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Reflexiones de Esperanza: El Arca del Pacto – Parte 7: La agenda después de la cueva (La habitación de Dios)

Las narrativas bíblicas acerca del traslado del Arca del Pacto a Jerusalén nos han permitido corroborar que David anhelaba tener en su ciudad este símbolo de la Presencia de Dios. Es obvio que David había nacido y se había desarrollado durante la época en la que el Arca estaba ausente del santuario en Silo. David tenía 30 años cuando comenzó a reinar en Israel y el Arca del Pacto llevaba cerca de 75 años fuera del santuario en Silo.

Es importante señalar que el Arca del Pacto estaba en Israel, porque los filisteos la habían devuelto. De hecho, en 1 Samuel 14:18-19 leemos que Saúl la quería traer a uno de los campos de batalla contra los filisteos, y luego se arrepintió de hacerlo. El problema es que el Arca del Pacto no se encontraba en su lugar; estaba fuera de su habitación.

¿Qué conocía David acerca de la habitación de Dios? Los lectores deben comprender que no había un texto bíblico disponible para esa época. Esto es, un texto bíblico tal y como lo conocemos hoy. A parte de la Ley de Moisés, el pueblo se alimentaba de una gran tradición oral. Es obvio que algunas de esas tradiciones fueron documentadas para la posteridad y para que luego formaran parte de lo que hoy conocemos como el Antiguo Testamento.

Las escuelas rabínicas más antiguas siempre han identificado algunos salmos escritos por Moisés como parte de esa tradición oral. Por ejemplo, el Rashi, identifica los salmos 90 al 100 como salmos escritos por Moisés.[1] Conociendo estos datos podemos concluir que con toda probabilidad David había alimentado su mente y su espíritu cantando, recitando y recordando los salmos de Moisés.

Permítame hacer un paréntesis antes de entrar en el análisis y la reflexión de lo que David pudo encontrar en esos salmos. El libro de los Salmos ha sido descrito como una colección de declaraciones teológicas organizadas a modo de canciones de alabanza; éstas representan poéticamente el diálogo humano con Dios. Este libro es la colección más completa de poesía hebrea y de material de alabanza que existe en la Biblia. En él encontramos diferentes respuestas a las acciones y al mensaje de Dios. Es generalmente conocido como el himnario y el libro de oraciones post-exílico de Israel.

Una clave importante para su lectura, estudio e interpretación es poder entender la naturaleza de la poesía hebrea.

En el libro El Despertar de la Adoración se dice lo siguiente acerca del libro de los Salmos:

Casi todos los cristianos saben que el salterio está dividido en 5 secciones (I. Salmos 1-41; II. Salmos 42- 71; III. Salmos 73-89; IV. Salmos 90-106; V. Salmos 107-150). Cada una de esas divisiones concluye con una doxología o una fórmula de conclusión. Otras clasificaciones han sido hechas de esta hermosa colección bíblica. Por ejemplo, se habla del salterio Elohístico (Salmos 42-83), por el uso frecuente del "Elohim". Se habla de la colección de salmos de los hijos de Coré (Salmos 42-49) y de la de Asaf (Salmos 73-83). Esto último, establece las bases para decir que no todos los salmos son de David. De hecho, en uno de los mejores trabajos que existen sobre esta colección bíblica, el Dr. James L. Mays sólo identifica dos colecciones davídicas, los Salmos 3-41 y 51-72. Pero lo que pocos cristianos llegan a comprender es la gran variedad de tipos y clases de salmos que existen. Esta variedad se debe a que el libro de los salmos que llegó hasta nosotros, es tan sólo una "ensalada" representativa de la gran cantidad de salmos que existen en la tradición israelita. La misma fue puesta en la forma en que la conocemos después del exilio babilónico. Es más fácil imaginarlo si tomamos en consideración que un sólo escritor, Salomón, llegó a escribir 1005 de ellos (1 Reyes 4:32).” [2]

Existen otras formas de estudiar el libro de los Salmos. Por ejemplo, podemos estudiar la lírica de sus poesías, sus vocabularios, la métrica de sus composiciones, los arreglos y etilos de estos y su música y su melodía. Además, podemos desarrollar las conexiones con las historias bíblicas que los produjeron.

¿Cuál es la relevancia e importancia de estos datos? Un ejemplo de la importancia de estos datos lo obtenemos al conocer que en su forma canónica el libro de los Salmos está dividido en 5 secciones. ¿Por qué? Porque una lectura rabínica de este orden nos llevaría a comparar este ordenamiento con los 5 libros del Pentateuco. Esto es, una sección de los salmos para cada uno de los cinco (5) libros que componen el Pentateuco.

A principio del siglo 20, Hermann Günkel nos bendijo con un nuevo acercamiento para estudiar este libro sagrado; tratar de descubrir e identificar el tipo de material literario en cada salmo y la situación (de alabanza) detrás de cada uno de ellos. Desde entonces gozamos de nuevas formas para categorizar y clasificar los Salmos, al mismo tiempo que descubrimos que no todos los Salmos pueden ser clasificados con exactitud en una categoría. Entre los tipos, o categorías que podemos identificar encontraremos: (1) himnos; (2) canciones de gracias; (3) lamentos comunitarios; (4) lamentos individuales; (5) canciones individuales para dar gracias; (6) salmos de la realeza; y (7) salmos de sabiduría entre otros.

Los salmos nos permiten expresar con palabras muchos sentimientos, emociones, y experiencias que vivimos y que no sabemos cómo expresarlas y/o explicarlas. El Salterio es además una cantera inagotable para el desarrollo de las disciplinas espirituales y de la vida devocional.

David debió haber tenido a su disposición los salmos de Moisés y en ellos debió haber encontrado un tesoro incalculable de enseñanzas acerca de la habitación de Dios. Uno de esos salmos es el salmo 91.

Este Salmo presenta a tres (3) personajes en diálogo: el salmista (vv.1-2), la persona que le contesta (vv. 3-13) y Dios (vv.14-16).

Este salmo comienza de la siguiente manera;

1 El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente.   (Sal 91:1)

Roberto Bellarmino fue un Jesuíta Italiano que fue Cardenal en el siglo 17 y una de 36 personas que han sido llamados Doctores de la Iglesia Católica en toda su historia. Bellarmino dijo en 1615 que el Salmo 91 comienza señalando que uno puede acercarse a Dios como refugio sin importar si uno es rico o pobre, sabio o ignorante, patricio o plebeyo, joven o viejo. Cualquier persona, “El que habita,” aquél que ha decidido habitar, puede alcanzar esta bendición porque Dios no hace acepción de personas (Hch 10:34) y es rico para con todos los que le invocan (Rom 10:12). [3]

Algunas traducciones bíblicas recogen la expresión inicial de este salmo como “El que está sentado en el lugar secreto del Más Alto….”[4] Esto podría ser una explicación de porqué David decidió sentarse frente al Arca a hablar con Dios (2 Sam 7:18)

18 Entonces el rey David entró y se sentó delante del Señor y oró:«¿Quién soy yo, oh Señor Soberano, y qué es mi familia para que me hayas traído hasta aquí? (Nueva Traducción Viviente)

Esto es mucho más relevante cuando sabemos que los judíos oran de pie o acostados en tierra.

Una curiosidad bíblica es que los 120 que estaban esperando la investidura del Espíritu Santo el día de Pentecostés en Jerusalén, también estaban sentados (Hch 2:2).

En este contexto judío, estar sentado implica algo más que comodidad: implica que uno pertenece a la casa, a la familia. Habitar (“yâshab”, H3427) implica que existe una relación entre los que moran en ese lugar, que están establecidos allí, que ese es el lugar al que regresan todos los días y al que vuelven cuando salen de viaje. Esa es la habitación en la que Dios está, el lugar en el que nos sentimos seguros.

Es de esto que nos habla Pablo cuando nos invita a mantener nuestra mirada en las cosas de arriba y no en las de la tierra:

2 Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. 3 Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.   (Col 3:2)

David debe haber escuchado y repetido las palabras de este salmo de Moisés en muchas ocasiones. Al mismo tiempo, debió haber conocido que Moisés hablaba con Dios cara a cara:

6 Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él. 7 No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. 8 Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?  (Nm 12:6-8)

Los lectores pueden experimentar la intensidad de estas expresiones: se trata de un ser humano que puede hablar con Dios cara a cara. David debió haber sido impactado por esta aseveración.

Estas expresiones promueven algo más que una relación permanente. Estas expresiones promueven intimidad, total dependencia de Dios y capacidad para confiar en Él en todas las situaciones que podamos enfrentar en la vida. El inicio de este salmo describe la anulación de la autosuficiencia y la decisión de establecerse y asentarse en el lugar secreto de Dios.

No es por menos que David se atrevía a decir que amaba la habitación de la casa del Señor (Sal 26:8a) y que Dios había elegido a Sion como habitación para sí (Sal 132:13). Estos versos revelan que esta no puede ser una relación forzada, pues requiere que la amemos y además, que es Dios el que escoge el lugar de Su habitación.

Warren W. Wiersbe[5] dice que este salmo describe la fe en Dios: la vida que se vive cuando nuestra vida está escondida en Dios (vv. 1-4)

El que vive bajo la sombra protectora del Altísimo y Todopoderoso, 2 dice al Señor: «Tú eres mi refugio, mi castillo, ¡mi Dios, en quien confío!» 3 Sólo él puede librarte de trampas ocultas y plagas mortales, 4 pues te cubrirá con sus alas, y bajo ellas estarás seguro. ¡Su fidelidad te protegerá como un escudo!   (Dios Habla Hoy)

Luego de esto, Moisés describe la paz de Dios: la vida que es protegida por el Señor (vv.5-13) y el amor de Dios, la vida satisfecha en el Señor (vv.14-16).

Hay que puntualizar que la sección que describe la paz de Dios posee una declaración acerca de lo que es la habitación que no se puede pasar por alto. De hecho, muchos exégetas bíblicos describen que este es el centro de pivote de este Salmo:

9 Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación, 10 No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada. 11 Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos. 12 En las manos te llevarán, Para que tu pie no tropiece en piedra.   (RV-1960)

Estos versos dicen que la postura de Moisés acerca de la habitación del Señor va mucho más allá de morar en el lugar en el que se encuentra el Todopoderoso. David debió haber escuchado que hay que hacer de Dios la morada. Esto último requiere escalar a otra dimensión de la fe.

Spurgeon narra en el libro El Tesoro de David que en 1854 ocurrió una epidemia de cólera asiática en Londres. Esta epidemia afectó severamente la congregación que él pastoreaba. Todos los días él era invitado a algún funeral y tenía que visitar a muchos enfermos diariamente. Sus amigos comenzaron a caer uno tras otro víctimas de esa enfermedad y Spurgeon confiesa allí que se agotó y que creyó que él también estaba tan enfermo como para morir. El Señor hizo provisión para que una tarde, mientras él regresaba a casa, pudiera leer un letrero colocado en el escaparate de una zapatería en la carretera de Dover. Eran los versos 9-10 del Salmo 91.

El efecto en su corazón fue inmediato. Su fe se agigantó y continuó con su programa de visitación a los enfermos con mucha calma y con paz en su espíritu, sin temer sufrir mal alguno. Esto, dice Spurgeon, es el resultado de instalarse más allá de la habitación del Señor. Se trata de apropiarse de la fe que nos inserta en el Todopoderoso.[6]

Ya que has puesto al Señor por tu refugio, al Altísimo por tu protección, 10 ningún mal habrá de sobrevenirte, ninguna calamidad llegará a tu hogar.11 Porque él ordenará que sus ángeles te cuiden en todos tus caminos. 12 Con sus propias manos te levantarán para que no tropieces con piedra alguna.” (Nueva Versión Internacional)

Eliseo Vila añade con precisión que esa fe-relacional descrita aquí nos libra de los peligros, en medio de los peligros y por medio de los peligros.[7] Es en medio de estas tres (3) vertientes que se experimenta la protección angelical y la dirección divina.

Que no quede duda alguna: David anhelaba esto. Él sabía que no podía vivir lejos de esa Presencia avasalladora, lejos del Santo Espíritu. Traer el Arca del Pacto a Jerusalén era entonces algo más que traer un símbolo del poder de Dios. Traer el Arca era una oportunidad para encontrar la habitación de Dios y la habitación en Dios.


[1] Cohen, A. 1992. The Psalms: Hebrew text and English translation with an introduction and commentary. London:The Soncino Press, LTD. p. 297.

[2] Esquilín, Mizraim. 1995. El Despertar de la Adoración. Editorial Caribe: Miami, p 103.

[3] El Tesoro de David: la revelación Escritural a la luz de los Salmos, por Charles H. Spurgeon. Texto completotraducido y ampliado con notas y referencias bíblicas por Eliseo Vila. CLIE: Barcelona, 2015, p 1459.

[4] Alexander, Joseph Addison. 1863. The Psalms, translated and explained. Edinburgh. p. 384

[5] Wiersbe, Warren W.. Be Exultant (Psalms 90-150): Praising God for His Mighty Works (The BE SeriesCommentary) (pp. 98-101). David C. Cook. Kindle Edition.

[6] Spurgeon, Charles H.. The Treasury of David: Charles Spurgeon Commentary on Psalms (with Active Table ofContents) [Illustrated] . Niche Edition. Kindle Edition.

[7] El Tesoro de David…Ibid. p. 1485-86.

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