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Today: Nov 29, 2020
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Reflexiones de Esperanza: Qué hacer cuando no sabemos lo que hay que hacer; Prepararse para el avivamiento que viene de camino

El Salmo 143 nos sigue acompañando en estas jornadas de retiro con el Señor. A nadie se le hubiese ocurrido que el Señor le recetaría 4 semanas para retiro espiritual y fortalecimiento familiar a más de 3 mil millones de seres humanos en todo el planeta.

Este Salmo nos ha ayudado a identificar qué cosas podemos hacer cuando no sabemos lo que hay que hacer. Hasta el momento hemos reflexionado acerca de las siguientes alternativas:

  • Cantar a Dios las oraciones y orar las canciones (“tephilla”, H8605).
  • Pedirle al Señor que inserte su Santo Espíritu en nuestro interior y que nos dirija en la oración que Él mismo nos inspira (“tachanun”, H8469).
  • Aceptar que no podemos esconder nuestras realidades y llevarlas a los pies del Señor.
  • Dar gracias.

El salmista dice en el verso 5 de ese Salmo que el Espíritu de Dios le llevó a hacer tres cosas más. El texto dice de la siguiente manera:

5 Me acordé de los días antiguos; Meditaba en todas tus obras; Reflexionaba en las obras de tus manos.

Estas instrucciones describen una pieza fundamental para la preparación previa a un avivamiento.

El proceso de acordarse de los días antiguos, de meditar en las obras del Señor y de reflexionar en las obras de Sus manos, capacita al creyente en Cristo. Esta capacitación es necesaria para poder ser efectivo en el avivamiento que viene de camino. Ese proceso es necesario para equipar a ese creyente.

Me acordé de los días antiguos

Este verso comienza diciendo que David hizo “zakar” (H 2142) de los días antiguos, de su

pasado y del pasado de su pueblo. Esa palabra encierra mucho más que la acción de recordar. El salmista lo usa en el Salmo 77 para describir la fase inicial de su proceso para salir de la depresión:

10 Dije: Enfermedad mía es esta; Traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo. 11 Me acordaré de las obras de JAH; Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. 12 Meditaré en todas tus obras, Y hablaré de tus hechos. 13 Oh Dios, santo es tu camino; ¿Qué dios es grande como nuestro Dios?”  (Sal 77:10-13)

O sea, que esta es una expresión que puede tener una fuerza terapéutica. El salmista dice en el Salmo 77 que él va a recordar, que va a realizar un inventario de las intervenciones del Señor en su vida.

Las depresiones comienzan a ser enfrentadas cuando sustituimos los pensamientos aberrantes que forman parte de estas. En este caso, este Salmo declara que la mejor forma de sustituir esos pensamientos es con la acción de repasar los milagros, los prodigios y los testimonios que tenemos de las intervenciones de Dios con y en nosotros. Es aquí que esos pensamientos comienzan a perder la capacidad de seguir contribuyendo con nuestras depresiones y somos capacitados para continuar hacia adelante.

Del análisis del concepto se desprende que aquellos que hacen “zakar” no solo recuerdan sino que marcan y son marcados por lo que recuerdan. O sea, que esos testimonios y esos milagros marcaron nuestras vidas.

En el Salmo 143 el salmista dice que va a hacer “zakar” de su pasado y del pasado de su pueblo, de los suyos. Hay muchas personas que deciden hacer esto cuando pasan por experiencias dolorosas. ¿Qué habré hecho? ¿En dónde me equivoqué? Estas son solo algunas de las preguntas que nos provocan a recordar. Es importante destacar que cuando nos arrepentimos delante del Señor, Dios ya decidido no acordarse de nuestros pecados (Miq 7:19). Somos nosotros los que perpetuamos esos recuerdos.

¿Cómo puede este ejercicio capacitarnos para un avivamiento cuando hay recuerdos y experiencias que no son necesariamente gratos al corazón y al pensamiento?

La respuesta a esta pregunta la encontramos en la Biblia. En algunas ocasiones “zakar”es usado para describir el proceso de quemar incienso delante de Dios (Isa 66:3, “el que quema incienso”). Quemar incienso (Éxo 40:27) es sinónimo de la oración (Sal 141:2; Apoc 5:8) y de intercesión:

47 Entonces tomó Aarón el incensario, como Moisés dijo, y corrió en medio de la congregación; y he aquí que la mortandad había comenzado en el pueblo; y él puso incienso, e hizo expiación por el pueblo, 48 y se puso entre los muertos y los vivos; y cesó la mortandad.” (Núm 16:47-48).

O sea, que con mucha facilidad David puede estar describiendo (aún sin saberlo) que Dios le ha pedido quemar su pasado delante de la Presencia del Eterno. Esta acción, en sí misma ya presenta un proceso terapéutico novedoso y muy efectivo. Además, implica arrepentimiento y como hemos visto, cancela la mortandad. Hay que quemar como incienso los recuerdos que nos molestan. La Biblia dice que el Señor ya no tiene memoria de nuestros pecados: no los tengamos nosotros.

¿Cómo puede este ejercicio capacitarnos para un avivamiento? Quemando nuestro pasado y nuestros malos recuerdos como el que quema incienso delante del Señor. Estas semanas nos regalan una oportunidad maravillosa para hacer esto.

No se trata de entretenerse con los recuerdos de cosas difíciles. Los recuerdos tristes los ofrecemos como incienso delante del Señor, en oración, disfrutando Su perdón. Son los testimonios los que escribimos y lo que repasamos para vencer las depresiones. De esto trata la segunda instrucción.

Meditaba en todas tus obras

En segundo lugar, David dice que hará “hâgâh” (H1897, reflexionar) en las obras de Dios. O sea, que él meditará y hablará de las acciones y de las bendiciones que Dios nos sirve, y que lo hará de forma sistemática. Este concepto no es muy común en el Antiguo Testamento. A penas se utiliza en 27 ocasiones. Una de estas es el Salmo 1:2:

2 Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche.”

Se trata de traer a la memoria la mayor cantidad posible de testimonios, de milagros, de experiencias con el Señor, de anécdotas y de enseñanzas aprendidas que han venido de la mano del Todopoderoso. En esta frase David está también reconociendo que tiene que cambiar su vocabulario y sus temas de conversación. Esto es así porque “hâgâh” también significa hablar:

Sal 35:28: “hablará de tu justicia

Sal 37: 30: “la boca del justo habla sabiduría

Sal 71:24: “Mi lengua hablará también de tu justicia todo el día;”

Todos sabemos que cuando cambiamos el vocabulario cambiamos el tesoro del corazón (Mt 12:35-36). David resuelve cambiar el tesoro de su corazón.

¿Cómo puede este ejercicio capacitarnos para un avivamiento? Disfrutando de los testimonios que tenemos, anhelando tener otros más poderosos y repasando el tesoro del corazón.

Reflexionaba en las obras de tus manos.

En tercer lugar, David decide reflexionar (“siyach” H7878) en las obras (“ma aséh” H4639)  de las manos de Dios. Este proceso de reflexionar no es otra cosa que ponderar, meditar y hablar de algo que Dios ha hecho con sus propias manos. Esto puede parecerse mucho a lo que analizamos en los párrafos anteriores. Sin embargo hay unas diferencias muy marcadas en esta instrucción.

Hay algo que David parece haber escuchado decir al mismo Espíritu de Dios cuando pedía aprender a orar (v.1). El concepto “ma aséh” significa “obras” pero también significa “poema.” O sea, David decide que va a meditar en las grandezas de Dios: los cielos, las estrellas, las profundidades del mar, la inmensidad del firmamento, la belleza de las flores, de las aves, de los ríos, etc. Pero al mismo tiempo, David decide repasar el poema de Dios. David decide aceptar que él es el poema de Dios.

Lo primero es recrearse en la grandeza de Dios. Lo segundo es recrearse en Su gracia y Su misericordia.

Pablo conoce estas vertientes idiomáticas y es por esto que él dice lo siguiente en Efesios 2:10:

10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”

Pablo nos dice que nosotros somos la obra de Dios creados en Cristo Jesús; la corona de la creación (Sal 8:1-5): “masterpiece of God”. Sin embargo, el concepto que él utiliza y que se traduce como “hechura” es el vocablo griego “poiēma” (G4161), raíz etimológica del concepto “poema” (ver https://dle.rae.es/poema?m=form). Pablo dice que somos el poema de Dios.

Es imposible llegar a estas conclusiones sin levantar las manos en señal de rendición delante de Dios.

¿Cómo puede este ejercicio capacitarnos para un avivamiento? Repasando los portentos de Dios en Su creación y recordando que somos su poema. Dios continúa escribiendo nuestros versos y nuestras estrofas.

¿Qué hacer cuando no sabemos lo que hay que hacer? Hay que decidir quemar nuestros recuerdos delante de Dios. Hay que quemar el sentido de culpa. Hay que sacar tiempo para disfrutar de los testimonios que tenemos, anhelando tener otros más poderosos. Hay que provocar un cambio en el vocabulario y en la conversación; repasar el tesoro del corazón.

Por último, hay que detenerse a reflexionar en la grandeza de Dios, en Su creación. Pero hay que detenerse  a reflexionar que no solamente somos propiedad de Dios, sino que somos su poema.

No es necesario señalar que luego de este ejercicio, nos encontraremos con las manos levantadas al cielo como niños que esperan ser levantados en los brazos de su Padre que está en los cielos.

Nuestra historia no termina con el COVID-19. Un avivamiento sin precedentes viene de camino que tenemos que aprovechar este tiempo para prepararnos para lo que viene del cielo.

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