1064 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 5 de julio del 2026

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Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XV


“1 Aconteció después de estas cosas, que el copero del rey de Egipto y el panadero delinquieron contra su señor el rey de Egipto. 2 Y se enojó Faraón contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra el jefe de los panaderos, 3 y los puso en prisión en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel donde José estaba preso. 4 Y el capitán de la guardia encargó de ellos a José, y él les servía; y estuvieron días en la prisión. 5 Y ambos, el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban arrestados en la prisión, tuvieron un sueño, cada uno su propio sueño en una misma noche, cada uno con su propio significado. 6 Vino a ellos José por la mañana, y los miró, y he aquí que estaban tristes. 7 Y él preguntó a aquellos oficiales de Faraón, que estaban con él en la prisión de la casa de su señor, diciendo: ¿Por qué parecen hoy mal vuestros semblantes? 8 Ellos le dijeron: Hemos tenido un sueño, y no hay quien lo interprete. Entonces les dijo José: ¿No son de Dios las interpretaciones? Contádmelo ahora.”  (Gén 40:1-8, RV1960)

La reflexión anterior nos permitió comenzar a explorar los testimonios y los resultados de los procesos transformativos por los que atravesó José mientras se encontraba en la cárcel en donde estaban los presos del rey. Esto último, partiendo de la narrativa bíblica que describe la llegada a esa prisión del jefe de los coperos y el jefe de los panaderos del rey de Egipto. A continuación, algunos de los datos más relevantes acerca de esto que fueron analizados allí:

Repaso de datos bíblicos:

  • José tenía veintiocho (28 años) cuando los oficiales (Gén 40:7) fueron enviados a esa cárcel.
  • tenía diecisiete (17) años cuando fue enviado a Egipto (Gen 37:3).
  • tenía treinta (30) años cuando fue elevado a la segunda posición del imperio (Gén 41:46).
  • el sueño de Faraón ocurre dos (2) años después de la restitución del copero y de la ejecución del panadero (Gén 41:1)

Repaso de las áreas de aprendizaje:

José necesitó aprender a ser sensible al amor transformador de Dios. Sabemos que ese amor nos permite ser sensibles a las respuestas de Dios y nos capacita para continuar operando y sirviendo como instrumentos en las manos del Señor. Repetimos que el amor del Señor nos ayuda a mantenernos enfocados en el desarrollo y el fortalecimiento de los dones, en el fruto que tenemos que producir y en las habilidades que nos han sido concedidas desde el cielo. José necesitaba aprender esto.

José necesitó aprender a ser paciente. Esa paciencia lo capacitó para saber esperar dos (2) años para que el copero se acordara de él. Nosotros tenemos la ventaja de que conocemos cuánto tiempo él tuvo que esperar antes de ser sacado de esa prisión. Él no conocía ese dato.

Años más tarde, el desarrollo de esa paciencia sería instrumental para su vida. No obviemos que José pudo haber enviado a investigar la tierra en la que vivía su padre. El poder que él tenía en Egipto facilitaría estas gestiones para saber cómo estaba su familia, sus hermanos, incluyendo a Benjamín y su padre. Sin embargo, la Biblia no dice que lo hizo. La paciencia desarrollada le condujo a esperar para que las cosas ocurrieran en el tiempo de Dios.

Es muy probable que él llegara a esta conclusión después de haber vivido el desarrollo de todos los eventos que tuvieron que ocurrir para la reconciliación con su familia. La Biblia señala que esto ocurrió cuando faltaban cinco (5) años de hambre en el imperio (Gén 45:11). O sea, cuando José tenía cerca de treinta y nueve 39 años.[1]
 
No olvidemos que la Biblia dice que estas narrativas bíblicas fueron escritas para nuestra enseñanza y para que tengamos esperanza. Ella añade que esa esperanza viene por la paciencia y el ánimo que nos dan la Sagradas Escrituras (Rom 15:4, PDT)

Al mismo tiempo, José tuvo que aprender a desarrollar otros niveles de templanza y de benevolencia. Sabemos esto porque la cárcel fue el escenario ideal para que él pudiera desarrollar empatía con las necesidades de los oficiales del Faraón; oficiales que pertenecían al sistema que lo había esclavizado y retenido como prisionero.

Así como él tuvo que decidir que no permitiría que la cárcel le robara su identidad como hijo de la promesa (Gén 40:14-15), así también tuvo que aprender a ser un siervo humilde, más dependiente de Dios. La frase: “Sólo Dios puede interpretar los sueños” (Gén 40:8b), es un buen ejemplo de esto.

Algunas destrezas que se quedaron en el tintero incluyen la perseverancia y el compromiso con el servicio al Señor. Consideremos que José pudo haberse negado a utilizar el don que Dios le había concedido para interpretar sueños. No olvidemos que el tema de los sueños fue parte esencial de lo que provocó que él fuera vendido como esclavo y que estuviera preso en una cárcel en Egipto.

Son muchas las ocasiones en las que Dios nos coloca en posiciones similares a esta; vernos ante el reto de tener que servir a aquellos que nos han tratado mal. La Biblia dice que Cristo señaló el camino que tenemos que seguir cuando algo así ocurre.

“39 Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40 y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; 41 y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, vé con él dos. 42 Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. 43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”  (Mat 5:39-48, RV 1960)

El proverbista y el Apóstol Pablo subrayaron estas instrucciones cuando escribieron lo siguiente:

“21 Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, Y si tuviere sed, dale de beber agua; 22 Porque ascuas amontonarás sobre su cabeza, Y Jehová te lo pagará.” (Pro 25:21-22)

“19 No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. 20 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. 21 No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.” (Rom 12:19-21)

No cabe duda de que José estaba siendo dirigido por el Espíritu Santo. Esta es la única forma de explicar que su comportamiento fuera similar a lo que siglos más tarde sería la instrucción bíblica, cristiana y celestial.

Repetimos: José decidió en esa cárcel que tenía que continuar utilizando las herramientas que él había recibido de parte del Señor. Esto, sin importar que el uso de estas representara ser un instrumento de bendición para oficiales del imperio que lo retenía como un esclavo y que lo había enviado injustamente a esa prisión. Esto responde a la perseverancia en el uso de los talentos que Dios le había concedido y el compromiso que él tenía con Dios de mantenerse utilizándolos para el servicio de los propósitos del Eterno.

¿Qué sabía él acerca de los designios que Dios había diseñado para su vida? La respuesta es una sola: él lo desconocía. Es muy probable que el único mensaje de fe que le sostenía en esa prisión era poder recordar las historias familiares acerca de las promesas que Dios le había hecho a su bisabuelo Abraham, a su abuelo Isaac y a su padre Jacob. Dicho de otra manera, la Palabra de Dios hablada a esos patriarcas era la única línea de esperanza que lo podía sostener. En otras palabras, José estaba preso, pero la palabra que había salido de la boca del Todopoderoso nunca está presa.

Siglos más tarde, un profeta inspirado por el Espíritu Santo escribió unas palabras que le dan estructura a esto que hemos planteado aquí.

“6 Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. 7 Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. 8 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. 10 Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, 11 así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié. 12 Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso. 13 En lugar de la zarza crecerá ciprés, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán; y será a Jehová por nombre, por señal eterna que nunca será raída.” (Isa 55:6-11)

La palabra que sale de la boca del Señor, la palabra que sale de los labios de nuestro Dios,
 no vuelve a Él sin producir efecto, sino que hace lo que Él quiere y cumple la orden que Él le da (DHH).

Estos datos, sin duda alguna, colocan a José como un modelo para la juventud de todas las generaciones. Tenemos que reconocer que las prisiones que experimentan nuestros jóvenes en la posmodernidad son inhumanas. Ellos están atrapados en el aislamiento que ha diseñado el mundo cibernético. Un dato que complica esta situación es que ellos han encontrado otras prisiones dentro de esa cárcel. La soledad, el abandono, las depresiones contantes y el rechazo de sus pares son solo algunas de estas. Hay que añadir a estas prisiones que a muchos de ellos les ha tocado aprender a vivir sin la presencia permanente de una figura paternal. Es una realidad fáctica que muchos de ellos han sido abandonados por sus padres. Recordemos que la familia tradicional de la posmodernidad es monoparental. La mayoría de las familias en este tiempo son dirigidas por una madre que cría sola.

Como si esto fuera poco, esas cárceles incluyen amenazas de adentro y de afuera de sus entornos. Por un lado, la inestabilidad emocional y espiritual producida por relaciones intrafamiliares discordantes. Por el otro, las amenazas a la salud física, mental y social que generan las sustancias controladas, la exposición a la violencia constante, algunas plataformas cibernéticas y las estratagemas orquestadas por las agendas de los principados y las potestades de las tinieblas. Recordemos que esas potestades y principados tienen como agenda matar, robar y destruir. En cambio, Cristo vino para dar vida y vida en abundancia (Jn 10:10).

A menudo, esas prisiones se convierten en escenarios impactantes en los que se puede perder la capacidad para poder ser sensibles al amor transformador de Dios. Allí se puede perder la capacidad para poder escuchar las respuestas que Dios está constantemente ofreciendo a las oraciones que hacemos. Esta es una de las razones por las que C.S Lewis señalaba que Dios susurra en nuestros oídos en los escenarios en los que hay calma, pero que tiene que gritar cuando estamos en medio de una tormenta.

La Biblia dice que Dios decidió encarnarse como Verbo, como palabra de acción. O sea, que Él siempre está procurando comunicarse con nosotros.

Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) decía que los talentos se afinan y se nutren en la calma. En cambio, el carácter se construye en la tormenta.[2] A continuación, otras traducciones de esta frase que fue escrita en alemán:
  
  • «El talento se forja en la tranquilidad, el carácter en la vorágine de la vida.» [trad. Hamburger (siglo XX)]
  • «El talento se desarrolla en la calma, el carácter en el torbellino de la vida.»
  • Los talentos se cultivan mejor en la soledad; el carácter se forja mejor en las tempestuosas olas del mundo.
  • «El genio se forja en la quietud, el carácter en el fluir de la vida.»

Dios permitió que José fuera a la prisión para formar su carácter. El undécimo hijo de Jacob necesitaba desarrollar el carácter necesario para poder ser útil en las manos de Aquél que lo había escogido para su obra.

Añadimos a todo lo antes dicho que esas prisiones procuran quitar el deseo de los jóvenes, así como el de cualquier creyente en Cristo, de continuar sirviendo como instrumentos en las manos del Señor. Esas prisiones producen amenazas constantes a sus capacidades para mantenerse enfocados en el desarrollo y el fortalecimiento de los dones y en las habilidades que el Señor les ha concedido.

Esas prisiones también procuran minar el desarrollo del fruto del Espíritu en sus vidas (Gál 5:22-25). Esta es una de las razones por las que muchos de ellos suelen ser mucho más impacientes que antes. Así también los podemos observar luchando para poder mantener aquello que Pablo describe como “cosas contra las que no hay ley” (Gal 5:23b): el amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza.

Un área que no podemos pasar por alto es la amenaza a la identidad que cada uno de ellos posee en Cristo. Esas prisiones procuran que los jóvenes se vean tentados a negociar su identidad sexual, su identidad como hijos del Señor, su identidad en el Cuerpo de Cristo y su identidad en el corazón del Padre Celestial. Afirmamos que los creyentes en Cristo somos mucho más que hijos de la promesa. La Biblia dice que los creyentes en Cristo somos hijos de Dios (Jn 1:12). El Apóstol Pablo hace otra descripción de esa identidad cuando dice lo siguiente en su Primera carta los Corintios:

“Ahora mi conocimiento es parcial, pero luego mi conocimiento será completo. Conoceré a Dios tal como él me conoce a mí.” (1 Cor 13:12c, PDT)

¡Dios nos conoce! Produce mucho gozo saber que somos conocidos por Dios como hijos y como producto terminado.

Por último, esas prisiones también procuran que los creyentes en Cristo se rebelen contra el plan eterno, que pierdan la humildad y que no puedan aprender a ser cada vez más dependientes del Señor. En ocasiones, esto los conduce a no poder ver muchas de las oportunidades que el Señor les está ofreciendo para capacitarles de modo que puedan operar satisfactoriamente en los ambientes a los que serán enviados a servir.

La buena noticia es que la revelación de Dios para José se queda corta ante la revelación que el Todopoderoso nos ha dado en Cristo Jesús nuestro Señor y nuestro Salvador. Nosotros contamos con la presencia constante del Espíritu Santo para revelarnos todo lo que Cristo es y todo lo que dijo. Además, esa presencia no solo está alrededor de aquellos que creen. La Biblia dice que los que creen en Cristo poseen esa presencia en su corazón y experimentan ríos de agua viva fluyendo de su interior (Jn 7:38). José no gozó de esa experiencia.

Es cierto que todo esto ocurre mientras enfrentamos procesos de angustia. La buena noticia es que Dios conoce esos procesos muy bien. A todas luces el salmista parece haberse adelantado a su época cuando escribió lo siguiente:

“7 Me gozaré y alegraré en tu misericordia, Porque has visto mi aflicción; Has conocido mi alma en las angustias. 8 No me entregaste en mano del enemigo; Pusiste mis pies en lugar espacioso.” (Sal 31:7-8)

¡Alabado sea el Señor! Él nos conoce en nuestras angustias.

No podemos concluir esta reflexión sin subrayar que la promesa que Dios le hizo a Jacob estaba en juego en esa prisión.

“13 Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. 14 Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. 15 He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. 16 Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía.” (Gén 28:13-16)

José no lo sabía, pero él estaba siendo capacitado para recibir su tercer ropaje particular. Él perdió el primero, la túnica de colores, a manos de la violencia intrafamiliar. Esta túnica fue utilizada para engañar a Jacob. Él dejó el segundo, lo perdió a manos de la violencia sexual. Ese ropaje fue utilizado para engañar a Potifar. Dios lo estaba preparando para recibir un ropaje real (Gén 41:41-45) que nadie le quitaría jamás. José sería nombrado “mishneh leMelekh” (segundo del rey)[3] y sólo una persona sería más grande que él: el Faraón.

Cualquier parecido con la bendición que nos aguarda como creyentes en Cristo no es una casualidad. Nosotros aguardamos el día en que seremos vestidos de ropas celestiales. Hay Uno que será por siempre más grande que nosotros.

“8 Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir. 9 Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, 10 los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: 11 Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.” (Apoc 4:8-11)

La familia de Jacob se estaba tambaleando y Dios había reclutado un joven para afirmarla y
enderezar su rumbo. Esa prisión formaba parte de los procesos de capacitación para esa tarea. Egipto estaba en peligro de muerte, pero Dios había reclutado un joven para salvar ese imperio. La prisión era el salón escolar en el que estaba siendo preparado para esto.


 
[1] Treinta (30) años cuando fue ascendido, más siete (7) años de abundancia, y dos (2) años de escasez.
[2] Torquato Tasso, Act 1, sc. 2, ll. 304-305 [Leonora] (1790) [traducido por Ryder (1993)]
[3] Sacks, Jonathan. Genesis: The Book of Beginnings (Covenant & Conversation 1) (p. 314). Kindle Edition.










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