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Today: Dec 2, 2020
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Visión 2020: un año nuevo: una nueva década

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1 Señor, tú nos has sido refugio De generación en generación. 2 Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.  (Sal 90:1-2 RV1960)

¡Feliz año nuevo! Ha comenzado el año 2020 y con este ha comenzado una nueva década. La década anterior nos legó una cantidad innumerable de experiencias y testimonios que nos hicieron crecer como Cristianos y desarrollarnos como Iglesia. 

Como institución, los pasados 10 años nos permitieron desarrollar las plataformas de trabajo sobre las que estamos construyendo nuestros sueños como Iglesia y comenzando a alcanzar los propósitos que Dios ha definido y establecido para nosotros. A grandes rasgos, hemos visto cómo el Señor ha abierto puertas para la adquisición y la ampliación de facilidades necesarias para la misión: y hacer todo esto sin presiones económicas. 

Hemos visto el inicio del desarrollo de nuestra estructura programática y estratégica como parte de nuestra identidad como Iglesia del Señor hacia adentro de nuestra institucionalidad, así como hacia afuera. Esto es, hacia PR y hacia el planeta. Esto último todavía requiere ser desarrollado y esta es una de las tareas y de las metas que tenemos para esta década. Una cosa es saber qué clase de Iglesia queremos ser para el Señor. Otra cosa es poder darle gracias al Eterno porque Él nos está permitiendo alcanzar esta identidad.

Este es un año para evangelizar y empoderar a nuestra juventud. Esta es una década para afinar la visión. ¡Una visión 2020 del favor de Dios, de Su poder, Su amor, Su misericordia, Su majestad, Su santidad y de Su gloria! 

No olvidemos lo que decía Laurence Ackerman : “Identity is Destiny.”. Toda las Iglesias Cristianas poseen uno elementos comunes que nos identifican como Cuerpo de Cristo, como Familia de la Fe, como Pueblo de Dios, etc. Todas las Iglesias Cristianas poseen unas instrucciones y unos mandamientos que las identifican como Novia del Cordero, como Casa de Dios y puerta del cielo. Al mismo tiempo, cada Iglesia posee su propia huella digital. Esta huella no puede ser vista como un símbolo de gallardía, que la convierte en algo especial y mucho menos que transforma esa congregación en una que es superior a las otras. Esta huella sintetiza la identidad que Dios le ha asignado a esa congregación para que ésta pueda perfeccionar la realización y el desarrollo de los propósitos específicos que Dios tiene para ella.

Este es un tema que hemos venido trabajando con la congregación por los pasados 10 años. Fue en agosto del 2003 que tocamos este tema de manera institucional. El tema fue analizado a profundidad durante toda la década que acaba de concluir. Durante esta, en el 2017, la visitamos intensamente bajo el análisis que titulamos. En una de esas reflexiones, “Sopla el viento: nuestra identidad en Cristo es empoderada (Pt. III)”, citamos el trabajo que realizó Avery Dulles en su libro “Models of the Church” (New York: Image Books Doubleday, 1987). 

“¿Quiénes somos en Cristo Jesús? La respuesta a esta pregunta es muy importante. De hecho, es tan importante que estamos convencidos de que el Espíritu Santo sopla sobre la Iglesia y sobre los creyentes para empoderar la identidad que hemos adquirido en Cristo Jesús. ¿Cuál es la importancia de esta discusión? La importancia estriba en que lo que nosotros somos afecta el mundo que hemos creado para vivir en él. Esto ha sido definido como cultura.

El Diccionario de la Real Academia Española nos dice que la cultura es el conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico, el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc., o el conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo.

Cultura se refiere al conjunto de bienes materiales y espirituales de un grupo social transmitido de generación en generación a fin de orientar las prácticas individuales y colectivas. Incluye lengua, procesos, modos de vida, costumbres, tradiciones, hábitos, valores, patrones, herramientas y conocimiento. …. En su origen etimológico, la palabra cultura es de origen latín cultus que significa “cultivo” y a su vez se deriva de la palabra colere.”

(https://www.significados.com/cultura/)

La identidad ha sido definida de la siguiente manera:

– la cualidad de idéntico, 

– el conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan 

frente a los demás, 

    la conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás.

    hecho de ser alguien o algo el mismo que se supone o se busca.

Las reflexiones anteriores nos han permitido identificar en la Biblia algunas de las características que definen nuestra identidad en Cristo. Los creyentes en Cristo tenemos una nueva identidad que adquirimos mediante la sangre derramada por nuestro Salvador, la operación del Espíritu Santo y la sujeción al señorío de Jesucristo. 

La Iglesia Cristiana está compuesta por miembros de esta “nueva humanidad.” Es por esto que hay que afirmar que la Iglesia posee una identidad única. Es importante afirmar que no  se trata de describir una categoría fijada o normativa. Se trata de afirmar algo que ha sido creado. Es por esto que tenemos historias, narrativas, personajes, símbolos, rituales y cosmovisión que son interpretados a la luz de una oftalmología diferente; la de la fe en Cristo Jesús.

Al mismo tiempo, hay muchas características de esa identidad. Por ejemplo, tenemos y usamos 

Biblias, la Cruz ocupa una posición de relevancia en nuestras vidas y en nuestros santuarios, los espacios que usamos, el lenguaje que usamos, lo rituales que practicamos en la oración, la adoración y el servicio, practicamos un compañerismo que se goza en el servicio, la participación congregacional que se fomenta, la tradiciones teológicas que nos acompañan, las ordenanzas que seguimos, etc. Nosotros existimos como Iglesia Cristiana en la tensión que se da entre los patrones que rigen y sostienen el “aquí y ahora,” y los que son promovidos por las nuevas contingencias para el futuro glorioso con Cristo. 

Avery Dulles ha dicho que podemos ser Iglesias sacramentales, institucionales, diaconales, heráldicas, discipulares, y/o “celebrativas;” pero somos y pertenecemos a la Iglesia del Señor Jesucristo. 

Es necesario destacar que nuestra identidad como creyentes en Cristo, así como Iglesia Cristiana es creada por la acción del Espíritu Santo, pero es desarrollada y afirmada desde lo que practicamos. Sobre esto hay que explicar que en el mundo secular se asume que no podemos decir que todas nuestras acciones como seres humanos constituyen “prácticas.” Sin embargo, esto es distinto en el campo de la fe en Cristo. En la relación que tenemos con el Padre a través del sacrifico del Hijo, el Espíritu Santo está constantemente recordándonos que todo lo que hacemos tiene que ser realizado en el nombre del Señor Jesús y para la gloria de Dios (Col 3:17, 23-24). Reiteramos, no se trata de aquello que convertimos en práctica, sino de todo lo que hacemos y hasta hablamos. O sea, que todo lo que hacemos, pensamos y hablamos es tomado como que brota de nuestra identidad en Cristo Jesús. Es por esto que necesitamos que el Espíritu de Dios esté siempre obrando en nuestro ser. 

Los estudiosos de la identidad de la Iglesia y de la identidad de los creyentes en Cristo nos hacen mirar unas categorías que definen esto que llamamos prácticas y conductas. Estas categorías son las mismas que usan los estudiosos de la identidad nacional y transnacional. Uno de ellos, es Stuart Woolf : (Europe and the Nation-State). Otro de ellos es el “Valparaiso Proyect,” dirigido por Dorothy Bass.  Estas categorías son las siguientes:

Coherencia

Lo que hacemos, pensamos y hablamos emerge de la forma en que engranamos lo que dice la

Biblia con las narrativas de nuestras tradiciones como congregación. Están incluidos aquí los testimonios de aquellos que estaban antes que nosotros y nuestras tradiciones como Iglesia. Estas narrativas resucitan, re-apropian, re-definen, re-trabajan y/o recuperan nuestras prácticas como Cristianos. Ellas nos llevan a una comprensión más profunda de lo que significa nuestra identidad y nuestra vocación. Es por esto que aquellos que no son constantes en su participación en la vida congregacional a veces se sienten perdidos y desfasados en la congregación. 

Estas narrativas dan coherencia a nuestra fe. Esta aseveración necesita ser explicada. Nosotros no ignoramos que nos desarrollamos en una cultura secular. Sin embargo, nosotros también sabemos que nuestra identidad ha desarrollado su propia cultura. Se trata de Cristo transformando la cultura y al mismo tiempo sobre la cultura.  

Autenticidad

Las experiencias espirituales que tenemos son auténticas y su autenticidad está amarrada a la congruencia que existe entre la experiencia interior y la expresión exterior. Las experiencias y la congruencia de estas proveen el proceso de rendir cuentas (“accountability”) en la comunidad de fe. Y no solo esto, sino que demuestran seriedad en las devociones y el compromiso.

Transformación

Las transformaciones que experimentamos como creyentes y como comunidad son compartidas. Las evidencias están presentes y testificamos acerca de ellas. Esto fomenta la vida de la Iglesia y promueve la fe en las transformaciones que provoca el Espíritu de Dios. El costo de estas transformaciones forma parte de nuestro testimonio y del discipulado Cristiano. Estas transformaciones marcan la diferencia entre el mundo secular y la Iglesia Cristiana. Esas transformaciones no se quedan en el escenario de lo privado, ni tampoco se limitan a las expresiones públicas que se realizan, sino que son exhibidas en las consecuencias, que producen que tienen que ser obvias.

Nuestra identidad en Cristo puede verse amenazada cuando sometemos lo obtenido por el amor de Dios en el banco de recursos de la Gracia (Efe 1:7) a la sujeción de los poderes que gobiernan en este mundo. Es en esos instantes que la Iglesia necesita ser sacudida por la intervención del Espíritu Santo para recuperar así su identidad y renfocarse en la tarea asignada. Nuestro lugar en la historia ha comenzado a ser clasificado como el inicio del post cristianismo. Personalmente creo que no se trata de que el Cristianismo esté “pasando de moda,” y sí que la Iglesia ha estado atravesando por un recodo del camino en el que ha permitido que la cultura del mundo actual someta bajo sus pies a la cultura e identidad del pueblo de Dios. En las ocasiones anteriores que esto parece haber acontecido la respuesta celestial ha sido la permisibilidad de un tiempo de dificultades seguido por una intervención poderosa del Espíritu de Dios; el viento ha soplado.

Ya se escucha el sonido del viento…. ” (El Heraldo, Abril 30, 2017)

El desarrollo y la afirmación de la identidad de la Iglesia nos ha permitido comenzar a desarrollar y a afirmar la identidad de cada uno de nosotros como Cristianos que adoramos y servimos al Señor aquí. Esto es, en AMEC: “Casa de Alabanzas”, en Canóvanas, en Puerto Rico y en el Caribe.

Es importante regresar al trabajo de Ackerman para que podamos capturar unas ideas correctas y adecuadas del alcance que tiene el desarrollo de nuestra identidad como Cristianos que hemos sido llamados a servir aquí. Ackerman postuló en su libro que la Identidad afirma las raíces para la creación y el desarrollo de valores. Esta, dice él, opera sobre las siguientes ocho (8) leyes o principios:

  • La ley de ser (estoy vivo: en el caso de los Cristianos, nueva vida en Cristo).
  • La ley de la individualidad (soy único: en el caso de los Cristianos, tenemos un nombre que 

      solo Dios y cada uno de nosotros conoceremos ).

  • La ley de la constancia o voluntad inquebrantable (patrones de comportamiento y testimonio que 

        no admiten transacciones). 

  • La ley de la voluntad (necesitamos expresar y expandir el propósito de Dios para nuestras vidas a 

         su máxima capacidad).

  • La ley de la posibilidad (“todo lo puedo en Cristo…”)
  • La ley de las relaciones (“cuando lleguemos al cielo veremos que las relaciones son lo más 

importante en la vida Cristiana. ” Dr. Roberto Amparo Rivera)

  • La ley de la comprensión (quien soy dentro del Cuerpo de Cristo).
  • La ley de los ciclos (la capacidad que me ha sido otorgada para que la organización complete 

      cada ciclo de trabajo con eficiencia)

No podemos perder la oportunidad que esta discusión nos provee para reafirmar que el desarrollo 

de esta identidad organizacional y de la identidad individual es la que permite el desarrollo de nuestra cultura como Iglesia. 

Lo que nosotros somos y el mundo que hemos creado para vivir en él, es definido como cultura. Esto es, se trata de patrones predecibles de quiénes hacen qué y las estrategias habituales usadas para comunicar aquello que valoramos. No se trata de categorías fijadas o normativas. Es cierto que estas son creadas, contienen historia, narrativas, personajes, símbolos, rituales y cosmovisión (entre otros). Por ejemplo: tenemos y usamos Biblias, la Cruz ocupa una posición trascendental en nuestro altar y en nuestras predicaciones. Además, practicamos rituales (la Santa Cena y el bautismo), afirmamos el compañerismo entre nosotros, y patrocinamos la participación congregacional. A esto hay que añadirle que le ponemos “nuestros colores” a otros elementos que ayudan a formar nuestra cultura como Iglesia. 

Por ejemplo, los espacios que usamos y cómo los interpretamos, las tradiciones teológicas que observamos, el análisis de la cultura secular que hacemos, la interpretación de nuestra demografía como Iglesia (el lugar de honor de los ancianos, el lugar de la niñez, etc.), la interpretación de la demografía del país y de la nación a la que pertenecemos, el lenguaje que utilizamos y hasta el tamaño de cada reunión que tenemos (la cantidad de sillas define esto último).

Nosotros somos y existimos en la tensión que se da entre los patrones que rigen y sostienen el “aquí y ahora,” y los que son promovidos por las nuevas contingencias; particularmente la esperanza de volar a las mansiones celestiales. Nuestra Misión como Iglesia define esto último. 

Así como nuestras huellas digitales son únicas, así también lo es nuestra identidad como creyentes en Cristo. La Biblia nos dice muchas cosas acerca de esto. Por ejemplo, los siguientes elementos forman y afirman nuestra identidad:

  • Identidad Personal 
    • seguimos teniendo padre y madre biológicos, pero gozamos de una paternidad espiritual 

(Efe 4:6; 1 Jn 3:1).

    • mantenemos las responsabilidades de la mayordomía de nuestro tiempo, nuestro cuerpo y 

       nuestros talentos, pero no somos nuestros  (1 Cor 6:19; Efe 1:13-14).

  • Identidad Nacional
    • Seguimos siendo ciudadanos del país en el que nacimos o en el que hemos escogido vivir, 

      pero la ciudadanía más importante es otra.(Fil 3:20-21). 

  • Identidad Política
    • Nuestro ordenamiento político es cuasi-sagrado para nosotros, pero hemos decidido vivir bajo

      una monarquía en la que Dios ocupa los tres poderes republicanos de gobierno (Isa 33:22).

  • Identidad Cultural
    • El valor de nuestra cultura nos va a acompañar hasta las mansiones celestiales, porque allá

llegaremos formando parte de alguna tribu, del alguna lengua, de alguna nación y algún pueblo (Apoc 5:9; 14:6). 

    • al mismo tiempo nos comportamos como reyes y sacerdotes, como una sola nación santa, 

      como linaje escogido y como un solo pueblo de Dios (1 Ped 2:9-10).

  • Identidad religiosa
    • La identidad nuestra no es una religiosa. 
    • La religión es el esfuerzo que realizan los seres humanos para probarle a la divinidad que son 

      capaces de ganarse su favor y sus dones. El Evangelio es la inserción de la vertical divina en la horizontal humana  (Dr. Cecilio Arrastía), 

  • Identidad humana
    • La identidad que hemos adquirido en Cristo es la de una nueva humanidad (Tito 3:3-7)

Las publicaciones del Heraldo de los meses de Marzo a Agosto de 2017 fueron dedicadas al análisis de la afirmación de esa identidad (“Sopla el viento: nuestra Identidad en Cristo es empoderada” y “Sopla el viento: nuestra Identidad en Cristo es afirmada”).”

Veamos el resumen de una de estas lecturas:

  • Somos de Dios (1 Jn 4:4-6 )         Somos el cuerpo de Cristo (1 Cor 12:27-28)
  • Somos hechura (“poiema”) suya (Efe 2:10)      Somos labranza y edificio de Dios (1 Cor 3:9)
  • Somos ciudadanos del cielo (Fil 3:20-21)         Somos familia de la fe (Gal 6:10)
  • Somos templo del Espíritu Santo (1 Cor 6:19-20)
  • Somos sal de la tierra y luz del mundo (Mt 5:13-14)
  • No estamos en tinieblas porque somos de la luz (1 Tes 5:4-5)
  • Somos uno en Cristo Jesús y herederos de la promesa (Gal 3:28-29 )
  • Somos hijos e hijas de Dios y templo del Dios viviente (2 Cor 6:16-18)
  • Estamos sentados con Cristo en lugares celestiales (Efe 2:5-6) 
  • Somos pueblo de Dios que ha alcanzado misericordia (1 Ped 2:10)

 

“Es obvio que hay muchos Cristianos que no parecen estar disfrutando de los frutos y las bendiciones que están encerradas en estas verdades bíblicas. Estos versículos nos obligan a reiterar que hace falta un avivamiento para que la Iglesia del Señor sea empoderada en su identidad. (1 Pedro 2:10).

Recordemos lo que dice el Apóstol Pedro:

9 Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; 10 vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.  (1 Ped 2:9)” (El Heraldo, Abril 23, 2017)

Los estudios de este tema han identificado 160 versículos bíblicos adicionales que definen nuestra identidad como hijos e hijas de Dios. 

Ya sabemos que esa identidad es desarrollada y afirmada desde lo que practicamos y vivimos. Nosotros trabajamos con los lineamientos de esas prácticas y del estilo de vida requerido desde el año 2012. Fue allí, analizando el pasaje bíblico que encontramos en Jeremías 29:1-14 que dijimos lo siguiente acerca del plan de Dios para estas prácticas y el estilo de vida:

Lo que hay en el plan de Dios:

  1. Dios habla con claridad (Jer 29: 4,8-9).

2. Dios quiere hogares estables (Jer 29:5). 

3. Dios no quiere amancebamientos; quiere familias (Jer 29:6).

4. Dios quiere que clamemos y procuremos la paz de los lugares en los que vivimos (Jer 29:7).

5. El cautiverio tiene fecha de expiración (Jer 29:10). 

6. Dios nos tiene en su pensamiento (Jer 29:11).

7. Dios escucha la oración y está presto a responder (Jer 29:12).

8. Dios desea ser hallado por nosotros. (Jer 29:14).

¿Qué se espera de nosotros como Iglesia y como creyentes en Cristo en este año y en esta década?

El desarrollo de esta identidad será uno de los ejes centrales de nuestras tareas durante esta década. Esto nos permitirá maximizar el desarrollo de Cristianos saludables, familias saludables y unidas, y maximizar el desarrollo de ministerios estables, fuertes en Dios, coherentes con el propósito que el Señor ha definido para nosotros como Iglesia. 

Ahora bien, este desarrollo requiere que todos y cada uno de nosotros podamos definir, argumentar e involucrarnos en esta tarea. Para esto necesitamos capturar y comprender la visión que se tiene acerca de nosotros como Iglesia.  

La Visión que hemos recibido viene de Dios. Ella ha sido recibida como un regalo para cada uno de nosotros como parte de esta Iglesia, como líderes y como congregación. Esta ha sido una de las piezas claves para que hayamos podido mantenernos de pie en medio de todas las circunstancias. Esta visión refleja una perspectiva real de nuestras tareas y de nuestra misión. Esa visión posee el carácter que Dios mismo le ha definido. 

Vision for ministry is a clear mental image of a preferable future imparted by God to His chosen servants and is based upon an accurate understanding of God, self and circumstances.”

In order to do your personal best, you must have a vision. To me a clear vision answers the question, ‘What mountain do we want to climb?’

The three key elements of a compelling vision: Significant Purpose, A Picture of the Future and Clear Values.

Nuestra visión como Iglesia fue definida en el 2002. 

Hay que entender que la visión es el producto final; el escenario hacia donde la organización se dirige. Las visiones individuales, las de aquellos que trabajamos, servimos y adoramos aquí, tienen que ser complementarias y suplementarias de la visión de la organización. Nosotros somos una Iglesia de Presencia Internacional. Buscamos que Dios exhiba su Presencia en todos los rincones del mundo que nos permite alcanzar. Al mismo tiempo, procuramos estar presentes en todo el mundo para exhibir la Presencia de Cristo, el Hijo del Altísimo.

 Nuestra misión ha sido desarrollada entendiendo que ella es el resultado que deseamos alcanzar. La misión es la definición y entendimiento básico de los roles y funciones que la organización tiene que desarrollar para satisfacer “sus miembros, sus clientes, sus colaboradores y su lugar de trabajo” mientras se busca alcanzar la visión. Esta es definida por los valores, los propósitos, la dirección común y los resultados esperados. 

La visión y la misión se plantean unas metas. Esto es, unos resultados específicos que se esperan y que se quieren conquistar. Hay que internalizar que estos ejercicios trascienden el tiempo y controlan el futuro.

Esta década procuramos alcanzar las siguientes metas relacionadas a nuestra visión:

  • Establecer y desarrollar la visión de cada ministerio y de cada hermano y hermana que participe en estos.
  • Invertir en el desarrollo de sistemas que activen esas visiones complementarias a la visión de la Iglesia.
  • Empoderar la visión en todas las áreas de la vida de nuestra Iglesia, de nuestras familias y de todos aquellos que sirven y adoran con nosotros.
  • Apoyar a los visionarios a alcanzar los propósitos que el Señor ha trazado para ellos y para los suyos.

Las metas programáticas incluyen los siguientes proyectos:

  • la construcción del nuevo santuario en la Carretera Estatal #3.
  • el desarrollo institucional de la Escuela de Misiones.
  • el desarrollo institucional de la Escuela de Música.
  • la construcción de un proyecto de viviendas para las personas de la tercera edad.
  • 300 iglesias virtuales.
  • 300 grupos pequeños
  • la creación de la Fraternidad de Iglesias Casa de Alabanza.
  • el desarrollo de un programa de misiones integral.
  • el desarrollo de un programa de evangelización integral.

Hemos designado este año como uno dedicado a la evangelización y para revolucionar nuestras juventudes. Este año será también uno en el que desarrollaremos nuevos acercamientos a los procesos educativos integrales en las misiones y en la adoración. Un nuevo pastor será ordenado para facilitar el desarrollo del ministerio de misiones. Así mismo, una nueva pastora se unirá a nuestro Cuerpo Pastoral para facilitar el desarrollo que perseguimos en el área de la adoración.

El área de visitación a enfermos, y a hermanos en los hogares será impactado con la ordenación de dos (2) nuevos pastores que estarán trabajando en esta área.

Cada uno de estos nuevos compañeros vendrá al servicio acompañado de un nuevo modelo estructural de nuestros ministerios. Este nuevo modelo incluye manuales de trabajo específicos para sus áreas de servicio, así como procedimientos estandarizados que describen las operaciones y las funciones que se esperan que esos ministerios desarrollen. Los manuales y los procedimientos definirán adiestramientos básicos en los que los miembros de esos ministerios habrán de participar con regularidad. 

En el área de la evangelización comenzaremos consagrando un nuevo pastor de evangelización con los mismos requisitos de los antes mencionados. Además del desarrollo de ese nuevo modelo estructural, este pastor será responsable de conectar y coordinar la participación de nuestra Iglesia en un esfuerzo mundial de evangelización conocido en inglés como “Global Outreach 2020” y en español como “Convergencia 2020”. Las Iglesias de más de 190 países estarán participando de este movimiento mundial de evangelización.

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Unas 5,000 Iglesias en Puerto Rico han dicho que sí a esta movilización. Estaremos orando todo el mes de enero y parte del mes de febrero junto a todas esas Iglesias hermanas para que el Señor alcance a los que no le conocen y a aquellos que se han descarriado. En nuestro caso, el énfasis más grande de ese proyecto será la juventud.

El mes de mayo ha sido separado para que 200,000 cristianos en Puerto Rico salgan a las calles a evangelizar a más de 500,000 habitantes en nuestra Isla durante todo ese mes. Los meses de marzo y abril estaremos adiestrando ese ejército de creyentes para esta tarea. La meta mundial es que 100 millones de creyentes se lancen a las calles durante ese mes para predicarle a 1 billón de personas. ¡Glorioso! Todas las Iglesias de Puerto Rico unidas con una meta en común: Orar juntos y alcanzar a aquellos que no conocen al Señor. 

La juventud de esta casa ha sido retada para unirse a este esfuerzo. Además, esperamos que ellos puedan desarrollar durante este año el tercer servicio dominical, manejando todos los aspectos relacionados a este (música, dirección, predicación, tecnología, etc.) y convirtiéndolo en el servicio de y para la juventud. ¡Los resultados de estos esfuerzos serán históricos y extraordinarios!

Las metas programáticas para este año incluyen lo siguiente:

  • la construcción del edificio administrativo de la Iglesia AMEC en el local del 109 de la calle Palmer.
  • el desarrollo del programa para la construcción del nuevo santuario.   

Sabemos que todo esto representa mucho esfuerzo, mucha inversión de recursos y mucho trabajo. Estamos convencidos de que lo alcanzaremos con la ayuda de Dios. Después de todo, todo esto forma parte de las promesas que Dios nos ha hecho.

Los objetivos ministeriales para este año continúan siendo los mismos que los de los dos (2) años anteriores:

  1. Reposicionar nuestras vidas, la de nuestra familia, la Iglesia, la ciudad y el País en el que vivimos a base de lo que enseña la Palabra de Dios.
    1. Esto incluye el empoderamiento de todos aquellos que adoran y sirven con nosotros, tanto aquí en la Iglesia local, así como en la nube cibernética que nos rodea.
  2. Reconstruir y transformar nuestras vidas, la de nuestra familia, la Iglesia, la ciudad y el País en el que vivimos.
    1. Esto incluye la sanidad interior de todos nosotros, de nuestras familias y de nuestro País. Es imposible pretender que se puede atravesar por tantas crisis como las que ha estado viviendo nuestro País, y creer que nuestros corazones no se han afectado.
  3. Educar nuestras vidas, la de nuestra familia, la Iglesia, la de las generaciones que se levantan, la ciudad y el País en el que vivimos con las herramientas  que nos provee la Palabra de Dios.
    1. Esto incluye un programa para el fortalecimiento de nuestras familias, incluyendo apuntalar el concepto bíblico de tenemos para ésta y la restauración de muchas de ellas.
  4. Celebrar la vida nueva que tenemos en Cristo.
    1. Esto incluye las tareas de definir y desarrollar rutas de esperanza para nuestras familias y para aquellos que forman parte del ejército de fieles de todos los sectores que han decidido ponerse de acuerdo para levantar el País.

Estamos convencidos de que este año la Iglesia recibirá una visión 2020 de la gloria, la gracia, la santidad, la misericordia, la provisión y de la majestad de Dios. Esto será recibido mientras caminamos juntos hacia la consecución de las metas propuestas. Te invito a unirte a cientos de hombres y mujeres que ya le han dicho que sí al Señor. Lo vamos a disfrutar y sabemos que será un año inolvidable.

¡Feliz Año 2020!

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