1059 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 31 de mayo del 2026

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Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XI


“21 Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel. 22 Y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión; todo lo que se hacía allí, él lo hacía. 23 No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba.”  (Gén 39:21-23, RV1960)

Un proverbio coloquial del pueblo judío describe la función de ser padre como alguien que hace espacio en la familia para que un infante pueda crecer.[1] Los comentaristas y exégetas judíos han dicho acerca de ese proverbio que Dios Padre (“Avinu”) fue capaz de hacer eso con nosotros. Un ejemplo de esto lo encontramos en un rabino llamado Joseph Soloveitchik. Este exégeta judío afirmó que el Creador del mundo decidió disminuir la imagen y la estatura de la creación con el fin de proveer ese espacio saludable a la obra de sus manos. En ese espacio, decía este rabino, el ser humano tendría la responsabilidad de realizar algunas tareas que lo conducirían a ser coronado de gloria y honra, luego de haberse señoreado sobre las obras de las manos del Eterno (Sal 8:5-6).[2]
 
Es cierto que los seres humanos le debemos honra y reconocimiento a Dios, al mismo tiempo que Él nos provee el espacio en el que podemos crecer y desarrollarnos. No es menos cierto que el pecado que está en todos nosotros nos conduce a deshonrar a Dios. No obstante, esto no ha obstaculizado que Dios continúe brindándonos ese espacio saludable para crecer. Gracias sean dadas a Él por su misericordia y su gracia.

Acerca de esto Jonathan Sacks decía que esto mismo debe ocurrir en una familia. Él sostiene que tiene que existir un balance entre aquello que los hijos le deben a los padres, la honra que se le debe a los progenitores, y el espacio en el interior de la familia en el que los hijos pueden crecer.[3]  
 
Es obvio que los creyentes en Cristo Jesús aspiramos a recibir coronas superiores a la que describen el salmista y Soloveitchik. La Biblia dice que los creyentes en Cristo aspiramos a recibir la corona de justicia que está guardada para aquellos que han sido lavados con la sangre que nuestro Salvador derramó en la cruz del Calvario.

“8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” (2 Tim 4:8, RV1960).

Nosotros aspiramos a recibir la corona de la vida que Dios ha prometido entregar a aquellos que le aman.

“12 Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.”  (Stg 1:12)

“10 No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.” (Apo 2:10;)

Además, a aquellos que somos creyentes en Cristo se nos ha prometido la corona de gloria incorruptible, una que recibiremos cuando aparezca en los cielos el Príncipe de los pastores.

“4 Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.”  (1 Ped 5:4).

Afirmamos que la primera corona, la que describe el salmista, ha sido dispuesta para todos los seres humanos. En cambio, las otras han sido preparadas para aquellos que confiesan que Jesucristo es el Señor y el Salvador de sus vidas. Juan, el escritor del Libro de Apocalípsis, fue instruido por el Señor a colocar una advertencia sobre este tema:

“11 He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.” (Apo 3:11, RV1960)

Regresando a la saga de José, esta nos permite concluir que Jacob no proveyó ese espacio saludable para el crecimiento de José y para ninguno de sus otros hijos. Jacob estaba tan ensimismado en sentirse amado y en convertirse en el cumplimiento de la promesa que Dios le había dado a Abraham, que no supo velar por el desarrollo saludable de los suyos. Por un lado, Jacob no parecía entender que sus manifestaciones de amor dividían a su familia. Por el otro, tampoco parecía tener claro que esos que él había descuidado tendrían la responsabilidad de aprender a vivir como los hijos de esa promesa y de desarrollar ésta a plenitud. El Profesor Jonathan Sacks comenta que ser escogidos, hijos de la promesa, significa una vida de altas demandas y experiencias muy duras.[4]
 
Una de las “travesuras” que Dios insertó en el plan para el desarrollo de la vida y el carácter de José incluyó que el undécimo hijo de Jacob encontrara ese “espacio saludable” para su desarrollo en el cautiverio en Egipto y en una cárcel. Afirmamos que el Señor es especialista en la preparación de espacios saludables para el crecimiento de aquellos que creen en Él. En muchas ocasiones estos espacios vienen vestidos de ropajes de crisis, de dolor y/o como fuentes que provocan el desaliento.

Hemos visto en otras reflexiones que José experimentó una crisis antes de llegar a esa cárcel. Esta crisis sirvió como una experiencia de preparación previa para que él pudiera hacer buen uso de ese espacio provisto por Dios. Dicho de otro modo, José necesitaba la experiencia en la casa de Potifar para que esta le permitiera y le preparara para utilizar la cárcel como un lugar para crecer. Este joven necesitaba crecer hasta alcanzar la estatura necesaria para el cumplimiento de los propósitos divinos. La experiencia con la esposa de Potifar, la tentación que él sufrió allí, fue una oportunidad para aquilatar su identidad y sus valores.

Sacks puntualiza esto al analizar el conflicto mental que José experimentó con el incidente que ocurrió con la esposa de Potifar. Uno de los asuntos concernientes a ese conflicto era la tentación de traicionar ese fuerte sentido de identidad y los valores adscritos a ser hijo de la promesa (“…y cometer un pecado contra Dios”, Gén 39:9b, PDT). Otro, el conflicto acerca de sus lealtades; faltarle a esa persona que le había otorgado privilegios inmerecidos.[5]

Recordemos que José se encontraba insertado en un centro urbano, en una metrópoli, con luces, edificios y colores nunca antes vistos, lejos de su hogar y luchando con los fantasmas provocados por las traiciones sufridas en casa. Este joven pudo haber sucumbido ante la tentación de ceder su identidad, ceder los valores con los que había sido formado, ceder los designios de su conciencia y los principios que le identificaban como hijo de la promesa. Tenemos que admitir que no era muy difícil decidir convertirse en egipcio con todas las libertades sexuales que esto implicaba.

Sacks le puso un nombre a ese conflicto: crisis de conciencia.[6] Esa expresión, popularizada en Francia en la década de los años treinta del siglo pasado (“crise de conscience”), regresó a la consideración pública por virtud de un libro escrito por Raymond Franz. Franz, quien fuera miembro del cuerpo de gobierno internacional de los Testigos de Jehová, decidió escribir ese libro cuando abandonó ese cuerpo directivo.[7] A continuación, una cita directa de ese libro:

“Tenemos la opción, por supuesto, de rodear nuestra conciencia con una especie de capullo de complacencia, de seguir pasivamente la corriente, protegiendo nuestros sentimientos de todo aquello que pueda perturbarlos. Cuando surgen problemas, en lugar de tomar postura, podemos decir, en efecto: «Me mantendré al margen; otros pueden verse afectados, incluso heridos, pero yo no». Algunos pasan toda su vida en una postura moral pasiva. Pero, al final, cuando la vida se acerca a su fin, parece que quien puede decir: «Al menos defendí algo», debe sentir mayor satisfacción que quien rara vez defendió algo.
A veces nos preguntamos si las personas de profunda convicción se han convertido en una especie en extinción, algo de lo que leíamos en el pasado, pero que apenas vemos en el presente. A la mayoría nos resulta bastante fácil actuar con buena conciencia siempre que lo que está en juego sea de poca importancia. Cuanto más está en juego, mayor es el costo, más difícil resulta resolver cuestiones de conciencia, emitir un juicio moral y aceptar sus consecuencias. Cuando el costo de lo que está en juego es muy alto, nos encontramos ante una encrucijada moral, enfrentando una verdadera crisis en 
nuestras vidas.
 
 Este libro trata sobre ese tipo de crisis, la forma en que las personas la afrontan y el efecto que tiene en sus vidas.”
[8] (traducción libre)

Ese tema también fue ampliamente analizado por Tom Mueller en su libro “Crisis of Consience: whistleblowing in an age of fraud.” (Atlantic Books, 2020).[9]

¿Qué es una crisis de conciencia? Una crisis de conciencia es ante todo un conflicto interior profundo, generalmente desencadenado cuando una persona se enfrenta a un dilema moral, ético o existencial. En esencia, es un momento en el que los valores, las acciones y la identidad de esa persona entran en tensión, provocando duda, culpa o cuestionamiento personal. En otras palabras, una crisis de conciencia corresponde a un cuestionamiento moral intenso que perturba la mente. Surge cuando alguien se da cuenta de que sus actos, sus decisiones o su modo de vida ya no están alineados con sus valores más profundos.

Los especialistas en este tema han propuesto que este tipo de crisis puede desencadenarse cuando enfrentamos lo siguiente:
  
  • conflictos de valores: cuando nuestras acciones contradicen nuestros principios personales.
  • presiones sociales: cuando nuestras expectativas familiares, profesionales o culturales chocan con
  • aquello que realmente deseamos.
  • evolución personal: cuando vemos que nuestros valores cambian, pero nuestra vida aún no se
  • adapta a ese cambio.
  • eventos externos: la presencia de algunas crisis económicas, políticas o personales que obligan a que reevaluemos nuestro lugar en el mundo.

¿Cómo se manifiesta este tipo de crisis? Los primeros síntomas son la ansiedad y el estrés.
Debemos entender que el conflicto interno que genera este tipo de crisis desarrolla una fuerte tensión psicológica. Además, esta crisis usualmente trae consigo culpa o vergüenza. Esto es, la sensación de haber actuado mal o en contradicción con uno mismo. Sabemos que esto último no le ocurrió a José.

En muchos casos la persona que sufre una crisis de conciencia comienza a experimentar dudas sobre su identidad. Estas se pueden manifestar a través de la impresión de no saber quiénes somos, no saber qué queremos, o si realmente somos lo que hemos creído ser. Aquellos que han escrito con responsabilidad acerca de este tema, añaden que las personas que sufren este tipo de crisis generalmente procuran un tipo de retiro social. Este tipo de retiro también puede manifestarse como dificultad, temor para compartir con los demás el malestar que se experimenta.

Sabemos que una crisis de conciencia puede convertirse en un motor de transformación. La Biblia nos deja conocer que esto es lo que Dios orquestó en la vida de José. Los mejores testimonios acerca del manejo de este tipo de crisis describen que se experimenta la necesidad de un realineamiento personal: regresar a lo que realmente importa. Ese es un punto de inflexión, clave en este tipo de crisis. Al mismo tiempo, se describen las luchas para encontrar que se toman decisiones más auténticas: aprender a elegir de manera coherente utilizando como lentes rectores los valores, los principios y la identidad que realmente poseemos. Además, todo esto viene acompañado de un proceso de crecimiento interior.

Reconocemos que muchos creyentes en Cristo experimentan esta crisis. Una buena noticia es que la Biblia está llena de ejemplos de muchos ejemplos de esto. Un ejemplo singular de este tipo de crisis la observamos en Job.

En el caso de Job, las narrativas bíblicas acerca de él nos invitan a reconocer, a ser capaces de comprender que no existe manera alguna en que podamos entrar a conocer a Dios y su llamado sin tener temor y sin experimentar una crisis de conciencia. La invitación divina nos coloca ante la necesidad y el reto de revisar quiénes somos y por qué es que Dios quiere revelarse a nosotros. Eso fue lo que le sucedió a Job.

La historia de Job nos invita a internalizar que la invitación divina es a que nos arriesguemos a conocer el amor insondable y eterno de Dios. Pero, como ha dicho un teólogo católico llamado Carlo M. Martini[10], entrar al conocimiento de ese amor sin fin, corresponde a entrar a misterios sin fin y a la necesidad de arriesgarnos a ser transformados por ese amor y dentro de ese amor.
 
Encontramos, realizando una mirada rápida al libro que lleva su nombre, que Job examina su conciencia en los capítulos 29 (“Canto del pasado y de la nostalgia”), 30 (“Canto del presente y del horror”) y 31 (“Canto del futuro y de la inocencia”)[11]. Gianfranco Ravasi, un cardenal católico, ha dicho que estas expresiones se asemejan a las expresiones antiguas que tenían que expresar los muertos acerca de su inocencia cuando llegaban ante los dioses[12]. Job no se había percatado que Dios no lo había sentenciado a morir. Dios quería transformarlo para que fuera capaz de vivir una vida diferente y plena.
 
Luego de esto, un Job que se siente despreciado, aterrorizado y hasta hostigado por Dios, necesitó que un joven llamado Eliú lo invitara a considerar que muchos de sus argumentos teológicos no eran correctos. No lo eran porque realmente Job no conocía a Dios. En segundo lugar, Eliú condujo a Job a entender que no estaba libre de pecado. Recordemos que una de las aseveraciones de Job es que él no había pecado (Job 35:3); que nadie lo podía convencer de que lo había cometido. Los seres humanos somos pecadores: todos. Sólo Cristo el Señor pudo afirmar que no cometió pecado (Heb 4:15). Estas dos (2) aseveraciones de Eliú sirvieron para crear la crisis de conciencia por la que Job atravesó.

El final de esas narrativas bíblicas es de todos conocida. Job concluye admitiendo lo siguiente:

“5 Hasta ahora solo había oído de ti, pero ahora te he visto con mis propios ojos. 6 Me retracto de todo lo que dije, y me siento en polvo y ceniza en señal de arrepentimiento».” (Job 42:5-6, NTV)

Encontramos otros ejemplos en las historias de otros gigantes de la fe tales como Jeremías (Jer 15:10-21; 20:7-18), David (Salmo 51) y Pablo (2 Corintios, capítulos 11 y 12). Un denominador común en todos estos casos es que Dios se les reveló a sus siervos para ayudarles a convertir esas crisis en oportunidades para el desarrollo de su fe, de su relación con el Eterno y para que pudieran ser capaces de cumplir el propósito para el que Dios los había llamado.

Repetimos: José atravesó por este tipo de crisis.

Sabemos que Dios tiene que haberse revelado a ese joven. Es cierto que la Biblia no ofrece detalles acerca de esto, pero es obvio que esa revelación ocurrió. El mero hecho de la utilización constante del nombre de “Yavé” para describir a Dios en esa parte de la saga de José garantiza que Dios estaba revelándose en muchos lugares y al mismo tiempo.

Los escritos extrabíblicos del pueblo judío estilan que Dios se le reveló a José en medio de esa crisis. El Talmud (Sotah 36b) dice que Dios utilizó la imagen de Jacob para decirle a José que los nombres de sus once hermanos y el suyo estaban destinados a ser inscritos en el pectoral del Sumo sacerdote. Dice esa leyenda que José fue cuestionado en esa revelación si quería que su nombre fuera borrado de esa lista y si él quería pasar a la historia con el título de adúltero.

Sabemos que esta leyenda no forma parte del texto bíblico y que por lo tanto, no posee autoridad como Palabra de Dios. No obstante, esta leyenda sirve como un recurso pedagógico para nosotros porque provee algunos ejemplos de la revelación que Dios pudo haberle dado a José.

Sabemos que José rehusó caer en esa tentación. Sin embargo, la lucha con su conciencia, con su identidad, sus valores y sus principios como hijo de la promesa apenas comenzaba. Sus luchas con sus lealtades también fueron incluidas aquí.

Ese fue el momento y la estrategia que Dios utilizó para dar inicio a otros escenarios que eran necesarios para la transformación de ese joven. El espacio saludable para su crecimiento comenzaba a ampliarse: espacio en el que él tendría la oportunidad de revisar las columnas que sostenían su carácter y su identidad como hijo de la promesa. Para José, ese espacio amplio y saludable tenía un nombre: la prisión del rey.

La mayoría de los comentarios bíblicos y las publicaciones acerca del período en el que José estuvo en la cárcel se enfocan en tres (3) elementos relacionados al aprendizaje, a las destrezas y al carácter de José y a los temas de las enseñanzas acerca de la soberanía de Dios que se estilan en esos pasajes bíblicos. Los elementos relacionados a José son los siguientes:
  
  • la experiencia administrativa y las destrezas de liderazgo obtenidas allí.
  • la habilidad para la interpretación de sueños que se dio a conocer durante ese período.
  • la perseverancia de José que sirvió para demostrar su fidelidad y confianza en el Señor.

A continuación, los temas acerca de las enseñanzas relacionadas a la soberanía de Dios:
  
  • la presencia del Señor en medio de nuestras adversidades (Gén 3:21).
  • el control que el Señor tiene sobre los asuntos humanos (Gén 50:20).
  • la prueba de la fe a través de las experiencias que producen dolor (Stg 1:2-4).

Sin duda alguna que esos enfoques son extraordinarios y merecen ser analizados. Sin embargo, creemos que hay algo que tenemos que atender antes de dedicarnos a estudiar lo que hemos identificado relacionado a José y al tema de la soberanía de Dios. Se trata del análisis de las prisiones en Egipto.

Nuestra reflexión anterior nos permitió revisar algunos de los conceptos que se utilizan en el hebreo del Antiguo Testamento para describir una prisión o una cárcel. En esa reflexión también pudimos establecer la diferencia entre esos conceptos y el que es utilizado para describir la prisión a la que José fue enviado: “bayith ṣōhar” (H1004-H5470); casa de confinamiento (Gén 39:20,21,22, 23; 40:3, 5).

El estudio responsable de este tema requiere que esbocemos, aunque sea de manera superficial, el desarrollo histórico del imperio egipcio. Esto es muy importante porque el sistema judicial en ese imperio experimentó muchos cambios según avanzaba su desarrollo.

Es cierto que se han identificado documentos acerca del antiguo Egipto que revelan la existencia de legislación y de leyes para aplicar la justicia desde antes del desarrollo de ese imperio (cerca del año 6000 antes de Cristo). No obstante, la mayoría de los cambios en ese sistema ocurrieron luego del origen de ese imperio. A continuación, un resumen de sus etapas:
  
  • Período pré-dinástico (5500 - 3100 A.C.)           -    Imperio antiguo (3100 - 2180 A.C.)
  • Primer período intermedio (2181 - 2055 A.C.)    -   Imperio medio (2055 - 1650 A.C.)
  • Segundo período intermedio (1650 - 1550 A.C.) -   Imperio nuevo (1550 - 1070 A.C.)
  • Tercer período intermedio (1070 - 664 A.C.)      -    Período tardío (664 - 332 A.C.)
  • Época Ptolemaica (330 - 30 A.C.)                      -    Dominio romano (30A.C. – 395 D.C.)

Los cambios en el sistema judicial del imperio egipcio, las variaciones experimentadas en esosperíodos, están íntimamente relacionadas a los retos históricos, políticos, económicos y religiosos que se experimentaron en estos. Los estudios acerca del antiguo Egipto no ofrecen muchos detalles acerca de las prisiones que existían antes de que existiera ese imperio y en las primeras etapas de este. En cambio, se conservan relatos de castigos inmediatos y brutales, tales como la flagelación, la mutilación y la muerte. Además, que la mayoría de las sentencias eran dictadas por un funcionario llamado “visir”.

Según la World History Encyclopedia ese funcionario en el antiguo Egipto era una de las personas más influyentes después del faraón. Algunos de los recursos consultados describen la función de este como una similar a la de un primer ministro. Además, este supervisaba el gobierno, incluyendo la disciplina de los criminales. Los criminales del antiguo Egipto se enfrentaban a dos tipos de juicios. El primero se realizaba en un tribunal con testigos, como se menciona en la Enciclopedia Británica, y el segundo en el inframundo, ante el dios Osiris, quien dictaba la sentencia final, según señala esa enciclopedia.[13]

Podemos encontrar en las publicaciones del National Geographic que en el antiguo Egipto existían dos tipos de delitos por los que un prisionero podía ser juzgado y condenado: delitos contra la población, como asesinato, adulterio o robo, y delitos contra el Estado, como traición, robo de bienes públicos y cualquier violación de las instituciones religiosas.

Las condenas a menudo se ejecutaban mediante trabajos forzados, o los delincuentes eran amenazados con el exilio a Nubia (actual norte de Sudán). Según la World History Encyclopedia, muchos criminales eran esclavizados, y la revista History señala que los esclavos se utilizaban principalmente como jornaleros agrícolas y sirvientes domésticos.”[14] (traducción libre)

Por lo general los castigos eran inmediatos. En muchas ocasiones los reos eran vendidos como esclavos.[15]

Ahora bien, hay evidencias acerca del desarrollo del derecho egipcio en el Imperio Antiguo.

El derecho egipcio, originado con la unificación del Alto y el Bajo Egipto bajo el rey Menes (c. 2925 a. C.), se desarrolló y perduró hasta la ocupación romana (30 a. C.). Su historia es más extensa que la de cualquier otra civilización. Incluso después de la ocupación romana, se conservaron elementos del derecho egipcio fuera de las principales áreas urbanas.”[16] (traducción libre)

Encontramos evidencias de la existencia de prisiones y de un sistema judicial con cortes en el imperio medio (2055-1650). Inicialmente, este sistema era dirigido por sacerdotes.[17] Las narrativas bíblicas acerca de José ocurrieron en esa época.

Dando un salto cualitativo, existe evidencia gráfica de reos trabajando en la construcción del templo que Ramesés II construyó (Abu Simbel, ca. 1279-1213 A.C.).[18]

Estos datos confirman que José llegó a un imperio que había experimentado cambios en su sistema judicial.

Hay otras evidencias que podemos compartir aquí acerca de la prisión a la que José fue enviado. No obstante, queremos concluir esta reflexión señalando que la Biblia dice que la recepción inicial que José recibió en esa cárcel no fue fácil ni placentera. Sin embargo, todo esto formaba parte del plan perfecto de Dios.

“16 Mandó hambre a la tierra de Canaán, y cortó la provisión de alimentos. 17 Luego envió a un hombre a Egipto delante de ellos: a José, quien fue vendido como esclavo. 18 Le lastimaron los pies con grilletes    y en el cuello le pusieron un collar de hierro. 19 Hasta que llegó el momento de cumplir sus sueños, el Señor puso a prueba el carácter de José. 20 Entonces el faraón mandó a buscarlo y lo puso en libertad; el gobernante de la nación le abrió la puerta de la cárcel. 21 José quedó a cargo de toda la casa del rey; llegó a ser el administrador de todas sus posesiones. 22 Con total libertad instruía a los asistentes del rey y enseñaba a los consejeros del rey.” (Sal 105:16-22, NTV)
 


[1] Sacks, Jonathan. Genesis: The Book of Beginnings (Covenant & Conversation 1) (p. 86). Kindle Edition.
[2] Soloveitchik, Joseph B. The Halakhic Mind: an essay on jewish tradition and modern thought. Seth Press. Distributed by The Free Press, Londres, 1986.
[3] Sacks, Op. cit.
[4] Sacks, Jonathan, Op. cit., p. 172.
[5] Op. cit., p.111.
[6] Op. cit., p.112.
[7] Franz, Raymond. Crisis of conscience: the struggle between loyalty to God and loyalty to one’s religion. Atlanta: Commentary Press, Fourth edition, 2002. La obra fue publicada por primera vez en 1983 y ha sido traducida en 12 idioma.
[8] Op.cit, p.1
[9] https://www.tommueller.co/crisis-of-conscience
[10] https://comboni2000.org/wp-content/uploads/2022/08/ff-2022-card.-martini-habeis-perseverado-conmigo-en-mis-pruebas-el-examen-de-conciencia-de-job-meditacion-3.pdf
[11] Op.cit.
[12] Encontramos expresiones similares en el Libro de los Muertos.
[13] https://www.grunge.com/488817/heres-what-it-was-like-for-criminals-in-ancient-egypt/
[14] https://www.grunge.com/488817/heres-what-it-was-like-for-criminals-in-ancient-egypt/
[15] https://museum.wa.gov.au/sites/default/files/ImagingAncientEgyptAbuSimbel.pdf
[16] https://www.britannica.com/topic/Egyptian-law
[17] https://www.grunge.com/488817/heres-what-it-was-like-for-criminals-in-ancient-egypt/
[18] https://www.grunge.com/488817/heres-what-it-was-like-for-criminals-in-ancient-egypt/








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