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Today: Apr 13, 2021
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Reflexiones de Esperanza: La adoración en la navidad

La navidad es una de las épocas más hermosas del año. Su hermosura no está supeditada a los colores de las luces, a sus adornos ni a su música. La hermosura de la navidad tiene su génesis en las experiencias de adoración en las que ella nos inserta.

No podemos olvidar que la efectividad de la adoración no puede ser medida por la música, las palabras o el lugar en el que se adora. La verdadera y buena adoración (eusebia en griego) siempre es medida por las respuestas que Dios recibe desde el corazón del que le adora. La verdadera adoración no se mide por la intensidad de las palabras que se puedan usar, y sí por la transformación que experimentan aquellos que adoran. La verdadera adoración no permite que el adorador permanezca siendo la misma persona que comenzó en la peregrinación de la adoración. Los modos y modelos de adoración no son necesariamente lo más importante. Aquél al que adoramos es el que tiene toda la importancia. Al final del camino descubrimos que la verdadera adoración no cambia; somos nosotros, los que adoramos, los que experimentamos los cambios.

La navidad nos regala muchas experiencias de adoración. Entre ellas hay una muy singular; el “magnificat,” la canción que levanta la Virgen María cuando recibe la visitación del Angel Gabriel (Lcs 1:26-37). Estudiar esta experiencia que nos regala la Palabra de Dios puede ofrecernos muchas “pistas” muy significativas para ayudarnos en nuestros procesos de adoración.

La adoración de María (Lcs 1:46-55)

En primer lugar, ¿por qué adora María? ¿Qué experiencia le ha llevado a adorar? María adora porque ha recibido a Cristo. En Lcs 1:35 encontramos que ella recibe y acepta que el Santo Ser, el Hijo de Dios, sea concebido dentro de ella. Ella ha decidido recibir a Cristo dentro de su ser. Ella es el primer ser humano que acepta ser transformado en templo del Espíritu Santo. No hay adoración genuina si uno no se ha rendido a los pies del único que nos puede abrir camino al Padre que está en los cielos. Este es Cristo el Señor

En segundo lugar, ella adora porque ha decidido ser la sierva del Señor. Ella expresa lo siguiente: “He aquí la sierva del Señor…...” (Lcs 1:38a). Solo aquellos que han decidido ser siervos de Dios pueden adorar al Creador como el Todopoderoso lo requiere. Recordemos que adorar es responder a la presencia de Dios en Cristo Jesús.

En tercer lugar ella cede a la voluntad de Dios. En Lcs 1:38b leemos la expresión “hágase conmigo.” No se puede adorar si uno no ha cedido su voluntad a la voluntad del Padre. En cuarto lugar, ella basa su adoración no solo en la experiencia celestial que está teniendo, sino en la Palabra de Dios. Lo sabemos porque ella usa la siguiente expresión: “conforme a tu palabra” (Lcs 1:38c). La verdadera adoración tiene que poseer un fundamento bíblico.

En quinto lugar, María hace énfasis en la dimensión espiritual que posee su adoración cuando enfatiza que es su alma la que engrandece al Señor: “Engrandece mi alma al Señor;” (Lcs 1:46a). Es en el alma que se desata la dimensión de la adoración genuina. En sexto lugar, ella testifica que ha recibido la salvación que ofrece Dios en Cristo cuando dice que se regocija en su espíritu en Dios su Salvador (Lcs 1:47). Para adorar como es necesario se necesita reconocer que Cristo es nuestro Salvador.

En séptimo lugar, ella puede adorar porque ha decidido recibir la operación, la labor que opera Dios, junto a los resultados que esta genera; “Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso” (Lcs 1:49). Aquellos que adoran abren espacios voluntarios para la operación del brazo de Dios. En octavo lugar, ella adora porque reconoce el poder de Dios sobre ella; “hizo proezas con su brazo” (Lcs 1:51). No se puede adorar si no se reconoce la Omnipotencia de Dios. En noveno lugar, ella reconoce que es Dios el que satisface el hambre del hambriento (Lcs 1:53); una forma poética de reconocer que sus vacíos habían sido satisfechos por Dios. Los que adoran han de reconocer que solo Dios puede satisfacer el hambre y la sed del alma. En décimo lugar, María adora porque es consciente de la misericordia divina (Lcs 1:54); “acordándose de la misericordia.” ¡Qué extraordinaria es la adoración que levanta María!

La adoración de los pastores (Lcs 2:8-20)

Otra experiencia de adoración que nos regala la navidad es la adoración de los pastores (Lcs 2:8-20). ¿Por qué adoran los pastores? ¿Qué experiencia les ha llevado a adorar? El Dr. Elmer Towns analiza este pasaje[1] y concluye que hay que puntualizar que la ética de trabajo de los pastores tiene que ver con su adoración en la navidad. Veamos lo que dice el verso ocho (8) del segundo capítulo del Evangelio de Lucas:

8 Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño”   (Lcs 2:8)

Dicho de otra manera, los que “se ausentaron del trabajo” esa noche no pudieron adorar. Dios nunca ocupa a los desocupados. Dios decide desocuparlos de sus labores cotidianas para ocuparlos con su Presencia. En segundo lugar, esta es una experiencia de adoración que se inserta en aquello que los pastores estaban haciendo. El ángel del Señor se les presenta en medio de su lugar de trabajo: “9 Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor,” (Lcs 2:9). Hay momentos de adoración que van a sorprendernos cuando estamos en los lugares en los que debemos estar y haciendo aquello que hemos sido llamados a hacer. Esto es adoración en medio de la cotidianeidad.

En tercer lugar, los pastores adoran porque experimentan la atmósfera celestial que invita a la adoración. La Biblia dice en Lcs 2:9 que la gloria del Señor los rodeó. Repetimos que la adoración genuina se produce como respuesta a la presencia de Dios en Cristo Jesús. Ellos adoraron como respuesta a la presencia de Dios que les había impactado.

En cuarto lugar, los pastores adoran porque saben experimentar temor ante la presencia de Dios. Esta es una forma bíblica para describir un respeto reverente. En Lcs 2:10 leemos que los ángeles tienen que instruir a los pastores a no anquilosarse ante ese temor. Elmer Towns ha comentado en sus notas acerca de la navidad que el temor negativo nos produce miedo, mientras que el positivo genera confianza reverente.

En quinto lugar, los pastores adoran porque saben obedecer las instrucciones de la Palabra celestial recibida. En Lcs 2:15 leemos acerca de su obediencia instantánea para ir a encontrar la manifestación encarnada de la Gracia de Dios. La verdadera adoración requiere obediencia.

En sexto lugar, los pastores pueden adorar porque no separan la salvación de la invitación a adorar y viceversa. En Lcs 2:11 leemos que la anunciación describe que el recién nacido que está en la ciudad de David es el Salvador, pero al mismo tiempo es Cristo el Señor. No se puede desarrollar una adoración verdadera si la salvación es separada de ella y viceversa. Los salvados adoran y la verdadera adoración surge del alma de los salvados, aquellos que buscan a Dios en espíritu y en verdad (Jn 4:23-24).

En séptimo lugar, los pastores adoran porque abren sus corazones para el desarrollo de su discernimiento espiritual y de la experiencia divina que les lleva a adorar. En Lcs 2:15 leemos que ellos deciden pasar al lugar indicado para que la Palabra de Dios se convierta en hecho y la manifestación y revelación de Jesucristo se convierta en experiencia personal para adorar a Dios cara a cara. La Palabra de Dios tiene que convertirse en vida y en hecho en los corazones de aquellos que adoran en espíritu y verdad.

En octavo lugar, los pastores adoran porque su búsqueda de Dios es intensa. La Biblia dice en Lcs 2:16 que se movieron al lugar indicado apresuradamente. Es que no existe cosa alguna que pueda superar la prioridad que debe tener encontrarse personalmente con Dios para adorarle.

Regresando al análisis del Dr. Elmer Towns, indicamos que la novena razón por la que los pastores pueden adorar en verdad es porque permiten que la adoración les mueva a la acción. En Lcs 2:17 leemos que tan pronto fueron impactados por la presencia del Niño Dios, de inmediato, se dieron a la tarea de decirle a otros el mensaje celestial que habían escuchado.

17 Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. (Lcs 2:17)

Tal y como dice el Apóstol Pablo, aquellos que adoran no pueden resistir la necesidad que nos ha sido impuesta (1 Cor 9:16).

En décimo lugar, los pastores adoran porque se convierten en instrumentos de la gracia divina que estremece los corazones de aquellos que oyen el mensaje de salvación. En Lcs 2:18 leemos que los que escuchaban a los pastores se maravillaban de su mensaje. No es lo mismo comunicar el mensaje de la salvación que comunicarlo y ver a otros asombrarse y maravillarse ante ese mensaje. Esto predica que la efectividad del mensajero aumenta cuando ha adorado al Señor.

En undécimo lugar, los pastores adoran porque resuelven que la adoración nunca está basada en nuestras experiencias o nuestras acciones y sí en la Presencia de Dios. En Lcs 2:20 leemos que los pastores alaban y glorifican a Dios. No solo esto, sino que lo hacen por la experiencia personal e individual que han tenido oyendo y viendo la gracia divina manifiesta. La verdadera adoración alaba y glorifica a Dios y a nadie más.

¡Qué extraordinaria la adoración que ofrecen los pastores!

La adoración de los ángeles (Lcs 2:9-14)

Los Evangelios nos regalan muchas narrativas en las que encontramos participación de los ángeles. La mayoría de estas intervenciones están relacionadas a las historias de la navidad. Por ejemplo, es un ángel llamado Gabriel el que aparece frente a un sacerdote llamado Zacarías (Lcs 1:5-20). Este ángel que está “delante de Dios” (al servicio especial de Dios) vino para anunciarle a Zacarías que la esterilidad de Elizabeth acabaría. Del vientre de esta mujer nacería un niño llamado Juan el Bautista; aquél que cumpliría la profecía del capítulo 40 del Libro del profeta Isaías.

Este es el mensajero de un milagro.

Hay otra narrativa bíblica que describe la intervención de un ángel (el mismo, Gabriel) con una joven virgen llamada María (Lcs 1:26-38). Esta virgen había sido escogida por el Señor para ser la madre de nuestro Señor. En su vientre ocurrió el milagro de la encarnación sin la necesidad de que ella conociera varón. El Verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1:14).

Un ángel se le apareció a José, el Carpintero, para hacerle saber que no podía rechazar a su novia María (Mat 1:19-21). El milagro de la concepción que sucedía en y con María era el producto de una intervención divina. La Biblia dice que luego de esto, otro ángel se le apareció a José en sueños para revelarle que María, el Niño y José tenían que relocalizarse en Egipto para proteger al Niño Dios de la ira del rey Herodes (Mat 2:13-15).

Los ángeles se le aparecieron a los pastores que cuidaban sus ovejas en los campos de Belén (Lcs 2:8-14).

Es esta aparición la que provee el contexto para que los ángeles adoraran en la navidad. La Biblia dice que los ángeles adoraban mientras Dios creaba el universo (Job 38:7). La Biblia presenta a los ángeles adorando a Dios en narrativas en las que se nos describen llamamientos ministeriales (Isa 6:1-8). Así mismo, los ángeles aparecen adorando a Dios en los tiempos del fin y en el fin de los tiempos. Esto está descrito así en el libro de Apocalípsis.

La adoración de los ángeles en los campos pastoriles de Belén es un regalo de Dios para los pastores de esa región. Es también una señal que identifica que el Niño que había nacido es el Hijo de Dios; es Dios mismo (Rom 9:5).

El relato del Evangelio de Lucas nos dice que la presencia del primer ángel trajo consigo la gloria del Señor y que esta rodeó a los pastores con su resplandor (Lcs 2:9-10). La Biblia dice que una multitud de ángeles apareció entre ellos luego del mensaje que el ángel le comunicó a los pastores (Lcs 2:13). ¿Cúantos ángeles eran? No tenemos la respuesta para esta pregunta. Sí sabemos que la Biblia nos dice que “los carros (carruajes angelicales) de Dios se cuentan por veintenas de millares de millares” (Sal 68:17).

Existen otras narrativas bíblicas que nos describen manifestaciones multitudinarias de los ángeles. Por ejemplo, la Biblia dice que cuando Dios se le reveló a Moisés en Sinaí, lo hizo acompañado de 10 mil ángeles (Dt 33: 2). Otra porción de las Sagradas Escrituras nos describe manifestaciones angelicales más grandes. Invitamos a los lectores a considerar esta palabra profética del Daniel:

9 Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. 10 Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos. (Dan 7:9-10)

Esta descripción es similar a la que ve el Vidente de la Isla de Patmos (Apoc 5:11-12)

A base de esto debemos concluir que la multitud de ángeles descrita en el capítulo dos (2) del Evangelio de Lucas tenía que ser muy grande.

Ahora bien, es la adoración angelical en la Navidad la que nos sobrecoge:

13 Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían:14 ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! (Lcs 2:13-14)

Los exégetas bíblicos siempre han estado maravillados por los usos de los verbos en esa narrativa bíblica: alabar (“aineō”, G134) y decir (“legō”,G3004). Algunas conclusiones apuntan a un cuadro artístico impresionante. Esa multitud estaba diciendo al unísono estas palabras como un paralelismo poético. Estas palabras eran la introducción a lo que luego cantaban.[2] ¿Puede usted imaginar esa multitud de ángeles haciendo todo esto?

El himno que cantaban los ángeles había sido precedido por el anuncio de que había una noticia que provocaría gran gozo: Cristo el Señor, el Salvador, había nacido en la Ciudad de David. Esta es la única ocasión en la que encontramos esta expresión en la Biblia: Cristo el Señor. El Libro de los Hechos nos presenta una expresión que describe a Jesucristo como Señor y Cristo (Hchs 2:36). Lucas nos dice aquí que los ángeles informaron que el nombre del Niño Dios es Cristo el Señor. Esta era la razón que provocaba esas expresiones poéticas y musicales para adorar a Dios.

Ese himno fue precedido por el establecimiento de una señal: el Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Esta es otra razón que provocaba esas expresiones poéticas y musicales para adorar a Dios. Dios puede revelar su gloria y su amor a través de señales de gracia.

El himno angelical puede ser dividido en tres (3) partes, siendo la última el centro de esta composición. Hay gloria de Dios en las alturas, alabanzas en el cielo y hay paz en la tierra para los seres humanos que gozan del favor de Dios, los hombres de buena voluntad. Esa buena voluntad expresa el favor inmerecido que el Señor muestra sobre los seres humanos, y la complacencia que tiene con aquellos que buscan Su rostro en Cristo el Señor. O sea, que Dios es alabado y exaltado en los cielos y la paz es proclamada en la tierra porque Dios ha mostrado Su favor sobre la humanidad. Ese es el mensaje de la  navidad.

Un axioma central de la teología Cristiana es que el propósito del plan de salvación es mostrar la gloria de Dios; la alabanza de la gloria del Trino Dios (Efe 1:6, 12, 14). Dios le reveló a Moisés el prototipo de este plan de salvación en forma del Tabernáculo. Los creyentes en Cristo sabemos que todo el Tabernáculo apunta a Cristo y al plan de Salvación. Cristo es la puerta del Tabernáculo (Jn 10:6). Cristo es el sacrificio del altar en el patio exterior (Éxo 27; 1 Pe 1:17-19) y el agua de la fuente de Bronce  (Éxo 30:18-22; Jn 4:11-15; 7:38). En el Lugar Santo (Heb 9:2) Cristo es la luz representada en el candelabro de 7 brazos (Jn 8:12). Él es el pan vivo que descendió del cielo (Jn 6:49-58) y es en el nombre de Cristo que levantamos las oraciones al Padre (Jn 14:13-14; 15:16; 16:23). En el Lugar Santísimo Cristo es el propiciatorio y todo lo que hay dentro del Arca del Pacto lo representa a Él. La vara florecida de Aarón es símbolo de Su resurrección. El maná es símbolo de Su cuerpo y de la vida que Él ofrece. Las Tablas de la Ley son símbolo de Él como Verbo de Dios, como Palabra de Dios encarnada.

Ese Tabernáculo que es símbolo de Cristo fue lleno de esa gloria (Éxo 40). Así mismo le sucedió al templo que edificó Salomón cuando fue inaugurado (2 Cró 7:1-3). Esa gloria se había alejado de Israel a cauda del pecado del pueblo (1 Sam 4:21; Eze 8:4; 9:3; 10:4,18; 11:22-23). La navidad anuncia que la gloria de Dios había regresado sobre el pueblo. Es por eso que Juan dice lo siguiente:

14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.  (Jn 1:14)

¡Eso es la navidad: el regreso de la gloria de Dios!

Hay muchas otras experiencias de adoración que encontramos en la historia de la navidad.

Las experiencias de Ana, de Simeón y de los Sabios de Oriente son solo algunas de ellas. En todas y cada una de estas hay “escuelas” que sirven como herramientas para que afinemos las nuestras. Te invito en esta navidad a que te animes a identificarte con algunas de ellas y decidas permitir al Espíritu Santo transformar tu adoración hasta que ella alcance los niveles que alcanzan los personajes que conforman la historia de la navidad. Los resultados que obtendrás serán maravillosos y asombrosos.

Es nuestro deseo que el Señor les permita disfrutar de una navidad llena de Su gloria y muchas bendiciones en el año nuevo que se aproxima.

¡Felicidades!


[1] https://digitalcommons.liberty.edu/ss_lesson_audio/

[2] Blight, R. C. (2008). An Exegetical Summary of Luke 1–11 (2nd ed., p. 85). Dallas, TX: SIL International.

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