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Today: Nov 29, 2020
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Reflexiones de Esperanza: Enseñanzas en la cueva – 8va Parte

Los salmos que David escribió mientras se encontraba en la cueva de Adulam (1 Sam 22:1-3) nos han permitido descubrir toda una historia de retos, de oportunidades y de esperanza. Los salmos 142, 57 y 34 forman parte de un proceso de transformación que fue vital en la vida de un hombre al que el Señor llamó para ser rey de Israel. Gran parte de esas transformaciones ocurrieron o se iniciaron en esa cueva.

Ya hemos visto que el salmo 142 es el salmo de la catarsis y el salmo 57 el salmo de las transiciones relacionales, emocionales, espirituales y las de fe. En esas transiciones David pasó de la queja, el desaliento y el temor, a la confianza y al dominio propio. David pasó de un proceso para aceptar su realidad que lo deprimía a un proceso en el que logró re-interpretar los quebrantos. Estos últimos habrían de pasar; no son eternos, dijo él (Sal 57:1). Este hombre de Dios pasó del llanto a la alabanza y de una actitud pesimista y beligerante, a estar de pie en la cueva, preparado para recibir las instrucciones del Señor.

También hemos visto que David puede experimentar la transición de ser un ser humano que depende enteramente de aquello que conoce y que entiende a uno que aprendió a confiar en Dios Todopoderoso. Él puede ignorar lo que le depara el futuro, pero no ignora lo que Dios le ha prometido. Él puede desconocer lo que sucederá con su vida, pero no desconoce a Aquél en quién él ha confiado. Él puede desconocer los procesos que Dios habrá de permitir en su vida para que se cumpla en él el propósito divino, pero no desconoce el lugar en el que él se encuentra: bajo las sombra de las alas del Eterno.

Es aquí, luego de unas experiencias de adoración que vive David, que tendremos la oportunidad de iniciar la revisión del tercer salmo escrito en esa cueva: el Salmo 34.

Este salmo es sin duda alguna uno de los salmos favoritos de casi todos los creyentes. Basta detenerse a considerar los primeros versos de este para que uno pueda darse cuenta de por qué es tan especial para aquellos que creemos en Cristo Jesús como Señor y Salvador de nuestras vidas.

Este salmo es un acróstico. Lo que esto significa es que sus 22 versos fueron escritos siguiendo el orden alfabético del lenguaje hebreo (alefato). O sea, que el primer verso se escribió comenzando con la primera letra del alefato hebreo (alef), el segundo verso comenzando con la segunda letra (bet), el tercer verso con la tercera letra (guimel) y así sucesivamente hasta llegar al verso final. Sabiendo esto, entonces hay que comprender que el escritor de este salmo quería facilitar su aprendizaje.

Un dato interesantísimo es que en este acróstico se omite la sexta letra (waw) y se incluye nuevamente la letra décimo séptima (17) del alefato, (pe), y se coloca al final. ¿Por qué David hizo esto? Se han presentado algunas explicaciones para ello. La realidad es que el estudio de estas es muy engorroso. Lo que sí podemos afirmar es que la letra eliminada significa “clavo” o “gancho”, mientras que la letra que se repite significa “boca.” Tal vez David, sabiendo que este salmo es una escuela de alabanza, decidió eliminar los ganchos y duplicar los esfuerzos de la boca que ha sido llamada a alabar al Señor. No olvidemos que este es el instrumento que revela lo que hay en el corazón (Mat 12:34; Lcs 6:45).

¿Quiénes pudieron ser los primeros en ser invitados a aprender este salmo? Con toda probabilidad David escogió a aquellos que le acompañaban en la cueva para ser los primeros en aprenderlo. O sea, que el David que encontramos deprimido y desalentado en los primeros momentos de su experiencia en la cueva de Adulam, fue transformado en un maestro de música y de canto hasta el final de su estadía allí.

Veamos lo que dice este salmo:

“1 Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca. 2 En Jehová se gloriará mi alma; Lo oirán los mansos, y se alegrarán. 3 Engrandeced a Jehová conmigo, Y exaltemos a una su nombre. 4 Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores. 5 Los que miraron a él fueron alumbrados, Y sus rostros no fueron avergonzados. 6 Este pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus angustias. 7 El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende. 8 Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él. 9 Temed a Jehová, vosotros sus santos, Pues nada falta a los que le temen. 10 Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; Pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien. 11 Venid, hijos, oídme; El temor de Jehová os enseñaré. 12 ¿Quién es el hombre que desea vida, Que desea muchos días para ver el bien? 13 Guarda tu lengua del mal, Y tus labios de hablar engaño. 14 Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela. 15 Los ojos de Jehová están sobre los justos, Y atentos sus oídos al clamor de ellos. 16 La ira de Jehová contra los que hacen mal, Para cortar de la tierra la memoria de ellos. 17 Claman los justos, y Jehová oye, Y los libra de todas sus angustias. 18 Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu. 19 Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará Jehová. 20 El guarda todos sus huesos; Ni uno de ellos será quebrantado. 21 Matará al malo la maldad, Y los que aborrecen al justo serán condenados. 22 Jehová redime el alma de sus siervos, Y no serán condenados cuantos en él confían.”  (Sal 34:1-22, RV 1960)

Allen P. Ross dice que este salmo puede ser subdividido en dos (2) partes. En la primera (los versos del 1-10) encontramos la alabanza declarativa. En la segunda parte (versos 11-22) encontramos la alabanza descriptiva.[1] En cambio, Warren W. Wiersbe, otro excelente teólogo contemporáneo señala que este salmo puede ser subdividido de la siguiente manera:

  • bendecir al Señor: (vv.1-3);         -     buscar al Señor: (vv. 4-8);
  • confiar en el Señor: (vv. 9-16);   -     temer al Señor:  (vv. 17-22)[2]

Wiersbe, señala que cuando decidimos alabar al Señor decidimos actuar como actúan los ángeles. Ahora bien, ¿Por qué puede David adorar a Dios así? ¿Por qué él asevera que puede hacerlo en todo tiempo, como lo señala el primer verso de este salmo?

Bendeciré a Jehová en todo tiempo. Su alabanza estará de continuo en mi boca.”

La respuesta a esta pregunta es muy sencilla. La adoración y la alabanza no pueden estar regidas por las circunstancias que nos rodean. La adoración a Dios no puede estar condicionada. La adoración al Señor no puede estar limitada a tiempo ni a espacio. La adoración a Dios es algo que va mucho más allá de lo que hacemos. La Biblia dice que nosotros hemos sido escogidos para alabar al Señor:

21 Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará.”  (Isa 43:21)

El mensaje del Evangelio es aún más específico. Ese mensaje dice que en Cristo Jesús nosotros hemos sido escogidos para la alabanza del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Efe 1:3-14).

En el libro El Despertar de la Adoración se incluye un análisis superficial de este salmo. A continuación algunas de las aseveraciones plasmadas allí:

“Este modelo de adoración utiliza imágenes poéticas, de la naturaleza y de la vida diaria. Esta es una de las formas en que se hace poesía en Israel, a base de ritmo o paralelismos.[3] En este salmo se usan estas imágenes para destacar aquellas razones por las que nosotros adoramos al Señor. Es un salmo de acción de gracias que comienza con una expresión de adoración que señala que en todo tiempo el adorador se postrará delante del Señor y su alabanza fluirá como un manantial continuo en su boca. Este adorador sabe alabar a Dios con su boca. Esa alabanza para Dios no está condicionada a las situaciones que esté viviendo el adorador. Él se postrará ante el Señor en todo tiempo y alabará al Señor sin cesar. Lo invito a leer este salmo y luego retomar la lectura del análisis que haremos del mismo.

....... Después de adorar al Señor, el salmista declara que se gloriará en Jehová y procede a invitar a la adoración comunitaria. Que le acompañen a adorar los mansos, que lo hagan en unidad de propósito y de espíritu. ¡Poderosas enseñanzas! La adoración que se da en la iglesia del Señor necesita la unidad de propósito y de espíritu del pueblo que adora. En otras palabras, si la Iglesia que pretende adorar a Dios no está unida, nunca logrará adorar a Dios.

Inmediatamente comienza un listado de las razones por las que se adora al Señor y se le reconoce como único Dios. Primero, porque Él nos libra de todos los temores. Es impactante cuando este salmo nos hace reconocer que las peticiones contestadas y los problemas resueltos no forman parte de las razones que da este salmista para adorar a Dios. Él buscó a Jehová y reconoce que el Señor le oyó. ¿Por qué? Porque le libró de su peor enemigo: el temor.

Esta es una de las verdades más grandes que revela este salmo. El peor enemigo que tiene el ser humano no es el diablo. Este ya fue derrotado en la cruz del Calvario. Tampoco lo es el mundo, pues el mundo pasa y sus placeres con él. El peor enemigo que tiene el ser humano lo llevamos metido en la piel: el temor. Temor al cambio, al fracaso, al futuro, a lo que pueda decir el medio que nos rodea. Uno de mis escritores favoritos lo es Max Lucado. En uno de sus libros, Todavía Remueve Piedras,[4] hace una presentación inigualable acerca del temor en el ser humano.

El salmista declara que está seguro de la respuesta divina, pues sus temores desaparecieron. ¿De qué vale que Dios supla las necesidades, sane la enfermedad, desate las ataduras o calme la tormenta, si nuestros temores siguen dominando nuestra vida?

La Biblia dice que el que teme es víctima de la ausencia de una «dosis» completa del amor de Dios (1 Juan 4:18). Basado en esta declaración joanina, entonces lo que el salmista ha dicho es que recibió una dosis doble del amor de Dios. ¡Se sintió cubierto completamente por el poderoso testimonio del amor de Dios! Ese bautismo de amor es la razón más poderosa para la disipación del temor.

Para este escritor bíblico esto es similar a recibir la iluminación de Dios. Es un preludio a la declaración de Efesios 1:18: al ser alumbrado en los ojos de su entendimiento puede comenzar a comprender la esperanza a la que ha sido llamado, las riquezas de la gloria que le espera al creyente y la grandeza del poder de Dios. ¿Qué más se puede pedir?

A continuación el salmista dice que adorará a Dios porque lo libró de todas sus angustias. ¡Alabado sea el Señor! ¡Dos liberaciones con tan sólo buscar y clamar! La segunda liberación; la de aquello que nos roba el gozo y la paz. La liberación de los niveles de dolor que pretenden nublar nuestra visión de Dios.

Quienes han experimentado la angustia saben que en el proceso de enfrentarse a ella y a sus causas, tuvieron que vivir varias etapas muy difíciles. Generalmente, la primera de ellas es la negación. Intentamos negar que nos pueda estar ocurriendo aquello que nos angustia. Esta es la etapa en la que buscamos segundas opiniones médicas o nos aliamos con aquellos que nos dicen lo que queremos oír. La segunda etapa es la ira. Surge cuando ya no podemos negar lo que nos ocurre. Muchas veces nos da ira con los amigos, con los médicos, con aquellos a quienes hacemos responsables de esa situación y podemos airarnos hasta con Dios. La otra etapa casi siempre lo es la negociación. ¡Cuántas cosas le prometemos a Dios en esa etapa!  En la mayoría de los casos, la negociación está seguida por la depresión. Esta no es el producto de los demonios. Es una reacción física y mental del cuerpo buscando protegernos del daño que estamos sufriendo. En esa etapa, entre otras cosas, queremos seguir durmiendo todo el día, se nos afectan los patrones de alimentación y nos puede molestar hasta bañarnos. No nos afeitamos, o no sentimos el deseo de quitarnos la ropa de dormir. Podemos estar frente a un aparato de televisión todo el día y no nos motiva la oración ni la lectura bíblica. A muchas personas, les da por llorar. La última etapa es la aceptación. Usualmente llegaremos a ella drenados por las etapas anteriores que hemos experimentado.[5]

Es importante que los ministros y los consejeros estemos conscientes de esto para poder así prestar una mejor ayuda a todos los que se nos acercan sufriendo severos casos de angustia.

El salmista ha dicho que el Señor le libró de todas sus angustias. Me parece que hay dos cosas que hay que señalar para obtener la mejor interpretación de esta expresión. La primera es decir que algunas angustias desaparecen porque Dios elimina sus causas de forma milagrosa o convencional. La segunda, que desaparecen porque Dios nos enseña a aceptar nuestras situaciones.” [6]

Esta es la introducción al Salmo 34; el último salmo escrito en la cueva de Adulam. Nuestras próximas reflexiones procurarán analizar los axiomas y las aseveraciones que David hace en este salmo antes de salir de su temporada de aislamiento y de cuarentena.

[1] Allen P. Ross . A commentary on the Psalms:  Vol 1 (1-41). Grand Rapids: Kregel., 2011 p.745.

[2] Wiersbe, Warren W.. Be Worshipful (Psalms 1-89): Glorifying God for Who He Is (The BE Series Commentary) (p. 127). David C. Cook. Kindle Edition.

[3]James l. Mays. Interpretation: Psalms. Louisville: John Knox Press, 1994, p.5.

[4] Max. Lucado, Todavía remueve piedras, cap. 17 «Ver lo invisible», Editorial Betania, Miami, FL, 1994, pp. 167-176.

[5] Howard Clinebell, Basic Types of Pastoral Care and Counseling, Abingdon Press, Nashville, TN, 1992 y H. Stone, Crisis Counseling, Fortress Press, Philadelphia, 1989.

[6] Mizraim Esquilín, El Despertar de la Adoración, Editorial Caribe, Miami, FL, 1995, pp. 106-109.

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