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Reflexiones de Esperanza: El Arca del Pacto – Parte 4: La agenda después de la cueva (El poder de la alabanza)

David, el siervo que sale de la cueva de Adulam (1 Samuel 22:1-3), fue ungido como rey de todo Israel a los 30 años de edad (2 Samuel 5:1-4). Su primera resolución como monarca de esa nación fue que todo el pueblo pudiera volver a tener acceso a lo que era para ellos el símbolo más poderoso de la presencia de Dios: el Arca del Pacto.

El siervo-rey que sale de la cueva se niega a ir a buscar ese símbolo de la presencia de Dios para trasladarla al lugar del que la habían removido cerca de 75 años antes. Eso sería similar a regresar a vivir los propósitos de Dios para la generación de un siglo anterior.

David sabía que Dios es el mismo, que no cambia y que no hay en Él sombra de variación. Esto lo podemos observar en muchas de sus aseveraciones acerca de Dios:

3 Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel.  (Salmo 22:3)

10 Sobre ti fui echado desde antes de nacer; Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios.  (Salmo 22:10)

2 Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.  (Salmo 90:2) [1]

Observe bien el lector que estos salmos  no dicen “tú has sido”. En ellos se enfatiza “tú eres” y  hay un sentido de eternidad en esas palabras. David también sabe que ese Dios que no cambia hace nuevas todas las cosas (2 Corintios 5:17; Apocalipsis 21:5); y que camina con su pueblo:

12 Con columna de nube los guiaste de día, y con columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por donde habían de ir.    (Neh 9:12).

David decide que ese Dios que camina con su pueblo debe estar en un lugar distinto al que se encontraba hacía 75 años. Si el símbolo de Su presencia pudo estar 20 años en la casa de Abinadab, podía estar en otro lugar. Si pudo estar 3 meses en la casa de un levita llamado Obed-edom (1 Crónicas 15:17-21), podía estar en otro lugar.

El anhelo de este hombre al salir de esa cueva era poder llegar a la presencia del Señor en el lugar en el que Dios quería estar: el monte de Sión.

¿Por qué ese monte y no otro? El Monte de Sión es el nombre que se la ha otorgado a la pequeña cadena de montañas que están entre el Valle del Cedrón  y el Monte de los Olivos. Está compuesta por el Monte de Zión (2,529 pies), el Monte Moria (2,440 pies), el Monte Acra (2,479 pies) y el Bezetha (2,529 pies). Fue al Monte Moria que Abraham llevó a sacrificar a su hijo Isaac (Génesis 22: 1-18).

El Monte de Sión ha sido utilizado por los escritores bíblicos de muchas maneras. Para algunos es la descripción simple de la fortaleza que David conquista (2 Samuel 5:6-10; 1 Crónicas 11:4-9). Para muchos salmistas es sinónimo del templo que Salomón construyó (Salmo 2:6; 48:2; 84:7; 132:13). Para los profetas como Isaías es sinónimo de toda la nación de Israel (Isaias 1:27), o la capital del reino de Judá (Amos 6:1).

Sin embargo, Sión es vista como la ciudad de Dios en la era mesiánica (Isaias 28:16; 33:5). Quizás es por esto que Sión es también interpretada como la Jerusalén celestial: el lugar en el que el Mesías aparecerá al final de los tiempos. Veamos algunos pasajes bíblicos que trabajan con esta perspectiva teológica:

12 Porque la nación o el reino que no te sirviere perecerá, y del todo será asolado. 13 La gloria del Líbano vendrá a ti, cipreses, pinos y bojes juntamente, para decorar el lugar de mi santuario; y yo honraré el lugar de mis pies. 14 Y vendrán a ti humillados los hijos de los que te afligieron, y a las pisadas de tus pies se encorvarán todos los que te escarnecían, y te llamarán Ciudad de Jehová, Sion del Santo de Israel.   (Isaias 60:12-14)

22 sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, 23 a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, 24 a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.   (Hebreos 12:22-24)

1 Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente. 2 Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas. 3 Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra.  (Apocalipsis 14:1-3)

El primer pasaje describe la exaltación de un lugar que había sido antes privado de su posición de prestigio. El segundo pasaje describe la invitación que el Señor le hace a los redimidos por su sangre para que puedan adorar sin temor y sin estar atados a los rudimentos y requisitos litúrgicos del Antiguo Pacto. El tercer pasaje describe la adoración celestial del Cordero Vencedor. Todos y cada uno de ellos utilizan a Sión como el lugar para el cumplimiento de esas promesas.

¿Cuál es la importancia de estas aseveraciones bíblicas? ¿Por qué son tan importantes? La importancia que reviste a todos estos pasajes bíblicos es que David sale de la cueva de Adulam a pelear para conquistar a Sión y a comprar el terreno restante de los Montes de Sión (2 Samuel 5:6-10; 1 Crónicas 21:15-30 al 22:1). Con esto, David está adquiriendo el lugar en el que Dios hizo pacto con Abraham. Pero hay mucho más en estas acciones. David salió de la cueva de Adulam para formar parte del quehacer profético de Dios para Israel y para la eternidad. David salió de la cueva de Adulam a pelear a favor del cumplimiento de ese plan. David salió de la cueva de Adulam a invertir en el plan profético de Dios.

Nosotros hemos comenzado a salir de nuestras cuevas; de la cuarentena provocada por la pandemia causada por el COVID-19. ¿Cuáles serán nuestras agendas al salir de esas cuevas? ¿Estaremos dispuestos a involucrarnos en tareas proféticas diseñadas por Dios? Nosotros podemos decidir regresar a las mismas actividades y a las mismas agendas que practicábamos antes de esta pandemia. El modelo bíblico de David nos invita a trascender y a caminar en la agenda profética que ha diseñado el Señor.

Al mismo tiempo, David estaba labrando la base para la adoración de la Iglesia que él nunca llegó a conocer.

Hay que subrayar que la Iglesia del Señor no adora en el monte Sinaí. La carta a los Hebreos dice que la Iglesia del Señor adora en Sión. Es por esto que los formalismos y las estructuras de la adoración de los últimos lustros nos parecen inadecuadas y hasta anti bíblicas. La adoración de muchas de las Iglesias Cristianas no parece estar a la par con los modelos bíblicos. En este caso, el modelo de Sión.

Leamos una vez más lo que dice la carta a Los Hebreos:

En cambio, ustedes han llegado al monte Sión, a la ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial, y a incontables miles de ángeles que se han reunido llenos de gozo. 23 Ustedes han llegado a la congregación de los primogénitos de Dios, cuyos nombres están escritos en el cielo. Ustedes han llegado a Dios mismo, quien es el juez sobre todas las cosas. Ustedes han llegado a los espíritus de los justos, que están en el cielo y que ya han sido perfeccionados. Ustedes han llegado a Jesús, el mediador del nuevo pacto entre Dios y la gente, y también a la sangre rociada, que habla de perdón en lugar de clamar por venganza como la sangre de Abel.  (Heb 12:22-24, Nueva Traducción Viviente)

22 Ustedes, por el contrario, se han acercado al monte Sión, y a la ciudad del Dios viviente, la Jerusalén celestial, y a muchos miles de ángeles reunidos para alabar a Dios, 23 y a la comunidad de los primeros hijos de Dios inscritos en el cielo. Se han acercado a Dios, el Juez de todos, a los espíritus de los hombres buenos que Dios ha hecho perfectos, 24 a Jesús, mediador de una nueva alianza, y a la sangre con que hemos sido purificados, la cual nos habla mejor que la sangre de Abel.  (Dios Habla Hoy)

Acercarse a Sión es acercarse al mismo cielo. Acercarse a Sión es saber que adoramos rodeados de los ángeles del Señor, porque ellos también están adorando a Dios. Acercarse a Sión es saber que estamos ante la misma presencia del Eterno.

Hay especificaciones bíblicas definidas para las alabanzas que trascienden, que llegan al Sión bíblico. El desempeño y la calidad de estas se miden a base de las transformaciones permanentes que provocan en aquellos que las interpretan. No se miden a base de lo que ellas dicen, de las estructuras musicales que seguimos, ni de los estilos que practicamos. Se miden a base de la calidad de vida espiritual y de la relación con el Señor que provocan en el creyente. Se miden a base de cómo es que esta adoración intensifica esa relación transformadora con Aquél que da y no con lo que Él ofrece.

Un principio teológico básico de la adoración es que ella tiene que ser transformadora: si no te transforma es porque no has adorado.

Esa adoración es totalmente radical. No necesitamos dejar de ser pentecostales, bautistas, católicos, metodistas, ni presbiterianos para ofrecerla, porque no se trata de un estilo: se trata de una dimensión a la que el Espíritu Santo lleva al que adora. Claro está, se trata de adorar a Dios como respuesta a Su presencia en Cristo Jesús. Se trata de adoración Cristo-céntrica, centralizada en Dios y no en nosotros. Lo podemos hacer mientras guardamos silencio, mientras lloramos, si estamos sentados o de pie, saltando o postrados en el altar del hogar o en el del santuario. El texto de la Carta a Los Hebreos señala que no se trata de lo que decimos y sí de lo que estamos dispuestos a escuchar allí: la sangre de Jesús. La sangre de Jesús nos habla de perdón, de transformación, de compromiso y de fidelidad, de vidas transformadas.

Los himnos y los coros de lo que hoy conocemos como “Contemporary Christian Music” no satisfacen estos requisitos bíblicos. Esta clase de música no ha provocado esta clase de transformaciones ni en las Iglesias en las que se cantan, ni en las comunidades a las que estas sirven. Estos modelos responden a Sinaí: son composiciones que poseen la misma estructura musical y los mismos énfasis enestructura. Se trata de sistema, tipo de letra y énfasis en nosotros mismos. Pueden tener los mejores ratings de la radio y de la televisión, pero no abren la puertas de Sión. Llegar a Sión es haber sido transformados ante la Presencia del Altísimo .

En cambio, la adoración de Sión no está interesada en otra cosa que no sea intimar con el Señor. La salud física, las finanzas, los problemas familiares, profesionales o relacionales pasan a un segundo planos: queremos escuchar a Jesús hablándonos de amor y de reconciliación.

Hace muchos años escribí un himno que procuraba explicar esto. El coro de mismo dice lo siguiente:

“Estabas esperándome, amándome y vi la Cruz:
estaba junto a ti hablándome de amor, de reconciliación.
Estabas invitándome a abrazarte como el ladrón
Que junto a ti murió, pero en su corazón, en ti encontró perdón.”[2]

La sangre de Jesús habla de relación y la adoración que sube en Sión manifiesta que le amamos. No le amamos por las propiedades que Él posee y que nos puede regalar. Nadie quiere ser amado así. Le amamos por quien Él es. Se trata de Presencia y no de los presentes.

La adoración en Sión escucha la voz de la sangre de Jesús preguntando si le podemos amar cuando Él ha decidido hacernos pedazos para ensamblarnos de nuevo. Si le podemos amar cuando Él nos dirige hacia el desierto, hacia los hornos de hierro (Dt 4:20) para moldear nuestro carácter. Si podemos amarle cuando Él ha decidido rompernos el nido de la conveniencia social, profesional, o relacional, para enseñarnos a volar. Si podemos amarle cuando permite que perdamos el trabajo, la salud, el negocio, o el prestigio.

Sión nos invita a amarle porque hemos reconocido que las propiedades, los presentes, se pueden  perder. Las únicas cosas que el enemigo no nos puede quitar son la Presencia de Dios y la alabanza que elevamos al Señor que derramó su sangre por nosotros.

Es obvio pensar que David desconocía todas estas cosas sobre Sión. Pero el corazón del siervo que salió de la cueva de Adulam no podía abrazar lo mismo que existía antes de ir a esa cueva. ¿Por qué?: porque él había aprendido a amar a Dios. ¿A cambio de qué?: de la permanencia de la Presencia de Dios.

¿Recuerda estas palabras?:

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu fiel dentro de mí. 11 No me expulses de tu presencia y no me quites tu Espíritu Santo. (Salmo 51:10-11, Nueva Traducción Viviente)

David nos deja saber en ese salmo que aun cuando él sabía que había pecado, no podía vivir lejos de la presencia del Altísimo.

Un Pastor –profesor de Tasmania, una isla Estado que pertenece a Australia, escribía acerca de la experiencia de David con el Arca del Pacto. Se trata de Damon S. Adams. Sin entrar en los méritos de su disertación, hay cuatro (4) factores que él describe en ella que me parecen muy valiosos. Son factores que definen las características de esa adoración que Dios espera de nosotros:

-  Adoración visual  (2 Samuel 6:13)
-  Adoración vital (2 Samuel 6:14)
-  Adoración vocal (2 Samuel 6:15)
-  Adoración volitiva (2 Samuel 6:20-22)

Es cierto que la primera encierra un esfuerzo físico, pero hay mucho más en ella: hay una coreografía diseñada para procurar el favor y la misericordia de Dios. A “primera vista” parece una descripción de las artes yendo más allá de las expresiones de celebración y de reconocimiento del Eterno. Es adoración en la que los sacerdotes danzan, llevan una coreografía para implorar; implorar el perdón y el favor de Dios.

La segunda describe que David puso toda su fuerza en esto. Veamos lo que dice la Biblia acerca de esta acción:

5 Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.  (Dt 6:5)

30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.  (Mcs 12:30)

27 Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. 28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.  (Lcs 10:27-28)

Con esta acción David quiere decirle a Dios que él lo ama y que quiere vivir para seguir haciéndolo. No hay adoración transformadora sin amor a Dios.

La tercera adoración implica que la vocalización no necesita letras: los instrumentos pueden “cantar” las letras sin que estas estén escritas.

La última describe que el que adora en esta dimensión está dispuesto a sacrificar todo por amor al Rey de reyes. David se despojó de sus ropajes reales porque no podía venir como rey a postrarse ante el Rey de todos los reyes de la tierra.

David se vistió de sacerdote, con un Efod, para profetizar que los lavados con la sangre del Hijo de David vendrían a adorar como personas transformadas en reyes y sacerdotes para gloria de Dios Padre (Apocalipsis 1:5-6)

Todo esto requiere vida devocional: algo que Dios ha logrado desarrollar en muchos hogares Cristianos que no lo tenían. ¿Cómo lo ha logrado Dios?: a través del COVID-19.

¿En qué cosas estamos nosotros dispuestos a invertir al salir de las cuevas? ¿En cuáles batallas queremos estar involucrados? ¿Estaremos dispuestos a sacrificar lo que nos pida el Señor a cambio de Su Presencia?

Nunca olvidemos que Sión es mejor que Sinaí. Sinaí temblaba y producía temor. Sión invita a la alabanza y habla del amor de Dios.


[1] La tradición dice que este Salmo fue escrito por Moisés. Por lo tanto, David debía saber acerca de éste y de su mensaje acerca de le eternidad de Dios.

[2] “Perdón” (Mizraim Esquilín-García), 1989, NC Music – ASCAP.

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