1056 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 10 de mayo del 2026

1056 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 10 de mayo del 2026
Consejos para una madre que ama al Señor

 
“3 De igual manera, enseña a las ancianas a vivir de una manera que muestre reverencia y respeto a Dios. Diles que no hablen mal de los demás y que no sean esclavas del vino. Deben enseñar el bien 4 para que aconsejen a las más jóvenes a amar cada una a su esposo y a sus hijos. 5 Las jóvenes deben aprender de ellas a tener buen juicio y un corazón puro, a cuidar la casa, a ser amables y a estar dispuestas a servir a su esposo. Así nadie podrá criticar el mensaje que Dios nos dio.” (Tit 2:3-5, PDT)

Hace algunos años, Phillip Yancey escribió un libro acerca del dolor: “Where Is God When It Hurts?” (1977, 1990). Casi al final de ese libro Yancey describe el proceso del nacimiento de una criatura desde la perspectiva del feto. La prosa con la que Yancey presenta esa descripción es simplemente magistral.

“Imagina el nacimiento desde la perspectiva del feto. Tu mundo es oscuro, seguro, protegido. Estás bañado en un líquido cálido y reconfortante. No haces nada por ti mismo. Te alimentan automáticamente, y un murmullo te asegura que alguien más grande que tú satisface todas tus necesidades. La vida consiste en una simple espera; no sabes qué esperar, pero cualquier cambio parece lejano y aterrador. No encuentras objetos punzantes, ni dolor, ni peligros. Una existencia tranquila y serena.
 
Un día sientes un tirón. Las paredes parecen presionarte. Esas suaves paredes acolchadas ahora palpitan violentamente, aplastándote hacia abajo. Tu cuerpo se dobla por la mitad, tus extremidades se retuercen y se deforman. Estás cayendo, cabeza abajo. Por primera vez en tu vida, sientes dolor. Estás en un mar de materia turbulenta. Hay más presión, casi insoportable. Tu cabeza se aplasta, y te empujan con más fuerza hacia un túnel oscuro. ¡Ay, el dolor! Ruido. Más presión.
 
Te duele todo el cuerpo. Escuchas un gemido y un miedo terrible y repentino te invade. Está sucediendo: tu mundo se derrumba. Estás seguro de que es el final. Ves una luz penetrante y cegadora. Unas manos frías y ásperas te agarran, te sacan del túnel y te ponen boca abajo. Un golpe doloroso. ¡Waaaahhhhh! Felicidades, acabas de nacer.”
[1]  (traducción libre)

¿Cuántos de nosotros lo recordamos? Gracias a Dios estos recuerdos no forman parte de nuestro estado consciente. Solo una madre puede recordar esto con cada detalle de lo ocurrido. Esto es así porque ella lo experimentó del otro lado de la historia.

Esta es una de las razones por las que hay una relación inefable entre el bebé y su madrecita. Esto es así porque el proceso de parto libera una hormona que liga a esa mujer y a su bebé de por vida: la oxitocina. Esta hormona multifuncional es esencial para la reproducción, para lactar y para establecer vínculos sociales. Dentro de las muchas funciones que tiene esta hormona también encontramos la de estimular las contracciones para el parto, aumentando la producción de prostaglandinas y la de crear un enlace permanente con la criatura que ha nacido. Dios diseñó esto así.

Una mujer experimenta esto en cada ocasión que va a dar a luz. Esta es una de las razones por las que la maternidad no es una tarea para cobardes. Y como decía James Dobson, tampoco es un trabajo a tiempo parcial.

Luego de la salvación del alma, la maternidad es el privilegio más grande que Dios le ha dado a la humanidad. Las madres son copartícipes en la creación con la ayuda de nuestro Creador. Claro está, definimos la maternidad como algo que va más allá de dar a luz. Cuando nos referimos a la maternidad describimos a esa mujer que luego de haber concebido resuelve que su corazón se convertirá en el mejor salón de clases que podrá tener en la vida esa criatura que lleva en su vientre. Los tesoros que Dios ha puesto en el corazón de una madre, que ama al Señor, son invaluables. Esta es la razón por la que proverbistas españoles decían que una onza de una madre es mejor que una libra de un sacerdote (o de un pastor).

Repetimos que esto describe a alguien que va más allá de dar a luz. Como decía Sydney J. Harris:

La falacia más común entre las mujeres es creer que simplemente tener hijos las convierte en madres, lo cual es tan absurdo como creer que tener un piano las convierte en músicos.

Reconocemos que el desarrollo de una maternidad responsable requiere ser capaz de enfrentar retos nunca antes concebidos. La buena noticia es que todas las épocas de la historia de la humanidad han tenido los suyos. Es cierto que en ocasiones estos retos pueden minar la confianza de cualquier mujer que ha decidido ser madre. La buena noticia incluye que Dios ha hecho provisión de herramientas bíblicas y espirituales para que esa confianza aumente y para lograr que ella sea capaz de cumplir de forma efectiva con los roles de ser madre.

Hace algunos años, Susan Heid[2]decidió escribir un libro acerca de esas luchas constantes que las madres tienen con sus dudas, sus ansiedades y preocupaciones. Susan escribió ese libro procurando responder a las preocupaciones de muchas madres que sienten que no están siendo efectivas, que no poseen las destrezas necesarias para la tarea que Dios ha puesto en sus manos. Por lo general, estas reacciones drenan las energías de esas mujeres que de por sí ya están exhaustas y abrumadas por sus otros roles como mujeres, como trabajadoras, esposas, etc. Los cuestionamientos que emanan de los corazones y las mentes de estas mujeres suelen ser intensos.

Susan presenta en su libro algunas estrategias (31) que pueden ayudar a estas. A continuación, algunas de esas estrategias[3]:

Confiar en ese instinto/sabiduría que Dios ha puesto en ustedes como madres.
“5 Consigue sabiduría y entendimiento; no olvides mis palabras y sigue siempre mis enseñanzas. 6 No te alejes de la sabiduría, pues ella te protegerá; ama la sabiduría y ella cuidará de ti».”
  (Pro 4:5-6, PDT)

Tener un plan: Dios tiene uno y conocerlo garantiza la victoria.
“11 Sé muy bien lo que tengo planeado para ustedes, dice el SEÑOR, son planes para su bienestar, no para su mal. Son planes de darles un futuro y una esperanza. 12 Entonces ustedes me llamarán, vendrán y orarán, y yo los escucharé. 13 Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón.”   (Jer 29:11-13, PDT)

Vivir de acuerdo con las prioridades establecidas, siendo Dios la más importante.
“3» No tengas ningún otro dios aparte de mí.” (Éxo 20:3, PDT)

“5 Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.” (Det 6:5, RV 1960)

No descuidar la salud.
“19 ¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo? Ustedes han recibido al Espíritu de Dios y habita en ustedes. Entonces, ustedes no son dueños de su cuerpo, 20 porque Dios los ha comprado por un precio. Así que, con su cuerpo, honren a Dios.” (1 Cor 6:19-20, PDT)

Hacer ejercicio físico.
“8 «El entrenamiento físico es bueno, pero entrenarse en la sumisión a Dios es mucho mejor, porque promete beneficios en esta vida y en la vida que viene».” (1 Tim 4:8, NTV)

No temer en demostrar tu valentía.
“5 El Señor te entregará a los que viven allí, y tú tendrás que hacer con ellos lo que te ordené. 6 ¡Así que sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni sientas pánico frente a ellos, porque el Señor tu Dios, él mismo irá delante de ti. No te fallará ni te abandonará».” (Det 31:6, NTV)

“7 Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina.”  (2 Tim 1:7, NTV)

Amar en grande.
“4 El amor es paciente y bondadoso. El amor no es envidioso. No es presumido ni orgulloso. 5 El amor no es descortés ni egoísta. No se enoja fácilmente. El amor no lleva cuenta de las ofensas. 6 No se alegra de la injusticia, sino de la verdad. 7 El amor acepta todo con paciencia. Siempre confía. Nunca pierde la esperanza. Todo lo soporta. 8 El amor no tiene fin. Algún día, el don de profetizar cesará. El don de hablar en lenguas se acabará. El de conocimiento se terminará.” (1 Cor 13:4-8, PDT)

Ser agradecida.
“24 Este es el día en que el SEÑOR ha obrado; ¡Alegrémonos y seamos felices en él!” (Sal 118:24, PDT)

Estar llena de la gracia de Dios.
“10 Sin embargo, lo que ahora soy, todo se debe a que Dios derramó su favor especial sobre mí, y no sin resultados. Pues he trabajado mucho más que cualquera de los otros apóstoles; pero no fui yo sino Dios quien obraba a través de mí por su gracia.” (1 Cor 15:10, NTV)

“8 Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. 9 La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. 10 Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás.”  (Efe 2:8-10, NTV)

 “6 Y él da gracia con generosidad. Como dicen las Escrituras: «Dios se opone a los orgullosos pero da gracia a los humildes».” (Stg 4:6, NTV)

Enseñar buenos modales.
“31 Traten a los demás como les gustaría que ellos los trataran a ustedes.” (Lcs 6:31, NTV)

Rodearse de una red de apoyo.
“9 Es mejor ser dos que uno, porque ambos pueden ayudarse mutuamente a lograr el éxito. 10 Si uno cae, el otro puede darle la mano y ayudarle; pero el que cae y está solo, ese sí que está en problemas. 11 Del mismo modo, si dos personas se recuestan juntas, pueden brindarse calor mutuamente; pero ¿cómo hace uno solo para entrar en calor? 12 Alguien que está solo puede ser atacado y vencido, pero si son dos, se ponen de espalda con espalda y vencen; mejor todavía si son tres, porque una cuerda triple no se corta fácilmente.”
(Ecl 4:9-12, NTV)

No ser prisionera de las batallas por el poder; ustedes establecen las reglas, no sus hijos.
"El que no corrige al hijo, lo odia; el que lo ama, lo disciplina a tiempo.” (Pro 13:24, PDT)

Es obvio que no podemos analizar todas las estrategias que Susan presenta en su libro. Nuestra recomendación es que las lectoras lo compren y lo estudien, preferiblemente en compañía de otras madres cristianas. Estamos convencidos de que esos consejos las empoderarán y motivarán para seguir hacia adelante.

Ahora bien, no podemos obviar que la oración es el escenario, la dimensión más importante y decisiva para poder desarrollar la maternidad con efectividad. Billy Graham decía lo siguiente acerca de la oración de una madre:

“Que tu hogar sea tu parroquia, tu pequeña prole tu congregación, tu sala de estar un santuario y tu rodilla un altar sagrado.” (traducción libre)

Otro escenario clave es la poderosa Palabra de Dios. El pasaje bíblico que encabeza esta reflexión (Tito 2:3-5) presenta el consejo paulino que Tito recibió para educar las iglesias que estaban bajo su supervisión. Este consejo, además de fomentar encuentros informales, parece ordenar la creación de una especie de reuniones de estudio o unas tertulias dirigidas por las madres que están en la iglesia y que poseen mucha experiencia. El apóstol Pablo le dice a Tito, uno de sus discípulos, que existen unos requisitos básicos para que esas mujeres puedan liderar esas reuniones. Uno de estos requisitos es que ellas sean capaces de mostrar, “katástēma” (G2688), o sea que se comporten como aquellos creyentes que procuran ser reverentes (“hieroprepēs”, G2412).

La etimología de ese concepto griego, “hieroprepēs”, nos permite conocer que este es uno compuesto. El prefijo utilizado aquí, “hieros” (G2413), significa santo. Además, el análisis de ese prefijo revela que este implica fortaleza, como la de un río.[4] En otras palabras, que cuando lo aplicamos a la santidad descubrimos que no se trata de una santidad nominal ni religiosa. La santidad que se describe aquí es una fortaleza que engalana a aquellos que la poseen. Al mismo tiempo, se trata de una santidad que fluye como un río y con la fuerza de este. No olvidemos que un río lleno y acaudalado es capaz de echar a un lado cualquier cosa que trate de entorpecer su camino. Así mismo es el fluir de la santidad que nos regala Dios. Podemos experimentar lo que experimenta un río cuando el caudal de este aumenta: nada puede detener nuestra peregrinación para alcanzar la voluntad y el propósito de Dios.
 
Los recursos académicos nos informan que el concepto “hieros” era constantemente combinado en la Grecia antigua con el sinónimo “theios” (G2304) que significa que viene de Dios[5]. O sea, que no se trata de una santidad adquirida por obra, sino recibida de la mano de Dios.

El prefijo “prepēs” (del griego “prepō”, G4241) describe elevación, ser devoto, piadoso y ser conspicuo. O sea, algo que es visible, ilustre y/o sobresaliente.

El Diccionario Teológico del Nuevo Testamento (Kittel) dice que la combinación de ambos conceptos no describe aquello que corresponde a un santo, sino aquello que se relaciona con el “hierón” (G2411). El “hierón” era uno de los conceptos que los griegos utilizaban para describir un recinto sagrado, el templo, el ministerio, la acción sagrada, lo religioso y, finalmente, la divinidad. Dicho de otra forma, esto significa aquello que es sagrado o reverencial.[6] Estos datos nos permiten concluir que las ancianas que Pablo describe aquí son como un templo: santas y reverentes. Además, ellas inspiran santidad y reverencia.

Pablo añade a todo esto que ese respeto y esa reverencia se le deben a Dios.

Sabemos que los resultados de esta clase de relación con Dios son conocidos públicamente. También sabemos que la humildad y la mansedumbre son las características que encontramos en aquellos que abrazan la santidad como un estilo de vida.

Debemos entender que ese nivel de relación con Dios no provee espacio para ser esclavos del vino, ni prisioneros de aquellas conversaciones que no son edificantes.

Otro consejo paulino es que esas mujeres sean buenas maestras (“kalodidaskalos”, G2567): maestras de aquello que es bueno y que es correcto.[7]
 
¿Cómo se logra esto último? Hay una historia en el Libro del Éxodo que describe cómo Dios se insertó en la peregrinación del pueblo de Israel de modo que ellos pudieran ser capaces de realizar una tarea muy especial. Esa tarea era la de crear, construir, elaborar y desarrollar todos los componentes que tenían que formar parte del Tabernáculo de reunión. El Señor le había revelado de manera específica a Moisés todas las cosas que tenían que formar parte de ese lugar sagrado: desde lo más imponente como el Arca del Pacto hasta los utensilios más sencillos y diminutos. La narrativa bíblica que describe esto implica que los años de esclavitud en Egipto no propiciaron el desarrollo de personas diestras en esta clase de tarea: orfebres, artistas especialistas en el trabajo con los metales, etc. En otras palabras, no había muchos artesanos en Israel con esta clase de destrezas. El texto bíblico describe que Dios resolvió esto llenando de su Espíritu a dos (2) personas con “sabiduría, inteligencia en ciencia y en todo arte” (Éxo 35:31, RV1960). No sólo eso, sino que el texto bíblico dice que Dios puso en el corazón de esas dos (2) personas el que pudieran ser capaces de enseñar.

“30 Luego Moisés dijo al pueblo de Israel: «El Señor ha escogido específicamente a Bezalel, el hijo de Uri y nieto de Hur, de la tribu de Judá. 31 El Señor llenó a Bezalel del Espíritu de Dios, y le dio gran sabiduría, capacidad y destreza en toda clase de artes manuales y oficios. 32 Él es un maestro artesano, experto en trabajar el oro, la plata y el bronce. 33 Es hábil en grabar, en incrustar piedras preciosas y en tallar madera. ¡Es un maestro en todo trabajo artístico! 34 El Señor les ha dado tanto a él como a Aholiab, hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan, la capacidad de enseñar a otros sus habilidades técnicas”  (Éxo 35:30-34, NTV)

Esto es lo mismo que Dios hace con una madre: la convierte en maestra. Esa capacidad aumenta de una manera inigualable cuando esa mujer está llena de la presencia de Dios. No olvidemos que enseñar es una de las funciones que más nos hace parecernos a Cristo. Esto es así porque uno de los nombres de nuestro Señor es Maestro. Así que una madre que decide enseñar está modelando lo mucho que se parece a Cristo.

Estamos procurando encontrar respuestas para esta pregunta: ¿cuál es la herramienta indispensable para realizar esta tarea? Sin duda alguna que esa herramienta es la Palabra de Dios. La Biblia dice lo siguiente acerca de sí misma:

“16 Toda la Escritura es un mensaje enviado por Dios, y es útil para enseñar, reprender, corregir y mostrar a la gente cómo vivir de la manera que Dios manda, 17 para que el siervo de Dios esté listo y completamente capacitado para toda buena obra.” (2 Tim 3: 16-17, PDT)

¿Qué cosas dice Pablo que deben ser enseñadas? Una de las cosas que Pablo puntualiza aquí es que hay que enseñar (“sōphronizō”, G4994) es el amor (“philandros”, G5362) al esposo y el amor (“philoteknos”, G5388) a los hijos.[8] Es obvio que estas son dos (2) manifestaciones distintas del amor. Un dato curioso es que Pablo señale que estos amores deben ser enseñados y aprendidos.
 
Es muy interesante el dato de que el vocablo griego traducido aquí como enseñar (“sōphronizō”, G4994) es utilizado con frecuencia en la Biblia para describir la prudencia, la cordura y el juicio cabal. En otras palabras, que esta clase de enseñanza es más un testimonio que lo que se hace en una clase formal.

Él añade que hay que enseñar el auto control (“sōphronas”, G4998), la pureza (“hagnás”, G53), el cuidado de la casa (“oikouros”, G3626), la amabilidad (“agathas”, G18) y el balance del respeto (“hupotássō”, G5293) que debe existir en la relación matrimonial. Es importante destacar que Dios no le exige menos a los padres.

Repetimos este pasaje dice que todo esto puede ser aprendido y que necesita ser enseñado.

El Apóstol Pablo cierra esa perícopa afirmando que el testimonio de la Iglesia del Señor depende de que este sea el estilo de vida que se practica en la iglesia: “…Así nadie podrá criticar el mensaje que Dios nos dio” (Tito 2:5).

Hoy se celebra el día de las madres en nuestro país. Es nuestro deseo y nuestra oración que el Señor continúe bendiciendo a aquellas mujeres a las que Él les ha concedido el privilegio de la maternidad, sea por haber concebido y parido una criatura o porque el Todopoderoso les ha concedido el privilegio y la responsabilidad de criar a una criatura.

Oramos para que el regalo más grande que puedan recibir hoy venga del Padre de las luces, de quien desciende todo don perfecto (Stg 1:17). Oramos para que se cumpla en ustedes lo que Dios ha prometido.

“13 Dios está obrando entre ustedes. Él despierta en ustedes el deseo de hacer lo que a él le agrada y les da el poder para hacerlo.”  (Fil 2:13, PDT)
 


[1] Yancey, Philip. Where Is God When It Hurts? Zondervan. Kindle Edition, (pp. 258-259)
[2] https://theconfidentmom.com/
[3] Heid, Susan. Become the Confident Mom You’ve Always Wanted to Be - 31 strategies to improve your confidence as a woman, mother, and family manager. Kindle Edition.
[4] Schrenk, G. (1964–). ἱερός, τὸ ἱερόν, ἱερωσύνη, ἱερατεύω, ἱεράτευμα, ἱερατεία, (-ία), ἱερουργέω, ἱερόθυτος, ἱεροπρεπής, ἱεροσυλέω, ἱερόσυλος, ἱερεύς, ἀρχιερεύς. En G. Kittel, G. W. Bromiley, & G. Friedrich (Eds.), Theological dictionary of the New Testament (electronic ed., Vol. 3, pp. 221–222). Eerdmans.
[5] Op.cit.
[6] Op.cit., p. 253.
[7] Louw, J. P., & Nida, E. A. (1996). En Greek-English lexicon of the New Testament: based on semantic domains (electronic ed. of the 2nd edition., Vol. 1, p. 415). United Bible Societies.
[8] El texto griego incluye ambos tipos de amor. Algunas traducciones bíblicas también lo hacen.







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