August 30th, 2026
1072 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 30 de agosto del 2026
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XXIII
Los sueños del Faraón
“Dos años más tarde, el faraón soñó que estaba de pie al lado del río Nilo. 2 Del río salieron siete vacas hermosas y gordas que se pararon a comer pasto. 3 Después salieron del río otras siete vacas, feas y flacas, que se pararon al lado de las otras vacas en la orilla del Nilo. 4 Entonces las vacas feas y flacas se comieron a las vacas hermosas y sanas. Luego el faraón se despertó. 5 Después el faraón se volvió a quedar dormido y tuvo un segundo sueño: había siete espigas de trigo, gordas y buenas, creciendo en un mismo tallo. 6 Después crecieron siete espigas más, flacas y quemadas por los vientos del oriente. 7 Luego las espigas flacas se tragaron a las espigas gordas y llenas. Entonces, el rey se volvió a despertar y se dio cuenta de que todo había sido un sueño.” (Gén 41:1-7, PDT)
La saga de José llega a un punto de inflexión crucial para el undécimo hijo de Jacob en el capítulo cuarenta y uno (41) del libro de Génesis. Una mirada somera de este capítulo nos puede ayudar a establecer la ruta para su análisis.
De entrada, la Biblia presenta este punto ofreciéndonos las descripciones de los dos (2) sueños que tiene el Faraón. El verso cinco (5) de ese capítulo describe que fueron dos (2) sueños: dice que el faraón se volvió a quedar dormido y tuvo un segundo sueño. Un poco más adelante, este mismo capítulo ofrece la oportunidad de ver cómo ese rey describe esos sueños y acompañado de algunos comentarios interpretativos que él incluye en sus relatos de estos.
“15 El faraón le dijo: —Tuve un sueño y no hay quién me lo pueda interpretar, pero he oído que cuando tú escuchas un sueño, lo puedes explicar. 16 José le respondió al faraón: —¡Yo no puedo! Pero tal vez Dios se lo pueda explicar. 17 Entonces el faraón le contó: —En mi sueño estaba yo parado al lado del río Nilo. 18 De repente, del río salieron siete vacas gordas y hermosas que se pararon a pastar. 19 Después salieron del río otras vacas que se veían muy mal, feas y flacas. Nunca he visto vacas tan feas en todo Egipto. 20 Luego las vacas flacas y feas se comieron a las primeras siete vacas, las gordas. 21 Pero no se les notaba que se habían comido a las otras vacas ya que seguían estando igual de flacas y feas. En ese momento me desperté. 22» Después vi en mi sueño que había siete espigas de trigo, llenas y hermosas, que crecían en un mismo tallo. 23 Después crecieron siete espigas secas y quemadas por los vientos del este. 24 Luego las espigas secas se tragaron a las espigas llenas y hermosas. Les conté esto a mis magos y nadie me pudo decir su significado.” (vv.15-24)
Sabemos que estos sueños le proveyeron a José la oportunidad de poder salir de la cárcel a la que había sido enviado y comenzar a transitar en las rutas para ver el cumplimiento de las promesas del Señor.
Las reacciones de este joven adulto y las inserciones de la dirección divina serán el objeto de nuestras próximas reflexiones. No obstante, necesitamos realizar un paréntesis exegético antes de lanzarnos en esta travesía.
Es obvio que ambos sueños del Faraón estaban relacionados con el río Nilo. Ese río era y continúa siendo una pieza vital, el motor para el desarrollo económico, agrícola, social, histórico y cultural de toda la región nororiental del continente africano. Su cuenca cubre cerca de 3.25 millones de kilómetros cuadrados (cerca de 1.27 millones de millas cuadradas), haciendo que once (11) naciones[1] dependan de que este río crezca y se levante en el tiempo apropiado. Esto es así porque el Nilo se extiende por más de 4,132 millas (6,650 Km)[2] discurriendo entre todas estas. El bienestar de toda esa región depende de que esto ocurra.
Un dato que sustenta esta aseveración es que en la actualidad más del 95% de las poblaciones de esas naciones están establecidas cerca del Nilo. Es fácil comprender que las crisis que se desarrollan cuando las crecidas del río no ocurren así trascienden los escenarios de la agricultura y de la economía.
Egipto ha existido durante muchos milenios gracias a la existencia de ese río. Herodoto, historiador griego del siglo 5 A.C., decía que Egipto es el regalo del Nilo.
Ese río está compuesto por tres (3) ramales: tres ríos principales que se unen en Karnak, Egipto. El primero se conoce como el Nilo Azul, o Nilo Superior, que nace en las montañas de Rwenzori en Uganda. Se le llama así por el color azul que poseen sus aguas debido a la alta concentración de materia orgánica y sedimentos suspendidos que provienen de la vegetación circundante. Otro de los ríos es el Nilo Blanco, que nace en Uganda y Tanzania. Su color es blanco debido a la alta carga de sedimentos provenientes de la cuenca del lago Victoria, que incluye sedimentos de la selva africana. El Nilo Inferior, se forma por la unión de los Nilos Azul y Blanco en Jartum (actual Ciudad Azul en Sudán). Este ramal atraviesa una región desértica antes de desembocar en el mar Mediterráneo a través del vasto delta de ese río.[3]
Sabemos que las crecidas del Nilo se desarrollan debido a las lluvias torrenciales que ocurren en el lago Victoria. Esta precipitación provoca que las aguas comiencen a fluir hacia el norte del continente provocando que este río crezca. Las fiestas para celebrar este acontecimiento comienzan el 15 de agosto y se extienden durante dos (2) semanas.
El estudio de la historia de ese río nos permite corroborar que todos estos datos permanecieron desconocidos durante siglos. El origen del Nilo Azul fue descrito por primera vez en el siglo diecisiete (17) por el jesuita español Pedro Páez.[4] El lago Victoria fue visto por los europeos por primera vez en 1858. Estos fueron: John Hanning Speke, Richard Francis Burton y luego David Livingstone.[5] El primero describió ese lago como el origen del Nilo. En otras palabras, que los faraones que gobernaron a Egipto desconocían todos estos datos.
Repetimos que el Faraón de turno no conocía esta información: José tampoco. Sin embargo, Dios no la desconocía porque Él es el Creador de todas estas fuentes y le dio estructura a la meteorología que las acompaña.
En el antiguo Egipto, el ciclo de las inundaciones no era solo un fenómeno meteorológico, sino un evento de orden cósmico y divino. De hecho, los egipcios le asignaron una deidad a esas inundaciones. Su nombre era Hapi, un poderoso dios egipcio que personificaba la bendición de las inundaciones anuales del río Nilo. Lo llamaban el “señor de los peces, de las aves de los pantanos y el dios de la fertilidad.”
Los faraones y los sacerdotes le sacaban partido a la capacidad de predecir la llegada de las aguas, impulsadas por lo que ellos creían eran las lluvias en las tierras altas de Etiopía. De hecho, hay leyendas que describen a los faraones diciendo que ellos eran los responsables de las crecidas del Nilo. Esto le otorgaba a ellos una legitimidad que trascendía lo político para entrar en lo divino. Esta es una de las razones por las que ellos inventaron un dispositivo conocido como el “nilómetro”, un instrumento utilizado para medir el volumen de ese río. También, otro instrumento llamado “shaduf”[6], utilizado para elevar el agua del Nilo y llevar estas a los campos de cultivo.
Los faraones de las primeras dinastías procuraron desarrollar el control del Estado creando canales de irrigación, diques y embalses para controlar y maximizar el uso del Nilo. Esto les permitió hacer la transición de una economía agrícola de subsistencia a la de un imperio capaz de generar excedentes. Además, esto también les permitió que ese imperio fuera considerado en una época como el granero del mundo conocido,[7] particularmente de trigo y cebada. Esta era una de las razones por las que muchos de los imperios que vemos desarrollarse en nuestra historia insistían en conquistar a Egipto: para adueñarse de ese granero.
El control de las aguas del Nilo también permitía a los Faraones coordinar proyectos a gran escala porque las crecidas de este río permitían la navegación y el transporte de materiales.
El mundo posmoderno está contemplando el desbalance de todo lo antes descrito. El cambio climático ha provocado que el Nilo haya perdido un 5% de su nivel en los últimos 50 años y que no pueda hacerle frente al Mar Mediterráneo. Este mar le está ganando terreno a ese río. La disminución en el caudal de este cuerpo de agua ha provocado que los niveles de sedimento que este trae consigo hayan disminuido y que el agua salada de ese mar esté afectando los cultivos. Esta crisis ha aumentado debido a la construcción de la represa de Asuán. Esta fue construida con el objetivo de regular las crecidas y del río y ahora se ha convertido en parte del problema. Cerca de 500 millones de personas se están viendo afectadas por este fenómeno en esa zona del planeta.[8]
Hemos tomado este espacio para presentar estos datos de modo que los lectores puedan constatar que el Faraón de Egipto conocía acerca de estas crecidas y que no vivía de espaldas a esa realidad. En otras palabras, que él podía entender las palabras que salían de la boca de José cuando este le comunicó la interpretación que había recibido de parte de Dios.
“25 Entonces José le dijo al rey:—Estos dos sueños son sobre lo mismo. Dios está tratando de decirle lo que él va a hacer pronto. 26 Las siete vacas hermosas y las siete espigas hermosas son siete años. Es el mismo sueño. 27 Las siete vacas flacas y feas que salieron después son siete años, igual que las siete espigas quemadas y secas. Esos son siete años de escasez. 28 Dios le está mostrando lo que él va a hacer pronto. 29 Durante siete años habrá abundancia de comida en toda la tierra de Egipto. 30 Después de esos siete años vendrán otros siete años de escasez. La gente de Egipto se olvidará de toda la gran cantidad de comida que había antes. La escasez destruirá al país. 31 La abundancia quedará en el olvido porque la escasez que vendrá después va a ser muy fuerte.32» Y el significado de haber tenido dos sueños repetidos es este: Dios ya decidió que va a hacer esto y todo va a comenzar a suceder muy pronto.” (vv. 25-32)
En otras palabras, Dios estaba utilizando los sueños del Faraón para revelar que el Nilo iba a experimentar siete (7) años en los que sus crecidas serían extraordinarias y otros siete (7) en los que la falta de lluvia en el lago Victoria y en todos sus afluyentes serían monumentales. Esto, a su vez, produciría consecuencias apocalípticas en toda esa región. José se lo informó así al Faraón: “Dios le está mostrando lo que él va a hacer pronto.”
La respuesta inmediata del Faraón describe que ese monarca conocía ese idioma y las consecuencias devastadoras que algo así traería consigo. Examinemos esta:
“38 Luego el faraón les dijo a sus ministros: —¿Podríamos encontrar a otro hombre como este, que tenga el espíritu de Dios en él?” (v. 38)
Debemos indicar que esa es la segunda ocasión en la que la frase “el espíritu de Dios” es utilizada en el libro del Génesis: “rū-aḥ ’ĕ-lō-hîm.” La primera ocasión en la que es utilizada es en el primer capítulo de ese libro, luego de que se describe el caos que había cuando Dios inició la creación.
“2 La tierra no tenía forma y estaba vacía, y la oscuridad cubría las aguas profundas; y el Espíritu de Dios se movía en el aire sobre la superficie de las aguas.” (Gén 1:2, NTV)
Ese pasaje dice que el Espíritu de Dios (“wə-rū-aḥ ’ĕ-lō-hîm”) se movía sobre el caos (“ṯō-hū wā-ḇō-hū”) y sobre la oscuridad (“wə-ḥō-šeḵ”) que existía. Esto, como un preludio antes de que Dios comenzara a poner en orden aquello que necesitaba ser creado y organizado. O sea, que el Espíritu de Dios fue el primer agente en función para poner en orden el caos existente.
Esto no ha cambiado. El Espíritu de Dios es único en esa función. Nadie como Él para poner orden en el caos, para traer luz en medio de cualquier oscuridad y para desatar el poder creador que tiene en sus manos. La clave está en invitarlo a reposar sobre nuestros desórdenes y sobre aquellas regiones del alma y de nuestros ambientes que están sumidas en la oscuridad. Él nos traerá la luz de Cristo y desatará el poder creador que necesitamos que Él ponga en acción.
El Faraón utilizó esta frase.
Ahora bien; ¿qué es lo que la Biblia procura describir cuando señala que esta es la frase que usó el Faraón? La Biblia está describiendo que ese monarca reconocía que los niveles del azote que venían de camino eran similares al caos que existía antes de la creación. Él estaba reconociendo que sólo Dios podía resolver ese dilema. Él estaba también reconociendo la necesidad de que Dios enviara Su Santo Espíritu para hacerle frente a ese caos y a ese tiempo de oscuridad.
Un dato que hace mucho más relevante esa expresión es que ese monarca inconverso también estaba reconociendo que Dios puede poner Su Espíritu dentro de aquellos a los que quiere utilizar para hacerle frente a las situaciones caóticas que sufren los pueblos, las familias y/o los individuos. Recordemos que la Biblia dice Dios no nos da el Espíritu por medida (Jn 3:34).
“34 El enviado de Dios comunica el mensaje divino, pues Dios mismo le da su Espíritu sin restricción.” (NVI)
Añadimos que la respuesta inmediata del Faraón no se produjo en el vacío. La Biblia dice que esa respuesta se produjo después de que José fuera capaz de presentar un plan de acción para resolver ese dilema. He aquí esa respuesta:
“33 Entonces el faraón debe buscar un hombre sabio e inteligente para ponerlo a cargo de Egipto. 34 Después el faraón debe asignar gente que recoja una quinta parte de lo que produzca Egipto en los siete años de abundancia. 35 Deben recolectar toda la comida de estos años buenos que vienen, almacenar el grano bajo el control del faraón en ciudades determinadas y cuidarlo. 36 Esta comida va a ser una reserva para el país para los siete años de escasez que caerán sobre Egipto. De esta manera no se destruirá el país.” (Gén 41:33-37, PDT)
Dicho de otra forma: ese pasaje bíblico afirma que los creyentes que están llenos del Espíritu de Dios pueden recibir revelación de planes y de alternativas para solucionar problemas y enfrentar crisis. O sea, que los creyentes pueden trascender a la comunicación de la palabra profética y moverse a la presentación de planes de trabajo que sirvan como alternativa para resolver problemas nacionales, familiares y/o personales. Claro está, esto requiere que los gobernantes de turno y los jefes de familia sean sensibles a la voz de Dios para escuchar y para poner en práctica las alternativas que el Señor está revelando.
Este capítulo del libro de Génesis también describe que esa clase de manifestación divina a través de sus siervos está precedida por una humildad genuina, así como de la total dependencia de Dios. Esto es lo que observamos en José cuando el Faraón ordenó que se presentara ante la corte real.
“15 El faraón le dijo: —Tuve un sueño y no hay quién me lo pueda interpretar, pero he oído que cuando tú escuchas un sueño, lo puedes explicar. 16 José le respondió al faraón: —¡Yo no puedo! Pero tal vez Dios se lo pueda explicar.” (v.15)
La afirmación de José sirvió para establecer que él sabía que no era el actor principal en toda esta narrativa bíblica. Dios y solo Él tenía el control absoluto de lo que estaba sucediendo allí. Era Dios anunciando con anticipación los tiempos que vendrían de camino. Se trata de Dios revelándose como el Creador de los cielos y de la tierra: el único capaz de poner orden en medio del caos. Se trata de Dios utilizando a un rey que no le conocía para regalarle dos (2) sueños. Se trata de Dios guardando y preparando un instrumento para Su servicio durante 13 años. Se trata de Dios poniendo Su Santo Espíritu dentro de un ser humano finito, débil y pecador. Se trata de Dios exhibiendo su misericordia sobre un reino que no lo conocía ni lo honraba y manifestando su bondad para hacer llover su gracia sobre justos e injustos (Mat 5:45). Se trata de Dios manifestando un plan de acción para hacer real las promesas que le había hecho a Abraham. Se trata de Dios haciendo saber que Él tiene el control de la lluvia y de la sequía, de los frutos que la tierra produce y de las bestias del campo. ¡Dios! ¡Siempre Dios!
Este análisis somero nos permitirá analizar esa narrativa bíblica en las próximas reflexiones.
[1] Egipto, Sudán, Sudán del Sur, Etiopía, Uganda, Kenia, Tanzania, Burundi, Ruanda, la República Democrática del Congo y Eritrea.
[2] Esta medida satelital incluye los afluentes que están antes del lago Victoria, situado en la zona centro-oriental de África, rodeado por Uganda, Tanzania y Kenia. Este es el segundo lago de agua dulce más grande del planeta.
[3] Lilia Bello. (2025). Río Nilo. Enciclopedia Universal. Recuperado de https://enciclopediauniversal.com/rio-nilo/.
[4] Historia de Etiopía, c. 1622.
[5] https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2924/la-busqueda-del-nacimiento-del-nilo/
[6] https://scienceinsights.org/what-is-a-shaduf-and-how-does-it-work/
[7] https://nuestrosantepasados.blog/civilizaciones-y-culturas/rio-nilo-conflictos-agua/
[8] https://www.clarin.com/mundo/faraones-vida-ahora-rio-nilo-borde desaparicion_0_4R3y1WLfm5.html#google_vignette
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XXIII
Los sueños del Faraón
“Dos años más tarde, el faraón soñó que estaba de pie al lado del río Nilo. 2 Del río salieron siete vacas hermosas y gordas que se pararon a comer pasto. 3 Después salieron del río otras siete vacas, feas y flacas, que se pararon al lado de las otras vacas en la orilla del Nilo. 4 Entonces las vacas feas y flacas se comieron a las vacas hermosas y sanas. Luego el faraón se despertó. 5 Después el faraón se volvió a quedar dormido y tuvo un segundo sueño: había siete espigas de trigo, gordas y buenas, creciendo en un mismo tallo. 6 Después crecieron siete espigas más, flacas y quemadas por los vientos del oriente. 7 Luego las espigas flacas se tragaron a las espigas gordas y llenas. Entonces, el rey se volvió a despertar y se dio cuenta de que todo había sido un sueño.” (Gén 41:1-7, PDT)
La saga de José llega a un punto de inflexión crucial para el undécimo hijo de Jacob en el capítulo cuarenta y uno (41) del libro de Génesis. Una mirada somera de este capítulo nos puede ayudar a establecer la ruta para su análisis.
De entrada, la Biblia presenta este punto ofreciéndonos las descripciones de los dos (2) sueños que tiene el Faraón. El verso cinco (5) de ese capítulo describe que fueron dos (2) sueños: dice que el faraón se volvió a quedar dormido y tuvo un segundo sueño. Un poco más adelante, este mismo capítulo ofrece la oportunidad de ver cómo ese rey describe esos sueños y acompañado de algunos comentarios interpretativos que él incluye en sus relatos de estos.
“15 El faraón le dijo: —Tuve un sueño y no hay quién me lo pueda interpretar, pero he oído que cuando tú escuchas un sueño, lo puedes explicar. 16 José le respondió al faraón: —¡Yo no puedo! Pero tal vez Dios se lo pueda explicar. 17 Entonces el faraón le contó: —En mi sueño estaba yo parado al lado del río Nilo. 18 De repente, del río salieron siete vacas gordas y hermosas que se pararon a pastar. 19 Después salieron del río otras vacas que se veían muy mal, feas y flacas. Nunca he visto vacas tan feas en todo Egipto. 20 Luego las vacas flacas y feas se comieron a las primeras siete vacas, las gordas. 21 Pero no se les notaba que se habían comido a las otras vacas ya que seguían estando igual de flacas y feas. En ese momento me desperté. 22» Después vi en mi sueño que había siete espigas de trigo, llenas y hermosas, que crecían en un mismo tallo. 23 Después crecieron siete espigas secas y quemadas por los vientos del este. 24 Luego las espigas secas se tragaron a las espigas llenas y hermosas. Les conté esto a mis magos y nadie me pudo decir su significado.” (vv.15-24)
Sabemos que estos sueños le proveyeron a José la oportunidad de poder salir de la cárcel a la que había sido enviado y comenzar a transitar en las rutas para ver el cumplimiento de las promesas del Señor.
Las reacciones de este joven adulto y las inserciones de la dirección divina serán el objeto de nuestras próximas reflexiones. No obstante, necesitamos realizar un paréntesis exegético antes de lanzarnos en esta travesía.
Es obvio que ambos sueños del Faraón estaban relacionados con el río Nilo. Ese río era y continúa siendo una pieza vital, el motor para el desarrollo económico, agrícola, social, histórico y cultural de toda la región nororiental del continente africano. Su cuenca cubre cerca de 3.25 millones de kilómetros cuadrados (cerca de 1.27 millones de millas cuadradas), haciendo que once (11) naciones[1] dependan de que este río crezca y se levante en el tiempo apropiado. Esto es así porque el Nilo se extiende por más de 4,132 millas (6,650 Km)[2] discurriendo entre todas estas. El bienestar de toda esa región depende de que esto ocurra.
Un dato que sustenta esta aseveración es que en la actualidad más del 95% de las poblaciones de esas naciones están establecidas cerca del Nilo. Es fácil comprender que las crisis que se desarrollan cuando las crecidas del río no ocurren así trascienden los escenarios de la agricultura y de la economía.
Egipto ha existido durante muchos milenios gracias a la existencia de ese río. Herodoto, historiador griego del siglo 5 A.C., decía que Egipto es el regalo del Nilo.
Ese río está compuesto por tres (3) ramales: tres ríos principales que se unen en Karnak, Egipto. El primero se conoce como el Nilo Azul, o Nilo Superior, que nace en las montañas de Rwenzori en Uganda. Se le llama así por el color azul que poseen sus aguas debido a la alta concentración de materia orgánica y sedimentos suspendidos que provienen de la vegetación circundante. Otro de los ríos es el Nilo Blanco, que nace en Uganda y Tanzania. Su color es blanco debido a la alta carga de sedimentos provenientes de la cuenca del lago Victoria, que incluye sedimentos de la selva africana. El Nilo Inferior, se forma por la unión de los Nilos Azul y Blanco en Jartum (actual Ciudad Azul en Sudán). Este ramal atraviesa una región desértica antes de desembocar en el mar Mediterráneo a través del vasto delta de ese río.[3]
Sabemos que las crecidas del Nilo se desarrollan debido a las lluvias torrenciales que ocurren en el lago Victoria. Esta precipitación provoca que las aguas comiencen a fluir hacia el norte del continente provocando que este río crezca. Las fiestas para celebrar este acontecimiento comienzan el 15 de agosto y se extienden durante dos (2) semanas.
El estudio de la historia de ese río nos permite corroborar que todos estos datos permanecieron desconocidos durante siglos. El origen del Nilo Azul fue descrito por primera vez en el siglo diecisiete (17) por el jesuita español Pedro Páez.[4] El lago Victoria fue visto por los europeos por primera vez en 1858. Estos fueron: John Hanning Speke, Richard Francis Burton y luego David Livingstone.[5] El primero describió ese lago como el origen del Nilo. En otras palabras, que los faraones que gobernaron a Egipto desconocían todos estos datos.
Repetimos que el Faraón de turno no conocía esta información: José tampoco. Sin embargo, Dios no la desconocía porque Él es el Creador de todas estas fuentes y le dio estructura a la meteorología que las acompaña.
En el antiguo Egipto, el ciclo de las inundaciones no era solo un fenómeno meteorológico, sino un evento de orden cósmico y divino. De hecho, los egipcios le asignaron una deidad a esas inundaciones. Su nombre era Hapi, un poderoso dios egipcio que personificaba la bendición de las inundaciones anuales del río Nilo. Lo llamaban el “señor de los peces, de las aves de los pantanos y el dios de la fertilidad.”
Los faraones y los sacerdotes le sacaban partido a la capacidad de predecir la llegada de las aguas, impulsadas por lo que ellos creían eran las lluvias en las tierras altas de Etiopía. De hecho, hay leyendas que describen a los faraones diciendo que ellos eran los responsables de las crecidas del Nilo. Esto le otorgaba a ellos una legitimidad que trascendía lo político para entrar en lo divino. Esta es una de las razones por las que ellos inventaron un dispositivo conocido como el “nilómetro”, un instrumento utilizado para medir el volumen de ese río. También, otro instrumento llamado “shaduf”[6], utilizado para elevar el agua del Nilo y llevar estas a los campos de cultivo.
Los faraones de las primeras dinastías procuraron desarrollar el control del Estado creando canales de irrigación, diques y embalses para controlar y maximizar el uso del Nilo. Esto les permitió hacer la transición de una economía agrícola de subsistencia a la de un imperio capaz de generar excedentes. Además, esto también les permitió que ese imperio fuera considerado en una época como el granero del mundo conocido,[7] particularmente de trigo y cebada. Esta era una de las razones por las que muchos de los imperios que vemos desarrollarse en nuestra historia insistían en conquistar a Egipto: para adueñarse de ese granero.
El control de las aguas del Nilo también permitía a los Faraones coordinar proyectos a gran escala porque las crecidas de este río permitían la navegación y el transporte de materiales.
El mundo posmoderno está contemplando el desbalance de todo lo antes descrito. El cambio climático ha provocado que el Nilo haya perdido un 5% de su nivel en los últimos 50 años y que no pueda hacerle frente al Mar Mediterráneo. Este mar le está ganando terreno a ese río. La disminución en el caudal de este cuerpo de agua ha provocado que los niveles de sedimento que este trae consigo hayan disminuido y que el agua salada de ese mar esté afectando los cultivos. Esta crisis ha aumentado debido a la construcción de la represa de Asuán. Esta fue construida con el objetivo de regular las crecidas y del río y ahora se ha convertido en parte del problema. Cerca de 500 millones de personas se están viendo afectadas por este fenómeno en esa zona del planeta.[8]
Hemos tomado este espacio para presentar estos datos de modo que los lectores puedan constatar que el Faraón de Egipto conocía acerca de estas crecidas y que no vivía de espaldas a esa realidad. En otras palabras, que él podía entender las palabras que salían de la boca de José cuando este le comunicó la interpretación que había recibido de parte de Dios.
“25 Entonces José le dijo al rey:—Estos dos sueños son sobre lo mismo. Dios está tratando de decirle lo que él va a hacer pronto. 26 Las siete vacas hermosas y las siete espigas hermosas son siete años. Es el mismo sueño. 27 Las siete vacas flacas y feas que salieron después son siete años, igual que las siete espigas quemadas y secas. Esos son siete años de escasez. 28 Dios le está mostrando lo que él va a hacer pronto. 29 Durante siete años habrá abundancia de comida en toda la tierra de Egipto. 30 Después de esos siete años vendrán otros siete años de escasez. La gente de Egipto se olvidará de toda la gran cantidad de comida que había antes. La escasez destruirá al país. 31 La abundancia quedará en el olvido porque la escasez que vendrá después va a ser muy fuerte.32» Y el significado de haber tenido dos sueños repetidos es este: Dios ya decidió que va a hacer esto y todo va a comenzar a suceder muy pronto.” (vv. 25-32)
En otras palabras, Dios estaba utilizando los sueños del Faraón para revelar que el Nilo iba a experimentar siete (7) años en los que sus crecidas serían extraordinarias y otros siete (7) en los que la falta de lluvia en el lago Victoria y en todos sus afluyentes serían monumentales. Esto, a su vez, produciría consecuencias apocalípticas en toda esa región. José se lo informó así al Faraón: “Dios le está mostrando lo que él va a hacer pronto.”
La respuesta inmediata del Faraón describe que ese monarca conocía ese idioma y las consecuencias devastadoras que algo así traería consigo. Examinemos esta:
“38 Luego el faraón les dijo a sus ministros: —¿Podríamos encontrar a otro hombre como este, que tenga el espíritu de Dios en él?” (v. 38)
Debemos indicar que esa es la segunda ocasión en la que la frase “el espíritu de Dios” es utilizada en el libro del Génesis: “rū-aḥ ’ĕ-lō-hîm.” La primera ocasión en la que es utilizada es en el primer capítulo de ese libro, luego de que se describe el caos que había cuando Dios inició la creación.
“2 La tierra no tenía forma y estaba vacía, y la oscuridad cubría las aguas profundas; y el Espíritu de Dios se movía en el aire sobre la superficie de las aguas.” (Gén 1:2, NTV)
Ese pasaje dice que el Espíritu de Dios (“wə-rū-aḥ ’ĕ-lō-hîm”) se movía sobre el caos (“ṯō-hū wā-ḇō-hū”) y sobre la oscuridad (“wə-ḥō-šeḵ”) que existía. Esto, como un preludio antes de que Dios comenzara a poner en orden aquello que necesitaba ser creado y organizado. O sea, que el Espíritu de Dios fue el primer agente en función para poner en orden el caos existente.
Esto no ha cambiado. El Espíritu de Dios es único en esa función. Nadie como Él para poner orden en el caos, para traer luz en medio de cualquier oscuridad y para desatar el poder creador que tiene en sus manos. La clave está en invitarlo a reposar sobre nuestros desórdenes y sobre aquellas regiones del alma y de nuestros ambientes que están sumidas en la oscuridad. Él nos traerá la luz de Cristo y desatará el poder creador que necesitamos que Él ponga en acción.
El Faraón utilizó esta frase.
Ahora bien; ¿qué es lo que la Biblia procura describir cuando señala que esta es la frase que usó el Faraón? La Biblia está describiendo que ese monarca reconocía que los niveles del azote que venían de camino eran similares al caos que existía antes de la creación. Él estaba reconociendo que sólo Dios podía resolver ese dilema. Él estaba también reconociendo la necesidad de que Dios enviara Su Santo Espíritu para hacerle frente a ese caos y a ese tiempo de oscuridad.
Un dato que hace mucho más relevante esa expresión es que ese monarca inconverso también estaba reconociendo que Dios puede poner Su Espíritu dentro de aquellos a los que quiere utilizar para hacerle frente a las situaciones caóticas que sufren los pueblos, las familias y/o los individuos. Recordemos que la Biblia dice Dios no nos da el Espíritu por medida (Jn 3:34).
“34 El enviado de Dios comunica el mensaje divino, pues Dios mismo le da su Espíritu sin restricción.” (NVI)
Añadimos que la respuesta inmediata del Faraón no se produjo en el vacío. La Biblia dice que esa respuesta se produjo después de que José fuera capaz de presentar un plan de acción para resolver ese dilema. He aquí esa respuesta:
“33 Entonces el faraón debe buscar un hombre sabio e inteligente para ponerlo a cargo de Egipto. 34 Después el faraón debe asignar gente que recoja una quinta parte de lo que produzca Egipto en los siete años de abundancia. 35 Deben recolectar toda la comida de estos años buenos que vienen, almacenar el grano bajo el control del faraón en ciudades determinadas y cuidarlo. 36 Esta comida va a ser una reserva para el país para los siete años de escasez que caerán sobre Egipto. De esta manera no se destruirá el país.” (Gén 41:33-37, PDT)
Dicho de otra forma: ese pasaje bíblico afirma que los creyentes que están llenos del Espíritu de Dios pueden recibir revelación de planes y de alternativas para solucionar problemas y enfrentar crisis. O sea, que los creyentes pueden trascender a la comunicación de la palabra profética y moverse a la presentación de planes de trabajo que sirvan como alternativa para resolver problemas nacionales, familiares y/o personales. Claro está, esto requiere que los gobernantes de turno y los jefes de familia sean sensibles a la voz de Dios para escuchar y para poner en práctica las alternativas que el Señor está revelando.
Este capítulo del libro de Génesis también describe que esa clase de manifestación divina a través de sus siervos está precedida por una humildad genuina, así como de la total dependencia de Dios. Esto es lo que observamos en José cuando el Faraón ordenó que se presentara ante la corte real.
“15 El faraón le dijo: —Tuve un sueño y no hay quién me lo pueda interpretar, pero he oído que cuando tú escuchas un sueño, lo puedes explicar. 16 José le respondió al faraón: —¡Yo no puedo! Pero tal vez Dios se lo pueda explicar.” (v.15)
La afirmación de José sirvió para establecer que él sabía que no era el actor principal en toda esta narrativa bíblica. Dios y solo Él tenía el control absoluto de lo que estaba sucediendo allí. Era Dios anunciando con anticipación los tiempos que vendrían de camino. Se trata de Dios revelándose como el Creador de los cielos y de la tierra: el único capaz de poner orden en medio del caos. Se trata de Dios utilizando a un rey que no le conocía para regalarle dos (2) sueños. Se trata de Dios guardando y preparando un instrumento para Su servicio durante 13 años. Se trata de Dios poniendo Su Santo Espíritu dentro de un ser humano finito, débil y pecador. Se trata de Dios exhibiendo su misericordia sobre un reino que no lo conocía ni lo honraba y manifestando su bondad para hacer llover su gracia sobre justos e injustos (Mat 5:45). Se trata de Dios manifestando un plan de acción para hacer real las promesas que le había hecho a Abraham. Se trata de Dios haciendo saber que Él tiene el control de la lluvia y de la sequía, de los frutos que la tierra produce y de las bestias del campo. ¡Dios! ¡Siempre Dios!
Este análisis somero nos permitirá analizar esa narrativa bíblica en las próximas reflexiones.
[1] Egipto, Sudán, Sudán del Sur, Etiopía, Uganda, Kenia, Tanzania, Burundi, Ruanda, la República Democrática del Congo y Eritrea.
[2] Esta medida satelital incluye los afluentes que están antes del lago Victoria, situado en la zona centro-oriental de África, rodeado por Uganda, Tanzania y Kenia. Este es el segundo lago de agua dulce más grande del planeta.
[3] Lilia Bello. (2025). Río Nilo. Enciclopedia Universal. Recuperado de https://enciclopediauniversal.com/rio-nilo/.
[4] Historia de Etiopía, c. 1622.
[5] https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2924/la-busqueda-del-nacimiento-del-nilo/
[6] https://scienceinsights.org/what-is-a-shaduf-and-how-does-it-work/
[7] https://nuestrosantepasados.blog/civilizaciones-y-culturas/rio-nilo-conflictos-agua/
[8] https://www.clarin.com/mundo/faraones-vida-ahora-rio-nilo-borde desaparicion_0_4R3y1WLfm5.html#google_vignette
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