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Today: Dec 3, 2020
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Reflexiones de Esperanza: El Arca del Pacto – Parte 6: La agenda después de la cueva (Las motivaciones del corazón y el llamado de Dios)

El análisis de las narrativas del traslado del Arca del Pacto a Jerusalén nos ha colocado ante la necesidad de reflexionar acerca del proceso de formación y de la personalidad de los seres humanos que Dios llama para tareas como esta. Ya sabemos que existía un plan profético con el lugar escogido para trasladar el Arca: Sion. También sabemos que Dios estaba alineando a David con ese mover profético, dándole a escoger entre seguir trabajando en lo cotidiano o comenzar a trabajar en lo extraordinario. David salió de la cueva de Adulam y decidió escoger esto último: lo extraordinario de Dios.

Es cierto que en el camino se cometieron errores graves, con precios a pagar muy elevados. También es cierto que el Señor le permitió a su siervo arrepentirse de su pecado, enmendar sus errores y afinar las motivaciones de su corazón.

Esto último es vital para cualquier ser humano que quiere alinearse con los programas y los procesos de Dios. Hay que ser conscientes de que cometeremos errores. No es que los podemos cometer: vamos a cometer errores. Cuando esto suceda hay que regresar a la mesa de trabajo y en primer lugar, hay que arrepentirse. Luego de esto, hay que evaluar lo que nos ha sucedido y enmendar nuestras acciones. Al mismo tiempo, hay que identificar cuáles fueron las motivaciones que nos condujeron a cometer ese error. Esto se hace pidiendo al Señor que nos permita arrancar del corazón las motivaciones que no le agradan, o que no deben formar parte de nuestros procesos de vida. Esto tiene que incluir abrazar las motivaciones correctas y eliminar las motivaciones alternas que podamos encontrar en este proceso de análisis.

Esta reflexión procura trabajar con esto último, las motivaciones alternas que podemos albergar en el corazón. No todas son incorrectas ni pecaminosas, pero tenemos que ser capaces de identificarlas y lidiar con estas.

Conocemos la motivación central que existía en el corazón de David. Ahora bien, tal y como hemos mencionado, lo que David conocía acerca de Dios debió haberle llenado de profunda reverencia. Él debió haber estado motivado por su deseo de que Dios repitiera las acciones portentosas que había desplegado en el pasado en medio de Su pueblo. Esto es, señales y prodigios para que las nuevas generaciones del pueblo de Israel pudieran conocer a Dios. El anhelo de ver evidencias de la compasión de Dios en medio del enojo provocaría que la tierra entera se llenara de alabanza. No hay duda de que el deseo más vehemente de este joven rey era conseguir que el símbolo de la presencia de Dios pudiera estar en dónde Dios quería que estuviese: en Sion.

Las reflexiones anteriores nos han permitido identificar no menos de cinco (5) posibles motivaciones alternas en el corazón de David. Debemos detenernos a analizarlas. En primer lugar vimos que David pudo haber estado ansioso por traer de vuelta el Arca del Pacto a Jerusalén. No olvidemos que esta era para Israel el símbolo más noble e intenso de la gloria de Dios y que había sido desatendido por muchos años (1 Crón 13:3). La ansiedad es un componente habitual en los procesos decisionales de los seres humanos. Esta generalmente está presente en mayor o menor grado en casi todos nuestros procesos para la toma de decisiones. No nos debe asombrar que la encontremos en el primer ejecutivo de una nación, especialmente cuando este solo tenía 30 años de edad (2 Sam 5:4). Conociendo esto, entonces el problema nunca debe ser la ansiedad “per se” y sí el nivel de control que nosotros le permitamos tener sobre nosotros.

Así como lo hemos dicho antes, esa ansiedad le llevó a olvidar requisitos Escriturales que no admiten transacción y a sustituirlos por modelos paganos que no habían dado buenos resultados. Esa no es una buena ruta para el desarrollo de las tareas ministeriales que Dios nos asigna y mucho menos un proceso educativo adecuado.

En segundo lugar, otra motivación pudo haber sido el deseo de David de querer compararse favorablemente con uno de los reinos que había sojuzgado a las tribus de Israel durante algunos siglos: los filisteos. No olvidemos que fueron ellos los primeros que usaron un carro tirado por vacas para trasladar el Arca. Quizás hasta se comparó con los estilos de gobierno de Saúl. Ese rey recibió la invitación para ser monarca de Israel acompañado de señales tales como danzar y profetizar entre los profetas (1 Sam 10:5-10). Esa es la primera ocasión que se identifican comunidades de profetas en el texto de Reina Valera. Quizás David tenía como una motivación alterna compararse con ese rey. Si Saul dio inicio a su llamado danzando y profetizando, él podía hacer lo mismo. En otras palabras, la motivación provocada por el deseo de ser como los demás y de hacer lo que otros han hecho o están haciendo.

Esta motivación tampoco es correcta porque cada llamado posee su propia huella digital. Dios no repite los modelos ni las experiencias de llamado. Mucho menos si los modelos que se abrazan van en contra de lo que enseña la Palabra de Dios. Por lo tanto, cuando la motivación es “parecerse a alguien”, los resultados tienden a ser incorrectos e inadecuados.

En tercer lugar, vimos que otra probabilidad, ínfima, pero real, es que llevar el Arca del Pacto a Jerusalén implicaba subir al Monte de Sion. El Arca del Pacto estaba en la casa de Abinadab (1 Cró 13:5-7), que se encontraba en las inmediaciones de un lugar llamado Baala de Quiriat -jearim. Este lugar, con todo probabilidad, era una fortaleza de los Gabaonitas que se encontraba en la frontera entre Benjamín y Judá, de frente a una guarnición de los filisteos. Algunos arqueólogos la han identificado con una Villa de la actualidad llamada Abu-Gosh. Esta se encuentra aproximadamente a 9 millas al noroeste de Jerusalén. La Biblia dice que el Arca del Pacto estuvo 20 años en esa casa.

Llevar el Arca del Pacto al Monte de Sion desde ese lugar implica algo más que caminar 9 millas. Implica que hay que subir 2,529 pies sobre el nivel del mar para llegar a Sion. Es lógico pensar que esta tarea es por mucho, menos complicada si el peso es cargado por bueyes que halan una carreta en vez de ir sobre los hombros de unos levitas.

Esta motivación puede parecer correcta, adecuada y hasta lógica. El problema que la decisión provocada por esta motivación traspasa los umbrales de las instrucciones bíblicas. Las ordenanzas que encontramos en la Biblia solo pueden ser canceladas o alteradas por la Biblia misma. Por ejemplo, los sacrificios de animales para la expiación de nuestros pecados. La Biblia nos dice que Cristo canceló esto con su muerte en la Cruz del Calvario. Nadie tiene la autoridad de ir por encima de los preceptos bíblicos. Conociendo esto, entonces tenemos que concluir que no podemos darle espacio a aquellas motivaciones que patrocinan alternativas que no son avaladas por las Sagradas Escrituras.

La cuarta posible motivación del corazón de David puede haber sido desarrollada por el sentido de la auto-suficiencia. Los textos bíblicos nos dicen que David admitió que no había consultado a los sacerdotes para hacer este traslado.

11 Y llamó David a los sacerdotes Sadoc y Abiatar, y a los levitas Uriel, Asaías, Joel, Semaías, Eliel y Aminadab, 12 y les dijo: Vosotros que sois los principales padres de las familias de los levitas, santificaos, vosotros y vuestros hermanos, y pasad el arca de Jehová Dios de Israel al lugar que le he preparado; 13 pues por no haberlo hecho así vosotros la primera vez, Jehová nuestro Dios nos quebrantó, por cuanto no le buscamos según su ordenanza. 14 Así los sacerdotes y los levitas se santificaron para traer el arca de Jehová Dios de Israel.  (1 Cró 15:11-14)

Hay que comprender que esta decisión no la tomó el pueblo: la tomó David. Por lo tanto, es de su entera responsabilidad. David admitió en este pasaje bíblico que no solo no había consultado a los sacerdotes para esto; él no buscó al Señor según la ordenanza. Pero hay más: la narrativa que describe el primer intento para trasladar el Arca del Pacto, no describe que Ahío y Uza se hayan santificado para realizar ese traslado. El manejo de las cosas santas requiere santificación y preparación. A base de lo que hemos visto hasta aquí, es obvio que esta motivación, la auto-suficiencia, tampoco debe encontrar espacio en nuestros corazones.

La Biblia dice que hasta los entendidos adquieren consejo (Pro 1:5), que hay que atenderlo y ser sabios (Pro 8:33) y que es sabio obedecer el consejo (Pro 12:15). La Biblia dice que el que menosprecia el consejo encontrará pobreza y vergüenza (Pro 13:18) y que los pensamientos son frustrados en donde no los hay (Pro 15:22). La Biblia dice que en el corazón del hombre hay muchos pensamientos (motivaciones), pero el que escucha el consejo y la corrección llega a la vejez como un hombre sabio  porque el consejo que permanece es el del Señor (Pro 19:20-21). Es más, la Biblia dice que los pensamientos se ordenan con el consejo (Pro 20:18). Hay mucho más:

14 Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; Mas en la multitud de consejeros hay seguridad.    (Pro 11:14b)

22 Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; Mas en la multitud de consejeros se afirman.   (Pro 5:22)

Y en la multitud de consejeros está la victoria. (Pro 24:6)

Hay una quinta posible motivación alterna en el corazón de David: los lastres de su pasado.  La Biblia nos dice que David estableció un pre-requisito para aceptar la oferta de Abner: ser rey de Israel. Abner había sido General de los ejércitos de Saúl (2 Sam 2:8). Este hombre había decidido que un hijo de Saúl, Isboset, sería el rey de Israel (2 Sam 2:8-9). La Biblia dice que Abner “lo hizo rey” sobre muchos lugares y hasta le estableció una capital en Mahanaim. Abner e Isboset se pelearon por una acción inmoral de Abner y esto le llevó a acercarse a David para ofrecerle un pacto y facilitar que el dulce Cantor de Israel (2 Sam 23:1) se convirtiera en rey de la nación (2 Sam 3:6-12). Es en este contexto que David establece un pre-requisito: tenían que devolverle a Mical, su primera esposa:

13 Y David dijo: Bien; haré pacto contigo, más una cosa te pido: No me vengas a ver sin que primero traigas a Mical la hija de Saúl, cuando vengas a verme. 14 Después de esto envió David mensajeros a Is-boset hijo de Saúl, diciendo: Restitúyeme mi mujer Mical, la cual desposé conmigo por cien prepucios de filisteos.   (2 Sam 3:13-14)

Esta fue una decisión trágica porque afectó a David y afectó a Mical. Las historias de Mical y de David hacen palidecer cualquier novela de la posmodernidad. Mical era la menor de las hijas de Saúl, rey de Israel (1 Sam 14:49). Ella fue ofrecida a David como esposa luego de que éste derrotara a Goliat. Este fue uno de los premios ofrecidos por Saúl a la persona que pudiera derrotar a ese gigante:

Al que le venciere, el rey le enriquecerá con grandes riquezas, y le dará su hija, y eximirá de tributos a la casa de su padre en Israel  (1 Sal 17:25-27).

Se supone que David recibiera como esposa a Merab, la hermana de Mical (1 Sam 18:17-18). Esta parte de la narrativa bíblica describe un complot orquestado por Saúl para deshacerse de David y un problema de auto estima de David: “¿Quién soy yo, o qué es mi vida, o la familia de mi padre en Israel, para que yo sea yerno del rey?” Es en esta narrativa que se descubre que Mical está enamorada de David y que Saúl decide darla como esposa a David en lugar de su hermana (1 Sam 18:18-20) ¿No le parece una trama digna de una novela extraordinaria? Pero hay mucho más en esta historia.

Saúl decide realizarle una enmienda a la oferta acerca de Goliat y añade que David tiene que ser capaz de matar 100 filisteos y traerle los prepucios de estos a Saúl. (1 Sam 18:21-25)  ¿Por qué David no se negó a hacer una cosa como esta? ¿Sería que su auto estima lo conminó a participar de este acto de brutalidad y salvajismo? Insistimos en que hay que tener mucho cuidado con el nivel de auto estima que tenemos. La Biblia dice que nadie debe tener más alto concepto de sí que el que debe tener (Rom 12:3). Esto no justifica tener un concepto bajo de uno mismo.

Un dato interesantísimo es que el texto bíblico dice que esto le pareció bien a David porque se convertiría en yerno del rey que es lo mismo que ser príncipe del pueblo (1 Sam 18:26). O sea, que pasar de ser pastor de un barrio en Belén a ser príncipe en el palacio del rey, muy bien valía matar a los filisteos y mutilar sus cuerpos. La Biblia dice que David se levantó para cumplir con la tarea antes de que se cumpliese el plazo establecido. Esta añade que no se limitó a matar 100 filisteos sino que mató y mutiló el doble de ellos: 200 (1 Sam 18:26-27)

La historia bíblica añade como corolario que Saúl le dio a Mical como esposa a David, pero que el amor de ella hacia el nuevo príncipe le provocó a ser enemigo de David todos los días (1 Sam 18:28-29).

Luego de esto, Saúl procura matar a David y es Mical quien le ayuda a escapar para que su papá no la deje viuda. Cuando el padre la interpeló acerca de este suceso, ella decidió responderle con una mentira (1 Sam 19:11-17). Es obvio que esta mujer se había criado en un ambiente de intrigas, de asesinatos, actos de violencia y el uso de la mentira.

Con el pasar del tiempo, habiéndose recrudecido la lucha entre David y Saúl, este último decidió darle a Mical como esposa a un hombre llamado Palti (1 Sam 25:44) o Paltiel (2 Sam 3:15), el hijo de Lais. O sea, que la relación matrimonial de David y Mical había acabado.

Conociendo esto, ¿qué emociones y recuerdos habían podían estar asentados en el corazón de David cuando establece el pre-requisito de que le devolvieran a Mical? Esto significaba quitarle la esposa a un marido. Esto también significaba el reclamo de una propiedad adquirida. Esto también puede ser interpretado como un reclamo que le hacía la sangre que tenía en sus manos: la de 200 filisteos que había mutilado.

El análisis de esta parte de la narrativa bíblica nos coloca de cara a un hombre que ha sido llamado por el Señor, pero que es incapaz de desembarazarse de las experiencias de violencia de su pasado. Esto es trágico, porque esas experiencias violentas pueden convertirse en los cristales con los que se ha de mirar la vida y las experiencias novedosas que Dios nos trae cuando venimos a Él.

David estaba reclamando uno de sus trofeos, la llave que lo había convertido en príncipe, una de sus conquistas. Esta motivación estaba completa y absolutamente fuera del propósito de Dios.

La Biblia dice que Palatiel venía llorando detrás de Mical porque no la quería perder. Ella no venía llorando: su marido sí. (2 Sam 3:15-16)

Permítame el lector un paréntesis editorial muy particular. El caso de Mical representa una desgracia que pudo ser evitada. A esta mujer se le presenta la oportunidad de subir al Monte de Sion y de formar parte de la agenda profética que Dios está ensamblando allí. El viejo hombre que la estaba siguiendo fue enviado de regreso a la vieja casa, pero ella decidió llevar consigo su vieja naturaleza y esto la desgració. A esto hay que añadirle que Mical fue llamada a Sion por las razones equivocadas.

La Biblia dice que ella perdió su capacidad para producir vida en esta experiencia. Es muy probable que ella hubiera estado esperando que David se comportara como Saúl su padre, y no como el hombre que Dios quería que David fuera.

Esta interpretación representa un reto para el análisis teológico-bíblico desde las coyunturas de las teorías de familia. Mical nunca pudo superar la casa de su padre ni las conductas aprendidas. Es por esto que Mical no pudo alcanzar bendición en Sión. Tan solo consideremos que un hijo de Mical pudo haberse convertido en heredero al trono de David. Estas oportunidades se perdieron debido a su incapacidad para comprender las dimensiones proféticas que tenían todas las experiencias y las dimensiones de adoración que se estaban desatando en el traslado del Arca del Pacto a Jerusalén.

Hay que considerar que ella no lo rechaza por danzar, sino por no comportarse como un rey. El texto dice que David tenía puesto un efod sacerdotal cuando danzaba para Dios. Además, hay que considerar que ella había sido removida de su lugar para devolverla a un príncipe que asesinó y mutiló cuerpos por ella. O sea, que ella no tenía discernimiento espiritual de lo que Dios estaba haciendo y de lo que quería hacer con Su pueblo a través del nuevo rey de Israel.

Es muy interesante conocer que Dios le permite algunas victorias a David antes de que él enmendara todo esto y de que pudiera traer el Arca del Pacto a la Ciudad Santa.

9 Y vinieron los filisteos, y se extendieron por el valle de Refaim. 10 Entonces David consultó a Dios, diciendo: ¿Subiré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano? Y Jehová le dijo: Sube, porque yo los entregaré en tus manos. 11 Subieron, pues, a Baal-perazim, y allí los derrotó David. Dijo luego David: Dios rompió mis enemigos por mi mano, como se rompen las aguas. Por esto llamaron el nombre de aquel lugar Baal-perazim. 12 Y dejaron allí sus dioses, y David dijo que los quemasen.   (1Cró 14: 9-12)

O sea, que Dios puede continuar exhibiendo Su misericordia sobre nosotros en el ínterin de los procesos en los que trabajamos con el arrepentimiento, las evaluaciones de lo que nos ha sucedido y los procesos para enmendar nuestras acciones. Estas victorias no son una licencia para eximirnos de realizar estas tareas para poder ser capaces de llevar la gloria de Dios sobre nuestros hombros.

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