February 22nd, 2026
1045 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 22 de febrero del 2026
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: la familia de Jacob
“28 Estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que su padre dijo a sus hijos al despedirse de ellos. Los bendijo con un mensaje apropiado para cada uno. 29 Entonces Jacob les dio las siguientes instrucciones: «Yo moriré pronto y me uniré con mis antepasados. Entiérrenme junto con mi padre y mi abuelo en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita. 30 Es la cueva del campo de Macpela, cerca de Mamre, en Canaán, la cual Abraham compró a Efrón el hitita como lugar de sepultura permanente. 31 Allí están enterrados Abraham y su esposa Sara; allí también están enterrados Isaac y su esposa Rebeca; y allí enterré a Lea. 32 Es la parcela de tierra y la cueva que mi abuelo Abraham les compró a los hititas». 33 Cuando Jacob terminó de dar este encargo a sus hijos, metió los pies en la cama, dio su último suspiro y se reunió con sus antepasados al morir.” (Gén 49:28-33, NTV)
El análisis del modelo bíblico de familia de Jacob presenta unos retos extraordinarios. Por un lado, encontramos que los contextos familiares de los que él proviene, el de Abraham su abuelo y el de Isaac su padre, nos presentan muchas avenidas para estudiar. El impulso visceral de querer dedicarnos al análisis de estos contextos es grande. Estamos convencidos de que debemos estudiarlos a fondo y por separado.
En esta reflexión procederemos a dedicarle unos párrafos al análisis del modelo de familia que nos ofrece Isaac, el padre de Jacob. La razón por la que lo haremos es obvia. Estamos convencidos de que la casa de Isaac afectó la vida de Jacob y lo condicionó a desarrollar el modelo de familia que él ensambló: el que queremos analizar.
Advertimos que este análisis preliminar es tan solo el resumen de un grupo de pinceladas de todas las alternativas que nos ofrece el modelo de familia de Isaac. Repetimos que el propósito de traerlo a la consideración de los lectores no es conocer ese modelo a profundidad, sino que este nos pueda servir como una pista de despegue y de aterrizaje para el análisis del modelo de familia de Jacob.
La propuesta que formularemos en esta batería de reflexiones es simple. El modelo de familia de Jacob responde al comportamiento que encontramos en aquellas familias en las que se pierde la figura que mantiene el balance en estas. Edwin Friedman[1] llamó a esto la pérdida de la homeostasis o equilibrio de un sistema. Compartiremos algunos de detalles de la teoría de familia que este gigante académico y religioso un poco más adelante en esta batería de reflexiones.
La Biblia nos permite conocer que Jacob es el líder de una familia altamente disfuncional. Este dato es glorioso porque afirma que Dios puede escoger esa clase de familias para manifestarse a través de estas con poder y gloria.
La familia de la que Jacob emerge también presenta dificultades en muchos escenarios. Un ejemplo de esto son los escenarios de los procesos de proyección familiar.
La Biblia nos presenta varios incidentes en los que vemos la transmisión de patrones emocionales y de ansiedades de generación en generación dentro de un sistema familiar. En el caso de Jacob, este experimenta y propicia la transmisión de estos patrones entre los suyos porque lo vivió en el seno de la casa de Isaac. Advertimos que este proceso de proyección también se puede observar en la dinámica congregacional, afectando el liderazgo y el funcionamiento general de cualquier iglesia.
Un ejemplo de estos procesos de proyección lo encontramos en las narrativas del libro de Génesis. Estas nos permiten ver a Abram pidiéndole a su esposa Sarai que dijera que ella era su hermana. Esto, por miedo a que lo mataran para poder quedarse con ella (Gén 12:10-20). Esta reacción fue provocada por el hambre que había en la región del Neguev (vv.9, 12), lugar en el que Abram vivía.
Abraham (ya Dios le había cambiado el nombre, Gén 17:5), repitió este patrón cuando se mudó a Gerar, entre Cades y Shur (Gén 20:1-18). Una vez más, él acudió a pedirle a Sara que dijera que ella era su hermana para evitar así que lo mataran. La Biblia dice que este patrón también fue repetido por Isaac, esta vez cuando se él mudó a Gerar debido al hambre que había en la región en la que él vivía (Gén 26:1-11).
Estos datos nos permiten ver la manifestación de la misericordia divina al seleccionar esta familia para reglarnos al padre de la fe y la genealogía de Cristo nuestro Señor y Salvador. Dios decidió hacer esto a pesar de las debilidades familiares y de las grietas en el carácter que estos patriarcas exhibieron.
La Biblia nos dice que la familia de Jacob experimentó problemas con el autoconocimiento y el autocontrol. Ella revela que Jacob necesitó que Dios le cambiara el nombre para poder encontrarse a sí mismo y que sus hijos tuvieron problemas para manejar los impulsos de realizar actos violentos (Gén 34, la historia de Dina; Gén 37:12-28, la historia de la venta de José). Estas características predican la incapacidad que ellos tenían para navegar las complejidades emocionales de sus roles, la incapacidad para mantener la integridad, tanto como individuos, así como familia y la ausencia de salud en el sistema de familia que Jacob lideraba. Sin duda alguna que el génesis de estas incapacidades fue el modelo de familia de Isaac.
Estos datos nos colocan ante la necesidad de analizar el modelo de familia en el que Jacob se formó: el de la casa de Isaac. ¿Qué sucedió con Jacob en esa familia? La Biblia incluye en la narrativa acerca de la casa de Isaac que Jacob experimentó problemas con el orden de nacimientos en ese hogar. Haber nacido como el menor de la casa lo colocó en una posición de desventaja y generadora de muchos conflictos. Esta es quizás una de las razones por las que él sobre protegía a los más pequeños de su casa.
El modelo paternal que él poseía de su padre Isaac pudo haber sido adecuado en términos de la fe y de la promesa profética. No obstante, el modelo relacional, los triángulos emocionales, las tensiones existentes entre él y su padre le condujeron a permitir la participación de una tercera persona para resolver estos.
Es aquí que encontramos en acción la figura de su madre, Rebeca. Esto no solo creó una distracción de los escenarios relacionales antes mencionados, sino que produjo un conflicto muy serio entre todos los miembros de esa familia. En otras reflexiones acerca de este tema examinaremos la importancia que tiene comprender estos triángulos. Esto es crucial para abordar los patrones de comunicación y los conflictos dentro de las familias y las organizaciones.
La realidad es que Isaac había vivido una experiencia similar en la casa de sus padres. Las luchas entre Sara, su progenitora y Agar e Ismael, habían creado un conflicto que todavía está vivo en la posmodernidad. Jacob debió haber sido afectado por esto. Lo sabemos porque la Biblia dice que Isaac e Ismael mantenían cierto grado de relaciones. Ella dice que ambos participaron en el sepelio de Abraham (Gén 25:9). La Biblia también dice que Esaú se casó con una de las hijas de Ismael (Gén 28:9). En otras palabras, que Jacob debió haber tenido algún grado de experiencia relacional con el clan del medio hermano de su padre.
Por otro lado, la Biblia señala que Sara murió cuando Isaac tenía cerca de 37 años.[2]
“1 Fue la vida de Sara ciento veintisiete años; tantos fueron los años de la vida de Sara. 2 Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer duelo por Sara, y a llorarla.” (Gén 23:1)
Es muy interesante que la Biblia dice que él pudo hallar consuelo para esa muerte cuando Eliezer le trajo a Rebeca. La Biblia dice que esto ocurrió tres (3) años después de la muerte de Sara.
“20 y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel arameo de Padan-aram, hermana de Labán arameo.” (Gén 25:20).
Esto puede implicar que Isaac aún no había podido superar esa muerte; luego de tres (3) años.
Al mismo tiempo, es muy curioso el dato de que la Biblia dice que Isaac llevó a vivir a Rebeca a la tienda de campaña que había utilizado Sara.
“67 Luego Isaac la llevó a la carpa de Sara, su madre, y Rebeca fue su esposa. Él la amó profundamente, y ella fue para él un consuelo especial después de la muerte de su madre.” (Gén 24:67, NTV)
Esto implica que Isaac pudo haber estado viviendo en la tienda de campaña de su madre durante tres (3) años antes de casarse. O sea, que él no había construido su propia residencia, aun cuando era el hijo de uno de los hombres más ricos que había en la tierra en ese momento. ¿Estaba Isaac demasiado cómodo en la casa de Abraham? Estas historias y sus implicaciones deben haber impactado la vida y el carácter de Jacob.
La Biblia también dice que Rebeca no podía tener hijos porque era estéril y que Isaac oró para que Dios hiciera el milagro. Encontramos en la Biblia que Dios hizo ese milagro cuando esta pareja tenía 20 años de matrimonio.
“26 Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz.” (Gén 25:26).
Hay que reconocer que a los 60 años de edad uno está preparado para ser abuelo.
El relato bíblico continúa diciendo que el embarazo de Esaú y Jacob (mellizos) fue muy difícil, al punto que Rebeca prefirió morir a tener que continuar enfrentando las complicaciones de este.
“22 Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová; 23 y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor.” (Gén 25:22-23, RV 1960)
“[22] And the children struggled together within her; and she said: ‘If it be so, wherefore do I live?’ And she went to inquire of the Lord. [23] And the Lord said unto her: Two nations are in thy womb, / And two peoples shall be separated from thy bowels; / And the one people shall be stronger than the other people; / And the elder shall serve the younger:” (Gén 25:22-23, Tanakh, Hebrew English Bible)
Esa revelación colocó a Rebeca en posición de conocer con anticipación que tendría gemelos y que ambos serían varones. Esto, en una época en la que esto no se podía conocer hasta que ocurriera el parto. Ese pasaje también señala que ese embarazo no fue necesariamente deseado. En otras palabras, que el modelo maternal que Jacob tenía poseía unos elementos de disfuncionalidad que son evidentes. Esa porción de las Sagradas Escrituras dice que Rebeca prefería estar muerta a tener que enfrentar los problemas de su embarazo.
Es lógico concluir que Rebeca no compartió esta experiencia con su marido. Por otro lado, si ella lo hizo, entonces Isaac no creyó en la revelación que Dios le había dado a su esposa. Los problemas que surgieron luego pudieron haberse evitado si ella hubiera compartido esa revelación y/o si él hubiera decidido creer en esta. O sea, que Jacob se cría y se desarrolla en un ambiente en el que la comunicación entre sus padres posiblemente no era la mejor y en el que los niveles de confianza entre ellos tampoco lo eran.
Repetimos: Jacob nace y se cría en ese ambiente.
Hemos señalado que el modelo maternal tampoco fue muy halagüeño. Ya hemos visto que la comunicación efectiva entre papá y mamá parecía no existir y/o que el nivel de credibilidad estaba afectado. A todo esto, tenemos que añadir que las componendas de Rebeca tratando de querer ayudar a Dios, impulsaron a Jacob a mentir y a engañar a su mismo padre. La Biblia dice que años más tarde Jacob chocó con este tipo de conducta en la casa de Betuel, padre de Rebeca y de Labán su hermano. En otras palabras, que Rebeca parece haber aprendido esto en la casa de su padre. ¡Qué clase de misericordia tiene Dios! Estas familias forman parte del linaje del que nace el Redentor del mundo.
Añadimos a todos estos datos que los modelos paternales y maternales de Jacob no son los únicos que se habían lacerado. Recordemos que Isaac privilegiaba a Esaú por ser el primogénito de esa familia (orden de nacimiento) y por ser diestro en la caza y hombre de campo.
“27 Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas. 28 Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob.” (Gén 25:27).
¿Será esto un indicio de que Isaac no prefería a Jacob porque le recordaba su adolescencia y su juventud adulta?
Ahora bien, sabemos que el modelo de fraternidad en ese hogar también estaba dislocado porque la relación entre Jacob y Esaú no parece haber sido cordial desde antes del robo de la primogenitura. Por un lado, sabemos que la Biblia dice que Esaú aborreció (“śâṭam”, H7852) a Jacob luego de esos incidentes (Gén 27:41). Por otro, que la Biblia nos dice que Esaú le tiene que rogar a Jacob que le permitiera comer algo de la comida que este había preparado.
También sabemos que la Biblia nos deja conocer que los valores y principios de fe y de conducta en esa familia también estaban fragmentados desde mucho antes de esos incidentes. Por ejemplo, Jacob no tiene problemas para convencerse de que la primogenitura se podía comprar y Esaú para concluir que esta se podía vender. Es más, Esaú manifestó que esta se podía menospreciar (Gén 25:34c). Hay que señalar que el valor de la primogenitura y de la bendición adscrita a esta era algo sagrado. Esto es similar a que alguien desee vender sus ministerios y sus dones y que encuentre a otro que los quiera comprar.
“32 Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?” (Gén 25:32, R 1960)
Luego de esto, la Biblia nos permite conocer que Jacob y Esaú comienzan a experimentar la inestabilidad y la ambivalencia de Isaac. En primer lugar, su padre se mudó del lugar en que vivía, entre Cades y Bered (Gén 16:14; 25:11) para irse a Gerar, tierra de los filisteos (Gén 26:1). La Biblia dice que Dios se le apareció allí (vv. 2-5) y lo bendijo en ese lugar (v.12). De allí, él se mudó al valle de Gerar (v.17) y esto inicia otros procesos de mudanzas provocadas por rencillas a causa de los pozos de agua (Esek, vv.19-20; Sitna y Rehobot vv. 21-22). La Biblia dice que Isaac se mudó de allí a Beerseba (v.23) y que Dios se le volvió a aparecer (v.24). Es entonces que él decide edificar un altar e invocar el nombre de Jehová (v.25).
Sabemos que la experiencia de Isaac, el ser nómada, puede ser considerada como algo cultural, antropológico y hasta precursor del peregrinaje de Israel por el desierto. Sin embargo, un dato que refuerza la conclusión a la que hemos llegado es que la mayoría de estas mudanzas obedecieron a que Isaac no quería defender el derecho que le asistía por los pozos que él había cavado. Isaac huía de los conflictos. Tenemos que afirmar que la frecuencia de estas mudanzas no abonó al sentido de hogar y el de pertenencia de Esaú y de Jacob.
La buena noticia es que la misericordia y el favor de Dios se manifiestan en estos escenarios con toda su fuerza. Esta es la única forma de entender que alguien con tantas grietas en el carácter y de debilidades en su personalidad continuara bajo el cuidado de Dios como el hijo de la promesa. ¡Bendita sean esa misericordia y ese favor!
Un dato editorial: Isaac termina viviendo en Mamre (Gén 35:27), a mitad de camino entre Bethel y Beerseba. Un dato significativo es que ese era el lugar en el que Abraham habitó. O sea, que Isaac regresó al lugar de sus raíces.
Es obvio que el carácter de Esaú también se afectó. La Biblia dice que él comenzó a tomar decisiones que amargaban el espíritu de Isaac y el de Rebeca. Esto no era común en clanes patriarcales. La cultura de estos sistemas familiares giraba alrededor de honrar a los padres y a los ancianos.
“34 Y cuando Esaú era de cuarenta años, tomó por mujer a Judit hija de Beeri heteo, y a Basemat hija de Elón heteo; 35 y fueron amargura de espíritu para Isaac y para Rebeca.” (Gén 26:34-35).
La Biblia nos permite conocer que esto ocurrió antes de que Isaac le diera la bendición de la primogenitura a Jacob. La Biblia también dice que esta conducta alcanzó dimensiones inauditas luego de que Esaú perdiera sus bendiciones.
“6 Y vio Esaú cómo Isaac había bendecido a Jacob, y le había enviado a Padan-aram, para tomar para sí mujer de allí; y que cuando le bendijo, le había mandado diciendo: No tomarás mujer de las hijas de Canaán; 7 y que Jacob había obedecido a su padre y a su madre, y se había ido a Padan-aram. 8 Vio asimismo Esaú que las hijas de Canaán parecían mal a Isaac su padre; 9 y se fue Esaú a Ismael, y tomó para sí por mujer a Mahalat, hija de Ismael hijo de Abraham, hermana de Nebaiot, además de sus otras mujeres.” (Gén 28:6-9)
El carácter de Jacob también debe haberse afectado por las experiencias vividas con las decisiones que tomó su hermano.
Añadimos a esto que su idea de la autoridad de Dios, de su poder y de la veracidad de sus palabras no era la mejor. Podemos encontrar evidencias de esto en la narrativa del primer encuentro que él tiene con Dios (Gén 28:10-19). La Biblia dice que él sabía que había sido Dios el que se le había revelado. La Biblia dice que Dios le dijo allí lo siguiente:
“14 Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. 15 He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.” (Gén 28:14-15)
Es por esto que él reacciona diciendo que ese lugar era terrible y que no era otra cosa que casa de Dios y puerta del cielo. Es por eso que él decide hacer un altar en ese lugar y que le cambia el nombre al mismo: lo llama Bet-el (“Casa de Dios”) (Gén 28:16-19). Sin embargo, la Biblia también dice que él expresó allí que obedecería a Dios si Dios cumplía lo que le había dicho y le permitía regresar en paz a la casa de su padre (vv. 20-22). En otras palabras, que en el corazón de Jacob no existía la convicción acerca de la autoridad y de la suficiencia de la Palabra hablada por Dios que encontramos en los corazones de su abuelo y de su padre. Su corazón estaba tan agrietado y endurecido que este hombre no pudo ser transformado ni siquiera por la revelación que había tenido del poder, la gloria y la majestad de Dios. Ciertamente que el corazón y el alma de este hombre estaban muy lastimados. Concluimos que estas lastimaduras y esta idea tan pobre acerca de Dios fueron adquiridas en la casa de Isaac.
Este es el Jacob que sale a formar su propio modelo de familia.
Encontraremos que Jacob tuvo que luchar con muchas de estas características a través de toda su vida. La buena noticia es que sabemos que el Señor lo salvó y lo transformó para poder utilizarlo para la creación de una nación de la que nacería el Salvador del mundo. ¡A Dios sea toda la gloria por su misericordia y su compasión!
Los procesos implantados por Dios para realizar esto requirieron la transformación del modelo de familia que Jacob había desarrollado. Esos procesos también requirieron que otros miembros de su familia se encargaran de restablecer el balance, la homeostasis que esa familia perdió en el camino. Ese modelo, así como los procesos que provocaron esa transformación serán el objeto de nuestras próximas reflexiones.
Advertimos que antes de eso tenemos la necesidad de visitar la teoría de familia propuesta por el Profesor Edwin H. Friedman.
[1] Friedman, Edwin H. 1985. Generation to Generation: family process in church and synagogue. New York, NY: The Guilford Press.
[2] La Biblia dice que Sara tenía 90 años cuando lo dio a luz (Gén 17:17-19; 21:2-5)
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: la familia de Jacob
“28 Estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que su padre dijo a sus hijos al despedirse de ellos. Los bendijo con un mensaje apropiado para cada uno. 29 Entonces Jacob les dio las siguientes instrucciones: «Yo moriré pronto y me uniré con mis antepasados. Entiérrenme junto con mi padre y mi abuelo en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita. 30 Es la cueva del campo de Macpela, cerca de Mamre, en Canaán, la cual Abraham compró a Efrón el hitita como lugar de sepultura permanente. 31 Allí están enterrados Abraham y su esposa Sara; allí también están enterrados Isaac y su esposa Rebeca; y allí enterré a Lea. 32 Es la parcela de tierra y la cueva que mi abuelo Abraham les compró a los hititas». 33 Cuando Jacob terminó de dar este encargo a sus hijos, metió los pies en la cama, dio su último suspiro y se reunió con sus antepasados al morir.” (Gén 49:28-33, NTV)
El análisis del modelo bíblico de familia de Jacob presenta unos retos extraordinarios. Por un lado, encontramos que los contextos familiares de los que él proviene, el de Abraham su abuelo y el de Isaac su padre, nos presentan muchas avenidas para estudiar. El impulso visceral de querer dedicarnos al análisis de estos contextos es grande. Estamos convencidos de que debemos estudiarlos a fondo y por separado.
En esta reflexión procederemos a dedicarle unos párrafos al análisis del modelo de familia que nos ofrece Isaac, el padre de Jacob. La razón por la que lo haremos es obvia. Estamos convencidos de que la casa de Isaac afectó la vida de Jacob y lo condicionó a desarrollar el modelo de familia que él ensambló: el que queremos analizar.
Advertimos que este análisis preliminar es tan solo el resumen de un grupo de pinceladas de todas las alternativas que nos ofrece el modelo de familia de Isaac. Repetimos que el propósito de traerlo a la consideración de los lectores no es conocer ese modelo a profundidad, sino que este nos pueda servir como una pista de despegue y de aterrizaje para el análisis del modelo de familia de Jacob.
La propuesta que formularemos en esta batería de reflexiones es simple. El modelo de familia de Jacob responde al comportamiento que encontramos en aquellas familias en las que se pierde la figura que mantiene el balance en estas. Edwin Friedman[1] llamó a esto la pérdida de la homeostasis o equilibrio de un sistema. Compartiremos algunos de detalles de la teoría de familia que este gigante académico y religioso un poco más adelante en esta batería de reflexiones.
La Biblia nos permite conocer que Jacob es el líder de una familia altamente disfuncional. Este dato es glorioso porque afirma que Dios puede escoger esa clase de familias para manifestarse a través de estas con poder y gloria.
La familia de la que Jacob emerge también presenta dificultades en muchos escenarios. Un ejemplo de esto son los escenarios de los procesos de proyección familiar.
La Biblia nos presenta varios incidentes en los que vemos la transmisión de patrones emocionales y de ansiedades de generación en generación dentro de un sistema familiar. En el caso de Jacob, este experimenta y propicia la transmisión de estos patrones entre los suyos porque lo vivió en el seno de la casa de Isaac. Advertimos que este proceso de proyección también se puede observar en la dinámica congregacional, afectando el liderazgo y el funcionamiento general de cualquier iglesia.
Un ejemplo de estos procesos de proyección lo encontramos en las narrativas del libro de Génesis. Estas nos permiten ver a Abram pidiéndole a su esposa Sarai que dijera que ella era su hermana. Esto, por miedo a que lo mataran para poder quedarse con ella (Gén 12:10-20). Esta reacción fue provocada por el hambre que había en la región del Neguev (vv.9, 12), lugar en el que Abram vivía.
Abraham (ya Dios le había cambiado el nombre, Gén 17:5), repitió este patrón cuando se mudó a Gerar, entre Cades y Shur (Gén 20:1-18). Una vez más, él acudió a pedirle a Sara que dijera que ella era su hermana para evitar así que lo mataran. La Biblia dice que este patrón también fue repetido por Isaac, esta vez cuando se él mudó a Gerar debido al hambre que había en la región en la que él vivía (Gén 26:1-11).
Estos datos nos permiten ver la manifestación de la misericordia divina al seleccionar esta familia para reglarnos al padre de la fe y la genealogía de Cristo nuestro Señor y Salvador. Dios decidió hacer esto a pesar de las debilidades familiares y de las grietas en el carácter que estos patriarcas exhibieron.
La Biblia nos dice que la familia de Jacob experimentó problemas con el autoconocimiento y el autocontrol. Ella revela que Jacob necesitó que Dios le cambiara el nombre para poder encontrarse a sí mismo y que sus hijos tuvieron problemas para manejar los impulsos de realizar actos violentos (Gén 34, la historia de Dina; Gén 37:12-28, la historia de la venta de José). Estas características predican la incapacidad que ellos tenían para navegar las complejidades emocionales de sus roles, la incapacidad para mantener la integridad, tanto como individuos, así como familia y la ausencia de salud en el sistema de familia que Jacob lideraba. Sin duda alguna que el génesis de estas incapacidades fue el modelo de familia de Isaac.
Estos datos nos colocan ante la necesidad de analizar el modelo de familia en el que Jacob se formó: el de la casa de Isaac. ¿Qué sucedió con Jacob en esa familia? La Biblia incluye en la narrativa acerca de la casa de Isaac que Jacob experimentó problemas con el orden de nacimientos en ese hogar. Haber nacido como el menor de la casa lo colocó en una posición de desventaja y generadora de muchos conflictos. Esta es quizás una de las razones por las que él sobre protegía a los más pequeños de su casa.
El modelo paternal que él poseía de su padre Isaac pudo haber sido adecuado en términos de la fe y de la promesa profética. No obstante, el modelo relacional, los triángulos emocionales, las tensiones existentes entre él y su padre le condujeron a permitir la participación de una tercera persona para resolver estos.
Es aquí que encontramos en acción la figura de su madre, Rebeca. Esto no solo creó una distracción de los escenarios relacionales antes mencionados, sino que produjo un conflicto muy serio entre todos los miembros de esa familia. En otras reflexiones acerca de este tema examinaremos la importancia que tiene comprender estos triángulos. Esto es crucial para abordar los patrones de comunicación y los conflictos dentro de las familias y las organizaciones.
La realidad es que Isaac había vivido una experiencia similar en la casa de sus padres. Las luchas entre Sara, su progenitora y Agar e Ismael, habían creado un conflicto que todavía está vivo en la posmodernidad. Jacob debió haber sido afectado por esto. Lo sabemos porque la Biblia dice que Isaac e Ismael mantenían cierto grado de relaciones. Ella dice que ambos participaron en el sepelio de Abraham (Gén 25:9). La Biblia también dice que Esaú se casó con una de las hijas de Ismael (Gén 28:9). En otras palabras, que Jacob debió haber tenido algún grado de experiencia relacional con el clan del medio hermano de su padre.
Por otro lado, la Biblia señala que Sara murió cuando Isaac tenía cerca de 37 años.[2]
“1 Fue la vida de Sara ciento veintisiete años; tantos fueron los años de la vida de Sara. 2 Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer duelo por Sara, y a llorarla.” (Gén 23:1)
Es muy interesante que la Biblia dice que él pudo hallar consuelo para esa muerte cuando Eliezer le trajo a Rebeca. La Biblia dice que esto ocurrió tres (3) años después de la muerte de Sara.
“20 y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel arameo de Padan-aram, hermana de Labán arameo.” (Gén 25:20).
Esto puede implicar que Isaac aún no había podido superar esa muerte; luego de tres (3) años.
Al mismo tiempo, es muy curioso el dato de que la Biblia dice que Isaac llevó a vivir a Rebeca a la tienda de campaña que había utilizado Sara.
“67 Luego Isaac la llevó a la carpa de Sara, su madre, y Rebeca fue su esposa. Él la amó profundamente, y ella fue para él un consuelo especial después de la muerte de su madre.” (Gén 24:67, NTV)
Esto implica que Isaac pudo haber estado viviendo en la tienda de campaña de su madre durante tres (3) años antes de casarse. O sea, que él no había construido su propia residencia, aun cuando era el hijo de uno de los hombres más ricos que había en la tierra en ese momento. ¿Estaba Isaac demasiado cómodo en la casa de Abraham? Estas historias y sus implicaciones deben haber impactado la vida y el carácter de Jacob.
La Biblia también dice que Rebeca no podía tener hijos porque era estéril y que Isaac oró para que Dios hiciera el milagro. Encontramos en la Biblia que Dios hizo ese milagro cuando esta pareja tenía 20 años de matrimonio.
“26 Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz.” (Gén 25:26).
Hay que reconocer que a los 60 años de edad uno está preparado para ser abuelo.
El relato bíblico continúa diciendo que el embarazo de Esaú y Jacob (mellizos) fue muy difícil, al punto que Rebeca prefirió morir a tener que continuar enfrentando las complicaciones de este.
“22 Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová; 23 y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor.” (Gén 25:22-23, RV 1960)
“[22] And the children struggled together within her; and she said: ‘If it be so, wherefore do I live?’ And she went to inquire of the Lord. [23] And the Lord said unto her: Two nations are in thy womb, / And two peoples shall be separated from thy bowels; / And the one people shall be stronger than the other people; / And the elder shall serve the younger:” (Gén 25:22-23, Tanakh, Hebrew English Bible)
Esa revelación colocó a Rebeca en posición de conocer con anticipación que tendría gemelos y que ambos serían varones. Esto, en una época en la que esto no se podía conocer hasta que ocurriera el parto. Ese pasaje también señala que ese embarazo no fue necesariamente deseado. En otras palabras, que el modelo maternal que Jacob tenía poseía unos elementos de disfuncionalidad que son evidentes. Esa porción de las Sagradas Escrituras dice que Rebeca prefería estar muerta a tener que enfrentar los problemas de su embarazo.
Es lógico concluir que Rebeca no compartió esta experiencia con su marido. Por otro lado, si ella lo hizo, entonces Isaac no creyó en la revelación que Dios le había dado a su esposa. Los problemas que surgieron luego pudieron haberse evitado si ella hubiera compartido esa revelación y/o si él hubiera decidido creer en esta. O sea, que Jacob se cría y se desarrolla en un ambiente en el que la comunicación entre sus padres posiblemente no era la mejor y en el que los niveles de confianza entre ellos tampoco lo eran.
Repetimos: Jacob nace y se cría en ese ambiente.
Hemos señalado que el modelo maternal tampoco fue muy halagüeño. Ya hemos visto que la comunicación efectiva entre papá y mamá parecía no existir y/o que el nivel de credibilidad estaba afectado. A todo esto, tenemos que añadir que las componendas de Rebeca tratando de querer ayudar a Dios, impulsaron a Jacob a mentir y a engañar a su mismo padre. La Biblia dice que años más tarde Jacob chocó con este tipo de conducta en la casa de Betuel, padre de Rebeca y de Labán su hermano. En otras palabras, que Rebeca parece haber aprendido esto en la casa de su padre. ¡Qué clase de misericordia tiene Dios! Estas familias forman parte del linaje del que nace el Redentor del mundo.
Añadimos a todos estos datos que los modelos paternales y maternales de Jacob no son los únicos que se habían lacerado. Recordemos que Isaac privilegiaba a Esaú por ser el primogénito de esa familia (orden de nacimiento) y por ser diestro en la caza y hombre de campo.
“27 Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas. 28 Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob.” (Gén 25:27).
¿Será esto un indicio de que Isaac no prefería a Jacob porque le recordaba su adolescencia y su juventud adulta?
Ahora bien, sabemos que el modelo de fraternidad en ese hogar también estaba dislocado porque la relación entre Jacob y Esaú no parece haber sido cordial desde antes del robo de la primogenitura. Por un lado, sabemos que la Biblia dice que Esaú aborreció (“śâṭam”, H7852) a Jacob luego de esos incidentes (Gén 27:41). Por otro, que la Biblia nos dice que Esaú le tiene que rogar a Jacob que le permitiera comer algo de la comida que este había preparado.
También sabemos que la Biblia nos deja conocer que los valores y principios de fe y de conducta en esa familia también estaban fragmentados desde mucho antes de esos incidentes. Por ejemplo, Jacob no tiene problemas para convencerse de que la primogenitura se podía comprar y Esaú para concluir que esta se podía vender. Es más, Esaú manifestó que esta se podía menospreciar (Gén 25:34c). Hay que señalar que el valor de la primogenitura y de la bendición adscrita a esta era algo sagrado. Esto es similar a que alguien desee vender sus ministerios y sus dones y que encuentre a otro que los quiera comprar.
“32 Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?” (Gén 25:32, R 1960)
Luego de esto, la Biblia nos permite conocer que Jacob y Esaú comienzan a experimentar la inestabilidad y la ambivalencia de Isaac. En primer lugar, su padre se mudó del lugar en que vivía, entre Cades y Bered (Gén 16:14; 25:11) para irse a Gerar, tierra de los filisteos (Gén 26:1). La Biblia dice que Dios se le apareció allí (vv. 2-5) y lo bendijo en ese lugar (v.12). De allí, él se mudó al valle de Gerar (v.17) y esto inicia otros procesos de mudanzas provocadas por rencillas a causa de los pozos de agua (Esek, vv.19-20; Sitna y Rehobot vv. 21-22). La Biblia dice que Isaac se mudó de allí a Beerseba (v.23) y que Dios se le volvió a aparecer (v.24). Es entonces que él decide edificar un altar e invocar el nombre de Jehová (v.25).
Sabemos que la experiencia de Isaac, el ser nómada, puede ser considerada como algo cultural, antropológico y hasta precursor del peregrinaje de Israel por el desierto. Sin embargo, un dato que refuerza la conclusión a la que hemos llegado es que la mayoría de estas mudanzas obedecieron a que Isaac no quería defender el derecho que le asistía por los pozos que él había cavado. Isaac huía de los conflictos. Tenemos que afirmar que la frecuencia de estas mudanzas no abonó al sentido de hogar y el de pertenencia de Esaú y de Jacob.
La buena noticia es que la misericordia y el favor de Dios se manifiestan en estos escenarios con toda su fuerza. Esta es la única forma de entender que alguien con tantas grietas en el carácter y de debilidades en su personalidad continuara bajo el cuidado de Dios como el hijo de la promesa. ¡Bendita sean esa misericordia y ese favor!
Un dato editorial: Isaac termina viviendo en Mamre (Gén 35:27), a mitad de camino entre Bethel y Beerseba. Un dato significativo es que ese era el lugar en el que Abraham habitó. O sea, que Isaac regresó al lugar de sus raíces.
Es obvio que el carácter de Esaú también se afectó. La Biblia dice que él comenzó a tomar decisiones que amargaban el espíritu de Isaac y el de Rebeca. Esto no era común en clanes patriarcales. La cultura de estos sistemas familiares giraba alrededor de honrar a los padres y a los ancianos.
“34 Y cuando Esaú era de cuarenta años, tomó por mujer a Judit hija de Beeri heteo, y a Basemat hija de Elón heteo; 35 y fueron amargura de espíritu para Isaac y para Rebeca.” (Gén 26:34-35).
La Biblia nos permite conocer que esto ocurrió antes de que Isaac le diera la bendición de la primogenitura a Jacob. La Biblia también dice que esta conducta alcanzó dimensiones inauditas luego de que Esaú perdiera sus bendiciones.
“6 Y vio Esaú cómo Isaac había bendecido a Jacob, y le había enviado a Padan-aram, para tomar para sí mujer de allí; y que cuando le bendijo, le había mandado diciendo: No tomarás mujer de las hijas de Canaán; 7 y que Jacob había obedecido a su padre y a su madre, y se había ido a Padan-aram. 8 Vio asimismo Esaú que las hijas de Canaán parecían mal a Isaac su padre; 9 y se fue Esaú a Ismael, y tomó para sí por mujer a Mahalat, hija de Ismael hijo de Abraham, hermana de Nebaiot, además de sus otras mujeres.” (Gén 28:6-9)
El carácter de Jacob también debe haberse afectado por las experiencias vividas con las decisiones que tomó su hermano.
Añadimos a esto que su idea de la autoridad de Dios, de su poder y de la veracidad de sus palabras no era la mejor. Podemos encontrar evidencias de esto en la narrativa del primer encuentro que él tiene con Dios (Gén 28:10-19). La Biblia dice que él sabía que había sido Dios el que se le había revelado. La Biblia dice que Dios le dijo allí lo siguiente:
“14 Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. 15 He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.” (Gén 28:14-15)
Es por esto que él reacciona diciendo que ese lugar era terrible y que no era otra cosa que casa de Dios y puerta del cielo. Es por eso que él decide hacer un altar en ese lugar y que le cambia el nombre al mismo: lo llama Bet-el (“Casa de Dios”) (Gén 28:16-19). Sin embargo, la Biblia también dice que él expresó allí que obedecería a Dios si Dios cumplía lo que le había dicho y le permitía regresar en paz a la casa de su padre (vv. 20-22). En otras palabras, que en el corazón de Jacob no existía la convicción acerca de la autoridad y de la suficiencia de la Palabra hablada por Dios que encontramos en los corazones de su abuelo y de su padre. Su corazón estaba tan agrietado y endurecido que este hombre no pudo ser transformado ni siquiera por la revelación que había tenido del poder, la gloria y la majestad de Dios. Ciertamente que el corazón y el alma de este hombre estaban muy lastimados. Concluimos que estas lastimaduras y esta idea tan pobre acerca de Dios fueron adquiridas en la casa de Isaac.
Este es el Jacob que sale a formar su propio modelo de familia.
Encontraremos que Jacob tuvo que luchar con muchas de estas características a través de toda su vida. La buena noticia es que sabemos que el Señor lo salvó y lo transformó para poder utilizarlo para la creación de una nación de la que nacería el Salvador del mundo. ¡A Dios sea toda la gloria por su misericordia y su compasión!
Los procesos implantados por Dios para realizar esto requirieron la transformación del modelo de familia que Jacob había desarrollado. Esos procesos también requirieron que otros miembros de su familia se encargaran de restablecer el balance, la homeostasis que esa familia perdió en el camino. Ese modelo, así como los procesos que provocaron esa transformación serán el objeto de nuestras próximas reflexiones.
Advertimos que antes de eso tenemos la necesidad de visitar la teoría de familia propuesta por el Profesor Edwin H. Friedman.
[1] Friedman, Edwin H. 1985. Generation to Generation: family process in church and synagogue. New York, NY: The Guilford Press.
[2] La Biblia dice que Sara tenía 90 años cuando lo dio a luz (Gén 17:17-19; 21:2-5)
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