, 4 Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites?   (Sal 8:3-4)

La tradición nos dice que ese salmo fue escrito por  David. El verso dos (2) de este salmo posee una expresión teológica muy poderosa de la opinión que David tenía acerca de la alabanza. Adelantamos que de entrada, estas expresiones parecerían no estar relacionadas a la alabanza. Sin embargo, es Cristo Jesús el que nos permite conocer la relación directa que David le asignó a la alabanza en ese verso. Veamos:

2 De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, A causa de tus enemigos,  Para hacer callar al enemigo y al vengativo.  (Sal 8:2)

Jesucristo citó esa expresión de David y cuando lo hizo, esta es la versión que nos regaló:

16 y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman Perfeccionaste la alabanza? (Mat 21:16)

Jesús cita este salmo diciendo que lo que David llama la fundación de la fortaleza no es otra cosa sino la alabanza perfeccionada. Jesucristo no se equivocó; Él nunca se equivoca. La expresión de David es que hay un poder, un “ʽôz” (H5797) establecido, ordenado, arreglado, colocado en su lugar. Eso que David llama poder, es también traducido como alabanza, majestad, seguridad y poder. ¡Hay poder en la alabanza! ¡Hay majestad en la alabanza! ¡Hay seguridad en la alabanza! ¡David ha dicho que hay poder en la alabanza!

Los conceptos griegos que utilizó Jesús revelan mucho más acerca de ese poder. Es muy interesante el hecho de que nuestro Señor dice que esa alabanza ha sido perfeccionada (“katartizō”, G2675). Los especialistas bíblicos que se dedican al análisis de estos conceptos han dicho que esa expresión define un proceso de ordenación y de preparación. Ellos han añadido que esto puede ser desarrollado en parte por los miembros de la comunidad de fe, pero que su éxito depende finalmente de la intervención de Dios.[5] La base para esta definición es que la Biblia dice que es Dios mismo el que nos perfecciona, nos afirma, nos fortalece y establece (1 Pe 5:10).

O sea, que Dios ha dispuesto perfeccionar las alabanzas de Su pueblo.

La importancia que hay detrás de todo esto es que nos permite entender que la alabanza a Dios no  es el requisito establecido por un dios narcisista. Cuando la Biblia nos conmina a alabar al Señor, a darle alabanzas, a bendecir Su nombre, no lo hace porque Dios tenga anhelos de ser alabando y bendecido. Los llamados bíblicos para bendecir y levantar alabanzas al Señor son expresiones de gratitud; de eso no queda duda alguna. Pero la función central de las alabanzas es que estas son una herramienta que el Señor utiliza para afirmarnos, para fortalecernos, para establecernos y para perfeccionarnos.

Sabemos que somos muchos los que hemos tenido experiencias especiales con la alabanza a Dios. Esas experiencias pueden ser muy buenas aun cuando sean humanas, emocionales, volitivas o racionales. Sin embargo, no hay sustituto alguno para aquellas en las que hemos experimentado que Dios ha usado la alabanza como una herramienta del Espíritu para trabajar con nosotros. Uno puede recitar el Salmo 23 en medio de las comodidades y la amplitud de las experiencias bondadosas que puede traernos la vida. Sin embargo, nada sustituye ese momento en el que el Espíritu de Dios nos lleva a cantar ese salmo cundo estamos atravesando el valle de sombra de muerte.

David sabía esto. Es por eso que realizó las declaraciones que vemos en el Salmo 8.

El profeta Isaías también conocía esta verdad divina. Es por esto que escribe lo siguiente, inspirado por el Espíritu de Dios:

17 En vez de bronce traeré oro, y por hierro plata, y por madera bronce, y en lugar de piedras  hierro; y pondré paz por tu tributo, y justicia por tus opresores. 18 Nunca más se oirá en tu tierra violencia, destrucción ni quebrantamiento en tu territorio, sino que a tus muros llamarás Salvación, y a tus puertas Alabanza. 19 El sol nunca más te servirá de luz para el día, ni el resplandor de la luna te alumbrará, sino que Jehová te será por luz perpetua, y el Dios tuyo por tu gloria. 20 No se pondrá jamás tu sol, ni menguará tu luna; porque Jehová te será por luz perpetua, y los días de tu luto serán acabados. 21 Y tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme (Isa 60:17-21)

A base de esta palabra profética, las puertas por las que entramos a este territorio en el que no hay quebrantamiento, violencia ni destrucción poseen nombres. Esas puertas (en plural) se llaman alabanza. Las puertas por las que entramos para recibir luz perpetua, para que se acabe el luto, para celebrar con los que el profeta llama renuevos del plantío de Dios, obra de Sus manos, esas puertas se llaman alabanza. Las puertas por las que entramos para que Dios se glorifique se llaman alabanza.

Isaías predica todo esto en el contexto de la llegada de un nuevo día:

Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. 2 Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.  (Isa 60:1-2)

Esa palabra profética de Isaías dice que esas puertas por las que entramos pertenecen a un nuevo día que nos regala Dios. Esa palabra dice que la alabanza forma parte de las herramientas para erradicar la violencia, la destrucción y el quebrantamiento. Esa palabra dice que podemos entrar en la paz y  la justicia del Señor a través de la alabanza.

Sabemos que aquello que este profeta llama muros de salvación incluye la capacidad de ser de influencia  en otros y en los factores que los pueden estar afectando. Un buen ejemplo de esto es Pablo influyendo en Tito, en Timoteo, en Silas, en Epafrodito, etc. Esos muros incluyen la capacidad de influir en la calidad integral de la vida de otros. Esto es similar a hacer un púlpito de la calle (como Cristo); ser competentes en todo.

4 Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; 5 no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, 6 el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, más el espíritu vivifica. (2 Cor 3:4-6)

Esos muros predican que sabemos que representamos y que somos guardados por el Rey de reyes y Señor de señores. Es por eso que podemos hacer nuestras estas expresiones:

1 Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. 2 Bendice, alma mía, a  Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. 3 Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; 4 El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; 5 El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila.  (Sal 103:1-5)

Las puertas de alabanza son sinónimo de vivir con una expectativa constante de que algo sobrenatural va a suceder. Son la invitación a convertir nuestras vidas en un taller de trabajo que sea constante, que esté de continuo en nuestras bocas, como dice el Salmo 34. Se trata de un estilo de vida que nos lleve a pensar menos en nosotros y más en la presencia de Dios, en Su gloria y en Su majestad. Se trata de entrar por las puertas de un taller para que el Señor trabaje con nosotros para afirmarnos, fortalecernos, establecernos y perfeccionarnos.

Es de esto que se agarró un profeta inspirado por el Espíritu de Dios cuando le dice al pueblo y al rey Josafat que no había por qué temer ni amedrentarse, porque la guerra no es nuestra, sino de Dios (2 Cró 20:15). El texto bíblico dice que esa guerra se acabó cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza (v. 22).

Hay muchas evidencias bíblicas adicionales acerca de esto. La alabanza que adora a Dios, esta manifestación vocal de nuestra respuesta a la presencia de Dios en Cristo Jesús, cambia nuestro vocabulario. Lo puede hacer, porque ella puede estar de continuo en nuestra boca. Esa alabanza se convierte en una escuela para nosotros y para aquellos que nos rodean. Ellos pueden ser enseñados acerca del temor del Señor (Sal 34:7-11).

David invita al pueblo y a los sacerdotes a la alabanza porque él reconoce el poder que hay en esta manifestación de la adoración vocal. Pablo lo ha dicho de otra manera en su carta a la Iglesia en Efeso. Él dice allí que el poder de la alabanza opera alrededor de la confianza que depositamos en las promesas de Dios (Efe 1:3). Es aquí que descubrimos la alabanza que desata la “energeia” (la operación) del poder de Dios.

Esto no significa que la alabanza que no conoce este nivel de encuentro no sea efectiva. Se trata de que este nivel de relación con Dios desata toda la “energeia” del poder de Dios porque se convierte en adoración. O sea, una respuesta a la Presencia de Dios en Cristo Jesús.

No olvidemos que la adoración es diálogo. Cantar sobre Dios y para Dios es más que poder decir lo que Él es y lo que Él hace. La meta no es provocar sanidades milagrosas. La meta es la relación con Dios (dialogada).

Tampoco olvidemos que el ser humano siempre termina buscando ser transformado en algo relacionado a aquello que adora. Si adoramos las posesiones, nos convertimos en personas materialistas. Si adoramos el dinero, nos convertimos en personas egoístas. Si adoramos el sexo, nos convertimos en personas lujuriosas. Si adoramos el poder, nos convertiremos en personas corruptas. Si adoramos a Jesús, seremos semejantes a Cristo cuando Él sea manifestado (1 Jn 3:2).

¿Cuál es la invitación final? La invitación final es a decidir que vamos a alabar en medio de todas las circunstancias. Sabemos que cuanto más tratamos de cambiarnos a nosotros mismos, más frustrados nos veremos y más culpables nos sentiremos a casusa de nuestras propias limitaciones. La buena noticia es que Dios lo quiere hacer por nosotros. La alabanza que adora a Dios desata el poder del Eterno. Hay que alabar a Dios cuando tenemos problemas con nuestros padres. Hay que alabar a Dios cuando tenemos problemas conyugales. Hay que alabar a Dios cuando tenemos problemas con los hijos. Hay que alabar a Dios cuando tenemos problemas con el trabajo y nuestras economías. Hay que alabar a Dios cuando tenemos problemas de salud. Hay que alabar y dar gracias  Dios en todo.

Todo lo que respire, alabe al Señor.


[1]  Sacks, Rabbi Sir Jonathan (2010-07-31). Genesis: The Book of Beginnings (Covenant & Conversation) (Kindle Locations 3025-3281).  Kindle Edition.

[2] https://en.wikipedia.org/wiki/Apollo_8_Genesis_reading.

[3] https://www.foxnews.com/science/moon-landing-bible-apollo-11-buzz-aldrin-communion

[4] https://www.youtube.com/watch?v=NYZgJ8RaLKs

[5] Delling, G. (1964–). “artios”, “exartízo”, “katartizo”, “katartismós”, “katártisis”. G. Kittel, G. W. Bromiley, & G. Friedrich (Eds.), Theological dictionary of the New Testament (electronic ed., Vol. 1, p. 476). Grand Rapids, MI: Eerdmans.

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