1070 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 16 de agosto del 2026

1070 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 16 de agosto del 2026
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XXI
José y la cárcel: los sueños del copero y el panadero de Faraón

 
“7 —¿Por qué se ven tan preocupados hoy?—les preguntó. 8 —Anoche los dos tuvimos sueños—contestaron ellos—, pero nadie puede decirnos lo que significan. —La interpretación de los sueños es asunto de Dios—respondió José—. Vamos, cuéntenme lo que soñaron.” (Gén 40:7-8, NTV)

El análisis del capítulo cuarenta (40) del Libro de Génesis ha ocupado el centro de nuestras
reflexiones más recientes. Los sueños del copero y del panadero de Faraón son descritos en este capítulo, así como las intervenciones de José como instrumento en las manos de Dios para interpretarlos.

Hay muchas preguntas que surgen del análisis de esa narrativa bíblica. Una de estas tiene
que ver con el valor y la relevancia que tenían los sueños en la antigüedad, particularmente en Egipto. Otra, qué valor podemos adjudicar a estos cuando los examinamos a la luz de las herramientas con las que los analizamos hoy.

No obstante, estas preguntas pertenecen a la periferia de lo que es realmente importante en la narrativa bíblica que nos ofrece ese capítulo. Las preguntas más importantes son aquellas acerca de la teología y el mensaje que encontramos en ese pasaje. Observemos bien que no se trata de la experiencia histórica, ni del desenlace que esta narrativa bíblica produce. No podemos olvidar que la función más importante de los pasajes que encontramos en la Palabra de Dios es la de comunicar el mensaje de salvación que viene de parte de Dios.

Hemos estudiado muchas publicaciones en las que se ofrecen acercamientos e investigaciones académicas sobre ese pasaje. Estamos convencidos que muy pocos superan las contribuciones que realizó sobre este el Dr. Walter Brueggemann (1933-2025), así como las respuestas a las preguntas que estamos considerando.

Brueggemann, quien es sin duda alguna uno de los intérpretes bíblicos más influyentes de nuestro tiempo, escribió más de cien (100) libros durante su vida.[1] Su obra magna, “Theology of the Old Testament” (1997), su libro acerca de los salmos, “The Message of the Psalms” (1985), “Psalms”, (2014), así como sus libros “Genesis” (1982), “Biblical Perspectives on Evangelism” (1993) y “Virus as a Summons to Faith” (2020), son algunos de nuestros favoritos.
 
Tenemos que destacar que Brueggemann combinaba su sapiencia y experiencia como un Th.D con su entrenamiento y exposición como Ph.D. en educación. Cuando nos referimos a la experiencia de este académico estamos haciendo referencia a su capacidad y su disponibilidad para estar dictando cursos posgraduados de manera ininterrumpida desde 1961 hasta poco antes de ser llamado por el Señor para mudarse a la eternidad. Brueggemann combinaba esto con una destreza extraordinaria en el uso de la crítica retórica:[2] el estudio y análisis del propósito de las palabras, imágenes y sonidos que son los artefactos simbólicos utilizados para la comunicación entre las personas.[3]
 
Esta reflexión será dirigida por los planteamientos analíticos realizados por este gigante de la exégesis bíblica y por varias de las conclusiones a las que él llegó mediante su análisis del capítulo cuarenta (40) del primer libro de la Biblia.[4] En otras palabras, como un resumen ampliado de su análisis. Las respuestas que Brueggeman ofrece para muchas de las preguntas que nos hemos formulado son tan sólidas que hay muy pocas maneras de superarlas o de mejorarlas.

Compartimos en nuestra reflexión anterior que Brueggemann comienza su análisis señalando que el capítulo cuarenta (40) del Libro de Génesis forma parte de una unidad literaria compuesta por tres (3) capítulos: del treinta y nueve (39) al cuarenta y uno (41). Él destaca que el capítulo cuarenta (40) centraliza a José, no como el intérprete de sueños y sí como un prisionero con el que Dios está trabajando. El final del capítulo treinta y nueve (39) lo coloca en la cárcel (39:22), a cargo de esta, y el final del cuarenta (40) lo deja en la cárcel, olvidado (40:23)[5]. Brueggemann ve en esto el establecimiento del ritmo de esta narrativa bíblica y el uso de este capítulo como instrumento para la creación del suspenso en la trama que presenta esta unidad literaria.

La reflexión anterior sirvió para presentar la estructura bíblica de ese capítulo. Vimos allí que Brueggemann señala que el capítulo ofrece una estructura balanceada. Esto es, este capítulo posee una sección con la información de que hay dos (2) sueños (vv.1-8) y otra con dos (2) cumplimientos (vv. 20-23). En el medio están las descripciones de los sueños (vv. 9-13 y vv. 16-19) y sus interpretaciones.[6]
 
En el caso de las interpretaciones de los sueños que José ofrece al copero y al panadero de Faraón, resulta interesante que el texto hebreo describa que José utilizó la misma frase para describir lo que les sucedería a ambos. El texto hebreo describe que José les dijo a ambos que Faraón levantaría sus cabezas: “yiś-śā p̄ar-‘ōh ’eṯ- rō-še-ḵā” (Gén 40:13, 19). Hay versiones bíblicas en español en las que este dato no puede ser observado. No obstante, se utiliza la misma frase para cada uno de ellos.[7],[8] La cabeza del copero sería levantada para ser restituido (v. 13, “wa-hă-šî-ḇə-ḵā ‘al- kan-ne-ḵā”), mientras que la del panadero sería levantada para separarla de su cuerpo (v. 19 “mê-‘ā-le-ḵā”) y empalar este en un árbol. Los egipcios utilizaban esa clase de castigo y/o sentencia con frecuencia.
 
Respecto al lugar de los sueños en la antigüedad, el Dr. Brueggemann señala que estos eran prominentes en la literatura de esa época y que la interpretación de estos era crucial en el mundo antiguo. En otras palabras, que la presentación de sueños de oficiales de la corte imperial egipcia le brinda un “color egipcio” a esta narrativa.[9]

Es entonces que este destacado exégeta bíblico hace algo que consideramos magistral. Él decide  examinar los dos (2) sueños que aparecen en ese capítulo de Génesis con los lentes que proveen algunas perspectivas psicológicas. Por ejemplo, él decide examinarlos desde la perspectiva de la psicología de Freud. Esta rama de la psicología (psicoanálisis) señala que los sueños nos ayudan a revivir y a trabajar a través de dimensiones del pasado que han sido reprimidas. Paul Ricoeur los catalogaba como “arqueología personal.”[10]
 
El sueño es la realización (disfrazada) de un deseo (reprimido, suprimido)”, es decir, “el sueño oculta.”[11]

Brueggemann dice que este no es el caso de los sueños del copero o del panadero porque ninguno de estos tiene que ver con el pasado. Ambos sueños estaban apuntando al futuro que la soberanía de Dios habría de permitir.[12]

Otra rama de la psicología aleatoria a los sueños que Brueggemann explora es la de la psicología de Carl Jung. En esta, la psicología analítica, los sueños se consideran un medio de comunicación entre el mundo consciente y el inconsciente.[13],[14]
 
“Jung creía que la función de un sueño no es satisfacer el deseo insatisfecho del soñador en estado de vigilia, sino compensar su actitud consciente. Aquí es donde Jung introdujo el concepto de compensación. A diferencia de la complementación, que designa una relación en la que dos cosas se complementan de forma más o menos mecánica (incluida la satisfacción de un deseo), la compensación implica equilibrar y comparar diferentes datos o puntos de vista para producir un ajuste o una rectificación.”[15] (traducción libre)
 
O sea que, según Jung, los sueños son una forma de discernir unas áreas generalizadas de la realidad que son desconocidas para nosotros.

Brueggemann señala que este tampoco es el caso de los sueños que aparecen en el capítulo de la Biblia que estamos analizando. Ninguno de esos sueños era generalizado. Ambos sueños eran concretos y específicos; en estos no existía ambigüedad de clase alguna. Ambos reflejaban realidades que ya existían y ambos afirmaban la introducción de novedades anticipadas que habrían de ocurrir.[16]
 
Otro acercamiento a las ramas de la psicología que hace Brueggemann es la que él describe como gnosticismo psicológico. En esta rama se asume que los sueños pueden ser interpretados utilizando técnicas especializadas que son manejadas por personas que poseen habilidades especiales para esto. Ese era el caso del antiguo Egipto.

Sin embargo, este amado experto en la interpretación bíblica señala que ese acercamiento se va al suelo con el reclamo que hace esta narrativa bíblica. La narrativa bíblica establece que ambos sueños eran regalos de Dios para anticipar el futuro de ambos funcionarios, de modo que estos se pudieran preparar para su cumplimiento. Es por eso que la declaración de José se reviste de tanta importancia.

“La interpretación de los sueños es asunto de Dios—respondió José.” (Gén 40:8c, NTV)

Estos resultados llevaron a Brueggemann a concluir que los sueños que aparecen en el capítulo cuarenta (40) de Génesis no se prestan para el análisis psicológico. Además, añade él, estos tampoco poseen importancia independiente: no son el centro de la narrativa bíblica. Estos sirven el propósito de presentar a José en otro rol distinto al que le habíamos visto ocupar en los capítulos anteriores. En otras palabras, que tanto el copero como el panadero carecen de importancia en la narrativa que nos presenta el escritor del Génesis.

Brueggemann dice más: ni siquiera el Faraón y su cumpleaños (v. 20) son centrales aquí. Todos estos datos son accesorios a la centralidad del mensaje que se quiere comunicar. Ese capítulo afirma que Dios estaba en el centro de ese tiempo y de ese espacio dirigiendo la vida y el destino de José,[17] para luego dirigir el futuro de Egipto.

Al mismo tiempo, todos los sueños en este capítulo están subordinados porque son instrumentos del proceso antes descrito: Dios cumpliendo las promesas que le hizo a José. O sea, que el capítulo cuarenta (40) es un escalón para el cumplimiento de esas promesas y no una escuela para la interpretación de sueños.

Brueggemann aprovecha esta intersección analítica para insertar la necesidad de ver que toda esta trama tiene que ser vista con los lentes de una declaración teológica que posee cuatro (4) segmentos.

El primero de estos es que la interpretación de sueños pertenece a Dios y sólo a Él. Estos no deben ser manejados utilizando sabiduría humana, administración imperial o decodificación analítica.[18]
 
“Estos son más bien la irrupción de otros propósitos que sólo son conocidos por Dios.”[19]
 (traducción libre)

Brueggemann asevera que Faraón y su corte podían pretender poseer el monopolio del conocimiento, pero que estos sueños ponían en evidencia la necesidad de una clase conocimiento diferente. Esa declaración no solo es central, sino que es confirmada en el Libro de Deuteronomio.

“29 Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.” (Det 29:29, RV1960)

Brueggemann afirma que Faraón no solo no tenía parte en esta clase de conocimiento, sino que “el monopolio del conocimiento que poseía su imperio fue roto.”[20] Él podía conocer muchas cosas sobre administración, sobre cómo hacer prosperar su reino y hasta cómo oprimir, pero él desconocía, no podía discernir los movimientos de Dios en el cronos y en el kairós.

Como dice el escritor del Eclesiastés:
 
“5 Así como no puedes entender el rumbo que toma el viento ni el misterio de cómo crece un bebecito en el vientre de su madre, tampoco puedes entender cómo actúa Dios, quien hace todas las cosas.”  (Ecl 11:5, NTV)

Sólo Dios controla esto y Él decidió que José sería su único instrumento para servir este propósito. Este punto nos conduce a afirmar otra aseveración que hace Brueggemann: los dones que Dios otorga no pueden responder a los imperios de la tierra.

La declaración que Brueggemann inserta aquí es poderosa:

“El monopolio que José posee de la interpretación de sueños y la capacidad para discernir el futuro irresistible es subversivo a al imperio.”[21] (traducción libre)

El segundo segmento de esta declaración teológica es que los sueños no son un fin en sí mismos. En este caso estos sirven como medios para describir un nuevo entendimiento de lo que sería el futuro.[22]
 
Este educador señala que muchos de nosotros estamos acostumbrados a pensar acerca del futuro como algo que es formado por nuestro esfuerzo y por nuestras decisiones en el presente. Brueggemann afirma que esta narrativa bíblica se acerca al tema del futuro desde otra perspectiva. Este está más allá de la competencia humana, tanto para producirlo, así como para detenerlo.

El futuro está en las manos inescrutables de Dios y no en las nuestras. Así lo afirma este teólogo bíblico. Dios es el que hace posible que se abran puertas para recibir la novedad del cielo. El destino que los hombres piensan o creen tener choca aquí con los designios de Dios. Brueggemann señala que esta narrativa bíblica mueve el futuro de las manos del destino imperial y de la libertad humana a la de los caminos misteriosos de Dios.[23] O como dice el proverbista:

“Puedes hacer todos los planes que quieras, pero el propósito del Señor prevalecerá.” (Pro 19:21, NTV)

Dios es el que decidió qué era lo que habría de suceder con el copero, el panadero, con José, con el Faraón y con el imperio egipcio.

El tercer segmento que formula Brueggemann es que los sueños de estos oficiales del Faraón son siervos de un sueño más grande. Estos sueños son vehículos para el establecimiento de la soberanía de Dios a través de un hombre. Estos, dice él, tienen que ser caracterizados en términos de tres (3) intentos o características teológicas que estos poseen:
  
  • Esos sueños son teonómicos (“theonomous”).[24] Estos tienen que ver con Dios y con su gobierno; sus reglas. Estos revelan qué Dios va a hacer por encima del gobierno de Faraón. Sólo Dios conoce el futuro y sólo Él decide sobre este.
  
  • Estos sueños son kerigmáticos[25] (anuncio de las buenas nuevas de salvación). Estos proclaman noticias acerca de una situación novedosa que no puede ser predicha. Ni el copero ni el panadero sabían cómo era que el Faraón levantaría sus cabezas. Sus sueños anunciaban una situación novedosa y José se las interpretó. El sueño de Faraón corrió la misma ruta, añadiendo el dato de que le proveía una oportunidad a Egipto para salvarse.

  • Los sueños son escatológicos.[26]Estos describen la solución divina para asuntos humanos. El Señor utilizó a José para decirle al copero, al panadero y al Faraón que Él se había insertado en la vida del imperio. Su soberanía trasciende imperios, reinos, naciones y pueblos.

El cuarto segmento es que el futuro está en las manos de Dios y no en el de los hombres. El Señor había decidido utilizar a José como su instrumento. José operaría en medio de ese ambiente secular, pero lo haría como hombre de Dios, como siervo del Altísimo. Dios había decidido poner el futuro de ese imperio en las manos de un esclavo hebreo que había sido enviado a la cárcel.

Siglos más tarde, el Apóstol Pablo escribiría lo siguiente acerca de situaciones como la que acabamos de describir:
 
“27 En cambio, Dios eligió lo que el mundo considera ridículo para avergonzar a los que se creen sabios. Y escogió cosas que no tienen poder para avergonzar a los poderosos. 28 Dios escogió lo despreciado por el mundo—lo que se considera como nada—y lo usó para convertir en nada lo que el mundo considera importante. 29 Como resultado, nadie puede jamás jactarse en presencia de Dios.” (1 Cor 1:27-29, NTV)


 
[1] https://www.walterbrueggemann.com/resources/books/
[2]https://espanol.libretexts.org/Bookshelves/Ciencias_Sociales/Ciencias_Sociales/Estudios_de_Comunicacion/Introduccion_a_la_Comunicacion/Introduccion_a_la_Comunicacion_(Paynton_y_Hahn)/07:_Crítica_retórica/7.03:_Comprender_la_crítica_retórica
[3] https://academia-lab.com/enciclopedia/critica-retorica/
[4] Brueggemann, Walter. Genesis: Interpretation: A Bible Commentary for Teaching and Preaching (pp. 320-325).
[5] Op.cit., p. 320.
[6] Op.cit.
[7] https://biblehub.com/text/genesis/40-13.htm
[8] https://biblehub.com/text/genesis/40-19.htm
[9] Brueggemann, Op.cit., p. 321.
[10] Ricoeur, Paul. Freud and Philosophy: an essay on Interpretation. New Haven: Yale University Press, 1970, (pp. 521-525).
[11] https://www.simplypsychology.org/sigmund-freud-dream-theory.html
[12] Brueggemann, Op.cit., p. 321.
[13] https://www.psychologyzine.com/dreams-in-analytical-psychology-and-their-interpretation/
[14] https://iaap.org/jung-analytical-psychology/short-articles-on-analytical-psychology/dreams/
[15] Op.cit.
[16] Brueggemann, Op.cit., p. 322.
[17] Brueggemann, Op.cit., p. 322.
[18] Op.cit.
[19] Op.cit.
[20] Op.cit.
[21] Op.cit.
[22] Op.cit., p. 323.
[23] Op.cit.
[24] governed by God: subject to God's authority: https://www.merriam-webster.com/dictionary/theonomous
[25] Brueggemann, Op.cit., p. 323.
[26] Op.cit.

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