1053 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 19 de abril del 2026

1053 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 19 de abril del 2026
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob -Parte VI


“39 Los ismaelitas se llevaron a José a Egipto. Un egipcio llamado Potifar, capitán de la guardia del faraón, lo compró. 2 El SEÑOR estaba con José e hizo que fuera un hombre muy exitoso. José vivió en la casa de su amo egipcio, 3 quien se dio cuenta de que el SEÑOR estaba con José y que el SEÑOR hacía que le fuera muy bien en todo. 4 José complacía a su amo y este nombró a José su asistente personal. Lo puso a cargo de la casa y todas sus otras posesiones. 5 El SEÑOR bendijo la casa de ese egipcio desde el momento en que él puso a cargo de José todas sus posesiones. El SEÑOR bendijo a Potifar en todo lo que tenía, tanto en la casa como en el campo. 6 Entonces entregó todo a cargo de José y no prestaba atención a nada que no fuera la comida que él mismo consumía. José era un hombre muy apuesto y de buena figura. 7 Un tiempo después, la esposa de su amo comenzó a fijarse en José y le dijo: —Acuéstate conmigo. 8 Pero José se rehusó y le dijo a la esposa de su amo: —Mire, conmigo mi señor no tiene nada de qué preocuparse en la casa. Me dio todas sus posesiones para que yo las cuidara. 9 No hay nadie en esta casa que se iguale a mí. Lo único que él me ha negado es a usted, porque es su esposa. ¿Cómo puedo yo hacerle a él algo tan malo y cometer un pecado ante Dios? 10 A pesar de que ella hablaba con él día tras día, no lo convenció de que se acostara con ella. 11 Un día, cuando José regresó de trabajar a la casa, no había ningún otro esclavo adentro. 12 Entonces ella lo agarró de su ropa y le dijo: —¡Acuéstate conmigo! Pero él dejó su ropa en las manos de ella y salió huyendo. 13 Cuando ella vio que él había dejado la ropa en sus manos y salido huyendo, 14 llamó a los siervos de su casa y les dijo: —Miren, mi esposo trajo a este hebreo para que nos insultara. Él vino a donde yo estaba para tratar de tener relaciones sexuales conmigo, pero yo grité fuerte. 15 Cuando oyó que yo había gritado, dejó su ropa al lado mío y salió corriendo. 16 Después ella se quedó con la ropa de José hasta que llegó su esposo. 17 Luego le contó la misma historia: —El siervo hebreo que trajiste vino a aprovecharse de mí. 18 Pero cuando grité, dejó su ropa al lado mío y huyó hacia afuera. 19 El amo de José escuchó lo que le dijo su esposa y se enfureció. 20 Entonces lo agarró y lo puso en la prisión donde metían a los prisioneros del rey, y José quedó encarcelado. 21 Pero el SEÑOR estaba con José y lo ayudó haciendo que se ganara la confianza del carcelero....”  (Gén 39:1-21, PDT)

La saga de José nos ha cautivado. Esta es la historia más larga que encontramos en todo el
Antiguo Testamento. Este joven, que fue vendido por sus hermanos, arribó a Egipto para
enfrentarse a un nuevo mundo con una cultura completamente diferente a la suya. No solo se trataba de las diferencias en el idioma y en las prácticas de la fe, sino que él se encontró batallando, entre otras cosas, con las diferencias entre su estilo de vida y el de la capital del imperio egipcio.

Con toda probabilidad, la caravana de ismaelitas que lo llevó a Egipto (Gén 39:1) formaba parte de los grupos que transportaban especies y resinas aromáticas (incienso, mirra, y otros) entre la India y el Medio Oriente. Por lo general, estos grupos de mercaderes eran identificados con los mismos nombres: madianitas, ismaelitas, árabes.[1] De estos datos académicos se desprende que no hay diferencia alguna entre el grupo que compró a José (Gén 37:36) y el grupo que lo vendió en Egipto (Gén 39:1).

“36 Y los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia.”  (Gén 37:36, RV 1960)

“1 Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá.” (Gén 39:1)

Como hemos visto en reflexiones anteriores, la Biblia dice que José era un joven de diecisiete (17) años cuando llegó a esa ciudad imperial.

“2 Esta es la historia de la familia de Jacob: José, siendo de edad de diecisiete años, apacentaba las ovejas con sus hermanos; y el joven estaba con los hijos de Bilha y con los hijos de Zilpa, mujeres de su padre;” (Gén 37:2a).

Repasemos este punto una vez más. El Señor seleccionó a un joven de esa edad para comenzar a procesarlo de tal modo que pudiera convertirse en un instrumento de honra en sus manos. Esa vasija frágil e inmadura tenía que ser trabajada por el Divino Alfarero de modo que pudiera ser capaz de hacer tres (3) cosas:
 
  • devolver el balance a su familia paterna para que fueran capaces de ver el cumplimiento de las promesas divinas.
  • diseñar y ejecutar una estrategia a corto y a mediano plazo para encaminar esa familia hacia el futuro que Dios les había prometido.
  • diseñar y ejecutar planes estratégicos que pudieran salvar al imperio al que él acababa de llegar.

Sin duda alguna que la presencia activa del Señor era la única forma de poder realizar todo esto.

La intervención de la mano del Altísimo era más que necesaria para abrir puertas, cerrar puertas, brindar el discernimiento y las respuestas necesarias ante cada situación que José enfrentaría. La saga de José presenta múltiples expresiones que afirman esa intervención. La intervención de esa mano celestial tenía que proveer la inteligencia y la sabiduría para orquestar todo lo que sería necesario para lograr esto. Al mismo tiempo, Dios tenía que provocar todos los espacios y las oportunidades para que ese joven pudiera ser sensible a la voz del Creador de los cielos y de la tierra.

Las palabras del Profeta Jeremías nunca han perdido su relevancia y mucho menos en los contextos que acabamos de describir:

“5 Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿6 No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.” (Jer 18:5-6, RV1960)

En las narrativas acerca de José encontraremos que el Señor tenía que transformar a este joven. Además, veremos que el Señor había escogido un ambiente pagano, en ocasiones cruel e inusitado para lograr esto. Esa transformación era vital para el desarrollo de todos estos proyectos proféticos. No olvidemos que Dios contaba con este joven para el desarrollo de una tarea que cambiaría el rumbo de la historia de la humanidad. José no sabía esto. Nosotros gozamos del privilegio de saber cómo termina esta historia. En cambio, José no gozaba de esta ventaja.

Esta metodología divina no ha cambiado. Dios continúa atrayendo y reclamando para sí, procesando y transformando niños, jóvenes, adultos y ancianos que Él desea utilizar para cumplir sus promesas. A menudo, Dios permite que estos sean posicionados en ambientes muy difíciles y utilizar estos para cumplir sus propósitos. Ninguno de ellos goza del privilegio de conocer en detalle cómo terminará su historia, en cambio, Aquél que los llamó conoce esto y ha prometido ser fiel a todas sus promesas.

Algunos comentaristas bíblicos han afirmado que los capítulos 39 al 42 del libro de Génesis son una sección independiente en la saga de José en Egipto. En estos vemos a José insertado en sus miserias y en sus procesos de transformación, para luego verle siendo exaltado por la gracia y la misericordia de Dios.[2]

La versión Reina Valera de 1960 de la Biblia dice que José fue llevado (“hū-raḏ”, H3381)[3] a Egipto. El concepto hebreo utilizado aquí significa descender, ir de la montaña al valle, ir a una batalla, al piso en donde se hace una trilla.[4] Un ejemplo de su uso lo encontramos cuando vemos que este es el mismo concepto que se utiliza para describir las instrucciones que recibió Urías de “descender” a su casa desde el palacio del rey David cuando fue invitado por ese rey (2 Sam 11:8-9). Los estudiosos bíblicos recordarán que esto formaba parte de un ardid de David para tratar de engañar y entrampar a su súbdito. En otras palabras, que ese concepto en ocasiones es utilizado para describir algo más que la meta final de un viaje. Lo mismo sucede con este concepto con relación a la expresión que afirma que José había descendido a Egipto. Este joven venía de la montaña en la que era el favorecido y descendía al valle de la ignominia y de los maltratos injustos. Además, este joven venía a enfrentar una serie de batallas muy intensas. José sería trillado porque lo necesitaba.

Los datos que nos ofrecen los capítulos del inicio de esta saga pueden crear la impresión de que la batalla más relevante de José sería entre él y todo lo que le rodeaba. Al final de la saga veremos que esa batalla sería la menos importante. La batalla más grande de José sería consigo mismo. El resultado de esa lucha nos permitirá ver al final de esta historia que el joven que llegó a Egipto no era el mismo que entró a la capital del imperio.

La Biblia dice que un hombre llamado Potifar compró a José. Ese nombre significa “aquél que pertenece al sol” o “aquel que el dios sol ha dado.” El nombre de Potifar aparece grabado en una tabla en piedra que describe parte de la historia de Egipto y que pertenece al período tardío del imperio (1087-664 B.C.). [5]
 
La Biblia dice que Potifar era oficial de Faraón, el capitán de la guardia del rey de Egipto (Gén 37:36; 39:1). Uno de los recursos académicos consultados, “Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures”, afirma que ese nombre es la abreviatura de Potifera. La Biblia dice que este era el nombre del sacerdote egipcio de On en Heliópolis (Gén 41:45; 46:20).[6] Si esto es así, entonces José había sido comprado por uno que luego se convertiría en su suegro. Sabemos que hay opiniones encontradas respecto a este dato. Hay exégetas bíblicos que creen que el jefe de la seguridad del faraón no podía ser un sacerdote. En cambio, otros exégetas bíblicos creen que esto era posible.
 
El concepto hebreo (una aplicación hebrea de los títulos usados en Egipto) utilizado para describir la posición de Potifar, “oficial”, es “sârı̂ys” (H5631). Es cierto que este concepto hebreo es traducido con frecuencia como eunuco: alguien que ha sido castrado para poder servir al rey. La realidad es que este concepto también es utilizado en la Biblia para describir a los ministros de estado, a los camarlengos (chambelán, en inglés “chamberlain”), así como a otros oficiales de la corte.

Estos datos sirven para comprobar que el título que tenía Potifar no implica que este fuera un eunuco porque el relato bíblico señala que estaba casado y que probablemente es el que se convierte en suegro de José. Potifar no podía ser un eunuco.

Hemos señalado que la intervención de la mano de Dios aparece constantemente en las narrativas acerca de los procesos por los que José tuvo que atravesar. Los versos iniciales del capítulo treinta y nueve (39) de Génesis son un ejemplo de esto.

“2 Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio.”  (Gén 39:2, RV1960)
  
“3 Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano.”  (v.3)

“5 Y aconteció que desde cuando le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José, y la bendición de Jehová estaba sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo.” (v.5)

¿Cómo puede un hombre egipcio, “hijo de Ra” el dios del sol, percibir y constatar la presencia de un Dios que él no conocía en la vida de un esclavo? La Biblia responde a esta pregunta con una expresión que ha sido descrita como “la marca indeleble de Dios a través de José.”

“3 Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano….. 5 Y aconteció que desde cuando le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José, y la bendición de Jehová estaba sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo.” (Gén 39:3, 5)

La presencia de Dios en la vida de José lo había impactado. José no estaba atravesando por uno de sus mejores momentos, no obstante, la presencia de Dios en su vida era más que evidente. La expresión bíblica traducida como “a causa de José” es “biḡ-lal yôsêph” (H1558, H3130). La primera parte de esta expresión, el concepto hebreo que se traduce “a causa”, puede ser descrita como el sonido de algo que está rodando (expresión onomatopéyica)[7]. En otras palabras, que era de esperarse que la bendición de Dios estuviera en toda la casa de Potifar. Al mismo tiempo, las expresiones iniciales de los versos bíblicos que acabamos de compartir presentan el aspecto temporal de esa bendición: “desde cuando le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía” (v. 5a).

Estas expresiones indican que la bendición del Señor sigue a aquellos que aman y honran al Señor sin importar lo trágico e injusto del lugar en el que ellos se encuentren. Los escritores bíblicos lo han dicho en varias ocasiones:

“6 Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días.” (Sal 23:6)

“8 Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia.” (Isa 58:8)

De todos los nombres de Dios que aparecen en la Biblia, el nombre de Jehová (“yehôvâh”, H3068), “el Dios que se revela,” “el Eterno presente”, el “Yo soy y sigo siendo”, aparece en cinco (5) ocasiones en los primeros cinco (5) versos del capítulo 39 del Libro de Génesis. La razón detrás de todo esto es sencilla: Dios se estaba revelando en todos los escenarios en los que José se estaba insertándose.

Potifar no era creyente y su visión religiosa era una panteísta: la creencia de que existen muchos dioses. En cambio, él no podía resistir la revelación del Todopoderoso, el único Dios. Es muy probable que José no fuera capaz de percibir esto al inicio de esta jornada. Creemos que sí lo fue un poco más tarde. Lo sabemos por las expresiones acerca de Dios que él afirma cuando la esposa de Potifar intenta seducirlo. Esto último lo analizaremos en nuestra próxima reflexión.

No obstante, José tenía la oportunidad de aprender a vivir sin considerar dar lugar a cómo fue tratado por sus hermanos. Eso tendría su momento y sus escenarios. Este joven de diecisiete (17) años, que fue rechazado, abandonado, abusado y olvidado por los suyos, comenzaba una nueva etapa de vida. Tratar de manejar ésta amarrado a las tragedias experimentadas en su pasado sería perjudicial para su vida y para el plan de Dios.

Tal y como ha afirmado el Rdo. Samuel J. Esquilín en sus presentaciones acerca de este tema, la Biblia identifica dos (2) frentes de batalla cuando José comienza a trabajar con esos escenarios. El primero, que José concluye que sus problemas fueron originados en la casa de su padre.

“51 Y llamó José el nombre del primogénito, Manasés; porque dijo: Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre.” (Gén 41:51, RV1960)

En otras palabras, que este frente de batalla no se limitaba a la tragedia que él vivía a causa de sus hermanos. Este frente incluía a su padre. El segundo, citando al Rabino Jonathan Sacks, que José no estaba seguro de que su papá lo amaba.[8] Estos dos (2) conflictos serán analizados en las próximas reflexiones.

La posición que Dios permitió que José ocupara en la casa de Potifar implica que José aprendió el nuevo idioma de ese imperio, que aprendió su cultura y los roles socioeconómicos de esta. Además, que aprendió estrategias de administración. No podemos identificar pasajes bíblicos que describan cómo José aprendió acerca de esto. Tal vez vio a su padre y a los mayordomos de este realizando esos ejercicios administrativos mientras permanecía en las tiendas de su padre. La realidad es que estos detalles permanecen en la oscuridad para los lectores bíblicos. Lo único que sabemos, sin duda alguna, es que el Señor cumplió en José su Palabra:

“8 Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos.” (Sal 32:8)

La Biblia dice que José se convirtió en el supervisor y administrador de todo lo que Potifar tenía en su casa, así como en el campo.

Por último, el análisis socio cultural de este pasaje bíblico nos ha permitido conocer que esa posición traía consigo el uso de una túnica que lo identificaba así. Esa túnica se convertía en parte apremiante e imperativa de la próxima historia de este joven.
 


[1] Mathews, K. A. (2005). Genesis 11:27–50:26 (Vol. 1B, pp. 731–733). Broadman & Holman Publishers.
[2] Lange, J. P., Schaff, P., Lewis, T., & Gosman, A. (2008). A commentary on the Holy Scriptures: Genesis (p. 596). Logos Bible Software.
[3] https://biblehub.com/text/genesis/39-1.htm
[4] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., & Briggs, C. A. (Charles A. (1906). En The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Houghton, Mifflin and Company.
[5] https://www.encyclopedia.com/people/philosophy-and-religion/biblical-proper-names-biographies/potiphar
[6] Gesenius, W., & Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 668). Logos Bible Software.
[7] Gesenius, W., & Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 172). Logos Bible Software.
[8] https://rabbisacks.org/covenant-conversation/vayigash/does-my-father-love-me/









Posted in
Posted in ,

No Comments


Categories

Archive

 2025
 2024

Recent

Tags