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Today: Jul 29, 2021
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Reflexiones de Esperanza: Salmo 91: la agenda de transformación (Parte VII)

14 Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. 15 Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré. 16 Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación.  (Salmo 91:14-16)

Las reflexiones acerca de la agenda de transformación que posee el Salmo 91 han ocupado el centro de nuestros análisis más recientes. Los versos finales de este salmo describen las bendiciones que Dios tiene para aquellos que habitan al abrigo del Altísimo y describen las características que poseen aquellos que moran bajo la sombra del Omnipotente.

Las reflexiones anteriores nos proveyeron el espacio para compartir el análisis de siete (7) de esas características. Estas son:

  • Son creyentes que aman a Dios (v.14).
  • Son creyentes que conocen quién es Dios (v.14).
  • Son creyentes que poseen una vida de oración eficaz; dependencia absoluta de Dios (v. 15).
  • Son creyentes que saben que el Señor les acompaña en medio de los procesos que producen angustia (v. 15).
  • Son creyentes liberados, vestidos, adiestrados para recibir y seguir instrucciones celestiales (v. 15).
  • Son creyentes que Dios honra y que exhibe como hijos en los cuales Él tiene contentamiento  (v. 15)
  • Son creyentes que viven vidas productivas y llenas de satisfacción porque el Todopoderoso se los ha prometido (v.16)

En esta reflexión procuramos iniciar el análisis de la última característica que describe el verso 16 de este salmo; “Y le mostraré mi salvación.” Este verso describe que son creyentes que conocen lo que significa la salvación.

Reiteramos que la salvación que describe la Biblia posee unos fundamentos inalterables. La salvación es un regalo. La Biblia dice que somos salvos por gracia.

8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. (Efe 2:8)

La Biblia enseña que Dios no está obligado a salvarnos. Es el amor del Padre lo que origina la salvación:

16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. (Jn 3:16-17)

La Biblia enseña en esos versos que ese regalo está disponible para todo el mundo.

11 Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. 12 Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; 13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.  (Rom 10:11-13)

11 Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, (Tit 2:11)

La Biblia enseña que ese regalo de gracia se recibe creyendo:

18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. (Jn 3:18)

Repetimos que el regalo de la salvación es para todo el mundo y que lo único que hace falta para recibirla es creer:

16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. 17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.  (Rom 1:16-17)

Esos versos también subrayan el dato de que no hay salvación fuera del Evangelio. Así también lo subraya el Apóstol Pedro en uno de los pasajes bíblicos que encontramos en el libro de Los Hechos:

12 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.  (Hch 4:12)

La Biblia dice que la fe para creer también es un regalo de Dios (Efe 2:8) y que lo único que ella, la fe, necesita para ser activada es escuchar la Palabra de Dios (Rom 10:17).

La Biblia dice que el ser humano puede rechazar esa gracia. Repetimos, el ser humano puede aceptar o rechazar el regalo de la salvación.

37 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! (Mat 23:37)

Todo esto pertenece a las dimensiones del regalo que Dios nos ofrece en Cristo.

Ahora bien, el verso 16 del Salmo 91 parece estar trabajando con algo más que la recepción de ese regalo. Ese verso parece estar lidiando con lo que Dios quiere que hagamos con el regalo que Él nos ha obsequiado por medio del sacrificio de Cristo su Hijo.

Compartimos lo siguiente acerca de ese proceso de revelación en la reflexión #38 de esta serie:[1]

La revelación de lo que es la salvación es una pieza central de la bendición que aparece en los versos finales de este salmo. Esa revelación, “râʼâh” (H7200), implica la capacidad  para contemplar, considerar, discernir, disfrutar, experimentar, mirar fijamente, prestar atención, con certeza, con gozo, mirar, percibir, señalar, conocer, estar cerca, clavar la mirada, tener una visión, pensar o ver. Todas estas acciones forman parte de la traducción de este verbo hebreo. O sea, que esa expresión puede ser traducida de la siguiente manera:

Le haré contemplar mi salvación.                       Le haré considerar mi salvación. 

Le haré discernir mi salvación.                            Le haré disfrutar mi salvación.

Le haré experimentar mi salvación.                   Le haré mirar fijamente mi salvación.

Le haré prestar atención a mi salvación.          Le haré considerar con certeza mi salvación.

Le haré considerar con gozo mi salvación.       Le haré señalar mi salvación.                

Le haré percibir mi salvación.                             Le haré conocer mi salvación.               

Le haré clavar la mirada en mi salvación.       Le haré tener una visión de mi salvación .

Le haré pensar en mi salvación.                          Le haré ver mi salvación.          

Esta frase predica que podemos enfrentar el lazo del cazador y la peste destructora con los ojos puestos en la salvación que Dios nos ha prometido; contemplando esa salvación y considerando lo que ella ofrece. Esa frase predica que el terror nocturno que nos lleva a estar cubiertos por las plumas del Eterno y bajo las alas del Omnipotente, no sabe que se ha convertido en una herramienta, un canal para que nosotros aprovechemos la oportunidad para discernir lo que es la salvación. Esa frase predica que podemos enfrentar la saeta que vuela de día disfrutando la salvación que Dios nos ofrece. Esa frase predica que podemos enfrentar la pestilencia que anda en oscuridad experimentando el gozo de la salvación. Esa frase predica que podemos enfrentar la mortandad que destruye a la luz del día mirando fijamente al Autor de eterna Salvación (Heb 5:9) y al Consumador de nuestra fe (Heb 12:2).

Esa frase predica que podemos enfrentar los mil que caen a nuestro lado prestando atención a la salvación y no al dolor. Esa frase predica que podemos enfrentar los diez mil que caen a nuestra diestra con la certeza de que esa no es la palabra final, con el gozo puesto delante de nosotros (Heb 12:2). Esa frase predica que podemos enfrentar al león mirando al León de la Tribu de Judá (Apoc 5:5). Es por esto que podemos aplastar esas amenazas.

Esa frase predica que podemos enfrentar el áspid sin temor, porque vemos en ello la oportunidad de percibir algo que está más allá, por encima de esa amenaza.

El análisis textual de esa frase nos provee el escenario adecuado para desarrollar la descripción de la característica aleatoria a la salvación que deben poseer aquellos que han recibido el regalo de la vida eterna. Este tipo de análisis define que la frase final de ese salmo, “le mostraré mi salvación”, predica que se trata de creyentes que trascienden haber recibido la salvación. Se trata entonces de creyentes que:

Contemplan la salvación de Dios.                      Consideran la salvación de Dios.

Disciernen la salvación de Dios.                         Disfrutan la salvación de Dios.

Experimentan la salvación de Dios.                  Miran fijamente la salvación de Dios.

Prestan atención a la salvación de Dios.          Consideran con certeza la salvación de Dios.

Consideran con gozo la salvación de Dios.      Señalan la salvación de Dios.

Perciben la salvación de Dios.                            Conocen la salvación de Dios.

Clavan la mirada en la salvación de Dios.       Tienen una visión clara de la salvación de Dios.

Piensan en la salvación de Dios.                       Pueden ver la salvación de Dios.

El Salmo 91 concluye diciendo que los creyentes que habitan al abrigo del Altísimo y moran bajo la sombra del Omnipotente poseen estas características.

Veamos las implicaciones que poseen algunas de estas expresiones. ¿Qué implicación tiene el que seamos creyentes capaces de considerar lo que es la salvación de Dios. Para empezar, el Diccionario de la lengua española, de la Real Academia Española, dice que la acción de considerar significa entre otras cosas lo siguiente:

  • poder pensar sobre algo analizándolo con atención.
  • pensar o creer, basándose en algún dato, que alguien o algo es como se expresa.
  • dedicar atención a alguien o algo.[2]

A base de estas definiciones, ser capaz de considerar la salvación requiere la capacidad para el análisis y la disciplina para realizar las evaluaciones correspondientes. Algunos de nuestros lectores podrán pensar que no hace falta analizar mucho el tema de la salvación que Dios muestra, bajo la premisa de que podemos estar hablando de un concepto monolítico. O sea, que posee una sola definición y/o que posee la misma definición para todos los creyentes en Cristo. La realidad es que esto no es así.

Muchos de nosotros partimos de las premisas de que la salvación es por gracia, se recibe por la fe, y que es a través de Cristo. Es cierto que estas son premisas bíblicas fundamentales que nadie puede rebatir. Afirmamos que solo Cristo salva, que solo su sangre produce la expiación, la propiciación, la reconciliación, la redención y la justificación del ser humano.

Sabemos que la salvación es la aplicación de la obra redentora de Cristo en la vida de los seres humanos. Sin embargo hay unas profundidades teológicas y bíblicas mucho más complicadas detrás de estas aseveraciones.

Es el Dr. Millard Erickson uno de los mejores exponentes de las múltiples diferencias que existen en los acercamientos teológicos al tema de la salvación[3]. Por ejemplo, los procesos para conceptualizar la salvación dependen del lente teológico que se utilice para acercarse a este concepto. La Teología de la Liberación ve la salvación haciendo énfasis en un nuevo orden social y económico. La revelación de un cielo nuevo y una tierra nueva (Apoc 21:1-8), sumada a la visión de un planeta y una creación redimida (Rom 8:22-24) son solo algunas de las bases para el desarrollo de esta perspectiva. Esta teología postula que no hay salvación sin que hayan ocurrido estas transformaciones.

La Teología Existencial hace énfasis en la transformación y en el cambio que los individuos tienen acerca de la perspectiva de la vida. Como resume Erickson, los proponentes de esta teología afirman que la salvación incluye la remoción de las rupturas y las fragmentaciones que existen en la raza humana, la sanidad de las relaciones personales y sociales. Esto es, un acercamiento moral al concepto de la salvación.

Al mismo tiempo, la Teología de la Iglesia Católica Apostólica Romana abre el campo de la definición de la salvación hasta llegar a señalar que la gracia para alcanzar la salvación es transmitida y recibida durante la Eucaristía. Esto es, cuando se recibe y se come el pan durante el proceso en el que los creyentes comulgan o que reciben la comunión.

La Teología Evangélica afirma que la salvación es la transformación total de un ser humano por medio de la obra redentora de Cristo en la Cruz del Calvario. El ser humano continúa progresando en ese proceso de transformación a través de la santificación y en vía a la glorificación.

Adelantamos que esto es un análisis superficial de este concepto. A este análisis hay que añadir que hay discusiones y análisis intensos acerca de cómo hablamos de la salvación. ¿Podemos decir que somos salvos? ¿Podemos decir que somos salvados? ¿Podemos decir que seremos salvados cuando lleguemos al cielo?

El verso 16 del Salmo 91 dice que Dios convierte al creyente que habita al abrigo del Altísimo en un ser humano que posee la capacidad y la disciplina para conocer estas cosas acerca de la salvación que él o ella ha recibido.

¿Qué conclusiones se desprenden de lo antes visto? Una de ellas es que aquellos que conocen la salvación lo pueden hacer porque conocen la Palabra de Dios. No se puede conocer lo que significa la salvación si uno ignora las Sagradas Escrituras. Por lo tanto, la frase final del verso 16 del Salmo 91 describe a un creyente que conoce las Escrituras. Y no solo que las conoce, sino que Dios le ha dado la capacidad para conocerlas.

Otra conclusión es que la salvación que hemos recibido es provisión de Dios. Dios no estaba obligado a salvarnos, pero Su amor hizo provisión en el sacrificio del Calvario para todo aquél que cree en Cristo y lo acepta como su Señor y su Salvador.

Otra conclusión es que aquellos que conocen la salvación tienen que haber desarrollado el conocimiento de lo que es el pecado y lo que es nuestra humanidad. Ambos conceptos interactúan directamente con el de la salvación.

El mensaje del verso 16 de Salmo 91 dice que esa característica es formada por Dios. En otras palabras, es cierto que podemos conseguir todo este conocimiento mediante el estudio sistemático de la Palabra de Dios y de los argumentos teológicos. No obstante, el verso 16 del salmo citado predica que es Dios el que quiere mostrar todo lo que significa la salvación y por ende, convertirnos en creyentes que conozcamos lo que significa la salvación que Dios nos ha regalado.


[1] Reflexiones de Esperanza, Ep. 38, 20 de Abril de 2021.

[2] https://dle.rae.es/considerar?m=form

[3] Erickson, Millard J.. Christian Theology. Baker Publishing Group. Kindle Edition.

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