August 9th, 2026
1069 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 9 de agosto del 2026
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XX
José y la cárcel: los sueños del copero y el panadero de Faraón
“40 Después de esto, el jefe de los coperos del rey y el jefe de los panaderos ofendieron a su amo, el rey de Egipto. 2 El faraón se enojó mucho con sus dos siervos: el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos. 3 Entonces los puso bajo custodia en la prisión del capitán de la guardia, el mismo lugar donde José estaba encerrado. 4 El capitán puso a los dos prisioneros bajo el cuidado de José. Ambos permanecieron muchos días en prisión.” (Gén 40:1-4, PDT)
El profesor Walter Brueggemann, insigne exégeta bíblico, ha dicho que el capítulo cuarenta (40) del Libro de Génesis forma parte de una unidad literaria compuesta por tres (3) capítulos: del treinta y nueve (39) al cuarenta y uno (41). Lo que esto significa es que no podemos acercarnos a uno de esos capítulos sin leer los otros dos (2). Él señala que ese capítulo presenta una estructura clara y equilibrada.
“Comienza con los dos sueños del panadero y el mayordomo (vv. 1-8). En esta sección, los sueños no se interpretan. Concluye con el desenlace de estos sucesos: un sirviente real (el mayordomo) recibe vida y el otro (el panadero) muere (vv. 20-23). Así, el capítulo se estructura armoniosamente con dos sueños (vv. 1-8) y dos desenlaces (vv. 20-23). Entre ellos se encuentran las dos interpretaciones de los sueños (vv. 9-15 y vv. 16-19). Es en la sección central donde aparece José. De este modo, José se presenta como el conducto, el camino que conecta el sueño con su cumplimiento. Nuestra atención se centra en José, pero su papel es secundario en relación con los acontecimientos externos de esta narración, que trata sobre el destino de los dos sirvientes reales.” [1] (traducción libre)
Nuestra reflexión anterior sirvió para insertar esa triada de capítulos de Génesis en un entramado más grande y complejo que nos ofrece ese libro. El planteamiento del Dr. Brueggeman nos dirigió a revisar elementos del entramado que hemos mencionado y que habíamos dejado sin analizar.
Habiendo dicho esto, vemos que el capítulo cuarenta (40) del primer libro de la Biblia permite que nos insertemos en una historia que ocurre en una prisión; la cárcel en “donde estaban los presos del rey” (Gén 39:20, RV 1960).
Hay varios datos acerca de esa cárcel que necesitamos repasar. Por ejemplo, vimos que el capítulo treinta y nueve (39) señala que esa prisión era dirigida por “el jefe de la cárcel” (“śar beyt has-sō-har”; Gén 39:21). También vimos que el capítulo cuarenta (40) describe que el jefe de esa cárcel tenía un título: “capitán de la guardia” (“sar hatabaḥim”; Gén 40:4). Un dato que no hemos considerado aún es que el profesor Robert Alter señala que ese título correspondía a un gran chambelán o camarlengo. Esto es, al jefe de la cámara del rey o un tipo de ministro de justicia del Faraón. La descripción de este cargo incluía ser responsable burocráticamente de las prisiones reales, con el alcaide de cada prisión respondiendo ante él.[2]
Un detalle extraordinario es que ese es el mismo título con el que se describe a Potifar en el verso uno (1) del capítulo treinta y nueve (39) de Génesis. O sea, que la decisión para enviar a José a esa cárcel fue tomada por el camarlengo del Faraón. Potifar, la persona que compró como esclavo a José era el chambelán, el camarlengo o el ministro de justicia del Faraón.
Aquellos que hemos aceptado a Cristo como nuestro Salvador y Señor estamos convencidos de que la explicación detrás de la decisión de enviar a José a esa cárcel es que los hilos trazados por la mano de Dios provocaron la misma. No olvidemos que la Biblia repite varias veces que Jehová estaba con José.
Esta aseveración nos coloca ante la necesidad de puntualizar que el Señor hace lo mismo con todos los suyos. En ocasiones nos encontramos atravesando por situaciones muy difíciles y que se agravan cada vez más. Es muy común creer que estamos solos en medio de estas luchas. La verdad que revela la Palabra de Dios es que Dios está insertado en todas y cada una de estas experiencias. Muchos pasajes bíblicos enseñan que Dios siempre está obrando tras bambalinas, detrás de las cortinas de los escenarios de nuestras vidas. Sin nosotros saberlo, el Señor está moviendo y utilizando recursos e instrumentos que desconocemos para colocarnos en posiciones y escenarios claves para que Él pueda manifestar Su gloria y cumplir Sus propósitos en nosotros.
El profeta Isaías lo resumió de la siguiente manera:
“Pero ahora, oh Jacob, escucha al Señor, quien te creó. Oh Israel, el que te formó dice: «No tengas miedo, porque he pagado tu rescate; te he llamado por tu nombre; eres mío. 2 Cuando pases por aguas profundas, yo estaré contigo. Cuando pases por ríos de dificultad, no te ahogarás. Cuando pases por el fuego de la opresión, no te quemarás; las llamas no te consumirán. 3 Pues yo soy el Señor, tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador. Yo di a Egipto como rescate por tu libertad; en tu lugar di a Etiopía y a Seba. 4 Entregué a otros a cambio de ti. Cambié la vida de ellos por la tuya, porque eres muy precioso para mí. Recibes honra, y yo te amo. 5 »No tengas miedo, porque yo estoy contigo.” (Isa 43:1-5a, NTV)
Es muy importante entender que este pasaje del libro del profeta evangélico no presenta esos lugares adversos como posibilidades, como cosas que pueden ocurrir. La palabra profética que Isaías recibe afirma que las aguas profundas, los ríos de dificultad y el fuego no son posibilidades. Estos son escenarios reales e impostergables que tenemos que enfrentar. La palabra de Isaías, al igual que la que estamos analizando en el Libro de Génesis, nos invita a confiar en que Dios está insertado en todos esos escenarios. Ese mensaje afirma que ninguno de estos nos puede destruir y mucho menos detener los propósitos que Dios tiene con nosotros.
Al mismo tiempo, ese mensaje afirma que ninguna de estas bendiciones es alcanzada a base de nuestros méritos. José no pudo gestionar que algo así sucediera. El pueblo de Israel tampoco. Nosotros obtenemos estas bendiciones gracias al amor que Dios tiene por nosotros. Ese amor es tan grande que hasta hace que Dios nos encuentre preciosos: “yâqar” (H3365). Esto es, honorables, de mucho valor como el que posee una piedra preciosa (Isa 43:4c).
Uno de los mensajes que predica la saga de José es que nosotros desconocemos cuáles y quiénes son los recursos que Dios está utilizando para convertir nuestras crisis y nuestras tragedias en bendición. Ese mensaje predica que debemos confiar en que Dios está operando a nuestro favor sin importar cuán profundo se tornen las prisiones y los pozos en los que hayamos sido encerrados.
Sabemos que la cárcel a la que José fue enviado no era una cárcel común. La historia de Egipto lo confirma. El profesor Nahum Sarna (1923-2005) cita un trabajo especializado escrito por el profesor Jozef Vergote (1910- 1992), un famoso egiptólogo y coptólogo flamenco que realizó importantes contribuciones en el campo de la egiptología, para comprobar que esa cárcel existía en Egipto.[3] Nahum Mattathias Sarna fue un prominente académico bíblico, traductor y educador judío. Este distinguido exégeta es considerado una autoridad en la Biblia Hebrea, particularmente en los libros de Génesis y Éxodo. Su carrera incluye haber sido profesor invitado en las universidades más prestigiosas en Estados Unidos y en Europa, así como en el Jewish Theological Seminary of America. Añadimos que Sarna enseñó en el Seminario Evangélico de Puerto Rico durante la presidencia del siempre recordado Rdo. Dr. Luis Fidel Mercado.
Sarna señala que los personajes con los que José interactúa en esa prisión van mucho más allá de ser prisioneros que sirven directamente vino y pan al Faraón. Por ejemplo, él cita un documento de los tiempos del Faraón Ramsés III (siglo 12 AC) en los cuales se describen a coperos/mayordomos sirviendo como jueces en las cortes de Egipto. Al mismo tiempo, Vergote explica que la corte del Faraón necesitaba la gerencia de un jefe de cocina debido a las complejidades que representaban los gustos y las celebraciones en esa corte real. Veamos un ejemplo de esto: hay documentos egipcios antiguos que presentan la existencia de cincuenta y siete (575) variedades de pan y treinta y ocho (38) tipos de bizcochos en las comidas de los palacios de ese rey.[4] Estos datos revelan la importancia que poseían los dos (2) prisioneros más relevantes con los que José interactuó.
La reflexión publicada el 19 de julio del corriente nos proveyó la oportunidad para visitar los sueños que estos dos (2) personajes tuvieron.
“9 Entonces el jefe de los coperos fue el primero en contarle su sueño a José. —En mi sueño—dijo él—, vi una vid delante de mí. 10 La vid tenía tres ramas, las cuales comenzaron a brotar y a florecer y, en poco tiempo, produjo racimos de uvas maduras. 11 Yo tenía la copa del faraón en mi mano, entonces tomé un racimo de uvas y exprimí el jugo en la copa. Después puse la copa en la mano del faraón.” (Gén 40:9-11, NTV)
“16 Cuando el jefe de los panaderos vio que José había dado una interpretación tan positiva del primer sueño, le dijo a José: —Yo también tuve un sueño. En mi sueño, había tres canastas de pasteles blancos sobre mi cabeza. 17 En la canasta de arriba había todo tipo de pasteles para el faraón, pero llegaron las aves y se los comieron de la canasta que estaba sobre mi cabeza.” (vv. 16-17)
El profesor Rober Alter ha dicho que la interacción que José tuvo con ambos funcionarios sirve para comprobar que José continuaba siendo un buen monoteísta hebreo en su cautiverio egipcio. La explicación que ofrece Alter para esta aseveración es que la interpretación de los sueños era considerada en Egipto como una ciencia, y la instrucción formal en técnicas de interpretación de sueños se impartía en escuelas llamadas «casas de la vida».[5]
“José les dice, entonces, a estos dos egipcios de alto rango que no se requiere ningún hermeneuta onírico[6] capacitado —ningún potero profesional—; puesto que Dios posee el significado de los sueños, si Él lo desea, simplemente revelará los significados a la persona debidamente atenta. Pero cabe señalar que José procede inmediatamente a pedirle al copero que le cuente su sueño, asumiendo sin dudarlo que él, José, es una de esas personas a quienes Dios favorecerá con la comprensión del significado del sueño.”[7]
Estos datos aumentan el valor de la siguiente expresión de José: “¿No son de Dios las interpretaciones?” (Gén 40:8, RV 1960). José no vacila en insertar a Dios en sus respuestas.
Muchos exégetas bíblicos señalan que existen algunos datos relevantes en esos sueños que podían facilitar su interpretación. Por ejemplo, el copero menciona varias veces al Faraón en su sueño y se ve a sí mismo regresando a servir a ese rey. El panadero sólo menciona al Faraón en una ocasión y no se ve a sí mismo sirviendo a ese monarca. Además, el copero vio el desarrollo acelerado de elementos que tenían que ver con sus funciones. En cambio, el panadero no. Él no se veía en su sueño horneando pan.
Simultáneamente está el tema del tiempo; factor que es vital en esos sueños y en las interpretaciones que el Señor le da a José. Por ejemplo, el copero vio el tiempo acelerado viendo cómo salían la flor del sarmiento, las uvas y su maduración; una imagen de futuro. En cambio, no hay expresiones de tiempo en el sueño del panadero. El sueño de este dio la impresión de que el tiempo para este servidor de la corte imperial egipcia parecía haberse detenido o paralizado.
Esta es una de las razones por la que casi todos los exégetas bíblicos que han analizado esta narrativa han llegado a la conclusión de que los sueños del copero y del panadero son estilizados, esquemáticos y no muy complicados para interpretar. Es muy importante destacar los sueños que José tuvo también poseen estas características. Alter añade que el único elemento que requiere algún esfuerzo de interpretación son los tres (3) sarmientos que vio el copero, los cuáles representaban tres días.
Algunos biblistas han señalado que no debió ser muy complicado relacionar estos tres (3) días con el cumpleaños del Faraón. Esa celebración era uno de los días de fiesta que se celebraban en ese imperio. El Faraón celebraba en esa fecha el día de su entrada a la vida, su vitalidad continua y su hegemonía inmutable como el centro del mundo, “incapaz de imaginar el mundo sin su presencia.”[8]
Este dato nos debe conducir a la conclusión de que todo Egipto sabía acerca de ese cumpleaños y cuándo sería celebrado. En otras palabras: el Señor estaba posicionando a José de cara a momentos seculares de importancia en ese imperio para glorificarse a través de Su siervo.
La Biblia está llena de experiencias similares. Lo vemos en la experiencia de Isaías recibiendo la visión del Señor sentado en un trono alto y sublime justo cuando muere el rey Uzías (Isa 6:1-8). Lo vemos en el testimonio de los tres (3) jóvenes hebreos acompañados por la cuarta figura, “semejante al hijo de los dioses”, luego de que su fe fuera retada por una fiesta imperial idolátrica (Dan 3:1-30). Lo vemos en la manifestación de Dios sobre Daniel cuando el Señor lo libra de los leones luego de ser enviado allí por desobedecer una orden imperial. Esta orden establecía treinta (30) días en los que nadie podía orar a otro que no fuera Darío, el rey de Media (Dan 6:1-28). Lo vemos en el testimonio de Cristo nuestro Señor, muriendo en la cruz del Calvario como el cordero para el día de la pascua judía[9] (Jn 19:31-37). Lo vemos en el derramamiento del Espíritu Santo en el día que se celebraba la fiesta de Pentecostés (Hch 2:1-41). Tal parece que a Dios le gusta insertar su gloria y a los suyos en medio de experiencias nacionales y religiosas de suma importancia.
Tenemos que reconocer que las aseveraciones que hemos compartido acerca de los sueños que José interpretó pueden ser hechas porque nosotros conocemos cómo termina esa historia. José no tenía esa ventaja. Dios lo estaba posicionando, así como posicionó a Isaías, a Sadrac, a Mesac y a Abednego, a Daniel, a Jesús y a la Iglesia.
José necesitó dos (2) años adicionales en esa prisión antes de estar medianamente preparado para ver el rostro del Faraón. Esos dos (2) años conseguirían algo más que desarrollar la paciencia de este joven adulto. Esos dos (2) años servirían como una escuela para la posteridad; una escuela que enseña que no se pueden saltar pasos en los procesos en los que Dios nos ha insertado.
Una de las crisis más grandes que puede enfrentar un ser humano es la de arribar al lugar que Dios le tenía reservado sin estar preparado para cumplir con las responsabilidades que ese lugar trae consigo. La historia de la humanidad está llena de ejemplos de esto. La historia de la Iglesia del Señor también. Es por esto que debemos entender que cada paso, cada evento, cada problema, cada crisis de fe que encontramos en el camino posee elementos pedagógicos para capacitarnos para cumplir con el propósito que Dios ha diseñado para nosotros. No es sabio ni prudente saltar pasos en esos procesos.
Por lo general, estos tiempos de espera desarrollan la humildad. Sí, humildad, el conocimiento de nuestras limitaciones y debilidades y el proceso de aprender a obrar de acuerdo con este conocimiento. La respuesta que José tenía que darle a Faraón tenía que estar revestida de humildad. Esa característica exaltaría a Dios y no al instrumento que el Todopoderoso estaba utilizando.
“15 Entonces el faraón le dijo: —Anoche tuve un sueño, y nadie aquí puede decirme lo que significa; pero me enteré de que cuando tú oyes un sueño puedes interpretarlo.16 —No está en mis manos el poder para hacerlo—respondió José—, pero Dios puede decirle lo que su sueño significa y darle tranquilidad.” (Gén 41:15-16, NTV)
Siglos más tarde, Daniel, un joven profeta, exilado en el imperio de turno, sería llamado ante el rey de turno para que le interpretara un sueño. La respuesta que él ofreció allí es similar a la que José le ofreció al Faraón de Egipto.
“27 Daniel respondió delante del rey, diciendo: El misterio que el rey demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos ni adivinos lo pueden revelar al rey. 28 Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días. He aquí tu sueño, y las visiones que has tenido en tu cama:” (Dan 2:27-28, RV 1960)
Este dato nos obliga a sentarnos a analizar cómo es que las formas y maneras que escogemos para enfrentar los retos en los que Dios nos inserta sirven como escuela a las generaciones que vienen detrás de nosotros. Esto, también forma parte del plan maestro de Dios.
[1] Brueggemann, Walter. Genesis: Interpretation: A Bible Commentary for Teaching and Preaching (pp. 320-321). Presbyterian Publishing Corporation. Kindle Edition.
[2] Alter, Robert. Genesis: Translation and Commentary (p. 438). W. W. Norton & Company. Kindle Edition.
[3] Sarna, Nahum M.. Understanding Genesis (The Heritage of Biblical Israel) (p. 214). The Jewish Theological Seminary of America. Kindle Edition.
[4] Vergote, J., Joseph en Égypte; Genèse Chap. 37-50 à la lumière des études égyptologiques récentes, Louvaine, Publications Universitaires, 1959, pp. 35-37.
[5] Alter, Robert. Op. cit., p. 439.
[6] Del gr. ὄνειρος óneiros 'ensueño' e ‒́ico. adj. Perteneciente o relativo a los sueños. https://dle.rae.es/onírico?m=form
[7] Op. cit.
[8] Kass, Leon R. The beginning of wisdom: reading Genesis. Chicago: The University of Chicago Press, 2003, pp. 558-561.
[9] Viernes, desde las 6PM
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XX
José y la cárcel: los sueños del copero y el panadero de Faraón
“40 Después de esto, el jefe de los coperos del rey y el jefe de los panaderos ofendieron a su amo, el rey de Egipto. 2 El faraón se enojó mucho con sus dos siervos: el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos. 3 Entonces los puso bajo custodia en la prisión del capitán de la guardia, el mismo lugar donde José estaba encerrado. 4 El capitán puso a los dos prisioneros bajo el cuidado de José. Ambos permanecieron muchos días en prisión.” (Gén 40:1-4, PDT)
El profesor Walter Brueggemann, insigne exégeta bíblico, ha dicho que el capítulo cuarenta (40) del Libro de Génesis forma parte de una unidad literaria compuesta por tres (3) capítulos: del treinta y nueve (39) al cuarenta y uno (41). Lo que esto significa es que no podemos acercarnos a uno de esos capítulos sin leer los otros dos (2). Él señala que ese capítulo presenta una estructura clara y equilibrada.
“Comienza con los dos sueños del panadero y el mayordomo (vv. 1-8). En esta sección, los sueños no se interpretan. Concluye con el desenlace de estos sucesos: un sirviente real (el mayordomo) recibe vida y el otro (el panadero) muere (vv. 20-23). Así, el capítulo se estructura armoniosamente con dos sueños (vv. 1-8) y dos desenlaces (vv. 20-23). Entre ellos se encuentran las dos interpretaciones de los sueños (vv. 9-15 y vv. 16-19). Es en la sección central donde aparece José. De este modo, José se presenta como el conducto, el camino que conecta el sueño con su cumplimiento. Nuestra atención se centra en José, pero su papel es secundario en relación con los acontecimientos externos de esta narración, que trata sobre el destino de los dos sirvientes reales.” [1] (traducción libre)
Nuestra reflexión anterior sirvió para insertar esa triada de capítulos de Génesis en un entramado más grande y complejo que nos ofrece ese libro. El planteamiento del Dr. Brueggeman nos dirigió a revisar elementos del entramado que hemos mencionado y que habíamos dejado sin analizar.
Habiendo dicho esto, vemos que el capítulo cuarenta (40) del primer libro de la Biblia permite que nos insertemos en una historia que ocurre en una prisión; la cárcel en “donde estaban los presos del rey” (Gén 39:20, RV 1960).
Hay varios datos acerca de esa cárcel que necesitamos repasar. Por ejemplo, vimos que el capítulo treinta y nueve (39) señala que esa prisión era dirigida por “el jefe de la cárcel” (“śar beyt has-sō-har”; Gén 39:21). También vimos que el capítulo cuarenta (40) describe que el jefe de esa cárcel tenía un título: “capitán de la guardia” (“sar hatabaḥim”; Gén 40:4). Un dato que no hemos considerado aún es que el profesor Robert Alter señala que ese título correspondía a un gran chambelán o camarlengo. Esto es, al jefe de la cámara del rey o un tipo de ministro de justicia del Faraón. La descripción de este cargo incluía ser responsable burocráticamente de las prisiones reales, con el alcaide de cada prisión respondiendo ante él.[2]
Un detalle extraordinario es que ese es el mismo título con el que se describe a Potifar en el verso uno (1) del capítulo treinta y nueve (39) de Génesis. O sea, que la decisión para enviar a José a esa cárcel fue tomada por el camarlengo del Faraón. Potifar, la persona que compró como esclavo a José era el chambelán, el camarlengo o el ministro de justicia del Faraón.
Aquellos que hemos aceptado a Cristo como nuestro Salvador y Señor estamos convencidos de que la explicación detrás de la decisión de enviar a José a esa cárcel es que los hilos trazados por la mano de Dios provocaron la misma. No olvidemos que la Biblia repite varias veces que Jehová estaba con José.
Esta aseveración nos coloca ante la necesidad de puntualizar que el Señor hace lo mismo con todos los suyos. En ocasiones nos encontramos atravesando por situaciones muy difíciles y que se agravan cada vez más. Es muy común creer que estamos solos en medio de estas luchas. La verdad que revela la Palabra de Dios es que Dios está insertado en todas y cada una de estas experiencias. Muchos pasajes bíblicos enseñan que Dios siempre está obrando tras bambalinas, detrás de las cortinas de los escenarios de nuestras vidas. Sin nosotros saberlo, el Señor está moviendo y utilizando recursos e instrumentos que desconocemos para colocarnos en posiciones y escenarios claves para que Él pueda manifestar Su gloria y cumplir Sus propósitos en nosotros.
El profeta Isaías lo resumió de la siguiente manera:
“Pero ahora, oh Jacob, escucha al Señor, quien te creó. Oh Israel, el que te formó dice: «No tengas miedo, porque he pagado tu rescate; te he llamado por tu nombre; eres mío. 2 Cuando pases por aguas profundas, yo estaré contigo. Cuando pases por ríos de dificultad, no te ahogarás. Cuando pases por el fuego de la opresión, no te quemarás; las llamas no te consumirán. 3 Pues yo soy el Señor, tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador. Yo di a Egipto como rescate por tu libertad; en tu lugar di a Etiopía y a Seba. 4 Entregué a otros a cambio de ti. Cambié la vida de ellos por la tuya, porque eres muy precioso para mí. Recibes honra, y yo te amo. 5 »No tengas miedo, porque yo estoy contigo.” (Isa 43:1-5a, NTV)
Es muy importante entender que este pasaje del libro del profeta evangélico no presenta esos lugares adversos como posibilidades, como cosas que pueden ocurrir. La palabra profética que Isaías recibe afirma que las aguas profundas, los ríos de dificultad y el fuego no son posibilidades. Estos son escenarios reales e impostergables que tenemos que enfrentar. La palabra de Isaías, al igual que la que estamos analizando en el Libro de Génesis, nos invita a confiar en que Dios está insertado en todos esos escenarios. Ese mensaje afirma que ninguno de estos nos puede destruir y mucho menos detener los propósitos que Dios tiene con nosotros.
Al mismo tiempo, ese mensaje afirma que ninguna de estas bendiciones es alcanzada a base de nuestros méritos. José no pudo gestionar que algo así sucediera. El pueblo de Israel tampoco. Nosotros obtenemos estas bendiciones gracias al amor que Dios tiene por nosotros. Ese amor es tan grande que hasta hace que Dios nos encuentre preciosos: “yâqar” (H3365). Esto es, honorables, de mucho valor como el que posee una piedra preciosa (Isa 43:4c).
Uno de los mensajes que predica la saga de José es que nosotros desconocemos cuáles y quiénes son los recursos que Dios está utilizando para convertir nuestras crisis y nuestras tragedias en bendición. Ese mensaje predica que debemos confiar en que Dios está operando a nuestro favor sin importar cuán profundo se tornen las prisiones y los pozos en los que hayamos sido encerrados.
Sabemos que la cárcel a la que José fue enviado no era una cárcel común. La historia de Egipto lo confirma. El profesor Nahum Sarna (1923-2005) cita un trabajo especializado escrito por el profesor Jozef Vergote (1910- 1992), un famoso egiptólogo y coptólogo flamenco que realizó importantes contribuciones en el campo de la egiptología, para comprobar que esa cárcel existía en Egipto.[3] Nahum Mattathias Sarna fue un prominente académico bíblico, traductor y educador judío. Este distinguido exégeta es considerado una autoridad en la Biblia Hebrea, particularmente en los libros de Génesis y Éxodo. Su carrera incluye haber sido profesor invitado en las universidades más prestigiosas en Estados Unidos y en Europa, así como en el Jewish Theological Seminary of America. Añadimos que Sarna enseñó en el Seminario Evangélico de Puerto Rico durante la presidencia del siempre recordado Rdo. Dr. Luis Fidel Mercado.
Sarna señala que los personajes con los que José interactúa en esa prisión van mucho más allá de ser prisioneros que sirven directamente vino y pan al Faraón. Por ejemplo, él cita un documento de los tiempos del Faraón Ramsés III (siglo 12 AC) en los cuales se describen a coperos/mayordomos sirviendo como jueces en las cortes de Egipto. Al mismo tiempo, Vergote explica que la corte del Faraón necesitaba la gerencia de un jefe de cocina debido a las complejidades que representaban los gustos y las celebraciones en esa corte real. Veamos un ejemplo de esto: hay documentos egipcios antiguos que presentan la existencia de cincuenta y siete (575) variedades de pan y treinta y ocho (38) tipos de bizcochos en las comidas de los palacios de ese rey.[4] Estos datos revelan la importancia que poseían los dos (2) prisioneros más relevantes con los que José interactuó.
La reflexión publicada el 19 de julio del corriente nos proveyó la oportunidad para visitar los sueños que estos dos (2) personajes tuvieron.
“9 Entonces el jefe de los coperos fue el primero en contarle su sueño a José. —En mi sueño—dijo él—, vi una vid delante de mí. 10 La vid tenía tres ramas, las cuales comenzaron a brotar y a florecer y, en poco tiempo, produjo racimos de uvas maduras. 11 Yo tenía la copa del faraón en mi mano, entonces tomé un racimo de uvas y exprimí el jugo en la copa. Después puse la copa en la mano del faraón.” (Gén 40:9-11, NTV)
“16 Cuando el jefe de los panaderos vio que José había dado una interpretación tan positiva del primer sueño, le dijo a José: —Yo también tuve un sueño. En mi sueño, había tres canastas de pasteles blancos sobre mi cabeza. 17 En la canasta de arriba había todo tipo de pasteles para el faraón, pero llegaron las aves y se los comieron de la canasta que estaba sobre mi cabeza.” (vv. 16-17)
El profesor Rober Alter ha dicho que la interacción que José tuvo con ambos funcionarios sirve para comprobar que José continuaba siendo un buen monoteísta hebreo en su cautiverio egipcio. La explicación que ofrece Alter para esta aseveración es que la interpretación de los sueños era considerada en Egipto como una ciencia, y la instrucción formal en técnicas de interpretación de sueños se impartía en escuelas llamadas «casas de la vida».[5]
“José les dice, entonces, a estos dos egipcios de alto rango que no se requiere ningún hermeneuta onírico[6] capacitado —ningún potero profesional—; puesto que Dios posee el significado de los sueños, si Él lo desea, simplemente revelará los significados a la persona debidamente atenta. Pero cabe señalar que José procede inmediatamente a pedirle al copero que le cuente su sueño, asumiendo sin dudarlo que él, José, es una de esas personas a quienes Dios favorecerá con la comprensión del significado del sueño.”[7]
Estos datos aumentan el valor de la siguiente expresión de José: “¿No son de Dios las interpretaciones?” (Gén 40:8, RV 1960). José no vacila en insertar a Dios en sus respuestas.
Muchos exégetas bíblicos señalan que existen algunos datos relevantes en esos sueños que podían facilitar su interpretación. Por ejemplo, el copero menciona varias veces al Faraón en su sueño y se ve a sí mismo regresando a servir a ese rey. El panadero sólo menciona al Faraón en una ocasión y no se ve a sí mismo sirviendo a ese monarca. Además, el copero vio el desarrollo acelerado de elementos que tenían que ver con sus funciones. En cambio, el panadero no. Él no se veía en su sueño horneando pan.
Simultáneamente está el tema del tiempo; factor que es vital en esos sueños y en las interpretaciones que el Señor le da a José. Por ejemplo, el copero vio el tiempo acelerado viendo cómo salían la flor del sarmiento, las uvas y su maduración; una imagen de futuro. En cambio, no hay expresiones de tiempo en el sueño del panadero. El sueño de este dio la impresión de que el tiempo para este servidor de la corte imperial egipcia parecía haberse detenido o paralizado.
Esta es una de las razones por la que casi todos los exégetas bíblicos que han analizado esta narrativa han llegado a la conclusión de que los sueños del copero y del panadero son estilizados, esquemáticos y no muy complicados para interpretar. Es muy importante destacar los sueños que José tuvo también poseen estas características. Alter añade que el único elemento que requiere algún esfuerzo de interpretación son los tres (3) sarmientos que vio el copero, los cuáles representaban tres días.
Algunos biblistas han señalado que no debió ser muy complicado relacionar estos tres (3) días con el cumpleaños del Faraón. Esa celebración era uno de los días de fiesta que se celebraban en ese imperio. El Faraón celebraba en esa fecha el día de su entrada a la vida, su vitalidad continua y su hegemonía inmutable como el centro del mundo, “incapaz de imaginar el mundo sin su presencia.”[8]
Este dato nos debe conducir a la conclusión de que todo Egipto sabía acerca de ese cumpleaños y cuándo sería celebrado. En otras palabras: el Señor estaba posicionando a José de cara a momentos seculares de importancia en ese imperio para glorificarse a través de Su siervo.
La Biblia está llena de experiencias similares. Lo vemos en la experiencia de Isaías recibiendo la visión del Señor sentado en un trono alto y sublime justo cuando muere el rey Uzías (Isa 6:1-8). Lo vemos en el testimonio de los tres (3) jóvenes hebreos acompañados por la cuarta figura, “semejante al hijo de los dioses”, luego de que su fe fuera retada por una fiesta imperial idolátrica (Dan 3:1-30). Lo vemos en la manifestación de Dios sobre Daniel cuando el Señor lo libra de los leones luego de ser enviado allí por desobedecer una orden imperial. Esta orden establecía treinta (30) días en los que nadie podía orar a otro que no fuera Darío, el rey de Media (Dan 6:1-28). Lo vemos en el testimonio de Cristo nuestro Señor, muriendo en la cruz del Calvario como el cordero para el día de la pascua judía[9] (Jn 19:31-37). Lo vemos en el derramamiento del Espíritu Santo en el día que se celebraba la fiesta de Pentecostés (Hch 2:1-41). Tal parece que a Dios le gusta insertar su gloria y a los suyos en medio de experiencias nacionales y religiosas de suma importancia.
Tenemos que reconocer que las aseveraciones que hemos compartido acerca de los sueños que José interpretó pueden ser hechas porque nosotros conocemos cómo termina esa historia. José no tenía esa ventaja. Dios lo estaba posicionando, así como posicionó a Isaías, a Sadrac, a Mesac y a Abednego, a Daniel, a Jesús y a la Iglesia.
José necesitó dos (2) años adicionales en esa prisión antes de estar medianamente preparado para ver el rostro del Faraón. Esos dos (2) años conseguirían algo más que desarrollar la paciencia de este joven adulto. Esos dos (2) años servirían como una escuela para la posteridad; una escuela que enseña que no se pueden saltar pasos en los procesos en los que Dios nos ha insertado.
Una de las crisis más grandes que puede enfrentar un ser humano es la de arribar al lugar que Dios le tenía reservado sin estar preparado para cumplir con las responsabilidades que ese lugar trae consigo. La historia de la humanidad está llena de ejemplos de esto. La historia de la Iglesia del Señor también. Es por esto que debemos entender que cada paso, cada evento, cada problema, cada crisis de fe que encontramos en el camino posee elementos pedagógicos para capacitarnos para cumplir con el propósito que Dios ha diseñado para nosotros. No es sabio ni prudente saltar pasos en esos procesos.
Por lo general, estos tiempos de espera desarrollan la humildad. Sí, humildad, el conocimiento de nuestras limitaciones y debilidades y el proceso de aprender a obrar de acuerdo con este conocimiento. La respuesta que José tenía que darle a Faraón tenía que estar revestida de humildad. Esa característica exaltaría a Dios y no al instrumento que el Todopoderoso estaba utilizando.
“15 Entonces el faraón le dijo: —Anoche tuve un sueño, y nadie aquí puede decirme lo que significa; pero me enteré de que cuando tú oyes un sueño puedes interpretarlo.16 —No está en mis manos el poder para hacerlo—respondió José—, pero Dios puede decirle lo que su sueño significa y darle tranquilidad.” (Gén 41:15-16, NTV)
Siglos más tarde, Daniel, un joven profeta, exilado en el imperio de turno, sería llamado ante el rey de turno para que le interpretara un sueño. La respuesta que él ofreció allí es similar a la que José le ofreció al Faraón de Egipto.
“27 Daniel respondió delante del rey, diciendo: El misterio que el rey demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos ni adivinos lo pueden revelar al rey. 28 Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días. He aquí tu sueño, y las visiones que has tenido en tu cama:” (Dan 2:27-28, RV 1960)
Este dato nos obliga a sentarnos a analizar cómo es que las formas y maneras que escogemos para enfrentar los retos en los que Dios nos inserta sirven como escuela a las generaciones que vienen detrás de nosotros. Esto, también forma parte del plan maestro de Dios.
[1] Brueggemann, Walter. Genesis: Interpretation: A Bible Commentary for Teaching and Preaching (pp. 320-321). Presbyterian Publishing Corporation. Kindle Edition.
[2] Alter, Robert. Genesis: Translation and Commentary (p. 438). W. W. Norton & Company. Kindle Edition.
[3] Sarna, Nahum M.. Understanding Genesis (The Heritage of Biblical Israel) (p. 214). The Jewish Theological Seminary of America. Kindle Edition.
[4] Vergote, J., Joseph en Égypte; Genèse Chap. 37-50 à la lumière des études égyptologiques récentes, Louvaine, Publications Universitaires, 1959, pp. 35-37.
[5] Alter, Robert. Op. cit., p. 439.
[6] Del gr. ὄνειρος óneiros 'ensueño' e ‒́ico. adj. Perteneciente o relativo a los sueños. https://dle.rae.es/onírico?m=form
[7] Op. cit.
[8] Kass, Leon R. The beginning of wisdom: reading Genesis. Chicago: The University of Chicago Press, 2003, pp. 558-561.
[9] Viernes, desde las 6PM
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