May 30th, 2026
1058 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 24 de mayo del 2026
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte X
“21 Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel. 22 Y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión; todo lo que se hacía allí, él lo hacía. 23 No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba.” (Gén 39:21-23, RV1960)
Los escenarios en los que se desarrolla la saga de José (Gén 37- Gén 50) sufren otro cambio significativo luego de la experiencia en la que él fue tentado en la casa de Potifar. La Biblia dice que José fue enviado a la cárcel luego de ese incidente con la esposa del amo de esa casa (Gén 39:20). No olvidemos que estos escenarios formaban parte del plan divino para provocar la transformación de este joven. José formaba parte del plan eterno como una de las figuras claves para conseguir la transformación y el equilibrio de la familia de Jacob, su padre.
Un dato interesante que no podemos pasar por alto es que el camino hacia la cárcel requirió que José perdiera la segunda túnica que había adquirido en la vida. La primera, la túnica de muchos colores (Gén 37:3), le fue impuesta por su padre. La segunda, el ropaje distintivo de mayordomo de la casa de Potifar, José se lo ganó sirviendo con integridad, buen testimonio y lleno del favor (“chêsêd”, H2617) de Dios.
La Biblia dice que José fue despojado (“pâshaṭ”, H6584) con violencia de la primera túnica (Gén 37:23), aquella que le hizo y le puso Jacob (Gén 37:3). El poder y la autoridad que son impuestos se pierden y en muchas ocasiones con violencia. En cambio, la Biblia relata que José dejó (Gén 39:12), permitió ser despojado (“ʽâzab”, H5800) de la que se había ganado. El acceso a la autoridad que ganamos en la vida hay que llevarlo a los pies de la cruz, aun cuando esto represente perderlo. Tal y como escribió Andrae Crouch: “si ganare alguna fama la llevaré a la cima del Calvario.”[1]
Algo maravilloso que encontramos en esta historia es que la Biblia describe otra túnica, la tercera. José no se ganó esta túnica y tampoco le fue impuesta sin su consentimiento. La Biblia dice que José fue investido (“lâbash”, H3847) por Faraón con esa túnica (Gén 41:42, “lo hizo vestir”).
“41 Dijo además Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto. 42 Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello. 43 y lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron delante de él: ¡Doblad la rodilla!; y lo puso sobre toda la tierra de Egipto. 44 Y dijo Faraón a José: Yo soy Faraón; y sin ti ninguno alzará su mano ni su pie en toda la tierra de Egipto.” (Gén 41:41-44)
Esa túnica con la que José fue investido lo acompañó el resto de su vida.
Los seres humanos experimentamos esto constantemente. Basta examinar cuántos ropajes recibimos, obtenemos, tenemos que ceder o perder en la vida. A través de la vida somos vestidos y/o nos vestimos con ropajes familiares, vocacionales, profesionales, posicionales, ministeriales y de prestigio. Ninguno de estos supera en importancia el estar vestidos y revestidos de Cristo (Gál 3:27), del nuevo hombre (Efe 4:24; Col 3:10), como escogidos de Dios, santos y amables (Col 3:12), de la justicia de Dios (Efe 6:14) y de su amor (Col 3:14). Ahora bien, hay una investidura a la que todos los creyentes aspiramos:
“7 Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. 8 Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. 9 Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.” (Apo 19:7-9)
Esta investidura supera a todas las otras. Además, no se puede perder porque es eterna. Para recibirla, como dice el Apóstol Pablo, tenemos que esperar “que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” (1 Cor 15:53), o que nuestro Amado Salvador regrese por nosotros (1 Tes 4:13-18).
Estos datos nos invitan a utilizar otros lentes para analizar los procesos que José experimentó en la cárcel a la que fue enviado por Potifar. Ya sabemos que los escenarios que José experimentó y sufrió allí sirvieron como puertas para recibir la investidura forjada y orquestada por Dios.
Somos invitados a examinar esta narrativa desde la perspectiva de que esa cárcel era necesaria para que José pudiera completar su proceso de transformación. Señalamos que esa cárcel también era necesaria para que él pudiera entender que no necesitaba la túnica de colores para ser capaz de cumplir con el plan de Dios.
De entrada, debemos entender que la cárcel a la que José fue enviado no es similar a las nuestras. Los conceptos posmodernos de estas facilidades son muy distintos a los que se presentaban en la antigüedad. Como decía magistralmente el Pastor Samuel J. Esquilín Carrero en una de sus ponencias acerca del tema de José, nuestros conceptos de estas instituciones giran alrededor del principio correccional. Esto es, instituciones en los que los prisioneros tienen la oportunidad de ser rehabilitados antes de regresar a la libre comunidad. Los conceptos bíblicos utilizados para describir estos lugares no describen las cárceles como lugares en los que los prisioneros iban a rehabilitarse. Estos conceptos se inclinan más a describir una penitenciaría; un lugar al que uno llega para cumplir con una pena impuesta.
La International Standard Bible Enciclopedia[2] señala que en los tiempos del Antiguo Testamento existían varias causas para encarcelar a una persona. El escritor de ese artículo, el profesor Lewis, señala que a menudo era necesario restringir la libertad de individuos porque representaban una amenaza para las autoridades. En ocasiones, esto se hacía sin infligir castigo corporal alguno. Él señala como ejemplo a los hermanos de José, que fueron detenidos tres (3) días (Gén 42:19). Un ejemplo similar lo encontramos en el caso de Simei, a quien Salomón le ordenó construir una casa en Jerusalén y le prohibió salir de los límites de esa ciudad (1 Rey 2:36). Otro ejemplo interesante aparece en el Libro de Números en donde se describe que un hombre fue sorprendido recogiendo leña en sábado y fue detenido en espera de juicio (Núm 15:34).
Al mismo tiempo, encontramos en la Biblia que los profetas fueron los seres humanos más asediados y aprisionados durante el período de las monarquías. En muchas ocasiones esto formaba parte de los resultados obtenidos por haber obedecido el mandato del Señor de criticar y condenar a aquellos que ocupaban el trono. Ejemplos de esto son Micaías, encarcelado por Acab (1 Rey 22:27) y Hanani, encarcelado por Asa (2 Cró 16:10).
La Biblia dice que algunos reyes de Judá y de Israel también fueron encarcelados. Ejemplos de estos son Oseas, que fue encarcelado por Salmanasar tras su fallido intento de establecer una alianza con So, el rey de Egipto (2 Rey 17:4), Joaquín, en Babilonia (2 Rey 25:27) y Sedequías, también en Babilonia (Jer 52:11).
Vemos en la Biblia que el trato a los prisioneros era muy variado. Por ejemplo, Sansón fue obligado a realizar trabajos forzosos durante su encarcelamiento (Jue 16:21). No olvidemos que en los tiempos en los que Sansón vivía moler granos era una ocupación de las mujeres, lo que evidenciaba la profunda humillación a la que estaba siendo sometido con ese castigo. En ocasiones, los prisioneros podían ser sometidos a diversas mutilaciones físicas. Por ejemplo, a Sansón le privaron de la vista. El caso de Sedequías parece describir que esta era una práctica común en Asiria (2 Rey 25:7). La Biblia dice que a Adoni-bezec le cortaron los pulgares y los dedos gordos de los pies para incapacitarlo (Jue 1:6).
En algunas ocasiones la Biblia ofrece descripciones de la dieta de los prisioneros (1 Rey 22:27), así también como algún tipo de atuendo específico con el que eran vestidos. Esto lo encontramos en la narrativa acerca del rey Joaquín, de quien la Biblia dice que le cambiaron los vestidos de prisionero cuando lo liberaron (2 Rey 25:29).
Ahora bien, la Biblia utiliza varios conceptos para referirse a una prisión o una cárcel. Este análisis no estaría completo si no nos detenemos a considerar, por lo menos, algunos de estos conceptos. Veremos que estos también son utilizados en el Texto Sagrado para describir esos lugares. Uno de estos es el concepto “bayith-keleʼ” (H1104-H3608), que literalmente significa restringir o confinar, una cárcel; esto, con la idea de silenciar al reo (1 Rey 22:27; 2 Rey 17:4; 25:27, 29; Isa 42:7, 22; Jer 37:4,15, 18; 52:31, 33).[3]
Otro concepto hebreo es “maṭṭârâʼ” (H4307), que significa “guardia”, centinela; estar bajo custodia (Neh 3:25; 12:39; Jer 32:2, 8, 12; 33:1; 37:21; 38:6, 13,28).[4] En otras ocasiones se utiliza el concepto “mahphekheth” (H4115), que significa cepo y/o picota[5] (2 Cro 16:10; Jer 20:2, 3; 29:26).[6]
Hay varios conceptos adicionales que se utilizan en el Antiguo Testamento para describir lo que llamamos cárcel. Entre estos encontramos el concepto “ʼēṣūr” (H612), que significa cadena o grillete (Ecl 4:14; Jer 37:15, el primer término que se utiliza en ese verso bíblico)[7].
Ahora bien, ninguno de estos conceptos es el que se utiliza en el Libro de Génesis para describir el lugar al que José fue enviado. La Biblia dice que el undécimo hijo de Jacob fue enviado a un lugar que es descrito en hebreo con el nombre de “bayith ṣōhar” (H1004-H5470); casa de confinamiento. Este concepto es utilizado en ocho (8) ocasiones en la Biblia y en todas ellas su uso está relacionado al lugar al que José fue enviado (Gén 39:20 (dos ocasiones), 21, 22 (dos ocasiones), 23; 40:3, 5). En otras palabras, que parece que el escritor del Libro de Génesis no había visto algo similar en otro lugar y tuvo que acuñar ese concepto.
Este vocablo hebreo se utiliza para describir una estructura que era como una torre que formaba parte de un castillo. Esta estructura aparentemente era redonda y parecía una fortaleza.[8] La Biblia dice que esa era la facilidad a la que eran enviados aquellos que el rey quería mantener bajo custodia. Se deduce de los textos bíblicos que los prisioneros que eran enviados allí parecían tener cierta clase de movilidad dentro de su confinamiento. O sea, que José fue enviado a un lugar que aparentaba ser un lugar para arrestos especiales o domiciliarios.
La narrativa bíblica acerca de José describe que ese lugar tenía un salón separado en el que vivía el capitán de la guardia de esa institución carcelaria. La Biblia dice que a ese lugar fueron enviados el panadero y el copero del faraón.
“1 Aconteció después de estas cosas, que el copero del rey de Egipto y el panadero delinquieron contra su señor el rey de Egipto. 2 Y se enojó Faraón contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra el jefe de los panaderos, 3 y los puso en prisión en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel donde José estaba preso. 4 Y el capitán de la guardia encargó de ellos a José, y él les servía; y estuvieron días en la prisión.” (Gén 40:2-5, RV 1960)
El relato bíblico acerca de la vida de José en esa cárcel describe varias manifestaciones acerca de la compañía del Señor y de la forma en que Él se manifestó en ese “bayith ṣōhar.”
“21 pero el Señor estaba con José en la cárcel y le mostró su fiel amor. El Señor hizo que José fuera el preferido del encargado de la cárcel. 22 Poco después el director puso a José a cargo de los demás presos y de todo lo que ocurría en la cárcel. 23 El encargado no tenía de qué preocuparse, porque José se ocupaba de todo. El Señor estaba con él y lo prosperaba en todo lo que hacía.” (Gén 39:21-23, NTV)
En primer lugar, la Biblia dice que Dios estaba (“way-hî”, H1961) allí con José. En segundo lugar, esta dice que Dios le mostró (“nâṭâh”, H5186) su favor y su fiel amor (“chêsêd”, H2617). En tercer lugar, la Biblia dice que fue el Señor el que hizo (“way-yit-tên”, H5414) que José se convirtiera en el preferido del encargado de la cárcel. La Biblia añade que el Señor estaba (“’it-tōw;”, H854) con José y concluye diciendo que el Señor era el que hacía prosperar (“maṣ-lî-aḥ”, H6743) a su siervo.
Estas cinco (5) acciones necesitan ser analizadas realizando un énfasis singular en el contexto en el que estas ocurrieron.
La expresión bíblica “el Señor estaba con José” describe el cumplimiento de múltiples promesas que ha hecho Dios. Por ejemplo, el Señor le dijo a Josué que estaría con él en medio de todos los procesos de la conquista de la tierra prometida (Det 31:23; Jos 1:5; 3:7). El Señor le dijo algo similar a Gedeón cuando lo comisionó para derrotar a los madianitas (Jue 6:16). El salmista decía que aunque andemos en valle de sombra de muerte no temeremos mal alguno porque el Señor ha prometido estar con nosotros (Sal 23:4). El salmista también se expresó acerca del acompañamiento de nuestro Dios en tiempos en los que experimentamos angustia; “con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré” (Sal 91:15b). No olvidemos que Cristo prometió que estaría con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mat 28:20). Añadimos a esto que la Biblia dice que el Espíritu Santo está con nosotros y en nosotros (Jn 14:17).
¡Dios está! Dios está porque Él es. ¡Él es el único Dios!
Los apóstoles experimentaron esto en varias ocasiones en las que fueron encarcelados. La Biblia dice que Pedro experimentó esto estando preso en Jerusalén (Hch 12:1-11). El relato bíblico dice que las puertas de esa cárcel fueron abiertas por el Señor. El Apóstol Pablo experimentó esto junto a Silas en una cárcel en la ciudad de Filipos (Hch 16:22-32). La Biblia dice que el proceso de liberación de esa prisión fue uno amplio e inclusivo; las puertas de la cárcel se abrieron para todos, pero ningún preso se fue de ese lugar. Es obvio que la presencia de Dios en esa cárcel debió haber sido cautivadora. En el caso de Pedro, esa prisión sirvió para que él decidiera salir a evangelizar a otros lugares fuera de su zona de confort. En el caso de Pablo, esa experiencia sirvió para que el carcelero y su familia recibieran al Señor como el Salvador de sus almas.
¡El Señor está presente en todas las prisiones en las que somos insertados y a todas y cada una de estas le ha asignado un propósito!
La expresión bíblica “y le mostró” describe la acción de Dios de extender, aplicar, inclinarse entregar, colocar, soltar, prolongar, guardar y/o, mostrar alguna función de su gracia y/o de sus manos. El concepto hebreo utilizado aquí es “nâṭâh” (H5186).[9] El salmista lo utiliza en el Salmo 40 para decir lo siguiente:
“1 Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.” (Sal 40:1)
En otras palabras, Dios se inclinó a mirar a José en esa cárcel, le extendió y le entregó su favor (“chêsêd”, H2617),[10] le prolongó su favor y lo guardó con este.
La Biblia dice que el Señor fue el que “hizo que José fuera el preferido del encargado de la cárcel.” La versión RV 1960 recoge esa expresión diciendo que el Señor “le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel” (Gén 39:21b). El concepto hebreo utilizado aquí es una de las declinaciones del verbo “nâthan” (H5414), que entre otras cosas puede ser traducido como poner, hacer, añadir, aplicar, nombrar, atribuir, asignar y otorgar. O sea, que fue el Señor el que movió al jefe de esa cárcel a extenderle ese nombramiento a José.
Vemos esto con frecuencia en los procedimientos estandarizados del programa Dios. El
Todopoderoso gusta de utilizar los ambientes más disímiles y tenebrosos para colocar sobre nosotros asignaciones de su gracia. Por ejemplo, Él invitó a Jonás a convertirse en salmista en el vientre del gran pez (Jon 2:2-9). Dios invitó a Pablo y a Silas a formar un conjunto musical carcelario en Filipos (Hch 16:25-26). El Señor convidó a tres (3) jóvenes hebreos a convertirse en testimonios vivos de la fidelidad a Dios de cara a un horno de fuego (Dan 3:14-28). El Señor convocó a Daniel para que se convirtiera en un modelo de oración ante la amenaza del foso de los leones (Dan 6:1-28).
Estos testimonios son ejemplos vivos de que el favor de Dios se manifiesta en cualquier lugar. Además, todos ellos sirven para enseñarnos que debemos aprender a ser fieles y sensibles a la voz de Dios en cualquier lugar en el que Él decida colocarnos. Los testimonios que siguieron a Jonás, a Pablo y a Silas, a Sadrac, a Mesac, a Abednego y a Daniel han sido vestidos de eternidad y forman parte del tesoro que llamamos Palabra de Dios.
Dios colocó ese reclamo de gracia sobre la vida de José. La manifestación de esa gracia operó luego sobre José cuando fue seleccionado por faraón para ser el segundo al mando en el imperio egipcio. No obstante, con su sabiduría Dios hizo provisión para que José descubriera que es necesario aprender a servir en una cárcel, sin una túnica de colores, antes de poder ser elevado a otras posiciones de responsabilidad en el reino. Además, esa cárcel lo colocó más cerca de faraón.
Cuando la Biblia dice que “El Señor estaba con él” (con José), está diciendo que Dios no sólo estaba presente, sino que estaba cerca de su siervo. Lo sabemos porque el verbo hebreo utilizado aquí es la conjugación de “ʼêth” (H854) y ese es su significado. Ese es un verbo que se utiliza para describir proximidad, compañía con el propósito de ayudar, hablar, luchar por, estar cerca, etc. [11] Dicho de otra forma, que el Señor no se limitó a estar con José. Dios estaba cercano a ese joven con el propósito de ayudarlo, hablando con él y por él, luchando por él y estando siempre cerca de él.
Cuando la Biblia dice acerca de José que el Señor “lo prosperaba en todo lo que hacía”, está afirmando que todo lo que José conseguía en esa cárcel venía de la mano de Dios. El verbo utilizado aquí es la conjugación del concepto “tsâlach” (H6743) que significa prosperar, fluir como un río y en ocasiones es traducido como ser empujado.
Es curioso que la prosperidad de José no logró envanecerlo. La razón detrás de esto es obvia: todas las bendiciones que obtenemos aquí se dan en el contexto de las cárceles terrenales en las que vivimos. Recordemos que la Biblia describe nuestra existencia aquí diciendo que ocupamos un cuerpo miserable y débil que será transformado en uno glorioso, esplendoroso, semejante al de nuestro Señor cuando Él regrese a buscar a su pueblo (Fil 3:21).
Estos datos nos conducen a examinar esta narrativa bíblica desde la perspectiva de que la cárcel era necesaria para que José pudiera completar su proceso de transformación. Esta cárcel también era necesaria para que él pudiera entender que no necesitaba la túnica de colores para ser eficiente en aquello que Dios le había convocado a hacer. Es obvio que Dios sabía esto. En cambio, José no lo sabía. Esa cárcel también serviría como un testimonio fehaciente de que la gracia y el favor de Dios no tienen límites. Dios es especialista en manifestarse en nuestras prisiones.
Había mucho que aprender en esa cárcel antes de que José pudiera ser capaz de hacer algo más que interpretar sueños. José tenía que salir de allí siendo capaz de administrar un imperio y de devolver su familia a la ruta trazada por Dios.
Una enseñanza lapidaria se levanta en medio de todas estas cosas: Dios manifiesta su poder en todo lugar, como quiere y lo hace para lograr todo aquello que ha dispuesto hacer.
Concluimos esta reflexión con una pregunta: ¿qué quiere hacer Dios con nuestras prisiones? Las nuestras pueden no tener barrotes, cepos, cadenas tangibles o maltratos físicos. No obstante, siguen siendo prisiones. En ocasiones las llamamos angustia, depresión, traumas psicológicos, condiciones de salud, problemas matrimoniales o familiares. En otras, las llamamos temor, tristezas, fracasos, desaliento, errores cometidos en el pasado que no hemos podido superar y/o ataduras emocionales que no hemos sido capaces de soltar.
Hemos sido llamados a creer que el poder que Dios tiene para vencerlas es indiscutible. Hemos sido llamados a entender que Dios no nos sacará de nuestras prisiones hasta que estemos preparados para realizar aquello que Él ha dispuesto para nosotros. Lo hacemos confiando en que el Señor continuará estando con nosotros, mostrándonos su amor y su favor, y usando su gracia para colocarnos en donde debemos estar para servir. La Biblia nos invita a hacerlo sabiendo que el Señor estará cerca de nosotros y nos prosperará en todo lo que hagamos. Después de todo, Él es el Emanuel: “Dios con nosotros” (Isa 7:14; Mat 1:23).
[1] My Tribute, by Andraé Crouch. Copyright 1971, Capitol Cmg Genesis o/b/o Birdwing Music.
[2] International Standard Bible Encyclopedia (ISBE), (“Prison: Prisoner”), editada por James Orr, John Nuelsen, Edgar Mullins, Morris Evans y Melvin Grove Kyle. Publicada por primera vez en 1939.
[3] Gesenius, W., & Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 398). Logos Bible Software.
[4] Op. cit., p. 467.
[5] Rollo o columna de piedra o de fábrica, que había a la entrada de algunos lugares, donde se exponían públicamente las cabezas de los ajusticiados, o los reos.
[6] Op. cit., p. 454.
[7] Op. cit., p. 66.
[8] Op. cit., p. 580.
[9][9] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., & Briggs, C. A. (Charles A. (1906). En The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Houghton, Mifflin and Company.
[10] Este concepto hebreo es lo más parecido al concepto griego que se traduce como gracia.
[11] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., & Briggs, C. A. (Charles A. (1906). En The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Houghton, Mifflin and Company.
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte X
“21 Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel. 22 Y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión; todo lo que se hacía allí, él lo hacía. 23 No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba.” (Gén 39:21-23, RV1960)
Los escenarios en los que se desarrolla la saga de José (Gén 37- Gén 50) sufren otro cambio significativo luego de la experiencia en la que él fue tentado en la casa de Potifar. La Biblia dice que José fue enviado a la cárcel luego de ese incidente con la esposa del amo de esa casa (Gén 39:20). No olvidemos que estos escenarios formaban parte del plan divino para provocar la transformación de este joven. José formaba parte del plan eterno como una de las figuras claves para conseguir la transformación y el equilibrio de la familia de Jacob, su padre.
Un dato interesante que no podemos pasar por alto es que el camino hacia la cárcel requirió que José perdiera la segunda túnica que había adquirido en la vida. La primera, la túnica de muchos colores (Gén 37:3), le fue impuesta por su padre. La segunda, el ropaje distintivo de mayordomo de la casa de Potifar, José se lo ganó sirviendo con integridad, buen testimonio y lleno del favor (“chêsêd”, H2617) de Dios.
La Biblia dice que José fue despojado (“pâshaṭ”, H6584) con violencia de la primera túnica (Gén 37:23), aquella que le hizo y le puso Jacob (Gén 37:3). El poder y la autoridad que son impuestos se pierden y en muchas ocasiones con violencia. En cambio, la Biblia relata que José dejó (Gén 39:12), permitió ser despojado (“ʽâzab”, H5800) de la que se había ganado. El acceso a la autoridad que ganamos en la vida hay que llevarlo a los pies de la cruz, aun cuando esto represente perderlo. Tal y como escribió Andrae Crouch: “si ganare alguna fama la llevaré a la cima del Calvario.”[1]
Algo maravilloso que encontramos en esta historia es que la Biblia describe otra túnica, la tercera. José no se ganó esta túnica y tampoco le fue impuesta sin su consentimiento. La Biblia dice que José fue investido (“lâbash”, H3847) por Faraón con esa túnica (Gén 41:42, “lo hizo vestir”).
“41 Dijo además Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto. 42 Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello. 43 y lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron delante de él: ¡Doblad la rodilla!; y lo puso sobre toda la tierra de Egipto. 44 Y dijo Faraón a José: Yo soy Faraón; y sin ti ninguno alzará su mano ni su pie en toda la tierra de Egipto.” (Gén 41:41-44)
Esa túnica con la que José fue investido lo acompañó el resto de su vida.
Los seres humanos experimentamos esto constantemente. Basta examinar cuántos ropajes recibimos, obtenemos, tenemos que ceder o perder en la vida. A través de la vida somos vestidos y/o nos vestimos con ropajes familiares, vocacionales, profesionales, posicionales, ministeriales y de prestigio. Ninguno de estos supera en importancia el estar vestidos y revestidos de Cristo (Gál 3:27), del nuevo hombre (Efe 4:24; Col 3:10), como escogidos de Dios, santos y amables (Col 3:12), de la justicia de Dios (Efe 6:14) y de su amor (Col 3:14). Ahora bien, hay una investidura a la que todos los creyentes aspiramos:
“7 Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. 8 Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. 9 Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.” (Apo 19:7-9)
Esta investidura supera a todas las otras. Además, no se puede perder porque es eterna. Para recibirla, como dice el Apóstol Pablo, tenemos que esperar “que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” (1 Cor 15:53), o que nuestro Amado Salvador regrese por nosotros (1 Tes 4:13-18).
Estos datos nos invitan a utilizar otros lentes para analizar los procesos que José experimentó en la cárcel a la que fue enviado por Potifar. Ya sabemos que los escenarios que José experimentó y sufrió allí sirvieron como puertas para recibir la investidura forjada y orquestada por Dios.
Somos invitados a examinar esta narrativa desde la perspectiva de que esa cárcel era necesaria para que José pudiera completar su proceso de transformación. Señalamos que esa cárcel también era necesaria para que él pudiera entender que no necesitaba la túnica de colores para ser capaz de cumplir con el plan de Dios.
De entrada, debemos entender que la cárcel a la que José fue enviado no es similar a las nuestras. Los conceptos posmodernos de estas facilidades son muy distintos a los que se presentaban en la antigüedad. Como decía magistralmente el Pastor Samuel J. Esquilín Carrero en una de sus ponencias acerca del tema de José, nuestros conceptos de estas instituciones giran alrededor del principio correccional. Esto es, instituciones en los que los prisioneros tienen la oportunidad de ser rehabilitados antes de regresar a la libre comunidad. Los conceptos bíblicos utilizados para describir estos lugares no describen las cárceles como lugares en los que los prisioneros iban a rehabilitarse. Estos conceptos se inclinan más a describir una penitenciaría; un lugar al que uno llega para cumplir con una pena impuesta.
La International Standard Bible Enciclopedia[2] señala que en los tiempos del Antiguo Testamento existían varias causas para encarcelar a una persona. El escritor de ese artículo, el profesor Lewis, señala que a menudo era necesario restringir la libertad de individuos porque representaban una amenaza para las autoridades. En ocasiones, esto se hacía sin infligir castigo corporal alguno. Él señala como ejemplo a los hermanos de José, que fueron detenidos tres (3) días (Gén 42:19). Un ejemplo similar lo encontramos en el caso de Simei, a quien Salomón le ordenó construir una casa en Jerusalén y le prohibió salir de los límites de esa ciudad (1 Rey 2:36). Otro ejemplo interesante aparece en el Libro de Números en donde se describe que un hombre fue sorprendido recogiendo leña en sábado y fue detenido en espera de juicio (Núm 15:34).
Al mismo tiempo, encontramos en la Biblia que los profetas fueron los seres humanos más asediados y aprisionados durante el período de las monarquías. En muchas ocasiones esto formaba parte de los resultados obtenidos por haber obedecido el mandato del Señor de criticar y condenar a aquellos que ocupaban el trono. Ejemplos de esto son Micaías, encarcelado por Acab (1 Rey 22:27) y Hanani, encarcelado por Asa (2 Cró 16:10).
La Biblia dice que algunos reyes de Judá y de Israel también fueron encarcelados. Ejemplos de estos son Oseas, que fue encarcelado por Salmanasar tras su fallido intento de establecer una alianza con So, el rey de Egipto (2 Rey 17:4), Joaquín, en Babilonia (2 Rey 25:27) y Sedequías, también en Babilonia (Jer 52:11).
Vemos en la Biblia que el trato a los prisioneros era muy variado. Por ejemplo, Sansón fue obligado a realizar trabajos forzosos durante su encarcelamiento (Jue 16:21). No olvidemos que en los tiempos en los que Sansón vivía moler granos era una ocupación de las mujeres, lo que evidenciaba la profunda humillación a la que estaba siendo sometido con ese castigo. En ocasiones, los prisioneros podían ser sometidos a diversas mutilaciones físicas. Por ejemplo, a Sansón le privaron de la vista. El caso de Sedequías parece describir que esta era una práctica común en Asiria (2 Rey 25:7). La Biblia dice que a Adoni-bezec le cortaron los pulgares y los dedos gordos de los pies para incapacitarlo (Jue 1:6).
En algunas ocasiones la Biblia ofrece descripciones de la dieta de los prisioneros (1 Rey 22:27), así también como algún tipo de atuendo específico con el que eran vestidos. Esto lo encontramos en la narrativa acerca del rey Joaquín, de quien la Biblia dice que le cambiaron los vestidos de prisionero cuando lo liberaron (2 Rey 25:29).
Ahora bien, la Biblia utiliza varios conceptos para referirse a una prisión o una cárcel. Este análisis no estaría completo si no nos detenemos a considerar, por lo menos, algunos de estos conceptos. Veremos que estos también son utilizados en el Texto Sagrado para describir esos lugares. Uno de estos es el concepto “bayith-keleʼ” (H1104-H3608), que literalmente significa restringir o confinar, una cárcel; esto, con la idea de silenciar al reo (1 Rey 22:27; 2 Rey 17:4; 25:27, 29; Isa 42:7, 22; Jer 37:4,15, 18; 52:31, 33).[3]
Otro concepto hebreo es “maṭṭârâʼ” (H4307), que significa “guardia”, centinela; estar bajo custodia (Neh 3:25; 12:39; Jer 32:2, 8, 12; 33:1; 37:21; 38:6, 13,28).[4] En otras ocasiones se utiliza el concepto “mahphekheth” (H4115), que significa cepo y/o picota[5] (2 Cro 16:10; Jer 20:2, 3; 29:26).[6]
Hay varios conceptos adicionales que se utilizan en el Antiguo Testamento para describir lo que llamamos cárcel. Entre estos encontramos el concepto “ʼēṣūr” (H612), que significa cadena o grillete (Ecl 4:14; Jer 37:15, el primer término que se utiliza en ese verso bíblico)[7].
Ahora bien, ninguno de estos conceptos es el que se utiliza en el Libro de Génesis para describir el lugar al que José fue enviado. La Biblia dice que el undécimo hijo de Jacob fue enviado a un lugar que es descrito en hebreo con el nombre de “bayith ṣōhar” (H1004-H5470); casa de confinamiento. Este concepto es utilizado en ocho (8) ocasiones en la Biblia y en todas ellas su uso está relacionado al lugar al que José fue enviado (Gén 39:20 (dos ocasiones), 21, 22 (dos ocasiones), 23; 40:3, 5). En otras palabras, que parece que el escritor del Libro de Génesis no había visto algo similar en otro lugar y tuvo que acuñar ese concepto.
Este vocablo hebreo se utiliza para describir una estructura que era como una torre que formaba parte de un castillo. Esta estructura aparentemente era redonda y parecía una fortaleza.[8] La Biblia dice que esa era la facilidad a la que eran enviados aquellos que el rey quería mantener bajo custodia. Se deduce de los textos bíblicos que los prisioneros que eran enviados allí parecían tener cierta clase de movilidad dentro de su confinamiento. O sea, que José fue enviado a un lugar que aparentaba ser un lugar para arrestos especiales o domiciliarios.
La narrativa bíblica acerca de José describe que ese lugar tenía un salón separado en el que vivía el capitán de la guardia de esa institución carcelaria. La Biblia dice que a ese lugar fueron enviados el panadero y el copero del faraón.
“1 Aconteció después de estas cosas, que el copero del rey de Egipto y el panadero delinquieron contra su señor el rey de Egipto. 2 Y se enojó Faraón contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra el jefe de los panaderos, 3 y los puso en prisión en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel donde José estaba preso. 4 Y el capitán de la guardia encargó de ellos a José, y él les servía; y estuvieron días en la prisión.” (Gén 40:2-5, RV 1960)
El relato bíblico acerca de la vida de José en esa cárcel describe varias manifestaciones acerca de la compañía del Señor y de la forma en que Él se manifestó en ese “bayith ṣōhar.”
“21 pero el Señor estaba con José en la cárcel y le mostró su fiel amor. El Señor hizo que José fuera el preferido del encargado de la cárcel. 22 Poco después el director puso a José a cargo de los demás presos y de todo lo que ocurría en la cárcel. 23 El encargado no tenía de qué preocuparse, porque José se ocupaba de todo. El Señor estaba con él y lo prosperaba en todo lo que hacía.” (Gén 39:21-23, NTV)
En primer lugar, la Biblia dice que Dios estaba (“way-hî”, H1961) allí con José. En segundo lugar, esta dice que Dios le mostró (“nâṭâh”, H5186) su favor y su fiel amor (“chêsêd”, H2617). En tercer lugar, la Biblia dice que fue el Señor el que hizo (“way-yit-tên”, H5414) que José se convirtiera en el preferido del encargado de la cárcel. La Biblia añade que el Señor estaba (“’it-tōw;”, H854) con José y concluye diciendo que el Señor era el que hacía prosperar (“maṣ-lî-aḥ”, H6743) a su siervo.
Estas cinco (5) acciones necesitan ser analizadas realizando un énfasis singular en el contexto en el que estas ocurrieron.
La expresión bíblica “el Señor estaba con José” describe el cumplimiento de múltiples promesas que ha hecho Dios. Por ejemplo, el Señor le dijo a Josué que estaría con él en medio de todos los procesos de la conquista de la tierra prometida (Det 31:23; Jos 1:5; 3:7). El Señor le dijo algo similar a Gedeón cuando lo comisionó para derrotar a los madianitas (Jue 6:16). El salmista decía que aunque andemos en valle de sombra de muerte no temeremos mal alguno porque el Señor ha prometido estar con nosotros (Sal 23:4). El salmista también se expresó acerca del acompañamiento de nuestro Dios en tiempos en los que experimentamos angustia; “con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré” (Sal 91:15b). No olvidemos que Cristo prometió que estaría con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mat 28:20). Añadimos a esto que la Biblia dice que el Espíritu Santo está con nosotros y en nosotros (Jn 14:17).
¡Dios está! Dios está porque Él es. ¡Él es el único Dios!
Los apóstoles experimentaron esto en varias ocasiones en las que fueron encarcelados. La Biblia dice que Pedro experimentó esto estando preso en Jerusalén (Hch 12:1-11). El relato bíblico dice que las puertas de esa cárcel fueron abiertas por el Señor. El Apóstol Pablo experimentó esto junto a Silas en una cárcel en la ciudad de Filipos (Hch 16:22-32). La Biblia dice que el proceso de liberación de esa prisión fue uno amplio e inclusivo; las puertas de la cárcel se abrieron para todos, pero ningún preso se fue de ese lugar. Es obvio que la presencia de Dios en esa cárcel debió haber sido cautivadora. En el caso de Pedro, esa prisión sirvió para que él decidiera salir a evangelizar a otros lugares fuera de su zona de confort. En el caso de Pablo, esa experiencia sirvió para que el carcelero y su familia recibieran al Señor como el Salvador de sus almas.
¡El Señor está presente en todas las prisiones en las que somos insertados y a todas y cada una de estas le ha asignado un propósito!
La expresión bíblica “y le mostró” describe la acción de Dios de extender, aplicar, inclinarse entregar, colocar, soltar, prolongar, guardar y/o, mostrar alguna función de su gracia y/o de sus manos. El concepto hebreo utilizado aquí es “nâṭâh” (H5186).[9] El salmista lo utiliza en el Salmo 40 para decir lo siguiente:
“1 Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.” (Sal 40:1)
En otras palabras, Dios se inclinó a mirar a José en esa cárcel, le extendió y le entregó su favor (“chêsêd”, H2617),[10] le prolongó su favor y lo guardó con este.
La Biblia dice que el Señor fue el que “hizo que José fuera el preferido del encargado de la cárcel.” La versión RV 1960 recoge esa expresión diciendo que el Señor “le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel” (Gén 39:21b). El concepto hebreo utilizado aquí es una de las declinaciones del verbo “nâthan” (H5414), que entre otras cosas puede ser traducido como poner, hacer, añadir, aplicar, nombrar, atribuir, asignar y otorgar. O sea, que fue el Señor el que movió al jefe de esa cárcel a extenderle ese nombramiento a José.
Vemos esto con frecuencia en los procedimientos estandarizados del programa Dios. El
Todopoderoso gusta de utilizar los ambientes más disímiles y tenebrosos para colocar sobre nosotros asignaciones de su gracia. Por ejemplo, Él invitó a Jonás a convertirse en salmista en el vientre del gran pez (Jon 2:2-9). Dios invitó a Pablo y a Silas a formar un conjunto musical carcelario en Filipos (Hch 16:25-26). El Señor convidó a tres (3) jóvenes hebreos a convertirse en testimonios vivos de la fidelidad a Dios de cara a un horno de fuego (Dan 3:14-28). El Señor convocó a Daniel para que se convirtiera en un modelo de oración ante la amenaza del foso de los leones (Dan 6:1-28).
Estos testimonios son ejemplos vivos de que el favor de Dios se manifiesta en cualquier lugar. Además, todos ellos sirven para enseñarnos que debemos aprender a ser fieles y sensibles a la voz de Dios en cualquier lugar en el que Él decida colocarnos. Los testimonios que siguieron a Jonás, a Pablo y a Silas, a Sadrac, a Mesac, a Abednego y a Daniel han sido vestidos de eternidad y forman parte del tesoro que llamamos Palabra de Dios.
Dios colocó ese reclamo de gracia sobre la vida de José. La manifestación de esa gracia operó luego sobre José cuando fue seleccionado por faraón para ser el segundo al mando en el imperio egipcio. No obstante, con su sabiduría Dios hizo provisión para que José descubriera que es necesario aprender a servir en una cárcel, sin una túnica de colores, antes de poder ser elevado a otras posiciones de responsabilidad en el reino. Además, esa cárcel lo colocó más cerca de faraón.
Cuando la Biblia dice que “El Señor estaba con él” (con José), está diciendo que Dios no sólo estaba presente, sino que estaba cerca de su siervo. Lo sabemos porque el verbo hebreo utilizado aquí es la conjugación de “ʼêth” (H854) y ese es su significado. Ese es un verbo que se utiliza para describir proximidad, compañía con el propósito de ayudar, hablar, luchar por, estar cerca, etc. [11] Dicho de otra forma, que el Señor no se limitó a estar con José. Dios estaba cercano a ese joven con el propósito de ayudarlo, hablando con él y por él, luchando por él y estando siempre cerca de él.
Cuando la Biblia dice acerca de José que el Señor “lo prosperaba en todo lo que hacía”, está afirmando que todo lo que José conseguía en esa cárcel venía de la mano de Dios. El verbo utilizado aquí es la conjugación del concepto “tsâlach” (H6743) que significa prosperar, fluir como un río y en ocasiones es traducido como ser empujado.
Es curioso que la prosperidad de José no logró envanecerlo. La razón detrás de esto es obvia: todas las bendiciones que obtenemos aquí se dan en el contexto de las cárceles terrenales en las que vivimos. Recordemos que la Biblia describe nuestra existencia aquí diciendo que ocupamos un cuerpo miserable y débil que será transformado en uno glorioso, esplendoroso, semejante al de nuestro Señor cuando Él regrese a buscar a su pueblo (Fil 3:21).
Estos datos nos conducen a examinar esta narrativa bíblica desde la perspectiva de que la cárcel era necesaria para que José pudiera completar su proceso de transformación. Esta cárcel también era necesaria para que él pudiera entender que no necesitaba la túnica de colores para ser eficiente en aquello que Dios le había convocado a hacer. Es obvio que Dios sabía esto. En cambio, José no lo sabía. Esa cárcel también serviría como un testimonio fehaciente de que la gracia y el favor de Dios no tienen límites. Dios es especialista en manifestarse en nuestras prisiones.
Había mucho que aprender en esa cárcel antes de que José pudiera ser capaz de hacer algo más que interpretar sueños. José tenía que salir de allí siendo capaz de administrar un imperio y de devolver su familia a la ruta trazada por Dios.
Una enseñanza lapidaria se levanta en medio de todas estas cosas: Dios manifiesta su poder en todo lugar, como quiere y lo hace para lograr todo aquello que ha dispuesto hacer.
Concluimos esta reflexión con una pregunta: ¿qué quiere hacer Dios con nuestras prisiones? Las nuestras pueden no tener barrotes, cepos, cadenas tangibles o maltratos físicos. No obstante, siguen siendo prisiones. En ocasiones las llamamos angustia, depresión, traumas psicológicos, condiciones de salud, problemas matrimoniales o familiares. En otras, las llamamos temor, tristezas, fracasos, desaliento, errores cometidos en el pasado que no hemos podido superar y/o ataduras emocionales que no hemos sido capaces de soltar.
Hemos sido llamados a creer que el poder que Dios tiene para vencerlas es indiscutible. Hemos sido llamados a entender que Dios no nos sacará de nuestras prisiones hasta que estemos preparados para realizar aquello que Él ha dispuesto para nosotros. Lo hacemos confiando en que el Señor continuará estando con nosotros, mostrándonos su amor y su favor, y usando su gracia para colocarnos en donde debemos estar para servir. La Biblia nos invita a hacerlo sabiendo que el Señor estará cerca de nosotros y nos prosperará en todo lo que hagamos. Después de todo, Él es el Emanuel: “Dios con nosotros” (Isa 7:14; Mat 1:23).
[1] My Tribute, by Andraé Crouch. Copyright 1971, Capitol Cmg Genesis o/b/o Birdwing Music.
[2] International Standard Bible Encyclopedia (ISBE), (“Prison: Prisoner”), editada por James Orr, John Nuelsen, Edgar Mullins, Morris Evans y Melvin Grove Kyle. Publicada por primera vez en 1939.
[3] Gesenius, W., & Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 398). Logos Bible Software.
[4] Op. cit., p. 467.
[5] Rollo o columna de piedra o de fábrica, que había a la entrada de algunos lugares, donde se exponían públicamente las cabezas de los ajusticiados, o los reos.
[6] Op. cit., p. 454.
[7] Op. cit., p. 66.
[8] Op. cit., p. 580.
[9][9] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., & Briggs, C. A. (Charles A. (1906). En The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Houghton, Mifflin and Company.
[10] Este concepto hebreo es lo más parecido al concepto griego que se traduce como gracia.
[11] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., & Briggs, C. A. (Charles A. (1906). En The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Houghton, Mifflin and Company.
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