1046 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 1 de marzo del 2026

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Familias dirigidas por el Espíritu Santo: un marco teórico para el análisis de la familia de Jacob


“28 Estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que su padre dijo a sus hijos al despedirse de ellos. Los bendijo con un mensaje apropiado para cada uno. 29 Entonces Jacob les dio las siguientes instrucciones: «Yo moriré pronto y me uniré con mis antepasados. Entiérrenme junto con mi padre y mi abuelo en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita. 30 Es la cueva del campo de Macpela, cerca de Mamre, en Canaán, la cual Abraham compró a Efrón el hitita como lugar de sepultura permanente. 31 Allí están enterrados Abraham y su esposa Sara; allí también están enterrados Isaac y su esposa Rebeca; y allí enterré a Lea. 32 Es la parcela de tierra y la cueva que mi abuelo Abraham les compró a los hititas». 33 Cuando Jacob terminó de dar este encargo a sus hijos, metió los pies en la cama, dio su último suspiro y se reunió con sus antepasados al morir.” (Gén 49:28-33, NTV)

En nuestra reflexión anterior comenzamos a analizar el modelo de la familia de Jacob. Esta reflexión fue dedicada casi en su totalidad a la revisión del contexto familiar de donde surgió este patriarca bíblico. Esto es, el modelo de la familia de Isaac.

Nos parece impresionante e impactante el alto nivel de disfuncionalidad que encontramos en la casa de Isaac. Aún más las manifestaciones de la misericordia y el favor de Dios exhibidos en esta. Estas pueden ser encontradas en el hecho de que el Señor haya utilizado ese contexto familiar, con “sus arrugas y verrugas,” para el cumplimiento de las promesas que Dios le hizo a Abraham. En otras palabras, encontramos manifestaciones plenas de estas en el hecho de que Dios haya decidido utilizar el linaje de esa familia para regalarnos la nación de Israel y sobre todo, a Cristo: el Señor y Salvador del mundo.
Es importante destacar que Jacob emerge de ese modelo de familia para establecer y desarrollar el suyo. Los eventos que ocurren en la casa de Jacob, los conflictos que surgen y/o que sus miembros enfrentan, los procesos para la toma de decisiones y todas las interacciones que la Biblia relata sobre esa casa están matizados e influenciados por el modelo de familia del que él emerge.

La porción bíblica que aparece en el epígrafe de esta reflexión nos muestra un “final feliz” y dichoso para Jacob frente a su familia. Ese pasaje bíblico nos dice que Jacob muere lleno de días y rodeado por los suyos. De hecho, este patriarca muere dando instrucciones. No obstante, las narrativas bíblicas nos permiten conocer que el peregrinaje de esta familia fue uno muy accidentado. En otras palabras, la historia que relatan los versos que encontramos en el capítulo 49 del libro de Génesis son el resultado de la intervención divina y de la disposición de varios miembros de la familia de Jacob para obedecer y someterse a la voluntad del Señor.

Ahora bien, nos parece que la teoría de sistemas de familia que ofrece las mejores explicaciones teóricas y los mejores principios fundamentales para el análisis del modelo de familia de Jacob es la propuesta por Edwin Howard Friedmann (1932–1996): “Family systems theory” o “Model of Family Systems Thinking”. Friedman fue un rabino judío, fundador de la congregación Bethesda en Washington D.C. que se especializó en terapia de familias y en liderazgo congregacional. Uno de sus libros, “Generation to Generation: family process in church and synagogue”,[1] se convirtió en un clásico sobre teorías de sistemas familiares, toda vez que se enfocaba en el comportamiento de familias que asisten a las iglesias y a las sinagogas.
 
A grandes rasgos, una teoría es una sugerencia o especulación sobre por qué ocurre algo y puede basarse en diversas filosofías, por ejemplo, «cuando esto ocurre, sucede lo siguiente» o «en esta situación, esto es lo próximo que debe ocurrir porque….».

Veamos una definición formal de este concepto:

“…una teoría es una serie de leyes que dan cuenta de un determinado fenómeno del universo, y que involucran normalmente tres elementos:
 
  • Un conjunto de hipótesis comprobadas, que sirven de punto de partida;
  • Un campo de aplicación, o sea, las cosas que explica la teoría;
  • Un conjunto de reglas que permiten extraer consecuencias válidas de las hipótesis.
 
Como se verá, cuando hablamos de una teoría, especialmente en el campo de las ciencias, no estamos hablando de una especulación, ni de una ocurrencia o una explicación posible entre muchas, sino de un verdadero entramado lógico de evidencias, argumentaciones y demostraciones que constituyen un sistema unificado. Al contrario de lo que su utilización popular sugiere, una teoría es lo más cerca que se puede estar científicamente de la verdad.
 
Tipos de teoría


 A grandes rasgos, podemos distinguir tres tipos de teorías, que son:
  • Descriptivas,
    • que identifican y detallan los rasgos de uno o varios acontecimientos o fenómenos bajo estudio. Buscan crear un modelo objetivo que refleje el accionar de la naturaleza.

  • Explicativas, 
    • que abarcan dos o más fenómenos distintos para hallar la correlación entre ellos y determinar las leyes fundamentales que contienen su relación. Son aquellas que intentan construir relaciones de causa y efecto.

  • Predictivas, 
    • que a partir de una relación causa y efecto ya descrita y explicada, se dedican a la inducción, o sea, a la extrapolación y la proyección de fenómenos posibles o de vínculos insospechados entre fenómenos. Procuran conectar puntos lejanos en la matriz de la realidad.”[2]

La teoría de familia que esbozó Friedman es una de varias propuestas teóricas que pueden ayudarnos a entender por qué ocurrieron los eventos que Jacob y su familia tuvieron que enfrentar. Esta también nos ayudará a comprender muchas de las reacciones que se observan en sus miembros. Arribamos a la conclusión de que esta es la más adecuada para analizar este modelo de familia luego de examinar algunas de las otras teorías de familia que se han esbozado. Tenemos que admitir que el contexto religioso en el que Friedman desarrolló la misma pesó mucho en nuestra decisión.

Una nota editorial muy importante que tenemos que compartir es que Dios no necesita teorías ni modelos para llevar a cabo su voluntad. Somos nosotros los que necesitamos estos marcos teóricos-científicos para poder entender mejor lo que la Biblia nos está comunicando. En este caso, lo relacionado a los modelos de familia.

Es necesario que presentemos algunos puntos vitales de la teoría de Friedman con la finalidad de conocer porqué es que esta es tan pertinente para el análisis de la familia de Jacob. La presentación de estos puntos no pretende sustituir la necesidad de estudiar la totalidad de esta teoría. Es obvio que esta plataforma de reflexiones pastorales y teológicas no es la adecuada para hacer esto último.[3]

Comenzamos señalando que Friedman comenzó a desarrollar esta teoría motivado por las historias de angustias narradas por ministros, rabinos, sacerdotes y monjas cuando ellos explicaban los conflictos que encontraban en los miembros de sus congregaciones. Friedman también destaca las luchas jerárquicas que estos conflictos provocan en las congregaciones y la ambivalencia que experimentan los miembros y los ministros de esas congregaciones en sus respectivos senos familiares.

Las similitudes entre estas historias lo condujeron a arribar a dos (2) conclusiones. En primer lugar, que la familia es una experiencia “ecuménica” (en el sentido amplio de este concepto). Esto es, que las situaciones y los conflictos de familia trascienden los lineamientos y las fronteras religiosas. Todas las familias enfrentan problemas entre sus miembros sin importar cuál sea su trasfondo religioso. En segundo lugar, que aquello que más provoca la unidad de los líderes espirituales no son sus creencias o prácticas, sino los factores que contribuyen al estrés que todos ellos sufren.[4] En este caso, el estrés producido al tratar de ayudar a las familias que componen sus congregaciones.
 
Uno de los énfasis o premisas fundamentales que Friedman imprime en su teoría es que él ve la familia como una unidad. Por lo tanto, que la aplicación y la orientación de la terapia de familia no puede enfocarse en aquel miembro que presenta alguna sintomatología. Friedman insiste en que hay que ver la familia como un todo. Él subraya que las psicodinámicas individuales que encontramos en estas tienen que ser consideradas dentro del contexto familiar como reacciones o respuestas a este. Esa premisa provoca esta otra: Friedman señala que cada persona en una familia desempeña un papel en la forma en que funcionan las demás personas en ese sistema familiar. En otras palabras, la familia opera igual que una organización en donde el funcionamiento de cualquier miembro, incluyendo al líder, desempeña un papel significativo en el funcionamiento de los demás miembros de esta.

Friedman también hace énfasis en el poder de la “presencia” del líder de una familia u organización. Para él, esa “presencia” es la huella de confianza, aplomo, porte, calma, concentración y energía que ese líder deja dondequiera que va: un espíritu, una esencia y un impacto afectivo que impregna una organización. Friedman señala que esa presencia se relaciona con la madurez emocional, la disposición para asumir la responsabilidad de su propia existencia emocional, de su propio destino y de las variables cruciales que tiene que manejar para poder alcanzar el éxito como líder.

Hay un elemento importante de la teoría de familia que propone Friedman que debe ser considerado aquí. Se trata del concepto de la auto diferenciación en el líder de la familia. La auto diferenciación es un proceso psicológico y emocional de madurez que permite a un individuo definir su propio "yo", separado de las emociones y opiniones de los demás, especialmente en el contexto familiar. Implica mantener la individualidad y autonomía emocional incluso en relaciones estrechas o bajo presión, fomentando relaciones más sanas y estables.

La auto diferenciación no es solo la separación física, sino la capacidad de mantener el autocontrol y la identidad propia dentro del sistema emocional.
 Friedman lo describe utilizando características y ejemplos que encontramos en las grandes figuras que se destacaron en el Renacimiento (1300- 1600).[5] Esta fue una época después de la Edad Media en la que resurgió el interés por los clásicos grecorromanos, los descubrimientos científicos y la exploración de otros continentes. El estudio de la vida de muchos de los gigantes que vivieron en esa época condujo a Friedman a llegar a las siguientes conclusiones sobre la conducta y la personalidad de ellos. 
  
  • desarrollaron la capacidad de separarse de los procesos emocionales circundantes.
  • desarrollaron la capacidad para obtener claridad sobre los principios que regían sus vidas, así como la visión adecuada de sus proyectos o retos.
  • desarrollaron la disposición para exponerse y ser vulnerables.
  • desarrollaron la persistencia para enfrentar la resistencia inercial.[6]
  • desarrollaron la autorregulación de las emociones ante el sabotaje reactivo.

La suma de estas características es definida por Friedman como auto diferenciación. Un líder de familia que es efectivo posee esta cualidad.

Estas características pueden ser encontradas en los líderes de comunidades religiosas (pastores, rabinos, sacerdotes). Enfatizamos que las comunidades religiosas operan como familias de la fe.

En el caso de los líderes congregacionales Friedman señala que nuestra participación con las familias de la iglesia durante los ritos de iniciación (“rites of passage”), eventos de los ciclos vitales tales como las bodas, partos, quinceañeros, funerales, nos convierte en figuras vitales para ayudar en la terapia de familia. Dice él que estos ritos constituyen los momentos más propicios para integrar y transformar cualquier sistema familiar. Él afirma que los eventos de los ciclos vitales son "bisagras del tiempo" en las que las puertas pueden abrirse o cerrarse durante generaciones.[7] Friedman añade a esto la importancia que poseen los años en los que estamos relacionándonos con estas familias. Él afirma que esta es una de las razones por la que los líderes congregacionales pueden ser tan efectivos al enfocarse en el sistema de relaciones familiares en general, en vez de en las psicodinámicas de algunos de sus miembros.[8] Él añade que somos mucho más efectivos cuando hemos desarrollado las características de líderes auto diferenciados.

Ver la familia como una organización también conduce a Friedman a analizar la familia como un sistema vivo, en el que líderes y seguidores están íntimamente conectados a través de un campo emocional que ellos han creado. En este sistema se producen efectos positivos o negativos para la salud de la organización.

Él hace mucho énfasis en el concepto del campo emocional en su teoría de familia. Él decía que los miembros de una organización están entrelazados en un sistema de procesos emocionales en espiral, un campo emocional similar a un campo magnético[9]. Sobre esto último, el Dr. David Cox ha dicho lo siguiente:

“El modelo de liderazgo de la teoría de campos enfatiza el efecto de la presencia diferenciada de un líder en los procesos emocionales del sistema, la medida en que los líderes se expresan ante los demás y distinguen entre sí mismos y las personas que los rodean. Friedman (1996a, 1996b, 1999) se preocupó especialmente por los campos emocionales creados por líderes que valoran la unión por encima de la individualidad, la creatividad o la imaginación. Observó que «cuando un miembro autodirigido, imaginativo, enérgico o creativo (en un nivel inferior de la jerarquía organizacional) se ve constantemente frustrado y saboteado en lugar de animado y apoyado, el 100 % de las veces será cierto que, independientemente de si los disruptores son supervisores, subordinados o compañeros, la persona en la cima de esa institución será un pacifista» (1996b, pp. 35-36), una persona que cree que los buenos sentimientos son más importantes que el progreso y que se esfuerza al máximo por evitar la ansiedad y el conflicto a toda costa.”[10]

Friedman afirma que los seguidores no tienen que observar directamente a un líder, ni siquiera ser parte de una jerarquía directa en la "cadena de mando", para verse afectados, positiva o negativamente por lo que sucede en ese sistema. El funcionamiento y la dirección que el líder le imprime a esa organización, en este caso a su familia, es más que suficiente para impactar a los miembros de esta. Él dice que estos lo seguirán dondequiera que él vaya. Esto será así si el líder (es decir, la cabeza) de una organización define claramente la dirección que sigue y si este se mantiene conectado con los miembros de esta. En estos casos la relación de causa-efecto será automática.

Simultáneamente, un líder debe ser consciente de que no se puede lograr un cambio en una organización sin alterar la homeostasis de esta. Este es un concepto clave en esta teoría. ¿Qué es la homeostasis?

Homeostasis: la tendencia de cualquier conjunto de relaciones a esforzarse perpetuamente, de forma autocorrectiva, por preservar los principios organizadores de su existencia.”[11]

Este elemento es vital para que una familia exista. Debemos entender que hace falta cierta clase de balance para que esta pueda mantener la continuidad necesaria para conservar su identidad. Regularmente, este balance es sostenido por algún miembro o alguna combinación de miembros de esta. En el sur de los Estados Unidos se conoce a esta persona como el “cane tapper”, aquella persona que golpea el suelo con su bastón cuando va a decir algo importante. La tradición sureña destaca que generalmente todos los presentes hacen silencio cuando esto ocurre para poder prestar atención y escuchar lo que esta persona va a decir.

Friedman señala que algo extraordinario ocurre cuando esta persona desaparece o deja de realizar sus funciones. Él afirma que por lo general es aquí que se pierde la homeostasis en la familia y que este desplazamiento provoca que surja la figura de lo que él llama “paciente identificado.”[12] Esto es, que uno o más de los miembros de la familia comenzarán a presentar comportamientos y/o conductas[13] que no son típicas en esa familia o que abrazarán conductas tales como uso de sustancias, uso de la violencia, distanciamiento de la familia, etc.

Debemos señalar que se necesita una enorme cantidad de energía para desequilibrar un sistema. Sin embargo, es sumamente importante entender que el sistema debe alterarse significativamente para lograr un cambio. Esta alteración podría producir que algún síntoma se desencadene de forma involuntaria. Por ejemplo, los provocados por un problema personal, por tensiones en las relaciones, por la salud de un miembro y/o su comportamiento disfuncional. Esto, generalmente, provocará que un miembro de la familia se reubique en una posición distinta dentro de la organización familiar.

Friedman realiza una serie de recomendaciones para tratar con estas situaciones. Una de estas es que hay enfocarse (centrarse) en los procesos (incluyendo los emocionales), en lugar de enfocar en el contenido sintomático que observamos en el miembro de la familia que presenta cambios en su conducta y/o en su comportamiento. Otra, que tenemos que ver los efectos de estos procesos como partes integrales de las estructuras familiares en lugar de verlos como un punto final en las cadenas lineales de las causas o las fuentes de los problemas que enfrentamos como familia. Él añade que hay que procurar eliminar los síntomas modificando la estructura de la familia en lugar de intentar cambiar directamente la parte disfuncional de esta.

Friedman también aconseja que se procure predecir el funcionamiento (en la estructura) de un miembro determinado de esa familia. Esto, dice él, no debe realizarse analizando la naturaleza de ese miembro. Él sugiere que esto debe hacerse observando la posición que ese miembro ocupa en el sistema familiar. Estaremos presentando ejemplos de esto en nuestro análisis de la familia de Jacob.

Veamos por qué Friedman destaca este dato en su teoría de familia. Hay especialistas en la conducta humana que han comprobado que el orden de nacimiento promueve conductas que podemos clasificar como típicas o esperadas.

Por ejemplo, sabemos que los primogénitos tienden a ser perfeccionistas, batallan para llenar las expectativas que se tienen de ellos y que por lo general son confiables y más conscientes de las situaciones. Generalmente, a ellos les gusta hacer listas, organizar los sistemas, son críticos y casi siempre son muy serios. Se ha identificado que la mayoría de ellos cree en la autoridad, en los rituales y que suelen ser conservadores. Además, se ha comprobado que los primogénitos tienden a ser legalistas, que procuran que las cosas se hagan por “el libro,” y que desarrollan la tendencia a ser leales y a ser auto suficientes. Al mismo tiempo, a la mayoría de estos no les gustan las sorpresas, casi siempre son “goal oriented” (dirigidos por metas para alcanzar) y que se inclinan a ser dominantes, negociadores e influyentes.

En cambio, los hijos que nacen en el medio son muy difíciles de clasificar. Ellos tienden a ser una pléyade de contradicciones. Es muy complicado determinar o de descifrar hacia dónde irán. Muchos de ellos tienen la propensión a rebotar en la dirección contraria al primogénito. Se ha comprobado que por lo general ellos pueden ser los más monógamos de todos. Muchos especialistas subrayan que los mueve el deseo de hacer que alguna relación en su vida funcione: para ellos. Son competentes, negociadores naturales y se inclinan a buscar solaz en otros fuera de la familia inmediata.

Los menores desarrollan la tendencia a ser los payasos del hogar o aquellos que procuran entretener a los demás. Casi siempre se sienten rechazados, o que no son tomados en serio. Ellos son impactados con frecuencia con frases tales como: “ustedes son los menores”, “los más jóvenes”, “los más débiles,” “los de menos experiencia”, “los menos capaces.” Por lo general se les dice lo que tienen que hacer. Esto ocurre así hasta que descubren su independencia. Es entonces que desarrollan la tendencia a vivir para demostrarle a la familia que ellos sí son capaces. Usualmente se convierten en personas extrovertidas (“outgoings”) que se expresan muy bien. La mayoría de ellos se comportan en sus trabajos como veleros movidos por el viento de la empresa en la que trabajan. O sea, que fluyen y procuran sentirse a gusto allí. Además, por lo general son orientados hacia las personas (“people oriented”).

Estos datos tienen enormes implicaciones para los enfoques de la consejería prematrimonial que se centran en la posición de los novios en sus respectivas familias de origen. Friedman señala que no podemos descartar la importancia de estos datos. No obstante, él señala que hay que enfocarse en la adaptación de las personalidades de estos dentro de la estructura familiar de la que provienen.[14]

Nuestra próxima reflexión nos colocará en una mejor posición para manejar esta teoría. Tal y como hemos compartido en reflexiones anteriores, el análisis de la familia de Jacob nos permitirá observar cómo se pierde la homeostasis en esta. También veremos cómo Dios inserta su mano de misericordia para provocar que esa familia pudiera recuperar ese equilibrio o balance. Además, veremos transformaciones en la estructura de esa familia que fueron esenciales para poder dar a luz una nación: la de Israel, así como para ser la matriz de donde nació Jesucristo, el Salvador del mundo.


 
[1] Friedman, Edwin H. 1985. Generation to Generation: family process in church and synagogue. New York, NY: The Guilford Press.
[2] https://concepto.de/teoria/
[3] Hay algunos resúmenes ejecutivos muy buenos. Uno de estos, escrito por el Dr. David Cox, “The Edwin Friedman Model of Family Systems Thinking: Lessons for Organizational Leaders.” (https://pdfs.semanticscholar.org/9ac8/53d5ffae6aecbac2a8ada006b4ddd0f4a326.pdf)
[4] Friedman, Edwin H. 1985, Op.cit., p.1
[5] https://www.britannica.com/event/Renaissance
[6] La resistencia adicional que hace el medio para que algo que está fluyendo continúe su curso (https://glossary.slb.com/terms/i/inertial_resistance).
[7] Op.cit., pp. 5-6.
[8] Op.cit., p.12
[9] Wheatley, M. J. (1999). Leadership and the new science: Discovering order in a chaotic world. (2nd Ed.). San Francisco: Berrett-Koehler
[10]  Cox, David. “The Edwin Friedman Model of Family Systems Thinking: Lessons for Organizational Leaders.” (https://pdfs.semanticscholar.org/9ac8/53d5ffae6aecbac2a8ada006b4ddd0f4a326.pdf)
[11] Op.cit. p.23.
[12] Op.cit. pp 21-80.
[13] Aunque los términos “conducta” y “comportamiento” se utilizan a menudo de manera intercambiable, tienen significados distintos en el ámbito de la psicología. La conducta se refiere a acciones observables y medibles, mientras que el comportamiento incluye tanto acciones como procesos internos que influyen en esas acciones. Comprender estas diferencias puede ayudar a analizar mejor cómo las personas actúan y se relacionan con su entorno.
[14] Op.cit., p. 18








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