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Today: May 30, 2020
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Serie Reflexiones de Esperanza; Qué hacer cuando no sabemos lo que hay que hacer- cuarta parte Hay que dar Gracias

Esta batería de reflexiones nos ha lanzado a buscar respuestas para la pregunta que encabeza este escrito. La reflexión anterior nos permitió analizar la realidad absoluta de que Dios siempre está presente, aunque no lo sintamos. Aprendimos que las experiencias que nos producen dolor y desalientos son utilizadas por Dios para empoderar nuestra fe y convertir las mismas en escuelas que nos ayuden y ayuden a otros. Este también es el mensaje del Apóstol Pablo a la Iglesia en Corinto:

3 Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, 4 quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que, con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren. 5 Pues, así como participamos abundantemente en los sufrimientos de Cristo, así también por medio de él tenemos abundante consuelo. 6 Si sufrimos, es para que ustedes tengan consuelo y salvación; y, si somos consolados, es para que ustedes tengan el consuelo que los ayude a soportar con paciencia los mismos sufrimientos que nosotros padecemos.” (1 Cor 1:3-6, NVI)

La reflexión anterior nos permitió estudiar esta verdad bíblica mientras analizábamos el capítulo 11 del Evangelio de Juan. En esta reflexión procuraremos analizar otra enseñanza acerca de qué debemos hacer cuando no sabemos lo que hay que hacer: hay que dar gracias

Es en ese mismo capítulo 11 que necesitamos detenernos para recibir la misma. Sabemos que esta respuesta no forma parte del bosquejo inicial que hemos compartido acerca del Salmo 143. Sin embargo, estamos convencidos de que esta enseñanza es vital para poder obtener lo mejor de esta temporada de retiro que Dios le ha recetado a todo el planeta.

Hay una reflexión de El Heraldo publicada el 31 de julio de 2016 que nos permite adentrarnos en las interioridades de esta aseveración: hay que dar gracias

“En esta reflexión procuramos insertar los beneficios y otras implicaciones que tiene la acción de dar gracias en medio de estos procesos.

Es muy interesante el dato de que en la narrativa del capítulo 11 del Evangelio de Juan es Jesús el que se detiene para dar gracias. Leemos lo siguiente en Jn 11:38-41:

38 Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. 39 Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. 40 Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? 41 Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. 42 Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. 43 Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera!

El lector debe haberse percatado que Jesús no da gracias porque el Padre lo va a escuchar. Jesús da gracias porque el Padre lo ha escuchado: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado.”(Jn 11:41b, Dios Habla hoy). Esta aseveración provee una definición poderosa del concepto de la oración. Dios nos escucha antes de que oremos (Isa 65:24; Sal 139:4).

El tema de la acción de gracias es manejada por varios de los hombres y las mujeres que el Espíritu Santo inspiró para escribir las Sagradas Escrituras. Por ejemplo, el Apóstol Pablo nos dice lo siguiente en su Carta a la Iglesia en la ciudad de Filipo:

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! 5 Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. 6 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. (Fil 4:4-7)

            El análisis exegético de esta porción bíblica nos permite concluir que la acción de gracias sirve como un modelo terapéutico para vencer la ansiedad. Es cierto que la invitación inicial del Apóstol es a que compartamos el gozo. Sí, gozarse es un asunto individual y personal, mientras que regocijarse incluye la acción de compartir el gozo. Luego de esto Pablo nos alerta acerca de la importancia de combatir el afán; “por nada estéis afanosos.” El Apóstol continúa diciendo que la manera más efectiva de hacerlo es incluir la acción de gracias en cada ejercicio de oración y ruego.

¿Por qué sigue Pablo este enfoque analítico? La respuesta la encontramos en el análisis del texto que él nos regala. En primer lugar, el concepto que se traduce como “afán” es el vocablo griego “merimnao” (G3309) que significa estar ansioso y/ó preocupado. Este concepto proviene de los conceptos griegos “merizo”(G3307) y “meros” (G 3313) que significa fragmentación, división y ausencia de unidad.

O sea, que el afán es el resultado de un pensamiento fragmentado en y por muchos temas o problemas que manejamos.

Es aquí que la acción de gracias se hace vital. Ella aparece como un modelo terapéutico que nos ayuda a cancelar esa fragmentación y a enfocarnos en lo que es realmente importante: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. (Fil 4:7). Repetimos, la acción de gracias aparece como un modelo terapéutico que nos ayuda a cancelar esa fragmentación y a enfocarnos en lo que es realmente importante.

El concepto “acción de gracias” es la traducción del vocablo griego “eucharistias” (G2169) que es el mismo que usamos para identificar la Cena del Señor. Esto es, la liturgia que nos lleva a proclamar y a  recordar la presencia de la gracia, la misericordia y el amor salvador de Dios en su Hijo Cristo Jesús hasta que Él regrese por nosotros. Gracias en griego es “eucharistos” (se lee “eujaristó”)

Es cierto que no existe un vocablo hebreo que sea similar a este concepto griego. Los más parecidos son el vocablo hebreo “todah” (H8426) que significa dar gracias a Dios y que incluye levantar las manos y el vocablo “yadah” (H3034) que significa levantar las manos para dar gracias a Dios y adorarle.

Es importante señalar que estas acciones de gracias no incluyen dar ofrendas. La ofrenda de acción de gracias es otro concepto. O sea, que la acción de gracias que se expone aquí no permite que se le añadan ofrendas de tipo alguno. Como dicen algunos de los tratados de Teología Sistemática: “This thanksgiving is inward veneration, not material offering.” [1]

Las razones teológicas que sustentan esto es que la acción de gracias es una de esas acciones que son completamente voluntarias. La oración y la alabanza pueden ser provocadas y dirigidas por el Espíritu Santo (Zac 12:10; Rom 8:26; Mt 21:16). En cambio, la acción de gracias es un ejercicio completamente voluntario. O sea, que es de las pocas cosas que nosotros decidimos ofrecer voluntariamente al Señor.

Esta acción volitiva es presentada y discutida en muchas porciones de las Sagradas Escrituras. Por ejemplo, leemos en 2 Crónicas 5:11-14 que la presencia de Dios llena el templo cuando el pueblo decide alabar a Dios y dar gracias. La invitación del salmista en el Salmo 100 es a que entremos por las puertas del santuario con acción de gracias (Sal 100:4).

Al mismo tiempo, la instrucción paulina es que siempre debemos dar gracias (Efe 5:20) y que estas deben ser abundantes (Col 2:7).

Pablo añade que hay un interlocutor y/o un intermediario para las acciones de gracias. Esto es,  que hay que dar gracias por medio de Jesucristo (Col 3:17; Rom 1:8). Además, que dar gracias en todo es la voluntad de Dios (1 Tes 5:18).

¿Cómo opera la acción de gracias? ¿Cuál es el carril terapéutico que ella sigue? La Biblia nos ofrece algunas respuestas para estas preguntas. La primera de ellas es que la acción de gracias nos permite experimentar y validar la presencia de Dios. Veamos lo que dice el Salmo 75:1-3

1 Gracias te damos, oh Dios, gracias te damos, Pues cercano está tu nombre; Los hombres cuentan tus maravillas. 2 Al tiempo que señalaré Yo juzgaré rectamente. 3 Se arruinaban la tierra y sus moradores; Yo sostengo sus columnas. Selah

Se desprende de esta lectura que dar gracias nos permite experimentar lo que sucede cuando invocamos la presencia de Dios y validar que su nombre está cercano.

Saber que el nombre de Dios está cerca es saber que todos lo que Él ha prometido está cerca y disponible. Esto es, que Yavé Jireh (el Dios que provee) está cerca, que Yavé Shalom (el Dios que da paz) está cerca, que Yavé Nisi (el que levanta nuestra bandera) está cerca. Además, que el Anciano de días está cerca, que el León de la tribu de Judá está cerca, que la Estrella de la mañana está cerca y que la Rosa de Sarón está cerca.

Saber que el nombre de Dios está cerca incluye que el Alfa y la Omega está cerca, que el Rey de reyes está cerca, que la Roca inconmovible de los siglos está cerca, que nuestro Señor está cerca.

Dar gracias nos permite experimentar la cercanía de Dios.

En segundo lugar, dar gracias activa el poder de Dios. Leemos en el Evangelio que Jesús da gracias antes de muchos de los milagros que el hizo. Por ejemplo, en Mateo 15:32-38, en Mcs 8:4-8 y en Jn 6:8-13, vemos que Él da gracias antes de que se multipliquen los panes y los peces. En el primer relato de multiplicación de los panes y los peces (hay uno para alimentar 5 mil personas; Mat 14:13-21, y otro para alimentar 4 mil personas; Mat 15:29-39) encontramos que Jesús bendice (“eulogeo,” G2127) los alimentos, concepto que también puede ser traducido como dar gracias. Esto es lo que Jesús hace frente al sepulcro de Lázaro. Él decide dar gracias para que el poder de Dios fuera desatado.

Sabiendo esto, entonces hay que concluir que hay que dar gracias antes de que el milagro ocurra. Hay que dar gracias antes de que llegue la provisión de Dios. Hay que dar gracias antes de que llegue la consolación de Dios. Hay que dar gracias antes de que llegue el informe médico que certifica el milagro de sanidad divina. Hay que dar gracias antes de que llegue la solución divina al problema familiar. Hay que dar gracias para que se active el poder de Dios.

Pero hay un dato adicional: dar gracias activa nuestra fe. Esto también está presente en el relato de Juan. Jesús da gracias para que se activara la fe de todos los presentes y que creyeran que el Padre había enviado al Hijo. En Jn 6:11 vemos el mismo resultado. La acción de gracias activa la fe.

Un ejemplo similar lo encontramos en la lectura de Hch 27:35-38. Leemos allí lo siguiente:  

33 Cuando comenzó a amanecer, Pablo exhortaba a todos que comiesen, diciendo: Este es el decimocuarto día que veláis y permanecéis en ayunas, sin comer nada. 34 Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud; pues ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá. 35 Y habiendo dicho esto, tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo, comenzó a comer. 36 Entonces todos, teniendo ya mejor ánimo, comieron también. 37 Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis. 38 Y ya satisfechos, aligeraron la nave, echando el trigo al mar.

Esta es una historia muy hermosa. El capítulo 27 del libro de Los Hechos nos relata la historia de un problema que no debió haber ocurrido si los líderes identificados en ese pasaje hubiesen aceptado el consejo del hombre de Dios. Pablo tenía que ser transportado a Roma, sabiendo que esa era la ruta trazada por Dios para su vida. Sin embargo, él sabía que esa embarcación y esa fecha no eran las correctas porque habría peligro en el mar. Así se lo hizo saber al comandante del equipo que iba en ese viaje (Hch 27:10-12).  O sea, que Pablo no quería que hubiese interrupciones ni impedimentos para llegar a Roma, sabiendo lo que le esperaba al llegar allí.

A mitad de camino, en medio de una tormenta que duraría 14 días (Hch 27:33), Pablo le recuerda a los viajeros que él les había advertido acerca de ese peligro (Hch 27:21-24), haciéndoles saber que no debían temer porque Dios había garantizado la vida de todos y que Pablo llegaría a Roma.

Es aquí que la acción de gracias desata la fe todos los presentes. En Hch 27:35-38 tenemos a Pablo dando gracias antes de comer pan luego de 14 días de tormenta. Esto activa la fe de los presentes, quienes deciden comer con él, cobrar ánimo y echar el trigo al mar. Echar el trigo al mar puede ser visto como la necesidad de aligerar la nave. Sin embargo, estoy convencido de que es también un ejercicio de fe. Echar el trigo al mar significa que la fe les dice que la orilla está cerca y que habrá alimentos en el lugar en el que amarizarán.

Por último, el Apóstol Pablo subraya eso en su carta a la Iglesia en Colosas. Leemos lo siguiente en Col 4:2

2 Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias;

La oración más efectiva es aquella que está permeada constantemente con acciones de gracias. Después de todo, Dios sabe de antemano lo que le vamos a decir en nuestras oraciones. Por lo tanto, dar gracias es una demostración de nuestra confianza en Él.

La invitación que nos hace el Señor, particularmente cuando estamos enfrentando nuestros cementerios y nuestros muertos (reales y metafóricos), es que decidamos dar gracias. Sí, dar gracias para validar la cercanía de nuestro Dios, para activar su poder, para validar nuestra fe y para demostrar nuestra confianza en Él.

Después de todo, esto es también un anticipo del cielo. En el cielo no hablaremos lenguas (1 Cor 13:8), pero alabaremos y daremos gracias.

5 Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios. 6 Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás. 7 El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando. 8 Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir. 9 Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, 10 los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: 11 Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.  (Apoc 4:5-11)”

¿Qué hacemos cuando no sabemos lo que hay que hacer: damos gracias. Lo hacemos para validar la cercanía de nuestro Dios. Lo hacemos para activar Su poder en nosotros, daño gracias antes de que ocurran los milagros. Lo hacemos para validar nuestra fe y la fe de aquellos que nos rodean. Damos gracias como una demostración de nuestra confianza en Él.


[1] [1]-7Kittel, G., Bromiley, G. W., & Friedrich, G. (Eds.). (1964–). Theological dictionary of the New Testament. Grand Rapids, MI: Eerdmans.

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