fbpx
Today: May 30, 2020
Today: May 30, 2020

Serie Reflexiones de Esperanza; Qué hacer cuando no sabemos lo que hay que hacer- 2da parte

Qué hacer cuando no sabemos lo que hay que hacer- segunda parte[1]

            La reflexión anterior nos permitió iniciar el desarrollo de una estrategia para obtener los mejores resultados posibles de esta crisis mundial por la que estamos atravesando. Todas las crisis proveen la capacidad de que obtengamos lo mejor o lo peor de nosotros. Los chinos nos enseñaron esto hace miles de años. La palabra china para crisis es “weiji.

Su primer monograma (“wei”) se utiliza para escribir la palabra “wēixiăn”, que significa peligro.

y el segundo monograma (“ji”) se utiliza para escribir la palabra “jīhuì” que significa oportunidad.

O sea, que todas las crisis pueden ser manejadas como situaciones de peligro y situaciones que nos proveen oportunidades.

La crisis de salud por la que atraviesa el planeta nos presenta muchos retos y oportunidades. No se puede soslayar que esta crisis ha logrado despejar gran parte de la contaminación de los cielos sobre algunas ciudades del planeta. Al mismo tiempo, los canales de Venecia están más claros y hasta se logran ver algunos peces en ellos. Desde que esta crisis logró sacarnos de circulación el Planeta parece haber comenzado a recuperarse de algunas de las “infecciones” de contaminación ambiental que nosotros le hemos provocado. Menos autos en las calles, menos aviones volando, menos basura, etc.

Sin embargo, hay unas oportunidades individuales y personales que debemos aprovechar en medio de esta pandemia. El resultado que obtengamos a través de las oportunidades que nos presenta esta crisis es otra respuesta a la pregunta que ha dado inicio a estas reflexiones: qué hacemos cuando no sabemos lo que hay que hacer.

Decía en la reflexión anterior que el Señor me llevó a considerar esta pregunta en marzo 30 de 2008. El análisis del Salmo 143 nos ha provisto las respuestas. La primera de ellas:

¿Qué hacemos cuando no sabemos lo que tenemos que hacer?: oramos las alabanzas o cantamos las oraciones.  Al hacerlo seremos llenos del amor de Dios. Seremos capaces de contemplar su majestad y   tendremos la oportunidad de servir a otros los medios para entrar a la presencia del Señor. Al mismo tiempo, nuestra confianza en Dios y en sus promesas aumentará y seremos capaces de fortalecer nuestra fe para vencer nuestros temores. ¡Cantemos  las oraciones y oremos las alabanzas!” (El Heraldo, Marzo 23 2020)

A continuación la versión de este salmo que nos ofrece la Biblia Reina-Valera de 1960:

1 Oh Jehová, oye mi oración, escucha mis ruegos; Respóndeme por tu verdad, por tu justicia. 2 Y no entres en juicio con tu siervo; Porque no se justificará delante de ti ningún ser humano. 3 Porque ha perseguido el enemigo mi alma; Ha postrado en tierra mi vida; Me ha hecho habitar en tinieblas como los ya muertos.4 Y mi espíritu se angustió dentro de mí; Está desolado mi corazón. 5 Me acordé de los días antiguos; Meditaba en todas tus obras; Reflexionaba en las obras de tus manos. 6 Extendí mis manos a ti, Mi alma a ti como la tierra sedienta. Selah 7 Respóndeme pronto, oh Jehová, porque desmaya mi espíritu; No escondas de mí tu rostro, No venga yo a ser semejante a los que descienden a la sepultura. 8 Hazme oír por la mañana tu misericordia, Porque en ti he confiado; Hazme saber el camino por donde ande, Porque a ti he elevado mi alma. 9 Líbrame de mis enemigos, oh Jehová; En ti me refugio. 10 Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud. 11 Por tu nombre, oh Jehová, me vivificarás; Por tu justicia sacarás mi alma de angustia. 12 Y por tu misericordia disiparás a mis enemigos, Y destruirás a todos los adversarios de mi alma, Porque yo soy tu siervo.”

La segunda respuesta para esta pregunta es la siguiente:

Hay que pedirle a Dios que inserte su Santo Espíritu en nuestro interior y que nos dirija en la oración que Él mismo nos inspira. (vs. 1 del Salmo 143)

El salmista utiliza aquí un concepto hebreo muy interesante para referirse a los “ruegos”

(“tachanun”, H8469). Este concepto encierra algo más que un ruego existencial. Este concepto es usado por el profeta Zacarías (Zac 12:10) para anunciar un tipo de oración que sería derramada como un espíritu desde el cielo.

10 Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.”

En otras palabras, “tachanun”, es un tipo de ruego que es provocado por la acción del Espíritu Santo en  nosotros. Se trata de orar dirigidos por el Espíritu de Dios. Tal parece que David se estaba adelantando a Pentecostés y decidió pedir orar en el Espíritu.

Este es un axioma fundamental para el tiempo de las pruebas. El escritor de la Carta de Judas lo señala así mismo cuando dice lo siguiente:

“20 Pero ustedes, queridos hermanos, manténganse firmes en su santísima fe. Oren guiados por el Espíritu Santo.”  (Judas 1:20, Versión Dios Habla Hoy)

Esta es una instrucción que pide, literalmente, que dejemos que el Espíritu Santo nos construya (“epoikodomountes”, G2026), nos ensamble a través de la oración.

Además, este es un principio bíblico pneumatológico (teología acerca del Espíritu Santo) que es fundamental. Veamos lo que dice Romanos 8:26:

26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”

O sea, que el tema de orar guiados por el Espíritu Santo es un tema recurrente en la Biblia.            Ahora bien: ¿qué significa orar dirigidos por el Espíritu Santo y cómo podemos conseguirlo? Tenemos que comenzar diciendo que hay que aceptar que muchos Cristianos no son constantes en la oración. Muchos Cristianos no conocen los valores y los secretos de esa disciplina espiritual.

Es importante señalar que Dios sabe todo lo que le vamos a decir, por lo tanto, la oración no puede ser vista como un ejercicio para informarle a Dios lo que Él ya sabe.  La oración es una herramienta para hacer crecer y desarrollar nuestra relación con Dios; para construirnos-ensamblarnos.

Es acerca de esto que el Apóstol Pablo nos habla en el pasaje de la carta a los Romanos que acabamos de leer: “pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”. 

La oración es también una herramienta para realizar inventarios del alma. Cuando oramos, le concedemos a Dios una oportunidad excepcional para que Él pueda hablar con nosotros y así repasar lo siguiente:

  • aquello que está en nosotros que debe ser afinado,
  • aquello que está en nosotros que debe ser expulsado y
  • aquello que no está en nosotros que debe ser conseguido.

Orar en el Espíritu representa la oportunidad para que el Espíritu Santo nos ayude a identificar lo que yace en nuestro interior.

Es el Espíritu de Dios el que nos ayuda a orar por las cosas que realmente son importantes. Esto se reviste de una importancia insuperable cuando atravesamos por situaciones de crisis. Las crisis poseen la virtud de realinear todas las cosas en orden de prioridad. Nuestras oraciones en medio de esta pandemia tienen que haber experimentado esto. Ahora no resulta importante orar por muchas de las cosas por las que habíamos estado orando. Ahora oramos por la protección de los nuestros, por la vida, pidiendo misericordia y la intervención de la gracia de Dios en todo el planeta.

El Salmo 143 no es el único que contiene esta expresión en la que se usa este concepto: “tachanun”. Algunos pasajes bíblicos que lo utilizan son los siguientes: Sal 28:2,6; 31:22; 86:6; Dan 9:3,17,18, entre muchos otros.

  Un detalle muy interesante es que David señala que él quiere que Dios escuche ese “tachanun”. O sea, que David puede estar pidiendo que el Espíritu le permita que ese ruego salga a través de su boca. Esto va mucho más allá de los gemidos indecibles que define Pablo.

Esta dimensión de la oración provoca que sea el Espíritu de Dios el que venga a realinear esas prioridades, que nos permita recibir revelación de estas y que nos permita orar por ellas. Es el Espíritu Santo señalando cuales son las cosas por las que tenemos que clamar al Señor, cuáles son las urgencias del alma que nosotros no hemos sido capaz de identificar y/o descubrir y que Él está viendo en nosotros. Es la intervención del Espíritu Santo para cambiar la agenda de nuestras conversaciones con el Señor.

Este es un ejercicio que requiere práctica y repetición. Esto es así porque requiere entrega y sumisión. Los tiempos de crisis por los que estamos atravesando proveen ese tiempo. Estas son algunas de las oportunidades que se presentan en medio de los peligros de esta pandemia.

La Biblia dice que el profeta Daniel tuvo que dedicar tres (3) semanas para practicar esta clase de oración (Dan 10:1-3). La crisis por la que atravesaba su pueblo no podía ser manejada de otra manera. Al cabo de ese tiempo, Daniel obtuvo la respuesta de Dios.

¿Qué hacemos cuando no sabemos lo que hay que hacer?

Le pedimos a Dios que envíe a su Espíritu Santo para que nos dirija en la oración. Le pedimos a Dios que nos permita recibir la revelación de aquello que Él ha identificado en nuestros corazones. Le pedimos a Dios que envíen a su Santo Espíritu para que se establezcan las prioridades para nuestras conversaciones con Dios.  Le pedimos a Dios, incesantemente, que tenga misericordia de todos aquellos que vivimos en este planeta.

Hagamos como Daniel: no dejemos de orar hasta que recibamos la respuesta de Dios ¡Procuremos crecer en nuestra vida de oración! Aprovechemos esta crisis como una oportunidad que nos concede Dios para crecer en nuestra relación Él.


[1] La primera parte de esta batería de reflexiones ha sido publicada como la edición del “El Heraldo” del 22 de marzo de 2020 (https://iglesiaamec.org/publicaciones/).

Leave a Reply