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Reflexiones de Esperanza: El Arca del Pacto – Parte 3: La agenda después de la cueva (El Arca como símbolo de la presencia de Dios)

Las reflexiones acerca de cómo será nuestra vida después de haber salido de la cueva nos ha llevado al análisis de las experiencias que tuvo David con el Arca del Pacto. Particularmente sus experiencias trasladando el Arca a la Ciudad que él bautizó con su nombre.

Ya sabemos que el Arca del Pacto era un símbolo de la presencia de Dios y de su gloria. También sabemos que el Arca era un modelo de Jesucristo y que nuestro Señor es el resplandor de la gloria del Padre (Heb 1:3). O sea, que cuando David decide trabajar con el traslado del Arca del Pacto (2 Sam 6:1-23; 1 Cró 13:1-14; 15:1-29) estaba trabajando con la manifestación de la gloria de Dios y con un modelo de Jesucristo.

Un Pastor muy amado por el pueblo Cristiano, el Pastor Jack Hayford, escribió en 1982 un libro acerca de la gloria de Dios. Este libro fue re-editado para el 1991 y publicado en español en 994. El título de ese libro es “La Gloria en su casa.”[1] Una de las verdades centrales de ese libro es que Dios siempre ha deseado manifestar su gloria en medio de su pueblo. Podemos corroborar esta aseveración leyendo las palabras proféticas del libro de Isaías y las de Juan el Evangelista para corroborar esto:

1 Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. 2 Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.  (Isa 60:1-2)

22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.   (Jn 17:22)

Pero hay mucho más cuando nos acercamos a la profecía de Habacuc:

1 Oración del profeta Habacuc, sobre Sigionot. 2 Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia.3 Dios vendrá de Temán, Y el Santo desde el monte de Parán. Selah Su gloria cubrió los cielos, Y la tierra se llenó de su alabanza. 4 Y el resplandor fue como la luz; Rayos brillantes salían de su mano, Y allí estaba escondido su poder.  (Heb 3:1-4)

El amado Pastor Hayford decía en ese libro que esa gloria quiere manifestarse en el hogar de los creyentes así como en la Iglesia. Hayford añadía que hay unas determinaciones que hay que tomar para poder experimentar el cumplimiento de esta palabra profética.

En primer lugar, hay que comprender que la gloria de Dios necesita ser hospedada para ser honrada. Esto es lo que David experimentó cuando fracasó en su primer intento por traer el Arca del Pacto a la Ciudad que lleva el nombre de ese rey:

14 Y el arca de Dios estuvo con la familia de Obed-edom, en su casa, tres meses; y bendijo Jehová la casa de Obed-edom, y todo lo que tenía.   (1 Cró 13:14)

Hospedar la gloria también incluye procurar evitar los rituales habituales; particularmente las malas costumbres. No olvidemos que Dios ha prometido que en los postreros días derramaría de esa presencia sobre toda carne. Así lo dice el profeta Joel en el capítulo 2 de su libro. Y son los hijos y las hijas, son los ancianos que forman parte de la familia los que son alcanzados por las bendiciones de esa profecía.

¿Cómo podemos aplicar estas verdades a nuestras realidades?  Ya para el 1982 Hayford nos decía que la corrupción de esos días anunciaba el tiempo del fin y el fin del tiempo. En la búsqueda de un remedio, decía él, las personas en su ruina comenzarían a buscar al Mesías. Él decía que el centro de la sacudida que experimentaríamos estaría en el hogar; una sacudida desarrollada por Dios para satisfacer las necesidades del alma. Veamos lo que dice el capítulo 4 del libro de Isaías acerca de esto:

3 Y acontecerá que el que quedare en Sion, y el que fuere dejado en Jerusalén, será llamado santo; todos los que en Jerusalén estén registrados entre los vivientes, 4 cuando el Señor lave las inmundicias de las hijas de Sion, y limpie la sangre de Jerusalén de en medio de ella, con espíritu de juicio y con espíritu de devastación. 5 Y creará Jehová sobre toda la morada del monte de Sion, y sobre los lugares de sus convocaciones, nube y oscuridad de día, y de noche resplandor de fuego que eche llamas; porque sobre toda gloria habrá un dosel,  (Isa 4:3-5)

Un dosel es como un toldo, una tienda de campaña que cubre un espacio dedicado a la protección y en este caso, a la adoración. La profecía de Isaías dice que esa manifestación sería semejante a la que experimentó el pueblo de Dios en el desierto: columna de nube y de fuego. Dice además que la gloria del Señor sería ese toldo de protección, esa cubierta. La versión Dios Habla Hoy lo describe así:

A los que queden con vida en Sión, a los que sobrevivan en Jerusalén y reciban el privilegio de vivir allí, se les llamará «consagrados al Señor». Cuando el Señor dicte su sentencia y ejecute su castigo, limpiará a Jerusalén de la sangre de sus crímenes y lavará las manchas de los habitantes de Sión. 5 Sobre toda la extensión del monte Sión y sobre el pueblo reunido allí, el Señor creará una nube oscura en el día, y en la noche resplandor y llamas de fuego. Por encima de todos estará la gloria del Señor, 6 para protegerlos y defenderlos; les servirá de sombra contra el calor del día y de protección contra la lluvia y la tempestad.   (Isa 4:3-6, DHH)

David parecía estar anhelando algo así cuando decidió trasladar el Arca del Pacto. La paráfrasis de la versión Dios Habla Hoy de la profecía de Habacuc parecería ser su oración y el deseo de su corazón:

2 Lo que oigo acerca de ti, Señor, y de todo lo que has hecho, me llena de profunda reverencia. Realiza ahora, en nuestra vida, tus grandes acciones de otros tiempos, para que nosotros también las conozcamos. Muéstranos así tu compasión aun en medio de tu enojo.3 Dios viene de la región de Temán; del monte Parán viene el Dios Santo. Su gloria se extiende por todo el cielo, y el mundo entero se llena de su alabanza. 4 Viene envuelto en brillante resplandor, y de sus manos brotan rayos de luz que muestran el poder que en él se esconde.  (Hab 3:2-4, DHH)

Lo que David conocía acerca de Dios debe haberle llenado de profunda reverencia. Este hombre debió haber estado motivado por su deseo de que Dios repitiera las acciones portentosas que había desplegado en el pasado; todo esto para que el pueblo pudiera conocer a Dios. El anhelo de ver evidencias de la compasión de Dios en medio del enojo provocaría que la tierra entera se llenara de alabanza.

¿No les parece que todo esto es hermoso? Se trata de una promesa que especifica que en los hogares habrá sanidad, esperanza, integridad, y libertad. Hayford puntualizaba en su libro que para que esto pudiera ser posible se hacía necesaria la visitación de Dios a su Iglesia. Creo que el Señor invirtió ese proceso durante esta cuarentena. La gloria del Señor ha descendido en los hogares y ahora se exportará a las Iglesias.

Algunos datos específicos acerca del derramamiento de esa gloria incluyen que esta cubre hijos e hijas (Joel 2:28): o sea, nuestras relaciones familiares.

¿Cómo podemos lograr que esto llegue a nuestros hogares? Hay varias repuestas para esta pregunta. Una de ellas tiene que ver con nuestro sentido de responsabilidad ante las tareas que Dios nos asigna. El modelo de Moisés es excelente para corroborar este punto. Hayford destaca en su libro que la  fidelidad de Moisés provoca la gloria de Dios en sus responsabilidades (Ex 40:16,19,21,25, 26, 27, 29,30, 32, 33):

16 Y Moisés hizo conforme a todo lo que Jehová le mandó; así lo hizo.. levantó la tienda…metió  el arca en el tabernáculo….encendió las lámparas delante de Jehová…puso el altar de oro…quemó sobre él el incienso aromático….colocó el altar del holocausto….puso la fuente….se lavaban cuando se acercaban al altar, como Dios había mandado…erigió el atrio.

¿Cuál fue el resultado de todo esto?: el verso 34 dice que la gloria de Dios llenó esa casa.

David obvió todas estas enseñanzas en la primera ocasión que intentó trasladar el Arca del Pacto. No solo no obedeció las instrucciones que Dios había dado, sino que él se limitó a regocijarse mientras otros hacían su parte. Él puso a otros a trabajar (1 Cró 13:8).

Nuestra fidelidad a Dios, la obediencia a las instrucciones bíblicas, garantiza que la gloria del Señor va a llenar nuestros hogares. El trabajo que pasamos realizando las tareas encomendadas, obedeciendo los preceptos bíblicos, no es en vano: trae recompensa. En cambio, hay que puntualizar que la desobediencia cancela el cumplimento de esa promesa. Es más, estos pasajes bíblicos nos dejan saber que la ignorancia de estos requisitos no nos exime de su cumplimiento.

Tenemos que señalar que la Biblia dice que el Arca del Pacto sería sustituida por una fuente mucho más poderosa. Veamos lo que dice acerca de esto el libro del profeta Jeremías:

15 Y les daré pastores conforme a mi propio corazón, que los guiarán con conocimiento y entendimiento.16 »”Cuando una vez más la tierra se llene de gente —dice el Señor—, ya no desearán más ‘los viejos tiempos’ cuando poseían el arca del pacto del Señor. No extrañarán  aquellos días, ni siquiera los recordarán y no habrá necesidad de reconstruir el arca. 17 En aquel día, Jerusalén será conocida como ‘el Trono del Señor’. Todas las naciones acudirán a Jerusalén para honrar al Señor. Ya no seguirán tercamente sus propios malos deseos.   (Jer 3:15-17, Nueva Traducción Viviente)

¿Cómo debemos ministrar con esa gloria? ¿Cómo debemos trabajar con ella?  Se requiere  eliminar de nuestras “tiendas” todo aquello que se opone a Dios. Esto es, eliminar la deshonestidad, las mentiras, la falsedad. Se requiere eliminar los lenguajes deshonestos y las bromas impuras, eliminar la desobediencia. Se requiere eliminar las prácticas anti-bíblicas (astrología u ocultismo, etc.) y eliminar la pornografía y todo lo obsceno; todo aquello que aleje o lastime la presencia de Dios.

Es muy interesante este dato. David era amigo íntimo de Dios. Su deseo de trasladar el Arca del Pacto era en sí un anhelo de ver la restauración de la relación de Dios con Su pueblo y la del pueblo con Dios. Esto era además una petición para invitar Dios a morar en la casa, en el pueblo, en el reino, en la vida entera de esa nación.

Sin embargo, la tragedia de las narrativas acerca del traslado del Arca de Dios en Primera y en Segunda de Samuel revela que Dios no estaba de acuerdo con lo que estaba sucediendo. David quería todo esto, pero abusó de su confianza en el Señor para desarrollarlo. Trasladar el Arca del Pacto se había convertido en algo así como una costumbre. Estas aseveraciones implican muchas cosas. En primer lugar, no se puede tratar con la gloria de Dios como se trata una costumbre más. En segundo lugar, el anhelo de la presencia de Dios es vital, pero no es suficiente. Tratar con la presencia de Dios requiere docilidad (1 Cro 15:15-24), no temer ser corregido y requiere deseo de aprender. En tercer lugar, la búsqueda de esa presencia requiere romper con algunos de los lastres que arrastramos del pasado. Las narrativas previas al traslado del Arca del Pacto nos permiten encontrar a un David que parece no haber logrado hacerlo. Este ángulo formará parte de nuestra próxima reflexión.

Esto requiere humildad: un rey postrado ante la presencia del más grande es un rey que puede ver la gloria de Dios. No hacerlo así rebajaría la presencia de esa gloria a un mero amuleto.

David parece haber aprendido esto muy bien. La Biblia describe un momento en el que David sale huyendo de Jerusalén ante las amenazas de su hijo Absalón (2 Sam 15:24-30). Un sacerdote llamado Sadoc decide huir con él y llevar consigo el Arca del Pacto. Veamos lo que dice la Biblia sobre esa experiencia:

25 Luego le dijo el rey al sacerdote Sadoc:—Devuelve el arca de Dios a la ciudad. Si cuento con el favor del Señor, él hará que yo regrese y vuelva a ver el arca y el lugar donde él reside. 26 Pero, si el Señor me hace saber que no le agrado, quedo a su merced y puede hacer conmigo lo que mejor le parezca.   (2 Sam 15:25-26, Nueva Versión Internacional)

¡Si esta hubiese sido la actitud de David cuando intentó acercarse al Arca del Pacto por vez primera!

El anhelo requerido para acercarse a esa presencia requiere postrar las agendas, los sueños, la vida, los intereses, todo. Hayford decía que esto crea rupturas en las fortalezas del “Hombre fuerte”. No olvidemos que Satanás tiene su presencia operando en este mundo y su misión es entorpecer la obra del Padre: matando, robando, destruyendo (Jn 10:10). Existe un sólo antídoto contra esto: la sangre de Cristo. Hay que procurar que una vez estamos bajo esa sangre redentora, nuestras vidas estén llenas, por completo, de la presencia de nuestro Dios. La Biblia dice que Él ha prometido llenarlo todo en todos (Ef 1:23). Algo que está lleno no puede ser ocupado con nada más.

El anhelo de esa presencia requiere consagrar los valores que tenemos, consagrar los principios, consagrar los amigos, y consagrar las actividades en las que participamos. Esto incluye acciones en obediencia.

David perdió esto de vista en su primera oportunidad para trasladar el Arca del Pacto al Monte de Sión. Nosotros no podemos ignorar esto.

Ya sabemos que hay unas palabras claves que definen estos principios. Una de ellas es desechar:

21 Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. (Stgo 1:21)

Hay que desechar todo aquello que nos pueda alejar de encontrarnos con esa presencia gloriosa.

Otra palabra clave es aplicar. Tenemos que aplicar la palabra profética de Isaías: esto es,  hacer un dosel del Calvario. Esto traerá bendiciones de la gloria de Dios sobre los hijos. Esto traerá la capacidad para repoblar los lugares asolados, para enterrar las cosas vergonzosas del pasado y provocar la transformación de la gente y de las circunstancias desdichadas que puedan haber a nuestro lado.

La Iglesia es custodio de esa promesa y este es el tiempo para el cumplimiento de esta promesa.


[1] Hayford, Jack. 1994. La Gloria en su Casa. Miami: Editorial Vida.

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