1065 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 12 de julio del 2026

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Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XVI


“1 Aconteció después de estas cosas, que el copero del rey de Egipto y el panadero delinquieron contra su señor el rey de Egipto. 2 Y se enojó Faraón contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra el jefe de los panaderos, 3 y los puso en prisión en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel donde José estaba preso. 4 Y el capitán de la guardia encargó de ellos a José, y él les servía; y estuvieron días en la prisión. 5 Y ambos, el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban arrestados en la prisión, tuvieron un sueño, cada uno su propio sueño en una misma noche, cada uno con su propio significado. 6 Vino a ellos José por la mañana, y los miró, y he aquí que estaban tristes. 7 Y él preguntó a aquellos oficiales de Faraón, que estaban con él en la prisión de la casa de su señor, diciendo: ¿Por qué parecen hoy mal vuestros semblantes? 8 Ellos le dijeron: Hemos tenido un sueño, y no hay quien lo interprete. Entonces les dijo José: ¿No son de Dios las interpretaciones? Contádmelo ahora.”   (Gén 40:1-8, RV1960)

El capítulo cuarenta (40) del libro de Génesis describe la llegada de unos oficiales (“sā-rî-sāw”, H5631; Gén 40:2) del Faraón a la prisión (“bêṯ has-sō-har”)[1] a la que enviaba aquellos que él quería privar de su libertad. Dios había permitido que José, hijo de Jacob, fuera el encargado de la administración de esa cárcel. En otras palabras, que todo lo que ocurría allí formaba parte del plan maestro de Dios para cumplir sus propósitos y las promesas hechas a Abraham, a Isaac y a Jacob. La cárcel a la que José fue enviado estaba conectada al cumplimiento de esas promesas.

Los creyentes en Cristo hemos aprendido a mirar con admiración a estos patriarcas porque es a través de estos que Dios orquestó que naciera nuestro Señor y Salvador y nuestra fe en un solo Dios. Nuestra visión de ellos y nuestra admiración como modelos de la fe y del compromiso con Dios son indiscutibles.

Más tenemos que considerar que para el pueblo judío, los patriarcas no son figuras históricas, que pertenecen al pasado. Los judíos los han hecho formar parte de su vida religiosa diaria. De hecho, hay una oración que ellos recitan tres (3) veces al día, “Amidah”. Esta oración, que contiene diecinueve (19) bendiciones[2], comienza así:

Bendito seas, Señor, Dios nuestro y Dios de nuestros padres, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, el Dios grande, poderoso y temible, Dios exaltado, que concedes abundante bondad, que creas todas las cosas, que recuerdas la piedad de los patriarcas y que, con amor, traes un redentor a los hijos de sus hijos, por amor de su Nombre….. Bendito eres Tú, Señor, escudo de Abraham.

En otras palabras, que los judíos que practican su fe mantienen en sus vidas a estos patriarcas constantemente.

Los cristianos sabemos que el redentor que ellos esperan es Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Los judíos se resisten a aceptar esto. El Apóstol Pablo nos dice que esto también forma parte del plan de Dios (Rom 11:7-15).

Como un dato acerca del plan maestro diseñado y orquestado por Dios, este es tan perfecto que algunos maestros como el Rabino Gunther Plaut describen que hasta existe una progresión matemática en los años de vida de esos patriarcas.
  
  • Abraham vivió 175 años (Gén 25:7): esto es 7 veces 52 (cinco multiplicado por cinco)
  • Isaac vivió 180 años (Gén 35:28): esto es 5 veces 62 (seis multiplicado por seis)
  • Jacob vivió 147 años (Gén 47:28): esto es 3 veces 72 (siete multiplicado por siete)

Ahora bien, sabemos que hemos dedicado mucho tiempo al tema del dolor y del sufrimiento en el análisis de la saga de José. Es importante comprender que la estructura de este grupo de narrativas bíblicas fue construida, entre otras cosas, para comunicar el lugar objetivo y productivo que pueden y deben poseer el dolor y el sufrimiento en la vida de los fieles.

De hecho, algunos comentaristas bíblicos han destacado que la saga de José comienza advirtiendo acerca de los dolores y del sufrimiento que esa familia habría de experimentar. El punto en el pasaje bíblico al que hacen referencia es el que describe que esta saga comienza cuando Jacob se había establecido en la tierra de Canaán (Gén 37:1).

“37 Entonces Jacob volvió a establecerse en la tierra de Canaán, donde su padre había vivido como extranjero.” (Gén 37:1, NTV)

Estos añaden que el uso del concepto que se traduce aquí como “establecerse” (“way-yê-šeḇ”, conjugación en tercera persona, consecutivo imperfecto del verbo hebreo “yâshab”, H3427) casi siempre indica que va a ocurrir algo doloroso.[3]
 
Dentro de algunos ejemplos en los que se utiliza este concepto encontramos a Caín habitando en tierra de Nod (Gén 4:16), luego de que Dios lo marcara en la frente. Los dolores que sufre un ser humano que no quiere arrepentirse nos han seguido desde ese instante. Lo encontramos en los habitantes de la tierra estableciéndose en una llanura en la tierra de Sinar previo a la construcción de la torre de Babel (Gén 11:2). Las guerras y los conflictos provocados por la incapacidad para comunicarnos encuentran aquí su génesis. Vemos su uso con los familiares de Abram que deciden quedarse en Harán (Gén 11:31), perdiendo así la bendición de la tierra prometida. Lo encontramos en la historia que describe a Lot decidiendo habitar en las ciudades de la llanura, cerca de Sodoma. Esto último luego de haberse separado de Abram (Gén 13:12) después del lío entre los pastores de ambos. Todos conocemos el desenlace trágico de esa decisión. En el caso de Jacob, el “way-yê-šeḇ” que aparece en el primer verso del capítulo treinta y siete de Génesis fue seguido por el secuestro de José y de su venta como esclavo.

Debemos señalar que este dato está predicado sobre varias tesis que son esbozadas en los pasajes bíblicos que forman parte de esta saga. Una de estas es que la vida del ser humano es como una montaña rusa repleta de valles en los que se respira la calma y de picos súbitos que nos roban hasta la respiración. Otra tesis que esbozan estos pasajes bíblicos es que es un acto de necedad descansar en nuestros laureles. Mucho más cuando nuestra confianza casi siempre se inclina a convertirse en complacencia. Algunos especialistas en estos pasajes señalan que se desprende de estos que la confianza en sí misma nos inspira a seguir hacia adelante, a no detenernos hasta alcanzar una meta. En cambio, la complacencia, la pasividad, nos puede proveer la ilusión de que todo va bien, cuando en realidad lo que está ocurriendo es que no somos capaces de ver cómo se han ido desinflando nuestras habilidades para defender aquello que de verdad vale en la vida. Ese fue el caso de Jacob, de José, del jefe de los coperos y del jefe de los panaderos de Faraón.

Por un lado, tenemos que Jacob descansó en que el tiempo de ser nómada había concluido y que se había podido establecer en la tierra que habitaron Abraham e Isaac (Gén 11:31; 12:5; 13:12; 17:8; 23:2; 31:18). Él estaba en el sitio correcto, pero su visión de las promesas y de la condición de su familia no. Por otro, tenemos que José descansó en que estaba vestido con una túnica de colores y que su padre lo protegía como el preferido de toda esa familia. Él nunca consideró que los cielos se estaban nublando y que un huracán venía de camino. Al mismo tiempo, tenemos al jefe de los coperos y al de los panaderos del Faraón que descansaron en que eran oficiales de la corte imperial y que esa posición los convertía en intocables. Ellos creían que eran inalcanzables para aquellos que los rodeaban. Sin embargo, ellos no consideraron que sus problemas no surgirían de aquellos que podían estar a su derecha o a su izquierda. Sus problemas vendrían de arriba.[4]

Otra tesis que se presenta en esta saga es que los dolores y los sufrimientos pueden convertirse en herramientas pedagógicas muy poderosas cuando permitimos la intervención de Dios en nuestras vidas. Ese fue el caso de José y el caso del jefe de los coperos, el mayordomo de Faraón.

El capítulo cuarenta de Génesis dice que el mayordomo del Faraón, así como el jefe de los panaderos, habían sido enviados a la prisión porque ese rey se había enojado (“qâtsaph”, H7107) con ellos (Gén 40:2). Este concepto es traducido con frecuencia como ira[5],[6]: Faraón estaba airado con estos oficiales de su corte. La Biblia dice que la razón por la que el rey de Egipto estaba airado con estos funcionarios era porque ellos habían delinquido (“ḥā-ṭə-’ū”, H2398: Gén 40:1).

Es cierto que este concepto puede ser traducido como pecado. Sin embargo, también puede ser traducido como volverse responsable de una pena o confiscación de algo, ya sea por haber pecado o por haber cometido una falta. El uso de ese concepto implica que la persona que comete este acto se tiene que hacer responsable de la pena que se le imponga. O sea, que pone su vida en peligro y/o es responsable del castigo que va a recibir.[7]

El Diccionario de la lengua española define el verbo delinquir como cometer delito. Este recurso dice que es sinónimo de perpetrar, atentar, de emprender o ejecutar algo ilegal o ilícito, de infringir, transgredir, contravenir, violar, vulnerar, quebrantar, contravenir, transgredir, conculcar, saltarse, quebrar, atropellar y hasta robar, matar y asesinar. ¿Qué fue lo que estos oficiales hicieron? No lo sabemos. Lo único que conocemos es que el texto bíblico lo describe señalando que ellos delinquieron y que esto provocó la ira del Faraón.

Es muy interesante el dato de que el recurso académico que acabamos de utilizar como referencia académica incluye esta referencia bíblica como parte de sus explicaciones:

“2 Como rugido de cachorro de león es el terror del rey; El que lo enfurece peca contra sí mismo.”  (Pro 20:2, RV 1960)

Un mensaje implícito detrás de todo esto es que el copero ni el panadero podían siquiera intuir que Dios estaría utilizando los resultados de sus acciones. Ellos, en el ejercicio de su libre voluntad, habían desarrollado unas conductas que el Faraón encontró que eran delictivas. Dios no era el responsable de que ellos provocaran la ira de Faraón. Sin embargo, el Todopoderoso no dejaría de utilizar los resultados de todo esto para bendecir a José. Este es un principio bíblico muy poderoso:

“Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos.”
(Rom 8:28, NTV)

La narrativa bíblica que aparece en el epígrafe de esta reflexión señala que el Faraón puso bajo custodia (“mishmâr”, H4929) a estos oficiales. Así lo traducen algunas versiones bíblicas (PDT). El texto bíblico añade que ellos fueron enviados a la casa en la que vivía el capitán de la guardia, residencia que se encontraba en la cárcel en la que estaba José.

Un dato muy interesante es que todos los caminos conducen a aceptar que Potifar era el jefe de esa cárcel. Consideremos que la Biblia lo identifica como el capitán de la guardia y oficial de Faraón.

1 Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá.” (Gén 39:1).

Añadimos a esto que el mayordomo de Faraón identificó a José como el esclavo del capitán de la guardia.

“9 Entonces el jefe de los coperos habló a Faraón, diciendo: Me acuerdo hoy de mis faltas. 10 Cuando Faraón se enojó contra sus siervos, nos echó a la prisión de la casa del capitán de la guardia a mí y al jefe de los panaderos. 11 Y él y yo tuvimos un sueño en la misma noche, y cada sueño tenía su propio significado. 12 Estaba allí con nosotros un joven hebreo, siervo del capitán de la guardia; y se lo contamos, y él nos interpretó nuestros sueños, y declaró a cada uno conforme a su sueño.”  (Gén 41:9-12, RV 1960)
           
Esto puede explicar por qué es que José puede ser encarcelado en una prisión tan especial como esa: el “bêṯ has-sō-har”, la cárcel en la que estaban los presos del rey. Esta aseveración también abre las puertas para poder afirmar que José no se había podido desembarazar de Potifar. Este continuaba siendo una variable permanente en las ecuaciones de la vida de José, una pieza constante en el tablero de ajedrez que este joven tenía que manejar.

La vida nos sorprende con problemas así; que no desaparecen, que siempre están presentes. La buena noticia que nos comunica la saga de José es que, aunque Potifar no desapareció, Dios le concedió a José la oportunidad para destronarlo como su amo, como su jefe y como su señor. Veamos esto en detalle. José fue elevado a la posición de segundo al mando en el imperio egipcio. En otras palabras, que él se convirtió en jefe de Potifar. Potifar no había desaparecido de la vida de José, pero ya no era su amo, no era su jefe, ni su señor. Potifar ya no lo podía dominar, porque Dios había colocado a José sobre él.

Una nota acerca del sentido del humor de Dios nos lleva a considerar un dato que hemos analizado en otras reflexiones. El nombre Potifar es la abreviación de Potifera.[8] Este dato puede ser irónico porque la Biblia dice que ese es el nombre del suegro de José.

“45 Y llamó Faraón el nombre de José, Zafnat-panea; y le dio por mujer a Asenat, hija de Potifera sacerdote de On. Y salió José por toda la tierra de Egipto.”

Dicho de otra forma, que Potifar continuó siendo una pieza en el rompecabezas de la vida de José.

Repetimos: los creyentes en Cristo enfrentamos situaciones parecidas a esta. Se trata de problemas, situaciones, necesidades y otra clase de escenarios en la vida que parecen no tener fin. Son escenarios que nos acompañan durante toda la vida. La realidad es que tenemos que admitir que Dios los permite y no quiere que vivamos sin ellos.

Esta realidad es cónsona con lo que expresa el Apóstol Pablo cuando dice lo siguiente:

“7 Para evitar que me volviera presumido por estas sublimes revelaciones, una espina me fue clavada en el cuerpo, es decir, un mensajero de Satanás, para que me atormentara. 8 Tres veces rogué al Señor que me la quitara; 9 pero él me dijo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad». Por lo tanto, gustosamente presumiré más bien de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo. 10 Por eso me regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo; porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte.” (2 Cor 12:7-10, NVI)

La versión bíblica Palabra de Dios para Todos indica que Pablo estaba consciente de que había sido Dios el que envió esto.

“7 No quiero que su opinión sobre mí se vea influenciada por las extraordinarias revelaciones que recibí del Señor. Por eso el Señor me dio una dolencia: un mensajero de Satanás, enviado a torturarme para que no me vuelva demasiado orgulloso. 8 Le he rogado ya tres veces al Señor que me quite esa dolencia. 9 Pero el Señor me dijo: «Mi bondad es todo lo que necesitas, porque cuando eres débil, mi poder se hace más fuerte en ti». Por eso me alegra presumir de mi debilidad, así el poder de Cristo vivirá en mí. 10 También me alegro de las debilidades, insultos, penas y persecuciones que sufro por Cristo, porque cuando me siento débil, es cuando en realidad soy fuerte.” (PDT)

El mensaje es el mismo, tanto en el caso de Pablo, como en el de José. La clave hermenéutica de este posee dos (2) axiomas fundamentales. Uno de estos es reconocer que es Dios el que ha permitido que todo esto sea así: reconocer la soberanía de Dios. El segundo, que nosotros podemos decidir que Potifar ni el aguijón nos van a controlar. Ambos pueden y deben ser colocados en una posición en la que no puedan ejercer su señorío sobre nosotros. Están ahí: nadie lo puede dudar, pero no nos controlan. Estas cosas ya no nos esclavizan, no nos tienen en sujeción, no son nuestros amos, no son nuestros dueños, ni nuestros señores.

Hay que destacar que José no podía darse el lujo de entretenerse con un aguijón llamado Potifar. En primer lugar, porque él no sabía cuánto tiempo más estaría en esa cárcel, ni cómo terminaría su historia. Entretenerse con Potifar le habría robado la libertad y la paz mental para aprovechar la cárcel. Sí, usted leyó bien: tenemos que aprovechar nuestras cárceles. En segundo lugar, porque él había experimentado la intervención de Dios extendiéndole su misericordia y esto tenía que haberlo movido a creer que esa cárcel tenía algún propósito.

Esto último puede ser validado en algunas de las expresiones que él le comparte al jefe de los coperos del rey.

“14 Oye, cuando estés libre, acuérdate de mí, hazme ese favor. Cuéntale al faraón sobre mí para que así yo pueda salir de esta prisión. 15 A mí me sacaron a la fuerza de la tierra de los hebreos, y no hice nada para merecer estar en este hueco.” (Gén 40:14-15, PDT)

José ya estaba consciente de que el tiempo en la cárcel tenía que terminar. José sabía que él no pertenecía a ese lugar. Potifar podría estar ahí, pero la cárcel tendría que desaparecer.

Antes de esto, José tenía que servir como profeta del Señor en Egipto. Para esto, él tenía que ser capaz de comenzar este ministerio comunicando el mensaje del Señor a dos (2) personas que no compartían su fe.



[1] Conjugación de “bayith sôhar” (H1004-H5470). Este concepto es con toda probabilidad de origen egipcio. Ver Sarna, Nahum M.. Understanding Genesis (The Heritage of Biblical Israel) (p. 213). The Jewish Theological Seminary of America. Kindle Edition.
[2] https://voices.sefaria.org/sheets/7166.3?lang=bi
[3] Este comentario fue escrito en el Talmud Babilónico por un Rabino llamado Yohanan; (B. Sanhedrín 106a).
[4] Garfinkel, Rabbi Eli L.. The JPS Jewish Heritage Torah Commentary (JPS Study Bible) (pp. 60-61). The Jewish Publication Society. Kindle Edition.
[5] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., & Briggs, C. A. (Charles A. (1906). En The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Houghton, Mifflin and Company.
[6] Gesenius, W., & Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 738). Logos Bible Software
[7] Gesenius, W., & Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 271). Logos Bible Software.
[8] Gesenius, W., & Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 668). Logos Bible Software.






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