1068 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 2 de agosto del 2026

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Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XIX
Una mirada a los procesos divinos sobre Judá y José.

 
“Rubén era el hijo mayor de Israel, pero como tuvo relaciones sexuales con la esposa de su papá, perdió los privilegios de hijo mayor. Esos privilegios pasaron a los hijos de José, otro hijo de Israel. 2 Es cierto que Judá llegó a ser más poderoso que sus hermanos y se convirtió en jefe de ellos, pero los privilegios de hijo mayor fueron de José.”  (1 Cró 5:1-2, PDT)

La reflexión anterior presentó un tema que sabemos que es muy denso. Esta fue dedicada a trabajar con los procesos de transformación por los que Dios sometió a Judá. Añadimos a esto las explicaciones exegéticas de por qué es que llegamos a la conclusión de que el capítulo treinta y ocho (38) de Libro de Génesis no es una añadidura en la saga de José. Repetimos que ese capítulo presenta la historia de Judá en su encuentro con Tamar.
 
En vías de facilitar el análisis de esta, hemos decidido presentar un resumen de los puntos que creemos son los más relevantes cuando comparamos ese capítulo con el resto de la saga antes mencionada.

Resumen

  • Judá es responsable de la venta de José como esclavo. Esto subraya la importancia de este capítulo al principio de esa saga (Gén 37:26-27).[1]
  • Ambos, Judá y José son separados de su familia paterna y de sus hermanos (Gén 37:36; 38:1-5, 12; 39:1).
  • El texto hebreo dice que ambos descendieron (“yârad”, H3381) al lugar al que llegaron para estar separados de los suyos (Gén 38:1; 39:1).
  • Ambos, Judá y Jacob son engañados en esta saga (Gén 37:31-35; 38:13-30).
  • Hay piezas de ropa que son utilizadas intencionalmente como parte de ambos procesos (Gén 37:31-34; 38:14-16).
  • Hay un cabrito que forma parte de cada uno de esos procesos (Gén 37:31; 38:16-17).
  • Ambos, Jacob y Judá, sufren angustia por la pérdida de los hijos.
  • Ambos, Jacob y Judá, tienen miedo de perder otro (Gén 38:11; 42:4).
  • El vocabulario hebreo utilizado para describir por qué es que Judá no quiere enviar a Sela, su hijo menor, a cumplir con el levirato es idéntico al que se utiliza para describir que Jacob no quería enviar a Benjamín a Egipto: “ki ’ā-mar pen-.”
    • No sea que muera” (Gén 38:11, RV 1960)
    • No sea que le acontezca algún desastre.” (Gén 42:4).
  • José hizo posible que el pueblo de Israel fuera esclavizado, mientras Judá fue utilizado para proveer el linaje de los reyes de esa nación (Gén 38:29; Mat 1:3; Lcs 3:32-33)[2]
    • Fares (“perets”, H6557).
  • Hay dos (2) mujeres claves en esa historia: Tamar y la esposa de Potifar.
    • Una era poderosa (la esposa de Potifar); la otra no (Tamar).
    • Las dos (2) procuraban tener intimidad sexual.
    • Una deseaba tener intimidad por placer, mientras que la otra anhelaba perpetuar el nombre y la memoria de su esposo.
  • La saga justifica por qué José recibió la primogenitura de su casa, mientras que Judá recibió la gobernanza (1 Cró 5:1-3).
    • No olvidemos que el estilo de José no es el que se utiliza para gobernar a Israel.
    • Judá se posicionó como el líder de sus hermanos intercediendo por Benjamín ante José, el administrador del impero egipcio. Esta acción revela nuevas características en su personalidad como líder.
      • Puntualizamos que ese es el discurso más extenso en el primer libro de la Biblia (Gén 44:18-34).
  • En el texto hebreo se utiliza la misma frase para pedirle a Jacob y a Judá que examinen las evidencias que ambos tienen ante sí.
    • hak-ker- (H5234) (H4994)” (Gén 37:32)
    • hak-ker- (H5234) (H4994)” (Gén 38:25)
  • Judá y José necesitaban ser “educados” y transformados por Dios para que pudieran ser capaces de desarrollar responsablemente sus roles en los procesos para rescatar la casa de Jacob.
 
Sabemos que existen muchas evidencias adicionales en esas narrativas bíblicas. Este tipo de reflexiones no provee el espacio para analizarlas todas. Es por esto que invitamos a los lectores a estudiar las referencias bibliográficas que hemos compartido en las dos (2) reflexiones más recientes.

Estos datos nos permiten concluir que la saga de José presenta dos (2) lados de una misma historia. Esto es, la historia desde las perspectivas de la transformación de José y de Judá. Algunos especialistas en el tema concluyen que los procesos para presentar la misma presentan el balance entre la sabiduría y la inmoralidad. Enfatizamos que la identificación de ese balance requiere que conozcamos las costumbres de una época en el que las tradiciones religiosas no estaban escritas; estas eran transmitidas de manera oral.

La presentación de esos lados de la historia también provee la oportunidad de ver los roles emocionales e intelectuales de los personajes principales de esta saga.

Aaron Wildavsky señala que ambas historias son entrelazadas como una obra de arte; dos (2) significados en un mismo texto. [3] El paralelismo, marcado en un estilo dualista, dos (2) historias manejadas y desarrolladas al mismo tiempo, revela que el escritor de este texto no era solo un genio de la literatura, sino que era alguien inspirado por el Señor para presentar estos procesos. Tal y como dice Wildavsky, ese escritor hizo esto mediante un esfuerzo consciente, de manera que coincidieran el significado y la forma de estas narrativas bíblicas.

Por otro lado, tenemos que señalar que muchos exégetas bíblicos han concluido que la historia de Tamar trasciende a los procesos de obtener la reparación de los derechos que se le habían negado. La historia central de esa narrativa gira alrededor de la necesidad de que se cumpliera con unos códigos morales en medio de un ambiente de pérdidas y de manejo de crisis. Son muchos los exégetas bíblicos que han expresado que la narrativa del capítulo treinta y ocho (38) presenta cómo se debe procurar la súper vivencia sin abandonar el respeto a los códigos morales.[4] En este caso, el levirato.
 
¿Qué es el levirato? El levirato, del latín levir, que significa “cuñado”[5], era una ley que obligaba al hermano de un hombre fallecido sin hijos a casarse con la viuda de este. Este concepto está definido en el Libro de Deuteronomio.

“Cuando hermanos habitaren juntos, y muriere alguno de ellos, y no tuviere hijo, la mujer del muerto no se casará fuera con hombre extraño; su cuñado se llegará a ella, y la tomará por su mujer, y hará con ella parentesco. Y el primogénito que ella diere a luz sucederá en el nombre de su hermano muerto, para que el nombre de éste no sea borrado de Israel.”   (Det 25:5-6)
 
A continuación, una explicación simple que encontramos en un portal cibernético que está al alcance de todos.

“¿Por qué era tan importante esta práctica? En la sociedad israelita antigua, la continuidad del nombre familiar y la herencia de la tierra eran fundamentales. Si un hombre moría sin hijos, su nombre y su porción de la tierra prometida corrían el riesgo de desaparecer. El levirato ofrecía una solución a este problema. Al casarse con la viuda, el hermano del difunto no solo proporcionaba protección y sustento a la mujer (que de otro modo podría quedar desamparada y olvidada en la sociedad), sino que también aseguraba la continuidad del linaje familiar. El primer hijo nacido de esta unión era considerado legalmente como hijo del hermano fallecido, heredando su nombre y sus propiedades. De esta manera, el nombre del difunto se perpetuaba en Israel y su herencia se mantenía dentro de la familia.
 
Encontramos un ejemplo clásico de la aplicación del levirato en el libro de Rut. Aunque Boaz no era exactamente el hermano del difunto esposo de Rut, era un pariente cercano y actuó como “redentor”, casándose con ella para continuar el linaje de su difunto esposo.
 
El levirato es sólo un ejemplo de cómo Dios proporcionaba soluciones prácticas a los problemas de Su pueblo —problemas capaces de desestabilizar a la familia y en consecuencia al pueblo entero.”
[6]
 
Es muy importante que hagamos énfasis en que la historia narrada en el capítulo treinta y ocho (38) del Libro de Génesis también forma parte de un entramado complejo del libro en su totalidad. En este se trabajan algunos temas de manera repetitiva.

Uno de estos temas es el del engaño. Ese libro presenta el tema del engaño ampliamente y lo trabaja de muchas formas. Por ejemplo, Jacob y Rebeca engañan a Isaac y a Esaú para que Jacob se quedara con la primogenitura (Gén 27:1-41). Labán engaña a Jacob sustituyendo a Raquel con Lea la noche de la boda de Jacob con la primera (Gen 29:22-28). Jacob engaña a Labán su suegro (Gén 30:25- 31:55). Raquel engaña a Labán su padre para que él no supiera que ella había hurtado los ídolos que él poseía (Gén 31:19, 33-35).[7] Jacob es engañado por sus hijos (Gén 37:31-35) para hacerle creer que José había muerto. Judá intenta engañar a Tamar y la deshumaniza al enviarla a vivir otra vez en la casa de los padres de esta (Gén 38:11, 14). Tamar engaña a Judá, haciéndose pasar por una prostituta (Gén 38:12-30). La esposa de Potifar engaña a su esposo haciéndole creer que José había intentado abusar sexualmente de ella (Gén 39:7-19). José engaña a sus hermanos al no revelarles quién era (Gén 42:7-8). Los hermanos de José intentan engañarlo tratando de hacerle creer que Jacob había dejado instrucciones pidiendo que José no los castigara; que no buscara vengarse de ellos (Gén 50:16-17).

Hay todo un entramado conductual en toda esta historia. De hecho, hay muchas otras cosas que se repiten en ese libro. A continuación, un resumen de muchas de estas presentado por Louis Ginzberg:

“La vida del hijo no es sino una repetición de la del padre. Así como la madre de Jacob permaneció estéril durante mucho tiempo después de su matrimonio, así también la madre de José. Así como Rebeca había sufrido mucho al dar a luz a Jacob, así Raquel al dar a luz a José. Así como la madre de Jacob tuvo dos hijos, así también la madre de José. Como Jacob, José nació circuncidado. Como el padre era pastor, así también el hijo. Como el padre sirvió por amor a una mujer, así también el hijo sirvió bajo una mujer. Como el padre, el hijo se apropió de la primogenitura de su hermano mayor. El padre fue odiado por su hermano, y el hijo fue odiado por sus hermanos. El padre era el hijo favorito comparado con su hermano, así también el hijo comparado con sus hermanos. Tanto el padre como el hijo vivieron en la tierra del extranjero. El padre se convirtió en siervo de un amo, también el hijo. El amo a quien el padre sirvió fue bendecido por Dios, así también el amo a quien el hijo sirvió. Tanto el padre como el hijo fueron acompañados por ángeles, y ambos se casaron con sus esposas fuera de Tierra Santa. Tanto el padre como el hijo fueron bendecidos con riquezas. Grandes cosas le fueron anunciadas al padre en un sueño, y también al hijo. Así como el padre fue a Egipto y puso fin a la hambruna, así hizo el hijo. Así como el padre les exigió a sus hijos la promesa de enterrarlo en Tierra Santa, así hizo el hijo. El padre murió en Egipto, y allí murió también el hijo. El cuerpo del padre fue embalsamado, y también el del hijo. Así como los restos del padre fueron llevados a Tierra Santa para su sepultura, así también los del hijo. Jacob, el padre, proveyó para el sustento de su hijo José durante diecisiete años, y así José, el hijo, proveyó para su padre Jacob durante diecisiete años.” [8] (traducción libre)
 
Hay que destacar que estos son los contextos familiares e históricos con los que la saga de José trabaja. Este hombre tiene que lidiar con todo esto mientras se encontraba en Egipto. Esto, con mucha más intensidad, en la cárcel a la que fue enviado injustamente. La promesa que Dios le hizo a los patriarcas tenía que cumplirse y esa familia necesitaba ser separada de muchas de estas costumbres, así como a renunciar a algunos de estos patrones de conducta. Uno de estos, la propensión al engaño y al uso de la violencia para poder conseguir lo que deseaban.

Un dato interesante detrás de todas las historias bíblicas del Génesis, incluyendo la saga de José, es que casi nadie aparece pidiendo perdón o señalando que había perdonado a sus ofensores. Ni siquiera José aparece expresando verbalmente que había perdonado a aquellos que le habían traicionado y ofendido. Tan sólo Judá pide perdón, pide disculpas por sus acciones en contra de Tamar reconociendo su error. O sea, que este, que es el canal utilizado por Dios para proveer los reyes para Su pueblo, es el único en hacerlo en el Libro de Génesis. Judá es también el que provee el gentilicio más comúnmente utilizado para los israelíes: judíos.

Debemos hacer un paréntesis para señalar que la Biblia no oculta estos detalles porque su mensaje comunica que Cristo es el único ser humano perfecto que ha pisado nuestro planeta. Todos los demás seres humanos somos imperfectos y pecadores (Sal 14:1-3; 53:1-3; Rom 3:10-18). Esto, por supuesto, incluye a los patriarcas y a sus descendientes.

Otro tema que está presente en las historias de Abraham, de Isaac y de Jacob es el de las primogenituras. Vemos que Abraham no le concedió a Ismael la primogenitura: Isaac la obtuvo. Isaac fue engañado para no otorgarle la primogenitura a Esaú: Jacob se la robó. Jacob no le otorgó la primogenitura a Rubén. Adelantamos que los procesos por los que atravesó José no podrían estar completos sin que él recibiera la bendición de la primogenitura antes de que su padre falleciera. La Biblia dice que Jacob hizo eso, reconociendo la primogenitura de José antes de ofrecer su discurso final y mudarse a la eternidad.
           
“21 Finalmente, Israel dijo a José: —Yo estoy a punto de morir, pero Dios estará con ustedes y los hará volver a la tierra de sus antepasados. 22 Y a ti, que estás por encima de tus hermanos, te doy Siquén, tierra que arrebaté a los amorreos con mi espada y con mi arco.” (Gén 48:21, NVI)

La Biblia da a entender que Sela, el tercero de los hijos de Judá (Gén 38:5) no recibió la primogenitura de manos de Judá. Sela era el candidato lógico ante la muerte de sus hermanos mayores. Estos datos se desprenden de la manera en que son enumerados los descendientes de Judá en el Primer Libro de Crónicas. La importancia que reviste el nombre de Fares en esas narrativas es singular (1 Cró 2:1-6;[9] 4:1, 21[10]).

Por último, Jacob se negó a reconocer la primogenitura de Manasés cuando bendijo a los hijos de José. La Biblia dice que José trató de corregir esto, pero Jacob no se lo permitió.

“8 Cuando Israel vio a los hijos de José, preguntó: —¿Quiénes son ellos? 9 José le contestó a su papá:

—Estos son los hijos que Dios me dio aquí. Luego Jacob dijo: —Te ruego que me los traigas acá y yo les daré mi bendición. 10 A Israel le fallaba la vista porque ya estaba muy viejo. Cuando José le acercó a sus hijos, él los abrazó y los besó. 11 Luego Israel le dijo a José: —Nunca pensé que volvería a ver tu rostro. ¡Pero mira! Dios me permitió verte a ti y a tus descendientes. 12 Luego José bajó a los niños de las piernas de Israel y se postró rostro en tierra. 13 José acercó a los niños y puso a Efraín a su derecha y a Manasés a su izquierda. Por lo tanto, Efraín estaba a la izquierda de Israel y Manasés a su derecha. 14 Israel estiró su brazo derecho y puso su mano en la cabeza de Efraín, el menor. Luego estiró su brazo izquierdo y puso su mano sobre la cabeza de Manasés, el mayor, cruzando los brazos. 15 Israel bendijo a José y le dijo: «Que el Dios que mis padres Abraham e Isaac adoraron, el Dios que ha sido mi pastor     toda mi vida hasta hoy, 16 el ángel que me salvó de todo peligro, bendiga a estos muchachos. Es para que así mi nombre y el nombre de mis padres Abraham e Isaac sigan viviendo en ellos, y para que se multipliquen sobre la tierra». 17 Cuando José vio que Israel tenía su mano derecha sobre la cabeza de Efraín, se molestó. Así que tomó la mano de su papá y trató de moverla de la cabeza de Efraín a la de Manasés. 18 José le dijo a su papá: —¡Así no, papá! Este es el mayor, pon tu mano derecha sobre su cabeza. 19 Pero su papá se rehusó y dijo: —Lo sé, hijo, lo sé. Él también va a ser importante y de él también nacerá mucha gente, pero su hermano menor va a ser todavía más importante y sus descendientes formarán muchas naciones. 20 Entonces los bendijo ese día diciendo: «La gente de Israel usará sus nombres para bendecir: “Que Dios te haga como Efraín y Manasés”».De esta manera Israel hizo a Efraín más importante que Manasés.”
(Gén 488-20, PDT)

José tenía que aprender a lidiar y a integrar todos estos temas y eventos durante su estadía en Egipto. Muchos de estos se habían convertido o se convertirían en símbolos de la historia de su familia y hasta en etiologías para en el desarrollo de ellos como una nación.

Por último, José tenía sobre sus hombros el recuerdo de la promesa que Dios le había hecho a Abraham, a Isaac y a Jacob.

“Poco tiempo después le dijeron a José que su padre estaba enfermo. Entonces José fue a verlo, y llevó a sus dos hijos, Manasés y Efraín. 2 Cuando dieron aviso a Jacob de que su hijo José había llegado a verlo, hizo un esfuerzo y se sentó en la cama. 3 Y le dijo a José: —El Dios todopoderoso se me apareció en la ciudad de Luz, en la tierra de Canaán, y me bendijo 4 con estas palabras: “Mira, yo haré que tengas muchos hijos, y que tus descendientes lleguen a formar un conjunto de naciones. Además, a tu descendencia le daré esta tierra. Será de ellos para siempre”.” (Gén 48:1-4, DHH)

Dios escogió a Judá y a José porque él es celoso con los suyos y porque Él cumple sus promesas. No es por otra razón que la Biblia dice lo siguiente acerca de esto.

“19 Jesucristo, el Hijo de Dios, de quien les hemos hablado Silas, Timoteo y yo, no era «sí» y «no» a la vez. Por el contrario, Cristo siempre ha sido el «sí». 20 No importa cuántas promesas haya hecho Dios, Cristo siempre ha sido el «sí» de todas ellas. Por eso, por medio de Jesucristo, cuando alabamos a Dios decimos: «Así sea».” (2 Cor 1:19-20, PDT)

Usted lo leyó bien. Ese verso no dice que Cristo comenzó a ser el “sí” de las promesas del Padre cuando comenzó en su ministerio. Cristo siempre ha sido el sí de todas las promesas del Padre.

Judá y José no conocían este dato, pero nosotros sí lo conocemos. El cuarto y el undécimo hijo de Jacob tuvieron que atravesar por unos procesos increíblemente densos y complicados para ver el cumplimiento de las promesas hechas a Abraham, a Isaac y Jacob. La inclinación constante a engañar a otros que operaba en esa familia, no pudo cancelar ni obstaculizar ese cumplimiento. La inversión constante de los derechos de primogenitura tampoco. Dios separó a Judá y a José para conseguir que esto se pudiera superar.

Por lo tanto, esta saga debe alentarnos y estimularnos a creer que Dios cumplirá en nosotros todas las promesas que nos ha entregado. Esto es, a aquellos que hemos reconocido a Jesucristo como nuestro Señor y nuestro Salvador.


 
[1] Goldin Judah, “The Youngest Son or Where Does Genesis 38 Belong,” Journal of Biblical Literature, vol. 96, no. 1 (March 1977): 27-44.
[2] Dios proveyendo soluciones y esperanza para el manejo de crisis que todavía no se habían gestado.
[3] Wildavsky, Aaron. Assimilation versus separation: Joseph the administrator and the politics of religion in biblical Israel. London: Routledge, 1993, p. 10.
[4] Wildavsky, Op. cit., p. 40.
[5] https://dle.rae.es/levirato?m=form.
[6] https://arcanabiblica.com/que-es-el-levirato-y-por-que-era-necesario-en-el-antiguo-testamento/
[7] Nota editorial: el texto bíblico dice que Jacob desconocía ese hecho. De haberlo sabido, no habría declarado la muerte para aquella persona que los tuviera. “32 Aquel en cuyo poder hallares tus dioses, no viva; delante de nuestros hermanos reconoce lo que yo tenga tuyo, y llévatelo. Jacob no sabía que Raquel los había hurtado.” (Gén 31:32)
[8] Ginzberg, Louis. Vol. I - IV (A huge collection of traditional stories from the Bible collected from the Talmud, the Midrash and the Haggada) - Annotated The Book of Hebrews. Kindle Edition.
[9] Ese pasaje bíblico no presenta a los descendientes de Sela, sino que le da importancia a los Fares.
[10] Ese pasaje bíblico comienza presentando los hijos de Fares para luego presentar a los de Sela en el v. 21.











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